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Las mujeres y el desarrollo humano
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Libro electrónico618 páginas10 horas

Las mujeres y el desarrollo humano

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Información de este libro electrónico

En la mayor parte del mundo, las mujeres carecen de lo más elemental para el desarrollo de una vida humana. Reciben una alimentación inferior a los hombres, tienen una salud más precaria que ellos y son también más vulnerables a la violencia física y al abuso sexual. En muchos países, las mujeres no pueden tampoco participar en la vida política ni tienen los mismos derechos y libertades que los hombres. Estos y otros obstáculos y privaciones impiden que puedan desarrollar sus capacidades humanas -cognitivas, emocionales, imaginativas- en la misma medida que los hombres.

Las mujeres y el desarrollo humano combina la filosofía clásica y contemporánea, la economía y el derecho, con la experiencia personal de la autora en la India. Nussbaum ofrece un enfoque radicalmente nuevo sobre cómo debe comprenderse la "calidad de vida" y sobre cuál ha de ser el umbral mínimo que los gobiernos deben asegurar a sus ciudadanos y ciudadanas para que puedan desarrollar sus capacidades como seres humanos. La autora se propone ofrecer un esquema de acción de valor universal, aplicable dondequiera que se de una situación de desigualdad y de injusticia.
IdiomaEspañol
Fecha de lanzamiento19 sept 2012
ISBN9788425431722
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    Vista previa del libro

    Las mujeres y el desarrollo humano - Martha Craven Nussbaum

    Martha C. Nussbaum

    LAS MUJERES Y EL DESARROLLO HUMANO

    El enfoque de las capacidades

    Traducción de

    Roberto Bernet

    Herder

    www.herdereditorial.com

    Título original: Women and Human Development: The Capabilities Approach

    Diseño de la cubierta: Stefano Vuga

    Maquetación electrónica: Manuel Rodríguez

    © 2000, Servicio de Publicaciones, Universidad de Cambridge

    © 2002, Empresa Editorial Herder S.A., Barcelona

    © 2012, de la presente edición, Herder Editorial, S.L., Barcelona

    ISBN DIGITAL: 978-84-254-3172-2

    La reproducción total o parcial de esta obra sin el consentimiento expreso de los titulares del Copyright está prohibida al amparo de la legislación vigente.

    Herder

    www.herdereditorial.com

    Índice

    Prefacio

    Agradecimientos

    Introducción. Feminismo y desarrollo internacional

    I. Desarrollo e igualdad sexual

    II. El enfoque de las capacidades: una visión general

    III. El enfoque de las capacidades: Sen y Nussbaum

    IV. Dos mujeres procurando prosperar

    V. La India: igualdad de los sexos en teoría, no en la realidad

    VI. Igualdad y diferencia

    1. En defensa de los valores universales

    I. La exigencia de normas transculturales

    II. Tres argumentos: cultura, diversidad, paternalismo

    III. Los defectos de los enfoques económicos estándar

    IV. Las capacidades humanas centrales

    V. Funcionamiento y capacidad

    VI. Capacidades y derechos humanos

    VII. Justificación e implementación: la política democrática

    VIII. Las capacidades en la vida de las mujeres: un papel para la acción pública

    2. Preferencias adaptativas y opciones de las mujeres

    I. La preferencia y el bien: dos extremos insatisfactiorios

    II. Problemas con el concepto de preferencia

    III. El bienestarismo: la crítica interna

    IV. Preferencias adaptativas y rechazo del bienestarismo

    V. Deseo y justificación

    VI. La estabilidad política y la profundidad del hábito

    3. El papel de la religión

    I. La libertad religiosa y la igualdad de los sexos: un dilema

    II. Humanistas seculares y tradicionalistas

    III. Dos principios orientadores

    IV. Capacidades centrales como intereses urgentes del estado

    V. No-religión, establecimiento, balance

    VI. Aplicando el enfoque: los tres casos

    VII. Niñas y padres

    VIII. Capacidades y pérdida

    4. Amor, cuidados y dignidad

    I. Un hogar para el amor y la violencia

    II. Capacidades: cada miembro de la familia como un fin

    III. La familia: no «por naturaleza»

    IV. La familia como producto de la acción del estado

    V. La mujer como dadora de cuidados: «algo eminentemente artificial»

    VI. Liberalismo político y la familia: el dilema de Rawls

    VII. Enfoques de negociación y opciones de las mujeres

    VIII. Dos debates en el feminismo internacional

    Conclusión

    Índice onomástico

    Índice analítico

    Bibliografía

    A la memoria de Sara Nussbaum

    1912-1999

    «De la casa de nuestra familia pasamos a vivir a la casa de nuestro marido. Si mencionamos nuestro propio nombre en esa casa, ellos dicen: "Oh, esa es otra familia. Sin embargo, cuando se trata de trabajar, dicen, Lo que tú ganas es nuestro, porque tú vives en la casa de esta familia, o bien, porque estás trabajando en la tierra de esta familia". ¡Que la tierra se registre a nuestro nombre, para que no sintamos siempre que vivimos en la familia de algún otro!».

    Santokbehn,

    trabajadora agrícola, Ahmedabad

    «En tu familia se me conoce como la segunda nuera. A lo largo de todos estos años no me he conocido a mí misma más que como tal. Hoy, después de quince años, estando sola a orillas del mar, reconozco que tengo otra identidad, la que consiste en mi relación con el universo y con su Creador. Esto me da el coraje para escribir esta carta como yo misma, no como la segunda nuera de tu familia. [...]

    Yo no soy una que muera tan fácil. Es esto lo que quiero decir en esta carta».

    Rabindranath Tagore,

    «Letter from a Wife» (1914)

    «En los caminos hice plantar árboles banyan que brindan sombra a las bestias y a los hombres. Hice plantar florestas de mango, hice cavar pozos y construir posadas cada quince kilómetros. [...] E hice construir en todas partes numerosos lugares con agua para uso de las bestias y los hombres. [...] Este beneficio es importante. [...] Hice estas cosas a fin de que mi pueblo pueda conformarse al Dhamma [la ley moral]».

