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La Musa asesinada: Conversación en La Catedral, de Vargas Llosa: novela marxista

La Musa asesinada: Conversación en La Catedral, de Vargas Llosa: novela marxista

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La Musa asesinada: Conversación en La Catedral, de Vargas Llosa: novela marxista

Longitud:
192 página
2 horas
Publicado:
Oct 16, 2018
ISBN:
9789587148350
Formato:
Libro

Descripción

La Musa asesinada, de Santiago Andrés Gómez, se aplica, con juicio y rigor, a mostrar cómo una de las novelas más importantes de Vargas Llosa (Conversación en La Catedral) es una crítica marxista, literariamente hablando, de la sociedad peruana de mediados de siglo XX. Crítica inteligente, sarcástica y demoledora a esos procesos que han llevado a los países de América Latina a convertirse, hoy lo percibimos con mayor seguridad, en los centros mismos de la corrupción política y humana.

Los análisis de Santiago Andrés Gómez se hacen teniendo en cuenta, en parte, la evolución intelectual y vivencial de Vargas Llosa con respecto al conocimiento que él mantuvo de la obra y figura pública de Jean-Paul Sartre. En el proceso formativo de una buena parte de los autores latinoamericanos que comenzaron a escribir en los años cincuenta y sesenta del siglo XX, sabemos que lo dicho y escrito por Sartre era tomado casi como un axioma. Paradójica circunstancia, por lo demás, en un escritor como Vargas Llosa, que tanto ha despotricado del marxismo en su última evolución ideológica, cuando este sistema teórico de interpretación social es el que elevó su obra narrativa a cimas impresionantes.

Pero, por otro lado, Gómez enraíza sus interpretaciones en un interesantísimo aparato bibliográfico que comprende a los clásicos de la teoría marxista tales como Marx, Engels y Lukács. Este estudio es, en definitiva, un aporte original, por la inteligencia con que ha sido concebido y desarrollado, a los estudios literarios de la obra del gran escritor peruano.

Pablo Montoya
Publicado:
Oct 16, 2018
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9789587148350
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Sobre el autor


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La Musa asesinada - Santiago Andrés Gómez

Catedral

Introducción

En este libro, que se originó como tesis para la Maestría en Literatura de la Universidad de Antioquia, se demuestra cómo el pensamiento marxista estructura formal y conceptualmente a la novela Conversación en La Catedral (1969), del escritor peruano Mario Vargas Llosa. Esta aseveración puede sorprender a muchos, pero seguramente a quienes han leído la novela los sorprenderá menos. En cualquier caso, no deja de asombrar que para su autor, quien desde los ochenta ha derivado políticamente en el neoliberalismo, Conversación en La Catedral constituya su novela favorita entre todas cuantas ha escrito (Vargas Llosa, 2010, p. 7), toda vez que es un narrador que jamás ha dejado de escribir con ópticas políticamente comprometidas y que, en ese sentido, debería distar mucho hoy, y aun divergir, en el siglo xxi, de lo que hiciera, como comunista activo, a mediados del siglo xx.

Es decir, todo llevaría a pensar que una literatura hecha bajo coordenadas marxistas debería ser condenada por un escritor contrario al marxismo, pero no sucede así. A la solución de esta paradoja apenas se podría ofrecer una respuesta que intentaremos en las conclusiones. Primero debemos entender, y a lo largo de todo el texto nos dedicaremos a dilucidar, comprobar y explicar, cómo el marxismo impregna y estructura la novela.

La crítica especializada en Mario Vargas Llosa y Conversación en La Catedral ha tenido ya en cuenta aspectos relativos a esto, aunque de manera distinta a como los abordaremos aquí. Entre los principales trabajos al respecto debemos recordar los numerosos escritos y entrevistas de José Miguel Oviedo, pero especialmente algunos atenientes a Conversación en La Catedral y el primer Vargas Llosa (1977, 1992, 2013); el famoso ensayo de Gerald Martin: Mario Vargas Llosa: caballero errante de la imaginación liberal (2012); los textos de María del Carmen Boves Naves sobre los recursos formales y la escala de valores en Conversación en La Catedral (1996; 2010), y el polémico artículo El otro Vargas Llosa, de Julio Ortega (2016). Oviedo ha considerado vastamente la índole problemática del realismo, muy complejo en su forma, en la etapa que nos ocupa de Vargas Llosa, entre 1959 y 1969. Tanto Bobes como Ortega, por su parte, recalcan en cómo la densidad del primer realismo vargasllosiano, con sus atrevidos recursos técnicos, oculta la ideología del autor. Martin, en cambio, sí ha hecho ligeros énfasis en que los efectos de una literatura tan experimental permiten advertir, sin embargo, una postura definida en esas primeras obras del novelista peruano ante las problemáticas de clase, aunque se cuida de hablar de ellas como novelas marxistas.

