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Wolfdux's Lair (2013-2018)

Wolfdux's Lair (2013-2018)

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Wolfdux's Lair (2013-2018)

Longitud:
813 páginas
10 horas
Publicado:
Mar 28, 2019
ISBN:
9781540134318
Formato:
Libro

Descripción

En esta antología encontrarás una recopilación de los relatos publicados desde el año 2013 hasta el 2018 en el Wolfdux's Lair. Encontrarás historias y géneros de toda clase: fantasía, ciencia ficción, terror, suspense, erótica, histórica...

Hay un total de dos cientos cincuenta y siete relatos cortos, ideales para su lectura cuando solo se tienen cinco minutos entre los quehaceres diarios.

Publicado:
Mar 28, 2019
ISBN:
9781540134318
Formato:
Libro


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Wolfdux's Lair (2013-2018) - Wolfdux Anathema Chimaera

Portada

Table of Contents

Contents

Página de título

Información

1# Mal de ojo

2# Una de miedo

3# El templo del adiós

4# Consecuencias del belicismo

5# Escena nº 13

6# Borrachera

7# De rodillas al suelo

8# La Dama del Lago

9# La torre del alquimista (1ªparte)

10# Teatro Nacional

11# La torre del alquimista (2ªparte)

12# La torre del alquimista (3ªparte)

13# La torre del alquimista (4ªparte)

14# Maldito tabaco

15# El orbe dorado

16# Ataque directo

17# Dolor de barriga

18# Un charco alrededor suyo

19# Ajeno al peligro

20# ¡El superhombre!

21# ¿Cuánto te debemos?

22# Se acabó el juego

23# Valle de los Reyes

24# El barranco

25# Chocolate

26# Para la señorita un té verde y para mí un café con leche

27# Hombre muerto

28# Ninguna posibilidad

29# Scorpus (1ªparte)

30# Somos policías y no payasos de circo

31# Scorpus (2ªparte)

32# Morirme de calor

33# Maldito viejo

34# Diana

35# Forzada

36# El camión de los helados

37# El Coliseo

38# Real

39# Chatroulette

40# Recodo oculto

41# Ciudad eterna

42# Fond du Lac I

43# Dieciocho años

44# El limonero

45# El pou

46# Telescopio

47# Doctor Zaius

48# Columpios oxidados

49# Hombre lobo

50# Estrella fugaz

51# Baker Street

52# El muelle

53# Escasos centímetros

54# Príncipes y princesas

55# Absenta

56# Fútbol

57# Haciéndolo crujir

58# En la cima de la montaña

59# Extraño bigote

60# Subconsciente

61# ¡Rápido!

62# Tridente de Neptuno

63# Preguntas

64# Cuestionario

65# Cosmogonía

66# Seneca Falls

67# Utopía

68# Sarajevo

69# Iglesia de San Marco

70# Teatro Ford

71# Ascensor

72# Tonterías

73# Desde el Hades

74# La maldición

75# Fond du Lac II

76# Amor imposible

77# Todos trabajan para el señor Magnus

78# Hooker debe morir

79# El Odisea en la carretera

80# El templo de los monos

81# Nada fue bien

82# 1993

83# Librería

84# ¿Dónde está mi cartera?

85# Friskies

86# El hacedor de portales

87# Sputnik 2

88# La boda de mi hermana

89# Un sueño muy raro

90# Mis ojos

91# Tratados de medicina

92# Segundo acto

93# Asesinato con arma blanca

94# Dallas

95# Bharma

96# Tristan da Cunha

97# Museos Vaticanos

98# La casa de subastas

99# Garabatos

100# Código de reactivación

101# Feria anual del automóvil

102# Realidad aumentada

103# Apartamentos Dakota

104# El lápiz mágico

105# Todo fue mal

106# MV Edimburgh

107# Sinsentido

108# Tangata Manu

109# El guardián del bosque

110# Oculta entre los matorrales

111# Fond du Lac III

112# Martes negro

113# El último beso

114# Anonymus

115# Mujer lobo

116# Pequeñas acciones

117# Mal presentimiento

118# Uno, dos...

119# El quiosco de la esquina

120# Desobedeciendo las recomendaciones

121# La desaparición de la primavera

122# El guardián de la mazmorra

123# Pequeño homenaje

124# Háblame del mar

125# Eclipse

126# Superbomba

127# Kaluga

128# Lancelot

129# Quítatelo

130# Yerno y amigo

131# Purgatorio

132# Alianza

133# Una salida más

134# Conflicto moral

135# Mi primera raya de coca

136# Caos y destrucción

137# Sala Kuper

138# Ben-Abdúl

139# Partida de rol

140# Todos hemos fracasado

141# Lobos

142# Raciocinio

143# Fusilamiento

144# Destructora de mundos

145# Perdón

146# First Dates

147# García

148# Ojos violetas

149# El Trepa

150# Con estilo propio

151# Sexo, drogas, alcohol y sentido del humor

152# Delicioso

153# Última calada

154# Destructor

155# Crisis de identidad

156# 1995 Rugby World Cup

157# Veinticuatro horas

158# Teoría descabellada

159# Jaula de oro macizo

160# Memoria

161# Hermanos de sangre

162# Mujer invisible

163# Extasiado

164# Plymouth I

165# Mary Sue

166# Señor Packard

167# Joe

168# El sacerdote

169# Archienemigo

170# El poema perfecto

171# Culpabilidad

172# La joya de la corona

173# Last journey

174# El mentiroso

175# Los primeros en irnos

176# El puesto ambulante

177# La vitrina central

178# El cementerio

179# Death Race

180# Ahora o nunca

181# Desde el principio

182# Circo

183# Atardeceres

184# Malditos ladrones

185# La gitana

186# ¡Arriad las velas!

187# Las lunas de Saturno

188# Plymouth II

189# Varón blanco de cuarenta años

190# Inspiración

191# Planeta XX

192# Pastilla roja

193# Radio Incógnita

194# La Sang

195# Gatito

196# La habitación

197# Pastilla azul

198# Paro cardíaco

199# El juego

200# Megido

201# Columnas de granito

202# Plymouth III

203# Pastilla blanca

204# Negocios

205# Silencio

206# KJU-33

207# Pompeya

208# Jarrón Mei Ching

209# Polvo de hadas

210# No hay problema

211# Yowa

212# Pastilla amarilla

213# Un trozo de manzana

214# Alternativas

215# Oscuridad

216# Huellas

217# Queridos Reyes Magos

218# Sin previo aviso

219# Challenge accepted!