    Ashoka,

    emperador, siglo iii a. C., del 7.º de los Edictos de los Pilares

    «No sólo queremos un trozo del pastel, sino que queremos elegir también su sabor y saber hacerlo nosotras mismas».

    Ela Bhatt,

    fundadora de SEWA (Self-Employed Women’s Association) [Asociación de mujeres trabajadoras independientes]

    Indicaciones para la lectura

    1. Modo de citado

    1.1. A fin de evitar repeticiones innecesarias en las notas al pie de página, las obras citadas en reiteradas oportunidades se indican con todos sus datos bibliográficos solamente en la primera referencia. En las subsiguientes, se consignan autor y título en forma abreviada.

    1.2. Los títulos de libros y de publicaciones periódicas se han escrito en letra cursiva. Los títulos de artículos o de capítulos se han colocado entre comillas dobles altas. Los números en voladi­ta, colocados delante del año de edición, indican la edición a la que se está remitiendo; colocados después de un número de página, señalan el número de nota en la página indicada.

    1.3. En cuanto a las referencias a las ediciones originales y a las versiones en español de las obras que se citan o a las que se remite, se ha procedido de acuerdo a las siguientes pautas:

    1.3.1. Siempre que existían versiones en español, y cuando resultó posible y conveniente, se han utilizado tales versiones. No obstante, a fin de posibilitar al lector el ac­ceso a las obras en su idioma original, se han indicado los datos bibliográficos de las mismas y, cuando fue posible, el lugar exacto de la cita o referencia en tal publicación, consignando esta información en la nota correspondiente, entre paréntesis y precedida del signo t.

    1.3.2. En los casos en que, aun existiendo una edición en español, no resultó posible o conveniente aplicar el procedimiento expuesto en el punto precedente, se ha procedido a una traducción ad hoc, advirtiendo, no obstante, acerca de la existencia de una edición en español, y consignando sus datos en la misma nota, entre paréntesis y precedidos del símbolo lt.

    2. Abreviaturas

    2.1. Abreviaturas generales

    comp.

    compilado; compilador/es

    supl.

    Suplementario/a/os/as

    vol./s

    Volumen/volúmenes

    2.2. Abreviaturas de instituciones y terminología

    ACLS-SSRC

    American Council of Learned Societies – Social Science Research Council

    BRAC

    Bangladesh Rural Advancement Committee [Comité de avance rural de Bangladesh]

    IDG

    Índice de desarrollo relativo al género

    IDH

    Índice de desarrollo humano

    IPH

    Índice de pobreza humana

    MBA

    Master of Business Administration [Maestría/ Licenciatura en administración de negocios]

    ONG(s)

    Organización (Organizaciones) No Gubernamental(es)

    PIB

    Producto Interior Bruto

    PNUD

    Programa de las Naciones Unidas para el De­sarrollo

    UCLA

    University of California (Los Angeles)

    UNICEF

    United Nations Children’s Fund [Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia]

    Prefacio

    Esta investigación acerca de las capacidades humanas como base para los principios políticos fundamentales se centra en las vidas de las mujeres en los países en desarrollo. Obviamente, se trata solamente de una de las áreas en las que podría hacerse uso de este enfoque para pensar acerca de los principios políticos: mi exposición habrá de hacer alusión a algunas otras de las implicaciones que entraña. Incluso en el estudio de las mujeres, este postulado trata solamente acerca de algunos de los temas que podrían exponerse en un tratamiento más exhausti­vo del enfoque de las capacidades. Es así como la religión y la familia reciben un tratamiento detallado, mientras que no es este el caso de otros tópicos igualmente importantes, como los derechos de propiedad y la educación.

    Hay otro aspecto en el que este postulado es estrecho: el mismo presenta el enfoque de las capacidades para una amplia audiencia interdisciplinaria, con la vista puesta en la plasmación de la política pública. Como mi versión de este enfoque es de índole filosófica y no ofrecería nada desprovisto de su argumentación filosófica, se presentan aquí esos mismos argumentos, aunque a veces en forma breve y comprimida. Muchos temas filosóficos que necesitan de un análisis detallado –particularmente, los temas de la justificación, del realismo y de la objetividad– son apenas esbozados (si bien he dado un tratamiento más detallado a algunos de ellos en artículos citados en las notas).

    Por último, solamente expongo mi propia versión del enfoque de las capacidades. No dedico tiempo al tratamiento de sus antecedentes históricos en Aristóteles y Marx, o en algunos relacionados a estos, como la visión aristotélica de Mill acerca de la prosperidad humana, los escritos de humanistas marxistas yugoeslavos o varias formas del tomismo moderno. Tampoco entro en un análisis detallado de los escritos de Amartya Sen, el pionero del enfoque de las capacidades en economía. Finalmente, omito hacer referencia a la ya extensa literatura económica que debate varios aspectos del enfoque de las capacidades y las mediciones utilizadas en los Informes sobre el desarrollo humano.

    Estas omisiones reflejan una estrategia de largo plazo. En este libro, mi intención es presentar una línea única y clara de argumentación feminista, accesible a una amplia variedad de lectores. A largo plazo, mi intención es producir un libro mucho más compendioso y académico acerca de las capacidades, que habrá de tratar todos los tópicos que aquí omito. Ese libro, así espero, responderá a muchas preguntas que los filósofos tendrán acerca de aspectos del presente libro y a otras preguntas más técnicas que los economistas consideran de relevancia. Él hará también referencia a una gama más amplia de problemas específicamente políticos. El presente es, con relación a aquel otro libro, como una carrera de 10 Km. respecto de un maratón: es completo en sí mismo, tiene un comienzo y un fin, pero no requiere tanta resistencia del lector ni del autor. Creo que ya se han dicho suficientes cosas acerca de mi visión de los temas que han sido objeto de mayor controversia como para transmitir los enfoques que yo habría de favorecer. No obstante, a los lectores ansiosos de un tratamiento más completo en algunas áreas les pido que esperen el maratón.

