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Belle & Sebastian

Belle & Sebastian

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Belle & Sebastian

valoraciones:
5/5 (1 clasificación)
Longitud:
170 páginas
3 horas
Publicado:
Apr 20, 2017
ISBN:
9781370534883
Formato:
Libro

Descripción

Belle & Sebastian es una colección de cuentos acerca de los inescrutables enlaces entre la literatura, la música y la vida. Desde la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI el proyecto permanente del arte ha sido cómo explicar una realidad a todas luces inexplicable; a través de una serie de conceptos y formas que también son inexplicables; pero que al tener la forma de la poesía, entonces comienzan a aparecer claves para descifrar la fascinante e incomprensible realidad. Pero la poesía no es sólo verso: es también una novela, o una película, o una mujer. Incluso, una copa de vino. Y por qué no? La música! En todos estos relatos van quedando experiencias, reflexiones y muchas notas críticas, referencias culturales, la voz de un lector voraz, un melómano fanático y un cinéfilo convencido; que funcionan como un mapa con indicaciones para llegar a cualquier parte; porque aquí los límites quedan abolidos, Eurea expande los horizontes, busca integrar lo excedente y lo excesivo; mezclando lenguajes y recursos y se lanza, invitando también al lector, a correr desnudos y ardientes por las calles de nuestras ciudades.

Publicado:
Apr 20, 2017
ISBN:
9781370534883
Formato:
Libro

Sobre el autor

Juan Carlos Eurea es un escritor venezolano, liberal, inmoral y desafiante del status quo y aquellas fuerzas que pretender socavar la acción humana individual.


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Belle & Sebastian - Juan Carlos Eurea Quevedo

Belle & Sebastian

Cuentos escritos por

Juan Carlos Eurea

Published by Juan Carlos Eurea Quevedo at Smashwords

Copyright 2017 Juan Carlos Eurea Quevedo

ISBN: 9781370534883

Smashwords Edition Licence Notes

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Edited by Juan Carlos Eurea Quevedo

Cover by Juan Carlos Eurea Quevedo

ADVERTENCIA

Esta obra tiene contenido explícito sobre uso de drogas, sexo, violencia y lenguaje. Se recomienda discreción, si es sensible a este tipo de contenidos, se recomienda no leer esta obra.

Éste es un libro de cuentos y por lo tanto los personajes, situaciones o diálogos que en ella aparecen —excepto de las referencias a personas, producciones, lugares conocidos— son imaginarios y no se refieren a nadie en particular ni pretenden dañar los intereses de ninguna persona o entidad.

Tanto el autor de estas Memorias como estas Memorias mismas son, naturalmente, novelescos. No obstante, individuos tales como el autor de estas Memorias no sólo pueden existir en nuestra sociedad, sino que por fuerza deben existir, si se consideran las circunstancias bajo las que, por lo general, esta sociedad nuestra se desenvuelve. He querido presentar ante el público, más claramente que de costumbre, uno de los personajes de nuestro reciente pasado. Representa a una generación que todavía vive entre nosotros. En el fragmento que se titula El subsuelo, este personaje se presenta a sí mismo, expone sus puntos de vista e intenta, como puede, aclarar las razones por las que surgió y no tenía más remedio que surgir en nuestro ambiente. En el fragmento siguiente vienen ya las verdaderas memorias, y en ellas refiere algunos acontecimientos de su vida.

Fiodor Dostoievski

Memorias del subsuelo

TE DIJE QUE ESTE SITIO ERA UNA MIERDA

Casi siempre, termino anclado en algún lugar donde no debería estar. Esa noche, no debía estar allí, entre esos carros con gente matando su estrés y frustración banal, emborrachándose con caña barata, que deja el cuerpo malo y con remordimientos de conciencia.

