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Los generales alemanes hablan Revelaciones de la ambición geopolítica y militar de Adolfo Hitler

Los generales alemanes hablan Revelaciones de la ambición geopolítica y militar de Adolfo Hitler

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Los generales alemanes hablan Revelaciones de la ambición geopolítica y militar de Adolfo Hitler

valoraciones:
5/5 (2 valoraciones)
Longitud:
670 páginas
11 horas
Publicado:
Mar 31, 2018
ISBN:
9781370820238
Formato:
Libro

Descripción

Después de la Segunda Guerra Mundial, Adolfo Hitler ha sido uno de los personajes más estudiados por diferentes disciplinas del conocimiento humano. Muchos de sus biógrafos y ensayistas se han enfocado en la crítica fuerte contra su vida y su obra, pero muy pocos se han detenido a analizar y evaluar de manera objetiva las interioridades de sus tropas, las dificultades que tuvieron sus generales para cristalizar los objetivos de cada campaña militar, la visión geopolítica y los proyectos estratégicos del Führer.

Por ende la importancia de la obra titulada Los generales hablan, traducción al español de Behind the Hill escrita por el historiador y estratega británico Lidell Hart, radica en la visión concreta de aspectos sociales, políticos, estratégicos, militares y de corte nacionalista aplicados por Hitler y sus tropas, como se infiere de algunos de los siguientes párrafos, extractados de un escrito destinado a convertirse patrimonio de la historia militar universal:

En el presente libro lo que yo hago es ordenar y presentar en una forma inteligible para el público, una parte del material esencial para escribir la historia. Nada es tan importante en la preparación de la escritura de la historia de una Gran Guerra, como el reunir los datos del lado opuesto, ya que el observar la lucha solamente desde un "lado de la colina", encamina a producir un punto de vista que no es solamente incompleto sino también falseado.

Esta lección ha tenido un gran efecto sobre mi criterio en el curso de mis anteriores investigaciones sobre la Historia de la Primera Guerra Mundial. Para hablar solamente del campo militar, he encontrado que de

lo que se escribe sobre las campañas o batallas se acerca a la verdad, a menos de que se escriban con el pleno conocimiento de las intenciones del enemigo, decisiones, medios y movimientos.

Así es que cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, me precipité para tener la oportunidad de explorar el “otro lado de la colina” por medio de la interrogación personal de los líderes militares alemanes, mientras que su memoria acerca de los hechos estuviera todavía fresca, y antes de que sus impresiones estuvieran afectadas por el conocimiento de las tendencias de la posguerra.

Por las anteriores razones este es un libro que no puede faltar en la biblioteca personal de sociólogos, historiadores, estrategas militares, líderes de grupos laborales, empresarios, estadistas, dirigentes políticos, líderes comunales y en general de toda persona con cualidades y deseos de emprender actividades novedosas, pues de todas las formas de liderazgo humano siempre quedan enseñanzas positivas y negativas, que inducen a la persona con mentalidad proactiva, a desechar lo inconveniente y captar lo enriquecedor.

Sin duda quien lea esta obra, tendrá una visión más clara y amplia acerca de las razones de la Segunda Guerra Mundial, la visión geopolítica nazi, la extraña personalidad de Hitler, la grandeza del pueblo alemán y desde luego de las consecuencias que padecen los pueblos o las comunidades humanas, como consecuencia de las decisiones erróneas de sus dirigentes.

Publicado:
Mar 31, 2018
ISBN:
9781370820238
Formato:
Libro

Sobre el autor

Liddell Hart fue un historiador militar, escritor y periodista británico, destacado por sus aportes investigativos en el campo teórico del uso militar en la guerra, en el sector específico de la maniobra con tanques de caballería y vehículos blindados de infantería conocida en esa época como la Guerra acorazada de los años 1920 y 1930, cuando el Arma Blindada era todavía una novedad en los campos de batalla.Sus estudios analíticos sirvieron como base a la doctrina militar de combate terrestre de Alemania conocida como Reichswehr y la Wehrmacht así como de la doctrina de la blitzkrieg que permitió al Tercer Reich alcanzar la superioridad táctica durante las primeras fases de la Segunda Guerra Mundial en Europa.


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Los Generales Alemanes Hablan

Revelaciones de la ambición geopolítica y militar de Adolfo Hitler

Capitán (UK) Lidell J. Hart

Los generales alemanes hablan

Revelaciones de la ambición geopolítica y militar de Adolfo Hitler

© Capitán Lidell J. Hart

Primera Edición

Imprenta del Ejército

Bogotá D.C 1964

Reimpresión

© Ediciones LAVP

www.luisvillamarin.com

Tel 9082624010

New York City USA

Abril de 2018

ISBN: 9781370820238

Smashwords Inc

Sin autorización escrita del editor, no se podrá reimprimir ni reproducir ni total ni parcialmente esta obra, por ningún medio magnético, fílmico, electrónico, de audio, de video, escrito o reprográfico. Todos los derechos reservados. Hecho el depósito de ley.

INDICE

Prefacio para la presente edición

Los generales de Hitler

El cisma suicida

El molde de Von Seeckt

La era Von Blomberg-Von Fritsch

La era de Brauchitsch—Halder

Guderian: creador de la victoria prematura

Soldado en el sol: Rommel

Soldados en la sombra

El viejo guardia Rundstedt

Preliminares de la guerra

El surgimiento de Hitler

El desarrollo de las fuerzas blindadas

A través de los ojos alemanes

Cómo Hitler derrotó a Francia — Salvando a la Gran Bretaña

La orden de hacer alto ante Dunquerque

El final en Francia y la primera frustración

Explosión en el Mediterráneo

La invasión de Hitler a Rusia

De cómo la invasión no alcanzo a llegar a Moscú

Frustración en el Cáucaso y en Stalingrado

Después de Stalingrado

El ejército rojo

La invasión aliada en Italia

Parálisis en Normandía

El complot contra Hitler visto por el cuartel general de occidente

La última apuesta de Hitler

Cómo veía un general joven a Hitler

Conclusiones

Tabla del alto mando alemán

PREFACIO PARA LA SEGUNDA EDICIÓN

La edición original de este libro estaba compuesta con las notas que reuní acerca de las conversaciones con los generales alemanes hace cinco años, poco después de que fueron capturados. Desde entonces he reunido una gran cantidad de material fresco, mucho de éste proviene de los generales a quienes no tuve oportunidad de entrevistar durante 1945, mientras que al mismo tiempo, he podido comparar esas notas con los records documentales. El presente libro está revisado y aumentado.

Aunque en las partes 2a. y 3a., se transcriben los datos proporcionados por los generales, con sus propias palabras, la mayor parte de los capítulos han sido aumentados y revisados; al mismo tiempo se han agregado tres nuevos capítulos en la primera parte, lo cual es mi propio resumen de los acontecimientos y personalidades; la revisión fue hecha en menor escala, pero se ha aumentado un capítulo sobre Guderian, el comandante subordinado que insubordinadamente fue responsable del resultado de la azarosa victoria alemana de 1940.