Por demás, en cuanto a la dimensión histórica de la relación del arte de Vargas Llosa con el marxismo, encontraremos sobre todo en Oviedo (1992), y también en Standish (1984), observaciones trascendentales sobre la influencia crucial y, en un momento dado, dolorosa para el peruano, del filósofo, novelista, cuentista y dramaturgo francés Jean-Paul Sartre (1905-1980). Ortega (2016), entre tanto, llega a vincular explícitamente la estética de las primeras novelas de Vargas Llosa con su adhesión contemporánea al socialismo, mientras que Balmiro Omaña (1987) ha hecho prolijo recuento de la intensa y accidentada relación entre el joven novelista y el marxismo en Latinoamérica. Igualmente, Standish (1984), Oviedo (2013) y Ortega (2016) enfatizan en la vocación de crítica social de la novelística de Vargas Llosa, más que nada en su primera fase.

Con respecto específicamente a Conversación en La Catedral, la lectura que hace Bobes Naves (1996) permite concluir que en la novela habría una visión corrosiva de la sociedad peruana de clarísimas afinidades con el marxismo, e incluso el mismo Oviedo (2013), y Martin (2012), como hemos indicado, aceptan, con matices, la naturaleza marxista de la novela, si se hace una lectura juiciosa de su realismo. Tanto estos autores como Standish ubican parejamente a Conversación en La Catedral en la tradición del realismo crítico (Oviedo en relación con la novela francesa del siglo xix y la norteamericana de principios del xx) y tendencias analíticas y totalizantes (Ortega y Standish) que nosotros hemos considerado como una peculiar dimensión ensayística de Conversación en La Catedral, a la cual en su momento definiremos claramente. Por último, de la presencia de la mujer en esta novela, que es una cuestión definitiva, Nélida Flórez (1993), Elvire Gómez Vidal (2010) y Rosa Boldori de Baldussi (1974) se han ocupado con argumentos que consiguen interpretarla desde el estructuralismo hasta mediante la intertextualidad. Para nosotros han sido de especial importancia las aportaciones de Gómez y Boldori, aun cuando no compartimos sus tesis parcial o totalmente y, más bien, quisiéramos anchar su interpretación de lo que es la figura femenina en Conversación en La Catedral.

Justamente, en este volumen se amplían todos los asuntos que acabamos de referir, y cuyo examen nos ha alimentado para nuestro trabajo, desde una óptica más discriminada y conscientemente problemática: las semejanzas e identidades entre los estudios del realismo literario marxista hechos por Georg Lukács y Conversación en La Catedral.

En el capítulo 1 expondremos la índole polémica o crítica de la novela, que la lleva a convertirse en un ensayo narrativo con el que su autor se esmera en responder a un cuestionamiento básico: ¿En qué momento se había jodido el Perú? (Vargas Llosa, 2010, p. 15), y consideraremos el aspecto estructural, formativo, de una respuesta dada muy desde el principio, como al socaire, por un personaje de Conversación en La Catedral, el maquiavélico Cayo Bermúdez: Aquí cambian las personas, teniente, nunca las cosas (p. 64). El destino de un personaje, Ambrosio Pardo, relacionado con una expresión anterior de su padre, Trifulcio, apoya esta respuesta, de carácter revolucionario aun en su conservadora enunciación por parte de Bermúdez. Es, desde su base, un problema de fondo, que subyace a la nación peruana como tal, desde su fundación en el siglo xix, con todas sus crisis y antecedentes, y no un hecho minuciosamente fechado o morbosamente ubicado, el que ha degradado tanto a esa sociedad peruana por la que se lamenta, ya en la primera página, el periodista Santiago Zavala. Tal problema, pues, está en un sistema burgués.

