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Educar en la realidad

Educar en la realidad


Educar en la realidad

Longitud:
201 páginas
3 horas
Editorial:
Publicado:
19 mar 2015
ISBN:
9788416256570
Formato:
Libro

Descripción

¿Cómo educar en un mundo frenético e hiperexigente?

¿Cómo conseguir que un niño, y luego un adolescente, actúe con ilusión, sea capaz de estar quieto observando con calma lo que le rodea, piense antes de actuar y esté motivado para aprender sin miedo al esfuerzo? Los niños de los últimos veinte años viven en un entorno cada vez más frenético y exigente, que por un lado ha hecho la tarea de educar más compleja, y por otro, los ha alejado de lo esencial. Vemos necesario para su futuro éxito programarlos para un sinfín de actividades que, poco a poco, les están apartando del ocio de siempre, del juego libre, de la naturaleza, del silencio, de la belleza. Su vida se ha convertido en una verdadera carrera para quemar etapas, lo que les aleja cada vez más de su propia naturaleza, de su inocencia, de sus ritmos, de su sentido del misterio. Muchos niños se están perdiendo lo mejor de la vida: descubrir el mundo, adentrarse en la realidad. Un ruido ensordecedor acalla sus preguntas, las estridentes pantallas interrumpen el aprendizaje lento de todo lo maravilloso que hay que descubrir por primera vez.
Editorial:
Publicado:
19 mar 2015
ISBN:
9788416256570
Formato:
Libro

Sobre el autor


Vista previa del libro

Educar en la realidad - Catherine L'Ecuyer

Educar en la realidad

Catherine L’Ecuyer

Primera edición en esta colección: febrero de 2015

© Catherine L’Ecuyer, 2015

© de la presente edición: Plataforma Editorial, 2015

Plataforma Editorial

c/ Muntaner, 269, entlo. 1ª – 08021 Barcelona

Tel.: (+34) 93 494 79 99 – Fax: (+34) 93 419 23 14

www.plataformaeditorial.com

info@plataformaeditorial.com

Depósito legal: B. 4657-2015

ISBN: 978-84-16256-57-0

Diseño de cubierta y composición:

Grafime

Reservados todos los derechos. Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos. Si necesita fotocopiar o reproducir algún fragmento de esta obra, diríjase al editor o a CEDRO (www.cedro.org).

Todos tenemos derecho a nuestras propias

opiniones, no a nuestros propios hechos.

DANIEL P. MOYNIHAN

A Alicia, Gabriel, Nicolas y Juliette.

Índice

Prólogo, Juan Narbona

Prólogo de la autora

1. La «realidad» digital. ¿Cuánta pantalla ven nuestros hijos?

2. Neuromitos en la educación

Neuromito 1: «El niño tiene una inteligencia ilimitada»

Neuromito 2: «Solo usa el 10 % de su cerebro»

Neuromito 3: «Cada hemisferio es responsable de un estilo de aprendizaje distinto»

Neuromito 4: «Un entorno enriquecido aumenta la capacidad del cerebro de aprender»

Neuromito 5: «Los tres primeros años son críticos para el aprendizaje y por lo tanto decisivos para el desarrollo posterior»

3. Pantallas en la primera infancia

4. Los nativos digitales, una «raza diferente»: el caso de la multitarea

5. El caso de la motivación

La motivación externa

La motivación interna

La motivación trascendente

6. El sentido

7. Acceso temprano a las NT: la mano invisible

8. Las NT, ¡un tren que no pueden perderse!

9. El uso de las pantallas en las aulas

10. ¿Las NT como herramientas para devolver al niño el protagonismo de su educación?

11. Relaciones interpersonales y sentido de identidad personal

12. ¿Delante o detrás de la pantalla?

13. El esfuerzo, la austeridad y la sencillez

14. El locus de control

15. ¿La exposición temprana a las NT reduce los riesgos?

16. ¡Shhhhh! ¡Prestemos atención!

17. El esplendor de la realidad

18. El apego: el vínculo de confianza que predispone a descubrir la realidad

19. La sensibilidad

20. El sufrimiento

21. El déficit de humanidad: la empatía perdida

22. Déficit de pensamiento

Conclusión

La desinformación en la era de la información

En búsqueda de las «reglas número uno»

Agradecimientos

Prólogo

El contenido de este nuevo libro de Catherine L’Ecuyer está basado en una teleología educativa con base humanística. En sus páginas afloran los conceptos de: verdad, bondad, belleza, motivación interna, apertura trascendente, capacidad de imaginación, reflexión, austeridad, dominio de uno mismo, asunción positiva del sufrimiento, curiosidad y capacidad de asombro –esta última, objeto de un anterior y exitoso best seller de la misma autora–. La educación debe adecuarse a la naturaleza del sujeto –aquí, el niño–, con sus motivaciones internas, su curiosidad, su afán por lo bueno, lo verdadero y lo bello, sus posibilidades emergentes de imaginar, de reflexionar y de descubrir lo que hay de verdadero en las cosas, personas y acontecimientos; en definitiva, la educación ha de hacer sinergia con estas capacidades, para que el niño se autorrealice en plenitud y se abra a lo trascendente. Pero todos estos conceptos no pasarían de ser una sarta programática abstracta si no viniesen subrayados por su concreción en lo real. Y aquí reside el meollo de esta obra, redactada al filo de los obstáculos que interponen las nuevas tecnologías y las falsas concepciones neuropsicológicas del desarrollo humano, para construir un proceso educativo basado en la realidad de los niños y en la del mundo.

