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El Cocker inglés y americano

El Cocker inglés y americano

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El Cocker inglés y americano

Longitud:
276 páginas
1 hora
Publicado:
22 oct 2018
ISBN:
9781644615669
Formato:
Libro

Descripción

Siempre alegre, con la mirada atenta y la cola en constante movimiento, el cocker ha conseguido una excelente reputación como perro de compañía.
Al margen de sus aptitudes para la caza, se ha convertido en un espléndido compañero de juegos para los niños, gracias a su carácter vivaz y exuberante. Esta guía fotográfica le facilita toda la información necesaria para conocer bien esta raza y establecer una buena relación con el perro.
Cómo elegir el cachorro que mejor se adapta a las expectativas de cada uno. La adaptación a su nuevo hogar, la educación básica y el aprendizaje de las normas de higiene.
Los consejos para mantenerlo en forma y alimentarlo correctamente. Las indicaciones para evitar o tratar los pequeños problemas de salud y reconocer los síntomas de enfermedad.
Criar una camada: el celo, la gestación, el parto, los cuidados de los recién nacidos.
Consejos para la preparación del manto y para iniciarse en el mundo de las exposiciones. Cómo orientar correctamente su instinto para la caza.
Publicado:
22 oct 2018
ISBN:
9781644615669
Formato:
Libro

Sobre el autor


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El Cocker inglés y americano - Filippo Cattaneo

Veterinario

INTRODUCCIÓN

Elegir un perro como compañero es una decisión importante, que no debe tomarse a la ligera. Ante todo hemos de tener claro que modificará parte de nuestra rutina, tanto por el tiempo que tendremos que dedicarle como por el espacio que ocupará en la casa y en el coche. Además, probablemente la casa ya no estará tan limpia, y a veces nos encontraremos pelos en la ropa.

Una vez tomada la decisión, el paso siguiente es elegir la raza que se adapta mejor a nuestra vivienda y a nuestro estilo de vida. Una buena forma de conocer al mejor amigo del hombre es visitar las exposiciones caninas, en donde se pueden ver perros de casi todas las razas. Esta primera aproximación nos permitirá formarnos una idea del perro que podría ser más adecuado para nosotros. Además, allí podremos hablar con expositores o criadores, e informarnos sobre el carácter y las aptitudes de las razas que nos interesen.

Si finalmente escogemos un cocker, este libro servirá para descubrir a este magnífico animal, saber cómo vive y cómo debe ser tratado para que no surjan problemas de convivencia. Aunque las pretensiones de un cocker no son nunca excesivas, hemos de asumir que cuando viva con nosotros, nuestra vida experimentará una serie de cambios. Será tarea nuestra adaptar los hábitos y los horarios para lograr que la convivencia sea satisfactoria.

Los orígenes

El cocker comparte su origen con el grupo de los spaniel, al que pertenece. Intentar reconstruir este origen significa adentrarse en una historia hecha de pocos textos y de interpretaciones de estudiosos que, en el intento de encontrar antiguas representaciones de perros que pudieran recordar a los antepasados de la raza, emprenden una búsqueda que alcanza épocas tan remotas que resulta difícil encontrar pruebas que hagan creíble la hipótesis inicial.

