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La enciclopedia del boxer

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La enciclopedia del boxer

valoraciones:
5/5 (1 clasificación)
Longitud:
476 páginas
3 horas
Publicado:
14 ago 2017
ISBN:
9781683254089
Formato:
Libro

Descripción

Este libro le ayudará a conocer los orígenes del boxer, a partir de los antiguos bullenbeisser y de las primeras exposiciones en Alemania a finales del siglo xix. Se analiza la evolución de la raza a través del examen atento de las características morfológicas y de los detalles del estándar, y se ofrecen los instrumentos necesarios para valorar correctamente al cachorro, así como también instrucciones para quien desea destinar su perro a la reproducción. Todos los aspectos del comportamiento y del carácter del boxer son examinados en esta obra, que incluye consejos muy útiles para su educación. Para los cinófilos y los aficionados a los concursos, también se ofrecen los reglamentos de las exposiciones y de las pruebas de trabajo, así como todos los consejos prácticos para el adiestramiento. Se tratan con profundidad los temas relativos a una correcta alimentación y a los problemas de prevención y cura de las enfermedades. Una documentadísima obra, indispensable tanto para los aficionados que ya conocen la raza como para quien desea iniciarse en un mundo todavía inexplorado
Publicado:
14 ago 2017
ISBN:
9781683254089
Formato:
Libro

Sobre el autor


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Notas

INTRODUCCIÓN

El boxer es un perro inconfundible que muestra al mismo tiempo una gran potencia física y mucho afecto. Su aspecto huraño y ceñudo no consigue ocultar un carácter generoso, irremediablemente fiel a su amo y profundamente bueno con todos los componentes de la familia.

Veremos cómo sus cualidades de agilidad y fuerza, elegancia y potencia, unidas a su gran equilibrio psíquico son el resultado de un trabajo sin igual llevado a cabo por los criadores desde el reconocimiento de la raza (en Alemania a finales del siglo XIX) hasta la actualidad para garantizar la estabilidad de estas características. Llegado a otros países relativamente tarde, ya que se difundió a partir del final de la segunda guerra mundial, el boxer ha alcanzado una gran expansión, unida a un nivel técnico altísimo.

Su particular y merecida popularidad no debe hacernos olvidar que este amistoso perro tiene la necesidad instintiva de resultar útil porque ha nacido para acompañar al hombre en múltiples tareas. No es posible comprar un boxer y después abandonarlo en el jardín; si no podemos ofrecerle un adiestramiento de muy alto nivel, por lo menos debemos dedicarle una parte de nuestro tiempo para dotarlo de una educación básica y confiarle algún trabajo, la vigilancia más que la custodia de los niños de casa, de manera que se sienta parte integrante de la familia, a la que se encuentra apegadísimo.

Gracias a este libro descubriremos juntos una raza a la que, una vez conocida, resulta imposible no querer.

Detalle de la cabeza de Vega del Master Tampecc. Cría y propiedad de G. Dondi; fotografía de R. Della Vite

HISTORIA Y EVOLUCIÓN DEL BOXER

POR FIORENZO FIORONE

Si se consideran las formas actuales podemos convenir que la raza es bastante reciente, porque la cría del boxer como tal se remonta a finales del siglo XIX aproximadamente, mientras que su aparición, en su primera forma, se contabiliza cincuenta años antes, época en la que un grupo de cinófilos bávaros trató de obtener de un antiguo molosoide robusto, tosco y digamos que falto de gracia, llamado bullenbeisser, cruzado con el bulldog inglés, un tipo nuevo que respondiese a determinados requisitos.

La empresa no debió de resultar demasiado fácil si aquellos criadores se habían planteado como gran objetivo la obtención de una nueva raza que combinase coraje, equilibrio, potencia e inteligencia, además de estética. Los primeros boxer eran muy distintos a los actuales, bastante feos si se quiere; pero la selección supo operar tan bien en profundidad que, con el paso de los años, se obtuvo un perro de defensa que a la potencia, el coraje, la inteligencia y el apego al amo une una considerable belleza. Si a todo ello añadimos un carácter alegre y un extraordinario equilibrio psíquico, tendremos un animal verdaderamente excepcional, como es en efecto el boxer. Por algo ha sabido granjearse las simpatías de todo el mundo.

