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Curar el trauma del desarrollo: El método relacional neuroafectivo (NARM) para restablecer la conexión

Curar el trauma del desarrollo: El método relacional neuroafectivo (NARM) para restablecer la conexión

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Curar el trauma del desarrollo: El método relacional neuroafectivo (NARM) para restablecer la conexión

valoraciones:
5/5 (2 valoraciones)
Longitud:
417 página
6 horas
Editorial:
Publicado:
Jan 21, 2019
ISBN:
9788494733574
Formato:
Libro

Descripción

Este libro trata sobre restablecer la conexión. Las dimensiones ocultas que subyacen a la mayoría de los problemas psicológicos tienen que ver con una capacidad deficiente de conexión con uno mismo y con los demás y con la disminución de vitalidad que ello acarrea. Por desgracia, a menudo no somos conscientes de los obstáculos internos que nos impiden experimentar la conexión y la vitalidad que queremos. Estos obstáculos se desarrollan como reacción al trauma del desarrollo, a los shocks traumáticos y a las consiguientes desregulaciones del sistema nervioso, trastornos de apego y distorsiones de identidad.
El Modelo Relacional Neuroafectivo (NARM™) es un enfoque orientado a los recursos que, aunque no ignora el pasado de una persona, enfatiza el trabajo en el momento presente. Este modelo utiliza la atención somática para volver a regular el sistema nervioso y para resolver las distorsiones de identidad, como la baja autoestima, la vergüenza y la autocrítica crónica, causadas por trauma del desarrollo y relacional. Heller y LaPierre demuestran cómo esta terapia ayuda a los clientes a conectarse con las partes del yo que están organizadas y son coherentes y funcionales, integrando el rol de la conexión en todos los niveles de experiencia, mientras afecta la fisiología, la psicología y la capacidad de relación de una persona.
Aunque la intención original de los autores era escribir un libro para terapeutas, no tardaron en darse cuenta de que la comprensión que aporta el NARM™ acerca de la ambivalencia profunda que tenemos los seres humanos hacia la conexión puede ser útil para cualquiera que se encuentre inmerso en un camino de autodescubrimiento en busca de nuevas herramientas para tomar conciencia de sí mismo, para crecer y para curarse.
Editorial:
Publicado:
Jan 21, 2019
ISBN:
9788494733574
Formato:
Libro

Sobre el autor


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Curar el trauma del desarrollo - Laurence Heller

autores

Introducción al Modelo Relacional

Neuroafectivo (NARM™)

La eterna conciencia plena es

el precio de la libertad

Este libro trata sobre restablecer la conexión. La experiencia de estar conectados es lo que satisface nuestro anhelo de sentirnos plenamente vivos. Las dimensiones ocultas que subyacen a la mayoría de los problemas psicológicos y fisiológicos tienen que ver con una capacidad deficiente de conexión con uno mismo y con los demás y con la disminución de vitalidad que ello acarrea. Por desgracia, a menudo no somos conscientes de los obstáculos internos que nos impiden experimentar la conexión y la vitalidad que queremos. Estos obstáculos se desarrollan como reacción a los traumas en el desarrollo, a los shocks traumáticos y a las consiguientes desregulaciones del sistema nervioso, trastornos de apego y distorsiones de identidad. El Modelo Relacional Neuroafectivo (NARM[1]) tiene como objetivo trabajar con estas desregulaciones, trastornos y distorsiones, sin perder nunca de vista el fomento del desarrollo de una capacidad saludable de conexión y vitalidad. En este libro abordamos conflictos relacionados con la capacidad de conexión y exploramos cómo se puede propiciar una conexión y una vitalidad más profundas en el proceso de curación de un trauma en el desarrollo.

