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Disciplina inteligente: Manual de estrategias actuales para una educación en el hogar basada en valores
Disciplina inteligente: Manual de estrategias actuales para una educación en el hogar basada en valores
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Libro electrónico459 páginas5 horas

Disciplina inteligente: Manual de estrategias actuales para una educación en el hogar basada en valores

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Información de este libro electrónico

Debemos educar con la intención de que nuestros hijos no nos necesiten para vivir de manera autónoma y constructiva en la sociedad.

¿Para qué educas? No pregunto por qué, sino para qué. ¿Tienes claro qué quieres fomentar con la educación que impartes?, ¿en qué clase de persona se pueden convertir tus hijos? Cuando los corriges o les das un permiso, ¿qué tienes en mente como objetivo o meta educativa?, ¿cómo evalúas tu propio desempeño como madre o padre de familia? ¿sabes si realmente vas bien en el papel más importante de tu vida: ser padre o madre?

Durante más de diez años este libro ha fomentado la actualización y preparación permanente de quienes educamos, así que no podía quedarse sin actualizar.

Por ello, Vidal Schmill hace una revisión completa en esta nueva edición mejorada, siempre bajo la base de "Los hijos de hoy necesitan madres y padres de hoy", como la expresión de una auténtica necesidad para estar a la altura del reto educativo que los niños y jóvenes de hoy presentan.

¿Los estás maltratando en tu intento por corregirlos o los estás sobreprotegiendo en tu intento de hacerlos sentir amados? ¿Cómo puedes encontrar un punto medio que fomente un mejor funcionamiento de su personalidad a largo plazo?

Este libro ofrece respuestas prácticas y realistas a tus principales inquietudes como madre o padre en el difícil tema de la disciplina cotidiana en casa.
IdiomaEspañol
Fecha de lanzamiento12 ene 2017
ISBN9786079347284
Disciplina inteligente: Manual de estrategias actuales para una educación en el hogar basada en valores

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    Este libro es maravilloso, yo lo he trabajado con muchos padres y madres desde la escuela, como educadora y de verdad tiene unso resultado soprendentes, primero que nada con uno mismo como padre y despues en todo lo que le deja a los hijos. Muy recomendable para favorecer la disciplina en casa.

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Disciplina inteligente - Vidal Schmill

interés.

Capítulo 0

Introducción


0.1 Presentación general

0.2 Campo de aplicación y objetivo del libro

Capítulo O

Introducción

0.1 Presentación general

Disciplina inteligente… ¿existe acaso la Disciplina estúpida? Sí. Definitivamente.

A lo largo de este libro, pretendo mostrarte que en la educación de los hijos no toda la disciplina que ejerzas va a producir resultados constructivos.

Después de haber castigado a tu hijo por una conducta que consideraste indebida, ¿te has sentido culpable?

En alguna ocasión en la que cediste frente a tus hijos, ¿sentiste que te estaban viendo la cara de tonto(a)?

Seguramente si nos confrontamos con honestidad, todos los que ejercemos de padres, responderemos afirmativamente. Justamente lo que pretendo ayudarte a alcanzar es el punto medio.

Existen varios estilos disciplinarios y tú puedes modificar o enriquecer el que has utilizado para encontrar el tan anhelado punto medio.

Este libro está escrito con la intención de tranquilizarte, de disminuir tu nivel de ansiedad y angustia con respecto a tus hijos, cuando su conducta no está de acuerdo con tus ideas sobre cómo deberían ser.

A lo largo de veinte años de impartir pláticas sobre educación infantil y adolescente en diversos colegios privados y públicos, he encontrado que el nivel de angustia y ansiedad de los padres de familia en general es lo que les impide escuchar las soluciones que se les están ofreciendo. Simplemente ya no pueden escuchar.

La angustia los ha rebasado e incluso hay casos en los que se enfocan en un solo incidente y se refieren a él incesantemente como disco rayado, y aunque uno trate de ofrecerles alguna alternativa, insisten en narrar angustiados el mismo incidente una y otra vez.

Este libro está escrito para que puedas acallar tu ansiedad… pero para ello debes escuchar. Necesitas dejar temporalmente a un lado las ideas preconcebidas sobre lo que el niño debe hacer o no hacer" según tus creencias o las de toda tu parentela, y abrirte a escuchar otras alternativas.