Aún en esta ampliada edición de este libro, no es, sin embargo, un esfuerzo de escribir una historia. Es todavía muy prematuro para hacer la compilación de la Historia de la Segunda Guerra Mundial, se debe esperar hasta que las pruebas estén más completas.

En el presente libro lo que yo hago es ordenar y presentar en una forma inteligible para el público, una parte del material esencial para escribir la historia. Nada es tan importante en la preparación de la escritura de la historia de una Gran Guerra, como el reunir los datos del lado opuesto, ya que el observar la lucha solamente desde un lado de la colina, encamina a producir un punto de vista que no es solamente incompleto sino también falseado.

Esta lección ha tenido un gran efecto sobre mi criterio en el curso de mis anteriores investigaciones sobre la Historia de la Primera Guerra Mundial. Para hablar solamente del campo militar, he encontrado que de lo que se escribe sobre las campañas o batallas se acerca a la verdad, a menos de que se escriban con el pleno conocimiento de las intenciones del enemigo, decisiones, medios y movimientos.

Así es que cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, me precipité para tener la oportunidad de explorar el otro lado de la colina por medio de la interrogación personal de los líderes militares alemanes, mientras que su memoria acerca de los hechos estuviera todavía fresca, y antes de que sus impresiones estuvieran afectadas por el conocimiento de las tendencias de la posguerra.

Es de dudarse que los líderes alemanes lleguen a publicar sus propias memorias y narraciones, como ya muchos de los aliados lo han hecho. En el caso de los anteriores, esa publicación de sus memorias estuvo demorada y algunas de éstas continúan demorándose, como consecuencia de las penas de prisión de la posguerra así como por otras restricciones a la libertad. Desde el punto de vista del historiador, una demora o, en realidad, cualquier demora en la publicación del material histórico, es lamentable. Por otro lado, debe ser reconocido que los escritores de autobiografías están usualmente más interesados en los intereses al servido de su propia reputación que para el servicio de la historia.

Nada conduce tan fácilmente a conclusiones erróneas como la forma, cuidadosamente adaptada, de poner los hechos propios tanto de estadistas como generales de cualquier país—, cuando compilan sus propios hechos durante su época. Existe una mejor oportunidad para alcanzar la verdad por medio del proceso de investigación, combinado con la exploración progresiva proveniente de otras fuentes para así corroborar los hechos. Este libro, presenta la concentrada esencia del producto, tan objetivamente cómo es posible, por medio de la reunión de un justo ejemplo de sus réplicas acerca de diferentes asuntos.

El haber presentado el material en crudo a través de una interminable serie de preguntas y respuestas, no solamente llenaría algunos gruesos volúmenes, sino que confundiría al lector y en su mayor parte debido a que al probar la verdad, la mejor manera de penetrar a una defensa es por medio de la variación del método de acercamiento, como lo sabe cualquier experimentado investigador, cuando pregunta de una manera frecuentemente inconsecutiva e indirecta, de este modo es más fácil obtener los hechos, que de otra manera permanecerían ocultos. Y así, de una manera muy justa, estoy encaminado a decir que los testigos salieron muy

bien de esta prueba, en lo que se refiere a la confrontación de cientos preguntas, tanto que miraron que yo modificara en gran parte mis puntos de vista los cuales ya había empezado, especialmente en lo que se refiere a los datos aportados por los documentos capturados.

La exactitud y honestidad de sus datos variaba individualmente, como sucede con los individuos de cualquier parte. Pero en mi experiencia en la investigación de los acontecimientos he encontrado que los alemanes tienden a ser más objetivos que la mayor parte de la gente cuando se hallan discutiendo asuntos de carácter profesional, tales como el curso de las operaciones militares, lo que constituye el principal objeto de mis investigaciones.

Lo que es más, muchos de ellos tienen la pasión de la precisión de los hechos, aunque sus conclusiones se asemejan a la espuma de la cerveza. Esa pasión por la precisión de los hechos, así como para recordar las cosas en detalle, condujo al descubrimiento de muchos de ellos que estaban conectados con el complot de 1944 en contra de Hitler, con las consecuencias de todos conocidas. Pero desde el punto de vista histórico esto es significativamente una gran obtención.

Al mismo tiempo tuve cuidado, siempre que fue posible, de corroborar por medio de otras fuentes, los hechos y contestaciones dadas en particular por cualquiera de los generales a quienes me encontraba entrevistando.

La mayoría de las declaraciones transcritas en este libro fueron submitidas a ciertas referencias y las excepciones están indicadas en el texto, particularmente cuando existía cierta divergencia en los datos.

Naturalmente, los generales tendían a excusarse por su parte acerca de las agresiones de Hitler pero no porque no hubiera razón. En este aspecto contaba con ciertos conocimientos de la preguerra los cuales eran más amplios que los de los prosecutores de Núremberg, y por lo tanto era de mi conocimiento la falacia de algunas de sus suposiciones antes de que empezara a hacer mis investigaciones de posguerra.

Durante el período entre las dos guerras, mi trabajo como corresponsal militar me obligaba a mantenerme alerta sobre los acontecimientos en Europa, y siempre me encaminé a mantenerme en contacto con las tendencias alemanas. Esa tarea fue facilitada directa e indirectamente, por la extensión hasta la cual mis libros militares eran leídos en Alemania, y algunos de los más sobresalientes soldados los traducían por su cuenta.

Las advertencias que hice acerca de la amenaza Nazi, y la enfática línea que adopté para oponerme a la política de apaciguamiento, son conocidas para la mayoría de la gente que siguió de cerca lo que yo escribí durante la época de la pre-guerra.

Señalé los signos ominosos, aun antes de que Hitler llegara al poder. Al mismo tiempo me fue evidente que el Estado Mayor General Alemán tenía muy poca influencia sobre Hitler, en comparación con la que había ejercido en los tiempos del Káiser, y de que tendía a ser un freno para los planes agresores de Hitler y no un impulso.

Este hecho ha sido plenamente confirmado por los documentos de los archivos capturados. Y todavía más claro a través del diario de Goebbels, lo cual es la denuncia amarga de los generales acerca de su persistente oposición a Hitler y al credo Nazi.

Es tiempo de tener un conocimiento más profundo del dilema paralizante en el cual estos fueron colocados, como patriotas ansiosos de la preservación de su país, entre las demandas Aliadas de RENDICIÓN INCONDICIONAL y el magnetizante poder que Hitler ejercía sobre sus tropas, reforzado por el sistema policiaco y de espionaje del tirano. En mi libro he criticado el ojo ciego, pero dudo mucho que los generales de otros países, en circunstancias similares, hubieran podido hacer más para derrocar a un régimen como aquél.

