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No me caso por poderes

No me caso por poderes

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No me caso por poderes

Longitud:
102 página
1 hora
Editorial:
Publicado:
Feb 14, 2017
ISBN:
9788491623571
Formato:
Libro

Descripción

Novios desde hace siete años de los cuales, seis, por carta. A Juan lo mandan con su tío a Nueva York y a Jana le obligan a quedarse en la villa, en casa de sus padres. Unos padres con mentalidad antigua, de derechas y conservadora. Un patrimonio familiar que ya no renta y que busca en el matrimonio de su hija su salvación. Jana no sé quiere casar, no por poderes, sino porque ha conocido a otro hombre.
Editorial:
Publicado:
Feb 14, 2017
ISBN:
9788491623571
Formato:
Libro

Sobre el autor

Corín Tellado es la autora más vendida en lengua española con 4.000 títulos publicados a lo largo de una carrera literaria de más de 56 años. Ha sido traducida a 27 idiomas y se considera la madre de la novela de amor. Además, bajo el seudónimo de Ada Miller, cuenta con varias novelas eróticas.Es la dama de la novela romántica por excelencia, hace de lo cotidiano una gran aventura en busca del amor, envuelve a sus protagonistas en situaciones de celos, temor y amistad, y consigue que vivan los mismos conflictos que sus lectores. La novela de amor alcanza su máxima expresión en las manos de esta incansable escritora. Sus novelas tratan de amor y desamor. Sus personajes son mujeres de hoy que viven historias románticas, pasiones, aventuras eróticas, matrimonios rotos... y luchan siempre por su felicidad. A lo largo de su dilatada carrera literaria, cincuenta y seis años desde que publicó su primera novela el 12 de octubre de 1946, Corín Tellado publicó unos 4.000 títulos, ha vendido más de 400.000.000 de ejemplares de sus novelas y ha sido traducida a varios idiomas. No en vano figura en el Libro Guiness de los Récords de 1994 (edición española) como la más vendida en lengua castellana. Mario Vargas Llosa opina: «La vasta producción de Corín Tellado quedará como muestra de un fenómeno sociocultural». Y eso es lo que no se puede negar a esta autora: su condición de fenómeno sociológico, más allá de sus modas, culturas y los momentos históricos que atraviesan sus numerosos lectores. Muchos factores son los que marcan la diferencia entre Corín Tellado y el resto de las «grandes damas» de la novela sentimental. Si Bárbara Cartland, Victoria Holt o Jude Deveraux afirman que les gusta la sociedad y que inventan historias románticas para poder vivir y sentir lo que atribuyen a sus protagonistas, el éxito de Corín Tellado reside en su facilidad para conseguir que sus lectoras y lectores se identifiquen con los personajes de su invención. Corín Tellado hace de lo cotidiano una gran aventura en busca del amor, envolviendo a sus protagonistas en situaciones de celos, temor y amistad. Las tramas de sus historias son desgarradoras, llenas de equívocos, y sus hombres y mujeres sienten pasiones: unas veces amor y otras odio; lo mismo son generosos que se dejan arrastrar por la codicia. En resumen: viven los mismos conflictos que sus lectores. Los argumentos de Corín Tellado nunca se desarrollan en escenarios románticos, exóticos o históricos, sino todo lo contrario: tienen lugar en una época contemporánea a la de la autora. En sus novelas reflejaba la realidad inmediata que la rodeaba. «Recuerdo que a José Luis Garci le hacía mucha gracia que mis protagonistas tuvieran coche, que mis mujeres condujesen en una época en que en España la costumbre todavía no estaba extendida.» Corín Tellado fue pionera, tanto en su forma de vivir como en la de enfocar su trabajo. Trabajadora infatigable, pues durante casi toda su vida escribió a diario, excepto en raras y muy puntuales ocasiones. No es de extrañar que las protagonistas de Corín Tellado dejaran muy pronto de preocuparse solo del amor, el marido, los hijos y el hogar. Llama la atención que las insufle de valor, coraje y valentía. Las mujeres que Corín Tellado dibuja no se amilanan ante las rupturas, aunque la mayor parte de sus novelas acaben en boda; exigencia y limitación del género que cultiva. La censura y el editor así lo marcaban. «Recuerdo una novela en que dejé al protagonista ciego. El editor me la devolvió con una carta en la que pedía: "¡Opéralo!". Y lo operé, claro. En cuanto a mi estilo, fue la censura quien lo perfiló. Algunas novelas venían con tantos subrayados que apenas quedaba letra en negro. Me enseñaron a insinuar, a sugerir más que a mostrar.» Naturalmente esto con el tiempo cambió, aunque el género continuara imponiendo su marchamo. En las últimas novelas de Corín, escritas para un público contemporáneo, se nota un nuevo aliento, más acorde a los tiempos. Tienen otra vitalidad, otro atrevimiento y la misma valentía de siempre.


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No me caso por poderes - Corín Tellado

GAUTIER

CAPITULO PRIMERO

—Escucha, escucha. Por favor, Jana, óyeme bien... —Jacinto al hablar sofocado, blandía un pliego de papel, pero su hija Jana apenas si le miraba. Se diría que pasaba del documento y de quien lo sostenía—. Hay que ser consecuentes. Hay que ser realistas. Hay que...

—Jaci, me parece que estás perdiendo el tiempo. Tu hija no te oye.

Sí que oía.

Jana los miraba a los dos alternativamente, si bien no detenía la mirada verde en ninguno de ambos.

Cualquiera que la observara en aquel instante diría que se miraba más a sí misma pese a tener los ojos en movimiento de un lado a otro, o de un rostro a otro.

