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Una historia del turismo en el Perú. Volumen 1

Una historia del turismo en el Perú. Volumen 1


Una historia del turismo en el Perú. Volumen 1

Longitud:
460 páginas
5 horas
Publicado:
5 dic 2018
ISBN:
9786124221842
Formato:
Libro

Descripción

Actualmente el Perú recibe un gran flujo de turistas extranjeros que recorren en forma permanente Cuzco, Puno, Arequipa, Lima y otros puntos del país. Mientras que en fines de semana largos o en períodos vacacionales millones de peruanos viajan por el territorio nacional. ¿Pero fue siempre así? En este libro innovador, Fernando Armas Asín narra la historia del turismo en el Perú, desde sus orígenes en el siglo XIX, pasando por su complejo y difícil desarrollo a lo largo del siglo XX, hasta llegar al año 2000. Viajes en caballos, en autos, carreteras, hoteles y aviones pasan por estas páginas; centrándose el autor en aspectos relevantes como la lenta y progresiva conformación de los destinos turísticos, las políticas públicas para su fomento, el rol del empresariado turístico o las problemáticas asociadas con los turistas y su efecto transformador.

Publicado:
5 dic 2018
ISBN:
9786124221842
Formato:
Libro

Sobre el autor


Vista previa del libro

Una historia del turismo en el Perú. Volumen 1 - Fernando Armas Asín

portadilla

UNA HISTORIA DEL TURISMO EN EL PERÚ

El Estado, los visitantes y los empresarios (1800-2000)

Volumen 1

© Fernando Armas Asín

© Universidad San Martín de Porres

Fondo Editorial USMP

Jr. Las Calandrias 151-291, Santa Anita, Lima 43 -Perú

Teléfono: (51-1) 362-0064 anexo: 3262

Correo electrónico: fondoeditorial@usmp.pe

Página web: www.usmp.edu.pe

Facultad de Ciencias de la Comunicación, Turismo y Psicología

Av. Tomás Marsano 242-246, Surquillo, Lima 34 - Perú

Teléfono: (51-1) 513-6300

Fax: (51-1) 242-5899

Diseño y diagramación: Luis Cabellos Gárate

ODM Oficina de Diseño y Multimedia de la Universidad de San Martín de Porres

Edición electrónica: diciembre 2018

La obra cuenta con 2 volumenes:

Volumen 1: 271 pp.

Volumen 2: 299 pp.

Digitalizado y Publicado por

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www.crealibros.com | Lima, PE

Reservados todos los derechos. Queda prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del Copyright, bajo las sanciones establecidas en la ley, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, incluidos reprografía y el tratamiento informático.

ISBN: 978-612-4221-84-2

Índice

Portada

Portadilla

Créditos

Prefacio

Cronología Básica

Introducción

I. El siglo XVIII. Surgimiento del ocio y las diversiones modernas

Las viejas y las nuevas concepciones de la vida

Un país complejo: caminos y hospedajes

Fiestas religiosas, ferias y diversiones

Los lugares y momentos de las diversiones públicas limeñas

Una precisión de contraste

II. Dentro de un proceso mundial. Los viajeros, el descanso elitista y los inicios de la divergencia

Delineando la mirada sobre Lima

Los baños de Chorrillos y los paseos a Amancaes

Imágenes corrosivas de Lima y la construcción de arquetipos

El mar, el campo y el descanso de las elites

El desarrollo del turismo en Occidente luego de 1830

La infraestructura limeña para visitantes y sus propias complejidades

El inicio de la divergencia

III. Miradas extranjeras y tour del Perú. La construcción occidental de una periferia del mundo en el siglo XIX

El Perú y los extranjeros

Las primeras miradas del turista: fijación de los lugares de interés

Dibujando una geografía de los lugares de interés del Perú

La construcción del tour del Perú

Un país de privaciones pero atrayente

La consolidación del tour del Perú: entre el paisaje y el indígena

La persistencia de la visión del poblador rudo

La mirada foránea frente al discurso local

IV. Turismo sin Estado. Elites, modernización y discurso público en el siglo XIX

El Perú de mediados de siglo: modernización, infraestructura material y lugares de descanso