Lo que es todavía más notable que la misma sumisión de los generales hacia Hitler, fue la extensión hasta la cual se las arreglaron para mantener dentro del ejército un código de decencia que siempre estaba en constante conflicto con las ideas nazis. Muchos de nuestros propios soldados que han sido prisioneros de guerra han tenido testimonio acerca de esto.

Aún más, al visitar Francia, Bélgica y Holanda desde que terminó la guerra, me han dicho cándidamente, algunos no adeptos al régimen Nazi, que la actitud de los generales del EJERCITO ALEMÁN de ocupación, distinto de la S. S., era mejor que la de los Ejércitos Aliados que llegaron a libertarlos. Por esa razón debe darse debido crédito a los generales, y a Von Rundstedt en particular.

En donde los generales alemanes pueden ser justificadamente criticados es por la forma en que acercaban sus mentes a los excesos de los nazis, y por su falta de valor moral, con algunas excepciones, para protestar en contra de las cosas que ellos mismos no hubieran hecho. Sin embargo, es claro que de cualquier estudio que se haga de las brutales órdenes dadas por Hitler, la escala de atrocidades, y el sufrimiento de los países ocupados, hubiera sido mucho peor si las devastadoras intenciones no hubieran sido tácitamente echadas a un lodo o cuando menos modificadas por los comandantes militares.

El valor moral para protestar no es una característica común en ningún ejército. Conocí numerosos generales en el lado aliado quienes en una forma privada deploraban la inhumanidad de la política de bombardeo de los aliados —cuando que ésta estaba encaminada primordialmente, a aterrorizar a la población civil—, sin embargo, no sé de alguien que se haya aventurado a hacer pública u oficialmente su protesta en ese sentido. En cambio voltean el ojo ciego hacia otros ejemplos de barbarismo de parte de las fuerzas aliadas. Pero no corren el riesgo personal de hacer una protesta como sucedía con los generales alemanes por no correr el riesgo de perjudicar las perspectivas de su carrera.

Wolverton Park Buckighamshire Junio de 1950

Parte I

LOS GENERALES DE HITLER

CAPITULO I

EL CISMA SUICIDA

Todas las cosas en la guerra parecen diferentes en la época en que están sucediendo de lo que parecen a la clara luz de los hechos después de la guerra. Nada parece más diferente que la forma de los líderes. La figura que el público se forma de ellos no es una figura irreal mientras suceden los acontecimientos, pero cambia al cambiar la marea de los éxitos.

Antes de la guerra, y todavía más, durante la conquista de Occidente, Hitler llegó a aparecer como una fisura gigante, que combinaba la estrategia de Napoleón con la perfidia de un Maquiavelo y el fervor fanático de un mahometano.

Después de su primer tropiezo en Rusia, su figura empezó a encogerse, y para el final se le consideraba como un desatinado principiante en el campo militar, cuyas alocadas órdenes e ignorancia crasa había sido el mayor elemento de éxito que los aliados habían obtenido. Todos los desastres del Ejército Alemán fueron atribuidos a Hitler; y todos su« éxitos fueron acreditados al Estado Mayor General.

Ese punto de vista no es correcto, aunque hay algo de verdad en ello. Hitler estuvo muy lejos de ser un estratega estúpido. Más bien dicho, fue uno y muy brillante, v adoleció de las faltas naturales que siempre acompañarán a la brillantez.

Tenía un profundo v sutil sentido de la sorpresa, y era un maestro en el aspecto psicológico de la estrategia, el cual desarrolló grandemente. Mucho antes de la guerra había descrito a sus asociados cómo iba a ser ejecutada la captura de Noruega, v cómo podían ser maniobrados los franceses fuera de la Línea Maginot. También se había visto mejor que ningún otro general, cómo las conquistas sin derramamiento de sangre, las cuales precedieron a la guerra, podían sor obtenidas minando de antemano la resistencia.

Ningún estratega de la historia ha sido más sagaz al jugar con las mentes de sus oponentes, lo cual es el supremo arte de la estrategia.

Fue en esto donde él siempre probó estar en lo cierto, al contrario de las opiniones de sus consejeros profesionales, los cuales le ayudaron a ganar influencia a sus expensas. Esos resultados debilitaron sus argumentos en situaciones posteriores las cuales ellos habían previsto de una manera más correcta. Ya que en la campaña de Rusia sus defectos vinieron a ser más patentes que ni sus mismas dotes, y el balance del debe se acumulaba hasta el grado de provocar una bancarrota.

Aun así, se tiene que recordar que a Napoleón, que fue un estratega profesional, se le habían ido a la cabeza sus éxitos y cometió los mismos errores en el mismo lugar.

Aquí la peor falta de Hitler fue la forma en que él rehusó cortar sus pérdidas, en lugar de hacer presión para atacar cuando las oportunidades del éxito se estaban desvaneciendo. Pero esa también había sido la mismísima falta que había sido más conspicua en Foch y Haig, los comandantes aliados en la primera guerra así como de Hindenburg y Ludendorff, que entonces tenían el mando supremo de Alemania.

Todos ellos habían sido soldados profesionales. Hitler contribuyó en mucho para precipitar el colapso del Ejército Alemán en Francia debido a su renuencia para aprobar una retirada a tiempo. Pero aquí nuevamente, su actitud fue exactamente la misma de Foch.

La vital diferencia fue, que en 1918 no obedecían a Foch más de lo que se consideraba prudente, mientras que en 1944-45 los generales alemanes tenían miedo de desobedecer las órdenes de Hitler.

Es la causa de ese miedo, y el conflicto interno en el Alto Mando, lo que tenemos que probar para encontrar la explicación real del porqué se frustraron los planes alemanes. La intuición estratégica de Hitler, y el cálculo estratégico del Estado Mayor General pudieron haber sido una combinación que pudo haber conquistado todo. En su lugar produjeron un cisma suicida que vino a ser la salvación de sus enemigos.

Los generales de la vieja escuela, producto del sistema del Estado Mayor General, habían sido los principales ejecutantes de la alemana a través de toda la guerra, pero en los días de su parte no había recibido completo reconocimiento. Después de que la marea se volteó, éstos llenaron una creciente parte en el panorama público, y vinieron a ser considerados por los pueblos do los aliados como los elementos realmente formidables del lado opuesto. Durante el último año el reflector estaba enfocado sobre Rundstedt, su representante más caracterizado. La pregunta constante llegó a ser: no lo que Hitler haría, sino lo que Rundstedt llevaría a cabo tanto en el terreno militar como en el aspecto político, para restar poder a los Nazis.

Los generales alemanes habían estado considerados como un cuerpo do tejido tupido, y casi con una misma mente tanto como para ser capaces de esgrimir un tremendo poder político. Esa impresión se tomó en cuenta por la persistente expectación de parte de los aliados de que los generales derrocarían a Hitler, una expectación que nunca fue cumplida.

