Qué difícil es ser Dios

Acciones del libro

Comenzar a leer

Información sobre el libro

Qué difícil es ser Dios

Longitud: 270 página3 horas

Descripción

En esta novela nos encontramos con una serie de individuos escondidos a plena vista, sobre el terreno en una sociedad medieval, destinados a observarla para que otros compatriotas con vocación historiadora saquen sus propias conclusiones mientras que ellos se limitan a contemplar sin casi intervenir. Estos observadores, estos dioses mucho más avanzados e ilustrados, descubrirán lo frustrante y difícil de su labor a medida que la desempeñen y nosotros, como lectores, nos adentremos en una estupenda historia de ciencia ficción social y aventuras (entre otras cosas), descubriendo su origen y los vericuetos de la sociedad en la que se hallan inmersos.
Por otro lado también iremos desentramando con el paso de las páginas cómo los asesinatos y desapariciones organizados desde un ministerio de esta sociedad hacia miembros de la élite intelectual y científica de la misma (y provocando por tanto su retraso y estancamiento) con los que tras la Segunda Guerra Mundial sufrieron los escritores soviéticos por parte de ese gobierno represor, que les decía sobre qué debían escribir y cómo, hasta el punto de poder identificar al hediondo ministro (un personaje escrito para ser detestado) con el líder del KGB en aquel momento. Y es que los mismos Strugatski recibieron “recomendaciones” de “debéis escribir más como en este libro que en como aquel, o dejar de escribir”. Su respuesta fue, desde luego, como la de Berlanga, muy inteligente.
También queda patente el considerable desprecio de los Strugatski por ese vulgo al que, una vez que sus gobernantes les decían cómo pensar, se convertían en peligrosa jauría casi orwelliana, sin cuestionarse sus actos, pues estos iban a favor de su patria/partido/camaradas. Estas deducciones de los escritores para con sus compatriotas y líderes resultan doblemente tristes por su lamentable vigencia hoy, en la que un gobierno ruso que reprime a su élite intelectual (recordemos sus asesinatos con isótopos radiactivos), emplea el terrorismo de estado sin que le tiemble el pulso, tiene a Putin, ex KGB, con unos índices de popularidad mayúsculos. La misma historia repetida, en resumidas cuentas.
Así, con Qué difícil es ser Dios, nos encontramos con una estupenda historia de ciencia ficción per se entretejida con una contundente crítica cuyo único problema es que, debido a su corta extensión, deja con ganas de más. Y es que los personajes están muy bien construidos, no resultan planos y tienen sus motivaciones y vericuetos, con el buen desarrollo psicológico característico de estos escritores. Y por otro lado están los paralelismos soviéticos. Dos por el precio de uno.

Leer más