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La enciclopedia del pastor alemán

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La enciclopedia del pastor alemán

valoraciones:
3/5 (2 valoraciones)
Longitud:
591 páginas
4 horas
Publicado:
22 oct 2018
ISBN:
9781644615690
Formato:
Libro

Descripción

El pastor alemán es la raza más difundida y conocida en todo el mundo. Su éxito ha sido fruto de un riguroso trabajo de selección. Fácil de adiestrar, siempre dispuesto a jugar, representa el mejor exponente de la inteligencia canina.
Con esta obra, el lector aprenderá todo lo necesario sobre dónde comprar un cachorro, cómo elegirlo y acogerlo, cuáles son sus cualidades y defectos. Además, conocerá su fuerte personalidad, su vida cotidiana, educación, adiestramiento, alimentación, salud, la reproducción, las exposiciones caninas…
En esta guía completa, el autor enseña a evitar errores en la educación del cachorro y a saber vivir en armonía con el animal.
Publicado:
22 oct 2018
ISBN:
9781644615690
Formato:
Libro

Sobre el autor


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La enciclopedia del pastor alemán - G. Teich Alasia

Notas

PRÓLOGO

El pastor alemán constituye un caso único en el mundo canino. Ningún otro perro ha conocido jamás una difusión geográfica y una popularidad tan grandes, y lo ha conseguido gracias a sus características y cualidades, no a consecuencia de una moda.

Los esfuerzos de los criadores han marcado el destino fabuloso de esta raza mediante una selección orientada plenamente hacia el servicio del hombre. El pastor alemán se impone en todas las pruebas deportivas y de trabajo.

La pasión a la que se consagran criadores y propietarios del pastor alemán bajo la dirección del SV y de los clubes nacionales, ha logrado llevar a cabo una selección rigurosa única en la cinofilia; preservando y desarrollando las virtudes morfológicas y de carácter.

Las pruebas de carácter y de valentía, las de resistencia (20 km) y de selección (korüng) y la obligatoriedad de superar los exámenes de displasia de la cadera (A) han impulsado a los criadores a redoblar sus esfuerzos.

No dudo que el lector, como yo, al descubrir esta raza quede atrapado en una irresistible pasión. Hace más de 30 años, tras ver en una revista una fotografía de un magnífico cachorro, comencé una andadura que no he podido ni he querido detener.

La lectura de esta obra le revelará todas las facetas del pastor alemán, pero también cómo vivir bien en su compañía. Todo el amor que le ofrezca, puede creerme, él se lo devolverá centuplicado...

MARC RENAUD

Miembro del comité directivo de la SCBA (Société du Chien de Berger Alemand) durante muchos años, juez de la raza, vicepresidente de Club Canin, antiguo secretario de la Commission d’Utilisation Régionale Île-de-France, es además responsable de la dirección de la cría del pastor alemán en Francia.

Criador de pastores alemanes con el afijo Le Chemin du Rô.

Fotografía de Adriano Bacchella

LOS ORÍGENES DEL PERRO Y DE LA CINOFILIA

DE LA PREHISTORIA AL ENCUENTRO CON EL HOMBRE

En cualquier parte del mundo donde exista el hombre encontraremos al perro. Podemos verlos tanto en las metrópolis industriales como en los pueblos casi desérticos, tanto en los climas más cálidos como entre los esquimales; siempre encontraremos a nuestro fiel amigo junto a nosotros, exactamente como ya acontecía, millares de años antes de nuestra era, en los tiempos de los palafitos.

La maravillosa relación que nos une a este sensible y fascinador cuadrúpedo tiene sus raíces en tiempos verdaderamente antiquísimos.

Hoy vemos perros de razas muy distintas entre sí: molosos de setenta kilos y animales-juguete, diminutos, de escaso peso, lebreles de extraordinaria elegancia y peludos perros pastores de gran vitalidad y aspecto rústico. Encontramos igualmente perros utilizados en la caza, en el pastoreo, en la vigilancia o como animales de compañía; otros son excelentes auxiliares del hombre en situaciones de necesidad o peligro. Ciertamente, la palabra perro define un mundo inmenso y numeroso en sus variedades.