El Estado y la inicial producción discursiva nacional

La elite frente a la mirada extranjera

¿El Estado promueve el Perú ante el mundo?: el asombro extranjero por el pasado y las exposiciones universales

El encauce de una propuesta

V. Las primeras experiencias contemporáneas de turismo en el cambio de siglo (1880-1911)

Lima: la elite, el excursionismo y la publicidad

Cuzco: marginación, indigenismo y discurso patrimonial

El surandino se abre al turismo

Las narrativas multiformes sobre el Cuzco

Los inicios de la conciencia conservacionista cuzqueña y estatal

Otras regiones: entre el coleccionismo y la aventura

Ideas últimas

VI. Autos, caminos y clases medias en los años veinte. Entre el ícono cuzqueño y el desarrollo del turismo nacional

La bicicleta, el auto y el turismo en el hemisferio norte y en América Latina

El turismo y el Perú antes de 1920

El Oncenio de Leguía

Las narrativas locales y la consolidación del Cuzco para el turismo receptivo

El Touring Club Peruano y el turismo nacional

Un Perú por conocer en la narrativa turística del Touring

Las guías del Perú y el Segundo Congreso Sudamericano de Turismo

Las políticas turísticas en la esfera pública

VII. Aviones, carreteras y hoteles. Del apoyo al fomento estatal del turismo (1930-1950)

La acción estatal y el desarrollo del turismo en el Occidente de entreguerras

Volando sobre los Andes

Esfuerzo privado, aniversarios y políticas públicas

El dinamismo de Benavides: carreteras, problemáticas hoteleras y desarrollo turístico

El gobierno de Prado, fomento y turismo

Nacimiento y caída de un esfuerzo estatal: la Corporación Nacional de Turismo

La Compañía Hotelera del Perú: otro debate entre fomento o liberalismo en el mercado

Transformaciones culturales y perspectivas finales

Prefacio

Este libro trata sobre la historia del turismo en el Perú desde un particular enfoque y tomando en cuenta ciertos elementos considerados centrales, según se expone en la introducción. Es un trabajo que espera establecer un fructífero diálogo académico sobre la pertinencia del tema y un deseable interés de que repercuta en la profundización de problemáticas hasta hoy poco abordadas.

Mi inclinación por los estudios en esta línea se remonta a inicios del actual siglo. Dedicándome entonces a temas de religión y secularización en el Perú me interesé por los asuntos patrimoniales, tanto de la Iglesia Católica como del Sur Chico. Fruto de ello salieron sobre lo primero varios trabajos en torno al patrimonio, los bienes y el turismo religiosos; sobre lo segundo, en un texto publicado por la Universidad de San Martín de Porres (USMP), me atrajo el desarrollo de la economía turística regional y cómo las poblaciones construyen su propio pasado, ofreciéndoselo al visitante bajo la forma de un patrimonio. Ya entonces me proponía desarrollar un estudio más integral sobre el particular, que superara esos estrechos marcos.

La oportunidad llegó en el año 2015, gracias a la gentileza de las autoridades de la USMP, en particular de Johan Leuridan Huys, decano de la Facultad de Comunicaciones, Turismo y Hotelería. Gracias a su apoyo pude dedicarme a la investigación y redacción de este trabajo. Mi agradecimiento más sincero por ello.

También debo agradecer a quienes colaboraron con diversos aspectos de esta investigación. La lista es larga: las personas que aceptaron gentilmente una entrevista, formal o informal; los ayudantes de investigación que me apoyaron en el rastreo de material periodístico del siglo XX: Yazmín Rodríguez y Xenia Vargas; las personas que me facilitaron postales y fotografías, así como muchos otros que menciono en el texto. Todos tienen mi reconocimiento.

