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La Aromaterapia En Mi Vida

La Aromaterapia En Mi Vida

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La Aromaterapia En Mi Vida

Longitud:
392 páginas
5 horas
Editorial:
Publicado:
Oct 3, 2012
ISBN:
9781463338213
Formato:
Libro

Descripción

La Aromaterapia en mi vida, es un libro que rene los conocimientos tericos sobre la Aromaterapia ms los alcances prcticos de la autora. Nos lleva en un viaje por la historia de la Aromaterapia, hasta aterrizarnos en la actualidad, y las problemticas que se encuentran da con da sobre el entorno que nos rodea como en nuestro propio cuerpo. Es una gua prctica que se puede consultar cada vez que se necesite.
Editorial:
Publicado:
Oct 3, 2012
ISBN:
9781463338213
Formato:
Libro

Sobre el autor

María Jesús Encinas Martínez nació en Vicam, Sonora, México. Tras concluir sus estudios dedicó sus primeros años laborales a la docencia. Posteriormente su interés se volcó en las terapias alternativas como la herbolaria y la homeopatía, encontrando en la Aromaterapia su pasión. La mayor parte de su carrera la ha dedicado a la investigación, elaboración y práctica en el ámbito de la Aromaterapia. Después de dejar la docencia abrió su primera tienda y cabina de masaje (1989), donde atendía al público, sin olvidar documentar los casos que se le presentaban. Tomó talleres y diplomados en masaje, medicina tradicional, herbolaria y otras terapias. En el año 1999 constituyó Chromo Aromass, empresa dedicada a la fabricación de productos para Aromaterapia. Desde 2003 reside en Morelia, Michoacán, México. Actualmente se desenvuelve como empresaria e imparte talleres de Aromaterapia en diversas ciudades. En estos comparte con teoría y práctica sus experiencias en ésta área.


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La Aromaterapia En Mi Vida - María Jesús Encinas Martínez

Copyright © 2012 por María Jesús Encinas Martínez.

Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este libro puede ser reproducida o transmitida de cualquier forma o por cualquier medio, electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación, o por cualquier sistema de almacenamiento y recuperación, sin permiso escrito del propietario del copyright.

Las opiniones expresadas en este trabajo son exclusivas del autor y no reflejan necesariamente las opiniones del editor. La editorial se exime de cualquier responsabilidad derivada de las mismas.

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INDICE

Dedicatoria

Introducción: Cómo llegó la Aromaterapia a mi vida

I. Breve historia de la Aromaterapia

1.- Las Civilizaciones antiguas

II. La Aromaterapia, una terapia holística

1.- Cómo cura la Aromaterapia

2.- El sentido del olfato

3.- La práctica de la Aromaterapia

4.- Las familias olfativas

5.- Las subfamilias

6.- Métodos de aplicación externos

7.- Aplicaciones sobre la piel

8.- Normas terapéuticas generales

9.- Acción de los aceites esenciales en el cuerpo

10.- Patologías comunes abordables desde el punto de vista de la Aromaterapia

III. Aromaterapia

1.- Cómo tratar algunas alteraciones dermatológicas

2.- El cuidado de la piel

3.- Las uñas y las manos

4.- Alternativas a nivel preventivo

5.- Cutis problema

6.- Alteraciones dermatológicas

7.- Manchas en la piel

8.- Lesiones en la piel

9.- La circulación y la sangre

10.- El sistema estructural (articulaciones, huesos y músculos)

11.- El sistema nervioso

12.- Alteraciones de las vías respiratorias y los pulmones

13.- Alteraciones del aparato digestivo

14.- El sistema genital y endocrino femenino

15.- El sistema inmunológico

16.- El sistema linfático

IC. Propiedades terapéuticas de algunos aceites esenciales

1.- Breve descripción de algunos aceites esenciales

Conclusiones

Bibliografía

Glosario

Dedicatoria

Dedico este esfuerzo a todas las mujeres que de alguna manera han tocado mi vida con su amor, sería muy largo enumerar a todas ellas, pues unas viven todavía y otras viven en mis recuerdos. Quiero aprovechar esta oportunidad para repetir mi mensaje: es muy importante que las mujeres nos unamos, porque solo entre mujeres podemos enseñarnos a ser mujeres.