220# Sueño febril

221# Relámpagos

222# Leyendas

223# Desecho

224# Imagina

225# El coleccionista

226# Salón Centurión

227# Academia de Letras

228# Maldito escalón

229# Gratis

230# Muñeco de nieve

231# Nueva Nueva York

232# Expiró

233# Pérdida

234# Carpe diem et memento mori

235# Canto

236# Plano terrenal

237# Vacaciones

238# Copias exactas

239# El poeta

240# Volver a casa

241# Ropa de abrigo

242# La cueva del dragón I

243# La diosa de la vida

244# Anathema

245# Lexa Bhuvier

246# Cambio de rumbo

247# Efecto placebo

248# Ripley

249# Junta directiva

250# Casa abandonada

251# La cueva del dragón II

252# La serpiente

253# Gabriel

254# Ultimátum

255# La cueva del dragón III

256# Fuerte Jay

257# Novelette

¿Quieres más?

Contents

Página de título

Información

1# Mal de ojo

2# Una de miedo

3# El templo del adiós

4# Consecuencias del belicismo

5# Escena nº 13

6# Borrachera

7# De rodillas al suelo

8# La Dama del Lago

9# La torre del alquimista (1ªparte)

10# Teatro Nacional

11# La torre del alquimista (2ªparte)

12# La torre del alquimista (3ªparte)

13# La torre del alquimista (4ªparte)

14# Maldito tabaco

15# El orbe dorado

16# Ataque directo

17# Dolor de barriga

18# Un charco alrededor suyo

19# Ajeno al peligro

20# ¡El superhombre!

21# ¿Cuánto te debemos?

22# Se acabó el juego

23# Valle de los Reyes

24# El barranco

25# Chocolate

26# Para la señorita un té verde y para mí un café con leche

27# Hombre muerto

28# Ninguna posibilidad

29# Scorpus (1ªparte)

30# Somos policías y no payasos de circo

31# Scorpus (2ªparte)

32# Morirme de calor

33# Maldito viejo

34# Diana

35# Forzada

36# El camión de los helados

37# El Coliseo

38# Real

39# Chatroulette

40# Recodo oculto

41# Ciudad eterna

42# Fond du Lac I

43# Dieciocho años

44# El limonero

45# El pou

46# Telescopio

47# Doctor Zaius

48# Columpios oxidados

49# Hombre lobo

50# Estrella fugaz

51# Baker Street

52# El muelle

53# Escasos centímetros

54# Príncipes y princesas

55# Absenta

56# Fútbol

57# Haciéndolo crujir

58# En la cima de la montaña

59# Extraño bigote

60# Subconsciente

61# ¡Rápido!

62# Tridente de Neptuno

63# Preguntas

64# Cuestionario

65# Cosmogonía

66# Seneca Falls

67# Utopía

68# Sarajevo

69# Iglesia de San Marco

70# Teatro Ford

71# Ascensor

72# Tonterías

73# Desde el Hades

74# La maldición

75# Fond du Lac II

76# Amor imposible

77# Todos trabajan para el señor Magnus

78# Hooker debe morir

79# El Odisea en la carretera

80# El templo de los monos

81# Nada fue bien

82# 1993

83# Librería

84# ¿Dónde está mi cartera?

85# Friskies

86# El hacedor de portales

87# Sputnik 2

88# La boda de mi hermana

89# Un sueño muy raro

90# Mis ojos

91# Tratados de medicina

92# Segundo acto

93# Asesinato con arma blanca

94# Dallas

95# Bharma

96# Tristan da Cunha

97# Museos Vaticanos

98# La casa de subastas

99# Garabatos

100# Código de reactivación

101# Feria anual del automóvil

102# Realidad aumentada

103# Apartamentos Dakota

104# El lápiz mágico

105# Todo fue mal

106# MV Edimburgh

107# Sinsentido

108# Tangata Manu

109# El guardián del bosque

110# Oculta entre los matorrales

111# Fond du Lac III

112# Martes negro

113# El último beso

114# Anonymus

115# Mujer lobo

116# Pequeñas acciones

117# Mal presentimiento

118# Uno, dos...

119# El quiosco de la esquina

120# Desobedeciendo las recomendaciones

121# La desaparición de la primavera

122# El guardián de la mazmorra

123# Pequeño homenaje

124# Háblame del mar

125# Eclipse

126# Superbomba

127# Kaluga

128# Lancelot

129# Quítatelo

130# Yerno y amigo

131# Purgatorio

132# Alianza

133# Una salida más

134# Conflicto moral

135# Mi primera raya de coca

136# Caos y destrucción

137# Sala Kuper

138# Ben-Abdúl

139# Partida de rol

140# Todos hemos fracasado

141# Lobos

142# Raciocinio

143# Fusilamiento

144# Destructora de mundos

145# Perdón

146# First Dates

147# García

148# Ojos violetas

149# El Trepa

150# Con estilo propio

151# Sexo, drogas, alcohol y sentido del humor

152# Delicioso

153# Última calada

154# Destructor

155# Crisis de identidad

156# 1995 Rugby World Cup

157# Veinticuatro horas

158# Teoría descabellada

159# Jaula de oro macizo

160# Memoria

161# Hermanos de sangre

162# Mujer invisible

163# Extasiado

164# Plymouth I

165# Mary Sue

166# Señor Packard

167# Joe

168# El sacerdote

169# Archienemigo

170# El poema perfecto

171# Culpabilidad

172# La joya de la corona

173# Last journey

174# El mentiroso

175# Los primeros en irnos

176# El puesto ambulante

177# La vitrina central

178# El cementerio

179# Death Race

180# Ahora o nunca

181# Desde el principio

182# Circo

183# Atardeceres

184# Malditos ladrones

185# La gitana

186# ¡Arriad las velas!

187# Las lunas de Saturno

188# Plymouth II

189# Varón blanco de cuarenta años

190# Inspiración

191# Planeta XX

192# Pastilla roja

193# Radio Incógnita

194# La Sang

195# Gatito

196# La habitación

197# Pastilla azul

198# Paro cardíaco

199# El juego

200# Megido

201# Columnas de granito

202# Plymouth III

203# Pastilla blanca

204# Negocios

205# Silencio

206# KJU-33

207# Pompeya

208# Jarrón Mei Ching

209# Polvo de hadas

210# No hay problema

211# Yowa

212# Pastilla amarilla

213# Un trozo de manzana

214# Alternativas

215# Oscuridad

216# Huellas

217# Queridos Reyes Magos

218# Sin previo aviso

219# Challenge accepted!

220# Sueño febril

221# Relámpagos

222# Leyendas

223# Desecho

224# Imagina

225# El coleccionista

226# Salón Centurión

227# Academia de Letras

228# Maldito escalón

229# Gratis

230# Muñeco de nieve

231# Nueva Nueva York

232# Expiró

233# Pérdida

234# Carpe diem et memento mori

235# Canto

236# Plano terrenal

237# Vacaciones

238# Copias exactas

239# El poeta

240# Volver a casa

241# Ropa de abrigo

242# La cueva del dragón I

243# La diosa de la vida

244# Anathema

245# Lexa Bhuvier

246# Cambio de rumbo

247# Efecto placebo

248# Ripley

249# Junta directiva

250# Casa abandonada

251# La cueva del dragón II

252# La serpiente

253# Gabriel

254# Ultimátum

255# La cueva del dragón III

256# Fuerte Jay

257# Novelette

¿Quieres más?