Un primer avance lo publicó la revista Turismo y Patrimonio en el año 2016. Luego, a inicios del 2017, se presentaron otros aportes, a manera de difusión, en el IX Coloquio del Grupo Iberoamericano de Estudios Empresariales e Historia Económica (Buenos Aires) y en el XXXV Congreso Internacional de LASA (Lima). Todo lo cual ha permitido, sin duda, una mejora a partes puntuales del texto que ahora llega a sus manos.

Cronología Básica

Siglos XVI – XVII:     Con el viajero aristócrata, dedicado a la contemplación, aparece el grand tour –de aristócratas ingleses– como expresión del turismo inicial.

Siglo XVIII:                  Formación en Europa de balnearios alrededor tanto de las fuentes termales como de las aguas marítimas, así como aparición de las estaciones invernales alpinas.

Inicios del siglo XIX: Desarrollo en Europa occidental, basados en el ocio y la diversión, de los tres tipos de centros antes aludidos. En el Perú se desarrolla igualmente el descanso y diversión alrededor del mar y el campo.

Entre 1830 y 1900: En Occidente, gracias a la formación de la economía capitalista, la revolución tecnológica y sólidos mercados internos el turismo alcanza niveles de complejidad. Aparecen los hoteles modernos, agencias de viajes, restaurantes y medios de transportes eficaces. En el Perú se desarrolla básicamente un turismo que depende de los viajeros extranjeros y de las elites locales. Los destinos se centran en lugares de interés cultural y en aquellos cercanos al mar.

Entre 1900 y 1920: El turismo de extranjeros hacia Lima, Cuzco y otros lugares del surandino aumenta lentamente su frecuencia. Empresas navieras, la Peruvian Corporation y otras compañías, tanto como las elites locales, ayudan en su diseño.

Entre 1920 y 1930: En un contexto de revolución de nuevos medios de transporte –el auto, por ejemplo–, el turismo en el mundo sigue incrementándose. En el Perú aparece el Touring Club Peruano (1924), que apoya el desarrollo del turismo interno aunque también el turismo receptivo. Las empresas privadas extranjeras continúan promocionando al país y el Estado asume un inicial interés en el tema.

Entre 1930 y 1950: Durante los duros años de entreguerras el turismo interno, de carácter social, es muy promocionado entre los países industrializados. Se hace conocido el transporte por vía aérea. En el Perú hay un creciente interés del Estado por el turismo receptivo y el nacional, tomando un decisivo protagonismo en su dirección, creando hoteles públicos y en 1946 la Corporación Nacional de Turismo, aunque en 1950 es liquidada.

Entre 1950 y 1970: En el mundo aparece el turismo de masas y los tour operadores globales empiezan a manejar el negocio a escalas. Hace su aparición el avión de amplio fuselaje. Mientras tanto en el Perú el Touring primero y luego la Corporación de Turismo - CoturPerú (1964) toman la dirección de la política del sector. Cuzco y la región del surandino empiezan a transformarse con la llegada masiva de turistas extranjeros. El turismo nacional también se desarrolla hacia diversos puntos del país: Lima, la costa y la sierra central.

Entre 1970 y 1980: El turismo receptivo crece bastante en América Latina. En el Perú son los años de los gobiernos militares de Velasco Alvarado y de Morales Bermúdez. El Estado busca coordinar mejor la política turística. Se crean la Empresa Nacional de Turismo - EnturPerú (1969) y el Fondo de Promoción Turística - FOPTUR (1977), mientras en el surandino se desarrolla el Plan Copesco. Hay mucha campaña externa para la atracción del turismo. Igualmente campañas nacionales. El empresariado invierte fuertes cantidades en el negocio. Se crea la Cámara Nacional de Turismo - Canatur (1971). El turismo nacional empieza a ser masivo, gracias a las mejoras del mercado interno.

Entre 1980 y 1990: Década de la violencia subversiva al igual que de constantes crisis económicas. Por estos y otros acontecimientos el turismo receptivo tiene dificultades, pero el turismo nacional se amplía y se convierte en el pilar de la actividad. Hacia 1990 empieza el proceso de regionalización del Perú.