Sobre las posibles ascendencias de este variado universo, sobre sus orígenes, se han hecho infinidad de hipótesis desde los tiempos más remotos y con frecuencia se ha planteado el interrogante de si existe la posibilidad de que, en tiempos pasados, hubiera habido un solo antepasado común, a partir del que se habrían diferenciado las razas, tan distintas entre sí. Paralelamente se ha indagado sobre los «primos» más próximos, tales como los lobos, los chacales, los coyotes, etc., buscando en algunas peculiaridades anatómicas y estructurales un parentesco más o menos estrecho entre ellos y los perros domésticos. Y algunos elementos, bajo este prisma, han dado preciosas indicaciones: una de ellas, por ejemplo, es la pupila de la zorra, elíptica y no redonda, como la del lobo, el perro y el chacal, eliminando de esta forma el posible parentesco.

Tomarctus

De todas formas, para conocer la ascendencia más lejana de nuestro perro, hemos de retroceder mucho en la historia, cuando en las exuberantes selvas del planeta Tierra, hace setenta millones de años, paseaba un pequeño carnívoro saltarín que parece ser el antepasado tanto de los perros como de los osos: el Miacis.

Como sucesor de este hallamos el Cynodictis, presente en formas ligeramente diversas tanto en Europa como en Asia, durante un periodo que parte del Eoceno (hace sesenta millones de años) para llegar al Mioceno inferior (treinta y cinco millones de años más tarde). El Cynodictis parece que se hallaba dotado de un cuerpo bastante alargado, con miembros articulados muy cortos y con unas patas provistas de uñas parcialmente retráctiles.

Más reciente aún parece el Mesocycon, a su vez probable progenitor de dos mamíferos de la era terciaria: el Cynodesmus y el Tomarctus. Este último se imagina, pintorescamente, como semejante a un pequeño osezno, algo alargado y con una larga cola, muy peluda. Muchos investigadores ven en él el origen común de los lobos, los chacales, las zorras y los perros domésticos.

En realidad, el Tomarctus, que vivió durante un periodo comprendido entre hace veinte y cinco millones de años, tenía características osteológicas muy distintas a las de los cánidos; además, entre los últimos ejemplares de esta especie y los primeros perros domésticos existe una diferencia de casi cinco millones de años. Es muy posible que durante un periodo tan largo hayan vivido formas intermedias entre el Tomarctus y el perro, pero igualmente puede establecerse la hipótesis de que este animal prehistórico represente sólo una vía paralela a la ascendencia de los cánidos más recientes.

Llegamos, pues, a tiempos muy cercanos para hallar al perro en contacto con el hombre. Resulta muy difícil emitir una hipótesis sobre la forma en que este encuentro se produjo, pero podemos imaginar que también los hombres primitivos pudieron asombrarse ante la gran capacidad olfativa y el sensible oído de este animal, y ello les impulsara a utilizarlo. Por lo tanto, esta amistad puede haber surgido de la finalidad de hacer salir de sus refugios a las presas o por la exigencia de alejar a los lobos y a las fieras de las viviendas; o tal vez por ambos motivos.

Sea como sea, lo cierto es que el perro fue el primer animal que se aproximó al hombre y, dado que la domesticación del buey, de la cabra y de otros animales es posterior, es casi segura la utilización del perro para el pastoreo y, sucesivamente para la caza y para la vigilancia.

Algunos restos hallados en Suiza en el siglo XIX, estudiados por el zoólogo Rutimayer, demuestran la presencia de un perro doméstico en el interior de los palafitos, que vivió en estrecho contacto con el hombre durante el periodo del Neolítico medio y que fue llamado Canis familiaris palustris o, más vulgarmente, perro de las turberas.

Posterior a este existieron tres tipos de perros domésticos perfectamente distintos, que, con frecuencia, se consideran hipotéticamente como los antepasados de las distintas razas que, poco a poco, se han ido diferenciando. Así del Canis familiaris matris optimae, que vivió durante la Edad del Bronce, y así llamado por el zoólogo Ieitteles, en recuerdo de su propia madre, se derivan varias razas de perro pastor, mientras del Canis familiaris intermedius de la Edad del Hierro se encuentra la ascendencia de varias razas de caza y de los bracos. Los molosoides, a su vez, se remontan al Canis familiaris inostranzewi que, por los restos encontrados, da pie a la hipótesis que se trataba de un animal bastante corpulento y pesado.