Wolfdux's Lair

(2013-2018)

––––––––

Wolfdux Anathema Chimaera

www.wolfdux.com

© 2019, wolfdux.com

Primera edición: marzo 2019

Diseño de la cubierta: Marc Martín Fernández

Maquetación: Wolfdux Anathema Chimaera

Corrección: Marc Martín Fernández

Safe Creative: 1811159057208

ISBN: 9781540134318

ASIN: B07PXXJHZ5

––––––––

Si necesitas fotocopiar o escanear algún fragmento de esa obra dirígete a:

Wolfdux.com

Valls (Tarragona) - España

wolfdux@wolfdux.com

www.wolfdux.com

Los relatos recogidos en esta obra son una recopilación de textos publicados en el sitio wolfdux.com. Queda terminantemente prohibida, sin la autorización escrita del titular del Copyright, bajo la sanción establecida en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento mecánico, electrónico, actual o futuro, incluidas las fotocopias y la difusión por internet.

1# Mal de ojo

Decidió visitar a la bruja porque pensaba que tenía un mal de ojo. Dos noches atrás, durante una pelea en la taberna, una gitana a quien había golpeado con una botella le hechizó y desde aquel momento todo había ido de mal en peor.

El día siguiente a la pelea se despertó con un dolor insoportable en el brazo izquierdo, al inspeccionárselo la única anomalía que encontró fue un ligero moratón en la axila. «Mucho dolor para tan poco rasguño», pensó.

Más tarde, a media mañana, trató de aliviar esa molestia ahogándola en vino, volviendo a la misma taberna de la noche anterior. El tabernero nada más verlo entrar comenzó a lanzarle improperios, acusándole de haber iniciado la pelea y ser el causante de tanto destrozo, motivo por el cual le exigía la reparación de los diversos desperfectos que se provocaron durante el altercado.

Con una rápido vistazo al lugar se percató de que la taberna estaba destrozada, de la veintena de sillas que había solo una media docena se mantenían en pie; las mesas que habían sido reparadas de la mejor manera posible, estaban todas cojas, incluso una de ellas estaba apilada en una esquina, rota, partida en varios trozos. Las paredes estaban salpicadas de manchas de lo que parecía ser vino. «Quizás sea sangre...», se dijo a si mismo llevándose la mano a la sien. Aquella noche había bebido tanto que no era capaz de recordar exactamente nada. Nada, salvo a aquella gitana.

Todo el local apestaba a alcohol, y tras aguantar el sermón del tabernero, no tuvo más remedio que bajar la cabeza y pactar con él un acuerdo para asumir el coste de las reparaciones, por lo que desechó su idea inicial de beber. Una vez fuera de la taberna, de camino a casa, trató de recordar que había pasado exactamente, pero las imágenes pasaban ante sus ojos tan veloces y borrosas que no podía verlas con claridad. Anduvo largo trecho hasta llegar al edificio donde vivía, en la entrada le esperaba su amiga Eli.

Eli era una chica que se caracterizaba por su radiante felicidad y buen humor, cualidades que pasaban desapercibidas por completo en aquel momento mientras le daba otro sermón. Gracias a la explicación de su compañera comprendió un poco más sobre qué había pasado en la taberna.

«¿En qué momento de lucidez se me ocurrió retar a dos gigantes de fuego a beber absenta?» En vez de obtener respuestas obtuvo más preguntas. Eli se despidió con frialdad y se marchó. La imagen de la gitana le volvió a venir a la cabeza. Su mirada le hacía sentirse desnudo, incómodo, y cuando trató de recordar algo sobre aquellos ojos una punzada en el brazo le devolvió a la realidad. Desde que había entrado en la taberna ni se había acordado del dolor, no había bebido, pero al menos se había olvidado de él.

Subió las escaleras lentamente hasta llegar a su dormitorio. Se encontró la puerta medio abierta, la abrió con cuidado y se encontró con un ladrón que rebuscaba por todos lados. Éste, al percatarse de su presencia, trató de salir corriendo por la puerta golpeándole en el brazo derecho con una especie de destornillador, provocándole un corte. Se llevaba la mano al brazo cuando la axila comenzó a dolerle con fuerza, haciéndolo caer al suelo, mientras el ladrón conseguía escapar.

Se levantó y trató de llegar a la cama sin mover los brazos, preguntándose qué estaría buscando en su casa. Tras recuperar el aliento, se limpió la herida con mucho cuidado y se estiró en la cama tratando de recordar que había pasado la noche anterior.

Tuvo un sueño donde volaba. Veía la ciudad bajo sus pies, iluminada por las luces que emitían unas cuantas antorchas, se acercó a un edificio y se percató de que era la taberna, miró a dentro y se vio bebiendo. Continuó mirando dentro de la gran sala y divisó a la gitana, ésta se mantenía al margen, con una cesta en su regazo, sumergida en sus pensamientos. Hasta que alzó la mirada y clavo sus ojos con los suyos, tal fue la sorpresa que cuando abrió los ojos, se encontraba en la cama, con un dolor insoportable en ambos brazos y con un sudor frío corriéndole por la frente.

Trató de dormir hasta el alba, pero le fue imposible, la imagen de la gitana mirándole le aparecía cada vez cerraba los ojos. Lentamente la larga y fría noche terminó, y cuando el sol comenzaba a asomar tras las nubes, decidió levantarse y buscar una bruja que pudiera quitarle el mal de ojo.

Se aproximó a casa de Eli, ella un poco más alegre que el día anterior accedió a buscar a alguien que pudiera ayudarle, le habló de unos marchantes que se reunían en la plaza mayor, se dirigieron allí y divisaron unas paradas. Se acercaron y observaron tiendas donde: gurúes, hechiceros, brujas y timadores ofrecían sus servicios por un módico precio.

Su amiga tras preguntar, le señaló una de las paradas de la esquina, apartada de las demás, con una cortina como puerta. Se acercó, apartó el velo para entrar al interior y se encontró con la gitana.

2# Una de miedo

No es la primera vez que me quedo encerrado en un ascensor. Cuando era pequeño siempre hacíamos el tonto para asustar a nuestros amigos, dando saltitos o tocando la sirena. ¿Quién no ha probado de abrir la puerta desde dentro cuándo el ascensor está subiendo?