Pero, ante todo, tratemos de conocer a aquel bullenbeisser que dio origen al boxer. ¿De dónde venía? Debería excluirse una forma autóctona o del norte de Europa en general (al menos por lo que se refiere a la tipología de los mastines), aunque el naturalista Hilzheimer —al que se oponen muchos otros— considere que su patria estaba situada al norte de los Alpes. Desde este lugar de origen el grupo se habría propagado bajo diversas formas hacia el Sur y luego a toda Europa, hasta el Mediterráneo. Studer y Strebel defienden la descendencia europea de los mastines.

Muy probable es la hipótesis según la cual el bullenbeisser descendería de los mastines que habrían llegado a Alemania a través de Inglaterra, llevados allí por los fenicios, los cuales ya unos milenios antes de Cristo, surcaban todos los mares entonces conocidos para llevar a cabo su actividad comercial. Estos alcanzaron las costas mediterráneas y a continuación Galia y Britania, llegando hasta el mar del Norte. En estos viajes habrían llevado consigo —como artículo de comercio raro y valioso— grandes mastines, procedentes de Asiria e India, a su vez descendientes del mastín del Tíbet, cuya forma salvaje es la de un gran lobo indio. Es bien sabido que los fenicios mantuvieron relaciones comerciales incluso con los grandes reinos asirios. Junto al mercado de los esclavos se desarrollaba en aquellos tiempos el mercado de los animales. De esta forma el material de formación de varias grandes razas caninas europeas actuales llegó a Europa occidental. El doctor Keller aprueba la teoría que acabamos de exponer, que además es la del doctor Tschudy de Basilea, en una carta enviada a este último: «Por lo que se refiere a la cuestión de los mastines, mi hipótesis de que los fenicios hubiesen comerciado con este tipo de perros en Francia y Gran Bretaña tiene muchas probabilidades. Que luego desde Inglaterra la sangre de los mastines se difundiera a Alemania septentrional para constituir allí el Canis familiaris decumanus, me parece una concepción correcta...». Esta forma fósil, el Canis familiaris decumanus, representaría el antepasado del bullenbeisser aunque no sea directamente, sino a través de esos perros medievales alemanes llamados saupacker (atrapa-cerdos) o perros de presa para osos y toros.

Ciertas antiguas leyes germánicas hacen referencia a grandes perros llamados Canis ursoritus (de osos), Canis porcatoris (de jabalí) y perros que vaccam et taurum prendit (perros de toro o bullenbeisser) difundidos en muchas zonas de Alemania. Pinturas y esculturas representan determinados tipos de perros de la Edad Media. Así, en una tumba de la Liebesfrau Kirche de Arnstadt existe la escultura de un perro, un molosoide, que se puede considerar el antepasado del boxer, echado a los pies de Isabel de Hohenstein, esposa del conde Günter XXV de Schwarzturg, fallecido en 1398.

En aquella época los escultores de lápidas acostumbraban a simbolizar la fidelidad con figuras de uno o varios perros a los pies de monumentos de mujeres casadas de alto linaje. Algunas esculturas de perros conocidos como bullenbeisser, considerados justamente ejemplos de los antepasados del tipo actual, parecen haber sido realizados hacia el año 1600.

Los bullenbeisser se presentaban en formas grandes y pequeñas. Eran perros pendencieros y agresivos, muy empleados en Alemania y en Holanda para la caza del jabalí y del ciervo, y se dice que incluso del oso; más tarde fueron empleados para la guardia de las ovejas y, sobre todo, de las vacas.

El boxer descendería de un tipo de formas más pequeñas llamado «perro de toro de Brabante», preferido desde la Edad Media por su mayor movilidad y rapidez.

En el periódico Chasse et pêche (1921), Gaston de Wael afirma que sobre todo en Brabante se conocía desde mucho tiempo atrás una variedad de bullenbeisser llamada precisamente Brabantsche bullen-Bijters, capaz de luchar contra toros feroces y que se difundió ampliamente entre los pastores de bueyes. En el mismo artículo se cita a un tal M. John Ebriendiger, que vivió hacia finales del siglo XVI, y dejó varios retratos que representan al Brabantsche bullen-Bijters con semblanzas bastante cercanas al actual boxer. Por ello, no resulta temerario afirmar —según De Wael— que el país de origen del boxer es Brabante y que, aun admitiendo la descendencia de los boxer alemanes, los antepasados del perro actual habrían sido sobre todo brabantinos (brabançons) criados desde tiempos muy remotos de una forma especial.

