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Entregándome a mi Espía

Entregándome a mi Espía

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Entregándome a mi Espía

Longitud:
183 páginas
2 horas
Publicado:
Jun 30, 2018
ISBN:
9781547527465
Formato:
Libro

Descripción

Un canalla, un marques y un espía…Cada parte integral de la vida de Dominic Rossington y él lo hace muy bien. El amor lo hizo perder el equilibrio y el haría todo en su poder para proteger a aquella que tenía su corazón. El peligro acechaba en el horizonte y tendría que arriesgarlo todo para salvarla.

El corazón de Lady Rosanna Kendall se rompió, cuando el hombre que ella siempre había amado le dijo que nunca se casaría, y que, aunque lo hiciera ella seria su última elección. Poco después su hermano mayor muere en un accidente extraño llevándola al luto. Durante ese tiempo ella recogió y reconstruye las dañadas piezas de su corazón roto y lo endureció.

Lord Dominic Rossington, el marqués de Seabrook trabajaba diligentemente como espía para el ministerio de la guerra. El llevaba una vida peligrosa que no tenía lugar para una esposa o una familia. Él no podía en conciencia incentivar a Lady Rosanna – aunque ella fuera su más grande deseo.

Años después Dominic ve una manera de liberarse de sus obligaciones con la corona y finalmente reclama la mujer que siempre ha querido. Todo lo que tiene que hacer es completar una última misión y convencerla que ella es la única para él, pero puede que sea demasiado tarde…

¿Sobrevivirán ambos al peligroso estilo de vida de Dominic lo suficiente para reclamar su final feliz?

Publicado:
Jun 30, 2018
ISBN:
9781547527465
Formato:
Libro

Sobre el autor

USA TODAY Bestselling author, DAWN BROWER writes both historical and contemporary romance.There are always stories inside her head; she just never thought she could make them come to life. That creativity has finally found an outlet.Growing up she was the only girl out of six children. She is a single mother of two teenage boys; there is never a dull moment in her life. Reading books is her favorite hobby and she loves all genres.For more information about upcoming releases or to contact Dawn Brower go to her website: authordawnbrower.com


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Entregándome a mi Espía - Dawn Brower

Entregándome a mi Espía

Unidos a través del tiempo

––––––––

Dawn Brower

Dedicacion

––––––––

Cree en el amor y siempre escoge entregarte a él...

NOTA DEL AUTOR

––––––––

Gracias a todos los que han leído mis libros y continúan pidiendo más. Ustedes son la razón que continúe escribiendo y desarrollando nuevas historias.

PRÓLOGO

Junio 1815

Lady Rosanna Kendall caminó por el pasillo de la casa de su familia. Su hermano, Edward, era el actual duque de Weston. Había heredado el título cuando su padre falleció. Un eco de voces llegó a través de las paredes. Rosanna se detuvo en seco cuando reconoció quién estaba hablando con Edward en su estudio. Lord Seabrook estaba allí. Dom, susurró para sí misma.

Dominic Rossington, el marqués de Seabrook. Ella lo había amado de lejos la mayor parte de su vida, y ahora estaba a un paso de distancia. Si se atrevía a ir al estudio e interrumpir, podría verlo, y si tenía la suerte tal vez también un toque.

¿Se atrevió?

Rosanna se acercó más a la habitación. La puerta estaba entreabierta. Miró dentro y un movimiento llamó su atención. Un borrón de tela oscura, un ligero toque de cabello rubio, y luego nada más. Ella quería la vista completa de la perfección de Dom. Tenía que ser el hombre más guapo de la creación: glorioso cabello dorado, ojos del color de un cielo gris tormentoso y el rostro de un ángel. Eso es si un ángel pudiera dominar las miradas perversas que el marqués arrojaba con regularidad.