Acabo de volver del cine y tengo en la cabeza las imágenes de la película, y como no, la película era una de miedo. Una de esas películas que te hacen sentir inseguro, cuando vas por la calle dirección a casa o en el coche, y miras de reojo a través del retrovisor esperando que nadie haga acto de presencia en los asientos posteriores.

Vivo en un bloque bastante viejo, igual que su ascensor. Las puertas se abren como un abanico, las paredes son rojas y tiene un gran espejo justo enfrente de la puerta. El edificio no es muy alto, solo tiene cuatro plantas, pero no es lo mismo bajar las escaleras que subirlas, así que cada día, subo en ascensor.

Ya llevo un rato encerrado en él, la cobertura de mi móvil brilla por su ausencia, y al parecer los vecinos hacen caso omiso de la alarma. Es lo que tiene qué haya muchos críos en mi bloque, están todo el día dándole al botoncito y cuando realmente es usado para su cometido, la gente pasa olímpicamente de él.

¿Os he dicho ya que la luz es de esas que parpadea cual película de terror? Igual que esa película de miedo que acabo de ver en el cine...

Como iba diciendo, nunca me había preocupado si me quedaba encerrado solo o acompañado en el ascensor, pero hoy es diferente. Nunca me había considerado una persona claustrofóbica, pero ahora parecía que el yo claustrofóbico quisiera salir desde lo más profundo de mí. Una inseguridad comienza a invadirme y tengo la necesidad de respirar aire fresco, de poder hablar con alguien y quitarme al asesino de la maldita película de la cabeza.

Abro la puerta desde dentro y lo primero que veo es un número tres a la altura de mis ojos. Perfecto, me he quedado a un maldito metro de llegar a mi casa. Pico a la puerta exterior con todas mis fuerzas esperando que alguien me oiga, aunque sé que en la cuarta planta solo vivo yo, el piso de enfrente esta deshabitado. Pido ayuda y vuelvo a mirar mi móvil con la esperanza de que la cobertura me saque de esta situación, pero no.

La puerta no se cierra y me dejo caer abatido al suelo. La luz cada vez parpadea más, y solo escucho el sonido de los cables en lo alto. Por si fuera poco ahora tengo que comerme la cabeza con el sonido de los cables. No es que me esté asustando porque se pueda romper y disfrutar de una caída libre de tres plantas, pero quiero salir ya de aquí.

Vuelvo a pedir ayuda, toco otra vez todos los botones y golpeo las paredes del ascensor, lo que provoca que los cables hagan más ruido, para colmo, el fluorescente se ha parado. Corriendo toco el móvil para tener algo de luz, pero apenas alumbra nada, enfoco al panel de mandos y toco nuevamente la sirena, pero esta vez no hace sonido alguno. Grito desesperadamente para que alguien me oiga, pero sigo sin encontrar respuesta, por lo que vuelvo a golpear las paredes con desespero.

Me reclino contra la pared y miro hacia el espejo. Justo en el momento que comienzo a ver mi reflejo paro rápidamente el móvil, no vaya a ser que vea algo que no me espere... Me dejo caer y vuelvo a encender el móvil apuntado hacia el suelo. Entonces es cuando veo algo que me pone la piel de gallina.

La puerta sigue abierta y puedo ver la pared, más abajo de donde antes había visto el número de planta hay algo escrito, en una letra fina de color rojo, haciéndolas resaltar mucho con el blanco de la pared. Me aproximo un poco más para leer mejor.

"No mires detrás tuyo"

Se me pone la piel de gallina al instante. Y es aquí cuando aparece la eterna disputa interior, cuando te dicen que no hagas algo, ardes en deseo de hacerlo. Y haciendo caso omiso de la advertencia me giro.

La luz vuelve a funcionar, la puerta se cierra y el ascensor se pone en marcha automáticamente. Llego a mi planta, abro la puerta tan rápidamente como me es posible, rebusco en mis bolsillos las llaves de casa y corro hacia la puerta. Esta vez sin mirar atrás.

3# El templo del adiós

Una silueta apareció entre los árboles, en medio de la espesura. Observaba con atención a un grupo de hombres con antorchas que ascendían por el camino que provenía del Norte, exhaustos por el esfuerzo y el calor. No tenían fuerzas para escapar de sus perseguidores, unos bárbaros que les seguían a pocos minutos bajo la luna llena. Su reflejo iluminaba el tranquilo río de aguas claras y cristalinas que atravesaban el hermoso valle.

Al llegar a un pequeño claro, uno de los hombres cayó abatido por una flecha, un disparo certero en la parte posterior de la pierna. Al verlo desplomarse, algunos de los hombres se giraron para tratar de ayudarlo, otros, ni si quiera se pararon tratando de salvar la vida. Y sólo estos, pudieron escapar de la masacre que aconteció momentos después, los bárbaros alcanzaron a los rezagados acabando con todos ellos.

No habiendo saciado su sed de sangre, continuaron la marcha para tratar de dar caza a los que habían podido escapar, dos de ellos pero, se quedaron para rematar la faena. Cuando éstos ya habían saqueado lo poco que tenían de valor los cadáveres se marcharon tras sus compañeros, la silueta oculta en el bosque, se acercó al lugar de la masacre. Era un caballero montado sobre un corcel.

—Seguidme, soy el caballero de la blanca luna. Y os he venido a buscar —anunció con voz clara y segura.

Los cuerpos se levantaron lentamente y miraron abstraídos al caballero quien vestía una reluciente armadura. Montaba sobre un hermoso caballo blanco que se erguía majestuoso frente a ellos.

—Es tiempo de descansar, rápido —agregó al tiempo que iniciaba la marcha dirección al interior del bosque.

Los hombres que se habían levantado le siguieron por la espesura, anduvieron horas antes de que el caballero les hablara nuevamente. Por ese entonces, estaban en un claro rodeado por una intensa niebla, y el misterioso jinete les ordenó que esperaran allí a su regreso. Se marchó hacía el interior de la niebla desapareciendo en ella para volver minutos más tarde con los otros hombres que habían podido escapar del primer ataque.

—Sigamos, es hora de descansar — ordenó con firmeza el caballero.

Todos se pusieron en marcha adentrándose por un camino oculto y tras unos pocos pasos se encontraron descendiendo a través del bosque. No penetraba luz alguna y los árboles eran cada vez más altos y gruesos. Entre ellos se podía divisar una luz en el centro del bosque, en pocos minutos llegarían a aquella luz esperanzadora. El caballero hizo un alto.

—Allí os aguarda mi templo, dormir —dijo con voz temblorosa, antes de volver por donde habían llegado, dejándolos allí, donde morarían eternamente.

4# Consecuencias del belicismo

Habían pasado cincuenta años y aún se sentía como encerrado en una jaula. Habían sido tan solo cinco años, cinco años en el infierno del ejército. Librando una guerra que no tenía nada que ver con él.

