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Introducción a los estudios migratorios: Migraciones y derechos humanos en la era de la globalización
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Introducción a los estudios migratorios: Migraciones y derechos humanos en la era de la globalización
Libro electrónico276 páginas3 horas

Introducción a los estudios migratorios: Migraciones y derechos humanos en la era de la globalización

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¿Es posible defender la universalidad de los derechos humanos como respuesta a los vacíos de protección de las personas migrantes en el mundo globalizado de hoy? Introducción a los estudios migratorios responde a esta pregunta desde una mirada interdisciplinaria que problematiza y resignifica la universalidad de los derechos humanos y la soberanía de los Estados nacionales, para señalar que las crisis de migrantes y refugiados obligan al derecho internacional, la llamada comunidad internacional, a justificar su papel en la actualidad. A partir de una relectura de Emmanuel Lévinas, Ignacio Ellacuría, Ronald Dworkin, Rafael Domingo Oslé y el papa Francisco, Wooldy Edson Louidor articula una propuesta ética, política y jurídica de la hospitalidad, a propósito de las crisis migratorias que sacuden el mundo globalizado de hoy y que introducen los estudios migratorios como un campo emergente del saber ocupado de la posibilidad total que tendrán todos los seres humanos de moverse a lo largo y ancho del mundo, como lo hacen hoy los flujos de información y del capital.
IdiomaEspañol
Fecha de lanzamiento4 abr 2017
ISBN9789587810493
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    Introducción a los estudios migratorios - Wooldy Edson Louidor

    Introducción a los

    estudios migratorios

    MIGRACIONES Y DERECHOS HUMANOS EN LA ERA DE LA GLOBALIZACIÓN

    WOOLDY EDSON LOUIDOR

    Reservados todos los derechos

    © Pontificia Universidad Javeriana

    © Wooldy Edson Louidor

    Primera edición:

    Bogotá, D. C., marzo de 2017

    ISBN: 978-958-781-048-6

    Número de ejemplares: 300

    Hecho en Colombia

    Made in Colombia

    Corrección de estilo:

    Juan Solano

    Diagramación:

    Isabel Sandoval

    Imagen de cubierta:

    Víctor Galeano, Crisis en la frontera

    colombo-venezolana (2015)

    Diseño de cubierta:

    Isabel Sandoval

    Desarrollo ePub:

    Lápiz Blanco S.A.S.

    Pontificia Universidad Javeriana | Vigilada Mineducación.

    Reconocimiento como Universidad: Decreto 1297 del

    30 de mayo de 1964. Reconocimiento de personería jurídica: Resolución 73 del 12 de diciembre de 1933

    del Ministerio de Gobierno

    Editorial Pontificia Universidad Javeriana

    Carrera 7.ª, n.º 37-25, oficina 1307

    Edificio Lutaima, Bogotá-Colombia

    Teléfono: 3208320 ext. 4752

    www.javeriana.edu.co/editorial

    Bogotá, D. C.

    Louidor, Wooldy, Edson, autor 

    Introducción a los estudios migratorios : migraciones y derechos humanos en la era de la globalización / Wooldy Edson Louidor. -- Primera edición. --Bogotá : Editorial Pontificia Universidad Javeriana, Instituto Pensar, 2017.

    194 páginas ; 24 cm

    Incluye referencias bibliográficas (páginas 181-192).

    ISBN : 978-958-781-048-6

    1. MIGRACIÓN. 2. GLOBALIZACIÓN. 3. SOCIOLOGÍA. 4. EMIGRACIÓN E INMIGRACIÓN. 5. DERECHOS HUMANOS. I. Pontificia Universidad Javeriana. Instituto Pensar.

    CDD 304.82 edición 21

    Catalogación en la publicación - Pontificia Universidad Javeriana. Biblioteca Alfonso Borrero Cabal, S.J.

    inp 07 / 03 / 2017

    Prohibida la reproducción total o parcial de este material, sin la autorización por escrito de la Pontificia Universidad Javeriana.