Rosanna no era tonta. Era un bribón del más alto acuerdo, y no era ningún secreto de que no estaba buscando una esposa. Dom encontró lo que deseaba en los brazos de muchas otras mujeres. Le dolió el corazón al darse cuenta de que nunca la amaría de la misma manera que ella a él. El amor no correspondido sería su parte en la vida. Ella sacudió su melancolía y se concentró en su discusión. No serviría caer en esa línea particular de pensamiento. Dom nunca sería suyo, y era hora de dejar ir la fantasía. Había tenido muchos pretendientes, pero ninguno de ellos estaba a la altura de su sueño.

Desearía que no te involucrases en esto, dijo Dom. James...

No me importa lo que diría mi hermano, escupió Edward. Soy el duque de Weston y puedo hacer lo que quiera.

¿De qué estaban discutiendo? ¿Qué tenía que ver con James? Rosanna no había visto a su otro hermano, el gemelo de Edward, en un par de años. Se unió a un regimiento de Calvario y se fue a pelear en la guerra contra Napoleón. Estaba aterrorizada de que recibirían noticias horribles sobre él algún día. Era difícil sentarse sabiendo que podía resultar gravemente herido o -ella tragó saliva- morir luchando. Dom era el mejor amigo de James. Si no fuera por su amistad, ella no habría tenido la oportunidad de conocer a Dom. Ella vio un lado de él que ninguno de sus amantes elegidas vio. Era divertido, protector y leal con aquellos a quienes cuidaba. Ese era el hombre del que se había enamorado. Rosanna fue lo suficientemente vanidosa como para darse cuenta de que lo primero que había notado en él fue su rostro, pero una vez que había visto más allá de su belleza cegadora y en su alma, todo cambió.

Un ruido fuerte la devolvió a la realidad. Se hizo eco a través de la habitación cuando algo chocó contra la pared. Rosanna se echó hacia atrás y apretó sus brazos contra sí misma.

Eres un tonto, Dom gritó. Lo que has hecho...

No he hecho nada que no hayas hecho.

Hay una diferencia y será mejor que te des cuenta antes de cometer un error del que no puedas regresar. La voz de Dom estaba llena de una dureza que Rosanna nunca había escuchado antes, e involuntariamente se estremeció. Ella levantó su mano hacia su pecho y la colocó contra el rápido latido de su corazón. ¿Qué había hecho Edward? Dime qué descubrió tu plan imprudente.

No aquí, dijo Edward. Nunca se sabe quién esté escuchando.

Ella dio un paso atrás y abrazó la pared. ¿Y si la hubiera visto por la rendija de la puerta? Ambos la castigarían por espiar si la atrapaban. ¿Qué estaba escondiendo Edward? ¿Qué lo puso tan nervioso? ¿Debería estar preocupada? Dom parecía estar enojado con su hermano, y Dom jamás alzaba la voz ni remotamente. Él siempre fue despreocupado y agradable. Si Edward no quería discutirlo en casa -debe ser serio-. Ella debería irse antes de que salgan del estudio. Ambos arderían en ira al descubrir que andaba revoloteando cerca.

Algo que deberías haber considerado antes de seguir un rastro que podría conducir a tu muerte.

No seas tan dramático, Dom. Es muy improbable que suceda .

¿Estaba Dom en lo cierto? ¿Había hecho Edward algo que pudiese hacer que lo matasen? Había estado preocupada tanto por la seguridad de James y quizás había estado orando por el hermano equivocado. Rosanna retrocedió del estudio y se dirigió a la biblioteca. Estaba lo suficientemente cerca del estudio de Edward que ella podría escuchar cuando se fueran -sólo había unas pocas puertas al final del pasillo-.

Se detuvo en seco cuando se dio cuenta de que la biblioteca no estaba vacía como había supuesto. Lady Calista Lyon, la condesa de Marín estaba sentada, leyendo un libro, en un sofá cercano. Ella levantó la vista cuando Rosanna entró. Sus ojos verdes oscuros se iluminaron cuando se encontró con la mirada de Rosanna. Calista estaba comprometida con su hermano, Edward. Estaban listos para casarse en una semana, y la boda iba a tener lugar en Weston Manor. Todos estaban programados para viajar allí a mitad de semana.

