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Ho-oponopono. Todos los caminos conducen al amor: Conducen al amor

Ho-oponopono. Todos los caminos conducen al amor: Conducen al amor

Por Josaya

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Ho-oponopono. Todos los caminos conducen al amor: Conducen al amor

Por Josaya

valoraciones:
4/5 (1 clasificación)
Longitud:
335 páginas
5 horas
Editorial:
Publicado:
1 feb 2017
ISBN:
9788416579372
Formato:
Libro

Descripción

Ho-oponopono no es otra cosa que el antiguo mantra hawaiano Lo siento, perdóname, gracias, te amo, que ha conquistado literalmente a los buscadores de todo el mundo. Los beneficios que esta filosofía de vida aporta se hacen evidentes a cualquiera que la ponga en práctica. ¿Por qué es tan universal la eficacia del Ho-oponopono?
A través de una exhaustiva investigación, Josaya ha descubierto las conexiones existentes entre el Ho-oponopono y multitud de religiones y doctrinas esotéricas de todo el mundo. La presente guía muestra el sendero del Amor como una síntesis de todas las disciplinas atemporales, por eso funciona siempre.
Es una filosofía de vida emocionante y creativa, que puede beneficiar a toda la humanidad.
Editorial:
Publicado:
1 feb 2017
ISBN:
9788416579372
Formato:
Libro

Sobre el autor


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Ho-oponopono. Todos los caminos conducen al amor - Josaya

LAMA

Capítulo 1

¿Qué es Ho-oponopono?

No es una fe religiosa (ya lo hemos dicho, pero es necesario insistir), no hay que aceptar dogmas, no hay gurús a los que seguir más o menos a ciegas: nada de preceptos, órdenes, reglas o mandamientos; el trabajo lo hacemos solos, nosotros mismos y para nosotros mismos, pero lo grandioso es que ¡nos beneficiaremos todos!

En cualquier caso, lo único imprescindible es la presencia del interesado (yo) y la aplicación constante, incesante, y continua de la técnica. Tal como lo sintetiza admirablemente Mabel Katz, ¡se trata sin duda del camino más fácil!

Ho-oponopono es una «tecnología» puesta a punto con el objetivo principal de producir cambios profundos en nuestra propia vida. Es una práctica que, una vez conocida y comprendida, le cambia la vida a quien la utilice. En realidad, comprenderla solo sirve para unir posteriormente consciente y subconsciente, operación esta, sin embargo, que no conviene descuidar, sobre todo aquí en Occidente, donde nuestra cultura nos ha inducido siempre a intentar comprender los conceptos. Culturalmente somos muy distintos de los orientales, y en ello no hay nada de bueno o malo; si la evolución nos ha llevado a desarrollar culturas en ocasiones incluso opuestas, aunque a menudo complementarias, ello significa que está bien así, que es perfecto así. Simplemente resulta útil admitirlo.

Lo único verdaderamente necesario para practicar el Ho-oponopono con eficacia es: existir y tener la intención de utilizarlo.

Técnicamente se trata de una práctica mental que combina la sabiduría antigua (universal) con los conocimientos, incluso científicos, más modernos, lo que nos permite ser libres y construir conscientemente esa vida dichosa para la que hemos nacido y a la que estamos destinados.

El Ho-oponopono de la identidad del yo (nacido en Hawái) ha sido teorizado por la kahuna (chamán) Morrnah Simeona, si bien en realidad, como veremos, se trata de una técnica basada en conocimientos presentes en todas las tradiciones esotéricas del mundo; no hay más que leerlas con la clave de interpretación correcta y metabolizar las enseñanzas que se derivan de ella.

A Morrnah Simeona debemos atribuir el mérito de haber identificado tales conocimientos universales y de haberlos simplificado admirablemente sintetizándolos en un método que, de distintos modos, quizá menos inmediatos y a primera vista más complejos, está presente en las culturas de todo el planeta, en versiones solo formalmente diversas.

Morrnah Simeona puso a punto magistralmente esta «tecnología» para nosotros, definiéndola como Ho-oponopono de la identidad del yo. Fue la creadora, la que adaptó, «canalizándola», esta versión moderna del Ho-oponopono, obteniendo una metodología completamente nueva e indiscutiblemente poderosa.