Muy especialmente menciono a mis hijas, mi madre, mis abuelas, mis tías y mis hermanas (todas las mujeres), con las cuales formo un equipo invencible de poder.

Introducción

Cómo llegó la Aromaterapia a mi vida

Yo soy María Jesús Encinas y trabajé como docente en la S.E.P. en varias escuelas de nivel medio superior y superior por más de 15 años. Cuando me casé con el hombre de mi vida, Enrique Moreno Posadas, seguí trabajando hasta que nacieron mis hijas (1985 y 1987).

Mis embarazos fueron difíciles y tuve que estar en la cama nueve meses cada vez que una de mis hijas nació; como tenía todo el tiempo del mundo, lo aproveché para escuchar música y leer libros de interés. Y así fue como la Aromaterapia apareció en mi vida.

El tema me pareció fascinante. Por esa fecha, no existía en el mercado suficiente bibliografía al respecto, mucho menos material como aceites o esencias para experimentar. Sin embargo, estoy convencida de que lo que pasa por tu mente también pasa por tu vida. Así ocurrió: la información llegó y los aceites también.

De alguna forma, una vez que nacieron las hijas me di a la tarea de buscar bibliografía al respecto, y por supuesto también aceites esenciales para experimentar, primero con mi persona y después con la familia (mis hijas huían de mí despavoridas cuando sospechaban que serían mis conejitos de indias…). Pronto encontré material suficiente para documentarme, y encontré además la forma de inscribirme en algunos cursos y talleres sobre aromas y masaje, y manos a la obra, empecé a trabajar con Aromaterapia y Reflexología en mi tienda la Manzana. A toda persona que pasaba por la banqueta le pedía de favor que me permitiera darle un masaje en sus pies, y nadie se resistía. Mi paciente recibía un baño tibio de pies con exquisitos aromas, y después un masaje que duraba alrededor de 15 minutos, y todos salían como nuevos. Y claro, cada vez llegaban más personas a solicitar el servicio de masaje para pies. Al principio llevaba un registro de los casos extraordinarios que se atendían, después ya no, porque el trabajo era tanto que no había tiempo para reportar. Estoy segura de que por ese entonces ofrecí más de 2000 servicios, y más que una experta era yo una mujer realizada y feliz.

Poco a poco empecé a adentrarme en apasionantes temas como el de la Herbolaria, en el cual mi esposo es un verdadero conocedor, y por motivos que no voy a mencionar dejé mi trabajo que representaba una seguridad económica para dedicarme de lleno al mundo de la Aromaterapia. A la fecha puedo decir que no me arrepiento en lo más mínimo de haber hecho este cambio, porque mi trabajo me apasiona y me reditúa lo suficiente.

Los primeros aceites que aparecieron en mi vida, curiosamente, fueron los más peligrosos, como canela, menta piperita y clavo. Poco a poco fueron llegando los demás, para lo cual tuve que hacer largos viajes y prescindir de compras básicas de tipo personal, para invertir en aceites antes que en zapatos. Me convertí en una maniática compulsiva, llegué a poseer una exorbitante cantidad de botellas de todos tamaños y colores, unas llenas, otras a medio llenar, y otras por llenar de aceites diluidos y sin diluir.

Cada vez me involucré más en este mágico mundo del aroma y del color, y empecé por vender aceites esenciales en pequeñas botellas en una cajita que apenas cabía entre mis manos, después tenía un puestecito de apenas medio metro en un tianguis y un tendido en alguna feria, y cuando quise darme cuenta, ya tenía un negocio a nivel artesanal. Después conocí proveedores internacionales e invertí en aceites que vinieron de Francia, y fue todo un acontecimiento conseguirlos. Actualmente, con los tratados de libre comercio y la globalización, es más fácil adquirir la materia prima, pero esto es un arma de doble filo, porque el mercado está inundado de falsificaciones y productos piratas.

Por algunos años atendí masaje con Aromaterapia a nivel profesional, además de distribuir Aromaterapia y construir sinergias personales. En algún momento dejé mi tierra por otra igualmente generosa, y actualmente lucho por consolidar una empresa y publicar mis experiencias que he recabado a lo largo de mi vida.

A modo de justificación

¿Por qué escribí este libro y por qué quiero publicarlo?