Entre 1990 y 2000: Gobierno de Fujimori (1990-2000). Liberalización de la economía, venta de empresas públicas como EnturPerú y Aeroperú, y concesión de ferrocarriles como los del surandino. Disminuye la subversión, crece la economía y aparece la Comisión de Promoción del Perú – PromPerú (1993). El turismo receptivo y el nacional se expanden. Fuerte inversión privada en el sector.

Introducción

Cuando se habla de turismo como actividad económica y social, inmediatamente nos fijamos en el viajero que decide llegar a un determinado lugar: solo, en familia o con amigos. El ocio y el descanso lo mueven sin duda, pero también la necesidad de conocer, de observar, de acumular información para su comprensión del mundo. Muchos elementos intervienen en la movilización del viajero, incluso de aquel que va a una determinada localidad por razones laborales o familiares y decide dejar a un lado, momentáneamente, su labor movilizadora para visitar un cierto lugar. La literatura sobre las problemáticas detrás de una decisión de este tipo, que no es solo personal sino claramente social, es amplia. En todo caso estamos ante un elemento esencial del hecho turístico. Como lo es también el lugar visitable, el destino, un elemento que se muestra casi siempre autónomo respecto de él y relevante de por sí. Lugar que responde a decisiones locales de puesta en conocimiento y valor, a políticas estatales, a percepciones sociales, todas ellas a veces combinadas. Igualmente son esenciales otros aspectos, como la infraestructura necesaria para hacer viable el contacto entre el sujeto y el objeto deseado: el alojamiento, los lugares de comida –y sus singularidades–, los caminos y los medios de transporte; así como las agencias u operadores que van uniendo todas estas realidades materiales y sensoriales. Y por último, las políticas promotoras –sobre el sujeto, desde el objeto– incentivadas por el Estado en todos sus niveles, como también por las empresas privadas, por la sociedad local o nacional, etc.

La teoría sobre el turismo y los componentes que conforman esta actividad han merecido muchos estudios académicos (Urry 1990, 1992 y 2004). La historia de su surgimiento ha merecido un menor número de trabajos y es la que nos lleva a diversas interrogantes.

La manera más común de historiar la actividad ha sido rastrear sus orígenes más remotos siguiendo la pista de alguno de sus componentes actuales: los hospedajes, los lugares de comida, las agencias, los transportes, los sitios de interés, la acción pública del Estado o de las empresas privadas. Así podemos hacer una historia de los alojamientos que nos remonte a los primeros tiempos de la antigüedad, para revisar la realidad de las posadas o lugares de descanso de los viajeros –comerciantes, funcionarios– desde el Antiguo Egipto o Sumeria; o, en esta parte del mundo, desde el Arcaico o antes; por ejemplo, al hablar de la ciudad de Caral, con sus recintos para quienes peregrinaban hasta aquel lugar sagrado. Seguramente tendremos conciencia de que poco después surgieron en esta parte de América los tambos o alojamientos a lo largo de los caminos andinos y costeños, que continuarían en la época colonial y hasta tiempos muy recientes. Si elegimos el ángulo de la infraestructura de los lugares para comer, igualmente nos remontaremos a las posadas, mercados y otros sitios similares, lo cual nos podría llevar a un análisis de cómo se comía y qué se comía en el Perú, en la época precolombina, en la colonial y hasta nuestros días.

Pero todo ello nos indicaría simplemente la evolución de los hospedajes o de los lugares de comida. Cuando hablamos de turismo debemos hablar de un hombre interesado, por propia decisión, en visitar y conocer un determinado lugar, no por razones de trabajo, por interés religioso o por obligación militar –que lo vuelve concreto y específico en su actividad, la mayoría de veces con pocas posibilidades de romper la razón de su movilidad–, sino por regocijo personal, por distracción, interesado en el ocio y el consumo. Ello borra en segundos cualquier deseo de hacer historia del turismo en tiempos tan antiguos, pues cuando hablamos del sujeto consumidor estamos hablando de los orígenes y desarrollo del capitalismo; salvo, por cierto, que queramos hablar del raro y escaso viajero antiguo, medieval o renacentista, dedicado a conocer espacios, lugares y tradiciones (Boyer 2002: 8-32; Cross 1990).