Tal vez en la actualidad, a la luz de recientes descubrimientos, estas rigurosas diversificaciones han perdido todo su valor y se puede creer en una domesticación de cánidos salvajes (empezando por el lobo) durante todo el periodo Neolítico. Como prueba de ello es interesante recordar que con frecuencia algunos zoólogos han observado analogías no indiferentes entre el Lupus pallipes hindú y algunos perros de pastor.

Canis familiaris palustris

Canis familiaris matris optimae

Canis familiaris intermedius

DESDE LOS ANTIGUOS EGIPCIOS A LOS TIEMPOS MODERNOS

Aproximándonos, con el paso de los años, a los tiempos modernos, la presencia del perro entre los hombres se convierte en un hecho constante y empieza a caracterizarse de una forma más especializada la utilización de las distintas razas.

En los frescos del antiguo Egipto se encuentran con frecuencia perros parecidos a lebreles; y con las peculiares hechuras del basset aparecen en las excavaciones precolombinas de México y Perú. Desde los tiempos de las conquistas de Alejandro Magno, tenemos testimonios del empleo de molosos de origen asiático durante las batallas para sembrar el desconcierto entre los enemigos. Este mismo empleo de los perros era también común entre los soldados egipcios de Tutankhamon que, combatiendo contra los nubios, desencadenaban la furia de los mastines en los campamentos enemigos. Los perros molosoides, de potentes mandíbulas, también eran empleados en la antigua Roma para combatir en los circos contra ferocísimas fieras y este mismo espectáculo se había extendido entre las poblaciones bárbaras en los tiempos de la invasión del imperio romano.

También, en lo que hace referencia a las razas cazadoras, tenemos numerosas pruebas que demuestran su existencia en tiempos muy antiguos. Del periodo de la civilización egipcia nos llegan representaciones que demuestran que pequeños lebreles eran utilizados para la persecución de presas en las llanuras desérticas y, por otra parte, las descripciones históricas de la conquista de las Galias por parte de los romanos nos explican que ya en aquellas fechas se practicaba la caza con jaurías de sabuesos.

Respecto a los perros de pastor, vale la pena recordar la detallada descripción del canis pastoralis que se encuentra en el tratado De rerum rusticarum de Marco Terencio Varrón, erudito latino que vivió en el siglo I a. de C. Por la misma época, otro experto en los problemas del campo, Lucio Junio Moderato Columela, en el séptimo libro de su obra enciclopédica De re rustica, habla extensamente del empleo del perro en la vigilancia de los rebaños y aconseja la utilización de los perros de manto blanco para defender el ganado de los ataques de los lobos. En efecto, sostenía el autor, el color claro del pelaje podía servir de ayuda al pastor en la incierta luz del crepúsculo, si se hallaba en la necesidad de distinguir entre los guardianes y los animales de presa.

De estos perros blancos, que hace ya dos mil años guardaban las ovejas en los campos del centro de Italia, descienden los maravillosos pastores maremmano-abrucés que aún hoy acompañan los rebaños en los montes Apeninos.

A partir de la Edad Media contamos con un número mucho mayor de noticias referentes a los perros de pastor, y respecto a algunas razas disponemos de descripciones muy precisas y detalladas. De Islandia, por ejemplo, tenemos prueba de la existencia de perros, parecidos a los lobos, con orejas erectas, bastante robustos, que fueron importados por los colonizadores noruegos en el siglo IX y serían el origen de los norsk buhund, aún hoy presentes en la isla. Análogamente, desde Hungría nos llegan noticias respecto a unos peludos perrazos, parecidos a los actuales kuvasz, que llegaron hasta los Cárpatos siguiendo a las poblaciones nómadas de los cumanos, procedentes de Turquía.

Sobre las razas de pastores presentes en Alemania, las noticias más antiguas se refieren al hovawart, fuerte y poderoso perro, de orejas colgantes, que ya se cita en el Sachsenspiegel de Eike von Repgow, hacia el 1250. Este típico guardián de las casas de campo se hallaba bastante extendido en las regiones alemanas del sur, donde era empleado como guardián de los establos y de los mataderos. El padre del pastor alemán, von Stephanitz, lanzaba la hipótesis de que esta raza era una de las tantas antecesoras de aquellas cepas de perro de pastor que en el siglo XIX se empleaban en la Alemania centromeridional para la vigilancia y la conducción de las ovejas.

