Momias radioactivas by Gonzalo del Castillo - Read Online
Momias radioactivas
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Acerca de

Resumen

¿Qué pueden hacer cuatro amigos al final de las vacaciones de verano, cuando ya se han cansado de jugar a todos los juegos posibles? ¡Crear un club de cazadores de monstruos! A fin de cuentas, las películas y los libros están llenos de monstruos, así que seguro que hay muchísimos por ahí y alguien tendrá que ocuparse de ellos.


Cuando Leo, Toni, Ceci y Superpepe fundaron el Comando Relámpago de cazadores de monstruos, no podían imaginar la cantidad de aventuras que les estaban esperando. La primera, un ataque de momias radioactivas, puso a prueba su valor y su imaginación. Los adultos se ocultaban en sus casas, así que solo el Comando Relámpago podía salvar a la ciudad de una amenaza que venía del antiguo Egipto.

Publicado: Editorial Vita Brevis el
ISBN: 9781386820413
Enumerar precios: $0.99
Disponibilidad de Momias radioactivas: Aventuras del Comando Relámpago, #1
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Momias radioactivas - Gonzalo del Castillo

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1. LA FUNDACIÓN DEL COMANDO RELÁMPAGO

Te daré un consejo: no se te ocurra fundar un club. Y si lo fundas, que no sea un club de cazadores de monstruos. A no ser, claro, que te gusten las aventuras, los monstruos y ese escalofrío que sientes en el estómago cuando te persigue un hombre lobo mutante por las alcantarillas.

A nosotros nos gusta todo eso, así que no tuvimos más remedio que fundar el Comando de Restricción, Extinción y Liquidación de Auténticos Monstruos y Plagas Aberrantes, Gigantes y Oscuras (es decir, el Comando R.E.L.Á.M.P.A.G.O.).

Es un nombre estupendo, ¿verdad? Se le ocurrió a Leo, que, además de ser mi mejor amigo, es muy inteligente. Siempre se le ocurren cosas así. Una vez escribió una poesía larguísima en la que cada profesor del colegio era un monstruo diferente: el conserje era un zombi, el profe de química era un científico loco, la enfermera una bruja y el de gimnasia un minotauro que no hacía más que gruñir. Todos los de la clase lo leímos y nos partimos de risa. Al menos hasta que la directora lo descubrió y nos castigó sin recreo durante una semana entera.

Cuando decidimos fundar el Comando estábamos casi al final de las vacaciones de verano, así que teníamos todo el tiempo libre del mundo. Mis amigos y yo habíamos ido a un bosque cercano para intentar cazar una ardilla viva y convertirla en nuestra mascota. Fue una mañana muy divertida, aunque las ardillas demostraron ser mucho más listas y rápidas que nosotros. Cuando nos cansamos de tanto caernos de los árboles y de hacernos arañazos con la corteza, nos tumbamos en la hierba, a la sombra, a pensar en lo próximo que podríamos hacer.

—Quizá podríamos ir al campo de fútbol a jugar un rato.

—Hace demasiado calor para eso —dijo Leo—. Hace demasiado calor para cualquier cosa.

Durante un rato, todos nos quedamos callados, muy cansados como para pensar en algo divertido. Fue entonces cuando yo propuse crear un club de cazadores de monstruos. No sé cómo se me ocurrió. De pronto, me vino la idea a la cabeza y supe que era un plan fantástico.

—Ya sé lo que podemos hacer —dije, sentándome en la hierba—. Vamos a crear un nuevo club.

—¡Buf! —dijo Toni mientras mordisqueaba una brizna de hierba—. Eso es un aburrimiento.

Toni es un poco perezoso, pero luego siempre se anima. Como se llama Antonio, lo llamamos Toni. Bueno, la verdad es que lo llamamos Toni Macarroni, porque está bastante rellenito y le encanta comer. Sobre todo la pasta italiana. Pero a él no le gusta nada que le llamen así.

—No va a ser un club normal —le respondí—. Será un club de cazadores de monstruos.

Los demás se quedaron mirándome como si estuviera loco, menos Leo, que me tiró un zapato y me dijo directamente:

—¡Estás loco!