Aunque la intención original era escribir un libro para terapeutas, no tardamos mucho en darnos cuenta de que la comprensión que aporta el NARM acerca de la ambivalencia profunda que tenemos los seres humanos hacia la conexión podría ser útil para cualquiera que se encontrara inmerso en un camino de autodescubrimiento en busca de nuevas herramientas para tomar conciencia de sí mismo, para crecer y para curarse. Este libro será de utilidad para los terapeutas que quieran agregar una nueva dimensión a su práctica clínica, pero también es una guía para quien esté interesado en desarrollar una mayor capacidad de conexión y bienestar.

Muchos sistemas psicoterapéuticos se basan en el modelo médico de la enfermedad, y como consecuencia se centran en la psicopatología; por lo general, la psicoterapia investiga el pasado de un individuo e intenta identificar los patrones cognitivos y emocionales disfuncionales que subyacen a los problemas psicológicos. No obstante, a medida que ha ido surgiendo nueva información sobre cómo funcionan el cerebro y el sistema nervioso, los métodos psicológicos tradicionales han sido cuestionados y se ha hecho cada vez más evidente la necesidad de contar con nuevos enfoques clínicos. En la actualidad resulta erróneo suponer que si sabemos lo que ha ido mal en la vida de una persona, también sabremos cómo ayudarla a resolver sus dificultades. Por ejemplo, ahora sabemos que cuando nos centramos en una disfunción, corremos el riesgo de fortalecer esa disfunción, y si nos centramos en la carencia y en el dolor, lo más probable es que acaben siendo aún más intensos. Del mismo modo, cuando nos centramos principalmente en el pasado de un individuo, le proporcionamos habilidades para reflexionar sobre su pasado, con lo que a veces hacemos que la historia personal parezca más importante que la experiencia presente.

En La curación de los traumas en el desarrollo presentamos el Modelo Relacional Neuroafectivo, una psicoterapia con base somática que se centra en fomentar la capacidad de un individuo para aumentar su conexión y su vitalidad. Es un modelo de crecimiento humano, de terapia y de curación que, sin ignorar el pasado de una persona, hace más hincapié en sus fortalezas, capacidades, recursos y resiliencia. Para el NARM la exploración de la historia personal es importante en la medida en que los patrones de afrontamiento aprendidos en fases tempranas de la vida interfieren con nuestra capacidad de sentirnos conectados y vitales en el momento presente. El NARM ayuda a construir y a ampliar nuestra capacidad actual de conexión con nuestro cuerpo y con nuestras emociones, así como nuestra capacidad de conexión interpersonal, capacidades que, como veremos, están íntimamente relacionadas.

Cinco necesidades clave basadas en la biología

El NARM identifica cinco necesidades clave basadas en la biología que son fundamentales para nuestro bienestar físico y emocional: la necesidad de conexión, de sintonía, de confianza, de autonomía y de amor-sexualidad. Cuando una necesidad clave basada en la biología no se ve satisfecha, surgen síntomas psicológicos y fisiológicos previsibles: la autorregulación, la percepción de uno mismo y la autoestima se ven amenazadas. Como nuestras necesidades clave basadas en la biología aparecen en las primeras fases de la vida, desarrollamos capacidades clave que nos permiten reconocer y satisfacer dichas necesidades como adultos (cuadro I.1). Estar en sintonía con estas cinco necesidades y capacidades clave implica estar conectados con nuestra vitalidad y con nuestros recursos más profundos.

Aunque pueda parecer que los seres humanos padecemos un sinfín de problemas y desafíos emocionales, la mayoría de ellos se remonta a traumas tempranos en el desarrollo y a shocks traumáticos que ponen en peligro el desarrollo de al menos una de las cinco capacidades clave. Por ejemplo, cuando los niños no obtienen la conexión que necesitan, crecen con el conflicto de buscar y a la vez temer la conexión. Cuando no logran satisfacer sus necesidades, no aprenden a reconocer lo que necesitan, son incapaces de expresar sus necesidades y, a menudo, no se sienten dignos de tenerlas cubiertas.

Cuando se desarrolla la capacidad interna para ocuparnos de nuestras necesidades clave, experimentamos la autorregulación, la organización interna, la expansión, la conexión y la vitalidad, que son atributos del bienestar fisiológico y psicológico. Fomentar el desarrollo saludable de las capacidades clave es fundamental para el enfoque NARM.