Como se verá más adelante, del cruce de estos perros, a finales del siglo XIX, se obtendrá la nueva raza del pastor alemán.

LA SELECCIÓN DEL COMPORTAMIENTO EN LOS PERROS PASTOR

Pensando en la denominación perro pastor, la imaginación se dirige al infatigable animal que, atento al mínimo aviso o señal de su dueño, se cuida de mantener unido el rebaño y conducirlo evitando los posibles peligros. Esta es, en nuestros tiempos, la ocasión más frecuente de poder admirar la sensibilidad y la inteligencia del fiel cuadrúpedo en su trabajo con las ovejas. En el pasado no fue siempre esta relación la que ha unido el perro a los rebaños, y han sido muy distintas las labores que ha tenido que desarrollar el perro.

En los orígenes, cuando el hombre empezó a unir la actividad de la caza a la del pastoreo, el primer problema con el que tuvo que enfrentarse fue defender sus propios animales de las fieras y de los animales de presa salvajes. Observando con cuánta tenacidad y con cuánto celo los perros se hallaban dispuestos a defender su propia manada y su propio territorio, el pastor primitivo empezó a utilizarlos como fieles guardianes, confiándoles la defensa de los recintos y de los pastos donde llevaba el ganado. A estos perros custodios se les exigían dotes de carácter muy especiales: se tenían que mostrar lo suficientemente agresivos para enfrentarse con las fieras y, al mismo tiempo, lo suficientemente dóciles para no representar un eventual peligro para los animales que les eran confiados.

Perro pastor «conductor» y perro pastor «protector» del rebaño

A continuación, cuando el pastoreo empezó a caracterizarse como una actividad más nómada, también a los perros se les exigieron prestaciones más complejas y dinámicas.

Estos perros conductores, que tenían que ayudar a los hombres en el cuidado de los animales durante el desplazamiento, tenían confiadas misiones extremadamente delicadas, que consistían en actuar de forma coercitiva respecto a los animales de rebaño o la manada. Se precisaba, por lo tanto, un perro que fuera capaz de mantener unida y conducir la manada sin sembrar el pánico en su interior y sin hacer daño a los animales. Con esta finalidad se seleccionaban animales capaces de morder de una forma decidida pero delicada y que, al mismo tiempo, fueran capaces de expresar actitudes autoritarias, pero no gratuitamente agresivas. Otra actitud diversa se requería de los animales en contacto con las manadas, en los que la mayor capacidad para el mordisco era con frecuencia muy útil para crear la debida relación de respeto. Buena parte se confiaba a la habilidad del pastor que debía habituar a los perros jóvenes a morder únicamente ciertas partes del cuerpo del bovino y, a este fin, se utilizaban distintos procedimientos. Uno de ellos, aún hoy empleado en las montañas suizas, consiste en darles a los cachorros falsas patas de ternero, sobre las que un revestimiento de ramas espinosas deja libre sólo la parte del jarrete, zona sobre la que se quiere concentrar la atención del joven perro. Con la posterior evolución del pastoreo, se exigían a los perros prestaciones más específicas y detalladas, ligadas a su misión de conductores, y estaban condicionadas por el tipo geográfico y territorial.

Los perros de las campiñas inglesas, por ejemplo, donde los rebaños permanecían semanas enteras en terrenos de colinas, eran enseñados a vigilar las ovejas en espacios amplios; mientras que en las zonas accidentadas de Grecia o de Yugoslavia se exigía una conducta continuamente gregaria respecto al rebaño.

En la historia del pastoreo, como hemos visto, se ha partido de perros dedicados exclusivamente a la guardia y a la vigilancia, y seleccionando pacientemente actitudes de carácter se ha llegado a obtener sujetos en condiciones de desempeñar tareas mucho más complejas: reunir las cabezas de ganado, conducirlas, defenderlas de los posibles peligros y acondicionarlas para los posibles desplazamientos. Para estas finalidades, poco a poco, se han ido buscando actitudes psicológicas muy claramente definidas, que permitieran actuar con perros naturalmente predispuestos para distintas misiones que, adecuadamente educados por manos expertas, efectuaran su labor de la forma más productiva.