Si después de escucharlas realmente, las pones en práctica y te funcionan, felicidades. Si algo no te convence, deséchalo. Pero hazlo después de probarlo, no lo descartes sólo porque no justifica tu ansiedad. Los grandes enemigos para educar a un hijo son la ansiedad y la angustia, las cuales provienen del miedo, te impiden razonar con claridad y ahuyentan a los niños de ti, pues tu propia tensión puede hacer que ellos te perciban como alguien desequilibrado, obsesionado con tonterías.

Temas como la comida, prestar sus juguetes, pleitos entre hermanos, tareas, exceso de TV y video juegos, entre otros, angustian a los padres de familia de hijos en la etapa infantil; y otros temas como la forma de vestir, amigos indeseables, novios o novias, música pesada, el cigarro o las fiestas, agobian a los padres de adolescentes.

Estoy consciente de que tus temores representan preocupaciones válidas; lo que no debes permitir es que se conviertan en asuntos obsesivos y recurrentes en tus conflictos con tus hijos. Debes disminuir tu ansiedad al respecto para que puedas encauzarlos adecuadamente.

Primero hay que disminuir los niveles de ansiedad y miedo.

Asimismo, debes disminuir tus niveles de culpabilidad.

Para que una madre o un padre puedan aprender sobre educación, estos son los primeros enemigos a vencer: la ansiedad y la culpabilidad.

He dedicado un espacio importante a cada uno de estos enemigos. Si estás muy ansioso(a) puedes remitirte a ellos de inmediato. Espero te ayuden, pero te recomiendo tengas el panorama general de todo el libro, pues ello te habilitará de mejores herramientas para disminuir dicha ansiedad o culpabilidad de manera consistente.

He observado también otra tendencia por asumir una gran carga moral, porque los padres creen en la fantasía de que lo que hagan, o dejen de hacer, determinará el futuro feliz o infeliz de sus hijos. Es lo que llamo madres o padres Pípilas, en alusión al personaje histórico que llevaba sobre su espalda una gran loza para evadir las balas del enemigo y quemar la puerta de una fortaleza durante la guerra de independencia de México. Hay madres de familia con una loza equivalente, por demás inútil.

No hay pruebas concluyentes de que lo que hagas como madre o padre, influya de tal manera en la vida de tus hijos.

Hay hijos que tienen una vida constructiva y plena a pesar de haber tenido unos padres pésimos y hay otros que, no obstante haber contado con padres involucrados en su educación, tienen un enfoque destructivo y enfermizo en sus vidas.

Existe una antigua división en la psicología académica: por un lado están los que creen que todo es heredado y, por el otro, los que defienden que la educación y todo lo que se adquiere por medio de la experiencia, es lo que determina la personalidad de un ser humano.

Este es un viejo debate entre los estudiosos de la genética conductista y los estudiosos de la socialización. ¿Podremos considerar un punto medio entre estas dos posturas?

El genetista conductista afirma que todo está determinado por los genes y aporta, entre otras, pruebas de estudios de gemelos que viven en ambientes diferentes y que presentan similitudes sorprendentes.

El estudioso de la socialización sostiene que los padres son lo más importante en el entorno de los niños y que son ellos quienes determinan el modo como acaban saliendo los niños. Para ello, se basan en estudios de casos clínicos, y mediante terapia rastrean el origen de los problemas de sus pacientes hasta la época infantil; época donde sus padres estaban fuertemente implicados.

En la lengua inglesa, hay un juego de palabras muy acertado al respecto: nature and nurture (naturaleza y crianza) el cual proviene de un educador británico llamado Richard Mulcaster, que aseveró "la naturaleza (nature) empuja al chico hacia adelante, la educación (nurture) lo ve progresar."

Tus hijos tomarán sus propias decisiones y tendrán sus propios aprendizajes, con o sin ti. Los padres influimos, pero no determinamos el futuro de nuestros hijos.

Si tú actúas de manera sensata y sin transmitirles una angustia permanente, podrán contar contigo para comunicarse mejor y, tal vez, conforme vayan creciendo los puedas ayudar a mejorar su propia toma de decisiones, pero hasta allí podrá llegar tu intervención.

Según los estudios de Judith Rich Harris, en su revolucionario libro El mito de la educación:

…los niños quieren ser como otros niños, no como sus padres. Sobre todo quieren ser como los niños que tienen mayor estatus en el grupo de compañeros, y estos, normalmente, son mayores. Los pequeños miran hacia arriba a esos que van uno o dos años por delante de ellos, y lo hacen con admiración y envidia.

