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Más allá del amor

Más allá del amor

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Más allá del amor

valoraciones:
3/5 (2 valoraciones)
Longitud:
155 páginas
3 horas
Publicado:
Oct 11, 2018
ISBN:
9788413070650
Formato:
Libro

Descripción

Cuando Jack se había marchado de Australia hacía un año, Tiffany creyó que lo había perdido para siempre. Pero lo cierto era que Jack la amaba demasiado como para compartir con ella el doloroso secreto de su enfermedad y se había marchado para enfrentarse a ello del único modo que sabía: solo.
Al volver a ver a Tiffany, Jack deseó aquel amor que creía que no podría recuperar jamás. Pero Tiffany tenía otras ideas y se disponía a demostrarle que podía amarlo y cuidarlo… para bien o para mal.
Publicado:
Oct 11, 2018
ISBN:
9788413070650
Formato:
Libro

Sobre el autor

Australian author Jennie Adams is a Waldenbooks bestseller and Romantic Times Reviewer's Choice Award winner with a strong International fanbase. Jennie's stories are loved worldwide for their Australian settings and characters, lovable heroines, strong or wounded heroes, family themes, modern-day characters, emotion and warmth.Website: www.joybyjennie.com


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Más allá del amor - Jennie Adams

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO si necesita reproducir algún fragmento de esta obra. www.conlicencia.com - Tels.: 91 702 19 70 / 93 272 04 47

Editado por Harlequin Ibérica.

Una división de HarperCollins Ibérica, S.A.

Núñez de Balboa, 56

28001 Madrid

© 2008 Jennie Adams

© 2018 Harlequin Ibérica, una división de HarperCollins Ibérica, S.A.

Más allá del amor, n.º 2193 - octubre 2018

Título original: To Love and To Cherish

Publicada originalmente por Harlequin Enterprises, Ltd.

Todos los derechos están reservados incluidos los de reproducción, total o parcial.

Esta edición ha sido publicada con autorización de Harlequin Books S.A.

son producto de la imaginación del autor o son utilizados ficticiamente, y cualquier parecido con personas, vivas o muertas, establecimientos de negocios (comerciales), hechos o situaciones son pura coincidencia.

® Harlequin, Jazmín y logotipo Harlequin son marcas registradas propiedad de Harlequin Enterprises Limited.

® y ™ son marcas registradas por Harlequin Enterprises Limited y sus filiales, utilizadas con licencia.

Las marcas que lleven ® están registradas en la Oficina Española de Patentes y Marcas y en otros países.

Imagen de cubierta utilizada con permiso de Harlequin Enterprises Limited.

Todos los derechos están reservados.

I.S.B.N.:978-84-1307-065-0

Conversión ebook: MT Color & Diseño, S.L.

Índice

Créditos

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Si te ha gustado este libro…

Capítulo 1

Quedaos aquí mientras voy a por vuestras compañeras! –exclamó Tiffany Campbell dejando dos cabras en el corral de la granja familiar y yendo a por otras dos que seguían sueltas por el prado.

Parte del cercado necesitaba ser arreglado, pero hasta que sus padres adoptivos no volviesen de Francia, Tiffany tendría que conformarse con apuntalar aquella zona. Quería que no hubiese problemas mientras Colin y Sylvia estaban fuera. Quería que se diesen cuenta de que habían hecho bien confiando en ella y dándole la responsabilidad de llevar la granja en su ausencia.

No estaba intentando ganarse su aprobación ni nada por el estilo. Únicamente le gustaba hacer bien todo lo que se le encargaba. Y, por el momento, eso implicaba mantener a las cabras de los Campbell fuera de las tierras de Samuel Reid, por mucho que su prado las atrajese tanto aquel caluroso día de verano.

Moviendo los brazos con fuerza y con el sombrero calado sobre los rizos castaños, Tiffany se dirigió con paso firme hacia los animales, intentando intimidarlos a pesar de su baja estatura.

–Eh, eh. So. Hacia la puerta, yo la abriré y os dejaré entrar.

Una de las cabras obedeció.

–Buena chica –Tiffany le abrió la puerta y volvió a cerrarla rápidamente.

Sólo quedaba una, y la conocía perfectamente.

–De acuerdo, Amalthea. Quiero que entres en el corral con las otras –le dijo, avanzando.

