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Apuntes de Filosofía del Derecho

Apuntes de Filosofía del Derecho

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Longitud: 319 página3 horas

Descripción

Durante el año lectivo 1962-1963, en la histórica y bella ciudad de Montpellier, donde en 1225 se creó la primera Universidad de Francia, comenzando con una escuela de Medicina, tuve la suerte y el honor de hacer mi curso de especialización en Historia y Filosofía del Derecho. Gracias a él pude participar, inmediatamente después de mi regreso, en el concurso de méritos y oposición que la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Cuenca convocara, a fin de llenar la vacante dejada por la renuncia del anterior catedrático.

En noviembre de 1963, tras ganar el aludido concurso, comencé mis labores docentes en este campo y desde ahí, ininterrumpidamente, hasta ahora, he venido cumpliendo con esta grata tarea, estudiando, investigando, profundizando en los más significativos temas de la Filosofía Jurídica, que han sido ya, hasta cierto punto, fijados y consagrados por los tratadistas de esta rama del saber. Dentro de dichos temas, figura como el más importante de todos, como el trascendental, aquel que se refiere a la determinación del concepto general del Derecho y cuyo enfoque no puede ni debe ser soslayado, pues de hacerlo, se puede incurrir en una visión no solo incompleta sino deforme, de esta rama de la Filosofía general.

He procurado -y espero haberlo logrado- mantenerme dentro del esquema fundamental que apunta a desentrañar ese Concepto General, aunque constantemente he debido introducir cambios en mi personal programa, eliminando algunos aspectos que la experiencia me los iba demostrando secundarios frente a otros; reforzando aquellos que los he estimado prioritarios; incorporando algunos que tanto en mi parecer, como en el de mis alumnos, adquirían una significación mayor que la que hasta hace poco ostentaban; en suma, puliendo, depurando, precisando un contenido que pudiera dar, al estudiante en particular y al lector en general, una versión, la más completa posible del Derecho, visto desde la perspectiva de la Filosofía, lo cual exige, desde luego, un permanente ejercicio del intelecto, un hacer uso, a diario, de la única gran cualidad que distingue al hombre de los demás miembros de la escala zoológica: la razón.

Creo poder decir, sin vanidad, pero con un sano orgullo y una honda satisfacción, que a lo largo de este ejercicio magisteril he logrado, o al menos lo he intentado, en mayor o menor intensidad según el grupo de estudiantes que cada año me ha correspondido, despertar esa inquietud y procurar que al Derecho no se lo mire sólo bajo el carácter dogmático y autoritario que a toda regla jurídica atañe, sino que se la examine como lo que realmente es: Una de las más altas creaciones del ser humano y uno de los imprescindibles conceptos con los que el mundo entero debe manejarse, si es que quiere llegar a establecer un clima de comprensión y de respeto entre todos los seres que lo pueblan. (...)

Cuando hablo de ejercitar la razón, para bien entender al mundo que nos rodea, aclaro que mi pretensión solo llega al deseo de poder comunicar, a través de este libro, la necesidad que todos tenemos de pensar; pero, particularmente el abogado, el jurista. En función de lo anotado, aspiro poder transmitir a mis alumnos y lectores, del modo más claro posible, y acaso con ciertas personales perspectivas, aquellos obligados hitos que sobre todo en este siglo se han fijado, por parte de los más insignes filósofos del Derecho de nuestro tiempo, a la cabeza de quienes he de colocar a aquella singular pareja de Maestro y Discípulo: Giorgio del Vecchio y Luis Recaséns Siches que son, sin duda, los más caracterizados veneros, no sólo para los juristas y filósofos que podrían considerarse como pertenecientes a la llamada civilización greco-latina, sino también de otros, adscritos a diferentes ancestros culturales. (...)

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Durante el año lectivo 1962-1963, en la histórica y bella ciudad de Montpellier, donde en 1225 se creó la primera Universidad de Francia, comenzando con una escuela de Medicina, tuve la suerte y el honor de hacer mi curso de especialización en Historia y Filosofía del Derecho. Gracias a él pude participar, inmediatamente después de mi regreso, en el concurso de méritos y oposición que la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Cuenca convocara, a fin de llenar la vacante dejada por la renuncia del anterior catedrático.

En noviembre de 1963, tras ganar el aludido concurso, comencé mis labores docentes en este campo y desde ahí, ininterrumpidamente, hasta ahora, he venido cumpliendo con esta grata tarea, estudiando, investigando, profundizando en los más significativos temas de la Filosofía Jurídica, que han sido ya, hasta cierto punto, fijados y consagrados por los tratadistas de esta rama del saber. Dentro de dichos temas, figura como el más importante de todos, como el trascendental, aquel que se refiere a la determinación del concepto general del Derecho y cuyo enfoque no puede ni debe ser soslayado, pues de hacerlo, se puede incurrir en una visión no solo incompleta sino deforme, de esta rama de la Filosofía general.

He procurado -y espero haberlo logrado- mantenerme dentro del esquema fundamental que apunta a desentrañar ese Concepto General, aunque constantemente he debido introducir cambios en mi personal programa, eliminando algunos aspectos que la experiencia me los iba demostrando secundarios frente a otros; reforzando aquellos que los he estimado prioritarios; incorporando algunos que tanto en mi parecer, como en el de mis alumnos, adquirían una significación mayor que la que hasta hace poco ostentaban; en suma, puliendo, depurando, precisando un contenido que pudiera dar, al estudiante en particular y al lector en general, una versión, la más completa posible del Derecho, visto desde la perspectiva de la Filosofía, lo cual exige, desde luego, un permanente ejercicio del intelecto, un hacer uso, a diario, de la única gran cualidad que distingue al hombre de los demás miembros de la escala zoológica: la razón.

Creo poder decir, sin vanidad, pero con un sano orgullo y una honda satisfacción, que a lo largo de este ejercicio magisteril he logrado, o al menos lo he intentado, en mayor o menor intensidad según el grupo de estudiantes que cada año me ha correspondido, despertar esa inquietud y procurar que al Derecho no se lo mire sólo bajo el carácter dogmático y autoritario que a toda regla jurídica atañe, sino que se la examine como lo que realmente es: Una de las más altas creaciones del ser humano y uno de los imprescindibles conceptos con los que el mundo entero debe manejarse, si es que quiere llegar a establecer un clima de comprensión y de respeto entre todos los seres que lo pueblan. (...)

Cuando hablo de ejercitar la razón, para bien entender al mundo que nos rodea, aclaro que mi pretensión solo llega al deseo de poder comunicar, a través de este libro, la necesidad que todos tenemos de pensar; pero, particularmente el abogado, el jurista. En función de lo anotado, aspiro poder transmitir a mis alumnos y lectores, del modo más claro posible, y acaso con ciertas personales perspectivas, aquellos obligados hitos que sobre todo en este siglo se han fijado, por parte de los más insignes filósofos del Derecho de nuestro tiempo, a la cabeza de quienes he de colocar a aquella singular pareja de Maestro y Discípulo: Giorgio del Vecchio y Luis Recaséns Siches que son, sin duda, los más caracterizados veneros, no sólo para los juristas y filósofos que podrían considerarse como pertenecientes a la llamada civilización greco-latina, sino también de otros, adscritos a diferentes ancestros culturales. (...)

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