Teniendo en cuenta los orígenes, las dimensiones y muchas otras cosas —aun siendo análoga la tipología molosoide común a los boxer y a los pequeños brabantinos— nos tomaremos la libertad de prescindir de esta última teoría, puesto que en la formación de las razas caninas hemos asistido a emparejamientos extrañísimos que, a pesar de ello, han dado unos resultados brillantes.

En cambio, debe considerarse con particular atención el perro de toro de Brabante, del que ya hemos hablado. Ciertos tapices flamencos de los siglos XVI y XVII representan a perros bastante parecidos al boxer en el momento de dar caza al ciervo y al jabalí.

Los inicios del boxer como perro de exposición tuvieron lugar en la ciudad bávara de Múnich. Rowland Johns escribe en su manual Our Friend the Boxer: «Desde Inglaterra, la gran moda de criar perros se había extendido al continente y los astutos bávaros pensaron que obtendrían un gran éxito con su perro si lograban mejorarlo mediante un cruce. Lo sabían todo sobre el bulldog inglés, incluso que había sido liberado en 1835 en Gran Bretaña de la tarea de combatir contra osos y toros, y decidieron introducir algunas de sus características, dado que entonces el bulldog era muy parecido al moderno bull-terrier inglés, pero mucho más pesado.

»Sin embargo, es posible que desde 1870 se realizaran cruces de este tipo con la intención, no del todo negativa, de mejorar su aspecto, sobre todo para conseguir una cabeza cuadrada y un cuerpo más ágil. Pero la primera prueba concreta de un progreso efectivo se logró en 1890 (según Von Otto), cuando un boxer de Múnich fue cruzado con un bulldog a rayas blancas. El fallecido Philip Stockmann confirmó que de aquel cruce derivaron ejemplares de barbilla muy desarrollada, de oreja alta y de osamenta más fuerte. A continuación, siguió el acoplamiento entre perros no consanguíneos para eliminar el exceso de color blanco y obtener los colores deseados, es decir, atigrado y canela, para tratar de reducir la pesadez y obtener una silueta ágil».

Obsérvese que el bullenbeisser de tipo Brabante era un perro de color canela o atigrado, aunque de aspecto poco elegante, de construcción sumamente robusta y maciza, con cabeza grande y dentadura muy fuerte.

Estos cruces entre el bullenbeisser y el bulldog dieron lugar a muchas polémicas sobre el origen real del boxer. Vale la pena, a este respecto, reproducir un excelente texto aparecido en el número 3 (julio de 1976) de una bella revista de cinofilia, Quattro zampe («Cuatro patas»), donde se tratan asuntos del Club del Boxer. El artículo no está firmado, pero se puede adivinar claramente el estilo brillante de la pluma de Mario Petricone.

«Alemanes e ingleses han discutido largo y tendido sobre el origen del boxer. Los primeros, con los documentos en la mano, no albergan duda alguna al situar su nacimiento en Alemania, planeado después de memorables veladas en alguna cervecería bávara y realizado a través del acoplamiento de un viejo tipo de mastín alemán, el bullenbeisser, con el bulldog. Los segundos, aunque dan crédito a los documentos mostrados con tanto orgullo por sus colegas cinófilos alemanes, responden que el nacimiento del boxer en Baviera no significa que se trate de una raza alemana. Que el bulldog es completamente inglés, nadie podrá discutirlo nunca —dicen— al igual que nadie podrá olvidar nunca que siempre han sido ellos, los ingleses, los principales exportadores de perros a todo el mundo. ¿Y de qué otro, sino de un perro inglés, habría nacido el bullenbeisser alemán? Sus antepasados son precisamente aquellos perros pugnaces que Julio César halló en Bretaña y trajo consigo a Europa (obviamente eran los descendientes de los mastines llevados a Britania por los fenicios). En efecto, concluyen muy flemáticamente, estos perros medios con el hocico respingón, recogidos, de pelo raso y todo músculo se han llamado a la inglesa boxer, es decir, luchadores, el equivalente de los pugnaces de Julio César.

