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Aprendiendo a amar

Aprendiendo a amar

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Aprendiendo a amar

Longitud:
126 páginas
1 hora
Publicado:
Nov 30, 2017
ISBN:
9788491704843
Formato:
Libro

Descripción

Llevaba toda la vida escondiéndose del amor, pero de todos modos lo había encontrado…
Teagan Delaney siempre se había asegurado de estar demasiado ocupada como para poder enamorarse… y para que le hicieran daño. Pero entonces tuvo que hacerse cargo de los hijos de su hermana y, cuando pidió ayuda a su guapísimo vecino, Brendan McNamara, las reglas que tan cuidadosamente había creado empezaron a venirse abajo… Brendan ya había demostrado que podía ser el padre perfecto y lo cierto era que aquella nueva familia se había hecho un hueco en su corazón. Ahora sólo tenía que demostrarle a Teagan que ellos también podrían formar una familia perfecta.
Publicado:
Nov 30, 2017
ISBN:
9788491704843
Formato:
Libro

Sobre el autor

By the time Trish Wylie reached her late teens, she already loved writing and told all her friends one day she would be a writer for Harlequin. Almost two decades later, after revising one of those early stories, she achieved her dream with her first submission! Despite being head-over-heels in love with New York, Trish still has her roots in Ireland, residing on the border between Counties Fermanagh and Donegal with the numerous four-legged members of her family.


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Aprendiendo a amar - Trish Wylie

HarperCollins 200 años. Desde 1817.

Editado por Harlequin Ibérica.

Una división de HarperCollins Ibérica, S.A.

Núñez de Balboa, 56

28001 Madrid

© 2006 Trish Wylie

© 2017 Harlequin Ibérica, una división de HarperCollins Ibérica, S.A.

Aprendiendo a amar, n.º 2093 - noviembre 2017

Título original: Project: Parenthood

Publicada originalmente por Mills & Boon®, Ltd., Londres.

Todos los derechos están reservados incluidos los de reproducción, total o parcial. Esta edición ha sido publicada con autorización de Harlequin Books S.A.

Esta es una obra de ficción. Nombres, caracteres, lugares, y situaciones son producto de la imaginación del autor o son utilizados ficticiamente, y cualquier parecido con personas, vivas o muertas, establecimientos de negocios (comerciales), hechos o situaciones son pura coincidencia.

® Harlequin, Jazmín y logotipo Harlequin son marcas registradas propiedad de Harlequin Enterprises Limited.

® y ™ son marcas registradas por Harlequin Enterprises Limited y sus filiales, utilizadas con licencia. Las marcas que lleven ® están registradas en la Oficina Española de Patentes y Marcas y en otros países.

Imagen de cubierta utilizada con permiso de Harlequin Enterprises Limited. Todos los derechos están reservados.

I.S.B.N.: 978-84-9170-484-3

Conversión ebook: MT Color & Diseño, S.L.

Índice

Portadilla

Créditos

Índice

Prólogo

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Epílogo

Si te ha gustado este libro…

Prólogo

ESTÁS preciosa. ¡Pareces una princesa!

Teagan Delaney sonrió al oír la exclamación de su hermana.

–Gracias. Es increíble lo que una puede hacer con tres horas de maquillaje. ¿Le has hecho la cena a papá?

Eimear asintió con la cabeza, con su coleta moviéndose furiosamente mientras se tiraba sobre la cama de su hermana.

–Y voy a quedarme estudiando en mi habitación hasta que vuelvas.

Era una cosa muy normal en una chica de diecisiete años, pero Teagan sabía que para Eimear era una forma de esconderse.

–Podrías ver un rato la televisión con papá. No creo que a él le importe.

Unos ojos del mismo color verde que los suyos miraron al techo de la habitación.

–Me haría ver algún aburrido documental. No, prefiero esperar en mi habitación para que puedas contármelo todo cuando vuelvas –dijo Eimear, apoyándose en un codo–. Aunque esté dormida, despiértame.

–Puedo contártelo por la mañana.

–¡No me pienso dormir hasta que vuelvas!

Teagan levantó una ceja.

–¿No acabas de decir que te despierte si estás dormida?

–Aunque me durmiera, no dormiría bien. Tienes que contármelo todo. Yo nunca he ido a una fiesta elegante.

Teagan se volvió hacia el espejo. Estaba perfecta, gracias a Eimear. Sin la ayuda de su hermana, una experta en moda y maquillaje gracias a las revistas, nunca habría conseguido un aspecto tan sofisticado. Unos vaqueros nuevos y un poco de maquillaje le habrían servido. Pero Eimear era más ambiciosa. Y, desde luego, tenía razón.

Después de abrazar a su hermana, Teagan salió de la habitación con el corazón acelerado, esperando la reacción de los demás cuando vieran la transformación. Bueno, en realidad sólo había una persona a la que quisiera impresionar, sólo una cuya opinión le importase.

