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DMT: La molécula del espíritu: Las revolucionarias investigaciones de un médico sobre la biología de las experiencias místicas y cercanas a la muerte

DMT: La molécula del espíritu: Las revolucionarias investigaciones de un médico sobre la biología de las experiencias místicas y cercanas a la muerte


DMT: La molécula del espíritu: Las revolucionarias investigaciones de un médico sobre la biología de las experiencias místicas y cercanas a la muerte

valoraciones:
4/5 (10 valoraciones)
Longitud:
551 páginas
11 horas
Publicado:
23 mar 2014
ISBN:
9781620555187
Formato:
Libro

Descripción

Un psiquiatra clínico explora los efectos de la DMT, una de las drogas psicodélicas más potentes que se conocen

• Una mirada tras bambalinas a los proyectos más avanzados de investigación sobre sustancias psicodélicas

• Proporciona una singular explicación científica sobre el fenómeno de las experiencias de raptos por extraterrestres

De 1990 a 1995, el Dr. Rick Strassman realizó en la Universidad de Nuevo México estudios clínicos aprobados y financiados por el gobierno de los Estados Unidos, en los que inyectó a 60 voluntarios con dimetiltriptamina (DMT), uno de los psicodélicos más potentes que se conocen. Su recuento pormenorizado de esas sesiones constituye una interesantísima indagación sobre la naturaleza de la mente humana y el potencial terapéutico de los psicodélicos. La DMT, una sustancia química derivada de las plantas que se encuentra en la ayahuasca, una infusión psicodélica del Amazonas, también es producida por el cerebro humano. Esta sustancia, liberada naturalmente por la glándula pineal, facilita al alma su entrada y salida del cuerpo y es una parte integrante de las experiencias del nacimiento y la muerte, así como de los estados superiores de meditación e incluso de la trascendencia sexual. Si se utiliza sabiamente, la DMT podría dar paso a un período de extraordinario progreso en la exploración científica de las regiones más místicas de la mente y el alma humanas.
Publicado:
23 mar 2014
ISBN:
9781620555187
Formato:
Libro

Sobre el autor

A native of Los Angeles, Rick Strassman obtained his undergraduate degree in biological sciences from Stanford University and his medical degree from Albert Einstein College of Medicine of Yeshiva University. He trained in general psychiatry at the UC Davis Medical Center and took a clinical psychopharmacology research fellowship at UC San Diego. At the University of New Mexico School of Medicine, his clinical research team discovered the first known function of melatonin in humans. Between 1990–95 he performed the first new US clinical research with psychedelic drugs in a generation. From 1995–2008, Strassman practiced general psychiatry in community mental health and the private sector. He has authored or coauthored nearly 50 peer-reviewed papers, has served as guest editor and reviewer for numerous scientific journals, and consulted to various government, nonprofit, and for-profit entities. His book DMT: The Spirit Molecule (2001) has been translated into 14 languages and is the basis of a successful independent documentary of the same name. Strassman is also the author of DMT and the Soul of Prophecy, Joseph Levy Escapes Death, and coauthor of Inner Paths to Outer Space. He is currently clinical associate professor of psychiatry at the UNM School of Medicine and lives in Gallup, New Mexico.


Vista previa del libro

DMT - Rick Strassman

Primera parte

Los componentes esenciales

1

Las drogas psicodélicas: ciencia y sociedad

La tradición del uso por los humanos de plantas, hongos y animales por sus efectos psicodélicos es mucho más antigua que la historia conocida, y es probable que sea anterior a la aparición de la especie humana moderna. Ronald Siegel y Terence McKenna, por ejemplo, sugieren que nuestros antepasados simiescos imitaron a otros animales que también ingerían algo que les causaba un comportamiento inusitado. Así fue como descubrieron las primeras sustancias psicoactivas.

Cada vez se revelan más pruebas concretas de que muchas culturas antiguas empleaban drogas psicodélicas debido a sus efectos sobre la conciencia. Los arqueólogos han descubierto imágenes africanas antiguas de hongos que brotan de un cuerpo humano, y los recientes descubrimientos de arte rupestre prehistórico en el norte de Europa indican con certeza la influencia de la conciencia alterada mediante sustancias psicodélicas.

Algunos autores han propuesto que el lenguaje se desarrolló a partir de la apreciación y las asociaciones de los sonidos emitidos por los primeros homínidos, potenciados mediante sustancias psicodélicas. Otros sugieren que los estados psicodélicos fueron la primera forma en que los seres humanos cobraron conciencia de la experiencia religiosa.