    Chicago

    Febrero de 1999

    Agradecimientos

    El trabajo que se transformó finalmente en este proyecto comenzó en 1986, cuando fui nombrada Consejera de investigaciones en el WIDER (World Institute for Development Economics Research) [Instituto mundial para el desarrollo de la investigación en economía]. Con anterioridad a ello, y al igual que muchos académicos estadounidenses, yo había llevado una vida relativamente insular. Había recibido una educación errónea acerca de los problemas de los países en desarrollo y, más en general, acerca de las tradiciones y modos de vida no occidentales. Los vecinos de mi despacho provenientes de Sri Lanka y de la India podían hablar con facilidad acerca de Sófocles y de Aristóteles, pero yo no estaba en condiciones de decir absolutamente nada acerca del Mahabharata o de la ética budista. A pesar de que mi trabajo comenzaba a concentrarse en la justicia social, yo había pensado relativamente poco acerca de los problemas de la justicia global. Tampoco la filosofía feminista había sido un foco particular de mi trabajo. Mis ocho años en el WIDER (en residencia durante un mes cada verano) transformó mi trabajo haciéndome tomar consciencia de urgentes problemas y convenciéndome de que la filosofía debía hacer una contribución a la solución de los mismos. También comencé a percibir que la peculiar combinación de preocupaciones filosóficas que había traído conmigo al WIDER podía ser de hecho un recurso, más que una mera inclinación. Los antiguos filósofos griegos se confrontaban con la miseria de gente cuyo nivel de vida se aproximaba más a la India actual que a Estados Unidos o a Europa. Sus proposiciones tienen, en algunos aspectos, una gran pertinencia para el diagnóstico y la superación de los problemas de los países en desarrollo. Y yo considero que la insistencia de Aristóteles en la importancia ética de una percepción vívida de las circunstancias concretas tiene su propia contribución para hacer en un campo que está frecuentemente tan preocupado con modelos formales y teorías abstractas, que falla a la hora de aprehender la realidad cotidiana de la vida de la gente pobre.

    Debo un gran agradecimiento a Lal Jayawardena, director del WIDER, por su ayuda durante los primeros años de este trabajo. Él creyó en la extraña idea de que debía llevarse la filosofía a hacer su aporte en la fundamentación de la economía del desarrollo. Sobre todo, estoy muy agradecida a Amartya Sen, quien me ayudó a formular el proyecto y cuyo trabajo ha sido y sigue siendo una fuente de comprensión e inspiración, especialmente por el modo en que combina la pasión por la justicia con el amor por la razón. Stephen y Frédérique Marglin me provocaron a responder a sus ataques acerca del universalismo, haciendo así que me iniciara en ese aspecto del presente proyecto. Cuando formulaba mis ideas durante los años en el WIDER, recibí asimismo una gran ayuda de Martha Alter Chen, David Crocker, Jean Drèze, Jonathan Glover, Valentine Moghadam, Nkiru Nzegwu, Onora O’Neill, Siddiq Osmani, Hilary y Ruth Anna Putnam, Ohn Roemer, Margarita Valdés, Roop Rekha Verma, así como de los demás participantes en nuestras tres conferencias. Debo agradecer también especialmente el impulso y la crítica de John Rawls, Henry Richardson, Cass Sunstein y Paul Weithman con ocasión del desarrollo ulterior de mi visión en una serie de artículos. Mi propio sentido para los temas y su urgencia tomó forma también a través del tiempo que pasé con los demás miembros de la familia Sen: Amita, Indrani, Kabir, Picco, Tumpa y Babu. Debo agradecer a Amita por muchas agudas observaciones acerca de la modernidad y la tradición y acerca de la situación de las mujeres de la India, y a Babu por sus comentarios sobre los borradores de las lecciones.

    En marzo de 1997 me dirigí a la India para observar proyectos de desarrollo de la mujer, porque quería escribir un libro que fuese real y concreto, más que abstracto, y porque sabía que mis conocimientos eran demasiado reducidos como para hablar sobre los problemas de las mujeres trabajadoras pobres en un país distinto del propio. Tenía que escuchar su propio testimonio acerca de sus problemas. No era esta mi primera visita a la India, pero sí la visita en la que me había centrado en aprender lo más posible acerca de los proyectos de desarrollo de la mujer. Debo gran gratitud a Martha Alter Chen, que orquestó la visita entera y me puso en contacto con gente con la que jamás habría podido encontrarme sin ella. Chen, hija de misioneros cristianos estadounidenses, creció en la India y divide actualmente su tiempo entre la India y Estados Unidos, estando cerca de convertirse en una persona totalmente bi-cultural, tanto como puede llegar a serlo un estadounidense, y su impar comprensión de los temas de las aspiraciones humanas a través de las fronteras de las naciones ha sido extremadamente importante para mí cuando desarrollé esas ideas. Su conocimiento seguro, su maestría lingüística, su experiencia en trabajo de campo y su calidez personal hicieron fáciles y alegres días diferentes a los que jamás había pasado, recorriendo junto a recaudadores de la unión de créditos los barrios bajos de Kolaba a 38º de temperatura, visitando asentamientos de usurpadores en Trivandrum en medio de la densa humedad de marzo, observando las operaciones diarias del banco y la unión de SEWA. Como sé que, en su obra, Marty está dedicada a dar voz a las mujeres pobres y a escribir libros que les pertenecen sobre todo a ellas, yo sabía que podía confiar en ella para que me ayudara a aprender. Y aunque todavía soy neófita en muchos aspectos, ella hizo por mí más de lo que yo pueda llegar a agradecerle jamás en forma adecuada.

    Regresé a la India en diciembre de 1998, visitando aún más proyectos en otras regiones. Una vez más debo agradecer a Martha Chen por su ayuda y consejo, como también a Bina Agarwal y a Leela Gulati por sus recomendaciones, y a Bina por su invalorable ayuda con los viajes y los contactos.