Por estos lados, la mayoría de los hombres y mujeres tienen problemas de personalidad y sexualidad. Miguel anda chalequeando a marcos, quien de pronto le dice

— mámalo, cabrón —y marcos le dice

— sácalo —y el otro pasa el vaso de donde beben 4 personas y se baja el cierre del pantalón y se saca el pipí. El otro, se agacha y comienza a dar una mamada y yo me di media vuelta y busqué el resto de la gente.

Pamela no iba a llegar, se quedó con las chicas y Renier, Ángelo y Kelman se fueron a Boga. Ese tipo es un fanfarrón de mierda, que anda aliviado porque le montó las tetas a Florián y fue el primero que las gozó y lo felicito de verdad, aquí quien paga, no necesariamente goza.

Pero por ese instinto coño e madre que busca siempre conspirar contra uno mismo, me volteé y vi el acto de los otros. El que lo recibía le acariciaba el pelo al que lo daba y con la otra mano le dirigía la intensidad de la succión.

Los otros tres panas veían la escena, atontados y bebiendo entre ellos. Fumaban, bebían, hablaban y se vacilaban aquel acto.

Yo me fui con el grupo, donde una carajita estaba hablando del concierto donde vio a la maldita banda emo chilena kudai, cuya principal virtud musical consiste en cambiarse el peinado y el vestuario (incluyendo el color del pelo) en menos de tres minutos.

Quedaba en la cava cerveza gay (o sea, solera azul) y ya estaba obstinado del inferior, pues ya venia de tres días de bebedera con Gertrude, amaneciendo y tirando salvajemente, pero ella la tenía que cagar con sus conflictos de mierda donde yo terminaba embarrado.

Pero Gertrude no está aquí. Estas locas que me pienso raspar, las que faltan. Karlin me mira, pero tiene mal aliento y le mamó el guevo a dos tipos antes de venir. Negativo. Fiorella de seguro me la dona; pero como ella le dice al novio que tiró con otro tipo, no voy pendiente de que me embosque otra coñaza como pasó en Yo reguetón la tipa esa, que ya contaré, pero más tarde.

Por lo pronto, pamela me sonríe y me pregunta por enésima vez qué hace un licenciado en Letras. Yo le digo que, en mi caso, me dedico hacer el ridículo. Todas se ríen y se intrigan. Pues siempre ando con un whisky mayor de edad y del bueno y lo bebo sólo con hielo y me voy, aparentemente solo. O me voy al baño, pero siempre salgo después que el culo que me he cogido y chao.

No es alardear, es simplemente poder. Me volteó otra vez, y justo, el tipo acaba y los observadores celebran y el que está de rodillas creo que se ha tragado el semen. Se para y agarra el vaso y se lo empina. Se dan un abrazo y vienen.

Yo sé que satanás vendrá a decirme que me agradece pues solo estas cosas pasan cuando ando cerca y que me dará plata para que yo siga auspiciando momentos como éstos que permiten que estos pobres becerros vayan al infierno.

Por lo tanto, me concentro en flirtear con Pamela, quien se muestra receptiva. Llegan los panas y las chicas preguntan si la están pasando bien. Ellos contestan muy animados y borrachos con un jubiloso sí. Marcos me está viendo el culo y cuando lo pillo una mirada mortal lo fulmina y Pamela captó pero se sonrió y mira a otra parte.

Comienzan hablar del maldito béisbol. Cuando me preguntan si soy del Magallanes o del Caracas o de los tigres, yo digo que soy del Manchester united. Todos se quedan en silencio, confundidos, desconcertados y uno capta que hablo de futbol y me dice,

¬― ¡pero ese es un equipo de fútbol! ―y Karlin dice

― ¡verdad! ―como si hubiera descubierto una clave secreta que le llevaría al grial. Es lo que pienso. Me río.

Pero me salvan la patria y llega Andrea, que es novia de Marcos y se besan con pasión. Yo tengo ganas de sacarme los ojos. Ya no tengo ganas de entenderme con mi bolsa de pólvora, que me cortó Ana Gabriela con mucho esmero.