Las visiones, los estados de éxtasis y los vuelos de la imaginación que se producen gracias a las drogas psicodélicas, otorgaron a estas sustancias un papel importante en muchas culturas antiguas. Tras cientos de años de investigaciones antropológicas ha quedado demostrado que estas sociedades se valían de las drogas psicodélicas para mantener la solidaridad social, ayudar en la curación e inspirar la creatividad artística y espiritual.

Los pueblos aborígenes del Nuevo Mundo hicieron y siguen haciendo uso de una amplia gama de plantas y hongos psicoactivos. La mayor parte de lo que sabemos sobre las drogas psicodélicas proviene de la investigación de los productos químicos provenientes de materiales hallados inicialmente en el hemisferio occidental: la DMT, la psilocibina, la mescalina y varios compuestos similares al LSD.

La profundidad y amplitud del uso de plantas psicodélicas por los habitantes del Nuevo Mundo fue causa de sorpresa y aprensión en los colonizadores europeos. Su reacción puede haber estado marcada por la relativa falta de plantas y hongos psicodélicos en Europa. También ejercía una influencia importante la asociación de las sustancias psicoactivas con la brujería. La Iglesia logró escamotear la información sobre el uso de estos materiales, tanto en el Viejo Mundo como en el Nuevo Mundo, y persiguió a los portadores y practicantes de esa sabiduría. Hace solo cincuenta años hemos tenido noticia de que el uso de hongos mágicos por parte de los indígenas mexicanos no desapareció del todo en el siglo XVI.

En Europa hubo poco interés o acceso a las plantas o drogas psicodélicas hasta finales del siglo XIX. Algunos autores han narrado sus propias reacciones psicodélicas con el uso de opio o hachís, pero la cantidad requerida para obtener efectos verdaderamente psicodélicos resultaba difícil de consumir, excesiva o peligrosa. Dicha situación comenzó a cambiar luego del descubrimiento de mescalina en el peyote, un cactus del Nuevo Mundo.

En la década de 1890, químicos alemanes aislaron la mescalina del peyote. Entre los que exploraron sus efectos, los que tenían una mayor capacidad de expresión literaria aclamaron su capacidad de abrir las puertas a un paraíso artificial. Sin embargo, el interés médico y psiquiátrico en la mescalina fue sorprendentemente limitado y, hacia finales de los años treinta, los investigadores habían publicado un número mínimo de trabajos científicos. La desagradable reacción de náuseas y vómitos que se produce a menudo con el uso de la mescalina puede haber influido en esa falta de interés.

Otro motivo de tan escasa inclinación hacia esta sustancia pudo haber sido que no existía un contexto científico o médico para comprender sus efectos. El psicoanálisis freudiano era la fuerza dominante en la psiquiatría de esa época. Aunque Freud se sentía muy atraído a ciertas drogas psicoactivas como la cocaína y el tabaco, sus discípulos no siempre compartían su entusiasmo. Además, Freud desconfiaba de la religión y creía que la experiencia espiritual o religiosa era un mecanismo de defensa contra los miedos y deseos infantiles. Es probable que tal actitud desalentara la investigación sobre la mescalina, con sus visos de espiritualidad de aborígenes norteamericanos. Fue entonces que el LSD hizo su revolucionaria entrada.

En 1938, el químico suizo Albert Hofmann estaba trabajando con el cornezuelo, un hongo del centeno, en la división de productos naturales de los laboratorios Sandoz, que ya era una empresa farmacéutica importante. Esperaba poder encontrar un medicamento que ayudara a controlar la hemorragia uterina después del parto. Uno de estos compuestos a base del cornezuelo del centeno era el LSD-25, o dietilamida de ácido lisérgico. Los efectos en el útero de los animales de laboratorio fueron mínimos, por lo que Hofmann abandonó temporalmente el proyecto. Cinco años después, un curioso presentimiento lo llevó a volver a examinar el LSD y descubrió accidentalmente sus poderosas propiedades psicodélicas.

