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Correo literario

Correo literario

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Correo literario

Longitud:
198 páginas
2 horas
Editorial:
Publicado:
Mar 19, 2018
ISBN:
9788417281366
Formato:
Libro

Descripción

Szymborska, tan reacia a hablar de su poesía, llevó durante años en la revista Vida literaria lo que podríamos denominar un "consultorio de escritores", en el que entre líneas, y con esa fina ironía presente en toda su obra, podemos entrever su particular concepto de la literatura.
Łubin: "¿Cómo llegar a ser escritor?". La pregunta que nos hace usted es muy delicada. Es como cuando un niño le pregunta a su madre cómo se hacen los niños y la madre le dice que se lo explicará más tarde, que está muy ocupada, y el niño empieza a insistir: "Entonces explícame, aunque sólo sea cómo se hace la cabeza…". A ver, intentemos también nosotros explicar, al menos, la cabeza: pues bien, hay que tener algo de talento"
Editorial:
Publicado:
Mar 19, 2018
ISBN:
9788417281366
Formato:
Libro

Sobre el autor

WISLAWA SZYMBORSKA (1923–2012) was born in Poland and worked as a poetry editor, translator, and columnist. She was awarded the Nobel Prize in Literature in 1996. Her books include Monologue of a Dog, Map: Collected and Last Poems, and Poems New and Collected: 1957–1997.


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Correo literario - Wislawa Szymborska

Wisława Szymborska

Correo literario

o cómo llegar a ser

(o no llegar a ser)

escritor

Traducción de Abel Murcia y

Katarzyna Mołoniewicz

A MODO DE NOTA DE LOS TRADUCTORES

El lector interesado en Wisława Szymborska y que haya leído no solo su poesía, sino también algunas de las entrevistas publicadas, etc., puede haber llegado a la conclusión —por otra parte acertada— de que Szymborska evitaba emitir juicios sobre la literatura. Quizá por eso pueda sorprenderse al encontrarse con esta pequeña recopilación de textos que en el año 2000 viera la luz en Polonia y que ahora, dieciocho años más tarde, llega al lector en lengua española: Correo literario o cómo llegar a ser (o no llegar a ser) escritor. Se trata probablemente de la obra que deja entrever de forma más directa algunas de las ideas sobre la literatura que tenía la Nobel polaca. Sí, es muy posible que junto a las reseñas de Lecturas no obligatorias, Otras lecturas no obligatorias y Más lecturas no obligatorias publicadas en la Editorial Alfabia y reunidas posteriormente en Malpaso en un solo volumen con el título de Prosas reunidas, todas ellas traducidas por Manel Bellmunt Serrano, en Correo literario nos encontremos ante la mayor fuente de información sobre el concepto de literatura de Szymborska. ¿Pero qué es Correo literario? El diálogo, la conversación, la entrevista que abre el volumen y en la que Teresa Walas, gran amiga de Szymborska, catedrática de Literatura Polaca en la Universidad Jaguellónica de Cracovia, habla con nuestra poeta da alguna idea al respecto. Pero es posible que el lector en lengua española necesite algo más de información. A mediados del siglo xx, el 4 de febrero de 1951, aparecía en Polonia, en Cracovia-Katowice, una nueva publicación de carácter literario: el semanario Życie literackie (Vida literaria). Ya en ese primer número la revista recoge un poema de Szymborska, pero será a partir de 1953 cuando esta entre a formar parte del consejo de redacción de la revista (hasta 1981). El 27 de noviembre de 1960, la revista anuncia la aparición de una nueva sección en la que con el título de «Correo literario» aparecerán las respuestas de la redacción a los autores que les envían sus obras. Una de las dos personas que llevaba esa sección era Szymborska. Es una parte de esas respuestas aparecidas a lo largo de casi veintiún años lo que Teresa Walas recoge y publica, concretamente 236, en el año 2000, con el título de Correo literario o cómo llegar a ser (o no llegar a ser) escritor. El libro está dividido en diez partes que giran en torno a unas 20 respuestas cada una (de 19 a 25), excepto la última que recoge 43 contestaciones, de las que varias son una muestra del desbordante sentido del humor y de la ironía de Szymborska que incluye entre sus corresponsales no solo a escritores primerizos, sino también…, seguro que el lector descubrirá sin problemas de quiénes se trata. Ese humor y esa ironía estarán presentes a lo largo de todo el libro y son, sin lugar a dudas, una de las grandes dificultades de la traducción de Correo literario. Como lo es la referencia a obras, a autores, a periodos de la literatura y de la historia polacas que nos han obligado, por así decirlo, y a pesar de no ser partidarios de las notas, a añadir una mínima información a pie de página para permitir que la lectura resultara más fluida, sin que ello sea óbice para esperar que un lector curioso —todo lector de Szymborska se diría que debe poseer ese rasgo de carácter— intente conseguir más información. Esas notas, sin embargo, difícilmente permitirán al lector generar toda la red de asociaciones que tiene el lector polaco, pero esa ya es otra cuestión.