Lamento interrumpirte, dijo Rosanna. Pensé que la biblioteca estaba desocupada.

Doy la bienvenida a la intrusión, dijo Lady Calista y dejó su libro. Envié a mi doncella a buscar mi capa. Ya es hora de que me vaya a casa .

Era bastante inusual que su hermano tuviera la intención de estar descansando en su biblioteca. Todavía hay propiedades que deben cumplirse. La condesa estaba bordeando lo aceptable al quedarse sola. Ella no había sido tan audaz en el pasado. ¿Qué había estado pensando la dama? Quizás la próxima boda la estaba haciendo tomar riesgos que de otro modo no habría tomado. Ella era bastante independiente y viuda, pero eso no significaba que debería ignorar lo que sus acciones podrían significar para su reputación.

Rosanna no conocía bien a lady Calista. Se había casado con el anciano conde de Marín cuando tenía diecinueve años, y luego el conde había muerto apenas seis meses después del matrimonio. Tenía poco más de un mes de haber terminado su luto cuando cautivó a Edward. No fue sorpresa por qué. Lady Callista era una belleza. Tenía un hermoso cabello caoba, los ojos más verdes que jamás haya visto, y su rostro en forma de corazón era exquisito. Rosanna deseó poder ser tan elegante y equilibrada. No sentía que realmente pudiera acercarse a ella como lo haría con un miembro de la familia.

Tengo tu capa, mi señora, dijo la doncella de Lady Calista cuando entró en la habitación. ¿Deseas partir ahora?

¿Te vas? Edward entró en la habitación. No me di cuenta de lo tarde que era. Lamento haberte dejado sola .

Está bien. Me entretuve. Podemos hablar de los planes de la boda en el camino a tu finca en un par de días. Calista asintió con la cabeza a su doncella. La joven la cubrió con cuidado. Me iré entonces.

Edward asintió. Ni siquiera le dedicó una mirada a Rosanna. Te veré afuera.

Fue breve y final antes de que ella se diera cuenta de lo que sucedió. Lady Calista y Edward salieron de la biblioteca sin excusarse. La relación de Edward con Lady Calista era muy ... extraña. No estaba segura de qué era lo que le molestaba. Quizás ella nunca lo sabría. En su experiencia, era difícil entender realmente lo que ocurría entre dos personas. Sólo aquellos dentro eran realmente conscientes de todos los matices. Tal vez algún día ella compartiría esa maravilla con otra persona.

¿Qué estás haciendo aquí sola?

Rosanna se volvió y se encontró con la mirada de Dom. Ella reprimió un suspiro al verlo. Esto había sido lo que ella había querido -algún tiempo para mirar su belleza masculina y escuchar su voz en ese tono bajo que le hizo estremecer el cuerpo-. Ella nunca se cansaría de estar cerca de él.

Edward se fue para acompañar a Lady Calista a la puerta. No he visto mucho a mi hermano estos días. Ella inclinó la cabeza y lo estudió. ¿Qué estás haciendo aquí?" Tal vez eso fue insolente, pero no pudo evitarlo. Ella nunca se había mantenido formal en lo que a Dom se refería. ¿Por qué no se había ido antes de que su hermano entrara a la biblioteca?

¿Edward y Dom tenían planes de ir a un lugar más privado para hablar sobre el descubrimiento de Edward después de que Calista se fuera por la noche? Puede que Edward haya olvidado que su prometida estaba descansando en la casa mientras él y Dom discutían -bueno, lo que fuera que su tonto hermano hubiese hecho-. Ella no tenía dudas de que él era el que estaba equivocado; Edward podía ser bastante impulsivo.

Tengo asuntos con tu hermano, pequeña. Entró a la habitación. Pero puedo hacerte compañía hasta que regrese.