"La equiparación entre madurez y estatus es lo que induce a los niños pequeños a querer comportarse, hablar y vestirse como los mayores. Los niños no se fijan en los adultos para obtener pautas de comportamiento, lenguaje o vestuario, porque los niños y los adultos pertenecen a diferentes categorías sociales, que tienen, a su vez, reglas diferentes. Desear un estatus más elevado -querer ser como un chico mayores algo inherente al grupo, a la categoría social chicos. Los adultos son harina de otro costal.

Para un chico, los adultos no son una versión superior de nosotros: los adultos son ellos".

Los adultos tenemos un poder limitado sobre los adolescentes. Éstos crean sus propias culturas, que varían según el grupo de compañeros, y nosotros no podemos ni siquiera adivinar qué aspectos de la cultura de los adultos aceptarán y cuáles rechazarán, o cuáles serán las nuevas cosas que ellos aporten por sí mismos.

No obstante las anteriores aseveraciones, es un hecho que influimos.

0.2 Campo de aplicación y objetivo del libro

Aunque la educación y la instrucción están vinculadas, es un hecho que existen personas muy instruidas pero con serias deficiencias en el ámbito social o incluso moral.

Estarás de acuerdo conmigo en que un destacado profesionista que golpea a su esposa, no está bien educado por mejor instruido que esté.

Asimismo, hay personas que manifiestan un alto nivel de socialización, moral y ética, y sin embargo carecen de instrucción académica o técnica.

Según Fernando Savater, oponer la educación a la instrucción es un enfoque riesgoso, sin embargo, al ser temas tan amplios, es necesario recurrir a esta subdivisión con el fin de abordarlos de manera clara y práctica.

El nivel de conciencia está relacionado con la capacidad para darse cuenta, para percibir, para vincularse socialmente.

El nivel intelectual tiene que ver con lo que se evalúa en las pruebas de inteligencia, las cuales por lo general abarcan aspectos de lógica-matemática, relaciones y ubicaciones espaciales o habilidades lingüísticas.

El campo de aplicación sobre el que se enfoca este libro es el relativo al aspecto formativo. El aspecto informativo requiere su propio espacio, por lo que a pesar de ser tan importante, en esta ocasión me limitaré a plantear alternativas exclusivamente en el otro aspecto: el formativo.

Revisaremos estrategias encaminadas a elevar el nivel de conciencia y la capacidad de socialización tanto tuyas como de tus hijos.

¿De qué le sirve a tu hija sacar diez de calificación, si es una niña con indicios de crueldad?

Titularse con honores será todo un orgullo si quien se gradúa es una persona socialmente constructiva, y las altas calificaciones serán la cereza del pastel, pero no el pastel mismo.

Puede haber alguien con un alto nivel intelectual y un bajo nivel de conciencia.

El alto desempeño académico es algo válido en la medida en que esté apoyado en el desarrollo personal y social del individuo. Sin él, carece de sentido social y, por lo tanto, cubre apariencias, necesidades de reconocimiento y estatus.

Mediante un título puede simularse ser alguien educado, pero con ello no se obtiene la condición moral indispensable que define plenamente a un ser humano.

Estás educando al futuro padre o madre de tus nietos, a la futura pareja de otra persona.

Alcanzar la excelencia académica se vuelve un factor fundamental para su futuro profesional y económico, pero ni todo el dinero o el éxito profesional sustituirán el valor que tendrá el poder desenvolverse como una madre amorosa y sensata o como una pareja capaz de establecer una relación viva y nutritiva.

Sí, definitivamente la postura que te propongo adoptar frente a la educación es que los principios de universalidad, humanismo, socialización y ética estén por encima de la formación tecnológica, la cual debe ser orientada por ellos. Es oportuno recordar un título del célebre A. S. Neill: Corazones, no sólo cabezas en la escuela.

Por supuesto, también importa que alguien se gradúe del mejor tecnológico o universidad, siempre y cuando haya trabajado en su desarrollo como un ser humano sensible a los problemas del mundo que habita y no sólo con metas de consumo en su cabeza.

Durante alguna conferencia, un padre de familia me preguntó: ¿Cuándo se gradúa uno como padre?, ¿cómo sabes si lo hiciste bien o mal?. Después de escuchar diversas y sublimes respuestas como Uno será padre toda la vida, Uno nunca se gradúa como madre, mi opinión es que para evaluar el propio desempeño como padre se debe responder afirmativamente, entre otras, la siguiente pregunta: ¿Mis hijos son personas aptas para vivir de manera autónoma y constructiva para sí mismos y para los que le rodean?