Su padre le había obligado a alistarse con tan solo dieciocho años, según decía para que se hiciera un hombre. Opinaba que había malgastado su juventud con aquel grupo de amigos liberales, aficionados al teatro. Una carrera de artista era lo que realmente deseaba, pero lo único que consiguió fue ver como todo eso desaparecía con su marcha al ejército.

Los primeros meses fueron los más duros. Su mundo idílico explotó como la metralla que se veía obligado a disparar. La dureza del entrenamiento y la fuerte rivalidad le hicieron pensar en suicidarse más de una vez, pero nunca fue capaz de reunir el valor suficiente. Tras esos meses infernales, llegaron tiempos más tranquilos, había conseguido acostumbrar al cuerpo y a la mente a la rígida y férrea disciplina militar.

Cuando faltaba poco para licenciarse, estalló una guerra y sus sueños de regresar a casa se desvanecieron. Fue enviado al frente y los días tranquilos empezaron a quedar muy lejos. Dormía poco y se levantaba antes de que saliera el sol. Las jornadas de trabajo eran muy extensas y monótonas. Vigilar una zona, patrullar un territorio o limpiar las letrinas, tareas que se intercalaban con alguna que otra práctica de tiro. Siempre se preguntó cómo sería disparar a alguien y dar en el blanco. Lo que no sabía era lo cerca que estaba de averiguarlo. Una noche que estaba de guardia en el campamento, unos rebeldes trataron de colarse en el interior y sonó la alarma por lo que se vio obligado a correr tras ellos.

Su compañero de guardia Zack fue abatido por un disparo directo en la sien. Antes de caer al suelo ya estaba muerto. Fue la primera vez que veía morir a alguien, sintió como si le hubieran quitado un pedazo de él. Con el arma en alto apuntando a la oscuridad corrió en busca de cobertura, tal y como le habían enseñado, una vez allí, pidió refuerzos. Estos no tardaron en llegar, y la situación se controló rápidamente, dieron muerte al francotirador que había acabado con Zack, y los otros fueron capturados y hechos prisioneros. Aquella noche no pudo dormir, veía la cara de Zack perdiendo todo rastro de vida en una fracción de segundo mientras se desplomaba al suelo cual muñeco de trapo.

A la mañana siguiente otro grupo de rebeldes se dirigió a la base y comenzaron a lanzar cócteles molotov mientras disparaban a toda persona visible desde fuera. Él fue llamado para reprimir el ataque y enviado a una de las torres, la misma desde donde la noche anterior había salido la bala que impacto con Zack. Una vez arriba cogió un fusil francotirador y cargó el arma. Sus órdenes eran claras, disparar a los atacantes.

Había llegado el momento, tenía en el punto de mira a uno de ellos, estaba preparando un explosivo, vio cómo, debido a las prisas y a la tensión del momento, derramaba un poco de líquido por el suelo. Dudo en apretar el gatillo y cuando quiso darse cuenta, el rebelde ya estaba corriendo dirección a la torre de su derecha, lanzó el explosivo y cuando impacto una gran bola de llamas y fuego la cubrió por completo, los gritos de sus hermanos de armas llegaron hasta él, no pudo evitar sentir un ligero sentimiento de culpa.

Volvió a buscar por su mirilla, oculto tras unos escombros divisó a dos rebeldes, uno de ellos era menudo, como un niño, en su brazo vestía un lazo que al parecer había sido de un color verde mohoso. Vio como el más grande le hacía señas para que lanzara el explosivo a la torre donde él se encontraba, miro otra vez al niño y descubrió con horror que en una mano sujetaba un coctel molotov. Comenzó a correr dirección a la torre, volvió a dudar, el niño se aproximaba con mucha velocidad, el terror volvió a invadirle, incapaz de apretar el gatillo observaba como el pequeño rebelde se aproximaba cada vez más, una fría gota de sudor le caía por la cara cuando sin darse cuenta el dedo se le deslizó hasta el gatillo y disparó. El proyectil impacto muy cerca del corazón, el niño paró la carrera al momento, se llevó una mano a la herida, cayó de rodillas al suelo y se desplomó, el explosivo que llevaba en la mano impacto con el suelo y lo envolvió en llamas. La contienda duró un par de horas más. Pero la imagen de su primera muerte no pudo quitársela de la cabeza. Cincuenta años después esa imagen le atormentaba día y noche.

5# Escena nº 13

La hoja permanecía completamente en blanco. La mano de la joven escritora dibujaba círculos en el aire, esperando la llegada de una idea. De hecho, ella esperaba una escena navideña, es más, tenía un montón de ideas sobre la Navidad.

Hacía días que no escribía nada, el plazo de entrega para enviar el relato terminaba en dos días y la hoja aún seguía en blanco. Cansada de no encontrar algo que le hiciera saltar la chispa se levantó, salió de su estudio y cruzó el pequeño pasillo hasta llegar al comedor. El gato negro dormía, como siempre, en su rincón del sofá. El sol comenzaba a ocultarse, y la oscuridad luchaba por adentrarse en la habitación.

Mientras se dirigía al armario el gato abrió un ojo al escucharla y volvió a cerrarlo al ver que la cosa no iba con él. La escritora abrió la puerta del mueble, miró en su interior, sacó una pequeña caja metálica de bombones, y con la mano libre cogió un cenicero. Se ayudó con el codo para cerrar la puerta del armario. Se acercó al sofá y se sentó mientras el gato arqueaba las orejas.

Colocó el cenicero y la caja metálica en la mesa, abrió la tapa y cogió un rudimentario pitillo. Se lo llevó a la boca y lo prendió con un mechero. Inhaló un par de veces y el blanquecino humo comenzó a expandirse por todo la habitación. Era el momento de darle un respiro a la mente, para que descansara y volviese con más fuerza. Tras varias caladas, comenzó a sentirse más relajada y tranquila.

Casi sin darse cuenta el gato negro comenzó a caminar entre sus pies. «Un gato negro», pensó sin querer. «¿Por qué traerán mala suerte los gatos? ¿Y romper un cristal? ¡O pasar por debajo de una escalera!», se dijo a sí misma.

Encendió el portátil que estaba en la mesa y buscó en Google el origen de este tipo de supersticiones. La búsqueda de estas palabras le llevó a Wikipedia, información de fácil y rápido acceso. Dicha información hablaba de una supuesta relación entre gatos ya fueran negros, grises o verdes y las brujas, motivo por el cual tenían esa mala fama.

Le llamó la atención la caza de brujas y abrió otra página en busca de más información. En una de ellas, al abrirla le apareció un gigantesco candado que le bloqueaba el acceso. «Página bloqueada temporalmente», leyó para sus adentros. La cerró y continuó buscando por otro tipo de páginas, leyendo todo tipo de supersticiones, hasta que encontró a una en la que se remarcaba como un día muy negro: el 13 de octubre del año 1307.