»Philip Stockmann, que fue el principal de los criadores alemanes de boxer, respondía que tanto daba, para no alimentar discusiones y pretensiones que consideraba absurdas, llamar a estos perros con el nombre germánico: kampfer por ejemplo (luchador), que suena tan mal como boxer.

»Sin embargo, si la polémica no se agota fácilmente y se extiende cada vez más siempre que el boxer conoce en el mundo uno de los momentos de fortuna de que está sembrada su breve pero fascinante historia, una cosa es cierta: estamos ante una raza creada para luchar y para morder. Por ello, el hombre que vive con un boxer encuentra a su lado a un atleta en el sentido helénico del vocablo.

»Por ello, resulta lógico que de esta raza nacida de cruces entre perros que tenían la función de mordedores (lo cual es muy distinto del perro que muerde cuando no debe) se pretenda un temperamento tal que haga de cada boxer un defensor enérgico y sumamente equilibrado...».

Citando de nuevo a Rowland Johns: «En 1894 el producto mejorado halló defensores convencidos en Robert, Konig y Hopper, cuyos esfuerzos para popularizar esta raza no lograron un éxito inmediato, puesto que en la exposición de perros san bernardo celebrada en Múnich en 1895 se produjo una sola inscripción en la categoría: un perro llamado Flocki, hijo de Tom y de Alt Scheckin. Fue un principio modesto, pero muy pronto la raza conquistó, precisamente gracias a Flocki, el favor de los expertos, de forma que en 1896 se fundó el primer club del boxer.

»Tres meses después se celebró una exposición reservada a los boxer, con Konig en el papel de juez, y se observó la necesidad de eliminar todas aquellas características del bulldog que podían restar valor al cuadro ideal, bien claro en la mente de aquellos pioneros.

»El primer registro genealógico para los boxer fue fundado en 1904 y comenzó a publicarse un periódico: el Boxer Biatter».

Durante la Gran Guerra no sólo se emplearon los pastores alemanes para llevar a cabo misiones auxiliares, sino que también muchos boxer cumplieron con su deber, derramando su sangre, al igual que otras razas, como los airedales, los dobermann y los schnauzer.

En Estados Unidos el boxer apareció unos diez años antes de la guerra; el primer ejemplar inscrito en el registro genealógico del American Kennel Club fue Arnulf Graudenz. Poco a poco la cría americana se desarrolló de forma considerable, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial. Su popularidad se encuentra en continuo ascenso en Inglaterra y en otros países del mundo, especialmente en América Latina. Pero volvamos al continente. La verdadera madre del boxer fue Meta von der Passage, la cual dio una numerosa progenie de gran homogeneidad y fue la madre de Hugo von Pfalzgau. Este semental desempeñó, a su vez, un papel esencial en el desarrollo de la raza, dando lugar al campeón Rolf von Vogelsberg, el cual generó a su vez el famoso campeón Rolf Walhall. Este último semental, que había heredado las altas cualidades de sus antepasados, dio a la cría el impulso que la raza tuvo tras la guerra de 1914-1918.

Es un hecho concreto que la cuidadosa selección, basada en el método y la perseverancia, ha llevado en las últimas décadas a resultados espléndidos, regalándonos uno de los más bellos perros de defensa y compañía. La armonía de sus formas se une a las dotes de inteligencia y de carácter que hacen de él un perro verdaderamente ideal, hasta el punto de que actualmente ocupa uno de los primeros puestos entre las razas más difundidas en el mundo. También se utiliza, en varios países, como excelente perro policía y como lazarillo para los ciegos.

Escenas de combate entre toro y perros

MORFOLOGÍA

Esta parte del texto, menos ligera y de lectura más difícil, no pretende ser un tratado científico, sino ofrecer algunas nociones útiles para la mejor comprensión del estándar y de las decisiones de los jueces durante las exposiciones y ayudar a entender cómo está formado el cuerpo del perro. Podrán utilizarse mejor algunos términos, evitando el riesgo de cometer errores, como por ejemplo hablar de patas delanteras (porque sólo son patas las extremidades posteriores) entre otros. Por tanto se dedicará más atención al aparato esqueleticomuscular y a los órganos de los sentidos.