También es de tomarse en cuenta, por la convicción popular, de que ellos representaban una gran amenaza casi tan fuerte como la del mismo Hitler, y se distribuían la responsabilidad de la agresión germana.

Ese panorama era verdadero en lo que se refiere a la Primera Guerra Mundial, pero estaba pasado de moda en la última guerra. Los generales alemanes tuvieron muy poca influencia al principio de la Segunda Guerra Mundial, con excepción de que fueron un freno ineficaz.

Una vez que la guerra había empezado, su eficiencia ejecutiva contribuyó en gran parte a los éxitos de Hitler, pero lo que ellos obtuvieron estaba opacado por el triunfo de aquél. Cuando empezaron a tener más importancia a los ojos del mundo exterior, fue cuando la estrella de Hitler empezó a palidecer, y éstos habían venido a ser más importantes dentro de su propio país.

Esto se debió a una combinación de factores. Permaneciendo en un orden conservador y tradicional, lo cual tenía excitada a una generación desenvuelta en el espíritu revolucionario y de fanatismo en el Nacional Socialismo, ellos no podían tomar en cuenta la lealtad de sus propias tropas acerca de cualquier movimiento contra el régimen y especialmente en contra de su inspiradora fe, el Führer.

Estaban obstaculizados por la forma en que se habían aislado ellos mismos de los asuntos públicos y por la forma en que Hitler los había aislado astutamente de las fuentes de conocimientos. Otro de los factores, fue su disciplina fuertemente inculcada y el profundo sentimiento de la importancia del juramento de lealtad el cual habían prometido al Jefe del Estado.

Ridículo como podía parecer, si tomamos en cuenta el que él mismo no cumplía sus promesas, era un sentimiento genuino de parte de ellos

y el más honroso de los factores que los obstaculizaba. Pero aparejado a esto, muy a menudo persistía un sentido de interés personal, lo cual socavaba su propia lealtad para con el resto de ellos y para con los intereses más preciados de la nación, enfrente de la amenaza común.

El juego de las ambiciones personales y la fricción de los intereses personales constituían una fatal debilidad en su prolongada lucha para mantenerse bien dentro de la esfera militar, así como preservarse a sí mismos de la interferencia exterior. Esta lucha continuó a través de los doce años que transcurrieron desde el surgimiento de Hitler hasta la caída de Alemania.

La primera fase terminó con una ventaja definitiva para los profesionales, la cual fue indirectamente ganada cuando Himmler intervenía en los temores de Hitler, tan efectivamente, hasta el grado de urgirle que efectuara la purga del capitán Roehm y otros de los líderes de los Camisas Pardas. Es completamente claro que Himmler sí trataba de derrocar a Hitler, pero no hay duda de que ellos aspiraban a ocupar un lugar preponderante en el sistema militar. Una vez que éstos fueron asesinados, Hitler dependió más del apoyo de los generales y de este modo se vio obligado a restablecer su propia supremacía en el Ejército.

La segunda fase alcanzó su clímax en enero de 1938 cuando los mismos profesionales fueron sorprendidos por otra de las trampas de Himmler. En 1933 Hitler había designado al general Von Blomberg como el Ministro de la Guerra. El resto de los generales quedaron confundidos debido a la susceptibilidad de éste hacia la influencia de Hitler y después se sorprendieron cuando supieron que ése se iba a casar con una mecanógrafa de su oficina. Eso alineó todavía más sus simpatías.

Pero Hitler dio a este democrático casamiento sus bendiciones favoreciendo este matrimonio. Muy poco después de que éste se efectuó, Himmler llevó a cabo una investigación policíaca para demostrar a Hitler que la novia había sido una prostituta. Entonces Hitler con una furia real o simulada relevó a Blomberg de su cargo.

Himmler continuó esta serie por medio de la invención de otra investigación en la cual se habían fabricado cargos de homosexualidad en contra del general Von Fritsch, Comandante en Jefe del Ejército, quien a su vez fue también removido de su cargo por Hitler y nunca más volvió a ocuparse de él, aunque después se vindicó y salió libre de los cargos. (Una descripción más amplia en el Capítulo III).

Hitler explotó el choque moral que los oficiales de los cuerpos habían sufrido aprovechando la oportunidad para asumir el Mando Supremo de las Fuerzas Armadas Alemanas. Esto facilitó el camino para obtener el último control de la estrategia, mientras que permitía que Himmler reforzara su propia influencia.

La influencia del general Keitel que había debilitado el frente unido formado por los generales para protestar en contra del tratamiento dado a Fritsch, dio como resultado que fuera nombrado para suceder a Blomberg, pero con menos poder que éste y por lo tanto quedaba en una posición subordinada a Hitler.

Un soldado de más reputación, el general Von Brauchitsch, que no pertenecía ni al grupo reaccionario ni a la escuela Nazi, fue nombrado Jefe del Ejército. Por medio de este sagaz paso Hitler logró aplacar al Ejército, mientras se aseguraba de tener un comandante ejecutivo que sería más fácil de manejar que el mismo Fritsch.

Sin embargo, Brauchitsch, llevó a cabo una campaña defensiva en favor de los profesionales cosa que había resultado más de lo que todos esperaban. También logró disminuir el paso acelerado dela política exterior Nazi, advirtiendo al Ejército Alemán de que éste no estaba todavía preparado para la guerra y que Hitler no debía hacer presión sobre sus movimientos agresores tanto como para producir una guerra.

Fue apoyado en sus protestas por el Jefe el Estado mayor general, general Ludwig Beck, quien se declaró en una condenación abierta contra la política agresora de Hitler, originando con esto que fuera destituido. Aun entonces, Brauchitsch y Halder, sucesor éste último de Beck, se interpusieron cuando Hitler parecía que iba a proceder hasta los extremos con Checoeslovaquia, pero el terreno fue cortado más abajo de sus pies cuando los gobiernos británico y francés aceptaron la amenaza de guerra de Hitler.

Con el prestigio que logró con la campaña sin derramamiento de sangre, conquistando Checoeslovaquia, Hitler quedó virtualmente Capacitado para lanzarse sobre Polonia. En este caso los generales fueron un obstáculo muy débil y no convencieron a Hitler de que el riesgo de una guerra como aquella no se debía correr a menos que se asegurara la neutralidad de Rusia. Por otro lado, una vez que llevó esto a cabo estaba posibilitado para persuadir a la mayoría de los generales de que Inglaterra y Francia no intervendrían y que el golpe sobre Polonia no encerraría un riesgo mayor que envolviera Alemania en una guerra mayor.

Una nueva fricción suscitada entre Hitler y sus generales cuando después de la conquista de Polonia, encontraron que él intentaba precipitarse hacia un conflicto, mayor al que ellos temían, por medio de una ofensiva en el occidente. Además de los riesgos a largo plazo, ellos no creyeron que ni siquiera fuera posible derrotar a Francia.