Comienzan hablar y resulta que en esa semana van a cumplir dos años de noviazgo. Todos celebran y comienzan hacer vaca para comprar más caña. Yo tengo ganas de buscar un puerto menos chaborro y en eso me acuerdo que pamela quería ir a Boga porque allí está el grupito que mencioné. Como ando ladillando a Florián y como creo que puedo entucar a Pamela, le digo para irnos a Boga.

― ¡ay no! ¿caminando? ―yo tengo ganas de agarrarla como troglodita y llevármela arrastrando por los cabellos, pero le digo

― deja la flojera. Aprovechamos y comemos lago. ¿Te animas?

Cuando vamos caminando, ella va hablando de la Michelena, la uni donde estudia. Veo a la gente, la división entre clases: los marginales traen a sus crías a los juegos infantiles, y a dar vueltas en este parque que es un inmenso terreno propiedad del ejército. La gente pobre da lástima: no tienen plata para ir a un mejor lugar, huelen mal, se visten mal, son gente fea y de paso, la mayoría de los padres no tienen más de 20 años. Algo se jodió en el mundo. Y nadie se da cuenta.

Por mi parte, voy ignorando lo que me dice esta jeva y me limito a decir cosas que empaticen con ella. Mientras, maquino lo de Boga y el hotel, lo que pienso engullir junto a mi acompañante y lo que vamos a beber.

Ya en Boga, el saludo de amigas ladilla. Hasta Kelman, bastante cabroncete, se ladilla. Florián me mira y sabe que ando con pamela y como la mesa está full, nos sentamos en la del lado. No quiero que peguen las mesas. Yo entonces le cuento sobre una peli que vi en el cine y ella me mira y me dice que soy inteligente porque digo muchas palabras bonitas y hablo bonito.

―yo soy una gafa, una bruta al lado tuyo ―yo le digo

―no vale, para nada. Lo que importa en realidad es que tripeemos y nada, estamos en un lugar genial y vamos a disfrutarlo ―y ella me dice que soy lindo. Eso no es bueno.

Ya me siento recuperado, luego de comer una crepès con frutos del mar y una ensalada césar. Empujo todo eso con un Sauvignon Blanc de origen chileno. Ella bebió bastante y luego rematamos con unos coctelitos, ella se fue por un sexo en la playa y yo me fui por un Martini. Ella me dijo que le gustaba estar conmigo. Yo le dije que nos fuéramos a otra parte y lo dije sin mucho pensar y ella dijo que sí. La fortuna favorece a los audaces.

El hotel tenía matrimonial simple y estaba saliendo mejor que lo calculado. Comprobé que en uno de mis bolsillos estaban mis condones. Y al recibir la llave, bueno, mi espinazo avisó a cada terminación nerviosa que dentro de poco, tirar.

En consecuencia, entramos y la habitación congenió con el ánimo de ambos y ayudó, la verdad. Yo la tomé por la espalda y comencé a besarle el cuello. Ella se dejó. Luego se volteó y comenzamos a besarnos. En eso me lo agarra y ya le estoy desabrochando los pantalones.

Al rato, ya estamos en la cama y ella se alivia cuando me ve con un condón en la mano. Comenzamos y fue bastante fino. En cuatro, ella encima de mi y luego le pongo las piernas en mis hombros, acabando ella. Luego, acabé.

Misión cumplida. Nos bañamos. Allí iniciamos otra maniobra que termina furiosamente sobre una silla. No me di cuenta cuando me lo puse, pero al acabar, me di cuenta de que tenía otro condón puesto.

Ella se dejó coger por tercera vez y ya eran las dos y media de la mañana. Se dejó mansamente. Aquello fue calmado.

Nos quedamos dormidos, o al menos ella sí y yo anduve entre sueños y prefiguraciones. En seguida, se me ocurre arremeter contra mi bolsa y me serví par de líneas que inhalé con alegría. Estaba sabrosa. La acidez del toque me pareció oportuna y de paso, me dio par de ideas que anoté en un papel.

Ella dormía como piedra.