El cuerpo de cualquier organismo está compuesto por multitud de células, organizadas en estructuras cada vez más complejas como los tejidos (sangre, huesos, músculos, piel, nervios, etc.), órganos (pulmones, corazón, etc.), aparatos (respiratorio, circulatorio, etc.). Cada célula desempeña una función muy específica, pero colabora con células de otro tipo para mantener el cuerpo con vida. El buen funcionamiento del organismo, y por tanto el buen estado de salud, depende del equilibrio entre los diferentes aparatos, por ejemplo entre el cardiocirculatorio y el respiratorio o entre estos y el aparato locomotor, etc. Por este motivo es importante que las proporciones entre las diferentes partes del cuerpo sean correctas, tanto entre las externas, fácilmente observables, como entre las internas, órganos y aparatos.

Pedro del David. Criado por el criadero David de R. Mariotti; propiedad de Maria Grazia Poli

La estructura de soporte del cuerpo está configurada por un esqueleto robusto formado por numerosos huesos de diferentes dimensiones articulados entre sí. Los huesos están constituidos por cartílago y tejido óseo, compuesto por sales minerales (en particular fosfato de calcio y carbonato de calcio) que ofrecen dureza y por sustancia orgánica de naturaleza proteica (oseína) que da elasticidad. De acuerdo con su forma los huesos pueden ser cortos, sin médula ósea, como el carpo; largos, de forma cilíndrica, con cavidad medular en el centro, como el húmero o el fémur, y planos como los del cráneo. El conjunto del cuerpo está formado por tres partes principales: cabeza, tronco y extremidades.

Se puede realizar un primer análisis para establecer los puntos y los planos de referencia que permitirán a continuación, de manera adecuada y sin confusión, situar las áreas específicas y los órganos. En cada animal se encuentran tres planos que lo dividen en dos partes:

— plano sagital medio: divide el cuerpo en dos mitades especulares, derecha e izquierda;

— plano transversal medio: separa la parte anterior de la posterior;

— plano horizontal medio: distingue la región dorsal hacia la columna vertebral de la región ventral que se encuentra justamente debajo.

Dorsal es sinónimo de superior, ventral es sinónimo de inferior, craneal de anterior, caudal de posterior. Refiriéndose a un imaginario punto que se encuentre en el centro del tórax del perro, existirán zonas situadas a diferente distancia de este que se definirán como proximales si están cerca y distales si se localizan lejos. Así, por ejemplo, en la extremidad anterior el hombro tendrá una posición proximal respecto al pie.

De este modo se ha establecido un esquema del cuerpo con el que resulta más fácil orientarse e individualizar al animal al que se refieren las observaciones y comentarios expresados en el lenguaje técnicamente adecuado.

PLANOS TRANSVERSALES Y PLANO HORIZONTAL MEDIO

PLANO SAGITAL MEDIO

EJES LONGITUDINALES

ZONAS PROXIMALES Y DISTALES

LAS REGIONES CORPORALES

CABEZA

La cabeza muestra las características y la tipicidad de la raza; está compuesta por dos partes diferenciadas, el cráneo y el hocico, que se subdividen a su vez en otras regiones o subregiones. La cabeza está formada por huesos planos que en su mayoría se encuentran soldados entre sí. De acuerdo con la relación entre la longitud y la anchura de la cabeza las razas se clasifican en dolicocéfalas (con cabeza alargada y estrecha, como el borzoi), y braquicéfalas (con cabeza ancha y hocico corto, como el boxer). Pero con independencia de la raza los huesos que forman la cabeza son los mismos y esta contiene órganos idénticos.