Cinco estilos adaptativos de supervivencia

En función de lo mucho —o poco— que se cumplan las cinco necesidades clave basadas en la biología en los primeros años de vida, se ponen en marcha cinco estilos adaptativos de supervivencia. Estas estrategias de adaptación son formas de hacer frente a la desconexión, a la desregulación, a la desorganización y al aislamiento que experimenta un niño cuando no se satisfacen sus necesidades clave. Se denomina a cada uno de los cinco estilos adaptativos de supervivencia según la necesidad clave y según la capacidad clave que falta o que se ve amenazada: el Estilo de Supervivencia de Conexión, el Estilo de Supervivencia de Sintonía, el Estilo de Supervivencia de Confianza, el Estilo de Supervivencia de Autonomía y el Estilo de Supervivencia de Amor-Sexualidad (cuadro I.2).

Cuanto más sometidas estén nuestras vidas adultas a los cinco estilos adaptativos de supervivencia, más desconectados estaremos de nuestros cuerpos, más distorsionados se volverán nuestros sentimientos de identidad y menos capaces seremos de autorregularnos. Aunque nos sintamos limitados por un estilo de supervivencia y por los patrones fisiológicos que lo integran, a menudo nos asusta ir más allá. Cuando nos identificamos con un estilo de supervivencia, nos quedamos dentro de los confines de las limitaciones aprendidas y seguidamente autoimpuestas, con lo que excluimos nuestra capacidad de conexión y de vitalidad.

Todos nosotros, incluidos los terapeutas, solemos sentirnos abrumados por la amplia gama y la aparente complejidad de los problemas psicológicos y fisiológicos que experimentamos los seres humanos. La comprensión de los estilos adaptativos de supervivencia proporciona cinco principios organizadores básicos que ofrecen un enfoque claro para la terapia y para el desarrollo personal. El NARM trabaja con cada capacidad clave para servir de apoyo al proceso de desarrollo personal (cuadro I.3).

En la parte A de este libro se exponen los cinco estilos adaptativos de supervivencia. La parte B plantea en profundidad la forma en que el primer estilo de supervivencia —lo que en el NARM denominamos Estilo de Supervivencia de Conexión— se desarrolla como una adaptación al shock traumático y al trauma en el desarrollo o relacional ocurrido en edades tempranas. Esta primera etapa de desarrollo se presenta en detalle porque, a pesar de que las dificultades que se dan en ella no se comprenden bien desde una perspectiva psicobiológica, tienen un impacto fundamental en nuestra vitalidad, en la resiliencia de nuestro sistema nervioso, en la formación de la percepción de nosotros mismos y en nuestra capacidad para relacionarnos.

PRINCIPIOS CLAVE DEL NARM

El Modelo Relacional Neuroafectivo se centra en la interconexión entre el desarrollo biológico y el psicológico. El modelo NARM:

aclara el papel de las dificultades de conexión en la medida en que influyen en una persona en todos los niveles de experiencia: fisiológico, psicológico y relacional.

desarrolla el uso de la conciencia somática plena y una orientación hacia las fortalezas personales con el fin de aumentar la capacidad de autorregulación y la liberación de las limitaciones que imponen las identidades fijas de los estilos adaptativos de supervivencia.

Autorregulación y regulación del afecto

Recientemente, la importancia de la autorregulación ha sido objeto de numerosas investigaciones en el campo de la neurociencia y se ha convertido en un destacado modelo teórico del pensamiento psicológico. En la actualidad se considera que una de las consecuencias más significativas de los traumas relacionales y de los shocks traumáticos tempranos es la consiguiente falta de capacidad para la autorregulación emocional y autónoma. El shock traumático y el trauma en el desarrollo ponen en peligro la capacidad de regular nuestras emociones y alteran las funciones autónomas, como la respiración, la frecuencia cardíaca, la presión arterial, la digestión y el sueño.