Fue entonces cuando se percató de la fecha en la que estaba. Volvió la vista al calendario que colgaba de la pared, allí un gran número trece debajo de la palabra viernes escrita la miraba fijamente. Comenzó a preocuparse y por su cabeza solo pasaban aquellas cosas que te suelen decir sobre la buena y la mala suerte.

Escuchó un ruido y se giró. Sin querer golpeó el cenicero que cayó al suelo. «La suerte no existe», se dijo mentalmente mientras recogía el cenicero y lo colocaba de nuevo en la mesa. Al levantarse del sofá el mando cayó al suelo, pilas y tapa, salieron disparadas cada una por un lado. Se agachó para recoger ambas cosas mientras se volvía a repetir que la suerte no existía.

Un voraz apetito comenzó a invadirla, se dirigió a la cocina dónde encontró unos pastelitos de chocolate, ideal en estos casos. Tras acabar con un par de ellos, volvió al sofá y se sentó, dejándose caer lentamente hasta quedar completamente tumbada, somnolienta. Allí comenzó a soñar despierta.

Soñó que había escrito el relato y lo había enviado, un relato del cual ella estaba muy contenta y satisfecha, pero al levantarse, aún dentro del sueño, resultaba no ser cierto. La hoja permanecía en blanco, igual que el día anterior, y ya solo le quedaba un día para terminar el relato, por lo que tras maldecirse se sentaba en la silla y tras meditar un tiempo, comenzaba por escribir el título.

Al despertar a la mañana siguiente un leve dolor en las cervicales le recordó que había pasado la noche durmiendo en la misma posición. Se masajeó la zona afectada y se levantó, caminó hasta su estudio. Al sentarse y coger el bolígrafo para comenzar a escribir vio como la hoja estaba escrita de margen a margen con un título que rezaba Escena nº13.

6# Borrachera

Ese momento antes de tocar el suelo, ese segundo que por un momento se hace eterno, por el que normalmente pasan miles y miles de cosas por la cabeza. El temido jinete no pensó ni por un momento como de fuerte sería el impacto contra el suelo. Embriagado con Sangre notaba las motas de polvo cada vez más próximas a su rostro. Incapaz de mantenerse un rato más en el aire, y viéndose en una pose muy estúpida, decidió que ya era el momento de hacer frente a la suciedad del suelo y lanzarse en picado hacia ella.

En un mundo donde todo lo inimaginable es posible y todo lo absurdo se reúne para nombrar a un campeón, donde las verdades universales carecen de sentido, encontramos una chabola en un lago, en una diminuta isla accesible únicamente por los bloques de hielo que se forman entre el mediodía y la hora de la siesta. Un sonido seco, procedente del interior, hizo huir a los pocos pájaros que descansaban en las ramas de los árboles más cercanos.

—¡Te digo... gue esde luugád... mmmmmola! —balbuceó Guerra mientras seguía bebiendo de su jarra vacía.

—Eso has dicho de los tres últimos sitios donde hemos ido, ya no eres creíble —contestó su hermano con un tono tajante—. Me parece que esta noche nos volverá a tocar llevárnoslo a rastras... —concluyó dirigiéndose a los demás.

—¡Shh! —mandó callar Guerra con un gesto.

—¿Habéis oído eso? Creo que se refería a ti, Hambre —dijo Muerte amagando una sonrisa en su blanquecina calavera.

Guerra rápidamente le señaló con la jarra. Hambre que no entendía que pasaba miró a su cuarto hermano, Victoria, buscando una respuesta, pero lo único que consiguió fue verlo abrazando a una fregona, preguntándole a qué hora terminaba de trabajar.

—¿Qué estáis...? —Estaba diciendo cuando fue cortado por Muerte.

—¡Díselo a la mano! —espetó al tiempo que le ponía la mano a un centímetro de su fea nariz. Muerte y Guerra comenzaron a reír tanto que hasta Victoria apartó los ojos de su amada fregona y se sentó junto sus hermanos. Momento que aprovechó para pedir otra ronda de Sangre al anfitrión. Una vez los cuatro hermanos tenían una jarra cargada con el espléndido jarabe, Victoria se aclaró la garganta y se acarició el pelo.

—¿Creéis que tengo posibilidades con Betty? —preguntó mirando de reojo a la fregona apoyada en la pared—. Llevo un buen rato hablando con ella, y aunque es un poco tímida, creo que tengo opciones... ¿Qué? ¿Qué pensáis? —volvió a preguntar.

Los cuatro intercambiaron miradas, Hambre carraspeó y bebió de su jarra. Guerra que no quería ser menos, bebió un gran sorbo, del cual la mitad fue al suelo y la otra se deslizo por su espesa barba. Muerte al ver que ninguno de sus hermanos tenía intención de decir nada miró a Victoria.

—¿Quién coño es Betty, tío? —dijo mientras miraba fijamente a su hermano a los ojos.

—¿Cómo que quién es Betty? —respondió atónito—. ¿Acaso no ves a esa pelirroja que nos está mirando?

Los tres hermanos miraron en dirección donde se suponía que debía de estar Betty la pelirroja, pero lo único que vieron fue una fregona. Muerte y Guerra se miraron, el primero se giró en dirección al anfitrión.

—Perdona, ¿Betty, es tu hija? —le preguntó buscando algo de sentido a todo esto.

—Sí —respondió un poco intimidado.

—¿Y se puede saber dónde está?

—Lleva más de una hora esperando que tu amigo suba a su habitación —contestó para sorpresa de todos—. Pero no sé qué le ha dado por abrazarse con esa sucia y asquerosa fregona.

7# De rodillas al suelo

La noche era tranquila y agradable en el valle, el ulular de los búhos era el único rumor que se oía y las criaturas del bosque guardaban en silencio a sus presas. El cielo despejado revelaba un millar de estrellas radiantes en el firmamento.

Por el camino que atravesaba el bosque, se distinguían dos grandes sombras. Dos seres deformes cargaban con lo que parecía ser una figura humana. Se adentraban en el bosque velozmente. El ulular cesó cuando se ocultaron en las tinieblas de los grandes árboles. Su presa estaba inconsciente, era una joven de cabello oscuro, su rostros repleto de cortes y heridas era el de una muchacha de piel blanquecina. Vestía una túnica hecha jirones, la marcas en sus brazos indicaba que habían quedado así a causa del forcejeo intentando escapar de sus dos raptores.