Considero que publicar este proyecto, al cual he dedicado suficiente tiempo de mi vida y lo he realizado con todo mi amor, es una forma de sistematizar los conocimientos empíricos que de algún modo he adquirido en gran parte de mi vida, en mi trabajo con Aromaterapia desde 1985 a la fecha. Esta publicación no es un libro de lectura fácil y amena donde cuento charras y chistes (además, no soy buena en ello). Pretendo presentar un manual de consulta para un cierto tipo de lector que reúna ciertas características: un terapeuta aficionado o profesional, con conocimientos previos sobre medicina complementaria, que pueda utilizar la Aromaterapia como una alternativa más para darle un plus a su trabajo.

La Aromaterapia es una valiosa herramienta en manos expertas, y con este manual pretendo llegar además de a los profesionales de la salud, a las amas de casa con un botiquín de primeros auxilios, donde tenga cabida un pequeño kit de aceites esenciales con los cuales puedan curar más efectivamente a su familia.

También quiero ser portavoz de tantas mujeres como mis abuelas y las mujeres medicina que me anteceden en el arte de curar. Yo las he visto curar con una palmada de aliento, con una oración, con palabras que significan alivio, con una sonrisa, y por qué no, con poquita saliva y una canción que dice: sana, sana, colita de rana, si no sanas ahora sanarás mañana…

I

Breve historia de la Aromaterapia

1.- Las Civilizaciones antiguas

El uso de las plantas, al igual que los bálsamos y los perfumes, forman parte inherente de la humanidad, junto con los valles y los montes. Al estudiar el sentido naturalista de la prehistoria, donde lo mágico se confunde con la realidad, se observa que el mundo de los aromas siempre ha cautivado al hombre y a la mujer, confiriéndole un carácter sagrado y misterioso, tanto como para dedicar su vida entera a las deidades objeto de su devoción, a las cuales buscará agradar con sacrificios y ofrendas consistentes en fragantes flores e inciensos, entre otras cosas.

Los habitantes de las cavernas, igual que las tribus primitivas de la actualidad, veían a los aromas como un efluvio que se elevaba de la tierra al cielo, siendo una forma de comunicarse con las estrellas y de pedir favores a los seres que viven en planos superiores. Quemar incienso era su manera de llamar la atención, de decirle al dios: ¡aquí estamos, fíjate en nuestro oprobio y necesidades, solo tú puedes ayudarnos!

Estos hombres y mujeres que convivieron con los animales, se apoyaron en gran medida (al igual que ellos) en el sentido del olfato para sobrevivir. Sin saberlo, la nariz se convirtió en una herramienta muy importante, un sistema de alarma que se activa cuando hay peligro cerca, ¿qué hacer, presentar batalla o correr? De haber fallado el sentido del olfato las consecuencias hubiesen sido nefastas, pues representaba ser fácil presa de sus enemigos, o ser devorados por los animales salvajes.

El conocimiento de las virtudes mágicas y curativas de las hierbas y las especies se entretejió intrincada y misteriosamente junto con la ciencia y la religión. Solo un pequeño grupo de hombres y mujeres con intuición desarrollada se dedicó al estudio y comprensión de los efectos que tienen las plantas sobre la mente, el cuerpo y las emociones, y las emplearon con mucho éxito para sanar o matar. Algunos mortales más atrevidos emplearon plantas sagradas para subir al cielo y hablar con dios, quedando muchos en estos viajes sin regresar jamás.

Todavía algunos seres sensibles utilizan actualmente el poder alucinógeno de las plantas para conseguir estados alterados de conciencia y ponerse en contacto con su ser superior, esto les sirve para avanzar en conocimiento y sabiduría. De esta manera, unos cuantos hombres extraordinarios lograron descubrimientos e inventos increíbles y arrastraron consigo al resto de la humanidad, provocando grandes cambios cualitativos que se ven reflejados en la tecnología y el arte. Cabe señalar que la gran mayoría que intenta introducirse en estas dimensiones no logra su objetivo porque lo mueven intereses personales, quedándose en el camino, como una piedra más.