En pocas palabras, autorregulación quiere decir que cuando estamos cansados podemos dormir y que cuando estamos estresados contamos con formas saludables de liberar ese estrés. La regulación del afecto versa sobre cómo gestionamos nuestras emociones: cómo lidiamos con la tristeza, la alegría, la ira, la emoción, el reto, el miedo, en definitiva, con toda la gama de emociones humanas. Los síntomas de la desregulación emocional se desarrollan cuando no somos capaces de sentir nuestras emociones, cuando nos abruman o cuando se quedan sin resolver. Ser capaces de gestionar la intensidad de nuestras emociones, tanto las positivas como las negativas, es esencial para nuestro bienestar. Cuando no conseguimos manejar emociones fuertes o difíciles o cuando estamos ansiosos o deprimidos, nos encontramos en un estado de desregulación. La alteración de los patrones de sueño o alimentación, la ansiedad, los ataques de pánico, los comportamientos compulsivos, la depresión y la adicción son algunos de los síntomas más comunes de la desregulación.

En los primeros compases de la vida, la conexión con la madre o con el cuidador principal opera como un regulador del sistema nervioso del bebé, ya que en primer término aprende la capacidad de autorregulación a través de la relación con la madre o con un cuidador cercano. La teoría del apego ha demostrado que una conexión saludable entre el cuidador y el niño es de vital importancia para dar forma al desarrollo de la capacidad de regulación de este último. Cada vez que una madre consigue consolar a su bebé está regulando eficazmente su sistema nervioso, aunque lo más seguro es que no piense en el proceso de la maternidad en estos términos. La teoría del apego documenta la influencia que tienen las madres en estados crónicos de depresión, ansiedad, enfado o disociación en el desarrollo de sus bebés; la alteración de la conexión entre el bebé y la madre es traumática. Si por cualquier motivo, el proceso de regulación entre la madre y el bebé se ve trastocado, el bebé no desarrolla la capacidad básica para la regulación. Si la capacidad de autorregulación de una madre se ve amenazada, no consigue calmarse y, por lo tanto, no puede regular adecuadamente el sistema nervioso de su niño. La estabilidad de esta conexión temprana cobra una especial importancia a la hora de configurar los patrones de relación del individuo con el cuerpo, con uno mismo y con los demás. Una capacidad para la autorregulación que se encuentre amenazada puede afectar negativamente a una persona durante toda la vida. Si no contamos con una sana capacidad de autorregulación como parte integral de nuestro desarrollo, nos desestabilizamos, y sin este elemento fundamental, la vida se convierte en una lucha. Se cree que la desregulación del afecto es la clave del aumento de la vulnerabilidad de un individuo ante el estrés y el trauma y se la considera un elemento fundamental de problemas psicológicos y físicos.

La necesidad de sentirnos regulados, a gusto en nuestro cuerpo y con nuestra vida, es tan importante que cuando estamos en un estado de desregulación, tratamos de encontrar la regulación que necesitamos, a menudo a cualquier precio. Por ejemplo, la necesidad de sentirse regulado es tan fuerte que las personas fuman a pesar de saber que es perjudicial para su salud. Parece ser que fumar opera como un regulador emocional porque la nicotina reduce la ansiedad y, durante un rato, puede aliviar la depresión. Los individuos desregulados fuman para conseguir una sensación de alivio, aunque sepan que fumar puede matarlos. Los intentos de dejar de fumar o de renunciar a cualquier tipo de sustancia o comportamiento adictivo autodestructivo, como las drogas, el alcohol, la hipersexualidad, comer demasiado o trabajar en exceso, a menudo fracasan porque es muy difícil renunciar a un medio de autorregulación, incluso cuando no es saludable, hasta que pueda ser reemplazado por una forma de autorregulación mejor.

