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La iluminación de Katzuo Nakamatsu - Augusto Higa Oshiro

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La iluminación de Katzuo Nakamatsu

© Augusto Higa Oshiro

© De esta edición,

Asociación Peruano Japonesa. Fondo Editorial

Av. Gregorio Escobedo 803, Jesús María, Lima 11, Perú

fondoeditorial@apj.org.pe

(511) 518 7450 anexo 1123

Director del Fondo Editorial:

Jorge Yamashiro Yamashiro

Cuidado de edición:

Luisa Fernanda Arris / Tania Neira

Concepto gráfico y composición:

Juan Pablo Mejía

Corrección:

Jorge Cornejo

Diseño de portada:

Dany Salvatierra

Fotografía del autor:

Álvaro Uematsu

Primera edición impresa: 2008

Segunda edición impresa: 2015

Primera edición digital: 2018

ISBN eBook: 978-612-47406-7-1

Digitalizado y Publicado por:

www.crealibros.com

Prohibida la reproducción parcial o total de esta obra, sin previa autorización escrita del Fondo Editorial.

Índice

Presentación

La fábula mística de Augusto Higa Oshiro

El maestro que deambula

La iluminación de Katzuo Nakamatsu

I

II

III

IV

V

VI

VII

VIII

IX

Higa, el iluminado (dossier fotográfico)

Presentación

EL FONDO EDITORIAL DE LA ASOCIACIÓN PERUANO JAPONESA tiene el agrado de seguir contribuyendo con el crecimiento de la cultura peruana a través de la publicación de una de las novelas que hicieron de Lima y sus márgenes espacios emblemáticos: La iluminación de Katzuo Nakamatsu del narrador nikkei Augusto Higa Oshiro (Lima, 1946).

Siguiendo con nuestro reconocimiento a la labor literaria del escritor Augusto Higa presentamos, siete años después de su primera edición, una versión corregida y revisada por el autor. Esta nueva edición conserva la fidelidad del escritor a sus raíces, manteniendo el estilo de escritura que caracteriza su narrativa. Además de un dossier fotográfico del archivo personal del autor.

Con el prólogo elaborado por el reconocido escritor Fernando Iwasaki Cauti y la introducción del investigador Miguel Ángel Vallejo Sameshima, especialista en la obra de Higa, otorgamos a los lectores una exquisita pieza literaria que ya es parte de los anaqueles de la historia de la literatura peruana.

Los invitamos a ser parte de esa historia.

La fábula mística de Augusto Higa Oshiro

Los místicos no rechazan las ruinas que los rodean. Allí permanecen. Hacia allí se dirigen.

MICHEL DE CERTEAU, La fábula mística

La iluminación de Katzuo Nakamatsu (2008) es una de las mejores novelas breves en lengua española que he leído, y me llena de ilusión argumentar por qué deberíamos recordarla al lado de Miss Giacomini (1934), Pedro Páramo (1955), Aura (1962) y Crónica de una muerte anunciada (1981), las cimas del género en nuestro idioma.

Profesor universitario, animador de distintos círculos intelectuales y observador de la vida cotidiana de los barrios populares limeños, la obra de Augusto Higa Oshiro (Lima, 1946) podría dividirse en dos etapas. A saber, una primera que incluiría los libros de cuentos Que te coma el tigre (1977) y La casa de Albaceleste (1987), la novela Final del Porvenir (1992) y el ensayo Japón no da dos oportunidades (1994), seguida de una segunda etapa que inauguró precisamente con La iluminación de Katzuo Nakamatsu (2008) [1].

Los primeros libros de Augusto Higa configuran un territorio poblado por criaturas que construyen su propia marginalidad a través del lenguaje, la violencia y los rituales iniciáticos, donde el sexo, las fiestas, los deportes y la supervivencia parecen subordinados a una implacable ley de la calle jamás escrita, pero que todos sus protagonistas acatan. El mundo social de la primera etapa de Higa Oshiro es el de los criollos y mestizos urbanos de los barrios populares de Lima, un mundo donde las insignificantes victorias personales sirven de contrapunto a las trascendentales derrotas nacionales. Pienso en los cuentos «Que te coma el tigre», «La toma del colegio» y «El equipito de Mogollón», y por supuesto en la novela Final del Porvenir, donde las celebraciones más ruines transcurren durante un proceso de desahucio.