Lo más sorprende del LSD era que producía efectos psicodélicos con dosis de millonésimas de un gramo, lo que significaba que tenía más de mil veces la potencia de la mescalina. De hecho, el propio Hofmann casi llegó a administrarse una sobredosis, al considerar que era una cantidad demasiado baja para que pudiera tener efectos psicoactivos: un cuarto de miligramo. Hofman y sus colegas suizos se aprestaron a publicar los resultados a principios de los años cuarenta. Debido al estado mental profundamente alterado que producía el LSD y el contexto tradicional de la psiquiatría en que exploraban los inves-tigadores, los demás científicos decidieron exagerar sus propiedades psicotomiméticas¹.

Los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial fueron apasionantes para la psiquiatría. Además del LSD, los científicos descubrieron las propiedades antipsicóticas de la cloropromacina, o toracina. Esta sustancia hizo posible que muchos pacientes con enfermedades mentales graves mejoraran lo suficiente como para salir de los manicomios en cantidades sin precedentes. Este y otros medicamentos antipsicóticos permitieron a los médicos avanzar en el tratamiento de algunas de las enfermedades más incapacitantes.

En esos años surgió la especialidad moderna de la psiquiatría biológica. Esta disciplina, que estudia la relación entre la mente humana y el comportamiento químico del cerebro, nació de la unión de dos extraños amantes; el LSD y la toracina. Y la serotonina fue la intermediaria.

En 1948, los investigadores descubrieron que la serotonina, transportada por el torrente sanguíneo, provoca la contracción de los músculos que recubren venas y arterias. Ello fue de vital importancia para llegar a saber cómo controlar las hemorragias. El término serotonina proviene del vocablo latino sero, sangre, y la raíz griega tonos, tensión.

Tiempo después, a mediados de los años cincuenta, los investigadores hallaron serotonina en el cerebro de animales de laboratorio. Gracias a otros experimentos se reveló su localización exacta y sus efectos en las funciones eléctricas y químicas de las células nerviosas individuales. Las drogas o las intervenciones quirúrgicas que modificaban las áreas que contenían serotonina en el cerebro animal, alteraban profundamente el comportamiento sexual y la agresividad, así como el sueño, la vigilia y una gran variedad de funciones biológicas básicas. La presencia y función de la serotonina en el cerebro y en el comportamiento animal afianzaron su papel como el primer neurotransmisor conocido².

Al mismo tiempo, los científicos demostraron que las moléculas de LSD y de serotonina presentaban muchas similitudes. Luego, hallaron que ambas sustancias se disputaban muchas áreas semejantes en el cerebro. En algunas circunstancias experimentales, el LSD bloqueaba los efectos de la serotonina; en otras, la droga imitaba los efectos del neurotransmisor.

Estos resultados establecieron al LSD como la herramienta más poderosa disponible para aprender acerca de las relaciones entre el cerebro y la mente. Si las extraordinarias propiedades sensoriales y emocionales del LSD daban como resultado el cambio de la función de la serotonina cerebral de una manera específica y comprensible, sería posible diseccionar químicamente determinadas funciones mentales en sus componentes fisiológicos básicos. Otras drogas psicoactivas, con efectos comparativamente bien caracterizados sobre distintos neurotransmisores, podrían conducir a la decodificación de las variedades de la experiencia consciente en sus mecanismos químicos subyacentes.

Decenas de investigadores de todo el mundo administraron una increíble variedad de drogas psicodélicas a miles de voluntarios sanos y pacientes psiquiátricos. Durante más de dos décadas, esos esfuerzos recibieron el apoyo de generosos subsidios del gobierno y de fondos privados. Se publicaron cientos de artículos académicos y decenas de libros. Los últimos avances en las investigaciones sobre drogas psicodélicas con sujetos humanos fueron objeto de debate en muchas conferencias, reuniones y simposios internacionales³.

Los laboratorios Sandoz distribuyeron LSD a los investigadores para que pudieran inducir un breve en estado psicótico en voluntarios normales. Los científicos esperaban que tales experimentos arrojaran luz sobre trastornos psicóticos que ocurren naturalmente, como la esquizofrenia.

Sandoz también recomendó administrar LSD a los estudiantes que hacían pasantías en psiquiatría para ayudarles a establecer un sentido de empatía con sus pacientes psicóticos. Estos jóvenes quedaron sorprendidos por su encuentro momentáneo con la locura. El brutal choque con sus propios recuerdos y sentimientos inconscientes los llevó a creer que esas propiedades de relajación de la mente podían ser una contribución valiosa a la psicoterapia.

