Disfruta de millones de libros electrónicos, audiolibros, revistas y más con una prueba gratuita

A solo $11.99/mes después de la prueba. Puedes cancelar cuando quieras.

Regreso a Black Mountain
Regreso a Black Mountain
Regreso a Black Mountain
Libro electrónico182 páginas3 horas

Regreso a Black Mountain

Calificación: 3 de 5 estrellas

3/5

()

Leer la vista previa

Información de este libro electrónico

Tercera entrega del sendero oscuro. Regreso a Black Mountain.

Y después de la  tormenta  al fin había llegado la calma para su hija Catherine, felizmente casada con un millonario de Nueva York y  a punto de dar a luz su primer hijo, nada podía salir mal, todo era una especie de cuento de hadas para Cathy. Black Mountain no era más que un triste recuerdo en su vida... O eso cree su padre, William Anderson. 
Hasta que Cathy desaparece y el espejismo de felicidad comienza a desvanecerse... 

IdiomaEspañol
EditorialCamila Winter
Fecha de lanzamiento24 sept 2017
ISBN9781386502784
Regreso a Black Mountain
Leer la vista previa
Autor

Camila Winter

Autora de varias novelas del género romance paranormal y suspenso romántico ha publicado más de diez novelas teniendo gran aceptación entre el público de habla hispana, su estilo fluido, sus historias con un toque de suspenso ha cosechado muchos seguidores en España, México y Estados Unidos, siendo sus novelas más famosas El fantasma de Farnaise, Niebla en Warwick, y las de Regencia; Laberinto de Pasiones y La promesa del escocés,  La esposa cautiva y las de corte paranormal; La maldición de Willows house y el novio fantasma. Su nueva saga paranormal llamada El sendero oscuro mezcla algunas leyendas de vampiros y está disponible en tapa blanda y en ebook habiendo cosechado muy buenas críticas. Entre sus novelas más vendidas se encuentra: La esposa cautiva, La promesa del escocés, Una boda escocesa, La heredera de Rouen y El heredero MacIntoch. Puedes seguir sus noticias en su blog; camilawinternovelas.blogspot.com.es y en su página de facebook.https://www.facebook.com/Camila-Winter-240583846023283

Lee más de Camila Winter

Relacionado con Regreso a Black Mountain

Libros electrónicos relacionados

Categorías relacionadas

Comentarios para Regreso a Black Mountain

Calificación: 3 de 5 estrellas
3/5

2 clasificaciones0 comentarios

¿Qué te pareció?

Toca para calificar

Los comentarios deben tener al menos 10 palabras

    Vista previa del libro

    Regreso a Black Mountain - Camila Winter

    Regreso a Black Mountain

    Camila Winter

    1.

    Catherine despertó cansada y al abrir los ojos no sabía  dónde estaba,  pero tenía la inquietante sensación de que Eric estaba cerca y la observaba desde algún lugar recóndito de la habitación.

    Meses de matrimonio y de tener que soportar sus celos, mal carácter y una intimidad casi salvaje, sintió que las fuerzas la abandonaban. Sus ojos buscaron en la penumbra a ese ser que podía sentir a la distancia como una presencia oscura y nefasta, temible y al verle su corazón latió veloz. Sí, le temía, ese terror antiguo se había convertido en algo paralizante.

    Eric sonrió al escuchar los latidos acelerados de su corazón, disfrutaba tanto torturándola como cuando la encerraba en la habitación para hacerle el amor y en ocasiones primero la amedrentaba y eso parecía despertar su lujuria extrema como en esos momentos...

    Cathy ahogó un grito cuando la besó y empujó a la cama.

    —Es muy temprano preciosa, ven aquí... Son apenas las seis...—dijo y atrapó sus labios sujetando sus brazos para que no pudiera escapar. Nunca podía.

    Llevaba meses cautiva del diablo, soportándolo todo por el niño que llevaba en su vientre y que crecía con prisa. Sabía que su alumbramiento estaba próximo y temblaba al pensar en su hijo. Su futuro también le provocaba angustia, no hacía más que planear una huida pero tenía miedo.

    De pronto notó que miraba su vientre y lo acariciaba despacio. La asustaba que hiciera eso, llevaba meses soportando ese tormento y nunca podía, nunca podía siquiera sentir indiferencia o...

