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Crea tu vida: PNL con visualizaciones
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Libro electrónico258 páginas4 horas

Crea tu vida: PNL con visualizaciones

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Información de este libro electrónico

Este libro te ofrece las claves para poder crear la vida que deseas vivir
¿Piensas que todo lo que ocurre en tu vida no es más que la consecuencia de una serie de circunstancias sin que puedas hacer nada por cambiarlo? ¿O por el contrario crees que depende
de ti el hecho de vivir unas experiencias u otras? ¿Te has detenido a pensar qué podría ocurrir si tú te convirtieras en el único artífice de tu vida? Si pudieras crear tu vida, ¿cómo lo harías?
¿Qué te gustaría vivir? ¿Cómo te gustaría vivirlo?
Tienes entre tus manos un libro que te dará las herramientas para poder transformar tu entorno a partir de tu mundo interior. Tendrás la oportunidad de emprender un fascinante viaje hacia tu poder interno y para ello contarás con dos instrumentos de gran eficacia: la PNL y la visualización, que te permitirán superar tus limitaciones y conectar con tus recursos mágicos y creadores.
IdiomaEspañol
EditorialBorealis
Fecha de lanzamiento9 dic 2018
ISBN9788415306467
Crea tu vida: PNL con visualizaciones
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Comentarios para Crea tu vida

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  • Calificación: 5 de 5 estrellas
    5/5
    Un libro muy práctico...
    Sencillo de leer y practicarlo
    ??
  • Calificación: 5 de 5 estrellas
    5/5
    Excelente! Recomendable si estás en el camino de mejora tu vida!

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Crea tu vida - Pepa Kern

AMOR

Tú eres el «creador» de tu vida

¿Te has detenido a pensar cómo lo estás haciendo?

En este libro aprenderás a dejar de crear aquellos hechos que quieres evitar y adquirirás el conocimiento para poder «crear» las experiencias que realmente deseas vivir.

¿Cómo lo vas a aprender?

Si queremos llegar a ser competentes en algo, además de adquirir conocimiento, necesitamos pasar a la acción. Así pues, este libro consta de tres apartados que te ayudarán a través de:

1.-La lectura y asimilación de los conceptos te permitirán ir ampliando el conocimiento sobre ti mismo y de tu entorno.

2.- La metáfora te llevará a la comprensión de ese conocimiento.

3.- Las visualizaciones te permitirán «crear» los escenarios de tus vivencias para que puedas transformar tu vida.

Cómo utilizar este libro

Este libro te invita a profundizar en el conocimiento sobre ti mismo para llegar a descubrir qué es lo que quieres lograr y cómo lo puedes hacer.

Así pues, más que una lectura rápida, se aconseja detenerse en aquellos conceptos que no te queden claros.

Consta de una parte teórica y en la que también se incluyen prácticas que deben realizarse en el orden que está establecido. En las primeras podrás trabajar los niveles más superficiales de tu personalidad y poco a poco irás profundizando en ellos.

1.-En la primera parte comenzarás a descubrir tu realidad y tu forma de pensar. Aprenderás a hacerlo de una forma más útil y beneficiosa para ti.

Al finalizar deberás realizar las visualizaciones:

« Paseo por la playa» (disociación)

«Transformar recuerdos»

2.-La segunda parte está enfocada a trabajar tus emociones y además de las técnicas que irás realizando, te sugiero que realices las siguientes visualizaciones:

« Paseo por la playa» (paz interior)

« Expandir el tiempo»

3.- La tercera parte tiene que ver con la resolución de los problemas y tendrás la oportunidad de empezar a ver soluciones.

Te pueden ayudar las visualizaciones:

« Afrontar las dificultades con nuevos recursos»

« El camino»

4.- Tendrás la oportunidad de mejorar tu forma de comunicarte si realizas las prácticas de la cuarta parte.

Te aconsejo que sigas todas las pautas y verás cómo vas logrando grandes avances en algo que tiene mucha importancia: la comunicación.

5.-Avanzando y profundizando, llegarás a descubrir tus leyes internas, tus limitaciones y también, cuáles son tus mayores motivaciones internas.

En esta quinta parte trabajarás tus creencias y valores. Y finalmente, llegarás a conectar con la persona que eres tú.

6.-La sexta parte del libro está dirigida a ti, al descubrimiento de la persona que eres.

7.-En la séptima parte se trabaja la misión y te ayudará a darte cuenta de tu conexión con los demás. Te sugiero a que te dejes llevar con la visualización «Visión Sistémica».