La autorregulación en la práctica clínica

El NARM introduce los conocimientos actuales sobre la regulación del sistema nervioso en la práctica clínica. Un concepto clave del NARM es fomentar maneras saludables de regular el sistema nervioso haciendo hincapié en la conexión con las partes de uno mismo que están organizadas y que son coherentes y funcionales. Analizar los problemas y centrarse principalmente en lo que ha fallado en la vida de una persona no supone necesariamente un apoyo a la autorregulación y, en algunos casos, aumenta la desregulación. Como veremos, el NARM estimula el potencial de un individuo para estar sano mediante el uso de técnicas específicas que fomentan la autorregulación autónoma y emocional y que sustentan la capacidad de conexión y vitalidad.

Fomento de una mayor capacidad de vitalidad

Nuestro mayor deseo es sentirnos vivos. La falta de sentido y la depresión, entre muchos otros síntomas, son un reflejo de la desconexión de nuestra vitalidad básica. Cuando nos sentimos vivos, nos sentimos conectados, y cuando nos sentimos conectados, nos sentimos vivos. Aunque aporta claridad mental, la vitalidad no es en esencia un estado mental, ni tampoco se limita a un placer sensorial. Es un estado de flujo energético y de coherencia en todos los sistemas del cuerpo, el cerebro y la mente. Los seres humanos respondemos al shock traumático y al trauma en el desarrollo o relacional con disociación y desconexión. El resultado es una disminución de la fuerza vital que nos deja, en mayor o menor medida, exiliados de la vida. Para el NARM, trabajar con los obstáculos que se interponen en el camino de la reconexión con la vida es un principio organizador clave.

Experimentar expansión y vitalidad

Tómate unos instantes y piensa en un momento de tu vida en el que te sintieras particularmente vivo. Elige un acontecimiento que terminara bien (o que al menos no terminara mal). Puede ser un acontecimiento en el que estuvieras con alguien, en grupo o solo. Puede ser cualquier cosa: un día en plena naturaleza, el nacimiento de tu hijo o hacer el amor.

Intenta recordar tantos detalles sensoriales como puedas de esa experiencia: colores, sonidos, temperatura, olores, etc. A medida que evoques esos detalles sensoriales, observa cómo te afectan. Siente tu experiencia física tanto como puedas. Si tienes dificultades en sentir con el cuerpo, intenta percibir el impacto general del recuerdo.

Tómate tu tiempo con este ejercicio y presta atención a cualquier pensamiento, juicio o emoción que se interponga en la forma de sentir tu vitalidad y tu expansión. Aunque consigas sentir un mayor bienestar, no te sorprendas si aflora algo de tristeza con la expansión, porque puede que el momento feliz que recuerdes haya terminado. Si percibes alguna tristeza, siéntela, pero no la conviertas en el objetivo principal de tu atención.

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No hay una reacción correcta a este ejercicio, pero muchas personas coinciden en que el mero recuerdo de un momento así puede activar una sensación fluida, cálida y placentera, una sensación de vitalidad y de expansión.

A lo largo de nuestra dilatada carrera como terapeutas, maestros y supervisores, hemos percibido la necesidad de comprender la regulación emocional de una forma más completa y unificada. El NARM plantea una enfoque claro sobre cómo trabajar con las emociones en el que aprender a estar en contacto con nuestras emociones y expresarlas apropiadamente es una parte esencial. Mediante el seguimiento de la experiencia física, sensorial y energética de la emoción en el cuerpo, el NARM hace hincapié en la conciencia somática plena: contención, profundización y apoyo para satisfacer biológicamente los estados afectivos. Rastrear y controlar emociones de esta manera nos pone cada vez más en contacto con nuestra vitalidad básica.

La fuerza vital, la vitalidad y las emociones

Hemos creado dos gráficos para entender y trabajar con las emociones en el contexto de aumentar la capacidad vital. La figura I.2 muestra cómo disminuye y se distorsiona la fuerza vital al reaccionar a las adaptaciones que un niño hace ante el fracaso en su entorno. También muestra las similitudes y diferencias entre el trauma en el desarrollo y el shock traumático. La figura 6.1 describe en detalle las distorsiones de la fuerza vital en cada estilo adaptativo de supervivencia. Ambas figuras aclaran la regulación emocional y autónoma en su relación con las funciones simpáticas y parasimpáticas del sistema nervioso e integran una interpretación de cómo las distorsiones de la fuerza vital afectan a nuestra psicología y fisiología.