Desde que rompió con su novia a principios de curso, había salido un par de veces con Brendan McNamara.

Era la persona más interesante que había conocido nunca y sería maravilloso que él también la encontrase atractiva. Aunque sólo fuera una noche.

Después de prometerle a su hermana que la despertaría cuando volviese de la fiesta, por muy tarde que fuera, Teagan tomó el chal y bajó la escalera. Mientras intentaba mantener el equilibrio sobre aquellos tacones de aguja a los que no estaba acostumbrada, pensó en el único hombre que había en su vida; un hombre que estaría en el salón viendo algún documental.

Con un poco de suerte, vestida así, su padre por fin le diría que estaba muy guapa. Sólo le pedía que levantase la cabeza durante un minuto para mirarla, para que se fijase en que ya era una jovencita, una mujer y no el chicazo que había sido siempre.

Alguna palabra cariñosa o un abrazo era mucho esperar, claro pero algo, un piropo, una sonrisa, estarían bien.

Pero su padre ni siquiera apartó la mirada del televisor cuando entró en el salón.

–Me voy, papá.

–Muy bien. Vuelve a las doce.

–Papá, es un baile. No volveré hasta después de la una –suspiró ella–. Pero vendré directamente a casa, te lo prometo.

–Muy bien.

Teagan esperó, deseando que se volviera para mirarla aunque sólo fuera un segundo. Pero él siguió comiendo y mirando la televisión.

–¿Llevas dinero?

–Sí.

–No te lo gastes todo.

–No lo haré –suspirando, Teagan se volvió–. Hasta mañana.

–Nada de cereales con fibra en el desayuno.

–De acuerdo.

Intentando controlar el nudo que tenía en la garganta, Teagan salió del salón. No debería haber esperado nada. Muchos años de desilusiones deberían haberle enseñado a no esperar nada de su padre. O de su madre, que ya había fallecido.

Era una pena que no tuviese la piel más dura.

Afortunadamente, tenía un amigo como Brendan. Él le daba esperanzas.

En un par de horas, Brendan le había devuelto la sonrisa. Era un chico asombroso. Con él se sentía feliz, contenta, aunque la realidad siempre estuviera ahí, recordándole que la vida no era alegre y feliz.

Cuando se conocieron, Brendan era el novio de una compañera de la universidad. De modo que, técnicamente, era «seguro» estar con él. No había peligro de que fueran más que amigos porque las tres chicas que compartían piso en la facultad tenían una regla no escrita sobre los hombres. Aunque Teagan ni lo habría pensado, claro. Ella tenía objetivos más importantes que buscar novio.

De modo que se hicieron amigos. Prácticamente, se vieron forzados a serlo porque Shannon solía volver tarde de trabajar o tardaba un siglo en arreglarse, dejándolos solos en el salón.

Teagan lo sabía todo sobre Brendan McNamara. Sabía que era un chico decidido que tenía claro lo que quería y eso significaba un hogar, una esposa y una familia. Era abierto, divertido, entusiasta y optimista. Lo hacía todo bien, tenía éxito en todo y, además, era guapísimo.

Asombroso. Aunque quizá un poco demasiado perfecto.

Pero no era el tipo de hombre del que Teagan se enamoraría. Porque Brendan buscaba una relación seria, un compromiso.

Y ella no tenía intención de mantener una relación seria con nadie. No quería un hombre cuyo objetivo fuera casarse. Teagan sabía bien lo que una relación seria y «profunda» podía hacerle a dos personas. Especialmente cuando se casaban, tenían hijos y luego descubrían que no estaban hechos el uno para el otro. Porque entonces eran los hijos quienes pagaban los platos rotos.

Teagan había jurado que eso no le pasaría a ella porque no quería que un hijo suyo tuviera que pasar por lo que Eimear y ella habían pasado cuando era niñas.

Ser amiga de Brendan era la opción más segura. Y su amistad era importante para ella. Confiaba en él, lo conocía y Brendan la conocía a ella. Esto último era lo más importante porque Brendan McNamara más que nadie ponía a prueba sus teorías sobre la vida.

La cuestión era que estar con él la hacía olvidar muchos de sus objetivos. Incluso la hacía desear poder creer en los finales felices.

De modo que aquella noche, Teagan iba a permitirse a sí misma vivir una especie de cuento de hadas. Vestida como una princesa, bailando en los brazos de un atractivo príncipe. En Navidad.

–¿Lo estás pasando bien?

–Sí. Creo que nunca lo había pasado mejor –sonrió Teagan.

Él sonrió también, con una de esas sonrisas que hacían brillar sus ojos azules.

–Deberías salir más. Lo único que haces es estudiar y eso no puede ser bueno.

–Venga, dime más

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