Hay, sin embargo, algunos problemas que nos ha resultado imposible resolver sin cambiar el tono de los textos. En polaco la forma usted del español tiene dos equivalentes, uno para el masculino, Pan, y otro para el femenino, Pani, y esas son las formas utilizadas por Szymborska, formas que permiten al lector polaco saber en todo momento si las respuestas van dirigidas a un hombre o a una mujer. Haber optado por formas como señor, señora habría distorsionado el tono y por eso hemos considerado que resultaría más perdonable condenar, cuando no ha habido otro remedio, al lector en español a la forma usted y perder esa información.

En alguna que otra ocasión también ha resultado complicado saber si tras la respuesta de Szymborska podía ocultarse algún matiz más que lamentablemente el hecho de no disponer del texto original que motivaba la respuesta no ayudaba a clarificar. En esos casos, creemos que la solución por la que hemos optado sitúa a los lectores en español en igualdad de condiciones que a la mayor parte de los lectores polacos.

Si comentábamos al principio que Correo literario es una fuente de información, más o menos directa, sobre la idea de la literatura de Szymborska, también lo es, en la misma medida, sobre la realidad de la época en Polonia, sobre la vida cotidiana, sobre una Polonia que en su dimensión material podía presentar numerosas carencias (colas para comprar productos de primera necesidad, falta de papel, etc.), pero que en la dimensión intelectual —espiritual— poseía una gran riqueza. Otros aspectos propios de la lengua polaca y de la realidad sociocultural asociada a la misma nos han obligado en un caso a hacer desaparecer de la versión española una respuesta que se centraba en los morfemas femeninos de los apellidos polacos y que resultaba imposible trasladar a nuestro entorno.

Por lo demás, esperamos haber salido, si no victoriosos, al menos, no derrotados, en ese reto que significa siempre traducir a Wisława Szymborska y recoger en nuestra lengua ese continuo juego suyo entre un uso del lenguaje que va de lo coloquial a lo formal, de lo erudito a lo cotidiano, de lo general a lo particular.

Abel Murcia y

Katarzyna Mołoniewicz

CONVERSACIÓN SOBRE «CORREO LITERARIO»

Teresa Walas: ¿De quién fue la idea del «Correo» en Vida Literaria?

Wisława Szymborska: No fue necesario inventar nada. Es una vieja tradición de las revistas literarias. Siempre ha sido necesario responder a algunos autores, sobre todo principiantes, sin escribirles cartas directamente a ellos. Por regla general, se resolvía la cuestión con un breve «no se contempla» o «recomendamos trabajar un poco más el texto». Consideramos que igual valía la pena en algunos casos justificar la decisión.

TW: ¿Nosotros? ¿Es decir, quién?

WS: Włodzimierz Maciąg y yo. Los dos nos turnábamos para llevar «Correo literario». Nuestros textos son fáciles de diferenciar. Włodek[1] escribía con las formas masculinas del verbo en pasado «leí», «pensé»,[2] y yo utilizaba la primera persona del plural. Como era la única mujer en el equipo, si hubiera escrito con las formas femeninas, habría sido identificada inmediatamente.

TW: Los verdugos también prefieren ser anónimos y llevan una capucha negra.

WS: Suena fuerte. Pero creo que no se trataba de ejecuciones irreversibles. El condenado podía seguir escribiendo como había venido haciéndolo hasta el momento y mandar los textos a otras revistas. O empezar a escribir de repente algo mejor y de manera diferente. Nuestros corresponsales solían ser jóvenes, y en la juventud todavía todo es posible. Incluso que uno de ellos llegara a convertirse en un verdadero escritor.