Así pues, el ocio –social, masivo– como actividad no laboral ni productiva, no militar ni religiosa sino distractiva y consumidora de recursos diversos, viene con el orden moderno y es un proceso que se abre paso en Europa lentamente, a lo largo de los siglos XVIII y XIX, la época de la consolidación del capitalismo, del nacimiento de los mercados de consumo de masas, y del sujeto que organiza su tiempo y lo destina a variadas actividades más allá de las tradicionales. Por ello Marc Boyer, John K. Walton o Dominique Jarrasé la denominan la época de la revolución turística, para contrastarla con otras revoluciones transformadoras del periodo (Boyer 2002: 14; Jarrasé 2002; Walton 2002). Entonces determinados lugares tienen un sentido, cobran importancia para el individuo observador y consumidor. Un lugar que anteriormente pudiera despertar la curiosidad de científicos, hombres de negocios o funcionarios, pero nunca atractivo ni movilizador solo por afán de apreciarlo y deleitarse con él, ahora sí lo será. Por ello el turismo está atado al desarrollo del mercado, al cambio de mentalidad sobre el mundo, a la llamada sociedad del consumo, y solo desde este enfoque podemos apreciar en el proceso la dinámica de los elementos inherentes a esta actividad: el desarrollo del lugar de interés –por mejora del acceso, por la promoción de las agencias de viajes que se movilizan para unir a estos sujetos y a estos objetos– y del resto de los componentes infraestructurales que se van transformando para servir mejor al turista –transportes, alojamientos, lugares de comida, etc.– (Khatchikian 2000; Urry 2004). En todo este escenario hay que señalar el carácter muchas veces autónomo de estos componentes respecto del Estado para el surgimiento de la actividad turística.

A veces es la acción de los visitantes, de los actores locales (la comunidad), de los empresarios. En muchas ocasiones acompañados de procesos sociales más vastos y complejos, como el surgimiento de sectores sociales nuevos –como las burguesías– y sus nuevos intereses y gustos, el aumento de los excedentes monetarios de los trabajadores y las conquistas sociales que les permitan acceder al beneficio de que otros gozan, o el interés romántico que despiertan ciertos lugares a los ojos de intelectuales dispuestos a darlos a conocer. Diversos estudios que han abordado el surgimiento del turismo en Gran Bretaña, Francia o Estados Unidos, sea el turismo de sol y playas o el de lugares de interés más bien culturales al interior de los países, han incidido en estas problemáticas (Fine y Leopold 1990: 151-179; Gordon 2002; Inglis 2000; Lencek y Bosler 1998; Urry 2004: 21-67; Walton 1997: 36-56 y 2000). Aunque otras veces –y este es un fenómeno del siglo XX– es la acción deliberada del Estado: promoviendo lugares de interés, programas de vacaciones para los trabajadores, invirtiendo en infraestructuras específicas como ferrocarriles u hospedajes. Los estudios que han abordado las actividades del gobierno nazi en Alemania, del fascismo en Italia, de la Francia del Frente Popular, de los Estados Unidos del New Deal, todos de los años de 1930; o de las políticas públicas practicadas después de la Segunda Guerra Mundial, han insistido en este fenómeno (Boyer 2002; Mandler 1997; Urry 2004: 32 y 78; Walton 2002). Lo mismo ha ocurrido en América Latina, particularmente para el caso argentino, cuando se ha estudiado el régimen peronista y sus políticas en la década de 1940 (Núñez y Vejsbjerg 2010; Pastoriza 2011; Piglia 2012). La discusión teórica sobre la importancia estatal o la autonomía del proceso respecto del Estado debe tomar en cuenta la realidad de cada lugar y resulta esencial para entender las diferencias sustanciales que presentan los hechos turísticos, tanto como el evaluar y analizar su impacto transformador en las realidades locales.

