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Curso de judo. Historia y filosofia, principios fundamentales, tecnicas, ataques, combate
Curso de judo. Historia y filosofia, principios fundamentales, tecnicas, ataques, combate
Curso de judo. Historia y filosofia, principios fundamentales, tecnicas, ataques, combate
Libro electrónico293 páginas1 hora

Curso de judo. Historia y filosofia, principios fundamentales, tecnicas, ataques, combate

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Los orígenes del judo se remontan al antiguo ju-jitsu. Es una técnica de combate sin armas elaborada por Jigoro Kano, que en el año 1882 fundó la escuela del Kodokan («lugar en donde se estudia la Vía»). El judo es el arte marcial más conocido del planeta, y ha abierto el camino a otras disciplinas de combate en los países occidentales. Los autores, que acumulan muchos años de experiencia en los tatamis, aportan toda la información necesaria para practicar esta disciplina olímpica en las mejores condiciones. En este libro presentan una visión histórica de la disciplina, los principios fundamentales de esta actividad física, los elementos de la tradición de la que deriva y la presentación de las técnicas, cuyo objetivo principal es desequilibrar al oponente para derribarlo.
Las abundantes ilustraciones didácticas acompañadas de detalladas descripciones le ayudarán a ejecutar los diferentes movimientos: los ataques, las paradas, las defensas y las fintas ya no tendrán ningún secreto. Gracias a esta didáctica guía, podrá entrar de lleno en el fascinante mundo del judo.
IdiomaEspañol
Fecha de lanzamiento14 ago 2017
ISBN9781683253808
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    Curso de judo. Historia y filosofia, principios fundamentales, tecnicas, ataques, combate - Emmanuel Charlot

    INTRODUCCIÓN

    El judo es una disciplina compleja cuyas raíces técnicas y culturales deben buscarse en tiempos inmemoriales. Las fuentes, en materia de combate, se remontan necesariamente a épocas lejanas.

    Es evidente que es imposible aprender judo con un libro. Por otro lado, tampoco es posible tratar todos los aspectos de esta práctica en una sola obra.

    El criterio que han seguido los autores es presentar de un modo esencial todas las técnicas del judo que se utilizan hoy en día. Este esfuerzo de exhaustividad es realmente único. Los principiantes, así como los iniciados más instruidos e incluso los profesores, encontrarán en estas páginas la demostración de las técnicas que constituyen el patrimonio de la disciplina, desde las noventa y dos de pie y en el suelo recogidas en el Gokyo —la clasificación establecida por el Kodokan (el centro originario del judo fundado por Jigoro Kano, que todavía está activo)— hasta las modificadas o inventadas por la competición moderna.

    Pero ¿las encontraremos todas? Hay que reconocer que no. El judo, difundido en todo el mundo por diferentes expertos y practicado hoy en día en más de cien países, tiene la particularidad no sólo de haber reunido los conocimientos técnicos de numerosas y diferentes escuelas, sino también de haber sido y ser más que nunca un laboratorio técnico. En efecto, la inventiva interviene en la eficacia, tanto desde una perspectiva de defensa personal como en lo que respecta a los logros deportivos.

    Sin embargo —y el mérito corresponde a los pioneros del judo, que instituyeron las primeras nomenclaturas técnicas sobre la base del patrimonio del ju-jutsu—, la disciplina no se ha apartado mucho de las características que tenía desde su creación a principios del siglo xx. Algunas técnicas, que actualmente se cree que fueron propuestas por luchadores de la escuela rusa o que surgieron de la imaginación de algún joven competidor, se encuentran, totalmente similares, en un antiguo y olvidado manual japonés.

    PRESENTACIÓN

    CREACIÓN DEL JUDO EN JAPÓN

    Jigoro Kano, un estudiante brillante de un Japón apenas entrado en la época moderna y en proceso de occidentalización (periodo Meiji), fundó a los veintidós años, en 1882, su propia escuela de ju-jutsu. ¿Qué es el ju-jutsu? Es el arte de la flexibilidad (de jiu, «flexibilidad», «adaptación», y jitsu, «técnica», «método», «arte») en el combate con manos desnudas heredado de la larga historia guerrera de Japón y que había tenido un amplio desarrollo a partir del siglo xvi. Estas técnicas tradicionales se transmitían en un gran número de escuelas, con sus dinastías de maestros, sus secretos y sus características particulares. Dichas técnicas consistían en diferentes golpes, controles articulares, estrangulamientos, inmovilizaciones y proyecciones. Caído en desuso a finales del siglo xix, coincidiendo con la disolución de la casta de los samuráis, el ju-jutsu prácticamente dejó de enseñarse y sus escuelas desaparecieron.