Pero una vez más, sus protestas fueron acalladas, y el siguiente intento de derrocar a Hitler se perdió en la nada. Sería injusto culparlos por su inefectividad en esta etapa ya que era claro de que tenían razón para dudar de que sus tropas los seguirían en una aventura de derrocar a Hitler, y tenían además una natural repugnancia a hacerse aparecer como traidores ante su país cuando se encontraban en situación de guerra.

La invasión de Francia fue ordenada por Hitler a pesar de sus dudas. Su éxito se debió en parte a las nuevas tácticas y armas las cuales él había creado cuando los generales de la vieja escuela se manifestaban conservadoramente escépticos; en parte también debido a un plan audaz, sugerido por un subalterno el cual había sido forzado sobre ellos para que lo ejecutaran; en parte por los desatinos cometidos por sus colegas los franceses, aunque este factor no había sido tomado en cuenta.

Sin embargo, su habilidad ejecutiva fue un factor primordial en la conquista efectuada por Hitler en Francia mientras que fue a causa de su extraña y repentina vacilación, por lo que los rápidos frutos, de cortar a través del Canal, no maduraron.

Pero la gran contribución de los generales a la victoria resultó irónicamente ser una debilitación posterior de su propia posición. Fue Hitler quien llenó los ojos del mundo después de ese triunfo, y los laureles ciñeron su frente y no la de los generales. Tuvo buen cuidado de coronarse él mismo. En su mente también se convenció a sí mismo que era él el más grande de los estrategas, y por lo tanto, intervino desde entonces, con más persistencia en la esfera de actividad de los generales, a la vez que tenía las menores intenciones de escuchar ningún argumento que viniera de parte de ellos y que fuera contrario a sus deseos.

La mayor parte de ellos estaban temerosos cuando descubrieron que estaba pensando invadir Rusia. Pero como ocurre con muchos especialistas al encontrarse fuera de su esfera, estaban amordazados por el desconocimiento, y así Hitler se hallaba capacitado para demostrar lo contrario de sus dudas acerca de la aventura de Rusia, con la ayuda por otra parte de

la información política planeada para convencerlos acerca de la necesi -

dad de ello, y también que la debilidad interna de Rusia afectaría su propio poderío militar.

Aunque las primeras etapas de la guerra con Rusia trajeron grandes victorias, éstas nunca alcanzaron la importancia de las victorias decisivas, en parte porque la resistencia rusa no había sido bien calculada y, en parte también en la divergencia de opiniones en el mando alemán, acerca de los objetivos. Cuando se acercó el invierno, la prudencia aconsejaba un alto, pero Moscú se veía tan cerca que ni Hitler ni sus generales pudieron resistir la tentación de lanzarse contra ella.

El ataque fue lanzado a toda costa, aunque las oportunidades se estaban desvaneciendo. Terminando en un revés que por poco resulta fatal.

Sin embargo, Hitler se las arregló para acomodar el fracaso y sacar tajadas en su favor. Porque Brauchitsch que se encontraba enfermo solicitó ser relevado, y el mismo Hitler ocupó el puesto de Comandante en Jefe del Ejército. Esa medida no sólo aumentó su propio poder, sino que astutamente volteó la opinión pública contra la falla de los generales, ya que la salida de Brauchitsch fue anunciada de tal manera que la hacía aparecer como que era costumbre la de remover a los comandantes que fallaban en alguna campaña.

Con tal motivo Hitler mataba dos pájaros de un solo tiro. Ya en el resto de la guerra, Hitler se encontraba capacitado para hacer a un lado los puntos de vista de los generales acerca de la política, y hasta pasaba por encima de su propio criterio en el aspecto militar. Si alguno de ellos hacía una protesta, siempre hallaba otro que se encontrara ansioso de ocupar la vacante, así como listo para expresar su fe en el ataque continuado como la mayoría de los soldados lo sienten por instinto, inclinándose siempre a seguir esa política.

Al mismo tiempo la Waffen S. S., estaba siendo reforzada a expensas del propio Ejército, entre tanto que espías nazis habían sido colocados en los cuarteles generales para vigilar a los comandantes. La posibilidad de éxito de una revuelta de los generales disminuyó progresivamente. Todo lo que podían hacer era sacar el mejor partido de sus propias órdenes o hacer lo peor de ellas. Ya que había razón para sospechar que algunos de los generales estaban siempre dispuestos a ejecutar órdenes que ellos consideraban desesperadamente imprudentes, simplemente con la forma de sabotear los designios de Hitler, así como para apresurar el final de la guerra.

CAPITULO II

EL MOLDE DE VON SEECKT

El general alemán que más influencia primordial había tenido sobre la primera Guerra Mundial había muerto un año antes de que ésta empezara y se había retirado siete años antes de ésta. Fue Alfred von Schlieffen quien había venido desde Mecklenburg lugar en la costa del Báltico. Fue él quien diseñó el plan maestro para la invasión de Francia, preparó los abrelatas para perforar la barrera de la fortaleza, y entrenó al Estado Mayor para manejar éste.

El plan abarcaba la violación de la neutralidad de Bélgica en beneficio del flanqueamiento de Francia y, por lo tanto, llevando a la guerra a la Gran Bretaña. Aunque su ejecución fue estropeada por el sucesor de Schlieffen, éste llegó a acercarse peligrosamente a la obtención de la victoria en el lapso de un mes. El general alemán que había tenido más influencia primordial sobre la Segunda Guerra Mundial, murió tres años antes de que ésta empezara y se había retirado diez años antes.

Fue Hans von Seeckt quien había venido de Schleswig Holstein la tierra entre Mecklenburg y Dinamarca. Fue el quien contribuyó a la reconstrucción del Ejército Alemán después de haber terminado la primera guerra, poniendo los cimientos sobre los que pudiera edificarse una mayor estructura. Sus planes tuvieron que ser preparados y ejecutados bajo las extremadamente obstaculizantes condiciones de los tratados de paz impuestos por los victoriosos, éstos estaban hechos para frustrar cualquier rehabilitación del Ejército Alemán.

Esas restricciones hicieron que la efectividad de rendimiento fuera de gran significado. Los éxitos de la Wermacht, especialmente en la fase inicial en que obtuvieron sus grandes victorias, se deben en gran parte a la forma en que Seeckt había modelado a la Reichswehr.

Ningún intento de valuación de los generales de Hitler durante la Segunda Guerra Mundial puede tener un valor adecuado a me-nos que se valúe primero la influencia de Seeckt ya que es de gran importancia para el futuro el período de reconstrucción del Ejército Alemán.

Habiéndolo tratado hasta el final, los líderes militares quienes se elevaron a la fama durante 1939-45, pueden ser correspondientemente condenados. Ya que aquí contamos con antecedentes comunes a todos, y se puede ver el molde en el cual su doctrina fue formada. Naturalmente que existieron diferencias en su interpretación, pero éstas fueron menos importantes que los amplios cimientos sobre los cuales se había construido durante los días en que el Estado Mayor General, obstaculizado por el Tratado de Versalles, estaba trabajando a hurtadillas.