El impacto transformador provocado por el turismo, tomando en cuenta a los diversos actores de su intervención a la vez, ha merecido numerosos estudios de antropología social y sociología en el mundo, en América Latina y en el Perú de los últimos años, pero pocos de ellos desde una perspectiva histórica (Baranowski y Furlough 2001). Son notables los trabajos de John W. Walton (2005) y otros estudiosos en torno a cómo los procesos de construcción del turismo pueden crear tensiones alrededor de las representaciones e identidades que se forman o transforman. También el estudio pionero de J. Towner (1985) sobre la construcción de una geografía del turismo en el mundo occidental a través del tiempo.

Pero es sobre todo el enfoque interpretativo, anclado en la realidad del siglo XIX e inicios del siglo XX, como común denominador para entender el surgimiento del turismo en el mundo occidental, el que ha merecido trabajos entrañables. Marc Boyer (1996, 2000 y 2002) ha estudiado el surgimiento del turismo como actividad para los siglos XVIII y XIX, acuñando el término de invención del turismo y ha enfatizado el carácter autónomo aunque interrelacionado del proceso respecto de la revolución industrial o de la revolución de las tecnologías. Alain Corbin (1988, 1993) ha publicado un texto clásico dedicado al surgimiento de la playa como lugar de descanso en Europa y Estados Unidos, convirtiéndose en referencial para muchos estudios en el mundo sobre la aparición del turismo de sol y playa. A ello agreguemos el estudio clásico de Dean MacCannell (1976) sobre la vinculación de turismo, ocio y consumo como elementos para entender su crecimiento en el mundo capitalista. Actualmente hay portales y publicaciones de indispensable referencia para entender que todas estas reflexiones continúan y se perfeccionan. Mencionemos a la italiana Annale di Storia del Turismo (Istituto per la storia del Risorgimento italiano. Comitato di Napoli) y a la anglosajona Journal of Tourism History.

Así como los estudios en perspectiva global se muestran sugerentes, también los estudios sobre algunos países lo son. Cabe destacar, por su gran repercusión, los trabajos para Gran Bretaña, en particular los de John K. Walton: The English Seaside Resort: A Social History, 1750-1914 (1983) y The British seaside: holidays and resorts in the twentieth century (2000); y su recopilación, con James Walvin, Leisure in Britain, 1780-1939 (1983). También el libro colectivo de Hartmut Berghoff et al. (2002), The Making of Modern Tourism. The Cultural History of the British Experience, 1600-2000. Para Francia, aparte de los textos de Marc Boyer (1997a, 2002a), es particularmente notable el estudio de André Rauch (1996) sobre las vacaciones en ese país. Para Suiza, la obra colectiva dirigida por Laurent Tissot (2003) en torno a la construcción del turismo en los siglos XIX y XX nos da una panorámica del proceso ocurrido y su repercusión en Europa. Para Estados Unidos el trabajo de O. Löfgren (1999).

En América Latina los estudios sobre los orígenes y desarrollo del turismo en esta perspectiva novedosa han sido más bien escasos, aunque rescatamos la producción historiográfica argentina, en particular los trabajos de Melina Piglia (2008, 2014) sobre la importancia del Automóvil Club Argentino y del Touring Club Argentino en la promoción del turismo; o los trabajos de Elisa Pastoriza (2011) sobre las vacaciones y el turismo argentino en el siglo XX, así como sus intereses por las historias de la aparición de los balnearios (Pastoriza 2002). O el trabajo de Nelly da Cunha y Rossana Campodónico (2005). Pasos. Revista de Turismo y Patrimonio Cultural ha sido y es también un buen espacio para la recepción de diversas investigaciones en perspectiva histórica sobre la región. Hay por supuesto muchos otros trabajos por países, pero rescatamos estos por su sintonía con las temáticas que en términos globales se plantean.

Pero, en el caso peruano, ¿ha sido factible desarrollar y contrastar un enfoque histórico sobre las problemáticas arriba mencionadas?