Distorsiones de la fuerza vital

En la siguiente sección se explica cómo utilizar el gráfico de la figura I.2 de forma ascendente para rastrear las distorsiones de la fuerza vital a medida que una persona experimenta y posteriormente se adapta al trauma en el desarrollo y al shock traumático.

Energía básica/fuerza vital. El primer nivel del gráfico representa una energía básica o fuerza vital indiferenciada. Es lo que los franceses llaman élan vital o a lo que otras culturas se refieren como prana, reiki, chi y esencia, por mencionar solo algunos de sus nombres más conocidos.

Diferenciación positiva de la fuerza vital. El segundo nivel esquematiza las diversas expresiones de las necesidades clave y de la vitalidad saludable. La fuerza vital es la energía que fomenta la agresividad positiva, la fuerza, la autoexpresión, la separación/individuación, la reacción de lucha o huida, la pasión y la sexualidad. Cuando no se fomentan las expresiones clave de la fuerza vital, cuando se responden inadecuadamente o cuando se ven bloqueadas, se produce un aumento de la activación simpática del sistema nervioso.

Síntomas dominantes simpáticamente. Cuando no se satisfacen las necesidades clave, se activa el movimiento hacia las distorsiones de la fuerza vital impulsadas simpáticamente. La respuesta es inicialmente una protesta que, al no ser atendida, se convierte en ira. La ira es una respuesta de apoyo vital destinada a impactar en un entorno de falta de apoyo. Por ejemplo, al principio los bebés expresan su necesidad de contacto, nutrición, amor y conexión mediante el llanto, que no es más que una expresión de agresividad positiva. Las madres en sintonía identifican la necesidad de su hijo y responden apropiadamente. Si no se responde adecuadamente a la necesidad del bebé, este agrava su demanda acelerando la rama simpática del sistema nervioso autónomo, protestando ante la falta de respuesta y finalmente sucumbiendo a un estallido de ira. En entornos negligentes y abusivos en los que la falta de una respuesta adecuada es crónica, la ira y la agresividad no pueden resolverse. El hecho de que los bebés sientan ira crónica hacia su cuidador se interioriza instintivamente como una amenaza a la relación de apego y, por lo tanto, como algo peligroso para la supervivencia. Los síntomas de la activación simpática no liberada se desarrollan y sumen a los niños —futuros adultos— en estados de alta excitación, ansiedad e irritabilidad, con propensión a explosiones de mal genio, temor e incluso ataques de pánico.

Como veremos, todos los estilos de supervivencia se desarrollan como un intento de proteger la relación de apego mediante la exclusión de la expresividad básica, la ira, la agresividad y, en última instancia, la autenticidad.

Síntomas dominantes parasimpáticamente. Cuando la agresividad, la ira y otras formas de protesta resultan ineficaces, imposibles o peligrosas, los niños se adaptan. En cierto punto, si la falta de sintonía persiste, la activación simpática crónica sobrecarga el sistema nervioso; los niños se adaptan a través de la resignación, eliminando la protesta, la ira y la necesidad en sí misma, y pasan a la respuesta de inmovilidad parasimpáticamente dominante. Este mecanismo no resuelve el problema básico, pero insensibiliza con eficacia a los niños ante sus necesidades y emociones. Las necesidades no satisfechas y los sentimientos no resueltos se unen en el cuerpo y en el sistema nervioso en forma de activación no liberada, que se retiene como tensión física o como estados de colapso o inmovilidad.