En la guerra de 1914-18, Seeckt, entonces teniente coronel, había empezado como Jefe del Estado Mayor de un cuerpo en el Primer Ejército de Kluck y, por lo tanto, tuvo contacto cercano con las causas sobre las cuales un plan maestro había fallado en la ejecución, y la victoria decisiva fue perdida cuando ésta parecía estar a la vista.

Un año más tarde, Seeckt estableció su propia característica en 1915, y se reveló como la mente más clara que guió a un osado general Húsar, el mariscal de campo von Mackensen, en la mortal ruptura de Borlice en Galicia la cual dividió a los ejércitos rusos con un golpe del cual nunca se pudieron recuperar completamente.

Fue aquí donde Seeckt introdujo el método de ataque que contenía los gérmenes de las tácticas modernas de infiltración lanzando las reservas hacía un punto débil, y penetrando tan profundamente como fuera posible, en lugar de hacer lo que se hacía antiguamente por medio del método de tratar de avanzar uniformemente y empleando las reservas para romper los puntos más fuertes.

Seeckt, no sólo imprimió su característica sino que también su nombre. Pues el oculto cerebro que se hallaba detrás de Mackensen, llegó a ser conocido más y más hasta él grado que se extendió un dicho en todo el Ejército Alemán: donde se halla Mackensen se halla Seeckt; donde se halla Seeckt se halla la victoria.

Este continuó jugando un papel importante en la campaña oriental, pero fue en contra de la fortuna que se hubiera hallado fuera del círculo de Hindenburg y Ludendorff y no tener popularidad en dicho círculo porque éste adquirió el supremo control sobre el Ejército Alemán desde 1916 hasta que la guerra terminó. Sin embargo, eso fue lo que salvó su reputación y de que éste fuera inmiscuido en el colapso final en el Occidente, pasando a ser consejero de la delegación Alemana en la Conferencia de Paz.

A partir de ese momento fue natural que su próximo paso sería ser Comandante en Jefe de la Reichswehr, el pequeño ejército de 100.000 oficiales y tropa al cual Alemania fue restringida de acuerdo con los términos de la paz. Y era aún más natural que se hubiera dedicado a la tarea de aumentar estas facilidades y preparar el camino para que Alemania volviera a recuperar su poderío militar como cualquier soldado de cualquier país lo hubiera hecho bajo circunstancias similares.

Como una guía, contaba con el ejemplo de cómo Scharnhorst se las había arreglado para evadir el desarme del Ejército Prusiano que Francia le había impuesto después de 1806, y había construido un ejército camuflado el cual hizo cambiar la suerte de Napoleón, siete años más tarde.

Pero Seeckt y sus alumnos en cierta forma mejoraron el proceso de Scharnhorst bajo condiciones más difíciles. El primer obstáculo que Seeckt tuvo que vencer, fue la falta de confianza de los líderes de la nueva República hacia la casta militar que había tratado a los civiles con desdén, y entonces habían guiado a la nación hacia una derrota demoledora. Aquí Seeckt fue ayudado por la influencia de sus refinadas maneras y tacto diplomático así como por la aparente comprensión de los problemas civiles que recaían sobre los hombres, los que estaban acostumbrados a las dominantes brusquedades de Hindenburg y Ludendorff.

Seeckt era el agradable contraste de los torvos generales Prusianos, de los cuales tenían amargas experiencias. Su elegancia, intereses artísticos y conocimientos del mundo, agregaban un sabor sutil a su reservada personalidad lo que le valió el mote de la Esfinge. Mientras que cierta actitud cínica y comentarios irónicos, habían sido desaprobados en los altos círculos militares, éstos agradaban a los políticos como una prueba evidente de su ausencia de fanatismo, y la certeza de que él ablandaba la eficiencia militar con la moderación en el militarismo.

Seeckt mantuvo al ejército en general al margen de la política, y bajo su aparente lealtad al nuevo régimen republicano durante épocas difíciles, estaba mejor capacitado para encubrir sus proyectos de desarrollo militar, así como las semiocultas actividades políticas a las cuales numerosos oficiales de la vieja escuela se dedicaban.

Hasta donde los intereses creados buenamente lo permitían, él se aseguró de que el núcleo de la nueva Reichswehr debía estar representada en su mayoría por oficiales y clases que hubieran pasado la prueba de la guerra. Sus intenciones eran las de hacer de esta pequeña fuerza de 4.000 oficiales y 96.000 de tropa, un cuerpo seleccionado de instructores calificados, capaz de servir como el armazón para una rápida expansión cuando ésta fuera posible. Su entrenamiento fue desarrollado con toda rapidez y sobre líneas diferentes de modo que llegaran a ser más intensamente profesionales en espíritu y en habilidad, que lo que había sido el ejército limitado del pasado.

El suplemento este esqueleto con una variedad de proyectos, formados a hurtadillas, por medio de los cuales los oficiales podían obtener mayor experiencia de la que pudiera ser obtenida en un ejército obligatoriamente privado de las grandes armas modernas, y por medio del cual los ex-oficiales no se enmohecieran. Muchos oficiales de Estado Mayor y técnicos encontraron empleo temporal en Japón, China, los países Sudamericanos, los Estados Bálticos y la Rusia Soviética donde pudieron obtener ciertas experiencias prácticas con tanques.

Otros oficiales obtuvieron experiencias en el vuelo en las líneas aéreas civiles. Una considerable proporción del ejército desmovilizado fue capacitado para que obtuviera un continuado entrenamiento militar en las organizaciones no oficiales que se habían formado dentro de Alemania, y muchos subterfugios fueron empleados para preservar armas extras para su entrenamiento.

Este ardid fue el testimonio de la ingeniosidad del astuto soldado y de sus asistentes para evadir una red de restricciones. Existía también una constante preocupación para los oficiales aliados responsables de la observación de que se estuvieran cumpliendo los tratados de la paz. Pero es un error de carácter histórico el exagerar su importancia en hacer posible las renovadas explosiones agresoras de Alemania.

El efecto total fue muy ligero, comparado con el peso que Alemania tenía que alcanzar antes de que ésta se convirtiera nuevamente en un serio peligro. La cantidad de los progresos materiales que realmente le habían importado, fueron obtenidos hasta después de que Hitler alcanzó el poder en 1933 lanzándose al rearme en gran escala sin que los antiguos aliados hubieran intentado interferir.

La obtención real de Seeckt fue el empezar un movimiento de ideas que revitalizaron al Ejército Alemán, convirtiéndolo en una nueva línea de progreso y capacitándolo para adquirir una superioridad cualitativa y la recuperación cuantitativa que la inercia de los victoriosos les permitió ejecutar.