Para empezar, adolecemos de una columna básica: no tenemos una historia del turismo en el Perú, como visión general. ¿Desinterés? Una actividad vital para la economía y sociedad peruana que no ha merecido un estudio histórico concreto es algo que linda en lo inaudito, pero prueba el profundo desinterés de la Academia y de las entidades públicas. La crítica no es tanto a los gestores de la actividad –la comunidad local, los empresarios, los propios turistas–, sino más bien al Estado –con universidades e instituciones dedicadas a la investigación de las más diversas problemáticas nacionales– y a la Academia en su conjunto. Esta última se ha interesado en historias de casi todas las actividades económicas y sociales del país –historia agraria, historia de la minería, historia de los bancos, etc.–, pero no de esta.

Si no contamos con estudios genéricos por lo menos contamos con algunos que dedicados a ciertas características y problemáticas del turismo, se han referido a su historia aunque en muy pocas líneas: en partes de artículos, libros u otros recursos académicos. Y hay también algunos pocos trabajos que han surgido con enfoques nuevos, particularmente centrados en el siglo XX, y tomando al turismo como actividad económica y social, aunque ya en pleno desarrollo. Mencionamos a este respecto el artículo de M. Carey (2012) sobre el montañismo a mediados de siglo y su difícil relación con el entorno social de la época. O los estudios de M. Rice (2014, 2014a) sobre el turismo y las complejas relaciones sociales en el Cuzco de los años setenta. O el trabajo de J. C. La Serna (2016) sobre la fiesta de la Virgen de la Candelaria y su relación con el turismo en Puno. Son estudios puntuales y muy valiosos, pero que se muestran fragmentados en una mirada de largo plazo que permita entender la estructuración de una actividad en la que se necesita apreciar procesos y problemáticas como los que planteamos, solamente comprensibles en el contraste con la realidad global, con fenómenos y discusiones que tienen raíces sociales y económicas, cuando no de otro tipo, entendibles en dimensiones históricas y escalas territoriales nacionales, a veces regionales. Por ejemplo, la discusión sobre el momento de aparición del fenómeno.

Un razonamiento simple sería considerar que nuestra historiografía local, siguiendo las investigaciones externas, debiera entender que los siglos XVIII y XIX serían los siglos del surgimiento, lento por cierto, del sujeto consumidor, de su carácter ocioso –aunque dicho fenómeno puede rastrearse en las elites desde mucho antes–, de la concreción de los lugares de interés y del también lento advenimiento de una infraestructura para que el turismo sea posible y viable. Sería lo plausible. Empero, cuando se ha discutido sobre el turismo en el Perú, se ha asumido a veces que su historia solo es posible en torno al siglo XX y además asociada a ciertas políticas públicas (Fuller 2008: 117-121), lo cual deja por fuera toda la discusión historiográfica y sociológica –por ejemplo anglosajona– sobre el real rol del Estado en el proceso, y sobre un proceso peruano que fluye paralelo con lo que va aconteciendo en los países del hemisferio norte. Si bien es cierto que la ubicación periférica del Perú en el sistema capitalista dificulta el acceso a los interesados en conocerlo, amén de otras circunstancias, y hace poco viable un turismo en las mismas coordenadas que sus similares europeos contemporáneos, no por ello podemos negarnos a ubicar y reconocer elementos de un proceso local en gestación que nos sorprendería por su precocidad.

Otro ejemplo es preguntarnos sobre el rol del Estado, cuando lo hubo, comparando la realidad acontecida en otras experiencias –la europea, por ejemplo–: ¿cuándo se hizo vital entre nosotros el Estado y por qué?, ¿fue siempre su comportamiento en una determinada dirección?, ¿cuánto transformó la realidad y el entorno con sus políticas? Nada de esto se ha discutido.

Tampoco sobre la importancia del turismo nacional. La creencia de que hablar del turismo es hablar del practicado por los extranjeros es tan común entre nosotros que la posibilidad de discutir, a partir de otras experiencias, sobre cómo poco a poco la idea del viaje, la curiosidad y la exploración de los propios peruanos sobre su país se volvió algo masivo, hasta el punto de que hoy siete millones de personas en fechas de feriados largos se mueven a distintas partes del país, no tiene más explicación que aceptarlo sin una base de realidad histórica. La importancia de las vacaciones pagadas, de las carreteras, de los buses y aviones, de la democratización de las prácticas antes efectuadas solo por las elites no ha sido tema de discusión entre nosotros. Como tampoco la mirada que esas personas van tejiendo sobre nuestra propia sociedad –con sus diversas lecturas, con sus diversas problemáticas– en un sinfín de posibilidades.