En el capítulo 2 demostraremos cómo el marxismo sustenta la narrativa de Mario Vargas Llosa. Para ello, acudiremos a los postulados estéticos del realismo marxista, tal como los definiera el teórico húngaro Georg Lukács en dos ensayos fundamentales suyos de mediados del siglo xx: Se trata del realismo (1938) e Introducción a los escritos estéticos de Marx y Engels (1944). Estos postulados serán allí cotejados con la narrativa de Vargas Llosa, especialmente en sus inicios, y con el pensamiento teórico del autor, tanto de aquellos años como de ahora, cuando el peruano se mantiene, con ligeras y ambiguas reservas, en la idea de una literatura comprometida. El examen da como resultado una inocultable semejanza que permite comprender que Vargas Llosa realiza con su novelística inicial, y en el espíritu general de su vocación literaria, una operación de índole marcadamente revolucionaria en el mismo sentido que delinearan Marx y Engels.

En el capítulo 3 se da inicio al análisis de seis personajes, que concluye en el capítulo 5, según la categoría lukacsiana, y proveniente de Engels, de la tipología, reunidos en conjuntos unitario (Ambrosio Pardo y las estructuras de explotación: capítulo 3), de tres unidades (las mujeres como tipologías de la vulnerabilidad: Amalia Cerda, Queta y Hortensia/la Musa, capítulo 4) y de dos unidades (Santiago Zavala y Cayo Bermúdez en la dialéctica de la adaptación: capítulo 5). Estos análisis de los personajes discriminan:

su historia, atendiendo ya, con Luchting (1978, p. 128), a que toda síntesis de las líneas de una trama narrativa es una interpretación;

su figuración estructural en el relato y las implicaciones de esta, según los principios de la multilateralidad (Lukács, 1977, p. 14), y

la trama en que se imbrican dialécticamente estas tipologías con el conjunto de los demás personajes o, en suma, con la sociedad, descubriendo en la novela los principios políticos del marxismo.

El estudio de Ambrosio determina cómo la novela, por medio de una tipología específica que, como todas las tipologías, es individual y al mismo tiempo genérica, expresa y revela la promiscuidad en que conviven diversas clases sociales. Esta promiscuidad objetiva, muchas veces evidente, no es óbice para su empañamiento o disimulación social por vía del fetichismo y la alienación del capital, que encubre en capas sociales unas fuerzas de poder que imponen ocultamientos y prejuicios para distorsionar la realidad, cuando no para negarla. En este caso, el deseo y el comercio carnal son una realidad escondida cuyo posible develamiento implica otra serie de hechos ocultos (crímenes). Ambrosio debe correr con todo el riesgo y pagar todo el costo de una situación que ha sido forjada socialmente.

En el capítulo 4, dedicado a las tipologías femeninas entendidas como tipologías de la vulnerabilidad, nos detendremos en tres personajes: Amalia Cerda, la enamorada de Ambrosio Pardo; Queta, una prostituta fina, amante asalariada y ayudante de Cayo Bermúdez, y que también se acuesta con Ambrosio recibiendo siempre su pago, y Hortensia, la Musa, la querida oficial de Bermúdez, también amante de Queta, y quien muere asesinada por Ambrosio. La situación de desventaja de la mujer es entendida genéricamente y en esas sus tres manifestaciones principales en la novela (hay otras importantes que dejamos de lado, como la Teté, hermana de Santiago Zavala, o Ana, esposa de este). De Amalia se deduce una conciencia creciente que le permite acceder a la integridad humana que reclamara el humanismo marxista (Lukács, 1968, p. 228), pese a ser víctima lateral e inocente de los crímenes que se fraguan a su alrededor. De Queta se enfatiza, además de su clarísima conciencia de clase, su vocería en la novela, ciertamente espontánea, o empírica, de la ideología del autor. De la Musa (Hortensia), al fin, se concluye su participación fatal en un sistema de opresión que, en una forma de plusvalía del cuerpo, la privilegia para chantajearla, y al cual no puede oponerse si no es jugándose y perdiendo la vida.