La realidad comprende todo lo que posee existencia efectiva, y la verdad lógica es la adecuación de nuestro conocimiento a lo real. La industria cibernética ha ideado la confusa y contradictoria denominación de «realidad virtual» para designar una simulación digital de objetos, ámbitos o eventos, así como del efecto que las respuestas del sujeto ejercen sobre esta pretendida realidad. La llamada «realidad virtual» debe distinguirse de los sistemas de representación directos y naturales, como el lenguaje, y de los cuasinaturales, como las imágenes, la fotografía, la comunicación escrita, telefónica o radiada, que atraviesan las barreras del tiempo y del espacio, pero no tratan de manipular al usuario.

La realidad virtual, desde su propia denominación, pero también en su propia naturaleza, posee un carácter invasivo y trata de engullir al sujeto en una realidad que no es tal. El perfeccionamiento de los dispositivos y programas que «virtualmente» –es decir, no realmente, sino de forma simulada– tratan de presentar la realidad, puede añadir, qué duda cabe, una percepción enriquecida o «hiperreal» de supuestas realidades en las que el sujeto puede instalarse y sobre las que tiene la sensación de poder actuar con una rapidez, facilidad y eficacia fuera de lo común. Estas simulaciones, bien medidas, son utilizadas para el entrenamiento profesional (pilotos aéreos con experiencia previa de vuelo real, estudiantes de medicina con conocimientos teóricos y práctica paralela en ámbito real, etc.), y también, pero con resultados aún controvertidos, para la intervención terapéutica sobre personas con minusvalías físicas (dispositivos ergonómicos, simulación de equilibrio y marcha, comunicación aumentada) o con diversos trastornos psicopatológicos (modificación de conducta para mejorar trastornos de ansiedad, fobias, impulsividad, etc.). Además, cómo no, las técnicas publicitarias también están apoyándose en la «realidad virtual» y en otros recursos de las nuevas tecnologías (NT) basadas en la informática. Las aplicaciones de las NT han supuesto también un paso gigantesco en la historia de la comunicación a distancia, antes posible mediante la escritura, el teléfono y la radio, haciéndola ahora instantánea y actual a través de la mensajería digital.

Cabe decir que las NT son «nuevas» tecnologías para nosotros, los adultos, que tuvimos que aprender a usarlas pasada nuestra cuarentena; los jóvenes no utilizan esa denominación, porque se han criado con las NT, algo así como para nosotros eran los grifos, los libros, la radio y los interruptores para encender o apagar la luz cuando éramos niños. Es cierto que el uso de las NT resulta muy asequible y gratificante, pero la gratificación que generan es a muy corto plazo y de forma reiterativa (cada pocos segundos). La atención es la actualización de la conciencia sobre un objeto externo o interno determinado entre los muchos que se prestan a la percepción; la atención sostenida supone un esfuerzo por parte del sujeto, quien debe poseer la motivación interna suficiente, cuando opera sobre el mundo real. Las NT, en cambio, llevan las riendas de la mente sin especial costo de atención para el usuario, pero esto contribuye a extraerlo de la realidad y a hacerlo flojo cuando la realidad le supone un esfuerzo de atención.

L’Ecuyer realiza aquí un acertado análisis de los excesos derivados de una neurointoxicación de la psicología y de los procedimientos educativos apoyados en neuromitos, que no son sino una caricatura de lo que las neurociencias del desarrollo humano vienen ofreciendo. Así, la buena voluntad de los padres es manipulada al animarles al uso de dispositivos y programas informáticos «interactivos» que pueden, supuestamente, multiplicar de forma exponencial la inteligencia y los saberes de sus pequeños. Falta allí la acción del adulto que, bien conectado con la cabecita del niño (intersubjetividad), sabe dosificar y gestionar prudentemente lo que es apropiado en cada momento evolutivo para cada chaval. Viene a mi memoria la mirada de asombro escéptico que un amigo de mis hijos, a sus nueve años, me dirigía cuando, con un puñado de cañas, una buena cantidad de papel grueso, largo ovillo de cuerda y algunos trapos, acometimos la construcción de «la cometa más grande del mundo». El asombro desconfiado inicial de ese chico se convirtió poco a poco en entusiasmo cuando comprobó, en aquel lugar de veraneo, por lo demás algo aburrido, que «aquello» volaba solemnemente y era objeto de admiración por todos los del pueblo. Hoy día esa persona es un excelente ingeniero aeronáutico. Creo que aquel descubrimiento real, pedestre y artesano pudo influir en su futura orientación vocacional. No sé si un videojuego de avioncitos lo hubiese influido de la misma forma para preguntarse, ya desde joven, en qué consiste volar.