Así pues, mi pretensión es analizar una actividad hoy esencial para nosotros, tomando en cuenta algunas de esas perspectivas. Me interesa discutir sus orígenes, sus características iniciales, tanto como el rol del Estado, de la comunidad y de los empresarios en su desarrollo. Me interesa asimismo discutir sobre las políticas públicas –cuando se practicaron–, cómo se institucionalizaron y sus diversas problemáticas. Pero también analizar al actor central de esta historia: el turista. Ver cómo y por qué se movilizó hacia ciertos lugares, apreciar la mirada que poseía sobre el lugar. En esa línea consecuente quiero explorar, más allá del desarrollo del turismo practicado por los extranjeros, el turismo de los propios peruanos. Me interesan su desarrollo y sus propias complejidades, a la par del proceso general. Por cierto no podemos descuidar el impacto de las interrelaciones de todos los actores en juego –el Estado, el turista, los empresarios– sobre la comunidad y de la comunidad sobre ellos. Algunos ejemplos habrá que plantear para examinar el campo de las prácticas turísticas locales y la invención de tradiciones ocurridas.

Desarrollar estas ideas solo tiene sentido partiendo del siglo XIX, siglo de apertura económica del Perú al mundo, de llegada de las nuevas tecnologías propias de la revolución industrial, de nuevos estilos de vida, de nuevas formas de diversión y contemplación –algunas ya en gestación desde el siglo XVIII– y de personas que por ocio recorren el mundo en busca de aventuras, buscando aprehender el planeta de manera singular. Nuestro punto de partida específico será ese siglo, cuando el Perú además se convierte en un país independiente y se abre al mundo, y nuestro arco de tiempo abarcará hasta el año 2000, finalizando el siglo XX, cuando superada una serie de problemas sociales y políticos el Perú ve crecer el número de personas que desde distintos lugares llegan a conocerlo en sus diversos puntos de interés, como también que millones de peruanos se vuelcan en forma fluida hacia esos u otros puntos locales en búsqueda del descanso, la aventura y el conocimiento propios. El texto cierra cuando las políticas públicas practicadas por el Estado toman su actual rumbo, cuando se discute intensamente sobre lo que se muestra a los ojos foráneos y propios –el patrimonio y sus dilemas por ejemplo–, cuando nuevos imaginarios y lugares –que llegan al día de hoy– se construyen y se acentúan las tendencias modernas, masivas y últimas del turismo mundial.

Será este un libro que al anclarse primero en el siglo XIX lleve a discutir sobre los orígenes del turismo y sobre algunas problemáticas esenciales: qué elementos fueron vitales en la consecución de la actividad en nuestro medio, qué características presentaba el país para este fenómeno y cómo se desarrollaron esos elementos en el tiempo. Será una revisión, a la luz del proceso general, del desenvolvimiento lento y formativo de la actividad en la periferia del mundo. Para luego trabajar esos mismos elementos en el desarrollo del largo siglo XX, con el añadido de que evaluaremos de manera más exhaustiva el rol del Estado, al turista nacional y a las comunidades locales en la construcción de sus relaciones de cara a los visitantes; así como buscaremos entender mínimamente el impacto transformador que todo ello generó en el país.

Bajo estos objetivos hemos desarrollado el texto en doce capítulos: en el primero se revisa la situación del Perú al momento de su entrada al siglo XIX, se establece su conformación social y las nociones de diversiones públicas y lugares de interés previos al inicio de los cambios significativos. En el segundo capítulo se incide en los años iniciales del Perú independiente, se constata la llegada de viajeros extranjeros, muchos por intereses comerciales, científicos y políticos, pero también algunos con claro interés de aventura. Se revisa la infraestructura existente y se discute si el

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