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Cómo educar al Dobermann

Cómo educar al Dobermann

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Cómo educar al Dobermann

Longitud:
278 páginas
3 horas
Publicado:
22 oct 2018
ISBN:
9781644615584
Formato:
Libro

Descripción

El dobermann es un excelente perro de compañía; en esta obra, totalmente ilustrada, se desmiente la fama injustificada de perro peligroso y feroz que se le ha atribuido.
Resulta muy importante elegir el cachorro «adecuado» y conocer las características que debe tener el propietario ideal para lograr una convivencia sin problemas.
El test de Campbell nos ayudará a elegir el ejemplar más adecuado a nuestras características y nuestros deseos.
También es imprescindible saber qué hay que hacer para crear una buena relación con los niños y con los demás miembros de la familia.
La educación de base: las reglas fundamentales y los errores que no deben cometerse.
El adiestramiento para la obediencia, desde los primeros ejercicios hasta los más avanzados.
Publicado:
22 oct 2018
ISBN:
9781644615584
Formato:
Libro

Sobre el autor


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Bibliografía

Una espléndida cabeza masculina

INTRODUCCIÓN

El dobermann ha sido el perro más criticado y difamado de la historia, al menos hasta la aparición del pit bull. Ambos comparten el deshonor de haber sido acusados de forma totalmente injusta de ser perros asesinos, nacidos en el laboratorio de un científico loco y luego puestos a la venta. Aún hoy se les acusa de causar estragos entre la población felina, atacar a perros de otras razas e incluso herir niños inocentes.

Pero si el pit bull tiene un triste pasado de perro de pelea que justifica en parte los ataques procedentes de muchos medios de comunicación, los detractores del dobermann no tienen tan siquiera esta excusa. El dobermann nació como perro de defensa, y nunca ha hecho otro trabajo a lo largo de toda su historia. Exactamente igual que el boxer, por ejemplo, sobre el que nunca se han hecho este tipo de acusaciones.

Entonces, ¿por qué ha sido el dobermann el objetivo? Más adelante hablaremos de los problemas actuales (en particular del proyecto de ley que se debate en algunos países que reglamentaría la esterilización obligatoria de todos los perros de guarda y de defensa).

En estas líneas quiero recordar que el dobermann ha sido, en términos absolutos, el primer perro en ser acusado de peligrosidad y señalado como asesino potencial. La razón, sin embargo, no está clara.

Según sus detractores, el dobermann es un perro peligroso para los niños

Siempre he imaginado que un buen día, en una ciudad determinada, se despertó con el pie izquierdo una de aquellas personas que suelo definir como «buscadores profesionales de chivos expiatorios de cuatro patas» —es decir, un periodista cinófobo y falto de noticias.

Tal como muy bien saben todos los periodistas (añado entre paréntesis que yo también soy periodista, pero no excuso a este tipo de colegas que preferiría no tener), cuando la noticia no existe, hay que crearla. Luca Goldoni, que en una de sus obras sostenía haber inventado la «no-noticia», nos da un ejemplo magnífico: «El presidente de la República no viajará a China», o bien «La gran estrella del rock no se separa de su esposa».

Pues bien, generalmente los periodistas utilizan estos recursos, que no perjudican a nadie y que en algunas ocasiones son tan simpáticos que rozan la genialidad, pero podemos estar seguros de que el periodista que odia los perros, cuando no tiene la noticia, la toma con una raza canina. Quizás alguien le cuenta algo de oídas, y él se inspira y exagera el caso (el ejemplo clásico es el perro de guarda que muerde a un ladronzuelo y se convierte en: «Perro asesino despedaza a un adolescente»).

Y cuando las noticias escasean por completo, es el momento de hacer trabajar la fantasía. Y como su fantasía no es en absoluto sana, tampoco lo será el artículo.

Volviendo a nuestro buscador de víctimas propiciatorias de cuatro patas, quizás un mal día, que podemos situar en la década de los sesenta, se encontró que no tenía ninguna noticia. No tenía la menor idea de qué escribir, y tal vez el dobermann del vecino le había gruñido (no me extrañaría nada: el dobermann es como si tuviera antenas, y detecta al instante las personas que odian a los perros, a las que normalmente dedica una «sonrisa» que significa «tú tampoco me gustas, te lo digo para dejar las cosas claras»). El caso es que nuestro periodista cinófobo empezó a elaborar un notición para desacreditar la raza.

Pero ¿qué podía decir? ¿Que el dobermann era el perro de la Gestapo? Una vieja historia, de escaso efecto. Además, la Gestapo también usaba pastores alemanes, y siguen gustando a todo el mundo.