De aquel mundo del que cualquiera habría deseado escapar, salió Higa Oshiro con dirección a Japón, donde descubrió desolado que en el país de sus padres tampoco era admitido. Así, después de trabajar durante un año y medio en varias fábricas de la prefectura de Gunma, Higa Oshiro regresó al Perú para volver a impartir sus clases en la universidad y escribir un testimonio que tituló Japón no da dos oportunidades:

Si tú te preguntas qué cosa tienen de japonés [José Watanabe, Nicolás Matayoshi y Luis Abelardo Takahashi], ¿qué vas a decir? Nada, porque finalmente lo japonés es una abstracción. Por eso a mí el viaje a Japón me sirvió de mucho. Cuando llegué a Japón me encontré con una inmensidad de posibilidades, inimaginables. La personalidad nisei, tal cual la vemos acá, no existe en Japón (...) Allí me di cuenta de que soy más peruano y más latinoamericano de lo que hubiera imaginado. Y eso está en Japón no da dos oportunidades, en la parte final sobre todo. El personaje ha fracasado en Japón y tiene que regresar. Está parado frente a una ventana y de pronto pasa una mariposa, él estira la mano y la mariposa se le escapa. Es como si la felicidad se le hubiese escapado, y dice: «Japón no me iba a dar dos oportunidades». En mi experiencia, lo de Japón era un viaje sin retorno; no por gusto habían pasado cien años [de la inmigración japonesa al Perú]. Uno agradece, sabe que procede de allí, que de alguna manera está vinculado [a Japón], pero es otro país, otro contexto. Yo jamás me iba a asimilar a ese mundo. Ese libro es una versión no optimista de la realidad, pero sin ser negativo. Uno se encuentra con una realidad muy complicada. Surgir en Japón es toda una odisea [2].

La experiencia japonesa le permitió a Higa Oshiro repensar su literatura y encontrar su lugar en la narrativa peruana como escritor nisei. Por eso La iluminación de Katzuo Nakamatsu representa una nueva etapa en las ficciones de Augusto Higa, ya que después de regresar de Japón el escritor asumió que los personajes marginales, pasivos y suburbiales que contemplaban la violencia cotidiana de las calles tenían sus ojos, mas no su voz. Higa Oshiro no es Katzuo Nakamatsu, aunque Katzuo Nakamatsu podría ser Higa Oshiro iluminado.

Sin embargo, el cambio introducido por Augusto Higa en su narrativa no interrumpió su diálogo con las diferentes tradiciones literarias de Occidente, pues si Faulkner, Benedetti, Cortázar y Hemingway fueron esenciales para crear una épica de la vida cotidiana de los barrios populares de Lima, en La iluminación de Katzuo Nakamatsu los referentes occidentales de Higa Oshiro serían Albert Camus y Thomas Mann. En efecto, al igual que Gustav Aschenbag huyó despavorido del Cementerio del Norte al comienzo de La muerte en Venecia, Katzuo Nakamatsu también experimentó en las primeras páginas de la novela un arrebato de locura y muerte mientras contemplaba los sakuras del Parque de la Exposición, con la diferencia de que en su huida no solo descendió a los infiernos como Gustav Aschenbag, sino que cayó en un estado de enajenación y vacío existencial que nos recuerda al señor Meursault de El extranjero. Seré más preciso: Katzuo Nakamatsu descubre —como Meursault— que él también es un extranjero en el país donde ha nacido.

Viudo y prejubilado por sorpresa, el profesor Nakamatsu emprendió así el viaje hacia el último de sus exilios: la locura en la memoria. La encarnación de su locura fue el poeta Martín Adán, recluido en un manicomio por voluntad propia,