    Estoy también muy agradecida a la gente con la que me encontré en las distintas regiones por su amable asistencia y la generosidad con su tiempo. En conexión con el viaje de 1997 debo agradecer a Ela Bhatt, a Renana Jhabvala, y a Mirai Chatterjee de SEWA, en Ahmedabad; a Leela Gulati, que me mostró el campo para su estudio acerca de las mujeres trabajadoras de Trivandrum y cuyo hermoso trabajo sobre la vida cotidiana de las mujeres pobres ha sido una de mis mayores inspiraciones; a Yedla Padmavathi, que me acompañó durante mi visita a un desierto lugar de trabajo fuera de Mahabubnagar, y cuyo trabajo con el Proyecto Mahila Samakhya, un proyecto que lleva adelante el gobierno de la India promoviendo la capacitación de mujeres a través de la educación, me mostró nuevas dimensiones de la dificultad de producir el cambio en regiones que carecen casi totalmente de infraestructura básica y de escuelas. Debo agradecer también al equipo de la estación de campo de Mahabubnagar por dedicar tanto tiempo para explicarme su trabajo. Indira Jaising, de la agrupación de juristas, me ofreció su consejo y sus conocimientos acerca de las leyes personales y de otros aspectos de la escena legal. Abha Bhaiya, del Proyecto de mujeres Jagori, me ayudó a aprender acerca de las iniciativas que conciernen la violencia doméstica y otros temas de la integridad corporal. Prema Purao, directora de la ONG Annapurna Mahila Mandal, se encontró conmigo en Mumbai (antes Bombay) para describirme su trabajo con las mujeres pobres que se desempeñan como trabajado­ras independientes. Estoy sumamente agradecida al equipo por ha­berme guiado en una visita a uno de sus lugares de trabajo. Sheela Patel me ayudó a comprender proyectos para ayuda de los sin techo que viven en las calles de Mumbai. Sudha Murali, de UNICEF, me ayudó a aprender acerca de los problemas habituales del trabajo infantil en Andhra Pradesh. Ritu Menon, de la editora feminista Kali para mujeres, en Delhi, fue extremadamente generosa organizando una lección para mí a fin de probar alguna de estas ideas y poniéndome en contacto con mucha gente. He estado también muy agradecida a un grupo de buenos economistas y otros especialistas en ciencias sociales con los que me encontré y que me brindaron consejo acerca de la India, entre los que se cuentan Bina Agarwal, Praful Bidwai, Veena Das, Devaki Jain, Zoya Hasan, Tanika Sarkar, Romila Thapar y Patricia Uberoi. Como siempre, Antara Dev Sen (Picco) fue para mí una comentadora de profunda captación y una amiga llena de calidez.

    En conexión con el viaje de 1998, estoy especialmente agradecida a Ginny Srivastava, a Bhanwar Singh Chandana y a Nan Lal Pandey, de Astha, una ONG de Udaipur, Rajasthan, que trabaja con mujeres, en especial de origen tribal, en áreas rurales, ayudándolas a mejorar su situación económica a través de industrias de granja y de la acción política; a Sarda Jain, en Jaipur, que me ayudó a ver algo de las actividades en esa región (guiadas por Vishaka y otras organizaciones locales) concernientes a la educación femenina. En Bihar debo dar las gracias a Viji Srinivasan, fundador de Adithi, una ONG que organiza muchos diferentes proyectos en las áreas de la educación de la mujer y de la capacitación económica, por haberme llevado consigo en una visita para proyectar lugares en Muzaffarpur y en otras partes del norte de Bihar; a Sita Narasimhan, por su iluminadora discusión durante ese mismo viaje; a Dolly y a las otras colegas docentes en Muzaffarpur, por presentarme su trabajo con otras hijas de trabajadoras del sexo; a Asma (una cantante y trabajadora del sexo) por colocarme bajo el reto de hacerme esforzar mi pensamiento acerca de las diferencias de capacidades entre su vida y la mía. En Bengala occidental quiero agradecer al departamento de filosofía de la Universidad Vishva-Bharati en Santinketan, en particular a Maya Das, Bijoy Mukherjee y Asha Mukherjee por su hospitalidad cuando dicté allí mis lecciones y por sus valiosos comentarios; en Calcuta, al programa de estudios sobre la mujer en la Universidad Jadavpur, donde dicté lecciones, y a Sheftale Moitra, Anuradha Chanda y Jasodhara Bagchi, por organizar el evento. Gracias también a Admiya Kumar Bagchi y a Jasodhara Bagchi por su hospitalidad y por sus comentarios, que me fueron de gran ayuda. Y sobre todo a Amita Sen por su calidez, su hospitalidad y por su generosidad al hablar conmigo acerca de la historia de la ideas pedagógicas de Tagore.

    Por sus comentarios sobre los primeros esbozos de estas lecciones debo agradecer enormemente a Bina Agarwal, Jeremy David Bendik-Keymer, Homi Bhabha, Joshua Cohen, Thomas D’Andrea, John Deigh, David Estlund, Mary Kimura, Andrew Koppelman, Richard Kraut, Angelika Krebs, Charles Larmore, Catharine MacKinnon, Michelle Mason, Jeremy Mynott, Uma Narayan, Susan Moller Okin, Herlinde Pauer-Studer, Eric Posner, Richard Posner, Mark Ramseyer, Henry Richardson, Stephen Schulhofer, David Strauss, Cass Sunstein, Susan Wolf, y a un referente anónimo. Sonia Katyal me brindó una invalorable asistencia en la investigación y fructíferos comentarios; la conversación con ella acerca de su experiencia bicultural fue otra fuente de comprensión. Debo agradecer sobremanera a Amartya Sen, Quentin Skinner y Gareth Stedman Jones por su cálida hospitalidad y sus útiles comentarios durante mi estadía en Cambridge, y a Jasodhara Bagchi, Diemut Bubeck y Frances Olsen por otros valiosos comentarios. Además de presentar estas lecciones como Lecciones Seeley en la Universidad de Cambridge, presenté tres de ellas como Lecciones Thalheimer en la Universidad John Hopkins, dos como Leccio­nes Hesburgh en la Universidad de Notre Dame, tres en la Universidad del Noroeste, dos en la Universidad de Stanford y lecciones individuales en la Universidad de Arizona, en la Universidad Tufts, en la Universidad de Michigan, en la Universidad de Illinois en Chicago, en la Universidad de Pennsylvania, en el Grupo de Filosofía del derecho de la Universidad de Chicago, en el Instituto para las Ciencias sobre el Hombre en Wien, en la Universidad Creighton, en el Taller de teoría de las leyes de la UCLA, en el taller sobre el desarrollo humano de la Universidad de Chicago, en un seminario sobre derechos humanos en un mundo multi-cultural en el Centro Nacional para las Humanidades, en el Simposio Wittgenstein en Kirchberg-am-Wechsel, Austria, en la Universidad Wane State en Detroit, en la Universidad Mercer, en la Universidad Rice, en la Universidad Nacional de Australia y en la Universidad de Harvard. Agradezco a Sudhir Anand, Julia Annas, Richard Arneson, Daniel Brudney, Mary Ann Case, Juan Cole, Cioran Cronin, Norman Daniels, Steve Darwall, John Deigh, Richard Epstein, Sam Freeman, Alvin Goldman, David Goloe, Robert Goodin, Mitu Gulati, Barbara Herman, Stanley Hoffman, Frances Kamm, Kenneth Karst, Erin Kelly, Elizabeth Kiss, Anthony Laden, Jane Mansbridge, Charles Mills, Christopher Morris, David Owen, Jack Sammons, Jerome Schneewind, Thomas Scanlon, Seana Shiffrin, Larry Temkin, Lori Watson y Paul Weithman, entre otros, por sus utilísimos comentarios en esas ocasiones. Me llena de felicidad el hecho de que tanta gente me haya ayudado, y he procurado mejorar mis argumentos en respuesta a sus sugerencias y preguntas.