Muchos trabajos publicados apuntaban a que los mecanismos nor-males de la psicoterapia conversacional eran mucho más eficientes si se añadía una droga psicodélica. Decenas de artículos científicos se refieren a los considerables logros en la ayuda a pacientes desahuciados, con padecimientos obsesivos y compulsivos, estrés postraumático, trastornos de la alimentación, ansiedad, depresión, alcoholismo y dependencia de la heroína.

Los rápidos avances descritos por los investigadores basados en la corriente de la psicoterapia psicodélica estimularon a otros especia-listas a estudiar los efectos beneficiosos de estos fármacos en enfermos terminales asolados por el sufrimiento. Aunque fue escaso el impacto sobre sus dolencias subyacentes, la psicoterapia psicodélica tuvo efectos psicológicos notables. La depresión cedió, la necesidad de analgésicos disminuyó de modo drástico y aumentó la aceptación de la enfermedad y su pronóstico por parte de los pacientes. Además, estos y sus familias pudieron tratar problemas profundos y de gran carga emocional en formas que antes no habían sido posibles. La increíble aceleración del crecimiento psicológico gracias a este nuevo tratamiento parecía algo prometedor en casos donde el tiempo es esencial. Algunos terapeutas llegaron a creer que muchas de estas respuestas milagrosas a la psicoterapia psicodélica se debían a una experiencia transformadora, mística o espiritual⁴.

Por otra parte, se hizo evidente que las experiencias descritas por los voluntarios que se encontraban bajo profundas influencias psicodélicas eran sorprendentemente semejantes a las de los practicantes de la meditación oriental tradicional. La coincidencia entre la alteración de la conciencia inducida por las drogas psicodélicas y la que se produce con la meditación atrajo la atención de pensadores fuera del ámbito académico, entre ellos el novelista y filósofo religioso inglés Aldous Huxley. El escritor tuvo sus propias experiencias sorprendentemente positivas con la mescalina y el LSD, bajo la atenta observación del psiquiatra canadiense Humphrey Osmond, que lo visitó en Los Ángeles en los años cincuenta. Enseguida, Huxley escribió acerca de sus sesiones de drogas y de las reflexiones que le suscitaron. Sus escritos sobre la naturaleza y el valor de la experiencia psicodélica eran convincentes y elocuentes. Inspiraron a muchas personas a intentar alcanzar la iluminación espiritual por medio de drogas psicodélicas e hicieron que muchos investigadores probaran a inducir esos estados. Pese a que sus ideas sirvieron como base la gran tendencia popular hacia la experimentación con drogas psicodélicas, Huxley era un firme defensor de la tesis de que solo un grupo selecto de intelectuales y artistas debía tener acceso a ellas. Consideraba que las personas comunes y corrientes no serían capaces de utilizar drogas psicodélicas de modo seguro y productivo⁵.

Sin embargo, los estudios sobre enfermedades terminales y los debates referidos a las semejanzas entre los efectos de las drogas psicodélicas y las experiencias místicas mezclaron en forma incómoda la religión y la ciencia. Las investigaciones se apartaban aun más de los propósitos iniciales de Sandoz.

Para complicar más las cosas, el LSD logró salir del laboratorio en los años sesenta. Los relatos sobre visitas a salas de urgencia, suicidios, asesinatos, defectos de nacimiento y daños cromosómicos abundaban en los medios de información. El conocido caso del abandono de los principios de la investigación científica por el Dr. Timothy Leary y su equipo de investigación de la Universidad de Harvard condujo a la postre a su despido. Dichos acontecimientos parecían dar razón a los que opinaban que hasta los científicos habían perdido el control de esas potentes drogas psicoactivas⁶.

Los medios de información exageraron los efectos físicos y psicológicos negativos de las drogas psicodélicas y se ensañaron con el tema. En algunos casos, las informaciones provenían de investigaciones mal hechas; en otros, eran puras invenciones. En publicaciones posteriores se demostró que las drogas psicodélicas no producen gran toxicidad, ni daño cromosómico. Sin embargo, dichos estudios de seguimiento nunca recibieron la misma publicidad que los perjudiciales informes iniciales.