El cráneo tiene forma de recipiente óseo y contiene el encéfalo. En el centro de la zona superior se distinguen las crestas nucales, que son zonas importantes para el estudio detallado del cráneo de las diferentes razas. Tiene especial importancia en la parte posterior la protuberancia externa del hueso occipital que en el perro se sitúa más alta respecto a los otros huesos de la nuca y que se toma como base anatómica para la medición de la longitud de la cabeza; a continuación se encuentra la cresta sagital externa, formada por el proceso interparietal. Los huesos frontales forman la base de la frente delimitando la parte superior la cavidad craneal; en el centro de la frente se encuentra la fosa frontal y la sutura metópica, que en el boxer es notable; hacia los lados se observan los procesos supraorbitales y cigomáticos que son las bases anatómicas de las protuberancias frontales, más o menos desarrolladas en cada raza. Los senos frontales están incluidos en la estructura de los huesos frontales y están relacionados, según Solaro, con el olfato del perro. Los huesos temporales, que se encuentran en las sienes (en latín, tempora) de donde toman el nombre, están formados por diferentes porciones que se unen al frontal, al parietal y al malar. El proceso temporal junto con el proceso frontal del malar forman la arcada cigomática, punto de referencia para la medición de la anchura de la cabeza.

El hocico es la zona de la cabeza que presenta mayores diferencias en función de la raza, tanto en longitud, en anchura, en altura o en perfil. Los maxilares superiores son los huesos más grandes del hocico y ofrecen la base para el implante de los dientes molares y caninos superiores. La mandíbula, en cambio, está formada por un hueso impar que tiene forma de V y acoge toda la dentadura inferior del perro.

Cuando se analiza la cabeza en su conjunto, debe tomarse en consideración:

— proporciones, dimensiones y volumen;

— la forma vista de frente y de perfil;

— el aspecto de los ejes longitudinales superiores del cráneo y del hocico;

— la expresión;

— el movimiento;

— la fijación al cuello.

ESQUELETO DE LA CABEZA

Ejemplar del criadero Casa Bartolini

REGIONES CORPORALES

ESQUELETO

CUELLO

El cuello se encuentra a continuación de la cabeza y ofrece la unión con el tronco. La base anatómica está formada por las 7 vértebras cervicales, el ligamento cervical y numerosos músculos potentes; además es la sede de la tráquea y del esófago, y de importantes vasos sanguíneos y nervios. En conjunto, el cuello tiene forma de tronco de pirámide aplanado lateralmente y, junto con la cabeza, desempeña una función importante en la mecánica del movimiento por cuanto representa un contrapeso que regula el equilibrio del perro, desplazando con su movimiento el centro de gravedad del cuerpo.

En la valoración del cuello se tienen en cuenta:

— las dimensiones y el volumen;

— la forma y el perfil;

— la dirección;

— la unión al tronco.

TRONCO

El tronco está formado por el tórax, abdomen y pelvis. La columna vertebral constituye el eje del tronco, protege la médula espinal y sostiene al cuerpo. Está constituida por 13 vértebras torácicas, 7 lumbares, 3 sacras. Las vértebras se encuentran colocadas una detrás de otra y separadas por discos intervertebrales cartilaginosos que funcionan como almohadillas. Cada vértebra está formada por una parte principal que se llama cuerpo vertebral del cual surgen unas protuberancias superiores (apófisis espinosas) y laterales (apófisis transversas) en las cuales se fijan los músculos. Las apófisis espinosas son mayores en las primeras vértebras torácicas, disminuyendo progresivamente en las lumbares y las sacras; la inclinación de las apófisis cambia a la altura de la undécima vértebra para favorecer el anclaje de los grupos musculares anteriores y posteriores. Sobre el cuerpo vertebral se encuentra el agujero vertebral, delimitado por un arco óseo. Este agujero, alineándose con los de las demás vértebras, forma el canal vertebral por el que discurre la médula espinal, de las que surgen numerosos haces nerviosos que se distribuyen por todo el cuerpo transportando impulsos desde la periferia (fibras sensitivas) al cerebro y viceversa (fibras motoras).

De las vértebras torácicas surgen las costillas unidas ventralmente en el esternón. El esqueleto torácico está formado por 13 pares de costillas, cada una articulada dorsalmente con la respectiva vértebra torácica. Ventralmente las costillas comprendidas entre la primera y la novena, ambas inclusive, se unen directamente al esternón. Las costillas de los 3 pares siguientes no tienen contacto directo con el esternón, sino que en su porción ventral se unen a él mediante un cartílago costal formando el arco costal. El último par de

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