—Jana, ¿es verdad que no me oyes o no quieres oírme?

—Tengo que pensar en todo eso, papá. Comprende. Ha pasado mucho tiempo... Tal vez...

—La gente no se hace rica en dos días, Jana —se apuraba Jacinto Benjumea con desesperación—. Y, en cambio, sabes muy bien que sí se empobrece en poco tiempo. Nosotros... Bueno, tú sabes... Y si no lo sabes te lo estoy diciendo yo. Hace años poseíamos una fortuna. ¿Y qué? De ello vivíamos, ¿no? La verdad es que yo jamás trabajé porque no necesité hacerlo. Tu madre poseía una fortuna en valores, y no digo yo... Pertenecemos a una familia de ricos y en los pueblos como éste... Ejem... todo se sabe. ¿No comprendes? De repente empezaron a torcerse las cosas, a perder enteros los valores y hoy, salvo unos dividendos de nada, cada seis meses, son papel mojado. Vender no es prudente porque lo que antes era una fortuna, hoy son dos duros. Pero vivir de fantasías maldito si merece la pena. Yo soy tu padre y tengo el deber de ayudarte, de aconsejarte.

Jana sabía todo aquello.

Y más que sin duda se callaba su padre.

—Necesito dar un paseo —decía a media voz—. ¿Puedo? Luego, si te apetece, continúas, papá.

Papá parecía desencajado y súbitamente mudo.

La madre tomaba ahora la palabra:

—Jana, sé realista. Tu padre tiene toda la razón del mundo. Vivimos en un pueblo y nada se ignora... Además la situación del país está muy mal y las grandes fortunas se fueron al traste. Es terrible que a la sazón, de una rica heredera, te hayas convertido en una chica más.

Jana no se sentía «una chica más». Pensaba que debieron permitirle ir a la capital a estudiar cuando terminó el bachillerato. Pero no fue así.

Sus padres temían que se perdiera su moral, que se uniera a malas compañías... Y además consideraban que una chica de su posición no tenía, forzosamente, por qué ser universitaria.

—Por estos sitios —añadía la madre ajena a los pensamientos de la hija— no hay chicos más que en verano y ya se sabe lo que son los veraneantes y los turistas. Lo pasan bien y cuando se van ni se acuerdan de lo que queda. Y por otra parte, hasta hace poco más de un año, tú tenías novio. Es decir, lo sigues teniendo.

—Y ese novio quiere casarse —apostillaba el padre sin perder el sofoco—. ¿Que pretende hacerlo por poderes? Bueno, pues eso antes era corriente. Aún si no le conocieras... Pero era tu novio, ¿no? De súbito hereda la fortuna de su tío y, lógicamente, tendrá que atender negocios. Bien claro lo dice aquí su abogado. Se quiere casar y le es imposible desplazarse desde Nueva York.

Jana aspiró hondo.

Todo aquello lo sabía, pero...

—Hace una tarde espléndida —murmuró por salir de aquel atolladero— y necesito tomar aire puro.

—Jana —la madre iba tras ella, mientras el padre se quedaba hundido en el sillón aún con la carta en la mano—, piensa que hace sólo un año te carteabas con él, le querías, pensabas que un día vendría a buscarte.

Jana sintió como un escalofrío. En doce meses ocurren cosas desconcertantes... Y a ella le habían ocurrido.

—En la noche, si gustas, mamá, continuamos.

—Pero, hija...

—Es que ahora me esperan las amigas.

Laura Benjumea se quedó pegada al porche mientras veía desolada cómo Jana atravesaba el amplio jardín, perdiéndose por el enarenado sendero hacia el portón.

* * *

—No seas tan insistente —apostilló Laura cuando retornó al salón donde su marido aún permanecía hundido en el sillón sin soltar el pliego de la carta—. Hay que ir con calma, Jaci.

—Mira —decía el marido con acento desesperado—, por mí mandaba todo esto al diablo. Pero... —pasaba la mano por la frente limpiando el cálido sudor que la empapaba—. Las cosas se ponen mal. Muy mal. De seguir así hasta me veré obligado a hipotecar el viejo caserón añejo. Entiende, Laura, entiende.

La esposa entendía de sobra y más.

—Siempre fuimos los más ricos de esta villa. Y ya se sabe lo que es una villa o un pueblo, que para el caso es igual, porque esto tiene más de pueblo que de villa. Yo no soy egoísta, Laura, y bien lo sabes. No me importa prescindir de mi fuera borda ni de mis partidas en el casino, ni de mis cacerías. En realidad, ¿desde cuándo no voy a cazar? Qué sé yo. Pero el caso está aquí —y movía la carta con desesperación—. ¡Aquí! Juan quiere casarse... ¿Por qué no ha de casarse Jana con él aunque sea por poderes? El abogado de Juan lo dice aquí bien claro y en todas las cartas que escribió desde que falleció el tío de Juan. ¿Por qué, de repente, Jana duda? Nos salvaríamos todos de este ahogamiento, Laura. Y además yo no pido a mi hija que se venda. ¿No eran novios? Siete años siendo novios... ¿No es suficiente?

—Jaci, querido, todo eso que dices es verdad —y Laura se sentaba amantísima junto a su marido asiendo una de sus heladas manos sudorosas—. Pero el que se casa no eres tú, ni yo. Es Jana. Y ella dice que por poderes no lo hace.

Otra vez Jacinto Benjumea blandió el pliego.

—Pero tú sabes que Juan no puede venir. Los negocios que heredó de su tío se lo impiden y, lógicamente, ahora que es libre, que el tío no presiona sobre él que es heredero de una colosal fortuna en dólares, quiere casarse y Jana dice que no.

—Jana no ha dicho aún que

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