Para finalizar puedes seguir la visualización «Vivir con AMOR» y es posible que llegues a experimentar cómo sería tu vida con un sentimiento profundo de AMOR.

INTRODUCCIÓN

¿Hemos aprendido a vivir?

El mundo en el que vivimos no cesa de cambiar y necesitamos aprender constantemente para poder adaptarnos a él.

Estamos pasando por una etapa de grandes cambios. No tenemos más que mirar a nuestro alrededor para comprobar que muchas personas ya no comparten su vida con la misma persona, otras ya no mantienen el trabajo que tenían, algunas han perdido bienes materiales, e incluso hay quienes padecen alguna enfermedad.

Al detenernos para analizar esta situación que nos ha tocado vivir, podemos atemorizarnos y contagiarnos de lo que se respira en el ambiente o, por el contrario, podemos conectar con nuestros recursos internos y aprender a utilizarlos para comenzar a transformar nuestra actitud ante la vida.

Pasamos mucho tiempo lamentándonos de aquello que nos produce sufrimiento y muy poco en ver soluciones. Cuando nos sentimos mal, solemos focalizar la atención en nuestra dificultad, pero en realidad no hacemos más que acrecentarla. Es como dar vueltas sobre un mismo punto y no ver más que ese punto; pero ¿qué otra cosa podemos hacer, si es esto lo único que hemos aprendido?

Nos dejaron en el mundo y nos instruyeron acerca de cómo teníamos que desenvolvernos en él para lograr éxitos y triunfos materiales; nos educaron para obtener seguridad a través de los bienes materiales, el trabajo, la pareja, las amistades…, es decir, nos enseñaron a caminar con unas pesadas muletas: son nuestras dependencias y durante mucho tiempo las hemos necesitado.

Sin embargo, ¿qué ocurre cuando alguien nos arrebata nuestros únicos puntos de apoyo? A la mayoría no nos educaron para superar las dificultades, sentir seguridad en nosotros mismos, en vez de buscarla en los demás, adquirir responsabilidad en nuestra vida para comenzar a dirigirla, aprender a amar y llenarnos de paz, alegría, optimismo, bienestar…, en suma, alcanzar un estado de felicidad.

No aprendimos a caminar y ahora nos damos cuenta de que necesitamos desprendernos de esos falsos sustentos que, en realidad, no hacen más que entorpecer nuestra marcha.

Si realmente queremos soltar ya esos puntos de apoyo e instruirnos en el arte de vivir, tendremos que comenzar a adquirir responsabilidad en nuestra vida. En muchas ocasiones nos sentimos impotentes ante ciertas experiencias problemáticas y, sin darnos cuenta, adoptamos un rol de «víctima» que nos lleva a mantener una actitud pasiva en dichas situaciones, sin hacer nada por cambiar. Cuando nos sentimos así, podemos permanecer durante mucho tiempo ahí y lejos de tomar decisiones que nos lleven a cambios positivos, esperamos a que sean los demás o las circunstancias quienes lo hagan.

Por el contrario, en otras experiencias adquirimos «responsabilidad» de lo que está ocurriendo y es precisamente esta actitud la que nos permite salir de los problemas y llegar, incluso, a transformarlos en grandes oportunidades.

Sentirse responsable equivale a sentirse dueño de las propias vivencias. Ya no aguardamos a que venga alguien a rescatarnos del problema, sino que somos nosotros mismos los que nos ponemos en marcha para salir de esa situación.

Adquirir responsabilidad significa tomar las riendas de nuestra propia vida.

¿Qué nos impide ser felices?

Pasamos la mayor parte de nuestra vida lamentándonos de las dificultades que nos ha tocado vivir, tratando de descubrir las causas de éstas y esforzándonos por encontrar soluciones en nuestro entorno, pero ¿es esta la forma de poder conseguirlo? ¿Realmente la solución está en nuestro entorno? ¿Es ahí donde vamos a encontrar respuestas?

Durante mucho tiempo sentí que debía encontrar las soluciones en el entorno. Por lo que ponía excesiva atención en querer llegar a todo, hasta que me di cuenta que no podía conseguirlo.

Mi afán por demostrar mi valía personal a los demás me hizo entrar en un mundo de competitividad. Finalmente, me encontré atrapada en una serie de obligaciones que me condujeron a un punto estresante y agobiante.