    El capítulo 2 fue presentado en la Conferencia en recuerdo de Jean Hampton en la Universidad de Arizona, en Tucson, en noviembre de 1997, y está dedicado a su memoria. Antes de su trágica e intempestiva muerte a la edad de cuarenta y dos años, Jean, que se había graduado en Harvard mientras yo desarrollaba allí mi actividad docente y donde participaba de un grupo de discusión acerca de las relaciones entre feminismo y filosofía, era una de las principales filósofas morales del país. Su contribución al pensamiento feminista fue muy importante por su insistencia en la validez de la tradición del contrato social para las feministas. Su robusta comprensión, su humor, creatividad y dedicación a la racionalidad viven en sus extraordinarios libros y artículos, que seguirán siendo una inspiración para las feministas y para todo aquel que quiera pensar sobre la justicia.

    Durante los últimos días de trabajo en este manuscrito, he tenido la suerte de presentarlo como seminario en el Instituto Bunting del Colegio Radcliffe, en la Universidad de Harvard. El seminario estaba diseñado para reunir a mujeres profesionales no académicas para una inmersión de una semana en un tópico académico. Entre las participantes había juristas, banqueras, doctoras, una directora de una fundación, una psicoanalista, una directora de servicios de apoyo familiar para la Fuerza Aérea de Estados Unidos, una ejecutiva de seguros y una directora de un programa de intercambio de MBA. Sus países de residencia comprendían Suiza, Francia y Rumania, al igual que Estados Unidos. Su inteligencia, su experiencia práctica y el sentido puro de la realidad que aportaron a las discusiones académicas me han emocionado mucho y me han hecho pensar mejor acerca de algunas de mis formas de presentar las ideas. Ellas confirmaron también mi preferencia por grupos femeninos, tanto como apoyo para las capacidades femeninas cuanto para ser incubadoras de un pensamiento adecuado acerca de los problemas de la mujer. (Me parece que esta puede haber sido la ocasión en la que más me he acercado en mi propia vida al sentido de solidaridad grupal que anima tantas de las auto-descripciones de las mujeres de la India en este libro). Estoy sumamente agradecida a Rita Brock, directora del Instituto Bunting por haber tenido la idea y por diseñar este magnífico intercambio, a Mim Nelson por animarnos a todas a levantar pesos en lugar de hacer una pausa para el café, y sobre todo a Sondra Albano, Kay Boulware-Miller, Mary Brandt, Margaret Eagle, Renee Grohl, Silvia Gsell-Fessler, Judith Melin, Claire O’Brien, Patricia Peterson, Ellen Poss, Cherie Taylor, Maria Tedesco y Avivah Wittenberg-Cox por la amistad y la luz que me dieron y que, espero, me darán en el futuro.

    Sobre todo estoy agradecida a las mujeres trabajadoras de la India, que tomaron parte de su tiempo de trabajo para hablar con una ignorante extranjera mediante intérpretes, dándome a menudo la bienvenida en sus propias casas e introduciéndome en sus familias. Sus vidas son la realidad en este libro. Espero y creo que es posible escribir un tipo de filosofía que no borre esta realidad.

    Por el apoyo en la investigación agradezco al Fondo Shure y al Fondo Elsie O. y Philip D. Sang, de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chicago.

    Este libro está dedicado a una mujer por la que he sentido y siento una profunda admiración y un profundo amor. Sara Nussbaum, mi última suegra, nació en Galicia y se mudó a Wien a la edad de dos años. Fue educada en la Universidad de Wien, donde obtuvo el Philosophiæ Doctor en literatura alemana e inglesa. Fue una estudiante dotada, asistió al seminario de Friedrich Waismann y estuvo presente el día en que dispararon sobre Moritz Schlick. Dejó Wien poco antes del Anschluss, junto a su esposo Nathan Nussbaum, un estadounidense de segunda generación que había ido a Wien para estudiar medicina. Ella trabajó para la Oficina de Censores de Estados Unidos durante la guerra como traductora de las cartas de prisioneros alemanes y dio clases en las escuelas públicas. A pesar de haber abandonado después sus planes de carrera formal para concentrarse en la crianza de sus cuatro hijos, siguió siendo una intelectual apasionada y una amante de las artes. A menudo venía a escuchar las lecciones de filosofía e incluso asistió a veces a los encuentros de la Asociación Estadounidense de Filosofía. Era una persona cálida y extraordinaria, tan vivaz, que resulta muy difícil concebir que ya no esté viva. Falleció el 3 de febrero de 1999, a la edad de ochenta y siete años.