    —Tu bebé nacerá pronto, Prudence... Ese niño debió ser mío pero no temas, yo cuidaré de ti y también de esa crío de vampiro.

    Esas palabras no la tranquilizaron, ni tampoco que la tomara recordándole que le pertenecía, que era su prisionera y tenía derecho a copular cuando se le antojara.

    —Abrázame Prudence, bésame—le ordenó.

    La llamaba Prudence porque ese era su antiguo nombre pero a Cathy no le gustaba, odiaba que la llamara así.

    —Abrázame preciosa, por favor—insistió él.

    No era la primera vez que le pedía eso y ella lo hizo porque nunca lo desobedecía, pero no sentía nada al besarle, nada parecido al amor, por el contrario odiaba y temía a ese ser como nunca antes había odiado a nadie. A ese demonio que llevaba mucho tiempo persiguiéndola y que nunca había dejado de atormentarla siendo niña y luego...

    Su peor pesadilla se había materializado y ahora era su marido.

    Lo ocurrido en Black Mountain se había convertido en un sueño, la voz de Bram, sus promesas de rescatarla no eran más que un espejismo. Bram estaba muerto, su voz se había apagado y estaba sola, sola con su hijo y enfrentada a su peor pesadilla que ahora tenía voz y un cuerpo que sospechaba no era suyo...

    Había leído una vez que los demonios eran ángeles expulsados del cielo y que no tenían cuerpo, que solo podían manifestarse cuando poseían el cuerpo de alguien y Eric era humano. Comía, bebía vodka y también le hacía el amor como un ser de carne y hueso. Sin embargo no era del todo humano, él podía leer sus pensamientos y saber si estaba triste, enojada o asustada. Por más que intentara poner su mente en blanco siempre sabía todo y también sabía cosas de su vida anterior que la atormentaban. Saber que había sido Prudence y que la habían entregado en sacrificio, que sus padres habían muerto de peste la habían atormentado y cambiado.

    —Duerme preciosa, es temprano... Todavía no ha salido el sol...—le susurró él.

    Cathy sintió sus besos y se durmió.

    LO MÁS EXTRAÑO ERA que su padre le tuviera tanta simpatía, que hubiera aceptado con tanta naturalidad su precipitada boda y tener un yerno a quién consideraba un adinerado niño rico.

    Nunca estaban a solas, jamás podían hablar sin que él estuviera presente, aún a la distancia Eric oía su voz.

    Y de haberle pedido ayuda ¿qué habría hecho su padre?

    La vida de su hermano corría peligro, y él estaba atrapado por Brittany y por Eric. Sí, lo había nombrado socio en una de las empresas que manejaba en Nueva York. Tenía mucho dinero, propiedades y Brittany era su más leal sierva. Sospechaba que estaban tramando algo, no sabía qué pero siempre hablaban de dinero y de hacer un viaje, abandonar Pensilvania y...

    De algo estaba segura: no era su hermana. Y no era la única que la vigilaba, en el apartamento, cuando salía, sentía un montón de ojos acechándola y no eran seres tangibles... como si toda esa ciudad estuviera plagada de demonios.

    ¿Quién era ese hombre? Acaso había suplantado una identidad, había robado un cuerpo y ahora...

    Si era humano era vulnerable.

    Bram no era humano, era vampiro y tenía la fuerza de veinte hombres. Él nunca la habría dejado, Eric debió matarle, estaba casi segura de ello y por eso su odio era mayor.

    Estaba sola, pero no del todo, Eric había salido a la empresa porque estaba muy atareado planeando algo, algo de lo cual se negaba a hablarle. Dio unos pasos por el apartamento y de pronto recibió la llamada de su padre.

    —Papá.

    —Cathy... ¿Por qué no has venido todavía? Te esperamos a almorzar. Tu esposo no estará trabajando ¿no es así?

    —Perdona es que... Estoy sola y lo olvidé... Eric salió y...

    —¿Estás sola? Aguarda, iré a buscarte, Cathy. Vamos, es sábado y Tim tiene el día libre, comeremos pavo asado, ensalada y una tarta de chocolate, tu favorita.

    Cathy sintió un nudo en la garganta y fue incapaz de decir palabra.

    —¿Eric te dejó sola un sábado? Bueno, no te angusties, iré a buscarte.

    —No papá, no vengas, por favor... Es que no me siento muy bien hoy, estoy cansada y creo que iré a dormir un rato—le respondió.