La palabra perfume (per fi hume) significa a través del humo. Lo que quiere decir es que más que un arte con carácter místico que evoca lo misterioso. En todas las épocas, y en todas las civilizaciones, se empleó el humo producido por maderas muy finas altamente aromáticas como una ofrenda a los dioses, más que un presente era un mensaje, un medio de expresión animista y una forma de tener contacto con lo divino. Este conocimiento, junto con su aplicación, formó parte del bagaje cultural oculto, guardado celosamente por hombres y mujeres iniciados en estas prácticas, que solo trasmitían de boca a oído a quienes ellos consideraban digno de poseer este secreto. Para llegar a obtener esta comprensión, el aspirante debía acercarse con humildad y sencillez a su maestro y demostrar ser digno de estas luces, además de comprometerse a emplearlas son sensatez y sabiduría para beneficio de los demás. De esta manera, un simple mortal pasaba a formar parte del grupo selecto de amigos de los dioses, comprometido a guardar los secretos para bien o para mal, para sí mismo y el resto de la humanidad.

Perfumes e inciensos, en su contexto místico y religioso, se utilizaron con gran fervor en todos los templos y altares de la antigüedad para agradar a las divinidades. Muchos de estos conceptos religiosos y sistemas filosóficos tienen vigencia actual. En estos días, todavía quedan muchas prácticas de aquellas costumbres fantásticas, tal es el caso de quemar incienso en ceremonias de templos católicos, la unción de enfermos con óleo sagrado, las abluciones como principal rito para quitar el pecado original, las famosas limpias, que son fumigaciones practicadas con fines mágicos y terapéuticos para limpiar el aura de la persona. Hay regiones donde se usa el perfume con una expresión animista, para atraer al ser amado. La mayoría de las personas no entiende el significado de estas prácticas, pero se somete a ellas con la esperanza de obtener un resultado, por si acaso, o por aquello de las dudas.

Los juicios personales sobre estos conocimientos y prácticas van mucho más allá de una simple opinión, y puede trasmitirse una equivocación de generación en generación durante siglos. Por eso es que gran parte de la humanidad tiene conceptos falsos de la realidad, o profesa una verdad a medias, dando lugar a las grandes guerras con carácter santo entre las naciones, porque los pueblos tienen ideas irreconciliables del mismo Dios. A nivel doméstico también se presenta la diferencia de opiniones en cuanto a la práctica religiosa, provocando discusiones familiares, malos entendidos entre hermanos y los divorcios por incompatibilidad de olores.

La cosa es bien simple. Si los seres humanos no logran ponerse de acuerdo con palabras, entonces se usarán los golpes, y el que gane, como siempre, es el que tiene la razón. Un jefe de familia, o de gobierno, con la autoridad que su cargo le confiere, impone muchas veces a la fuerza sus conceptos, sin importarle si la razón lo acompaña o no. Pero volvamos a los perfumes.

No es de extrañar que las fumigaciones aromáticas y la quema de inciensos junto con la intención primaria de agradar a la divinidad en los templos, afectaran en gran medida la susceptibilidad de sacerdotes y devotos observadores, que sin ser su objetivo, lograban alcanzar un estado alterado de conciencia, consiguiendo cambios en su conducta. Esta práctica, cualquiera que sea su intención, siempre ha sido una buena forma de apaciguar un espíritu alterado, de liberarse de culpas y remordimientos, y en las más de las veces de recuperar o conservar la salud mental.

Viene al caso señalar la pitonisa del oráculo de Delfos en la Grecia antigua. Una mujer sentada en un trípode sobre un brasero humeante, alimentado con hojas de laurel, entre otras, Ella aspiraba los hipnóticos vapores y lograba entrar en trance, así contestaba las preguntas que le hacía el sumo sacerdote, que a su vez le hacía el devoto. Por supuesto que la interpretación y la retribución, eran cosa aparte.

Muchas sustancias, como la canela, el nardo, el incienso, la mirra, el cedro de Líbano, la acacia, el azafrán y otros, llegaron a constituir en el pasado algo más que plantas aromáticas, más que un simple perfume. Tanto, que se les describe con respeto, profunda veneración y reverencia como práctica litúrgica en libros sagrados como el de Los Vedas, de donde procede la Medicina Ayurvédica de la India, cuya principal práctica es el masaje con aceites aromáticos. Otro tanto pasa con La Biblia y El Libro Imperial Amarillo, de la Medicina Interna China. Estas y otras plantas en su momento jugaron un papel muy importante en el destino de la humanidad.

