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Liam

Liam

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Liam

valoraciones:
2/5 (1 clasificación)
Longitud:
183 páginas
2 horas
Editorial:
Publicado:
Jul 31, 2021
ISBN:
9781547571116
Formato:
Libro

Descripción

El ex marine de las Fuerzas especiales, Liam Mason, es un rebelde de corazón y lejos de lo que era su hermano menor, Nathan Mason.

Trabajar para el cartel tiene sus altibajos y entrenar al ejército de renegados peligros del cartel es un negocio que a menudo tiene un precio. Sin embargo, cuando Liam se acerca demasiado al hijo de su jefa, el líder del cartel pronto tiene su corazón concentrado en acabar la vida del ex soldado.

Perseguido por los cazar recompensas del cartel, Liam termina en la vieja cabaña de su madre donde, adolorido y reparado un corazón roto, se encuentra el joven Christian Madison, que no tiene idea de quién es realmente

Todavía dolido por la pérdida de su novio, Christian Madison se llena de alegría cuando Nathan regresa a su vida. Habiéndolo creído muerto, está mucho más emocionado. Cuando se despierta al día siguiente y se encuentra solo una vez más, teme perder la cabeza.

Poco después de que llega una carta para revelar la verdad, Christian sabe que debe llegar al fondo de todo esto, tal vez no se está volviendo loco y está viendo fantasmas, después de todo. Una cosa es segura, su mundo una vez más se ha vuelto al revés. ¿Está realmente enojado o simplemente tiene miedo de enamorarse de otro hombre?

Editorial:
Publicado:
Jul 31, 2021
ISBN:
9781547571116
Formato:
Libro

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Liam - CS Luis

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Liam

-No puedo obtener un disparo claro desde esta distancia. –Dijo mientras miraba por encima del alcance de mi rifle, a través del desierto distante y en una aldea más allá.

Estábamos protegidos por una tienda militar. La única abertura era una pequeña ventana rectangular, donde nuestras armas podían ser montadas y apuntadas.

-¿De qué estás hablando? Él es como... -Miré por el costado. Inmediatamente se agachó cuando una bala estalló cerca de mi cabeza. –Sí, él está bastante lejos. Tomaré tú palabra. –Le dije. – ¿Puedes conseguirlo si te doy un tiro claro, hermano? –Le pregunté.

Nathan me miró fijamente. Tenía seis pies con mechones rubios oscuros. Su apariencia reflejaba la mía en todos los sentidos. Nathan tenía un paño azul atado a su casco. El rojo era mi color.

-Sí, sí. Sé que no te llamaré pequeño... -Me reí.

Nathan entrecerró los ojos hacia mí. Le di una sonrisa. Además de tantas similitudes físicas que compartíamos, nuestras voces también eran casi idénticas. A veces era espeluznante, en su mayoría extraño, escuchar mi propia voz respondiendo.

-Oh, hermanito... -Dijo Nathan.

-Está bien, Nate. Entonces ¿Puedes? Vamos, le diré cosas buenas al chico lindo al volver a la base. Ya sabes, el que qué tiene los ojos en ti. –Dije, sonriendo ampliamente. Él arrugó una ceja mientras se preguntaba a quién me refería. Aunque tenía la sensación de que él sabía. Lo negó, pero lo había visto mirar.

-¿Lo hace de verdad? –Nate preguntó.

No era con él; en realidad era yo. No le daría alguna pista de la hora del día. Solo esperaba poder pasárselo a Nathan.

-No, ¿Pero eso importa? Eres mejor hablador. Un verdadero romántico por lo que he escuchado. Cielos, me fui a la cama con el sujeto un día. Ahora habla de estar juntos una vez que nos pongan en libertad.

Nate negó con la cabeza.

-¿Seriamente? ¿Qué tienes contra las relaciones?

-Nada, simplemente no me gustan las relaciones, ya lo sabes.

Me frunció el ceño.

-¿Podemos hablar de eso en otro momento? –Preguntó finalmente.

Hubo un repentino sonido de fuertes disparos provenientes a la distancia. Dos soldados entraron por el otro extremo a la tienda.

-El sargento quiere que nos movamos. –Dijo uno de ellos. –El escuadrón de Grant ha sido encajonado dentro del pueblo. No pueden salir. Están atrapados por fuego pesado desde todas direcciones.

-Gemelos Mason, su unidad está arriba. Los necesito a todos. –Dijo el sargento mientras caminaba con un grupo de hombres detrás de él.

-Perdóneme, pero ¿Qué estamos haciendo, sargento? No puede esperar que salgamos por ahí. –Dijo Rob.

Él era un poco cobarde a veces. Había estado sentado en la parte más alejada de la tienda tomando una siesta. Había estado tan callado que había olvidado que estaba allí. El sargento lo atrapó durmiendo mientras intentaba sacudirse y fruncir los ojos. No puedo entender a Rob. Me preguntaba si era gay. A veces, me miraba o me rozaba, pero otras veces se jactaba de lo caliente que era una chica en una revista. No tuve problemas con quién era yo. Todo nuestro equipo conocía mi orientación sexual y no tenían problemas con ello. No deberían, era el maldito 2018, supéralo. Había estado pensando en invitarlo a salir.