Cuando seas capaz de responder afirmativamente, habrás aprobado la materia de ser madre o padre. Si tus hijos no te necesitan, no significa que no te aman, sino que pueden hacer su vida sin ti, y eso indica que son aptos para ejercer su autonomía y decidir su vida. Dos conceptos son básicos para lograr una educación exitosa de tus hijos: la aptitud para vivir su propia vida y el que sean capaces de vivirla de manera constructiva para la sociedad.

Recuerda que ser adulto, desde la perspectiva de la madurez emocional, significa tomar decisiones, asumiendo el riesgo y la responsabilidad de sus consecuencias. Desde pequeño se debe permitir al niño que ejerza cierto grado de autonomía en diversos aspectos de su vida (elegir cómo vestir, con quién jugar, compartir juguetes o no, etc.) conforme va creciendo, se debe ir ampliando dicha autonomía (horario para hacer tareas, forma de contribución y cooperación con la casa, decoración de su cuarto, por ejemplo) y así gradualmente hasta que, al convertirse en un joven adulto, alcance la madurez para ejercer una autonomía definitiva en su vida.

¿Cómo esperas que tu hijo(a) logre ejercer su autonomía y sea apto(a) para vivir su propia vida, si tú como madre o padre no le permites practicarla gradualmente?

Existe en México el problema de la adolescencia prolongada: encuentras a jóvenes mayores de 25 años viviendo con sus padres y con una total indefinición sobre lo que harán con sus vidas. Eternos adolescentes que iniciaron el proceso a los 12 años de edad y que continúan como tales aún entre los 25 y los 30 años.

Esto ocurre, con frecuencia, debido a que la madre o el padre no le permiten ejercer su autonomía, y dentro de nuestra estructura familiar tipo muégano -en la que se propicia el estar todos muy juntos, con estrechos lazos de afecto pero también de resentimientos- los miembros de la familia se inmiscuyen en la vida privada unos de otros, generándose una dependencia hasta en las cosas más elementales, como prepararse de comer o cambiar el papel higiénico; más aún en cuanto a la elección de su pareja o en la educación de sus hijos. Esto se agrava cuando la hija se embaraza sin haberlo deseado (la doble moral y la falta de apertura honesta sobre el tema sexual siguen causando estragos).

Duele cuando los hijos se van, pero duele más cuando regresan, sobre todo si vienen acompañados de hijos.

Nuestra frase tan típica cuando un hijo contrae matrimonio: No pierdes una hija, ganas un hijo o No pierdes un hijo, ganas una hija, se vuelve aterradoramente real. Hay una gran cantidad de matrimonios jóvenes que, por razones ajenas a la estrechez económica, viven con los padres de alguno de los cónyuges, propiciando una injerencia enfermiza en los hábitos y estilos de vida de la nueva pareja.

¿Y dónde quedó la autonomía para vivir con aptitud la propia vida?

Hay que ir más allá de la autonomía y plantearse qué tan constructivo es tu hijo en la sociedad en la que vive. Considerar exclusivamente la autonomía como objetivo educativo es un enfoque limitado. Por ejemplo: un secuestrador o un narcotraficante puede ser autónomo, pero no es constructivo para la sociedad en la que vive; un ejecutivo puede ser autónomo pero llegar a ser a tal grado codicioso, que se vuelva destructivo o incluso peligroso para su entorno.

Por ello, además de su libertad o autonomía, otros valores entran en juego. Otras personas juegan en la misma cancha y deben ser consideradas en la solución. No es suficiente que le vaya bien a tu hijo, debe irle bien junto con la gente con la que convive.

Por lo pronto, te sugiero cambiar tu idea de que ser padre o madre es algo que nunca se termina. Sí termina o, mejor dicho, evoluciona.

Biológica y afectivamente siempre serás su madre o su padre, pero llegará un momento en que ya no tendrás que educarlos. Tú vas a hacer lo que puedas hasta cierto límite; el resto será decisión de ellos.

Aunque tomen malas decisiones, decisiones que los hagan sufrir, tendrás que respetarlas. Tu papel podrá ser de apoyo, de asesoría, pero ya no estarás a cargo de ellos.