Quizá la referencia más antigua que se tenga sobre el uso de materiales aromáticos está en el antiguo Egipto. Este extraordinario pueblo que vivió en una pequeña franja de tierra a orillas del Río Nilo, que prácticamente tenía a disposición solo arena del desierto, y que hizo florecer una de las más sorprendentes culturas de la antigüedad. El bajo relieve de la Mastaba de Mereruka (V dinastía) representa a la esposa de faraón a los pies de este, oliendo una flor de loto. Conocida como la estela de los enamorados en el jardín, aparece Nefertiti ofreciendo flores de mandrágora a su amado Akenatón. Lo que quiere decir que desde estos tiempos inmemoriales se utilizaban las plantas como ornato y medicina.

Hay papiros que datan del 2800 A. de C. que relatan el uso de plantas medicinales para curar enfermedades específicas, otros refieren la quema de grandes cantidades de plantas muy costosas con las cuales Faraones como Ramses III se jactaban de ofrecer a sus dioses, para luego hacer grabar en las paredes de los templos dichas hazañas.

Los egipcios eran un pueblo necrófilo, expertos en cosmética y en medicina. Traían de tierras lejanas aceites esenciales y extraños ingredientes con los cuales elaboraban pomadas y ungüentos, que utilizaban en ceremonias para embalsamar a sus muertos. Reyes y gobernantes exigían a los pueblos conquistados perfumes y maderas preciosas como tributo para emplearlos en esta liturgia.

Perfumes a cambio de oro. Esta situación indica la gran estima en la que este pueblo, con una cultura olfativa muy desarrollada, tenía de las esencias y su conocimiento, que se empleaban en medicina, en cosmética, y en la conservación de los alimentos. Mismos ingredientes que formaban parte de la magia ritual y de la religión, para comunicarse con los dioses y obtener sus favores.

Hatshepsut ( 1500 A de C. ), considerada la más enérgica de las reinas de Egipto, puso en marcha una famosa expedición hacia la tierra de Punt (posiblemente la India) para conseguir mirra, olíbano y otras especies para honrar a sus divinidades. Esta empresa costó desde luego muchas vidas, pero los que regresaron trajeron valiosos tesoros y conocimientos de un valor incalculable.

Sin duda alguna, el incienso egipcio más famoso fue el khypi, descrito por Dioscórides, Plutarco, Galeno y Plinio. Aunque la receta varía un poco de uno a otro autor, sus ingredientes son más o menos los mismos (16 en total): acacia, alheña, azafrán, berilio, cálamo, canela, cardamomo, croco, cedro, enebro, incienso, juncia, lentisco, levadura, miel, mirra, nardo, rodio y vino.

El Conocimiento pasa de Oriente a Occidente

Las sustancias aromáticas, al igual que las especies, constituyeron una de las primeras mercancías valiosas del mundo antiguo. Por su rareza y más que nada por su coste, muchos hombres intrépidos se aventuraron en peligrosos y penosos viajes arriesgando su vida para conseguir estos tesoros. Eran tan preciosas estas mercaderías, que reyes y gobernantes las exigían a sus súbditos como tributo. El mejor presente para un rey era un exótico perfume junto con las leyendas que lo acompañaban.

Cuando los judíos iniciaron su éxodo de Egipto hacia Israel, por el año 1240 A. de C., llevaron consigo todas sus pertenencias, incluyendo perfumes, gomas, resinas, aceites esenciales y el conocimiento de cómo emplearlos.

Moisés poseía la fórmula del aceite de unción revelada por el mismo Altísimo. Este aceite sagrado elaborado con productos de primerísima calidad, se empleó para consagrar el Tabernáculo, el Arca de la Alianza, los Altares y a los Sumos Sacerdotes, como a Aarón y a sus hijos. Esta tradición, igual que otras, se ha transmitido de generación en generación y de boca a oído entre los miembros de este pueblo.

La Biblia refiere el uso de inciensos, perfumes y maderas finas, con las cuales príncipes y sacerdotes ostentaban su presencia ante Yahvé, su dios. Así mismo el Altísimo da instrucciones específicas a sus próceres sobre el tipo de ofrendas que desea recibir. Éxodo 26: 6 aceite para lámpara, especias para el aceite de la unción, inciensos de rico perfume. Ex.27: 1 has también un altar de madera de acacia. Ex. 30: 1 también harás un altar para sahumar perfumes: lo haces de madera de acacia.