También se multiplicaron las publicaciones en la bibliografía psiquiátrica en las que se describían efectos nocivos, o reacciones psicológicas adversas a las drogas psicodélicas, pero fueron igualmente limitadas. Para hacer frente a estas preocupaciones en mi propio estudio, leí cada trabajo científico que se publicara sobre tales efectos negativos e hice públicos los resultados. Se ha demostrado que las tasas de complicaciones psiquiátricas son extraordinariamente bajas en entornos de investigación controlados, tanto en el caso de voluntarios sanos como de pacientes psiquiátricos. Sin embargo, sí se producían problemas cuando se administraban drogas psicodélicas impuras o desconocidas, combinadas con alcohol y otros estupefacientes, a personas inestables o con padecimientos psiquiátricos, en un entorno no controlado y con insuficiente supervisión⁷.

En respuesta a la ansiedad del público acerca del uso indiscriminado del LSD, y a las objeciones de casi todos los investigadores en la materia, en 1970 el Congreso de Estados Unidos aprobó una ley por la que se ilegalizaban el LSD y otras drogas psicodélicas. El gobierno exhortó a los científicos a devolver las drogas, los requisitos burocráticos para obtener y mantener nuevos suministros de sus-tancias psicodélicas con fines de investigación se convirtieron en un trámite muy oneroso y complicado, y se dejó muy poco margen para realizar nuevos proyectos. No se concedió más financiación para los estudios y los investigadores abandonaron sus experimentos. Con las nuevas leyes de estupefacientes, el interés en las investigaciones sobre drogas psicodélicas con sujetos humanos desapareció casi tan rápidamente como había empezado. Era como si esas sustancias volvieran a ser desconocidas.

Si se tiene en cuenta el impetuoso ritmo de las investigaciones humanas con drogas psicodélicas de hace treinta años, resulta sorprendente cuán poco se enseña sobre ellas en los programas de formación médica y psiquiátrica de la actualidad. Esas drogas fueron la principal área de crecimiento de la psiquiatría durante más de veinte años, pero los nuevos médicos y psiquiatras no saben casi nada sobre este tema.

Cuando empecé a estudiar medicina a mediados de los años setenta, a menos de diez años de que cambiaran las leyes de estupefacientes, las drogas psicodélicas fueron el tema de solo dos conferencias en mis cuatro años de estudio. Con todo, tal vez recibí mucha más información que los estudiantes de otras universidades, gracias a que en la Facultad de Medicina Albert Einstein en Nueva York, donde me formé, había un grupo de investigación que realizaba estudios con animales. A mediados de los años noventa, impartí un seminario sobre sustancias psicodélicas a residentes de último año en Psiquiatría en la Universidad de Nuevo México, que probablemente haya sido el único de este tipo en el país durante décadas.

La falta de atención académica a las drogas psicodélicas puede haberse debido en parte a que no se estaban realizando investigaciones con seres humanos. Sin embargo, es común que los médicos en formación aprendan acerca de teorías y técnicas usadas en épocas anteriores, aunque ya no sean predominantes. Pero las drogas psicodélicas parecían haber sido excluidas de todos los diálogos sobre psiquiatría.

En su mayoría, las nuevas teorías, técnicas y drogas en el campo de la psiquiatría clínica siguen una evolución predecible, desde la introducción hasta las pruebas y el perfeccionamiento para su posterior aplicación. Por lo tanto, no era de extrañar que comenzaran a aparecer resultados contradictorios, a medida que se obtenían más datos durante la primera oleada de investigaciones sobre sustancias psicodélicas con sujetos humanos. Era previsible que fuera desapareciendo el entusiasmo en torno a las afirmaciones de que las drogas psicodélicas podían provocar una psicosis modelo o curas en casos que eran intratables con psicoterapia. El proceso natural en las investigaciones psiquiátricas es que los científicos depuren gradualmente las preguntas, métodos y aplicaciones. Esto nunca sucedió con las drogas psicodélicas. En lugar de ello, los estudios sobre este tema experimentaron una evolución muy poco natural. Sustancias que en un inicio se veían como medicamentos milagrosos, pasaron a ser drogas del terror y luego se convirtieron en nada.

Creo que los estudiantes de medicina y los residentes en psiquiatría conocen muy poco sobre las drogas psicodélicas, no porque las investigaciones hayan terminado, sino por la forma en que lo hicieron. Esto desmoralizó profundamente a la psiquiatría académica, que respondió dando la espalda a las drogas psicodélicas.