    —¿Te sientes mal y estás sola? Cathy, estás embarazada, ¿no puedes llamar a un médico?

    —No... No quiero ir al médico, no me atrevo.

    —Aguarda, iré a verte. Llamaré a Eric.

    Cathy no pudo convencerlo y de pronto sintió un dolor agudo en el vientre tan fuerte que quiso regresar a la cama pero no pudo. Su bebé iba a nacer, podía sentir cómo pujaba y de pronto se vio mojada y cayó exánime.

    Cathy, despierta, Cathy soy papá... Catherine.

    Ella abrió los ojos aturdida, sintiendo que le dolía todo y de pronto vio a Eric llegar de repente, sin hacer ruido y miró a su padre con desesperación.

    —Papá, llévame a casa por favor—chilló y se estiró, buscó la forma de arrastrarse y escapar, huir de ese demonio, temiendo que le hiciera algo a su hijo. No lo permitiría.

    —Cathy, tranquilízate, tu esposo llamó a los paramédicos, vendrán enseguida—su padre estaba tan nervioso como ella pero la presencia repentina de su yerno lo tranquilizó un poco.

    Y finalmente fue Eric quién logró calmar a Cathy.

    Sin embargo cuando dijo que la llevaría él en la camioneta Dodge Ram, Anderson se inquietó. Rayos, ¿qué sería de ese bebé? ¿Lograría vivir? ¿Sería humano o mitad humano y mitad vampiro? ¿Y qué dirían los médicos? Dios santo, lo dejarían en el CTI para examinarlo y después...

    Ajena a los temores de su padre, Catherine vivía su propio infierno en esa camioneta, sufriendo los dolores de parto y el terror de que Eric le hiciera daño a su hijo. Porque era el hijo de Bram y debía odiarle, pero si le hacía algún daño jamás lo perdonaría.

    Y como si leyera su mente, él acarició su mejilla y le pidió que se tranquilizara.

    —Prometí que cuidaría de ti y de tu hijo Prudence, lo haré...

    Y como si no se fiara de sus promesas Cathy le preguntó a dónde la llevaba.

    —Deja de llamarme Prudence, soy Catherine.

    Sus protestas le arrancaron una sonrisa extraña.

    —Cathy, como te dice tu padre... Una cachorrita llamada Cathy... Me agrada más Prudence... Tu antiguo nombre de puritana, te conocí con él ¿lo recuerdas?

    Cathy dejó escapar un gemido, le dolía y por momentos le costaba respirar, el niño debía estar luchando por nacer. No quería ni pensar en el pasado, odiaba hacerlo. Ella no era Prudence, lo fue en otra vida,  ahora era Catherine y le agradaba su nombre. Además se sentía enferma cada vez que la llamaba así.

    Llegaron al hospital y fue Eric quién la ingresó y quién estuvo allí mientras la llevaban a la sala de parto, hizo el papel de esposo a la perfección y todos creyeron que era el padre de la criatura.

    Y cuando el bebé abandonó el vientre de su madre él lo tuvo en brazos y sonrió. Una niña, una hermosa niña igual a Catherine, con sus ojos, los labios, y rosada, tan tierna, como un ángel...

    Tenía hambre, quería a su madre y de pronto comenzó a llorar con fuerza, la boquita roja se abrió en son de protesta y él sonrió, pero no se la entregó a Cathy, ella debía descansar, estaba muy pálida y...

    Una enfermera se acercó.

    —Disculpe señor Hamilton pero la niña... Debe ser alimentada por su madre.

    Él miró a la mujer con fijeza.

    —Mi esposa está débil, no creo que sea prudente ahora. Lleve a la niña a la nursery y que la alimenten con algún biberón.

    Esa respuesta dejó a la mujer pasmada. No era lo usual pero el caballero se mostró inflexible y no se apartó de su esposa, que estaba muy débil sí y dolorida.

    —Bram... Bram...—llamó ella ignorando quién estaba a su lado. Por un instante creyó ver a su amante vampiro y al ver que era Eric lloró. Lloró y pensó en su bebé.

    —Eric... Mi bebé... ¿Dónde está, por qué no...?—la pregunta murió en sus labios, estaba exhausta.

    Él tomó su mano y la besó.

    —Calma Prude, es una hermosa niña, tan parecida a ti... Está en la nursery, luego la traerán, cuando estés más recuperada.