No es necesario. Por mucho que lo amase, y adorase estar en su compañía, Rosanna temía que lo confesara todo en un momento de debilidad. Él convertía sus entrañas en papilla, y sus pensamientos no se quedaban atrás. Soy capaz de pasar tiempo por mi cuenta.

Sus párpados cayeron abruptos mientras la miraba fijamente. "Una bella dama no debería dejarse nunca a su suerte. ¿Qué divertido podría ser?

¿Él estaba? No, no podía ser. Dom parecía estar coqueteando con ella. ¿Qué juego estaba jugando? No guardaba esperanza que él quisiera cortejarla apropiadamente. Él nunca una vez había mostrado interés en ella. No comenzaría ahora. Tenía que haber otra razón para que él le hablara de una manera demasiado familiar.

No soy una de tus conquistas, dijo con dureza. No me hables como si lo fuera.

Dom dio un paso atrás como si ella lo hubiera abofeteado. El color se había drenado de su cara. Yo nunca...

Espero que no. Rosanna levantó la barbilla con arrogancia. Su tono estaba lleno de una aspereza que no había podido controlar. Probablemente porque no creía que alguna vez la considerara alguien más que la hermanita de sus hermanos. Era demasiado tarde para retractarse, y ella continuó hablando antes de darse cuenta de su error. Planeo matrimonio, y toda la alta sociedad sabe tu opinión respecto a elegir esposa.

Lo hacen, dijo sardónicamente. Él le dio un vistazo con lenta, insoportable precisión. Te lo aseguro, no sólo no tengo la intención de casarme, sino que eres la última dama que alguna vez consideraría.

Él se giró sobre sus talones y la dejó sola. -Tonta, ¿qué había hecho? - Sus palabras destrozaron su corazón en miles de pequeños fragmentos llenos de dolor. Ella lo había empujado lejos para siempre. ¿Alguna vez aprendería? Aparentemente, ella podría ser tan imprudente como su hermano caprichoso al tomar decisiones apresuradas. Ella había sido irracional, y no culparía a Dom si nunca la perdonara. Él no había hecho nada malo. Dom -era pues- Dom; no había nada de maldad en su cuerpo. Rosanna tal vez nunca se recupere de su error.

§

§

Rosanna estaba sentada en la biblioteca en la que Dom la había visto por última vez. ¿Habían pasado dos días desde que posó sus ojos en ella? Ella era tan hermosa como él recordaba, e igualmente de intocable. Sus oscuros mechones estaban enrollados sobre su cabeza en un elaborado moño, y sus ojos violetas lo atrajeron mientras lo observaba con fría eficiencia.

Lady Rosanna, dijo Dominic Rossington, el marqués de Seabrook, con una reverencia. La discordia entre ellos permanecía palpable cada vez que estaban cerca uno del otro. Ella había sido tan cálida y acogedora en el pasado, pero eso cambió con un parpadeo de palabras irreflexivas arrojadas en su dirección. Él debería arrepentirse, y en cierto modo lo hizo. No cambió las circunstancias. Rosanna necesitaba entender que él nunca se casaría. Él no era tonto, y estaba muy consciente del creciente apego que ella tenía. En un mundo diferente, él habría estado complacido y encantado con la perspectiva de tenerla como esposa, pero su vida no dejaba espacio para una. Me disculpo por entrometerme, pero tengo noticias que debo compartir con ustedes.

No te retendré. Dime lo que debas decir, ya que estoy segura de que mi compañía te repugna. Su voz era ronca con una emoción no identificable. Ella lo miró a los ojos con un impertinente desafío. Creo que soy la última persona con la que deseas tener algún tipo de conversación.

Tenía que ser por su comentario de despedida -ella sería la última dama con la que se casaría- A ninguna joven le gustaría escuchar esas palabras arrojadas sobre ellas. Dom había sido el peor canalla en su clase para decírselo en voz alta. Sin embargo, sí dijo lo que sentía, pero

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