Tenía que encontrar algo mejor: ¿qué podía tener el dobermann distinto de los demás?

Y de pronto tuvo la brillante idea: podía buscar algo relacionado con el extraño cráneo estrecho y plano.

El dobermann nació como perro de defensa

El cráneo del dobermann es idéntico al del collie, que no ha sido acusado nunca de «enloquecer» a una cierta edad

Así, en su escritorio, nació uno de los chismes más ridículos del contexto cinófilo (sólo comparable a la historia según la cual cortando el frenillo de la lengua al perro se cura el moquillo, o a la otra que dice que los perros de raza pura han de tener el paladar negro).

Una caja craneal tan pequeña forzosamente tenía que estrecharse a medida que el perro iba creciendo, y al estrecharse era inevitable que comprimiera el cerebro. Pero el asunto no se acaba aquí: ¿qué efecto puede tener una caja craneal que se estrecha y comprime el cerebro?

La muerte del perro, pensaréis algunos (con buena lógica).

En absoluto. Esta versión no habría causado sensación; había que encontrar algo más impactante... Pues el «pájaro» decidió que el perro se volvía loco, mordía y se convertía en un gran peligro. Y para poner la guinda, fijó incluso la edad: el animal enloquecía a los siete años, ni un mes antes ni un mes después.

Fue una historia clamorosamente ridícula, absurda, inaceptable... y, sin embargo, todo el mundo la creyó.

Etólogos y veterinarios se esforzaron en explicar que el cráneo es plano simplemente porque está hecho así, que no se encoge y que nunca ha sido la causa de que ningún perro se volviera loco (de ser así, el mundo estaría lleno, por ejemplo, de collies furiosos). No hubo nada que hacer, la leyenda urbana continuó galopando durante años. Y todavía hay quien se lo sigue creyendo.

Y así fue como el dobermann, uno de los perros más dulces del mundo (probablemente el más sensible), se convirtió durante mucho tiempo en uno de los más despreciados.

Llegados a este punto, debo confesar que me cuesta hablar y escribir sobre el dobermann, porque la pena me invade el corazón. Y eso ocurre porque en los años setenta, mi adorado Strike, uno de los perros más simpáticos y alegres que he conocido, fue envenenado por un ignorante y peligrosísimo ser de dos patas, al que entonces deseé (y todavía hoy le sigo deseando) que viviera el resto de sus días a la altura de su nivel mental, es decir: bajo cero.

Sujeto adulto plantado

Strike acababa de cumplir siete años, y el último día de su vida lo pasó dejándose rascar la barriga por todos los niños del vecindario, tal como había hecho desde cachorro y como habría continuado haciendo mucho más tiempo, si no hubiese intervenido la inconmensurable y cruel ignorancia humana. Los lectores me disculparán, pero si no hubiera hablado de esta historia (de hace más de treinta años, pero todavía capaz de suscitar en mí reacciones de rabia y a la vez de tristeza), no se comprendería hasta qué punto la ignorancia y la mala fe pueden hacer daño. Ahora que he recordado Strike, su vida llena de alegría y su final teñido de la más profunda injusticia, puedo proseguir. Y lo hago afirmando que los detractores del dobermann desgraciadamente causaron la muerte del mío y de otros perros inocentes, pero provocaron un efecto que con toda seguridad no habían previsto: lo convirtieron en una auténtica estrella canina.

Actualmente, no hay hombre, mujer o niño que no conozca esta raza. Quizá algunos la temen, pero la conocen todos.

Todo el mundo sabe que el dobermann es un animal precioso, con una planta imponente, una mirada franca y leal, que bastaría por sí sola para desmentir cualquier habladuría.

Pero aquel que se le acerca un poco más, descubre que el dobermann no sólo no se vuelve loco a ninguna edad, no sólo no es peligroso ni indiscriminadamente mordedor, sino que es un perro muy bueno y dulce, que se desvive por su dueño y que está dispuesto a todo con tal de hacerle feliz.

El dobermann tiene el corazón de un perro de compañía

Cuando no lleva a cabo tareas de guarda o de defensa, tiene el alma y el corazón de un perro de compañía. Naturalmente, cuando las circunstancias lo exigen sabe morder con decisión y eficacia. Pero esto no lo convierte en un peligro público.