Las investigaciones sobre drogas psicodélicas fueron un capítulo traumático y humillante en las vidas de los científicos más prominentes. Eran los mejores y más brillantes de su generación. Muchos de los investigadores psiquiátricos estadounidenses y europeos más respetados de la actualidad, tanto en la academia como en la industria, hoy al frente de los principales departamentos universitarios y organizaciones psiquiátricas nacionales, comenzaron su historia profesional en las investigaciones de drogas psicodélicas. Los miembros más destacados de esta profesión se dieron cuenta de que la ciencia, los datos y la razón no bastaban para defender sus investigaciones frente a la promulgación de leyes represivas, impulsadas por la opinión, las emociones y los medios de información.

Una vez aprobadas dichas leyes, los reguladores gubernamentales y los organismos de financiación retiraron rápidamente los permisos, las sustancias y el dinero. Las mismas drogas psicodélicas que los investigadores pensaron eran claves invaluables para el estudio y tratamiento de enfermedades mentales, y que habían dado aliento a decenas de profesionales, pasaron a ser temidas y odiadas.

Otro problema era que las drogas psicodélicas se estaban convirtiendo en una embarazosa manzana de la discordia, incluso dentro de la propia psiquiatría. Los psiquiatras que se basan en la biología tenían poca paciencia con los colegas que habían descubierto la religión y promovían los efectos espirituales de estos fármacos. Estos últimos consideraban que sus colegas que solo reconocían el funcionamiento físico del cerebro eran personas de mente estrecha y reprimida. La psiquiatría nunca ha estado muy a gusto con los temas espirituales y, de hecho, surgió una nueva división en la materia para el estudio de los resultados de las investigaciones sobre drogas psicodélicas: el área de la teoría y la práctica transpersonal. De este modo, al menos algunos investigadores sobre sustancias psicodélicas se habrán sentido aliviados en su fuero interno por no tener que lidiar con muchos de los efectos complejos, contradictorios y confusos que estos fármacos producían en sus pacientes, o en ellos mismos y en sus colegas.

¿Por qué alguien iba a querer dar charlas sobre este capítulo vergonzoso de la psiquiatría académica frente a un auditorio perspicaz de doscientos estudiantes de medicina? El grupo inicial de investigadores sobre sustancias psicodélicas estaba formado, en su mayor parte, por científicos profesionales, no por fanáticos. Eran lo suficientemente listos como para no criticar en público el comportamiento de sus colegas y benefactores. Era mejor aprender y vivir⁸.

Ahora que hemos repasado algunos antecedentes importantes de las drogas psicodélicas, demos un vistazo a sus efectos concretos.

Las sustancias psicodélicas actúan gracias a una compleja combinación de tres factores: el marco, el entorno y la droga.

El marco es nuestra propia composición, tanto a largo plazo como de manera inmediata. Es nuestro pasado, presente y posible futuro; nuestras preferencias, ideas, hábitos y sentimientos. También incluye el cuerpo y el cerebro.

La experiencia psicodélica también depende del entorno: o sea, quién o qué está frente a nosotros; el entorno en que nos encontramos, sea natural o urbano, bajo techo o al aire libre; la calidad del aire y el sonido ambiente que nos rodea, etc. El entorno también tiene que ver con el marco de quien está con nosotros mientras tomamos la droga, sea un amigo o un desconocido, una persona relajada o tensa, un guía que nos ayuda o un científico que hurga en nuestras reacciones.

Luego, está la droga.

En primer lugar, ¿cómo llamarla? Incluso entre los investigadores, hay poca coincidencia sobre este punto esencial. Algunos ni siquiera usan el término droga, sino que prefieren decir molécula, compuesto, agente, sustancia, medicamento o sacramento.

Aunque estemos de acuerdo en llamarle droga, este término puede ir acompañado de un sinnúmero de calificativos: alucinógena (que produce alucinaciones), enteógena (que genera experiencias relacionadas con la divinidad), misticomimética (que imita estados místicos), oneirógena (que produce sueños), fanerotímica (que genera sentimientos visibles), fantaseante (que estimula la fantasía), psicodisléptica (que perturba la mente), psicotomimética y psicotógena (respectivamente, que imita la psicosis o la produce) y psicotoxina o esquizotoxina (respectivamente, una toxina que causa psicosis o esquizofrenia).