-Estamos sacando al equipo de Grant. –Le gruñó el sargento. Rob se arremolinó como una ciruela seca.

-Mierda, sargento. Tienen francotiradores RPG*, no hay un maldito camino por el cual podamos salir. –Dijo Zack.

Era un chico joven que había estado con nosotros durante dos años. Él sabía sus cosas a pesar de su edad. Era guapo y hábil con una pistola. Lástima que era recto. Estaba casado con gemelos, así que teníamos mucho en común.

-Zack,  vas a venir conmigo. –Le dije. Parecía tranquilizarlo. Sabía que podía depender de mí y Nate. –Nate y yo entraremos primero. Pondremos el fuego de cobertura y entraremos, sargento. Sacaremos al equipo de Grant.

Nate asintió en acuerdo. Le gustaba la acción; conocía la rutina. Trabajamos mejor juntos, y el líder del equipo lo sabía.

-Zack, Rob, Jones, Gutiérrez y Peters, los hermanos Mason tomarán la iniciativa. ¿Todos entienden eso? –Gritó el sargento.

Los hombres asintieron desde sus diversas posiciones alrededor de la tienda. Sus caras estaban llenas de cansancio. Todos estábamos agotados, la suciedad y el sudor manchaban nuestras mejillas y cejas. La armadura que llevábamos era un chaleco pesado, rifles de asalto y municiones atadas al ya fuerte uniforme de un soldado en batalla.

Me puse el casco, Nathan reflejó el gesto. La sensación de ver mi propio reflejo me tomó desprevenido por un momento.

* En este caso, el RPG en el ejército se refiere a Granada propulsada por cohete y se le conoce así por sus siglas en ruso, no a los videos juegos de rol. (N del T) 

Otros se confundían a menudo por quién era quién. Por eso empecé a usar un pañuelo rojo en el costado de mi casco.

-Vamos por nuestros niños. ¡Fuera! –Gritó el sargento.

El equipo se movió. Salí junto a Nate.

-Mantén tus ojos abiertos. –Pronuncié. Nate asintió.

Desde el momento en que nos acercamos al pueblo, los francotiradores parecían aflojarse. Hacía a Nate desconfiado. Bajó rápidamente. Llegar allí fue fácil. Fue cuando estábamos cerca de la pared lateral que rodeaba el pueblo que comenzaron los disparos. El equipo de Grant estaba teniendo fuego pesado. Podía distinguirlos, incluso desde la distancia que nos separa.

-¡Mierda! Podríamos haber subestimado a nuestro enemigo, Liam. Tenemos que retroceder. –Sugirió Nate.

Los hombres caían rápidamente. Llamé a los RPG, pero nuestros hombres fueron baleados.

-¡No! ¡Tenemos esto, Nate! –Le grité de nuevo, por el pesado sonido del disparo.

-Es una masacre. Querían traernos aquí. ¡Necesitamos retroceder! –Gritó Nate. Bajé la cabeza y entrecerré los ojos hacia él. Tenía esa mirada en sus ojos. Ya no era la situación en la que estábamos en mi mente. Todo lo que podía pensar era en el video chat que había escuchado.

-¿Por qué no dijiste algo? ¿Sabías algo antes de ese día? –Pregunté mientras la batalla continuaba a nuestro alrededor. El sonido de las balas volando sobre nuestras cabezas. Los soldados devolvieron el fuego en vano.

-¿No te dije qué? ¿De qué estas hablando? ¿Saber qué?

-Sabes de lo que te estoy hablando. –Empujé.

-Mierda, Liam. No tenemos tiempo para esto. ¡Tenemos que salir de aquí! ¿No puedes ver lo que está sucediendo a nuestro alrededor? –Nate clamó sobre el fuego pesado.

Hubo una explosión cerca de la pared lateral que nos había protegido de la batalla de armas a unos pocos metros de  distancia.

-¿Sabías de mamá antes del video chat? ¿Sabías que estaba enferma? –Le gruñí de nuevo. Giró su cabeza hacia mí. Los hombres gritaban, disparando sobre nuestras cabezas. Zack vino con los RPG. Estaba preparando el arma. Hubo una explosión detrás de la pared.

-¡Sargento! –Escuché a Rob en la radio. Era algo sobre el equipo de Grant. Golpeé una mano sobre el casco de Nate para despertarlo. – ¿Sabías qué estaba muriendo de cáncer? –Escupí.

Una explosión golpeó el suelo a unos pocos pies de nosotros y tiró al pobre Zack a la tierra. Nate negó y corrió a un lado de nuestro amigo. Se estaba moviendo en fuego abierto. Mi primera reacción fue agarrarlo y tirarlo, pero a veces parecía que Nate no tenía ningún miedo. Me pregunté si era por lo que sabía ahora. Mamá se estaba muriendo.

Me lancé desde el lado de la pared y comencé a disparar.