Una de las bestias se detuvo, dubitativa. Un rayo de luz lunar reveló una tez consumida, con una gran cicatriz que la dividía en dos, sus afiladas fauces brillaban. Tenía escaso pelo, de una tonalidad tan negra como la misma oscuridad. Era corpulento, cargaba con la joven mujer con el mínimo esfuerzo. Atada en el cinto colgaba una gran espada ensangrentada, su armadura le cubría todo el pecho, quedando el lomo y la espalda al descubierto. Con sus ojos negros observaba el corazón del bosque. Su compañero, unos pies más allá, se detuvo a su lado, era mucho más menudo en comparación con él, pese a ser ambos más grande que un hombre de gran estatura. El rostro demacrado mostraba unos ojos negros como la noche, su arría cabellera morena caía hacia sus espaldas. En sus manos llevaba dos hachas desquebrajadas. Elevó la vista al cielo y advirtió como una ligera brisa empezaba a soplar.

Desde el camino, observaron como un grupo de personas con antorchas se acercaban a su posición. Las dos bestias miraban detenidamente y analizaron la situación, hubo un intercambio de miradas, seguido de un asentimiento por parte de ambos y rápidamente se escondieron entre la maleza. El que cargaba con la chica la dejó caer al suelo bruscamente, desenvainó su espada y avanzó hacía una posición mejor. Las antorchas se adentraron en el bosque con rapidez, sus portadores eran soldados armados con lanzas y alabardas, todos vestían el mismo uniforme, pantalones rojos y chalecos negros. A una distancia prudencial les seguía un carro tirado por dos grandes caballos. En pocos minutos los soldados estuvieron al alcance de las dos bestias ocultas.

Escondidas esperaron para atacar en el momento oportuno. Cuando tres de los soldados ya les habían pasado de largo, la más corpulenta saltó sobre ellos cogiéndoles por sorpresa, lo que fue aprovechado para acabar con dos de ellos en un abrir y cerrar de ojos. Los gritos alertaron a la resta de la tropa que llegó cuando el tercer hombre caía de rodillas al suelo.

Los soldados rodearon a la bestia, su espada brillaba a la luz de la luna como un rubí, la sangre corría por el filo lentamente. Atacó con velocidad pese a su gran tamaño, mientras uno de los soldados trataba de hundirle la lanza en el pecho, pero lo último que vio antes de morir fue como la bestia le arrebataba la lanza de las manos y se le clavaba en el estómago. Los otros aprovecharon ese momento para atacarle desde la distancia, con más precaución. Los soldados lanzaban ataques sobre la bestia quien los esquivaba a duras penas, el corazón lo comenzó a latir rápidamente, el sudor frío le caía por el rostro.

Al principio lo estaba logrando, pero viendo su fin cerca, apretó con fuerza su espada y saltó para asestar un último golpe. No consiguió impactar ya que una lanza se le clavó directamente en la pierna provocando que cayera de bruces contra el suelo. Tirado en el suelo su respiración se entrecortó, desde allí trató de blandir su espada contra uno de los hombres que se le acercaban, pero uno de ellos, sin compasión alguna, hundió su lanza en el costado desprotegido de la bestia.

Tras unos segundos de agonía murió desangrándose mientras su compañero observaba aterrado desde las sombras. Inmovilizado por el terror no se dio cuenta de que una mujer vestida completamente de rojo examinaba el cadáver hasta que la escuchó hablar.

—Quiero que busquéis y traigáis al otro con vida, quiero hacerle unas preguntas —Su voz era fría como el hielo, y su cabello negro ondulaba con la brisa. Su rostro, oculto en las sombras, miraba detenidamente el cadáver—. Ulthar, acércate —llamó al que parecía ser el líder de los soldados—. ¡Estos monstruos me están cansando, quiero saber dónde se esconden! —gritó con furia.

El soldado llamado Ulthar asintió con la cabeza y se dispuso a partir en busca de la otra bestia. Ésta aún oculta comenzó a retroceder atónita sin quitar la vista de la figura femenina que se acercaba a paso lento, pero firme, de vuelta el carro. Sus piernas temblaban a causa del miedo por lo que tropezó cayendo de espaldas al suelo.

El gemido de dolor que salió de sus labios rompió el silencio, se tocó la cabeza y descubrió con horror que sangraba y la vista se le nubló. Se repuso con torpeza, trató de orientarse y vio como unas luces lejanas se acercaban a él. Sus piernas movidas por el terror comenzaron a correr en dirección opuesta, trató de huir hacía la oscuridad y seguridad del bosque, pero su tamaño ralentizaba la escapatoria, las ramas y arbustos le frenaban mucho en comparación con sus perseguidores, quienes avanzaban veloces entre los árboles. La persecución duró poco, la bestia que había perdido sus armas en la huida se encontraba rodeada por los soldados. Ulthar se adelantó.

—Nuestra señora me ha ordenado no matarte, pero si por mí fuera ya estaríais haciéndole compañía a tu amigo, escoria. —La bestia ante tal amenaza cayó de rodillas al suelo—. ¡Levántate y no te resistas! —concluyó amenazante mientras la bestia trataba de ponerse en pie patosamente. Ante la lentitud de sus acciones los soldados le levantaron del suelo y le ataron de pies y manos.

Los primeros rayos de sol asomaban por la copa de los árboles cuando Ulthar y los soldados llegaron donde se encontraba el carro y la misteriosa mujer de rojo. Ante el anuncio de su llegada, la mujer saltó desde lo alto del carro cual felino y les observó antes de acercarse a ellos. Cuando estuvo a la altura de la bestia desenvainó una daga que acercó a su gaznate. La criatura con la claridad del amanecer no parecía un monstruo, su rostro tenía rasgos humanos, como si tiempo atrás hubiera sido una persona normal, sus ojos reflejaban el miedo, sus labios temblaban ante la amenaza del filo que notaba en su cuello.

— ¡N... no me hagáis na... nada, por favor! —balbuceó, mientras miraba a su alrededor.

—¡Calla ! —gritó la mujer apretando la daga con más fuerte contra el cuello—. ¿No sabes quién soy?

8# La Dama del Lago

—¿No sabes que es la psique? ¿Cómo puede ser? —preguntó desconcertado—. Hasta un preescolar sabe lo que es... —concluyó en tono molesto.

—¿Un preescolar? ¿Qué es eso? ¿Se puede comer? —preguntó mientras se rascaba la cabeza.

Quizás tengamos que rebobinar un poco para poder entender esto. Por un lado tenemos a Harald, un joven vikingo que sin saber cómo, ha llegado a conocer a Ron, un chico del siglo XXI, que tras quedar cegado por el sol, al volver a abrir los ojos se encontraba en tierras del norte sin saber cómo.