El animal la miró con desconfianza y echó a correr. Tiffany fue detrás, pero no pudo atraparla antes de que torciese la curva que llevaba hacia la pasarela que Jack Reid había instalado para pasar de sus tierras a las de los Campbell. Al menos, hasta que la torpeza de Tiffany había hecho que se marchase de Australia y se fuese a la otra punta del mundo unos meses antes.

Oyó unos pasos fuertes en la pasarela y los reconoció al instante. Tiffany se quedó paralizada, con una mezcla de esperanza y duda. Le habría gustado resolver mejor la situación con Jack, haber tenido la oportunidad de arreglar las cosas en vez de fingir que todo iba bien. ¿Sería capaz de hacerlo en esos momentos?

–Ni siquiera sabía que hubiese vuelto de Suiza –murmuró.

Su amistad se había enfriado mucho en los últimos tiempos. ¿Cambiaría algo aquel repentino encuentro? Tal vez Jack ni siquiera había pensado en ir a verla durante su estancia allí. ¿Se lamentaría por haber tropezado con ella?

La cabra baló enfadada. Un segundo después, pasó al lado de Tiffany y desapareció entre la maleza.

La persona que había cruzado la pasarela apareció en la curva. Y Tiffany no tuvo más tiempo para hacerse preguntas. Allí estaba Jack.

Tan guapo como siempre. Tiffany quería ser capaz de verlo sólo como a un amigo, que era como la veía él a ella, pero se le aceleró el pulso, empezaron a sudarle las palmas de las manos y sintió un escalofrío.

La reacción de su cuerpo le pareció vergonzosa y la enfadó. ¿Acaso no había aprendido nada desde que él se había marchado? Se esforzó por que él no se diese cuenta.

–Hola, Jack. ¡Qué sorpresa!

–¡Tiffany! –exclamó él, levantando la cabeza.

Sus ojos azules la miraron con sorpresa, ira, y otras emociones que Tiffany no supo definir.

Jack cerró los puños y se detuvo delante de ella. Apretó la mandíbula bronceada, pero, al mismo tiempo, se suavizó la expresión de su rostro. Era evidente que no estaba enfadado con ella. Así que sólo podía estar sorprendido.

Tiffany se sintió aliviada, a pesar de todo lo que había sucedido.

–Creí que te encontraría en la granja –añadió Jack con su profunda y deliciosa voz–. No pensaba verte aquí.

–¿Ibas a verme?

Aquello era, al menos, esperanzador…

–Sí, tal vez debí haberte avisado de que estaba de vuelta en el país… y aquí. Llamé a mamá desde Sydney e hice los preparativos para venir a verla. Samuel iba a estar de viaje de negocios, y pensé que me daría tiempo a verte después de haberme instalado en casa. Pero Samuel volvió antes de tiempo y mi visita a mi madre terminó media hora después de haber empezado.

Había hablado en tono monótono, pero había mucha emoción latente bajo aquellas palabras.

–Lo siento, Jack.

Samuel Reid era un hombre desagradable, que demostraba muy poco cariño por su esposa y era abiertamente agresivo con su hijo. La madre de Jack tampoco era mucho mejor, aunque a su manera. Se limitaba a ignorar la vida todo lo que podía.

–Supongo que Samuel te ha pillado por sorpresa –contestó ella en tono neutral–. No sueles darle opción a que te monte números.

–En esta ocasión ha sido más bien una pelea dialéctica –admitió Jack antes de sacudir la cabeza–. Hoy me he dado cuenta de que los Reid no estamos hechos para las relaciones familiares.

Tiffany iba a contestar algo al respecto, pero él continuó hablando, cambió de tema.

–He venido al arroyo a tomar un poco el aire. Luego, tenía pensado ir a buscarte. Me gustaría recuperar nuestra amistad, Tiff. No hay nada de malo en ello y… te he echado de menos.

Era extraño que Jack se expresase así, no solía resignarse a tener tan mala relación con sus padres. Él no era así. ¿Qué le habría dicho su padre en aquella ocasión para disgustarlo tanto?

Antes de que a Tiffany le diese tiempo a seguir sutilmente con el tema, Jack volvió a hablar:

–¿Qué estás haciendo por aquí arriba? –le preguntó, acercándose más–. Me ha parecido ver cabras al llegar a la pasarela.

–Has debido de ver una cabra. He tenido que venir a buscar varias, y todavía queda una suelta.

–Yo te ayudaré.

Era estupendo que Jack quisiese recuperar su amistad. Tiffany debía de haberse puesto de rodillas para agradecérselo.