La búsqueda de los orígenes de los spaniel parte del propio nombre, que aparece en un libro del siglo XV, Le Livre de Chasse, de Gaston Phoebus, quien afirma que en Bretaña se denominaba spaniel a los perros de caza «adiestrados para buscar y levantar la pieza para el halcón, y posteriormente cobrarla si el halcón solamente la hería». La asociación fonética de este término con España es muy directa. Sin embargo, en nuestro país la búsqueda se detiene en el braco d’Oysel, un braco para la codorniz que posteriormente se difundió en Francia, Alemania e Inglaterra, dando origen al epagneul francés, al perro de muestra alemán y a los spaniel ingleses, respectivamente. Ha habido quien ha querido refutar la hipótesis del origen español atribuyendo a este braco un probable origen asiático, a través de un grabado que representa un perro muy parecido, encontrado en una gema que perteneció a Felipe II de Macedonia. Otros, después de haber buscado en España datos que demostrasen la existencia del braco para la codorniz, afirmaron no haber encontrado ningún dibujo, pintura o grabado suficientemente antiguo que permitiera sostener la tesis según la cual el origen de estos perros habría sido español. En la misma vía de descartar el origen español de los spaniel, el estudioso alemán Tschudy explica que «las leyes alemanas de siglo VIII mencionan un Canis acceptorius destinado a la caza del halcón (...) que no podía ser otro que nuestro braco para la codorniz, (...) en otros lugares llamado desde hace tiempo spaniel (...) (que) se destinaba a la caza de aves porque a diferencia del braco no era un perro de muestra, sino un perro buscador y levantador que, sin embargo, se mantenía en la zona de acción del cazador». Llegados a este punto, la búsqueda habría necesitado otras fuentes contrastables para ofrecer una respuesta. Sea como fuere, a fecha de hoy sólo tenemos un dato seguro: desde Macedonia por mar, desde Alemania atravesando Europa central, desde Francia o desde España, los antepasados de los spaniel llegaron a las islas británicas a principios del siglo XV.

En el 1570, el doctor Caius, profesor universitario y médico de la corte de Inglaterra, en su obra De Canibus Britannicis propuso una primera clasificación basada en el tipo de trabajo efectuado como auxiliares en la caza de los spaniel conocidos en territorio británico. Así, llamó land spaniel a los que trabajaban en tierra, y water spaniel a los que desempeñaban su función en el agua. Más tarde, otros autores dividieron el grupo de los land spaniel en pointing spaniel (que además de la búsqueda también efectuaban la muestra) y en springing spaniel (que levantaban la pieza). Estos últimos fueron subdivididos según la talla, de modo que los más pequeños recibieron el nombre de cocking spaniel.

Sin embargo, en una misma camada había ejemplares de diferente talla, hecho que no suscitó problemas hasta que la cinofilia anglosajona, en el cambio de milenio, adoptó la línea de racionalizar la clasificación de los perros, introduciendo una valoración más ligada al tipo morfológico y a las aptitudes que a las dimensiones.

La historia moderna de los spaniel, y concretamente la de los más pequeños cocking spaniel, está marcada por una fecha fundamental: 1879, año del nacimiento, en el criadero de J.J. Farrow, del famosísimo Obo, un ejemplar de color negro que, pese a ser más pequeño que los cocker que conocemos actualmente (31 cm en la cruz), tuvo una importancia decisiva en la historia de la raza, tanto por su tipicidad como por sus cualidades de reproductor. Obo fue una etapa importante para la definición de la raza, que finalmente en 1893 fue reconocida por parte del Kennel Club Inglés con el nombre de cocker spaniel inglés. En aquellos años, los pasos de la cinofilia oficial todavía eran lentos e inseguros. Declarar la existencia de una raza no significaba que automáticamente todos coincidieran en las ideas referentes al tipo que debía caracterizarla. Todavía quedaba por entender qué representaba exactamente «el tipo», de modo que hubo que esperar una década antes de que se formara el primer Cocker Spaniel Club (en 1902), que se puso inmediatamente a trabajar y redactó el primer estándar oficial, basado precisamente en el tipo, y que todavía hoy es válido en sus partes fundamentales.

■ EL COCKER AMERICANO

La exportación a Estados Unidos de los primeros cocking spaniel tuvo lugar a principios del siglo XIX. Pronto fueron muy apreciados por su temperamento y su carácter. Tuvieron una importante difusión y fueron criados con mucho rigor, si bien la raza presentaba diferentes estaturas y diferentes atenciones por parte de los criadores a la calidad del manto. Al estar clasificados todos como cocker spaniel ingleses, hasta la década de los treinta fueron cruzados con estos constantemente. En aquellos años, la criadora Alice Dodsworth empezó a seleccionar una línea de sangre propia que con el tiempo se convirtió en una raza. Sus ejemplares eran un poco más pequeños, con el pelo largo y fluido, y el hocico más corto y convergente con la línea del cráneo. Así nació el cocker americano, una nueva raza que fue reconocida por la Federación Cinológica Internacional y que, a diferencia de sus parientes ingleses, no está sujeta a prueba de trabajo para la obtención de los títulos de campeón nacional e internacional.