UNA TEORÍA SOBRE EL ORIGEN Y EVOLUCIÓN DE LAS RAZAS: LA NEOTENIA

En el intento de dar una explicación orgánica a la sucesión de las selecciones hechas sobre el carácter de los perros pastor, dos biólogos americanos, Lorna y Raymond Coppinger, han interpretado la evolución de las razas a la luz de una teoría muy sugestiva, la neotenia, que el etólogo vienés Konrad Lorenz había elaborado algunos años antes.

«El término neotenia, que en el lenguaje biológico define la capacidad de algunos animales para reproducirse en estado larvario, referido al mundo de los perros se usa para fijar y mantener en la vida adulta una o más características de un determinado momento del desarrollo».

Mediante este proceso atrófico, según Lorenz, en algunas razas caninas se han fijado algunas características infantiles, mediante selecciones de cría a través de tiempos muy prolongados. Así se han generado muchos de aquellos perros, tipo pekinés, chihuahua y otros perros-juguete, en los que ciertas expresiones típicas son especialmente importantes para suscitar un mensaje de ternura infantil.

En otros casos, un análogo mecanismo de selección, siempre actuando en el transcurso del tiempo, se ha dirigido a mantener en el individuo adulto algunas características psicológicas juveniles, como la curiosidad, el impulso de coger las cosas o la atracción hacia los juegos. Todo ello con la finalidad de obtener razas predispuestas como, por ejemplo, los distintos perros enseñados para el cobro de la caza, en los que es de fundamental importancia su infantil interés posesivo frente a los objetos.

Profundizando en el análisis sobre la fijación de las características juveniles y buscando además una referencia específica referida a los perros pastor, el matrimonio Coppinger ha arrojado nueva luz a la evidencia de cómo en distintas razas, fruto de la selección sobre caracteres básicos, existen comportamientos que pueden observarse en el periodo de formación psicológica del lobo salvaje.

El primer estadio que se puede ver en la evolución del carácter de los lobos es aquel en el que el lobezno, que sale por primera vez de la madriguera, en sus primeros inciertos contactos con el mundo demuestra cierta desconfianza junto a una gran necesidad de protección por parte de la madre, hacia la que experimenta un acusado sentimiento de sumisión.

Este tipo de comportamiento encuentra ciertas analogías en algunas típicas actitudes de ciertos perros guardianes de gran envergadura, tipo maremmano, san bernardo, etc., que incluso en su aspecto pueden recordar la simpática torpeza del cachorro.

Del segundo periodo, en el que el lobezno empieza la exploración del ambiente, son características las actitudes de curiosidad y atención respecto a los objetos y la fuerte atracción hacia el juego que encontramos presentes en algunas razas de perros juguetones, como son los distintos retriever, spaniel y otros perros seleccionados para llevar al dueño la caza.

En la tercera fase de su camino hacia la madurez, los pequeños lobeznos empiezan a concentrar su atención en todo lo que se mueve y comienzan a expresar ciertas actitudes de persecución y acecho. Semejante comportamiento también se puede observar en algunas razas conductoras de ganado (collie, pastor belga, etc.) que, extremadamente atentos hacia el mundo que los circunda, se precipitan a perseguir todo aquello que se escapa de su control.

En el último periodo, antes de alcanzar la completa madurez, los jóvenes lobos empiezan a seguir a los padres en las cacerías y ya comienzan a expresar en forma completa algunas conductas sociales, que tienden a coordinar la acción de los distintos individuos en el seno de la manada.

Estas formas de comportamiento de gran sociabilidad son típicas de algunos perros nórdicos que, además, también en su aspecto exterior recuerdan muy directamente al lobo salvaje.

Evidentemente, la esquematización de esta teoría tiende a simplificar una realidad extremadamente compleja, en cuyo interior existen diversos interrogantes. Por lo tanto, si se puede considerar efectivamente posible que el hombre, en el transcurso de los siglos, seleccionando las distintas razas de perros, haya logrado fijar algunas características juveniles del lobo, hay que hacer notar, por otra parte, que estas son únicamente elementos parciales en el interior de la compleja identidad de los distintos animales, en los que pueden aparecer caracteres de distintos tipos. En efecto, es posible que aparezcan en ciertas razas algunas de las características anteriormente descritas que se superpongan o se eliminen unas a otras.