    SIGLAS Y ABREVIATURAS

    AGRADECIMIENTOS

    Este libro no habría sido posible sin el apoyo y los aportes de las siguientes personas:

    Mis estudiantes de la cátedra Migración y Derecho Global de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Pontificia Universidad Javeriana, quienes han sido los cómplices y la razón de ser de este libro a lo largo de los tres últimos años, desde que asumí esta cátedra.

    Mi esposa Angélica Rocío López Granada, la primera persona que leyó el manuscrito del libro y formuló sus pertinentes sugerencias en cuanto al fondo y a la forma.

    Los profesores Ángela Iranzo Dosdad de la Universidad de los Andes, Gloria Elena Naranjo de la Universidad de Antioquia y Felipe Andrés Aliaga Sáez de la Universidad Santo Tomás, Bogotá, quienes tuvieron la paciencia de leer el texto y la voluntad de enriquecerlo con sus críticas constructivas y sus sugerencias bibliográficas, teóricas y metodológicas.

    Los colegas del Departamento de Filosofía e Historia del Derecho de la Pontificia Universidad Javeriana, con quienes compartí algunas ideas centrales del texto, en el marco de una serie de debates académicos interdisciplinares que el entonces director de esta unidad académica, Jorge González Jácome, organizó a lo largo del año 2014.

    El entonces director del Instituto Pensar, Roberto Carlos Vidal López, quien me alentó a abrir y dirigir una línea de investigación sobre los Estudios Migratorios en este instituto de investigación de la Pontificia Universidad Javeriana.

    Los compañeros y compañeras de la Comisión de Trabajo sobre Migraciones Forzadas, Exilio y Reconciliación, un espacio de aprendizaje colectivo, intercambio, reflexión, análisis e incidencia política en torno a las migraciones, el refugio y las fronteras en Colombia y en América Latina. Esta comisión está integrada por la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (Codhes), el Servicio Jesuita para Refugiados (SJR-COL), la Consejería en Proyectos (PCS), el Foro Internacional de Víctimas (FIV), la Pastoral Social, la Fundación Esperanza, el Consejo Noruego para Refugiados (NRC), el Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CPDH) y Rodeemos El Diálogo. La comisión cuenta, además, con el apoyo de expertos académicos como Ángela Iranzo, profesora de la Universidad de los Andes; Roberto Vidal, profesor de la Pontificia Universidad Javeriana; Andrei Gómez, profesor de la Universidad de los Andes; Gloria Naranjo, profesora de la Universidad de Antioquia, y Felipe Aliaga, profesor de la Universidad Santo Tomás. La comisión cuenta, asimismo, con el apoyo del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).

    PRESENTACIÓN

    ¿Es posible defender la universalidad de los derechos humanos como respuesta a los vacíos de protección de las personas migrantes en el mundo globalizado de hoy? Esta pregunta, guía de este libro, brota del contraste entre el discurso cada vez más cuestionado de los derechos humanos (y su universalidad) y la difícil situación que enfrenta la mayoría de los 244 millones de migrantes internacionales que hay en el mundo (ONU Desa, 2016) y los 65,3 millones de personas desplazadas forzadamente hasta el 31 de diciembre de 2015, entre refugiados, solicitantes de asilo y desplazados forzados internos (Acnur, 2016b). Se trata de una población que sufre serios vacíos de protección, debido al cierre de fronteras, al repliegue identitario de muchas sociedades de llegada, a los brotes de xenofobia y discriminación, a la indiferencia y al endurecimiento de las políticas migratorias y de refugio.

    El libro formula múltiples interrogantes sobre las migraciones en el actual contexto de la globalización, entendida en su complejidad plurívoca: como campo de lucha o de relaciones de poder, como categoría heurística y como fenómeno de interdependencia sociopolítico, cultural y económico.

    El texto examina también el reto de problematizar y resignificar la universalidad de los derechos humanos, la soberanía de los Estados nacionales, el fundamento y el sentido del derecho de cara a la justicia, el estatuto epistemológico y las fronteras de las diferentes disciplinas de las ciencias sociales y nuestra misma humanidad, a propósito de las crisis de migrantes y refugiados que sacuden el mundo de hoy y, en particular, nuestro continente americano y Colombia.