    Sin embargo, Jigoro Kano se interesó en él, inicialmente con pasión juvenil, con el objetivo de fortalecerse. Su físico debilucho no estaba a la altura de su carácter, destacable, y no le permitía enfrentarse a las vejaciones de sus compañeros más fuertes. A continuación, al descubrir los beneficios que le aportaba la práctica del ju-jutsu, se entrenó con la máxima dedicación. A partir de entonces, además de los estudios de muy alto nivel, se entrenó a fondo en las dos escuelas tradicionales de ju-jutsu, realizó importantes investigaciones, compilando textos antiguos, y fundó, como ya se ha dicho, en 1882, el dojo, el «lugar de la Vía».

    Jigoro Kano (©Dimitri lundt/Tempsport/Corbis)

    En él reunió a los alumnos con los que practicaría, estudiaría y poco a poco reformaría el antiguo ju-jutsu. A su escuela le puso el nombre de Kodokan («instituto para el estudio de la Vía»); en ella materializó una ruptura decisiva con el ju-jutsu antiguo, y decidió llamar a su disciplina ju-do (la Vía de la flexibilidad): «¿Por qué la llamo ju-do en lugar de ju-jutsu? Porque lo que yo enseño no es sólo jutsu (técnica, arte). Es verdad que enseño jutsu, pero quiero insistir especialmente en el do. El judo kodokan que enseño tiene, comparado con el antiguo ju-jutsu, unos objetivos más amplios...».

    Estas finalidades más amplias son humanistas. Jigoro Kano, que tuvo una gran influencia en el conjunto del sistema educativo japonés, intuyó, poniéndose a sí mismo como ejemplo, el valor pedagógico del arte marcial. Con el entrenamiento, el judoca desarrolla su cuerpo, reafirma su carácter y refuerza su capacidad de trabajar con los demás. La sutileza de la disciplina permite profundizar y aprovechar en la vida los principios naturales, que se convierten, con la práctica, en modelos de comportamiento eficaces.

    Con una mentalidad muy próxima a la de Coubertin, al que conoció, Jigoro Kano fundó, partiendo de la base del antiguo ju-jutsu, una disciplina moderna a la que despojó de los aspectos más peligrosos y cuya vocación es la formación del individuo. Con gran inteligencia, supo sintetizar los principios fundamentales del arte del ju-jutsu. Elaboró un método de entrenamiento coherente y tan adecuado que le valió, en Japón, la adhesión de los maestros de las escuelas que habían subsistido e interesó a instituciones, como la policía, por ejemplo. Su éxito se explica también por las victorias de sus alumnos en los torneos en los que su Kodokan competía con otras escuelas.

    En 1905, Jigoro Kano federó en torno a su judo otras escuelas de ju-jutsu. El número de miembros del Kodokan iba en constante aumento. En cuestión de unos años, los expertos de judo pasaron a enseñar en todo Japón, en la universidad, y en poco tiempo también en los colegios, en donde el judo se convirtió en asignatura obligatoria.

    Sus discípulos viajaron al extranjero y difundieron el judo por todo el mundo. Siendo el máximo rector del Comité Olímpico Japonés, Jigoro Kano obtuvo la organización de los Juegos en Japón en el año 1940, en los que el judo fue deporte de demostración. Sin embargo, en 1938, murió de una neumonía a bordo de un barco, mientras se preparaba el segundo conflicto mundial. Pese a todo, el judo continuó su conquista del mundo: los primeros campeonatos internacionales fueron organizados en Tokio en 1956 y el judo fue olímpico en los Juegos de 1964, fecha a partir de la cual se ha convertido en una de las disciplinas más practicadas en los cinco continentes.

    EL JUDO EN ESPAÑA

    El judo fue introducido en Europa a finales del siglo xix y primeros del xx. El maestro Tani y su hermano llegaron a Londres en 1899 seguidos por los maestros Uyeni-Chi, Miyake, Ohno, Aida y, ya en 1906, el maestro Koizumi.

    En aquella misma época, el maestro Renie introdujo la disciplina en París y posteriormente llegó el maestro Kawaishi, al quien se debe, entre sus diversas aportaciones, los cinturones de color y el Gokyo por grados.

    En España, es difícil determinar con exactitud en qué momento y dónde empiezan a aparecer judocas. Sin embargo, suele hacerse coincidir la difusión de este deporte con la llegada del maestro peruano Alfredo San Bartolomé, Cinturón Negro 2.º dan, en el año 1947, quien, después de unos inicios en un gimnasio de la calle de Fuencarral, en Madrid, fundó el Club Bushidokwai, que todavía permanece dirigido por el maestro Macario García, 7.º dan y entrenador de la selección nacional. Fueron alumnos del maestro San Bartolomé el maestro José Navarro de Palencia, 8.º dan, y el maestro Fernando Franco de Sarabia, 7.º dan y fundador del gimnasio Samurái, también en Madrid.

    En 1949, el francés Michel Martin fundó el Club Abascal. Al año siguiente llegó a Barcelona el también maestro francés Henri Birbaum, 8.º dan, fundador del Judo Club Barcelona, que ha dado grandes maestros, como Víctor Gaspar Cortina, 8.º dan.

    A partir de 1951, Madrid y Barcelona se convirtieron en los dos núcleos de donde salían los principales exponentes

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