Le dio a la Reichswehr el evangelio de la movilidad, basado en la visión de que un Ejército de rápidos movimientos y de rápidos ataques compuesto de tropas escogidas, bajo las condiciones modernas, podría efectuar envolvimientos alrededor de la masa de un ejército anticuado. Ese punto de vista no abarcaba medidas de corto alcance, debido a la experiencia de Seeckt en el Frente Oriental, donde los amplios espacios habían permitido más amplitud para la maniobra de lo que hubiera sido posible en el Frente Occidental.

Los primeros manuales de posguerra de la Reichswehr enunciaban que: ¡cada acción debe estar basada en la sorpresa! Sin la sorpresa sería difícil obtener grandes resultados. La flexibilidad era otra de las notas clave las reservas sobre todo, deben ser lanzadas para explotar a donde se haya tenido el éxito, aunque si es necesario, efectuado esto, cambiar el centro de gravedad original para promover dicha flexibilidad, la Reichswehr desarrolló rápidamente los nuevos medios de intercomunicación, concentrando una gran proporción de su limitado poder a este servicio, en una extensión mayor que la de cualquier otro ejército de la posguerra.

También insistía en que todos los comandantes de todos los grados fueran más rápidamente ascendidos que lo que se acostumbraba, de manera que pudieran mantenerse más al tanto de la batalla, así como ejercer una mayor influencia. En la exaltación de la maniobra estos manuales de posguerra de los alemanes ofrecían un notable contraste con los de los franceses, los cuales llegaban a la conclusión de que: de los dos elementos, fuego y movimiento, el fuego es el preponderante. La doctrina francesa claramente visualizaba la repetición de las tácticas de lento movimiento de 1918, en cualquier guerra futura.

Esa diferencia fue ominosa, pero el punto de vista de los alemanes no estaba gobernado solamente por la necesidad de sacar el mayor provecho de los obstáculos establecidos por el tratado de la paz. Ya que Seeckt, en el prefacio de su nuevo manual escribió con notable franqueza Este reglamento está basado sobre el poderío, de armamento y equipo del Ejército de una moderna gran potencia militar y no solamente sobre el Ejército Alemán de 100.000 hombres formado de acuerdo con el Tratado de Paz.

La actividad del trabajo de Seeckt terminó en 1926, cuando cometió un error que le obligó a renunciar, seguido a la tormenta política que se desató como consecuencia de su acción, permitiendo que el hijo mayor del Káiser tomara parte en las maniobras del ejército.

Las limitaciones de su perspectiva las cuales habían aparecido mucho más amplias en comparación con las de otros generales, salieron más claramente con la aventura subsecuente en el terreno de la política, como el vocero de las casi maduras ideas del Partido del Pueblo Alemán. Pero la influencia de sus propias ideas militares continuó aumentando.

La visión que tenía del futuro emergió claramente en el libro que escribió al abandonar su puesto Thoughts of a Soldier (1928). Aquí ponía en tela de juicio los voluminosos ejércitos de conscriptos del pasado, sugiriendo que el esfuerzo y el sacrificio era desproporcionado al efecto que surtía, y solamente conducía a una lenta guerra de agotamiento. La masa se vuelve inmóvil; no puede maniobrar y por lo tanto no puede obtener victorias, solamente puede destrozar por el puro peso. Lo que es más, en tiempo de paz, era importante 'limitar en cuanto fuera posible la retención improductiva de la labor masculina en el servicio militar".

La ciencia de la técnica y la habilidad táctica eran las llaves del futuro. Una masa de conscriptos, cuyo entrenamiento ha sido corto y superficial, es 'carne de cañón' en el sentido peor de la palabra, si se enfrenta a un pequeño número de técnicos prácticos en el lado contrario. Esa predicción fue realizada en 1940, cuando un puñado de divisiones Panzer, atacando en combinación con bombarderos de picada, paralizaron y pulverizaron a la débilmente equipada masa de conscriptos del Ejército Francés.

Desde el punto de vista del ejército operativo de Seeckt, éste debía consistir de soldados profesionales sirviendo en largo período de tiempo, y voluntario siempre que fuera posible. La mayoría del potencial humano de una nación sería mejor empleado durante el tiempo de paz en ayudar a expandir la industria requerida para proveer al ejército profesional con un extenso equipo de armas modernas.

El tipo de las armas debe ser fijado con suficiente anticipación, y desarrollar los sistemas convenientes para una rápida producción en masa.

Al mismo tiempo se debía de dar un corto período de entrenamiento obligatorio a todos los jóvenes de edad militar en el país, precedido por un entrenamiento físico de la juventud, lo cual haría menos intenso el entrenamiento militar, mejorando las condiciones físicas y la disciplina mental, ese sistema ayudaría, además a enlazar, al ejército con el pueblo, y a garantizar la unidad nacional.

De esta manera se constituye la masa militar la cual, aunque inadecuada para tomar parte en una guerra de movimiento y buscar la decisión en una batalla formal, está bien capacitada para cumplir las misiones de la defensa doméstica, y al mismo tiempo de sus mejores elementos proporcionar un refuerzo continuo para el ejército combatiente regular en campaña. Fue un reclutamiento de conscriptos de esta clase lo que llenaba el grueso de las divisiones de infantería alemanas en 1940. Estas solamente seguían a las decisivas puntas de lanza blindadas, ocupando las regiones conquistadas.

Más tarde, al mejorar su propio entrenamiento, éstas se encontraban disponibles para expandirse y llenar las vacantes de las fuerzas de ataque en la forma en que Seeckt lo había previsto. En resumen, todo el futuro de la guerra me parece que descansa en el empleo de ejércitos móviles, relativamente pequeños, pero de una más alta calidad, dando un mayor y más efectivo rendimiento por medio de la adición de aviones, y en la simultánea movilización de todas las fuerzas en general, ya sea para efectuar el ataque o bien para la defensa doméstica.

Curiosamente, el libro de Seeckt apenas si tocaba el asunto de los tanques, pero sí tomaba en cuenta el valor de las caballerías, así como el transporte a motor, en las operaciones móviles que él planteaba. Aún de una manera lírica escribió los días de la caballería, si se entrena, equipa y se guía en líneas modernas, no han pasadosus lanzas, todavía pueden ondear sus estandartes con confianza en el viento del futuro.

Se ha sugerido en años posteriores que el descuido de Seeckt en lo que se refiere a la guerra blindada fue insinuada solamente por la discreción política y que la palabra tanque debía ser leída dentro de las frases siempre que usara caballería. Ese punto de vista fue rebatido por la abierta forma por la cual abogaba por la conscripción y la aviación, y que ambas eran prohibidas para Alemania de acuerdo con los tratados de paz.

Pero por todo su dinamismo, Seeckt era un hombre que pertenecía más a su generación que dirigente precursor de la siguiente. Su visión militar era lo suficientemente clara para ver las necesidades de una guerra móvil para los efectos de la ofensiva, pero no alcanzó a ver lo suficientemente lejos para aquilatar que la movilidad blindada era la única forma de hacerla posible. Eso fue delegado a otros, particularmente a Guderian, para desarrollar esa posibilidad y la necesidad agresiva.