TW: ¿Y cuando tenías ante tus ojos la obra de un indefenso y tembloroso candidato a debutante, no te sentías un ser despiadado?

WS: ¿Despiadada? Yo también empecé con poemas y con relatos malos. Y sé que eso de que te echen un jarro de agua fría en la cabeza tiene efectos terapéuticos. Cuando fui realmente despiadada fue cuando alguien que decía ser maestro de escuela escribió en su carta «adición» con s.

TW: Bueno, eso es una simple cuestión de ignorancia, no una cuestión artística.

WS: En el nivel del «Correo» todavía era demasiado prematuro hablar de arte. Yo intentaba que entendieran cosas elementales, les animaba a que reflexionaran sobre el texto recién escrito, a que fueran mínimamente críticos consigo mismos. Y, lo más importante, los animaba a leer libros. Igual soy una ilusa, pero espero que algunos de ellos hayan conservado esa maravillosa costumbre toda la vida.

TW: ¿Se presentó personalmente alguno de tus corresponsales?

WS: No. Además, nadie tenía esa obligación. Los primeros textos, torpes, se suelen superar e incluso se olvida que en una ocasión se enviaron a algún lugar.

TW: ¿Siempre estabas segura de tus criterios de valoración?

WS: Siempre no, pero en los casos de grafomanía extrema, siempre.

TW: Oh, pasemos a otra cuestión. Acabas de utilizar la palabra grafomanía, una palabra que estigmatiza sin piedad. No sé si te has fijado en que en otros campos de la actividad humana, el trabajo mal hecho no comporta epítetos tan emocionalmente marcados. Chapucero, por ejemplo, tampoco es agradable, pero está muy lejos de la palabra grafómano. Un mal carpintero, un mal fontanero, un relojero inexperto viven tan tranquilos y nadie se dedica a insultarlos. Se ataca sobre todo a los creadores mediocres: un grafómano, un pintamonas, un musicastro. Y a los desafortunados amantes, porque impotente es un insulto del mismo calibre que grafómano.

WS: Solo que un grafómano en su disciplina puede hacer cosas. Puede mucho, demasiado. Por otra parte, si mal no recuerdo, no llamé a nadie grafómano en el «Correo». Intenté más bien reconducir esa sobreexcitación escritora en otras direcciones. Por ejemplo, hacia la escritura de cartas, de un diario, de pequeñas rimas para las personas del círculo más cercano.

TW: Es decir, una especie de vía de escape en el terreno de la escritura no profesional.

WS: Eso es. El problema empieza cuando el autor de una de esas rimas ocasionales, correctas, oye que sus conocidos le dicen: «Es muy bueno, tío, tienes que publicarlo en algún sitio». Como consecuencia, lo que puede ser agradable y adecuado en un cierto contexto y que ha gustado a la muchacha elegida, de ojos grandes, azules, cae en manos de un redactor injusto que no comparte esa admiración.

TW: Quizá nos encontremos ante una manifestación del espíritu de la modernidad. Porque hubo un tiempo en el que era algo completamente natural que una persona con estudios mostrara cierta habilidad artística amateur. Se escribían poemas conmemorativos de la misma manera que se pintaban acuarelas o se tocaba el piano.

WS: Solo que entonces eran pocos a los que se les pasaba por la cabeza enviar inmediatamente el texto a alguna revista o a algún periódico. El ámbito privado era suficiente.

TW: Después la escritura se convirtió en una profesión y el romanticismo la situó en lo más alto (especialmente a los poetas) de la jerarquía social.

WS: Y en los poco románticos tiempos del «Correo», los poetas, en el imaginario colectivo, eran situados aún más alto. Recordemos que era una época gris, severa, austera. Perderse entre la masa anónima era algo que tenía que llenar de felicidad al individuo. Pero todo el mundo quiere destacar por algo, existir por méritos propios. No había demasiadas posibilidades de elección. La mejor parecía que era ver impreso el nombre de uno.

TW: Hoy para «existir», basta con aparecer en la televisión.

WS: Y responder, por ejemplo, a la pregunta: ¿quién es el autor de Trenos? a) Shakespeare, b) Michał Bałucki, c) Jan Kochanowski, d) Winnie the Pooh. Y lo más curioso es

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