    Introducción

    Feminismo y desarrollo internacional

    I. Desarrollo e igualdad sexual

    Las mujeres carecen de apoyo en funciones fundamentales de la vida humana en la mayor parte del mundo. Están peor alimentadas que los hombres, tienen un nivel inferior de salud, son más vulnerables a la violencia física y al abuso sexual. Es mucho menos probable que estén alfabetizadas, y menos probable aún que posean educación profesional o técnica. Si intentan ingresar en un puesto de trabajo, deben enfren­tar obstáculos mayores, incluyendo la intimidación por parte de la familia o del esposo, discriminación por su sexo en el salario y acoso sexual en su lugar de trabajo. Y todo ello sin tener recursos legales efectivos para defenderse. Obstáculos similares les impiden a menudo una participación efectiva en la vida política. En muchas naciones, las mujeres no tienen plena igualdad ante la ley: no tienen los mismos derechos de propiedad que los hombres, ni los mismos derechos contractuales, de asociación, de movilidad, ni la misma libertad religiosa.¹ A menudo cargadas con la «doble jornada» que deriva de las exigencias del empleo y de la responsabilidad por el hogar y por el cuidado de los niños, carecen de oportunidades para el juego y para el cultivo de sus facultades imaginativas y cognitivas. Todos estos factores tienen su costo en cuanto a bienestar emocional: las mujeres tienen menos oportunidades que los hombres de vivir libres de temores y de disfrutar de tipos más grati­ficantes de amor, especialmente cuando –como sucede a menudo– se las casa sin elección propia desde la niñez y carecen de amparo ante un mal matrimonio. De todas estas maneras, las desiguales circunstancias sociales y políticas dan a las mujeres capacidades humanas desiguales.

    Se puede resumir todo esto diciendo que con demasiada frecuencia se trata a las mujeres no como fines en sí mismos, como personas con una dignidad que merece respeto por parte de las leyes y de las instituciones. Por el contrario, se las trata como meros instrumentos para los fines de otros: reproductoras, encargadas de cuidados, puntos de descarga sexual, agentes de la prosperidad general de una familia. A veces, ese valor instrumental es fuertemente positivo; otras veces, puede ser realmente negativo. La familia natal de una niña la trata a menudo como prescindible, considerando que, de alguna manera, ella abandonará a la familia y no brindará a sus padres el sustento en la vejez. A lo largo del camino hacia su inevitable partida, ella acarreará a la familia los considerables gastos de la dote y de las festividades nupciales. ¿Con qué objeto, pues, debería cuidarse de su salud y educación del mismo modo en que se cuidaría de la de un muchacho? ¿Por qué extrañarse, entonces, de que el nacimiento de una niña sea a menudo ocasión de tristeza más que de alegría? Como dice el antiguo proverbio indio: «Ha nacido una hija / sea para el esposo o para la muerte / ella ya se ha marchado».

    Tampoco es probable que el hogar marital sea para una tal hija un lugar de respeto como el que se tiene ante quien es un fin en sí, aun cuando se estime como positivo su valor instrumental. Es probable que sus suegros la vean como un mero adjunto de un hijo muy querido, como un medio para tener nietos (especialmente, varones), como una adición al número de trabajadores de la casa y, tal vez, como un medio para obtener dinero en el pago de la dote por parte de sus padres. Incluso cuando no se abusa de ella, es improbable que se la trate con calidez o que se cultive su educación. Si su esposo se muestra bondadoso, podrá amortiguar el choque entre ella y las demandas de sus padres. En caso contrario, es probable que la mujer no tenga recursos para defenderse del abuso por parte de la familia marital ni tampoco buenas opciones de salida. Probablemente, su familia natal rehusará recibirla de nuevo; probablemente, tampoco tendrá las habilidades requeridas para un empleo, y la ley no estará demasiado interesada en su difícil situación. Si el esposo muere, es probable que su situación empeore aún más, dado el estigma que se asocia a la viudedad en muchas partes del mundo. Una herramienta que ha perdido su objetivo: eso es una viuda, lo cual es bastante semejante a estar muerta.

    No se trata aquí de casos raros de un delito inusual, sino de reali­dades habituales. De acuerdo con el Informe sobre desarrollo huma­no 1997 emitido por el PNUD, y según una compleja medición que incluye la expectativa de vida, la riqueza y la educación, no hay país alguno que trate a su población femenina igual de bien que a la masculina.² Sin embargo, los países en desarrollo presentan problemas de especial urgencia. La desigualdad de los sexos está en fuerte correlación con la pobreza.³ Cuando la pobreza se combina con la desigualdad de los sexos, el resultado es una aguda carencia de capacidades humanas centrales. En los países en desarrollo, tomados en conjunto, hay un 60% más de mujeres que hombres entre los adultos analfabetos; la tasa de escolarización de las mujeres, incluso al nivel de la escolaridad primaria, es un 13% más baja que la de los varones; y el salario de las mujeres alcanza solamente a las 3/4 partes del salario de los varones. Aún no contamos con estadísticas fiables acerca de los temas de violación, violencia doméstica, acoso sexual, porque en muchos países se presta muy poca atención a la violencia doméstica y al acoso sexual, y la violación dentro del matrimonio no se considera delito, e incluso la violación por parte de un extraño se castiga tan raras veces, que muchas mujeres tienen temor de denunciar el delito.⁴

    Si regresamos al área muy básica de la salud y la nutrición, hay una evidencia generalizada de discriminación de las mujeres en muchas naciones del mundo en desarrollo. Los investigadores afirman, por lo común, que, donde existe igual nutrición y cuidado de la salud, las mujeres viven, en promedio, más que los hombres. De ese modo, esperaríamos una relación de sexos cercana a 102,2 mujeres cada 100 hombres (tal es la actual relación de sexos en el África sub-sahariana).⁵ Muchos países tienen una relación mucho más baja: la de la India, por ejemplo, es de 92,7 mujeres cada 100 hombres, la más baja desde que se comenzó a realizar el censo a comienzos del siglo xx. Si estudiamos estas proporciones y planteamos la pregunta «¿cuántas más mujeres habría actualmente en el país X si el mismo tuviese la misma relación de sexos que el África sub-sahariana?», obtendríamos una cifra que el economista Amartya Sen denominó gráficamente el número de las «mujeres faltantes». Hay muchos millones de mujeres faltantes en el mundo actual.⁶ Utilizando este crudo índice, el número de mujeres faltantes en el sudeste asiático es de 2,4 millones; en Latinoamérica 4,4; en el norte de África 2,4; en Irán 1,4; en China 44,0; en Bangla Desh 3,7; en la India 36,7; en Pakistán 5,2; en el oeste de Asia 4,3. Si consideramos ahora la relación del número de mujeres faltantes con respecto al número actual de mujeres en un determinado país, obtenemos para Pakistán 12,9%; para la India 9,5%; para Bangladesh 8,7%; para la China 8,6%; para Irán 8,5%; para el oeste de Asia 7,8%; para el norte de África 3,9%; para Latinoamérica 2,2%; para el sudeste asiático 1,2%. En la India, la diferencia de mortalidad no sólo es especialmente aguda entre niños (las niñas mueren en número mucho mayor que los niños), sino que la mayor tasa de mortalidad de las mujeres, comparada con la de los hombres, se aplica a todos los grupos de edad, incluso bien entrada ya la tercera década de vida.⁷