–Gracias. También me gustaría que me contases tu viaje –y tener la oportunidad de resolver todas sus diferencias, pero no se lo dijo. En su lugar, intentó bromear–. Me ha dado muchísima envidia que hayas podido ver todos esos maravillosos lugares de Europa mientras recababas información para el bufete de abogados. Supongo que has tenido la oportunidad de hacer muchas fotos.

–La verdad es que estuve muy ocupado en Suiza –contestó él, desapareciendo de su rostro la sonrisa que había esbozado poco antes–. No me moví tanto como me habría gustado. Tú sí que habrías hecho muchísimas fotos.

–Es estupendo que Hobbs & Judd hayan accedido a que fueses tú quien realizase la consulta en Suiza. Debes de haber tratado temas muy importantes para ellos, y seguro que has hecho que crezca su proyección internacional.

Como Jack no contestó, Tiffany añadió:

–No te pido que me lo confirmes. Ya sé que no puedes contármelo, pero imagino que ha sido un gran reto.

–Más o menos –dijo él con expresión de nuevo sombría. Luego, se obligó a seguir hablando con más ánimo–. También ha sido una gran oportunidad para que yo levantase el vuelo, para ver la abogacía desde un punto de vista distinto.

Sí, y aquella oportunidad había surgido justo en el momento en que ella le había desvelado su interés por él.

No obstante, Jack quería seguir haciéndole creer que su viaje no había tenido nada que ver con el hecho de que ella se hubiese tirado a sus brazos. Tal vez pensase que si no hablaban de ello abiertamente podrían fingir que nunca había ocurrido.

Desgraciadamente, Tiffany no podía olvidarlo con tanta facilidad, pero Jack estaba de vuelta, y quería que volviesen a ser amigos, y ésa era una buena noticia. Tiffany se mordisqueó el labio inferior, ya se las arreglaría para solucionar lo demás.

Jack siguió el movimiento de su boca con la mirada antes de apartarla repentinamente.

Y ella volvió a pensar que aquello significaba lo contrario de lo que significaba en realidad. Pero no volvería a dejarse engañar. Se obligó a plasmar una expresión alegre en su rostro.

–Me alegro de verte, Tiff –dijo él abrazándola.

Fue un abrazo de amigo, cauto. No importaba que la cabeza de Tiffany encajase perfectamente en su hombro, ni que su cercanía significase para ella una especie de promesa.

«Son todo imaginaciones tuyas, Tiffany Campbell, y no puedes dejar que te vuelva a hacer daño, ni tampoco arriesgar de nuevo vuestra amistad. Así que cálmate», se dijo.

Le puso un brazo alrededor de la cintura y le devolvió el abrazo, luego, se obligó a separarse de él. Podía hacerlo. Sólo tenía que ir poco a poco. Eso era todo.

Jack también la soltó. Luego, observó el lugar con los ojos entrecerrados, concentrado.

–¿Dónde crees que ha podido esconderse la cabra? –le preguntó.

Mientras Jack apartaba la mirada de ella, Tiffany aprovechó para observarlo. Llevaba los vaqueros y las botas que se ponía siempre cuando no iba a trabajar a la ciudad. Lo que no solía ponerse era aquella camisa marrón de algodón, tan amplia. Normalmente prefería las camisetas ajustadas. También llevaba el pelo más corto de lo habitual.

Tiffany no se había dado cuenta de aquel detalle hasta entonces. Notó que había algo más que un cambio en su aspecto físico. Jack había cambiado de algún modo por dentro. ¿Habría sido por lo que había ocurrido entre ellos, o porque su vida había evolucionado de alguna manera mientras estaba lejos? Tiffany no lo sabía, pero lo notaba.

–Pareces diferente.

–No. No he cambiado nada –contestó él, volviéndose para mirarla a los ojos y forzando una sonrisa–. Me gusta tu nuevo conjunto –comentó señalando su ropa–. Te da un toque de montañera.

¿Qué significaba aquello?

Tiffany se echó el sombrero hacia atrás.

–Tanto el sombrero como los pantalones cortos y las botas son los apropiados para este trabajo.

No eran nada fuera de lo normal, pero, al menos, llevaba una camiseta bonita, de color rosa, ajustada y de manga corta. Qué tontería. Podría haber ido vestida con un saco, a Jack le habría dado igual. Tiffany habría jurado

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