    Este libro constituye una introducción a los estudios migratorios como campo emergente del saber, desde una mirada interdisciplinaria y en clave de justicia para comprender y enfrentar el reto mencionado y, también, desde un análisis crítico de los problemas globales y los márgenes epistemológicos, políticos y normativos de los discursos hegemónicos sobre las migraciones, los derechos humanos y la globalización.

    INTRODUCCIÓN

    LAS MIGRACIONES CONTEMPORÁNEAS ENTRE LA GLOBALIZACIÓN DEL MUNDO Y LA UNIVERSALIDAD DE LOS DERECHOS HUMANOS

    Las migraciones representan hoy, en palabras de la Iglesia católica romana, un signo de los tiempos que anuncia el futuro de nuestra humanidad; un signum pronosticum, diría el filósofo alemán Immanuel Kant. Como buen signo, las migraciones contemporáneas no nos develan diáfana y prístinamente lo que denotan, a saber: nuestro futuro como humanidad. Nos dejan simplemente entrever que en el futuro los seres humanos se moverán a lo largo y ancho del mundo cada vez más globalizado, tal como lo hacen hoy los flujos de información y capital, como lo hacen, desde hace millones de años, las corrientes y las mareas, los vientos y los climas, los continentes a la deriva y las masas de tierras que se mueven y se levantan, se incendian y se dislocan (Banks, 1994, p. 62).

    Como lo plantea la investigadora francesa Catherine Wihtol de Wenden (2012), ¿por qué la globalización de la migración tarda en encontrar su legitimidad en la escena internacional mundial?

    Luego de un primer periodo de migraciones masivas (1880-1920), el mundo entró desde los años 90 en un segundo periodo caracterizado por la globalización de los flujos. Mientras que en el transcurso del siglo XIX, las migraciones concernían ante todo a los europeos, hoy a la movilidad de los ricos se ha sumado la migración de las poblaciones originarias de los países pobres. Además, otras formas de migraciones, forzadas y voluntarias, de corto y largo plazo, han aparecido. Pero esta globalización de la migración tarda en encontrar su legitimidad en la escena internacional mundial. (Wihtol de Wenden, 2012, p. 10)

    Por un lado, en vez de replantear sus políticas, leyes y también pautas culturales más acordes con esta nueva realidad global de un mundo en movilidad¹ —realidad que Wihtol de Wenden llama la globalización de la migración o la globalización de los flujos (2012)— los Estados tienden a criminalizar la migración llamada económica y a imponer todo tipo de restricciones al otorgamiento del estatuto de refugiado a millones de personas que huyen de la guerra, la miseria, las sistemáticas violaciones de los derechos humanos o las catástrofes medioambientales² (debido a la naturaleza o al hombre mismo) en sus países de origen. Los Estados abordan el desarraigo, el exilio, las migraciones y todas las demás formas de movilidad humana³ como si estos fueran excepciones a la regla en un mundo cada vez más globalizado: adoptan la política del avestruz.

    Según Anthony Giddens y Philip W. Sutton (2014), la globalización entendida como los diversos procesos mediante los cuales las poblaciones humanas geográficamente dispersas establecen entre sí un contacto más estrecho y más directo, creando una comunidad o una sociedad global (p. 22), refleja, paradójicamente, las desigualdades existentes y las asimétricas posibilidades de poder encarnadas, por ejemplo, en el hecho de que los más libres para circular son las élites ricas, mientras que los más necesitados (las víctimas de guerras, conflictos, catástrofes naturales, pobreza y la economía global) tienen muchas restricciones para movilizarse.

    Sin embargo, Saskia Sassen advierte que los migrantes (incluso los que son pobres) no son simplemente víctimas pasivas o espectadores de la globalización, son también los agentes de esta; por lo que, de acuerdo con la socióloga holandesa, hay que cambiar la narrativa de la migración en la que se deba evitar sustancializar o esencializar a los sujetos migrantes bajo categorías como la otredad y la etnicidad, para comprender que la migración es uno de los procesos constitutivos de la globalización actual, aunque no sea reconocida o no esté representada como tal en los registros generales de la economía global (Sassen, 2013, p. 17).