Este interés en el nombre no es banal. Está claro que si existiera un consenso sobre lo que es una droga psicodélica o cuáles son sus efectos, no habría tantas palabras para referirse a la misma sustancia. Las numerosas denominaciones reflejan el debate profundo y constante acerca de estas sustancias y sus

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Reseñas

Lo que piensa la gente sobre DMT

4.2
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Reseñas de lectores

  • (4/5)
    This book covers three main topics: the process of setting up human trials using DMT, including the various regulations and other hurdles that needed to be overcome; the experiences of the volunteers in the trials; and some speculation about the role of naturally occurring DMT and its generation by the pineal gland.I found the descriptions of the trial process and the experiences interesting, but I thought the stuff about the pineal gland was totally unsubstantiated and felt that this part could have been profitably omitted. The whole pineal gland bit seemed to be pure speculation, and the lack of scientific method was at odds with the scientific approach described in the rest of the book.Overall an interesting book, and one of the few good books on psychedelic research.
  • (5/5)
    The unthinkable took place. A researcher fought his way through mountains of red take and political posing to do a study on a psychedelic substance. Even more interestingly, one he was familiar with on a molecular, though not practical, level. The man most qualified to run the study was handed the keys to the kingdom. An amazing tale of bureaucracy and beauty.Just as important is the condemnation which comes raining down on him for daring to as 'why'. Most depressingly sharp, and surprising, is how quickly his Buddhist temple sicks the inquisition on him.
  • (4/5)
    Strassman's book is a journey through red tape into the deepest pools of human consciousness. Not only does it give us a thorough understanding of the effects of DMT. It presents a road map for drug research methods that could lead to a better understanding of psychedelics (and other drugs) that could dramatically shift drug policy in the United States It is an amazing case for the potential mass of benefits to be gained from psychedelic research. This book opens a door. If more are to follow in Strassman's footsteps, only progress is to be gained.
  • (5/5)
    Absolutely fascinating! Suspend your skepticism for a few hours and enter the incredulous world of Strassman’s research with a powerful hallucinogen. DMT, sort of a fast-acting LSD, was used in DEA-approved clinical research at the University of New Mexico between 1990 and 1995, where volunteers repeatedly described experiences similar to near-death and alien abduction reports.The question is this: Are the experiences entirely psychedelic, or is the drug allowing volunteers to tap into another reality, where aliens really do exist? Strassman takes the question seriously, and while the implications are more than a little disturbing, the volunteers “unquestionably had some of the most intense, unusual, and unexpected experiences of their lives.” (After reading the case studies, I can believe it.)Strassman connects DMT with the pineal gland, the “house of the soul.” The pineal gland develops in the human fetus 49 days after conception, with its DMT chemical secretion serving as a portal to astral worlds. OK, this is wayyy outside my comfort level and not something I know anything about, yet I can’t help it: This is a five-star book, guys, even though it steps on some religious toes. Skip ahead to part IV, The Sessions, if you must, and then come back to read the rest after your mind is blown.Strassman presents his data like a research doctor, and he admits that one of his deepest motivations behind the DMT research was the search for a biological basis of spiritual experience. He went into this research already intrigued with the pineal gland, so his hypotheses are not unexpected. His application was entirely professional, with intravenous injections under strict supervision—this is not an experiment that can be undertaken at home. The experiences are kaleidoscopic and often frightening. Yet I couldn’t help wonder how many people, after reading this book, found a way to obtain the drug and jump into the next universe. I sure wanted to.
  • (4/5)
    Ground breaking research and a fascinating read. Even if you don't want to digest the background and methods, people's DMT experiences are thought provoking and inspiring. This was one of the books I used as research for my novel, 'Seven Point: The First Chronicle'.
  • (5/5)
    this past week I have read the ever thought-provoking spiritual book "DMT: The Spirit Molecule". This book is an autobiography on doctor Rick Strassman's amazing research on the dimethyltryptamine molecule, the thing that is produced in our brains that he believes is normal regulating part of our spirit, soul, or consciousness. Dr. Strassman also goes into great detail about the molecular similarities between DMT (one of the simplest molecules next to glucose) and other drugs such as LSD, Psilocybin, and Mescaline, as well as telling his, over three year process just to acquire the permits to preform the research from the DEA and FDA. Once i picked up this book I couldn't put it down, I read it every chance I had, I was ever fascinated with the working of outside applied DMT on research volunteers. This is probably one of the best books I have read so far, up there with the doors of perception, and the perennial philosophy. there are far to many theories and amazing inquires for me to go into much detail, but this book is a dramatic explanation of the biology of the soul. I would recommend this book to anyone who has questions to the outstanding workings of birth, near-death, and death experiences, as well as spontaneous visionary experience brought on by meditation or "enlightenment".