—Pensadlo bien —les dije—. Está claro que a nuestra ciudad le hace falta un grupo dedicado a capturar o eliminar monstruos. Todas las películas y los libros y los dibujos animados están llenos de monstruos, así que seguro que hay muchísimos por ahí. Para los perros perdidos está la perrera municipal, de los ladrones se ocupa la policía y los bomberos apagan los incendios, pero ¿conocéis alguien que se dedique a luchar contra los monstruos? Apuesto a que hay muchos más monstruos sueltos por ahí que perros perdidos o incendios.

Pude ver por sus caras que nunca habían pensado en ello.

—Tiene sentido —dijo Toni—. Atrapar monstruos y salvar el mundo y todo eso es muy importante. Alguien tiene que hacerlo.

—Claro —respondí—. ¿Y por qué no podemos ser nosotros los que lo hagamos? Además, seguro que cazar monstruos es divertidísimo.

—Me parece bien —dijo Leo—. Pero en vez de un club yo creo que debería ser un comando, como esos de las fuerzas especiales que van a las misiones más difíciles.

—La verdad es que eso de fundar un comando suena muy bien —reconoció Cecilia, el último miembro de nuestro grupo de amigos.

Sí, ya lo sé, es una chica. Pero Ceci es estupenda, de verdad. Le gusta jugar a las mismas cosas que a nosotros, se inventa las historias más emocionantes y nunca, nunca, habla de zapatos, muñecas y cosas así (por lo menos, con nosotros). Además, es la que más corre de todos y, para cazar monstruos, correr rápido es algo que algunas veces viene muy bien.

Vale, además es guapa. Pero eso no tiene nada que ver.

—Claro que también podríamos jugar al tenis —siguió Cecilia—. Tengo una raqueta nueva que...

—¡Noooo! —respondimos todos a la vez. Cecilia va a clase de tenis durante la semana y, cuando intentamos jugar con ella, siempre nos gana.

—El tenis es el deporte más aburrido del mundo —dijo Toni.

—El peor del universo —añadió Leo, sin levantar la cabeza.

—El superpeor de toda la historia del universo y de todos los universos paralelos —dije yo, para dejarlo más claro todavía.

—Sí, sí, de acuerdo —replicó Cecilia, algo molesta—. Ya lo entiendo. No os gusta jugar al tenis.

—Entonces, está decidido —dije, levantándome por la emoción del momento—. Formaremos un comando de cazadores de monstruos. ¡Va a ser estupendo!

Miré a mi alrededor y me di cuenta de que mis amigos empezaban a estar tan entusiasmados como yo con la idea. Era hora de decidir qué iba a hacer cada uno en el comando.

—Me pido ser el cazador de monstruos —dije.

—No creo que puedas pedirte algo así —señaló Toni, con cara de enfado porque no se le había ocurrido a él.

—Además, si es un comando de cazadores de monstruos, tendrá que haber más de un cazador, creo yo —añadió Leo.

—Mejor que todos seamos cazadores de monstruos —dijo Cecilia, que siempre consigue que no nos peleemos—. Así no habrá problema.

—Está bien —respondí—, pero yo he tenido la idea, así que seré el Jefe del Comando.

—Ya lo sabemos —dijo Leo a regañadientes, tirándome una ramita que había recogido del suelo—. Tú siempre terminas siendo el jefe de todo.

—Pues yo —propuso Cecilia— voy a encargarme de diseñar el escudo del Comando. Puedo hacer insignias para llevarlas cuando nos reunamos y en nuestras misiones. Ya sabéis, en la gorra y en la mochila.

—¡Muy buena idea! Va a quedar superestupendo —dije, porque Ceci dibuja muy bien—. Pero tiene que haber alguien encargado de saber todo lo necesario sobre los monstruos, como los puntos débiles de cada uno o sus poderes.

—Yo seré cazador y también científico monstruólogo —se ofreció Leo—. Me encanta leer sobre monstruos. Y puedo ir escribiendo en un cuaderno todo lo que averigüemos sobre ellos.

—Eso es. Será el Superlibro de los Monstruos, Engendros y Otros Bichos Raros —dije yo, poniendo voz de presentador de televisión.

Ahora me acuerdo de que he olvidado presentarme. Me llamo José, pero todos me conocen como Superpepe o también Súper a secas. El mote no viene de que yo sea súper, como un superhéroe, sino de que digo mucho la palabra súper: superestupendo, superfantástico, superemocionante... o Superlibro de los Monstruos, Engendros