El niño posee de forma innata la curiosidad, la capacidad de asombro y el impulso de inventar nuevas experiencias en el reducido ámbito de su casa o en la plazuela más próxima, con sus camaradas. Cierto es que, en la actualidad, nuestras ciudades, su tráfico y sus prisas no brindan a los niños las mismas posibilidades de imaginar sus propias diversiones y descubrimientos, pero la solución, al menos para la mayoría de las familias, no es «desterrarse» a una urbanización impoluta e inexpugnable en la que se puede gozar de todo bajo la mirada de un portero automático. La ciudad es muy interesante para niños y adultos, como también lo es la aventura campestre; digo aventura porque es difícil conseguir que los niños caminen por caminar o intuyan, motu proprio, la belleza del silencio o de un paisaje si no es bajo algún motivo argumental (por ejemplo, descubrir rutas en busca de supuestos tesoros que hay que ocuparse de colocar previamente; lo mismo sucede si se propone buscar lugares de pesca fluvial –incluso teniendo en cuenta que, a la postre, lo que más apasiona a los niños es tirar piedras al agua o buscar bichos–, o también, por seguir con ejemplos al aire libre, recoger frutos silvestres en cada estación), luego viene el aprender a caminar sin hacer ruido, a observar, a resistir, a admirar y a compartir. También en casa se pueden realizar muchos descubrimientos en torno a un juego de mesa o reproduciendo situaciones de la vida real con materiales de verdad (cortar con tijeras, clavar a martillazos, atornillar, inventar nuevos vehículos, construir, incluso en un balcón, la famosa cabaña que todos los niños ansían…). Y todo acompañado de intercambios verbales. Los humanos aprendemos el uso verdaderamente funcional del lenguaje solo en el juego intersubjetivo-interactivo con otros humanos, niños o adultos. El sentido de la realidad y la organización del pensamiento tienen en el lenguaje una herramienta poderosa y nada prescindible. Lo que no quiere decir que continuamente los padres tengan que arengar a sus hijos con un «bravo», «campeón», como en un eterno concurso de televisión ni, por el contrario, lanzarles reiterados mensajes de «eso, no», «haz el favor de parar», «ya verás cuando se lo diga a tu padre». El discurso o diálogo adecuados deben ir llenos de sentido y estar contextualizados con lo que el niño, o nosotros con el niño, llevamos entre manos: lo real narrado, descrito o discutido es doblemente real. Y, por supuesto, el lenguaje, como los ademanes, puede contener las pizcas de humor que dan la salsa a cualquier convivencia y avivan la inteligencia social.

La autora del presente libro, que es cuasi «nativa digital», posee amplia experiencia profesional con las NT y también en la educación de su numerosa prole. Aquí ella hace hincapié, a lo largo de varios apartados, en los riesgos que estas tecnologías suponen para el usuario carente de suficiente criterio de realidad, como son los niños (los prescolares poseen un conocimiento naturalmente mágico acerca de la realidad, e incluso los que transitan hacia el conocimiento lógico mantienen esa pequeña dosis de magia que, al desenvolverse en el mundo real, permite la ilusión y el entusiasmo). El riesgo no solo se basa en un bombardeo indiscriminado de los pequeños con la falsa presunción de que actuando «antes, más y mejor» se va a conseguir un enriquecimiento semántico y funcional de sus mentes; todo lo contrario, las evidencias que revisa cuidadosamente la autora de esta obra apuntan al aturdimiento, a la debilidad de atención y a la falta de motivaciones internas en los niños. El principal riesgo del uso impertinente de las NT por los niños y jóvenes adolescentes no reside tampoco en los posibles contenidos violentos, innobles o pornográficos (que, desgraciadamente, también están presentes en la vida real para muchos niños de nuestro planeta). Por contraste, y por elevación, el acento de este libro se pone preferentemente en la preocupante pérdida de buenas experiencias reales, que son las que mejor configuran el perfil biográfico, las habilidades, la sensibilidad, la reflexión y el estilo del comportamiento de una persona desde sus primeros años. Un niño o adolescente que pasa varias horas cada día ante un televisor o manejando un dispositivo digital pierde muchas oportunidades de experimentar por su cuenta la realidad y de dirigir «desde dentro» sus acciones.

Actualmente, los niños gastan en la escuela solo una octava parte de sus vidas, pero el medio escolar es muy relevante para su instrucción formal y su educación entre iguales. Como bien señala L’Ecuyer, hay pruebas documentadas de que las pantallas no han añadido gran cosa a la enseñanza, y menos a la educación, si esta quiere ser verdaderamente personalizada. Por el contrario, como subraya la autora, es precisamente la lectura y el estudio con libros y cuadernos lo que toca en estas etapas de la educación infantil y primaria para que el niño interiorice su capacidad de expresar y adquiera la soltura adecuada en el dominio de su lengua como vehículo del conocimiento.

La obra de L’Ecuyer no solo presenta, de forma ampliamente documentada, los efectos negativos que el uso inoportuno y desmedido de las NT puede originar en los niños. Además, y muy principalmente, invita a refrescar el protagonismo de los padres y de los maestros en la educación a través de la relación personal, la estimulación del esfuerzo motivado «desde dentro» del niño

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