    En suma, las mujeres carecen de un apoyo esencial para llevar una vida plenamente humana. Esta falta de apoyo se debe a menudo al solo hecho de ser mujeres. De ese modo, aun cuando vivan en una democracia constitucional como la de la India, en la cual, en teoría, gozan de igualdad, en realidad, son ciudadanos de segunda clase.

    II. El enfoque de las capacidades: una visión general

    Mi argumentación habrá de afirmar que el pensamiento político y económico internacional debe ser feminista, atento, entre otras cosas, a los problemas especiales que enfrentan las mujeres a causa de su sexo en más o menos todas las naciones del mundo, problemas sin cuya comprensión no pueden enfrentarse correctamente los temas de la pobreza y del desarrollo. Un enfoque del desarrollo internacional debe evaluarse de acuerdo a su capacidad de reconocer estos problemas y de presentar propuestas para su solución. Propondré y defenderé un enfoque que me parece desempeñarse mejor en esta área que otras prominentes alternativas. El enfoque es filosófico, y procuraré señalar por qué necesitamos de la teoría filosófica para enfocar correctamente estos problemas.⁸ Se basa también en una visión universalista de las funciones centrales del hombre, estrechamente unida a una forma de liberalismo político: una de mis primeras tareas será defender este tipo de universalismo como una base válida desde la cual enfocar los problemas de las mujeres en el mundo en desarrollo.

    La meta del proyecto en su conjunto es brindar el sustento filosófico para una visión de los principios constitucionales básicos que deben ser respetados e implementados por los gobiernos de todas las naciones como un mínimo requerido por el respeto a la dignidad humana. (Los temas de implementación son complejos, por lo que les daré un tratamiento aparte en la sección VII del capítulo 1.) Defenderé la tesis de que la mejor aproximación a esta idea de un mínimo social básico proviene de un enfoque centrado en las capacidades humanas, es decir, en aquello que la gente es realmente capaz de hacer y de ser, de acuerdo a una idea intuitiva de la vida que corresponda a la dignidad del ser humano. Identificaré una lista de capacidades humanas centrales, colocándola en el contexto de un tipo de liberalismo político que las transforma en metas específicamente políticas y que las presenta libres de toda fundamentación específicamente metafísica. De esta manera, considero que las capacidades pueden ser objeto de un consenso traslapado entre gente que, de otra manera, tiene concepciones comprehensivas muy diferentes acerca del bien.⁹ Y sostendré que las capacidades en cuestión deben procurarse para todas y cada una de las personas, tratando a cada persona como fin y no como una mera herramienta para los fines de otros. De ese modo, adopto un principio de la capacidad de cada persona, basado en un principio de cada persona como fin. Demasiado a menudo se trató a las mujeres como apoyo para los fines de otros más que como fines en sí mismos. Por ello, este principio tiene una particular fuerza crítica con respecto a la vida de las mujeres. Finalmente, mi enfoque utiliza la idea de un nivel mínimo de cada capacidad, debajo del cual no se considera posible que los ciudadanos puedan lograr un funcionamiento verdaderamente humano; el objetivo social debe comprenderse en términos de llegar a tener ciudadanos por encima de esa capacidad mínima.

    El enfoque de las capacidades tiene otro uso, afín y de menor relevancia. El mismo determina un espacio dentro del cual las comparaciones de calidad de vida (cómo de bien le va a la gente), cuando se las establece entre las distintas naciones, resultan más reveladoras. Al utilizarlo de este modo, este enfoque rivaliza con otras mediciones estándar como el PIB per capita y la utilidad. Este papel es importante para la concepción, desde el momento en que es improbable que se avance hacia una buena concepción del mínimo social si con anterioridad no obtenemos correctamente el espacio para la comparación. Y podemos utilizar el enfoque en este sentido menos relevante para comparar una nación con otra, aun si no queremos avanzar en el uso del mismo como base filosófica para los principios constitucionales fundamentales que establecen un mínimo o umbral social. Por otra parte, el uso comparativo de capacidades no es, en última instancia, demasiado útil sin una determinada concepción normativa que nos diga qué hacer con lo que encontramos mediante nuestro estudio comparativo. La mayoría de las concepciones para la medición de la calidad de vida en la economía del desarrollo están implícitamente asociadas a una teoría normativa del objetivo social correcto (maximización del salario, maximización de la utilidad, etc.), y la presente se encuentra asociada explícitamente de ese modo. La tarea primaria de mi argumentación será avanzar más allá de un uso meramente comparativo de las capacidades hacia la construcción de una propuesta política normativa como parte de una teoría de la justicia. (Las razones por las cuales se afirma que no se trata de una teoría completa de la justicia se presentarán en la sección IV del capítulo 1).

    El enfoque de las capacidades es completamente universal: las capacidades en cuestión son importantes para todos y cada uno de los ciudadanos, en todas y cada una de las naciones, y cada uno debe ser tratado como un fin. Las mujeres en las naciones en desarrollo son importantes para el proyecto en dos sentidos: como personas que sufren en forma generalizada de una aguda falta de capacidad, y también como personas cuya situación ofrece un interesante test de prueba para este y otros enfoques, mostrándonos los problemas que los mismos resuelven o no logran resolver. Los defectos en los enfoques estándar basados en el PIB y en la utilidad pueden comprenderse muy bien manteniendo a la vista los problemas de esas mujeres. Por supuesto, los problemas de las mujeres son urgentes en sí mismos, y podemos esperar que centrarse en ellos será una compensación por el anterior descuido de la igualdad de los sexos en el desarrollo económico y en el movimiento internacional de los derechos humanos.