En el perro pastor alemán, por ejemplo, se hallan presentes algunas típicas actitudes de conductor de rebaños, semejantes a las de los lobeznos que, atraídos por todo aquello que se mueve, se mantienen al acecho y se lanzan a la persecución. Sin embargo, paralelamente a esta conducta, pueden aparecer otras de perro juguetón, además de algunas expresiones de sociabilidad de manada, muy semejantes a las de los perros nórdicos. No obstante, todos estos aspectos del carácter aparecen en el contexto de la compleja psicología de los perros, teniendo en cuenta la gran importancia sobre la conducta que tienen los factores ambientales.

LA CLASIFICACIÓN DE LAS RAZAS Y EL NACIMIENTO DE LA CINOFILIA OFICIAL

La primera clasificación de las razas caninas de debe al inglés Keys, que en el año 1576 redactó una exacta lista o elenco de los perros conocidos en Inglaterra, subdividiendo las varias razas de acuerdo con su utilización práctica y subrayando cómo la posesión de algunas de ellas se hallaba ligada al medio social.

Muchos años después, en la primera mitad del siglo XIX, varios estudiosos se dedica-ron con interés a la clasificación canina. Algunos de ellos prefirieron reagrupar las razas de acuerdo con sus aptitudes y su empleo (procedimiento todavía empleado en las exposiciones); otros asumieron como criterio de clasificación algunas particularidades morfológicas. Entre estos últimos recordaremos al francés Mégnin que, en 1897, reelaboró una clasificación que había sido establecida a principios del siglo por el investigador Cuvier, válida aún en la actualidad para situar científicamente una raza. Esta clasificación dividía las razas en cuatro grupos (lupoides, bracoides, molosoides y graioides) de acuerdo con las especiales características morfológicas de cada uno, con particular referencia a la cabeza.

Hoy la subdivisión oficial de las razas caninas comprende cuatro categorías, a su vez subdivididas en un total de diez grupos. El perro pastor alemán forma parte de la primera categoría (perros de pastor, guarda y utilidad) y, en el interior de esta se encuentra clasificado en el primer grupo (perros pastor).

A la exigencia de catalogar las distintas razas caninas creadas en el curso de los años se unió muy pronto la de poder registrar cada uno de los pertenecientes a ellas. Ya en el siglo XVII, o tal vez con anterioridad, en Inglaterra los Masters (maestros de caza) reunían detallados registros para los sabuesos empleados en las cacerías a caballo; de cada ejemplar que nacía se indicaba la familia a la que pertenecía y sus ascendientes.

Con frecuencia, estos embrionarios intentos de registro quedaron en hechos episódicos y discontinuos, y sólo en 1874 tuvo lugar el primer acto de la cinofilia oficial: la publicación del Libro de Orígenes, efectuado en el British Kennel Club, primera sociedad cinófila fundada en Gran Bretaña en 1859.

LA CINOFILIA OFICIAL EN LA ACTUALIDAD: LA RSCE Y SUS ACTIVIDADES

En todo el mundo, numerosos países disponen de un organismo para la promoción de la cinofilia; su principal misión consiste en inscribir a los perros de raza en los registros especiales denominados Libros de Orígenes.

La mayor parte de ellos son de carácter nacional y se agrupan en un organismo internacional denominado Fédération Cynologique Internationale (FCI). La sede se encuentra en Bélgica, cerca de la ciudad de Thuin; tiene el objetivo de coordinar y dirigir los trabajos y las iniciativas de las asociaciones de cada país. Forman parte del FCI treinta y seis organismos nacionales, entre ellos el español, y quince asociaciones.

Otros países, como Australia o los Estados Unidos, actúan al margen de la organización.

En España, el organismo que promueve la mejora de las razas caninas es la Real Sociedad Canina de España (RSCE), antes llamada Real Sociedad de Fomento de las Razas Caninas en España, que fue fundada el 27 de junio de 1911 y es miembro de la FCI desde el 30 de mayo de 1912.