Trabajo terapéutico con las distorsiones

de la fuerza vital

En el enfoque NARM es fundamental tener en cuenta la idea subyacente de fomentar la vitalidad y la conexión cuando se trabaja con los síntomas, sin olvidar que los síntomas reflejan la desconexión, que es una disminución de la conexión con la fuerza vital. Trabajando desde la parte superior de la figura I.2 (la más sintomática) hasta la parte inferior (la más vital), en el capítulo 12 presentamos estrategias terapéuticas para abordar la agresividad no integrada cuando se dirige hacia uno mismo y hacia el exterior. A medida que la ira, la rabia y la posterior agresividad positiva se va integrando, los síntomas como la ansiedad y la depresión retroceden. Conforme se identifican las necesidades básicas no satisfechas en el desarrollo, la conexión con la fuerza vital se fortalece progresivamente.

El trabajo de integración de todas las emociones juega un papel importante en el fomento de la reconexión con la fuerza vital. Al trabajar con emociones, los terapeutas NARM tienen en mente la siguiente pregunta: ¿cuál es la intención implícita de la emoción? Ayudar a los pacientes a comprender e integrar la intención básica de sus emociones conduce a una mayor realización biológica y emocional, lo que a su vez conduce a una mayor conexión con la fuerza vital. Al propiciar un proceso de control y profundización de los afectos, es posible conseguir un mayor rango emocional y un aumento de la autorregulación.

La conciencia somática plena

La práctica de la conciencia plena proviene de las tradiciones orientales y se está convirtiendo en una herramienta psicoterapéutica cada vez más popular. En el sentido más amplio, la conciencia plena significa prestar atención a nuestra experiencia: escucharnos a nosotros mismos, a nuestros pensamientos, a nuestras emociones y a nuestras sensaciones corporales. En última instancia, aprendemos a escuchar de tal manera que ya no apartamos de nosotros los elementos de nuestra experiencia, sino que asumimos que los pensamientos, las emociones y las sensaciones van y vienen. El atractivo de la conciencia plena radica en la libertad que experimentamos y en la sensación de fluidez que nos sobreviene cuando estamos presentes pero no nos identificamos con nuestros pensamientos, sentimientos y sensaciones.

El proceso NARM añade dos mejoras a la práctica tradicional de la conciencia plena:

La conciencia somática plena.

La conciencia plena de los principios organizadores de nuestros estilos adaptativos de supervivencia.

En la práctica tradicional de la conciencia plena, generalmente se enseña al individuo a mantenerse abierto ante cualquier experiencia. La conciencia plena tradicional es más eficaz cuando se ha experimentado un trauma leve. Cuando ha habido un trauma importante, mantener una conciencia abierta es extremadamente difícil e incluso puede conducir a abrumadoras reacciones emocionales. Cuantos más traumas haya experimentado una persona, más difícil será la práctica de la conciencia abierta.

El trauma nos impide estar presentes en nuestros cuerpos debido a la hiperactivación del sistema nervioso que provoca y a la desregulación sistémica resultante. Los individuos traumatizados tienden a desconectarse del cuerpo haciéndose demasiado cognoscitivos o insensibilizando la experiencia corporal, o incluso ambas cosas a la vez. Cuando hay una activación y una desregulación altas, resulta doloroso estar en nuestros cuerpos. Por eso el enfoque NARM ha añadido la conciencia somática plena a la práctica de la conciencia plena tradicional. El propósito de la conciencia somática plena es fomentar progresivamente una nueva regulación del sistema nervioso mediante la adaptación de las técnicas Somatic Experiencing®[2], tales como la conexión con el entorno físico, la orientación, la ralentización y dosificación, la pendulación y la descarga, diseñadas para abordar los estados de elevada activación, colapso y shock que experimentan los individuos traumatizados. En el NARM la práctica de la conciencia somática plena integra la antigua concepción de la conciencia plena con el conocimiento del siglo XXI acerca de la regulación del sistema nervioso.