El capítulo 5, dedicado a las tipologías que encarnan Santiago Zavala como heredero del poder y Cayo Bermúdez como su oficiante en las sociedades latinoamericanas del siglo xx, examina el modo en que la dialéctica y el principio narrativo de los vasos comunicantes permiten vincular como dos espejos fluctuantes, uno frente al otro, a estos dos personajes especialmente. Santiago, adolescente inquieto, estudioso y crítico, no puede rebelarse fácilmente e incluso resulta ser un obstáculo para la revolución, mientras que Bermúdez, que funciona como una ficha central de un engranaje de poder, pero ficha y nada más al fin y al cabo, son polos opuestos en las dialécticas de la adaptación. En este caso, incluso, la correlación implica un distanciamiento absoluto, que los favorece en dimensiones opuestas: mientras uno triunfa en un sentido práctico (Bermúdez), su derrota moral en la novela es apabullante, y el innegablemente frustrado Santiago obtiene pírricas satisfacciones, pero de peso humano indudable (dar una humilde alegría a su esposa, negar una herencia corrupta), que, sin embargo, destacan su heroísmo como lo que Vargas Llosa, refiriéndose a La condición humana (1933), de Malraux, consideraba la épica de una tragedia moderna: En esta lucha, a la vez que son derrotados [los personajes] alcanzan una valencia moral más elevada, una grandeza que expresa, en su más alta instancia, ‘la condición humana’ (Vargas Llosa, 2002, p. 138).

Nuestras conclusiones apuntan a comprender el sentido del marxismo en la novela. Si Conversación en La Catedral es la culminación muy elaborada de un pensamiento crítico en el Perú que se inaugura en el siglo xx con José Carlos Mariátegui, al mismo tiempo es una actualización o reforma del diagnóstico de Mariátegui y otros marxistas sobre el régimen hacendatario, feudal, de su país, en unas sociedades modernas que, también bajo la dictadura, fungen esforzadamente como demócratas. De otra parte, la novela examina críticamente la propia realidad práctica del marxismo, y no es exagerado ni falso decir que es una crítica marxista del marxismo en Latinoamérica.

*

Agradezco a los profesores que tuve a lo largo de la Maestría en Literatura de la Universidad de Antioquia; a mi tutor en la elaboración de este trabajo, Selnich Vivas Hurtado; a los evaluadores de la tesis, profesores Juan Manuel Cuartas y Pablo Montoya, y especialmente a mi familia y a mi esposa, Adriana Rojas Espitia.

Conversación en La Catedral: primer acercamiento

Como lo hemos anunciado en la introducción, nuestro primer paso para develar la presencia constitutiva del pensamiento marxista en Conversación en La Catedral, de Mario Vargas Llosa, será asumir esta novela desde un principio en su dimensión preponderante de análisis, es decir: como una novela ensayística. Para ello nos enfocaremos primero en la línea central del texto, o sea en lo que parece asumir como propósito básico, no solo narrativo. Luego, entraremos a considerar el modo en que tal propósito se cumple con métodos sí del todo narrativos, o sea, mediante el manejo de elementos literarios de la estética marxista, especialmente el trazo o la representación de los personajes como tipologías. Esta categoría, advirtámoslo desde ya, cumple con un rol alegórico en tanto los personajes que la encarnan suponen, cada uno, una función específica en el relato, aunque tipificada y, por tanto, explicativa de la vasta imagen de la sociedad que la novela nos ofrece.¹

Recordemos a Ortega cuando señala que Conversación en La Catedral, con respecto a las dos novelas anteriores de Vargas Llosa, La ciudad y los perros (1963) y La casa verde (1966):

[…] es todavía un análisis más detenido y agudo del funcionamiento —bárbaro y relajado, infuso y fanático, según las actuaciones sociales— de normas y pautas, a partir del código deteriorado de la vida política. Desde la conciencia mellada del personaje que se declara jodido (más que frustrado: abolido) se despliega el espectáculo siniestro de este deterioro (2016).

Sumario en su descripción de la novela, Ortega orienta francamente la

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