Había aprendido por tanto a vivir en lo superfluo y materialista, donde sólo importaba la apariencia y la condición social. Mi vida entonces estaba carente de sentido y mi ignorancia me hacía permanecer en lo único que conocía como real.

Así pues, mientras me entretenía en lo más superfluo y me esforzaba por tener un éxito tan efímero como banal, apareció en mi vida alguien muy especial. Se llamaba José y fui a visitarle a su cortijo de Cáceres donde vivía apartado del mundanal ruido, en plena naturaleza y rodeado de animales de todo tipo: cabras, ciervos, jabalíes, e incluso algún águila.

Era la primera vez que me encontraba en un sitio con tanta calma y tan diferente de mi estresante mundo. Al llegar a aquel lugar tan silencioso donde prácticamente no había nada y tan sólo se podían oír los sonidos de la naturaleza, pensé que no aguantaría allí con tanto silencio y sin hacer nada, simplemente no podía estar parada porque estaba acostumbrada a que todo fuera tan deprisa en mi vida

José tenía entonces más de setenta años y acababa de sufrir una trombosis por lo que tenía ciertas dificultades para caminar y se valía de un bastón para ello.

Cuando se me acercó, con sus torpes pasos y con la ayuda de su garrote, tuve una sensación que nunca había sentido anteriormente; era la primera vez que le veía y sin embargo, sentía un especial cariño por él. En realidad, era como si ya le hubiera querido y ese sentimiento lo asociaba a un padre comprensivo y cariñoso, y lo curioso era que aún no había hablado con él. Recuerdo sus primeras palabras al verme: «Tienes que parar, en ti ya no hay cabida para tanta tensión».

No entendí muy bien lo que me dijo pero fue lo que más me repitió durante los tres días que estuve allí: «Detente y observa, es ahí donde vas a encontrarlo todo». «Lo único que tienes que hacer es prestar atención a lo que está ocurriendo en cada instante, fíjate en esa mariposa, date cuenta de lo que hace…». «Si te aquietas, empezarás a descubrir tu mundo interior y podrás aprender».

Pensaba que esa forma de pensar correspondía a su avanzada edad y creía, por tanto, que para él era fácil. Pero aunque seguía sin entender nada, sentía enormes deseos de permanecer junto a él y escuchar sus consejos. Era la primera vez que alguien me hablaba de la quietud, de permanecer en el presente y del mundo interior. Pasaron los días y tuve que despedirme de él pero guardando una sensación tan buena que todavía hoy la puedo recordar con gran nostalgia y cariño.

Al regresar a mi ciudad me sentí atrapada por el estrés y la tensión de nuevo, pero se añadió la sacudida de una serie de «problemas» que acrecentaron aún más el malestar. Los problemas se iban sucediendo, uno tras otro, mi mundo comenzaba a tambalearse y me invadieron una serie de miedos que me bloquearon e impidieron ver las posibles soluciones. Vivía en una realidad muy superficial pero era la única que conocía y ahora se venía abajo. Sentía entonces que todo se hundía y no tenía donde agarrarme.

Me acordé entonces de las palabras de José, que ya había dejado este plano físico, y me esforzaba en querer comprender todo lo que quiso transmitirme. Así que siguiendo sus consejos decidí aquietarme y empecé a recordar sus sabias palabras: «Si te aquietas, empezarás a descubrir tu mundo interior y podrás aprender», «Detrás de un problema existe una gran oportunidad».

Poco a poco comencé a frenar y a sosegarme. Indagué en mi mundo interior, primero con la ayuda de la Visualización y, posteriormente a través de la Programación Neurolingüística (PNL). Entonces fui descubriéndome y aprendí a transformar mi realidad en otra nueva, hasta que mi vida se renovó completamente.

Para mí ha sido un largo y hermoso recorrido de búsqueda y grandes descubrimientos que me gustaría compartir contigo. He tratado de resumirlo en este libro y deseo que pueda servirte de guía en este momento de cambio.

CREA TU VIDA

¿Realmente podemos crear nuestra vida?

Ver nuestra vida como un camino por el que vamos avanzando nos puede ayudar a tener una mayor comprensión de ella y del inmenso potencial que existe en cada uno de nosotros. Mientras seguimos caminando hay vida, cuando nos detenemos, la vida también se detiene.

Podemos imaginar que al venir al mundo nos situamos en el punto de partida. Desde ese primer momento y, casi sin darnos cuenta, comenzamos a crear nuestro camino y para ello disponemos de un inmenso escenario en el que se pueden dar todas las posibilidades.