Por tu salud mental, no te hagas eso a ti mismo(a). No les dones tu propia vida a tus hijos… ellos se irán por el bien de ellos mismos y también por el tuyo.

Ten tu propia vida. Déjalos ir.

Capítulo 1

¿Soy una buena madre o un buen padre?


1.1 Padres de familia obsoletos o caducos

1.2 ¿En qué clase de persona se convertirán tus hijos?

1.3 ¿Es eficaz tu disciplina?

1.4 Definición #1 de estupidez

Capítulo 1

¿Soy una buena madre o un buen padre?

1.1 Padres de familia obsoletos o caducos

Algunos padres de familia utilizan el siguiente argumento para justificar su falta de actualización para educar a sus hijos: Así como me educaron a mí, voy a educar a mis hijos… tal y como mis padres lo hicieron conmigo. No puedes educar a tus hijos como lo hicieron tus padres contigo, pues tus padres te educaron para un mundo que ya no existe.

Otros simplemente se van al extremo contrario: si sus padres los maltrataron de alguna forma, se dedican a sobreproteger a los suyos y evitarles hasta el mínimo sufrimiento posible. Esta actitud es sólo una manera de reaccionar que deberían resolver en terapia personal y no proyectar sus temores sobre sus propios hijos.

Son tantos los cambios, y tan veloces, que al igual que con los equipos de cómputo actuales, corres el riesgo de volverte obsoleto si no te actualizas constantemente. La obsolescencia de la que hablo se traduce en que utilizas un discurso caduco, sermoneador, como el que utilizaban tus padres, perdiendo credibilidad ante tus hijos, pues no te consideran alguien con ideas actuales o prácticas.

No estoy poniendo en tela de juicio los valores que quieras enseñarles, pongo en tela de juicio el método que utilizas para inculcárselos.

El gran problema que tenemos los padres actuales es que, no obstante ser nosotros una generación de transición, tenemos que educar a los hijos de acuerdo con criterios aplicables a un mundo que desconocemos. Somos responsables de educar a los hijos para un mundo que nosotros mismos no entendemos del todo.

Tus padres te educaron para un mundo más claramente definido; agradables o no, satisfactorias o no, las cosas, los roles estaban definidos desde la cuna hasta la tumba.

Los avances tecnológicos modifican las formas de trabajar, de producir. Esto trae como consecuencia cambios económicos, transformando todas las estructuras sociales: la pareja, la familia, la escuela, la iglesia, el estado, etc.

Nos sobrepasa el rumbo y el ritmo de vida que llevan nuestros hijos, los cuales tienen acceso a información y cuentan con recursos que nosotros ni soñábamos cuando teníamos su edad, por lo que la materia escuela para padres se vuelve prioritaria.

¿Te acuerdas del control remoto visual que tu mamá utilizaba para que te comportaras bien? Intenta utilizarlo con tu hijo y se te quedará mirando directamente y te dirá: ¿Qué te pasa?, ¿por qué me miras así?.

Antes, la obediencia era una gran virtud; es más, llegó a considerarse un valor que debía premiarse con alguna medalla en la escuela. Hoy, las empresas que contratan a los egresados de las escuelas, no necesitan gente obediente, sino gente que pueda tener iniciativa y creatividad para solucionar problemas y para adaptarse al cambio. La obediencia no es ya un atributo muy apreciado que digamos… y a quienes no contraten las empresas, tampoco van a generar sus propios negocios o a crear sus propios medios de subsistencia siendo obedientes.

Todas las profesiones requieren actualización. Quien no se actualiza, pierde vigencia y se vuelve obsoleto; lo mismo sucede con los padres de familia. Seguirás dando órdenes, continuarás sermoneando, pero ¿influyes realmente en tus hijos?, ¿no crees que si no te actualizas perderás claridad, perspectiva y vigencia ante lo que realmente les ocurre y necesitan?

Aclarado este punto, quiero hacerte ver que en ocasiones tú mismo(a) te pones una etiqueta de caducidad. Así como la de la leche o los productos indican hasta cuándo se conservan en buen estado, cuando dices cosas como En mis tiempos…, Cuando yo era joven… te estás autocaducando.

Cuando se es joven, por debajo de nuestra alegría vital, se extiende una inmensa angustia

-Alejandro Jodorowsky

Ten cuidado; tus tiempos son ahora, pues estás vivo(a); tu juventud no necesariamente fue tu mejor época.

Si es necesario, acude a un especialista que te

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