Los modernos buscadores de chivos expiatorios, después de haber encontrado en el pit bull la víctima ideal, han ido más allá exigiendo que los perros asesinos sean eliminados todos: rottweiler, dobermann, dogo argentino, y cuantos más mejor. Y tanto han insistido en sus airadas peticiones que hasta han logrado convencer a un ministro europeo que ha presentado a estudio una propuesta de ley para la «esterilización obligatoria de los perros potencialmente peligrosos».

Yo me pregunto, ¿por qué nadie pone coto a los redactores de noticias contrastada, y no potencialmente, estúpidas?

Lo he dicho, escrito y gritado tantas veces que casi me avergüenza repetirlo: ¡las razas asesinas no existen!

Puede haber perros que muerden, e incluso perros asesinos. Pero la culpa es siempre y exclusivamente del hombre que los ha criado, educado y adiestrado mal.

Decimos «mal», desde nuestro punto de vista, ya que normalmente los perros que han llegado a matar habían sido adiestrados para ello. Su dueño pretendía que fuesen exactamente así.

Pero el mismo perro, en manos de una persona normal y equilibrada, habría sido un animal tranquilo y dispuesto a ser amigo de todos, peligroso sólo con quien hubiere atentado contra la integridad de su propietario o hubiere entrado sin permiso en su territorio.

El asesino no tiene nunca cuatro patas, siempre tiene dos. Si le privamos de la posibilidad de matar utilizando un perro, lo hará con un cuchillo o con una pistola, y el resultado será el mismo.

Eliminar una serie de razas de la faz de la Tierra sería como suprimir el fútbol para acabar con la violencia en los estadios, o retirar de la venta todos los cuchillos del mundo, puesto que potencialmente pueden ser clavados en la barriga de un hombre en lugar de serlo en un bistec. Y, ¿qué hacemos si una persona mata a otra a puñetazos? ¿Cortaremos las manos a toda la humanidad? Un perro potencialmente reactivo, combativo y agresivo como el dobermann puede ser exactamente igual de peligroso que un cuchillo, pero si el mango (en este caso la correa) lo tiene una persona equilibrada, nunca hará daño a nadie. Es más, el cuchillo no tiene cerebro, y en cambio el perro sí. Un perro sensible, inteligente y fundamentalmente bueno como el dobermann, en muchos casos aprende a dosificar sus fuerzas y sus acciones, e incluso puede remediar los errores flagrantes de educación o de adiestramiento.

Que nadie crea que estoy exagerando. Sé también que tengo tendencia a idealizar la raza, como suele suceder con aquello que se ha querido mucho y luego se ha perdido. Pero precisamente porque soy consciente de este fenómeno, me autocontrolo, hasta el punto que estoy escribiendo menos de la mitad de todo lo bueno que pienso del dobermann.

No obstante, a veces se me escapan los elogios. No puedo evitarlo, porque esta es una gran, grandísima, fabulosa raza, y el hecho de que a mí me guste no cambia en nada la realidad de las cosas.

Un dobermann bien criado, bien educado y bien adiestrado es siempre una obra maestra de cuatro patas: bello por fuera y bellísimo por dentro.

Y quien sostiene lo contrario no entiende nada de perros.

EL CARÁCTER DEL PERRO

Perros «buenos» y perros «malos»

¿Qué es el carácter de un perro? Al igual que en el hombre, esta palabra tiene un doble significado.

El primero define el conjunto de cualidades psíquicas de un perro (valentía, temple, agresividad, curiosidad, etc.). Un perro que las posee todas en un alto grado es un perro «con mucho carácter», mientras que el que carece de ellas, total o parcialmente, tiene «poco carácter».

El segundo significado es más próximo, y a la vez más lejano, a las expresiones «buen carácter» o «mal carácter» utilizadas para los hombres. Cuando se habla de «buen carácter» para referirse a una persona, se piensa en un hombre simpático, disponible, con cualidades morales, y en el caso contrario se dice que alguien tiene un «carácter de mil demonios».

En cambio, el caso del perro es muy distinto: un perro de buen carácter es efectivamente simpático, disponible y bueno, pero un perro de mal carácter no puede ser un perro sin virtudes morales, por la simple razón de que el perro no tiene sentido moral.

Un perro de buen carácter es un animal bien socializado con el hombre; en efecto, el perro no tiene «sentido moral»

A diferencia del ser humano, ningún perro puede ser «malo», puesto que no obedece a reglas o leyes éticas. El perro sólo tiene dos modelos de comportamiento: el que le viene impuesto por la naturaleza (el «instinto») y el que le impone el hombre.

Veamos ahora el caso del perro mordedor: ¿de dónde le puede provenir su

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