Lo primero que recuerda es estar uno delante del otro. Cuando se vieron las caras por primera vez Ron pensó que estaría bajo los efectos de alguna droga. Miró a su alrededor y lo único que vio fue uno inmenso lago helado bajo sus pies, y a un pequeño individuo vestido con pieles de animales y una pequeña hacha en su mano. Harald estaba atravesando el lago como prueba para convertirse en un hombre a los ojos de su poblado. Al ver a Ron delante de él vistiendo esos ropajes tan extraños pensó que estaba sufriendo alucinaciones.

—¿Pero qué demonios? —dijo mientras cogía el hacha con sus dos manos—. ¡Quieto! ¿Quién eres? ¿Eres el espíritu de la Dama del Lago? —preguntó Harald con voz temblorosa.

—¡Ay va! —exclamó Ron al verlo alzar el hacha—. ¿La dama de dónde? —continuó mientras retrocedía ante la acometida del vikingo—. ¡Quieto, espera! ¿Y tú quién eres? —preguntó mientras buscaba alguna arma improvisada dentro de sus bolsillos.

—Yo soy Harald, hijo de Erik del clan Lagoprofundo, y estoy en una misión muy importante, así que si no eres la dama del lago, apártate si no quieres que acabe contigo — respondió mientras caminaba dubitativamente hacia Ron.

—¡No me hagas daño! — exclamó mientras le tiraba un cacahuete que había encontrado en uno de sus bolsillos—. No soy tu dama del lago, soy Ron —sollozó.

—¿Ron? ¿Hijo de quién? ¿A qué clan perteneces? —preguntó inseguro.

—¿Clan? Vivo con mi padre Héctor en... —comenzó a decir cuando fue cortado por Harald.

—¿Héc-Tor? Supongo que querrás decir del clan Héc-Thor, ¿no es cierto? —preguntó a la vez que bajaba el hacha—. Nuestros clanes son amigos, pese a la larga distancia que nos separa —continuó mientras se acercaba a Ron ofreciéndole un apretón de manos.

Ron deseaba con todas sus fuerzas que el efecto de la droga que se hubiera tomado pasara. Mientras tanto para no hacer enfadar a Harald le tendió su mano y se dieron un buen apretón. Inexplicablemente eso le hizo sentirse realmente aliviado. Harald comenzó a preguntarle si sus ropajes eran una distinción en su clan y como era la vida más allá de las grandes espesuras y ríos helados. Ron sin saber que contestar, se limitó a decirle como era la vida en casa con su padre trabajando el campo con él.

Tras dejar claro, como era la vida en el clan Héc-Thor. Harald le contó que era costumbre en su poblado enviar a los jóvenes al lago para que encontraran la senda del coraje y el valor. Aparte de eso podían encontrar monstruos, abominaciones y agujeros por los que caerte al agua helada. También le explicó quién era la dama del lago, quien resultó ser parte de una leyenda muy antigua que decía que el afortunado que se topara con ella en su viaje de iniciación probaría los manjares de la lujuria con ella, dotándole de buena fortuna junto con una vida repleta de amor. Ron, al escuchar eso decidió acompañarlo hasta su destino, como todo hombre en su sano juicio haría.

Continuaron un rato caminando sobre el lago helado hasta que llegaron a una cueva tan negra y fría como el mismo azabache. En ella, tuvieron que avanzar por unos túneles con diferentes trampas y pruebas. Pasar por debajo de unas cuchillas afiladas, no pisar las losas falsas, acertar una combinación secreta y esas típicas cosas que suelen pasarles a los aventureros cuando entran en cuevas misteriosas. Pero la prueba que tenían delante era diferente. Nueva.

—Analicemos la habitación —sugirió Ron tras observarla atentamente—. Tenemos una habitación circular. Hay cuatro grandes losas de colores por aquí repartidas —siguió enumerando mientras caminaba entre las losas—. ¿Y esto? —preguntó al tocar una especie de pulsador en el centro de la sala.

—¡Psi!

Escucharon un agudo sonido cuando una de las losas se iluminó para asombro de los dos. Ron y Harald se miraron y se acercaron a la piedra. Ya no irradiaba luz ni emitía sonido alguno.

—Tócala —sugirió Harald.

—¿Yo? —contestó—. Tócala tú. ¿Por qué tengo que hacerlo yo? —concluyó mientras se separaba de la mole azul.

—¿Quién ha tocado ese pulsador de allí? —preguntó mientras señalaba al pulsador con su hacha—. Tócala —sentenció dando unos pasos atrás.

Ron, bajo la mirada y suspiró. Cogió aire y se acercó a la losa. Con un gesto de la mano apartó a Harald mientras volteaba aquella roca azulada. Le dirigió una mirada al vikingo y levantó la mano acercándola a la losa. Harald cogió el hacha con las dos manos y se escondió tras ella.

—¡Psi! —Volvió a sonar aquel zumbido agudo. Ron y Harald quedaron iluminados por el brillo de la losa. Tras apagarse, volvió a iluminarse y el sonido se expandió por toda la sala, seguido del zumbido que emitía la losa amarilla que también comenzó a brillar—. ¡Psi! ¡Que! —sonó por la sala justo antes de hacerse el silencio nuevamente.

—¿Psique? —preguntó Harald mientras se rascaba la cabeza.

Y aquí es donde empezamos con el relato un par de líneas más arriba si mal no recuerdo. Así que continuaremos por donde lo habíamos dejado si os parece bien.

Ron que lo miraba atónito se sacudió la sorpresa de encima y tocó la piedra amarilla.

Game Over —rugió por toda la sala cuando las cuatro losas se iluminaron.

Harald y Ron se echaron al suelo cubriéndose la cabeza con las manos.

—¡Socorro! ¡Auxilio! —gritó Harald mientras gateaba hacia ningún lado.

Las piedras dejaron de brillar y no pasó nada más. Ron miró a su alrededor y se levantó lentamente. Ayudó a Harald a ponerse en pie, se sacudió el polvo de encima y comenzó a caminar entre las grandes piedras.

—Creo que esto no es bueno —dijo Harald mientras miraba la losa amarilla—. La otra vez sonó diferente —masculló.

Se acercó al pulsador y lo presionó a desgana.

—¡Psi! —sonó cuando brilló la piedra azul.

—Tócala Harald —ordenó mientras clavaba la mirada en la piedra que se acababa de iluminar. El joven vikingo avanzó dubitativo y posó la mano sobre la fría piedra.

—¡Psi! —emitió al iluminarse. Harald saltó atrás y se colocó en posición defensiva.

Tras apagarse, unos segundos más tarde volvió a sonar y a brillar, el primer sonido fue seguido por el emitido por la losa amarilla. Ron se acercó a la piedra azul y la tocó. El sonido emanó como por arte de magia.

—¡Lo tengo! —exclamó Ron mientras lo celebraba—. Harald, ahora tienes que tocar la amarilla —pidió mientras daba un paso atrás

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Lo que piensa la gente sobre Wolfdux's Lair (2013-2018)

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