Su objeto es la conservación, fomento y mejora de las razas puras de perros de pastoreo, guarda, defensa, carrera, trabajo, compañía, acoso y caza y, en general, de todas las razas caninas. Así mismo, también se ocupa de la aclimatación y desarrollo en España de diversas razas con orígenes extranjeros, tanto de utilidad como de lucimiento.

Es la delegada del Gobierno español y de su Ministerio de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación para la llevanza y teneduría del Libro de Orígenes Español (LOE), y es quien, por lo tanto, emite los certificados de pedigrí de todos los perros nacidos en España, o de aquellos que son importados a nuestro país desde el exterior.

La RSCE y sus Sociedades Regionales Delegadas organizan cada año diversas competiciones tanto de trabajo (RCI), y el correspondiente Campeonato Nacional de Trabajo, como de morfología, Nacionales o Internacionales, poniendo en juego los CAC o CACIB, puntos necesarios tanto para la obtención del Campeonato de España como para el Campeonato Internacional de Belleza.

Todas las camadas nacidas en España han de tramitarse a través de esta Sociedad, con los requisitos que en cada momento tenga determinados.

ORIGEN Y EVOLUCIÓN DEL PASTOR ALEMÁN

LOS ORÍGENES

Para comprender plenamente los orígenes del pastor alemán, es preciso tener una clara idea del momento histórico y del ambiente en que se desarrollaron los sucesos que llevaron al nacimiento de una nueva raza y a la formación de la sociedad especializada que ha controlado la cría hasta nuestros días.

Alemania vivía en la plenitud del imperio de Bismarck; recordemos que la proclamación de la Confederación Alemana tuvo lugar el día 18 de enero de 1871, en un clima fuertemente conservador en que poseía un enorme poder la clase militar. Coincidía con los años de la revolución industrial y, especialmente después de 1880, hubo una intensa afluencia de población hacia las grandes urbes. Pese a que Bismarck, él mismo terrateniente, manifestara repetidas veces su preocupación por la suerte de la agricultura y propusiera leyes destinadas a la protección de los productos procedentes del campo, la industria urbana estaba depauperando velozmente el mundo rural.

Pastor alemán en una postal de principios del siglo XIX

Y así, en esta situación, en muchos sentidos verdaderamente preocupante, empezó a difundirse un interés, un poco nostálgico, hacia un mundo que parecía destinado a desaparecer.

Grupos de apasionados empezaron a interesarse por la suerte del pastoreo, otros, sin embargo, fueron redescubriendo las técnicas para el tejido de las lanas y algunos, siempre dentro de esta atmósfera nostálgicamente bucólica, empezaron a interesarse por los perros guardianes de los rebaños.

Estos animales, en su conjunto, representaban un mundo extraordinariamente variado. En efecto, había razas muy distintas entre sí, que cambiaban de acuerdo con la localidad donde se encontraban y de las finalidades con que eran criadas. Se podían ver perros de llanura y otros de montaña, unos tenían que defender el rebaño de los lobos, otros servían para alejar los ladrones; había perros seleccionados por su agilidad, otros habían destacado por la fuerza y la corpulencia.

A tantos años de distancia, hoy se puede establecer la hipótesis de que en el heterogéneo grupo de estos perros existían algunos importantes elementos que estimulaban el interés de los apasionados. Los sujetos empleados por los pastores, en efecto, ofrecían en conjunto una gran impresión de rusticidad que se unía a un acusado sentido de independencia y de orgullo; a continuación se verá la gran importancia que tienen estas características en la auténtica selección del pastor alemán.

Del mundo pionero de estos primerísimos años, en que empezaba a tomar cuerpo y centrarse una cierta atención, hay que recordar a dos criadores que ya en 1877 empezaron a efectuar cierta selección sobre los perros de pastor: Wachsmuth, de Hanau, y Sparwasser, de Frankfurt.

Establecer hoy la semejanza que pudiera existir entre los sujetos criados por ellos y el pastor alemán resulta algo atrevido. No obstante, en las crónicas históricas permanecen los nombres de dos perros: Grief y Lotte.

Habrán de transcurrir otros catorce años para que aparezca otro momento crucial en la historia de los orígenes. En efecto, fue en 1891 cuando se fundó, por obra del capitán

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