    Los migrantes ejercen su agencia a través de múltiples procesos, por los cuales, por ejemplo, los elementos globales son localizados, los mercados internacionales de trabajo son constituidos y las culturas de todo el mundo son desterritorializadas y reterritorializadas (Sassen, 2003, p. 29). Esa agencia se evidencia en la articulación cada vez más estrecha que se teje entre los movimientos migratorios y las condiciones fundamentales de la globalización actual, a través de tres tendencias principales que Saskia Sassen (2003) caracteriza de la siguiente manera:

    a) la geoeconomía de los movimientos migratorios internacionales, que explica la presencia de patrones en común a través de diversos movimientos y ofrece un contexto fundamental para comprender la dinámica que hace de una condición generalizada de pobreza, desempleo o subempleo un factor de expulsión; b) la conformación actual de mecanismos que vinculan a los países de origen con los países receptores, en especial los efectos de las diversas formas de globalización económica; y c) la exportación organizada de mano de obra, ya sea legal o ilegal. (pp. 171-172)

    A la par con el debate en torno al rol de los migrantes en la globalización actual, o a su papel como espectadores o agentes de esta, vale resaltar que muchas redes y organizaciones especializadas en el tema migratorio se han dado el propósito explícito de luchar por quitar el control de la migración de las manos de los Estados nacionales y así convertirla en un asunto en el que la humanidad, en la medida en que es afectada por la migración —más allá de los contornos de los Estados nacionales y los límites de su soberanía territorial—, tiene que participar en su solución.

    Aunque falta mucho por hacer para posicionar la legitimidad de la migración como asunto global, sin embargo, hay que reconocer que cada vez más el derecho (en particular, el derecho internacional) trata de responder tanto a las presiones de las redes, organizaciones y la sociedad civil globales, así como a los múltiples interrogantes que vienen de la ética política, la sociología, la antropología, las ciencias políticas y muchas otras disciplinas de las ciencias sociales sobre los asuntos globales. Esto ha contribuido a generar y enriquecer un debate interdisciplinario (entre juristas y académicos de otras disciplinas) y multilateral (entre académicos, practitioners y los mismos migrantes), así como entre quienes toman decisiones jurídicas y un gran conjunto de otros actores sociales no estatales e incluso supraestatales, en torno al tema migratorio en concreto.

    Pensar las migraciones contemporáneas como un asunto global implica mirar no solo la globalización de los flujos desde y hacia prácticamente todos los países del mundo, además de la gran diversificación de las formas, temporalidades y modalidades de los sujetos y flujos migratorios —tal como lo menciona Wihtol de Wenden (2012)—, sino también otras dimensiones globales. Por ejemplo, hoy en día hay un gran conjunto de factores heterogéneos pero inextricables que provocan las migraciones tales como la guerra, la economía global, la desigualdad, la exclusión, el calentamiento global, los conflictos étnicos, etc. Esto vuelve muy difícil la tarea de distinguir entre migraciones forzadas y migraciones voluntarias o entre causas nacionales (ocurridas en un territorio nacional) y causas supranacionales o globales (ocurridas en el planeta): se fluidifica e incluso se tiende a romper la dualidad entre lo global y lo local.

    Además, si bien gran parte de las migraciones se dan en territorios muy determinados, muchas de ellas exigen una acción global por parte de instituciones también globales (por ejemplo, la Organización de las Naciones Unidas) que vaya más allá de las competencias soberanas de cada Estado. Por lo tanto, algunos autores proponen incluso una gobernanza global de las migraciones.