El viejo panorama militar de la batalla también coloreaba la visión de Seeckt cuando argüía que el objetivo inmediato del ataque de la fuerza aérea debía ser destruir la fuerza aérea enemiga.

La Luftwaffe hizo eso mismo en Polonia, y en un menor grado en Francia. Pero cuando trató de hacer lo mismo para preparar la invasión de la Gran Bretaña, sufrió pérdidas importantes, por primera vez, al encontrarse con una fuerza aérea fuertemente defensiva.

En las ocasiones más importantes de la guerra y de la vida, su perspectiva estaba recomendada. Con cierta verdad, él entendía que la directa experiencia de los horrores de la guerra hacía a los soldados más cautelosos que a los líderes políticos, para verse envueltos en una guerra, pero se adelantó mucho en tratar de demostrar que ellos eran, en el cabal sentido de la palabra, realmente pacifistas.

Esa característica, apología profesional, familiar en todos los países, no encuentra mucho apoyo en el caso de un país que provoca guerras cuyos archivos no están al alcance para poder ser examinados. Los grandes soldados han fallado en muchas ocasiones al demostrar el pacifismo establecido sobre bases del conocimiento y nacido de un sentido de responsabilidad, lo cual Seeckt clamaba para beneficio de ellos.

Era más bien débil en su argumento de que militarismo y agresión eran solamente frases hechas para llamar la atención del público. Al mismo tiempo era astutamente profético en sus observaciones acerca de que, siempre que la política tuviera miras de adquisición del poder, el estadista muy pronto se encontrará impedido en una forma o en otra, deduciendo de estas suposiciones la amenaza en primer lugar para sus planes, después para el prestigio nacional y finalmente para la existencia del estado mismo y así, considerando a su país como el partido atacado encaminaba a su país a una guerra de defensa.

Un sentido de humanidad y de profecía, campea a través de su irónico comentario acerca de la tendencia moderna psicológica para invertir los juicios morales del pasado. Encuentro muy inconveniente el que ya no pueda considerar a Nerón simplemente como el monstruo imperial que acostumbraba irse a la cama a la luz de un cristiano ardiendo, sino como un sabio, aunque un poco como un peculiar dictador moderno.

¿Estaba insinuando una duda de la nueva moralidad que los hombres como los Nazis estaban empezando a proclamar?

Nuevamente, al enfatizar el valor de la acción hay una significante calificación que se deduce de su epigramático criterio. El intelecto sin la voluntad no vale nada, la voluntad sin intelecto es peligrosa". Existía otra prudente advertencia, también, en otra de sus amplias reflexiones.

La afirmación de que la guerra es la continuación de la política, por otros medios ha venido a ser una frase para llamar la atención y es por lo tanto peligroso. Podemos decir con igual verdad que la guerra es la bancarrota de la política.

Al mismo tiempo el cuidado de Seeckt de mantener su ejército al margen de la política implicaba un riesgo propio. Su actitud de separación profesional, y la perfectamente bien demarcada línea divisoria que marcó entre las esferas políticas y militares, tendía a la renunciación de la influencia restringente potencial del soldado sobre los estadistas aventurados. El profesional que seguía la escuela de Seeckt vino a ser un moderno Poncio Pilatos, lavándose las manos de toda responsabilidad acerca de las órdenes que ejecutaba. La teoría puramente militar trata de los extremos que son difíciles de combinar con la política juiciosa.

Cuando los soldados se concentran en la mira absolutamente militar, y no aprenden a pensar en estrategia de gran altura, se encuentran más aptos para aceptar argumentos políticos que, aunque estos aparezcan correctos en pura estrategia, hagan política más allá de un punto del que sea prudente. Los puntos extremos militares son difíciles de reconciliar con la moderación de la política.

Ese peligro crecerá debido a que la opinión profesional, como está englobada en un Estado Mayor General, nunca se unifica en la práctica como debía hacer en principio. Está dividida por su propia política y ambiciones personales. El mismo Seeckt no solamente recordó el pasado sino que indicó el futuro cuando escribió "Una Historia del Estado Mayor General... sería la historia de un trabajo ciertamente positivo; hablaría de la arrogancia y de la vana aquiescencia, de la vanidad y de la envidia, de todas las debilidades humanas, de la lucha entre el genio y la burocracia, y de las ocultas causas de la victoria y la derrota.

Tomaría el brillo de muchos halos y no le faltaría la tragedia". El Estado Mayor General estaba esencialmente encaminado a formar un substituto colectivo de un genio, el cual ningún ejército podría producir cuando así lo necesitara. Debido a su propia naturaleza, tendía a obstaculizar el crecimiento del genio, siendo una burocracia así como una jerarquía, pero en compensación se encaminaba, a aumentar el standard general de la competencia a un nivel más alto.

La desigualdad de su funcionamiento se debía en menor cantidad a la diferencia del talento individual que a las diferencias fundamentales del interés personal, así como a los puntos de vista personales en conflicto. La probabilidad de promoción tendía a hacer a cualquier general tragarse sus dudas momentáneas, lo suficiente para capacitar a Hitler a que dividiera la solidez de la opinión profesional.

Eso se debe aplicar a todos los ejércitos, pero es notable, particularmente en las dictaduras. Un general recientemente ascendido siempre tiene confianza de que la situación es mejor de lo que le parecía a su antecesor, y de que él puede tener éxito donde aquél fracasó. Tal disposición es una llave poderosa en las manos de cualquier gobernante.

CAPITULO III

LA ERA VON BLOMBERG-VON FRITSCH

Seeckt fue sucedido por Heye, y Heye, cuatro años después por Hammerstein. Ninguno de los dos fue del calibre de Seeckt, pero ambos en general continuaron desarrollando su política. Hammerstein fue profundamente perturbado por el creciente desarrollo del movimiento nazi, encontrando ambos, repugnantes, su credo y su método, y estaba encaminado y dispuesto a partir desde el principio de la separación política de Seeckt hasta el grado de considerar las posibilidades de tomar medidas enérgicas para cortar el acceso de Hitler al poder.

El camino fue cortado más abajo

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Reseñas

Lo que piensa la gente sobre Los generales alemanes hablan Revelaciones de la ambición geopolítica y militar de Adolfo Hitler

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Reseñas de lectores

  • (5/5)
    Fue una experiencia poco común releer este libro después de 60 años que mi padre me lo prestó para leerlo por 1a vez, en esa época poco conocía de la 2a Guerra y ahora después de adquirir mayores conocimientos, me ha parecido fabuloso volver a encontrarme con esos acontecimientos y entenderlos mejor.
  • (5/5)
    Las ideas, pensamientos, reacciones de los generales alemanes, asi como su profundo respeto a su juramento y lealtad a su patria y al ejercito en que sirvieron.