    Este proyecto es algo inusual en la filosofía política feminista, en razón de que se centra en los países en desarrollo. Un enfoque tal, ya común en el pensamiento económico y en el activismo feministas, se está tornando cada vez más común también en la filosofía feminista, y es correcto que así sea. Creo que la filosofía feminista debe enfocar crecientemente las urgentes necesidades e intereses de las mujeres en los países en desarrollo, cuyos contextos materiales y sociales concretos deben comprenderse bien, en diálogo con ellas, antes de que puedan hacerse recomendaciones adecuadas para una mejoría. Este enfoque internacional no requerirá de la filosofía política feminista que se aparte de sus temas tradicionales, tales como la discriminación en el empleo, la violencia doméstica, el acoso sexual y la reforma de la ley sobre la violación. Todos estos temas son tan centrales para las mujeres en los países en desarrollo como para las mujeres de los países occidentales desarrollados. Pero la filosofía feminista deberá agregar nuevos tópicos a su agenda, si es que se trata de aproximarse de manera productiva al mundo en desarrollo; entre esos tópicos figuran el hambre y la nutrición, la alfabetización, los derechos sobre la tierra, el derecho a buscar empleo fuera del hogar, el matrimonio infantil y el trabajo infantil. (Algunos de estos tópicos son también esenciales para encuadrar un acceso filosófico a las vidas de las mujeres pobres en las naciones más ricas.) En general, parece correcto que los problemas de las trabajadoras pobres, tanto en las naciones en desarrollo cuanto en las desarrolladas, deben adueñarse cada vez más del centro de la escena, y que los problemas peculiares de las mujeres de la clase media deben cederles el paso.

    La filosofía feminista ha sido a menudo escéptica ante los enfoques normativos universales. Yo sostendré que es posible esbozar un marco para una práctica feminista de la filosofía que sea fuertemente uni­versalista, dedicada a normas de justicia, de igualdad y a derechos que tengan validez a través de las diferentes culturas, y que sea al mismo tiempo sensible a la particularidad local y a las muchas maneras en que las circunstancias modifican no solamente las opciones, sino también las creencias y las preferencias. Sostendré que un feminismo universalista no tiene que ser necesariamente insensible a las diferencias, o necesariamente imperialista, y que un tipo particular de universalismo, encuadrado en términos de las potencialidades humanas en general y en su desarrollo, nos ofrece, de hecho, el mejor de los marcos para ubicar nuestras ideas acerca de las diferencias.

    En el capítulo 1 proyectaré y defenderé un enfoque de la fundamentación de los principios políticos básicos utilizando la idea de la capacidad humana. Yo sostengo que este enfoque trae como fruto una forma de universalismo que tiene sensibilidad para el pluralismo y para la diferenciación cultural: de esta forma, este enfoque nos habilita para responder las objeciones más fuertes que se aducen en contra de los universales transculturales. Además, explico la relación que tiene mi enfoque con diversas formas de liberalismo y defiendo una forma de liberalismo político en conexión con la idea de las capacidades. Explico después la relación de este enfoque con la idea de los derechos humanos fundamentales. Y ofrezco una visión acerca de la relación entre la justificación política y la implementación política.

    Pero desplegar las características atrayentes de una concepción es sólo una pequeña parte de la tarea de justificar tal concepción. En el capítulo 2 abordo otra parte de esta tarea, sosteniendo que este enfoque es superior a otros basados en el bienestar subjetivo, es decir, en la idea según la cual la base para la elección social debe ser el bienestar percibido por cada persona. Las concepciones basadas en el bienestar están en todas partes, teniendo gran influencia en la economía y, por consiguiente, en el desarrollo. Por tanto, parece importante, tanto desde la perspectiva filosófica cuanto desde la práctica, pensar con claridad acerca de la relación que existe entre la visión de las capacidades y la del bienestar. Sostendré que el problema de la deformación de la preferencia hace inaceptable el enfoque bienestarista como fundamento para una teoría normativa de los principios políticos. Necesitamos visión sustantiva de los bienes políticos centrales como nos la puede brindar el enfoque de las capacidades. Reconocer el fenómeno de la formación de preferencias adaptativas no trae consigo un tipo inaceptable de paternalismo, siempre que ese reconocimiento se combine con una versión de liberalismo político y con un enfoque en las capacidades (no actualmente funciones) como metas políticas. Pero el enfoque bienestarista tiene algo de razón al mostrar respeto por los deseos humanos: procuraré explicar en qué consiste ese algo de razón, comparando mi enfoque basado en las capacidades con postulados platónicos acerca del bien humano.

    Los capítulos 3 y 4 investigan dos específicas áreas de problemas que tienen particular relieve para la vida de las mujeres. Hay muchas áreas como esas, que uno podría investigar con buenos frutos. La educación y la propiedad serían opciones obvias, como también la violación, la violencia doméstica y el acoso sexual.¹⁰ Elegí la religión y la familia en razón de la complejidad que las caracteriza (en cierto sentido, estas incluyen todas las otras áreas) y en razón de que plantean complicados problemas de tipo específicamente filosófico. El capítulo sobre la religión analiza los conflictos entre religión e igualdad sexual, desarrollando una estrategia para manejar política y legalmente esos conflictos. Sostengo que toda aproximación válida a este problema debe establecer un equilibrio entre el reconocimiento de la importancia de la religión en la búsqueda humana de sentido (incluyendo la búsqueda propia de la mujer) y el juicio crítico ante la religión cuando esta amenaza áreas valiosas del funcionamiento humano. Aquí, la tradición constitucional de Estados Unidos ofrece reconocimientos útiles que pueden adaptarse adecuadamente a los problemas de las democracias pluralistas en el mundo en desarrollo. Muchos de los materiales para

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