Una explosión de un RPG se disparó desde la apertura del helicóptero de arriba. Golpeó los edificios del pueblo como hojas desmoronadas de las ramas de un árbol. Nuestros hombres habían acudido en nuestra ayuda justo a tiempo. Dispararon varios cohetes, derribando los albergues. Cubrí a mi hermano cuando se arrodilló cerca de Zack.

-¡Nate! –Llamé mientras lo protegía. Estaba vigilando el fuego enemigo. Este era un mal lugar para estar. Estábamos completamente a la intemperie. Miré hacia atrás, había sangre por todas partes. – ¡Tenemos que irnos! –Grité sobre el caos que nos rodeaba.

-¡No puedo dejarlo!

Joder, claro que no. Me mordí mi labio.

El helicóptero disparó al enemigo que cubría la parte restante de nuestro equipo. Los hombres de Grant deambularon cuando un Humvee se detuvo y los dejó subir. Algunos llevaban a otros, algunos sin vida, otros cojeando al lado de un hombro en busca de ayuda.

¡Mierda!

-¿Zack? ¡Zack! –Escuché la voz de Nathan llamando. No hubo respuesta, la sangre goteaba por un lado de su cara y sus manos estaban cubiertas en ella. Sabía que no iba a lograrlo.

Reclutado

Liam

Me desperté con un parpadeo lejos del sueño irregular de mis ojos. Las pesadillas de aquellos días en el ejército todavía estaban muy frescas en mi mente. Sentí las sábanas frías de la cama, el colchón suave en mi espalda. Levanté la vista hacia el único ventilador que estaba girando en el dormitorio. La temperatura era cómoda, más todos los alojamientos de un Holiday Inn. Habiendo agotado lo último de mi herencia, estaba con el último centavo y tratando de averiguar qué hacer conmigo mismo. Seguramente no podía llamar a mi hermano después de la forma en que nos habíamos separado. Yo era él arrogante. En el fondo, sabía que nunca me daría la espalda. Nathan siempre estaría allí, incluso cuando afirmaba que nunca volvería a hablarme.

Mi celular comenzó a sonar en la mesa auxiliar. Lo agarré al escucharlo. Estaba considerando seriamente volver al ejército. Era todo lo que sabía.

Miré la pantalla de mi teléfono. Y al igual que un momento oportuno, él estaba detrás de la línea, Nathan. No había hablado con él desde que me había cerrado la puerta después de haberme perdido las últimas palabras de mamá en el hospital. Había estado en una pelea en un bar la noche anterior por tratar de convencer al novio de otro chico, que viniera a casa conmigo después de que me dejara comprarle algunas bebidas.

No tenía idea de que él ya estaba en una relación seria. El hijo de puta con mucho gusto se dejó comprar las bebidas. Cuando llegó el momento de recoger, él echó esa mierda de que estaba con alguien más. Después de sentirme en el bar, actuando como si no supiera dónde había estado la mano la mayor parte de la noche. Él se había besando conmigo. Cuando quise ir más lejos e ir a mi casa, de repente tenía novio. Parecía bastante culpable al respecto y su novio se fue a mí cara. Lo giré de lado con su cara contra la mesa, sus amigos acudieron en su ayuda, un montón de pesos pesados. Superado en número, salí de allí inmediatamente, pero no antes de dar unos buenos golpes. Me escapé por la parte de atrás del bar.

-Oye, hermanito, ¿Qué pasa? –Respondí.

Se quedó callado por un segundo.

-¿Cómo has estado? –Preguntó.

-Oye, escucha... Lamento lo que pasó. –Le dije.

Se quedó callado por un momento más.

-Sí, ambos estábamos pasando por un momento difícil. –Dijo.

Supongo que había algo de verdad en eso. Acabo de tener la mano de un tipo en mi tallo la noche anterior.

-La extraño. –Admití.

Se volvió a callar antes de que él preguntara.

-¿Estás bien?

-Sí. –Respondí antes de que los recuerdos y todas las emociones que conllevaban pudieran atraparnos. – ¿Y tú?

-Bien. ¿Dónde estás? ¿Qué has estado haciendo contigo mismo?

No quería que él se preocupara por mí. Mamá siempre estaba preocupada por mí, no quería que mi hermano empezara hacer lo mismo. Siempre había sido el más responsable. Él actúa como el gemelo mayor.

-Oh, bueno tú sabes. Aquí y allá. –Dije. –Alrededor.

No fue una gran respuesta. Su silencio indicó, que sabía que estaba siendo vago acerca de ciertos detalles para que no se preocupara.

-Sabes, si necesitas un lugar. –Comenzó a decir, y yo sabía que estaba interesado en mí situación. Él era mi hermano, el me conocía.

-No, tengo un lugar. –Traté de tranquilizarlo.

-Mamá nos dejó la casa a ambos, Liam. –Dijo.

-Sí, todavía tenemos la cabaña. –Respondí.

-¿Estás ahí ahora? –Preguntó.

-Sí. –Dije mintiendo.

Tenía la sensación de que, él sabía que estaba mintiendo. La cabaña estaba cerrada para el invierno. Podría haber ido allí, y

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