La conciencia plena de los estilos adaptativos

de supervivencia

El segundo aspecto de la conciencia plena que se utiliza en el NARM implica incorporar al plano consciente nuestros estilos adaptativos de supervivencia y el principio organizador de cada estilo. La conciencia acerca de los estilos de supervivencia suele comenzar después de que se haya establecido una cierta capacidad de autorregulación. A medida que una persona se vuelve más regulada y materializada y los estados de angustia interna disminuyen, se hace más fuerte la capacidad de autoconciencia. Integrar la conciencia somática plena con la conciencia plena de los estilos de supervivencia nos permite trabajar con la historia vital de una persona desde una perspectiva más profunda y más amplia que la propia narrativa. Los procesos de conciencia somática plena y de conciencia plena de nuestros estilos de supervivencia se refuerzan mutuamente y aumentan la eficacia del trabajo psicológico y fisiológico de curación.

Identificaciones basadas en la vergüenza

y contraidentificaciones basadas en el orgullo

Cada estilo adaptativo de supervivencia tiene identificaciones subyacentes basadas en la vergüenza que se desarrollan para dar sentido al fracaso temprano en el entorno. Además, como reacción a la vergüenza subyacente, la mayoría de las personas también desarrollan contraidentificaciones basadas en el orgullo, un ideal del yo que refleja cómo les gustaría verse a sí mismos o cómo querrían que los vieran los demás. Las contraidentificaciones basadas en el orgullo, tradicionalmente consideradas como defensas, son un intento de convertir la vergüenza en virtud, pero, paradójicamente, cuanta más energía se invierte en las contraidentificaciones basadas en el orgullo, más fuertes se vuelven las identificaciones basadas en la vergüenza. En el cuadro I.4 se presentan brevemente.

Según el NARM, tanto las identificaciones basadas en la vergüenza como las contraidentificaciones basadas en el orgullo son ilusorias, aunque a menudo parecen bastante reales. Las contraidentificaciones basadas en el orgullo, que a veces se descartan como actitudes defensivas, resistencia y negación, operan como protección ante las dolorosas identificaciones basadas en la vergüenza que resultan del trauma en el desarrollo y que son ilusorias en sí mismas. Existe el peligro de cuestionar solo las contraidentificaciones protectoras basadas en el orgullo, las llamadas defensas, sin trabajar simultáneamente con las identificaciones más profundas basadas en la vergüenza, que podrían verse reforzadas por ello. Si no se comprende la naturaleza de estos dos niveles de identificaciones, el proceso terapéutico puede convertirse en algo innecesariamente doloroso y a veces incluso perjudicial.

El ciclo de la angustia

El NARM fomenta el desarrollo de la capacidad de conexión, vitalidad y creatividad. El trastorno del apego, así como el trauma temprano en el desarrollo y el shock traumático, interfiere con la autorregulación saludable, causa la desconexión de uno mismo y de los demás, distorsiona la identidad y socava la autoestima. Es más, el trauma en el desarrollo es uno de los factores que más contribuyen a la desregulación y a los trastornos que esta provoca, que conducen a innumerables problemas psicológicos y fisiológicos, así como a comportamientos compulsivos, adictivos y autodestructivos. Los estilos de supervivencia nacen como estrategias adaptativas de salvación que nos ayudan en los primeros compases de la vida a lidiar con experiencias traumáticas dolorosas y a sobrevivir a ellas. Paradójicamente, a medida que nos convertimos en adultos, estas mismas estrategias de supervivencia se convierten en la causa de una continuada desregulación del sistema nervioso, de disociación y de dificultades de autoestima. Cuando se perpetúan más allá de su utilidad, los estilos de supervivencia que en cierto momento fueron adaptativos crean un ciclo de angustia (figura I.4).

Para entender cómo se pone en marcha un ciclo de angustia, es importante asimilar primero que en el sistema nervioso la información fluye de forma descendente y de forma ascendente. El término descendente se refiere a cómo afectan las estructuras cognitivas del cerebro a los sistemas emocional e instintivo del cuerpo. El término ascendente se refiere a cómo afecta la regulación del sistema nervioso a las cogniciones. En sentido descendente, nuestros pensamientos, juicios e identificaciones influyen en cómo nos sentimos y afectan a

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