    Los ojos de Catherine se llenaron de lágrimas una niña, había nacido la hija de Bram, su hija...

    —Pero ¿por qué no la han traído? ¿Dónde está?—dijo  luego.

    De repente la niña era su obsesión, su hija, ese minúsculo ser tan indefenso su principal angustia y también el amor de su corazón.

    —Está bien, es como tú, es humana pero luego... Deberemos cuidarla de que no se convierta en uno de ellos. No querrás que luego salga de noche a comer personas ¿verdad?

    Ella lo miró horrorizada y lloró.

    —No llores Prude, nada le pasará a tu hija. Yo cuidaré de ti y también de esa preciosa niña tan parecida a ti. Debes decir cómo le pondrás a nuestra hija. Pensabas que era niño y creo que no esperabas que fuera una niña, así que deberás escoger un nombre.

    Cathryn suspiró.

    —Regina, se llamará Regina. Siempre me ha gustado ese nombre.

    Eric sonrió.

    —Un nombre bello, nombre de reina. Me agrada.

    Cathy se rindió, era inútil insistir, quería dormir, descansar, estaba tan exhausta, lo necesitaba.

    NO HABÍA NADA EXTRAÑO en Regina, se alimentaba, gruñía, lloraba y quería estar todo el día en brazos de su madre como cualquier recién nacido. Pasaba mucho tiempo dormida y cuando despertaba era porque tenía hambre.

    Anderson sonrió emocionado cuando tuvo a su nieta en brazos y Tim le sacó muchas fotografías y en ese momento fueron una familia casi normal. Tuvo la sensación mientras contemplaba el paisaje de otoño de la nueva casa que había comprado su yerno en el corazón del elegante barrio de... de que todo era perfecto. Cathy se veía feliz con la niña que ahora daba sus primeros pasos en los jardines y reía y daba grititos buscando a su padre. Bueno, ella creía que Drake era su padre y este parecía encantado con la niña.

    Era extraño pero a medida que pasaba el tiempo notó que su yerno no era el típico yuppie adinerado de ciudad, era huérfano y no tenía parientes, ni tías ni parientes molestos. Sabía mucho de muchas cosas y eso para un escritor curioso como él era de por sí fascinante y disfrutaba de sobremanera esas largas charlas frente al fuego de política, ciencia, religión, mitología... era increíble pero su saber era casi enciclopédico. Como el de un profesor o investigador de ciencia y sin embargo Drake Hamilton, aseguraba que no era más que un simple y ávido lector. Que había leído mucho en su juventud y también había viajado y por eso sabía tanto.

    Y ese día mientras almorzaban al aire libre, en la mansión que su yerno había comprado conversaron de los últimos eventos.

    Anderson miró a su hija Catherine, había estado grave luego de nacer la niña pero ahora se veía radiante y sonreía viendo a la pequeña Regina en brazos de su esposo. La niña vivía en brazos de su madre pero también quería a Drake, eso era bueno, ¿pero qué sentiría su hija por el hombre que le había dado todo? Nadie tenía dudas de que la adoraba, a pesar de tener mucho dinero y trabajar rodeado de mujeres como decía su hijo Tim, la obsesión de Drake era Cathy y sabía que ese enamoramiento loco y repentino no había menguado.

    Excepto que no sabía si su hija estaba enamorada.

    Imaginaba que  se había refugiado en Drake para tener un hombre de carne y hueso que cuidara de ella y su hija, sin Bram.

    A pesar de ello no parecían una pareja feliz. Él sí parecía amarla pero ella estaba demasiado concentrada en su hija.

    Lo extraño ahora era la ausencia de Brittany, había tenido que viajar no sabía si a Nueva York por un asunto de negocios y Tim no hacía más que llamarla, que ir de un lado a otro como un perro abandonado. Vaya, estaba metido con esa chica rubia, demasiado. No es que fuera mala, no pero... Tenía la sensación de que luego de la boda de su hermano con Cathy la joven había cambiado, se había vuelto como rara, malhumorada y... Timothy también lo había notado y habían reñido algunas veces.

    Como si estuviera celosa de que su hermano amara tanto a su esposa o... rayos, no lo sabía. Descubrió que esa chica tenía un genio endiablado y que no estaba realmente enamorada de

    ¿Disfrutas la vista previa?
    Página 1 de 1