Así pues, ya desde ese primer instante de vida, comenzamos a avanzar por nuestro sendero valiéndonos de toda la información que nos va llegando del entorno: nuestros padres, educadores, personas con las que nos relacionamos, experiencias, cultura…

Desde que iniciamos la marcha nos esforzamos por mantenernos en pie sin perder el equilibrio para poder caminar y, aunque pueda parecer sencillo, este aprendizaje requiere de un gran esfuerzo y tesón. Porque tropezamos y nos caemos una y otra vez. Tras lo cual, pasamos mucho tiempo parados, recuperándonos de las lesiones y curando las heridas.

Así pues, en vista de las muchas dificultades que encontramos para poder mantener el equilibrio, buscamos una serie de puntales que nos permitan caminar y dirigirnos así hacia diversos estímulos que iremos descubriendo en nuestro entorno. Precisamente, esos estímulos son los que nos motivarán a proseguir la marcha que iniciamos. De este modo vamos creando nuestra vida y trazando nuestro camino.

Ante todo deseamos mantener la seguridad, el bienestar y la comodidad, así que desde muy pronto aprendemos a alejarnos de todo aquello que nos pueda incomodar. Desde el comienzo de nuestro recorrido ya ponemos gran empeño en mantener el bienestar y por tanto, podemos adoptar vías cortas que nos lleven, de una forma rápida y con el menor esfuerzo, hacia destinos felices.

Para sortear los obstáculos y evitar las caídas, nos valemos de la información del entorno y, aunque gran parte de ella es útil y necesaria para seguir trazando nuestro sendero, otra, en cambio, limita nuestras capacidades e impide nuestra actuación en momentos decisivos de nuestra vida.

De esa manera, el amplio escenario lleno de infinitas posibilidades en el que habíamos comenzado a trazar nuestro camino se convierte en un marco tan reducido que, en gran medida, nuestras posibilidades se ven limitadas y nuestras capacidades mermadas.

Nuestro afán por continuar nuestro trayecto con cierta comodidad y sin trabas, hace que tengamos que buscar nuevos sustentos para crearnos la ilusión de no volver a caer. Pero en realidad, lo que hacemos es aumentar nuestros puntos de apoyo, por tanto, las dependencias que no hacen más que entorpecer nuestra marcha.

Así pues, lejos de poder caminar con libertad y soltura, aceptar nuestros tropiezos, levantarnos de las caídas y aprender de ellas; no hacemos más que apoyarnos en el entorno. Creemos encontrar la seguridad, el bienestar y la felicidad en él y dejamos que nos dirija decidiendo por nosotros tanto en lo que no podemos o no debemos hacer, como en aquello que podemos o debemos hacer. Y es así, precisamente como dejamos que sea nuestro entorno el que marque el itinerario de nuestra vida.

Pero a pesar de permitir que nuestro entorno nos señale los pasos a seguir para colmar el deseo de evitar los obstáculos, en algún tramo del trayecto pueden surgir dificultades que nos hagan tambalear. En esos tropiezos se puede llegar a perder alguno de nuestros soportes; sin embargo, nuestra necesidad de mantener la seguridad hace que permanezcamos en alerta para buscar otros con gran rapidez.

De esa manera seguimos nuestro trayecto, con nuestros puntales, perdiendo algunos y reemplazándolos por otros hasta que finalmente, llega un día en que la caída es tan grande que perdemos nuestro mayor soporte y es entonces cuando no encontramos dónde apoyarnos.

Este tramo resulta el más delicado y todos, en algún momento, pasamos por ahí, Hay quienes, en ese momento, llegan a perder varios sustentos importantes e incluso, quienes dicen haberlos perdido todos. Y es ahí, precisamente en ese tramo, en esa etapa de nuestra vida, cuando se produce un cambio importante.

Después de caer, algunas personas permanecen ahí, esperando que acuda alguien para apoyarse. No pueden levantarse porque todavía no han aprendido a caminar solas. Son las personas que tras un duro golpe se refugian en la enfermedad y se niegan a continuar avanzando en su vida. Otras, con un gran esfuerzo, logran ponerse en pie y a pesar del daño de esa dura caída, mantienen la esperanza de volver a encontrar algo nuevo en que apoyarse para proseguir su marcha.

Por último, una minoría aprovecha esa caída para reflexionar sobre su vida y llegar a descubrir que ya no pueden continuar confiando en esos falsos soportes. Pues en realidad, nunca habían existido y que en lugar de buscar la seguridad en el

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