    Finalmente, con los avances de la ciencia y la técnica, los seres humanos tenemos la posibilidad de ver y escuchar informaciones (y también interactuar con ellas) en tiempo real de lo que ocurre en el mundo, desde nuestros dispositivos móviles (celulares, computadores portátiles, etc.) y la comodidad de nuestros hogares y lugares de trabajo; esto contribuye a visibilizar más rápidamente los dramas que enfrentan los migrantes y a despertar —a veces— indignación y solidaridad por parte de la humanidad. Esto va muy de la mano con el planteamiento de los promotores del derecho global, según el cual hay asuntos que competen a la humanidad porque le afectan a ella en cuanto tal y, por lo tanto, exigen que ella misma los solucione como comunidad política (la humanidad no es la suma aritmética de los seres humanos que vivimos en el planeta Tierra): de allí la necesidad de un orden jurídico global —fundamentado en esta comunidad política global— que vaya más allá del derecho internacional considerado como un sistema interestatal westfaliano.

    Más allá de estas disputas en torno al carácter global o no de las migraciones y de los planteamientos a favor y en contra (que retomaremos más adelante), un hecho es cierto: no tenemos ideas claras y distintas (a la cartesiana) de cómo será el futuro de nuestro mundo atravesado de lado a lado por los flujos y sujetos migrantes tan heterogéneos y cada vez más globalizados; mucho menos tenemos el control de este futuro. Esta incertidumbre, que imposibilita en gran medida la tarea de la gestión migratoria⁵ (concepto tan criticado por académicos y organizaciones de migrantes por su enfoque instrumental y aparentemente contrario al enfoque de protección de los derechos humanos), es motivo de gran preocupación para los Estados nacionales, una de las principales invenciones de la modernidad. De hecho, la falta de control es una de las características esenciales de nuestros tiempos llamados posmodernos (o tiempos de la segunda modernidad o de la modernidad líquida); nos da la sensación vertiginosa de que todo se nos escapa de las manos. La Razón (con R mayúscula) pierde cada vez más fundamento ante un mundo en permanente cambio y fuera de control: no puede ni hacerse dueña del mundo ni legislar de acuerdo con sus reglas supuestamente universales (siguiendo con los metarrelatos de la modernidad ilustrada).

    Nos encontramos hoy en una época de transición:⁶ de la aparente planificación y el control absoluto de todo —tan característicos de la modernidad, en un mundo kafkiano o en la jaula de hierro weberiana— a la obligada pasividad ante los acontecimientos que nos suceden —a nuestra vulnerabilidad ante los inminentes e imprevisibles riesgos—, al caos, a las preguntas sin respuestas, al miedo y el sentimiento de inseguridad que todo ello nos provoca. El desorden mundial: es el nombre con que algunos han pretendido caracterizar esta transición. En una entrevista con la revista Semana (2016), el pensador italiano Carlos Bodoni afirmó que estamos en una transición delicada entre la modernidad en crisis y una nueva condición que aún no ha sido bautizada y, como cada interregno, está caracterizada por la anomia, por la ausencia de leyes, las anteriores ya no tienen ningún valor y las nuevas deben ser elaboradas.

    Desde la academia, y principalmente desde el campo emergente de los estudios migratorios, estamos obligados a movernos entre claroscuros, fronteras, zonas grises, intersticios, márgenes, aguas turbias y realidades ambiguas, ambivalentes y más oscuras que claras. Esto nos obliga a dinamizar, a hacer más fluidos nuestros marcos de pensamiento para acercarnos a las migraciones contemporáneas (en el actual contexto de la globalización) como objeto de estudio. De allí la importancia de articular epistemologías, metodologías y teorías emergentes, no con el afán de inventar por inventar, sino por hacer el necesario esfuerzo del concepto para adecuar nuestro pensamiento a la realidad, siempre dinámica y dialéctica. Los estudiosos de las migraciones estamos obligados a migrar constantemente epistemológica, teórica y metodológicamente, tras la compleja, ambivalente y heterogénea realidad de las migraciones.

    ¿Hasta cuándo durará esta transición? Es una incógnita. Las migraciones contemporáneas cristalizan esta transición indefinida que los Estados tratan de controlar mediante la vigilancia de las fronteras y la restricción de los flujos humanos por todos los medios, principalmente a través de políticas, legislaciones y arreglos institucionales cada vez más estrictos. Pero, una cosa es cierta: la realidad es mucho más compleja y escurridiza que los dispositivos normativos, institucionales y

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