A las 4 de la mañana la llamaron y ella despertó sobresaltada. Entonces comenzó a vestirse. Me vio desnudo y con pólvora cortada. No sabía si ofrecerle, por educación

― ¡qué asco, noooo! Mira, nadie, sobre todo Florián, deben saber que tiramos, ¿Ok?―y se fue de la habitación, abriendo la puerta, y mirándome de manera desaprobadora y avergonzada.

Al cerrar la puerta, me serví otro pase y me puse a ver el show de Jols Holland y eso me pareció el cierre perfecto para aquel día. Me acosté cuando ya amanecía. Más noqueado por el cansancio acumulado, porque si hubiera querido, con el combustible, sigo de largo.

Dormí hasta las 10 y media y fui a desayunar. Regresé al hotel donde dormí otro rato. Pensé en irme a mi casa, pero antes, me provocó ir a un puesto de películas piratas y llevarme par de pelis para quedarme tranquilito el resto del fin.

BELLE AND SEBASTIAN

El libro que tiene al lado la tipa es El Proceso de Kafka. Me refiero a la portada del disco If You’re Feeling Sinister (1996) del grupo escocés Belle & Sebastian. Una banda de letras magníficas, de melodías con cuerpo y color; alegres, aunque en el fondo, no es eso de lo que van. Es otra cosa. Por ejemplo, yo me dejé de andar con Gertrude, 12 años menor que yo. Me cansé de ella, de su adolescencia, de sus problemas, de sus rollos mentales…de su debilidad, de su mentira. Me cansé de follarla. Me cansé de armar estrategias, me cansé de poner el teléfono en otra parte mientras ella hablaba. Me cansé de amarla.

La cosa pasó así: Ella me sorprendió, yo era solitariamente feliz en los días del 2007.

Yo estaba perplejo por unos sueños locos, donde Satán me pedía desesperadamente ser mi amigo porque se sentía solo y aburrido. Ella se quedó conmigo todo un día de ese año de elecciones y como siempre, perdió la libertad. Mi hermano, un hipócrita y pacato pastor evangélico andaba pendiente de divertirse (¿Todo el mundo se aburre ahora?) y le dije que me llevara a pasear con Gertrude y una buena dotación de cervezas.

A los dos meses, ella me dijo que quería casarse conmigo, no importaba que fuera lesbiana; ella tendría sus novias y yo podría follarme a quien quisiera. Me pedía que la salvara de su infierno y yo quería hacerlo. Tenía buenas tetas. Estaba enamorado de ella y ella de mí. Estaba el amor gobernando mi barco ebrio, que tenía una pasajera más constante. Estaba tan conmovido, me había decidido a ser más tolerante y aceptaba la condición lisiada de los amigos & ambiente de Gertrude. Ella no me impresionaba, ni siquiera los sábados, admití y cuando vi el lado divertido, decidí que aquello moriría solo. Siempre acompañan el whisky y la ginebra.

Voces odiosas me consideraron perverso por andar con una menor. Por todo lo que había, me declararon pecador

― estás destruyendo tu vida! ―Y cosas por el estilo. Yo seguí escribiendo mis novelas, con el glorioso momento de haber descubierto una canción llamada El estado en que estoy.

Y lo que vino después, un día ella me dijo que sospechaba estar embarazada; pasé días de inflexión en mesas ebrias, estaba tranquilo: le eché el licor, en todas partes, pero no pasaba nada, no había creado vida.

Soy pecador, conquisto los cielos, voy allí y regreso: es El estado en que estoy. Luego, vino el desastre: Oh amor mío, no soy condescendiente, ni estúpido ni ciego. Oh! y la desesperación es el logro del Diablo, es la locura de una niña de mente vacía.

Ahora, claro, me sentía peligroso, montarla salvajemente y su familia, más disfuncional que la mía, lo sabía. Se volvió lo nuestro una afición triste. ¿Por qué no llevarlo todo a un final? El abrazo de la vida me prometía nuevas fuerzas, para mi

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