Lo más extraordinario de todo es que el mismo Altísimo dicta fórmulas para preparar bálsamos. Ex.30:23-25 Tomarás alguno de los principales perfumes: quinientos siclos de mirra de primera calidad, la mitad, esto es doscientos cincuenta siclos de canela aromática, otros doscientos cincuenta de cálamo aromático, quinientos de casia, del peso del santuario, y un hin de aceite de oliva. Con todo eso prepararás el aceite de la santa unción, un ungüento muy fino que suelen preparar los perfumistas.

Ex.30:34-35 también dijo el Señor a Moisés: toma perfumes, estacte, uña olorosa, gálbano aromático con incienso limpio, el mismo peso de cada cosa, y con esto harás un perfume, obra de perfumista, que quede bien mezclado, puro y santo.

Una vez más, el Nuevo Testamento (Lc.7 37-38) relata cómo una vez una mujer pecadora llevó ante Jesús una jarra de alabastro que contenía aceite de jazmín muy caro con el que ungió sus pies, después de lavarlos con sus lágrimas y secarlos con sus cabellos. También Mt. 2: 11 nos habla de la ofrenda de oro, incienso y mirra que fueron presentados al Divino Niño como regalo en su nacimiento, por los Magos de Oriente. Estos y otros relatos nos indican la importancia que tenían las sustancias aromáticas en la antigüedad.

Los mercaderes fenicios se hicieron famosos por llevar sus mercancías de la península arábiga a la región mediterránea. Fueron quienes introdujeron en Occidente las riquezas de Oriente, trajeron alcanfor y seda de la China, canela de Ceilán, sándalo de la India, perfume de rosa de Siria, y tantas sutilezas con las que dejaban sin habla al comprador. Desde luego que estos mercantes se aseguraban de mantener celosamente el secreto de sus rutas comerciales.

Los griegos heredaron de los egipcios la cultura olfativa, y estos enseñaron a los romanos las artes de la perfumería, cosmética y terapias naturales como la hidroterapia y la Herbolaria. Se dice que los griegos elegían habitaciones frescas y sombreadas para trabajar en la elaboración de perfumes, porque sabían que el sol alteraba y degradaba las esencias naturales, robándoles su olor y su poder. Se empleaban grandes cantidades de pétalos de flores para perfumar las aguas de los baños (escenas donde muestran a Venus saliendo del agua).

Se sabe que los participantes de las Olimpiadas, antes de los juegos, se bañaban en piscinas con aguas perfumadas, sus cuerpos eran ungidos con aceite y cubiertos con polvos de colores, siendo el amarillo el más espectacular. Después de la competencia, se raspaba la piel del atleta con un raspador, y el producto resultante era convertido en un ungüento exótico muy apreciado que se usaba con fines eróticos o como medicina, para tratar algún dolor. Como era de esperarse, los mancebos más jóvenes y bellos eran los más solicitados para este fin. El premio para el ganador era una guirnalda de laurel fuertemente aromatizada con la que coronaban su cabeza, de esta manera, un hombre cualquiera podía convertirse en dios, aunque fuera por un solo día, y recibir un trato divino, ser alabado, regalado e incensado con ricos óleos y caros perfumes. En esto consistía la gloria.

Los griegos Herodoto y Demóstenes, visitaron Egipto en el siglo V a de C., y fueron los primeros en describir un método para destilar trementina o aguarrás, que en aquella época se empleaba para curar reumas. También hicieron referencia de la técnica para elaborar perfumes, y sus propiedades terapéuticas que fueron compiladas en 5 volúmenes, conocido como HERBARIUS.

Los romanos fueron más voluptuosos y hedonistas que los griegos en cuestión de uso de perfumes y aceites aromáticos, que usaban a pasto en baños colectivos. Se sabe que los perfumistas de la Roma Imperial fueron gente muy importante e influyente, sus tiendas se abarrotaban de patricios y gente ociosa, con dinero de sobra para comprar la fragancia de moda, que los hacía sentir muy importantes y trascendentes.