■ EL COCKER LEONADO, VÍCTIMA DE LA MODA

El cocker experimentó una extraordinaria difusión en los años sesenta, hasta el punto que se convirtió en el perro por excelencia de la burguesía metropolitana de toda Europa. Posteriormente pasó por un periodo de decadencia en el que pagó su mala reputación de perro mordedor y un poco neurótico, debida al exceso de demanda, que los criadores no pudieron satisfacer. El mercado quería cocker, la entrega debía ser inmediata y casi exclusivamente de color leonado. Los apareamientos indiscriminados, con el único objetivo de ganar un dinero rápido, tuvieron como efecto el aumento de ejemplares mordedores y con carácter inestable, a veces fuera de talla (superaban los 50 cm en la cruz), con ojos caídos (que recordaban los del basset hound) y aquejados de enfermedades, como por ejemplo la nefropatía familiar. Aparte de esta tara, hoy por fortuna desaparecida casi completamente, las consecuencias de estos apareamientos que no siguieron ningún tipo de criterio todavía se pueden detectar, tanto morfológicas como en lo referente al carácter, aunque se reducen a la mínima expresión. En efecto, un cocker de cada cien presenta estos defectos.

Una última observación: en los ejemplares de otros colores no ocurrió nada, lo cual viene a confirmar la teoría de que la causa fue la moda del cocker de color leonado.

DESCUBRIR Y CONOCER AL PERRO

LA ELECCIÓN DE UN COCKER

Como ya se ha visto en la parte dedicada a los orígenes, y como veremos mejor en la parte dedicada al cocker ideal, las diferencias entre el cocker inglés y el cocker americano son mínimas, y giran alrededor de aspectos morfológicos. En cuanto al comportamiento y al carácter, no hay diferencias. Por tanto, en este libro nos referiremos a ambos indistintamente.

Cuando se elige un cocker como compañero, no hay que olvidar que ante todo se trata de un perro de caza, una aptitud codificada ya en el nombre (woodcock en inglés significa becada, que es su pieza de caza preferida). Sin embargo, el cocker no hace ascos a la vida de ciudad, a la vida en un piso en estrecho contacto con todos los miembros de la familia y especialmente con los niños, a los que adora.

Seleccionado para cazar junto al cazador, como se suele decir «a tiro de fusil», es muy obediente y, una vez adiestrado, se le puede llevar a pasear incluso sin correa. Necesita hacer mucho ejercicio, y por ello debe encontrar un amo al que le gusten los paseos largos y las actividades al aire libre, a ser posible por un bosque con matorrales que reproduzcan el escenario natural de caza. Es muy recomendable comprarlo en un criadero que ponga a prueba todos sus ejemplares con pruebas simuladas de caza, porque así tendremos un cocker que no habrá perdido sus cualidades naturales y que, gracias a ello, será un ejemplar equilibrado.

Una vez encontrado un criadero que reúna las características necesarias, habrá que decidir si se quiere un cachorro, un perro joven o un adulto, un macho o una hembra. Estos aspectos son importantes pero no determinantes, dado el excelente temperamento de estos perros, capaces de aprender con facilidad a cualquier edad. El criador es el mejor consejero del futuro propietario: con su experiencia, le sabrá orientar en la elección de un ejemplar que se adapte a las características de su familia.

¿Cachorro, joven o adulto?

Criar un cachorro requiere sin lugar a dudas más trabajo, porque la responsabilidad de gran parte de la etapa de formación del perro, tanto desde el punto de vista físico (alimentación correcta y ejercicio adecuado) como psíquico, recae en el propietario. Pero, si se trabaja bien, la compensación será que los lazos de unión entre el perro y la persona que lo ha adoptado y le ha prodigado mil y un cuidados serán muy fuertes y durarán toda la vida.

Si nuestro objetivo principal es participar en exposiciones de belleza o en concursos deportivos, o sencillamente si queremos estar seguros de su carácter, la opción más segura es elegir un ejemplar adulto, que ya habrá completado el desarrollo y nos permitirá constatar que carece de defectos de tipo. En ninguno de los casos tendremos problemas de adiestramiento para la presentación o para convertirlo en un hábil cazador.

Si preferimos un perro joven (entre seis y quince meses)

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