En estos tiempos se utilizaron tres tipos de perfumes: ungüentos sólidos, aceites esenciales y polvos. Los romanos tenían por costumbre perfumarlo todo, sus cabellos, las ropas que vestían y sus camas. El baño colectivo y los masajes por placer, con exóticos y sensuales aromas muy caros, se hicieron famosos en todo el mundo conocido, y se gastaron fortunas en esta práctica lujuriosa y hedonista.

A la caída del Imperio Romano y al triunfo del Cristianismo, todas estas prácticas cayeron en desuso por considerarlas indecentes y pecaminosas, llegando al colmo durante la Edad Media, donde prevaleció la rudeza y el ideal femenino cristiano que imponía el recato, la discreción y la modestia como máxima virtud, considerando la práctica del baño y el uso de afeites y perfumes liviano y obsceno, en lo que una matrona, honorable y recatada, no debería ni siquiera pensar en estos ejercicios, que correspondían solo a cortesanas y brujas que terminaban en el infierno.

El conocimiento y la práctica de los perfumes pasó al mundo árabe a través del Imperio Bizantino a orillas del Bósforo, repitiendo la misma idea de la Roma que quedaba en el Occidente, y que no sería más la cabeza del Imperio. En esta época iconoclasta, pocas son las referencias que hablan sobre el uso de plantas con carácter medicinal. Tal es el caso de una miniatura que ilustra la Teriaca de Nicandro de Colofón del siglo X (Biblioteca Nacional de París)

Mientras tanto en Europa, en los llamados siglos oscuros, donde el conocimiento estaba encerrado en los conventos, los hombres y las mujeres del pueblo no tenían por bueno el baño, apestaban al sudor de sus animales con los que convivían, a mugre y a ropa sucia, los cuerpos que no eran jóvenes eran propensos a tumores malignos y a podredumbre. La cosa no estaba mejor en la corte, hedía el rey y la reina, solo que su sentido del olfato no era muy escrupuloso. En este tiempo cualquier lego que osaba ostentar conocer el uso de plantas para tratar enfermedades era tachado de bruja, mago negro o amigo del diablo y su destino era la hoguera.

Tuvieron que pasar muchos años, hasta la época de las cruzadas, cuando los aromas llegaron a Europa junto con los legionarios, quienes descubrieron el mundo mágico de los perfumes en la tierra de los herejes (que no eran tan herejes). Los musulmanes eran amantes de la limpieza, cosa que no conocían los europeos, mucho menos sus mujeres, que se quedaron en casa con un cinturón de castidad esperando por sus malolientes maridos. Los sarracenos practicaban el baño diario, perfumaban sus cuerpos, y se ponían ropa limpia, probablemente, debido a la obligación religiosa de lavarse antes de hacer oración. Se dice que Saladin, se hacía perfumar antes de presentar batalla, no fuera que tuviera que morir y tener que presentarse ante Alá.

Los cruzados regresaron a Europa con jabones y aguas perfumadas traídos de Oriente a través de la ruta de la especies, y sorprendieron a sus mujeres con el conocimiento de cómo hacerlos. De tal manera que en poco tiempo el pensamiento del pueblo cambió y los campos de Francia e Inglaterra, antes llanos, se llenaron de flores y hierbas aromáticas, y empezó la maravillosa fiebre de destilar aromas. Por eso es que no mucho tiempo después, Colón y otros intrépidos como Enrique el Navegante, rey de Portugal, motivados por el potencial que representaban las especies, tuvieron la loca idea de cruzar el mar en busca de mercancías como el clavo, la canela y también de perfumes. Estos valerosos hombres de mar encontraron en sus viajes algo más que sus sueños, un nuevo mundo, lleno de sorpresas y prodigios, con las cuales van a asombrar e impresionar al viejo mundo.

Cabe señalar que el territorio conocido como América era una unidad de pueblos con una alta cultura autónoma, donde se conjugaron un gran número de variantes, en el tiempo y en el espacio. En Mesoamérica florecieron una serie de civilizaciones agro alfareras (alrededor de 1800 A. de C.) como las sociedades Maya, Inca y Mexica entre otras, que alcanzaron un alto grado de desarrollo, donde entre sus complejos conocimientos desarrollaron la Herbolaria, que era una ciencia institucionalizada que floreció junto con jardines botánicos de gran importancia, y la

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