Con el Ho-oponopono se nos somete a una experiencia de transformación profunda y liberadora de toda la negatividad (supresión de los recuerdos), el estrés, la ansiedad, el sentimiento de culpa, la frustración, el duelo, la nostalgia, el dolor, la depresión y lo que fuere en cada caso.

A través de este proceso estamos en condiciones de alcanzar una vida plena, iluminada por la paz interior, incluso en medio de los avatares de la vida cotidiana, libre de la influencia de las personas negativas (que en realidad son negativas solo sobre la base de nuestra limitada percepción) e inmunes a los miedos y los temores que nos bloquean y nos impiden utilizar todo ese potencial creativo que es nuestro, aunque ello se deba a nuestra falta de percepción.

El instrumento fundamental es la focalización en el Amor (¿qué son el perdón y la gratitud sino características del Amor?), concepto que, descrito de manera sin duda más críptica, encontramos en casi todas las sagradas escrituras.

Otro «moderno» que hizo pública su poderosísima inspiración fue Emmet Fox, quien lo resumió todo admirablemente, también él, en La llave de oro.

La práctica de Ho-oponopono consiste básicamente en actuar en la propia vida mediante los instrumentos del Amor, la gratitud y el perdón, así como en gestionar las propias relaciones de acuerdo con los siguientes puntos:

El universo físico es una ejecución de mis pensamientos.

Soy al cien por cien responsable de la creación de mi universo físico tal como es. Tengo plenos poderes para corregir los pensamientos negativos que crean una realidad no deseada.

Fuera de mí no existe nada. Todo existe dentro de mí como producto de mi mente.

Arrepentimiento, perdón, Amor, gratitud. Energías poderosísimas dirigidas a nosotros mismos y capaces de modificar definitivamente nuestro mundo interior y la realidad material que nos rodea.

Esta es la oración que Morrnah Simeona creó para todos nosotros:

Divino Creador, padre, madre, hijo, todos en uno... Si yo, mi familia, mis padres o antepasados hemos ofendido a tu familia, a tus padres o antepasados de pensamiento, palabra, hecho o acción desde el inicio de nuestra creación hasta ahora, yo suplico tu perdón...

Deja que este perdón limpie, purifique y libere todos los recuerdos, los bloqueos, las energías y las vibraciones negativas, y que transforme esas energías no deseadas en luz pura...

Que así sea.

Debemos renunciar a cualquier tipo

de fanatismo e intolerancia.

Lo que nos engaña y divide es dar un nombre

a la fe que abrazamos.

Si digo que soy cristiano, sin querer,

me opongo a los otros credos.

Si digo que soy budista, musulmán o hinduista,

rivalizo con quienes practican otras fes.

Si digo en cambio que soy un Rastreador de la Paz,

del Amor y de la Compasión,

no suscito un conflicto con nadie,

ya que todos aquellos que profesan un credo en particular

deberían buscar la misma Paz, el mismo Amor y la misma

Compasión que todos necesitamos.

NATYAN

Capítulo 2

Misión de nacimiento

Nuestro objetivo en esta Tierra consiste en llegar a ser conscientemente nuestra Identidad Real.

Todas las almas son extremadamente valiosas. A sabiendas o no, cada uno de nosotros influye en su realidad y en ella incide, de la forma que sea, su modo de percibir el mundo. Mediante los pensamientos, las palabras, las acciones y las intenciones, cada uno de nosotros da forma a su propia realidad, de la que es responsable al cien por cien.

El Ho-oponopono de la identidad del yo es la técnica que nos permite liberarnos de las energías tóxicas y molestas que hemos acumulado y que seguimos almacenando inexorablemente en el interior, permitiendo a las palabras, a las acciones y a los pensamientos divinos (mejor identificados como inspiración) influir en nosotros para actuar mejor.

Como hemos visto, una conditio sine qua non del Ho-oponopono es asumir el cien por cien de la responsabilidad de la propia existencia, y hacerlo conscientemente a fin de poder hallar una solución eficaz para las preocupaciones que se nos presentan. Cada uno es totalmente responsable de las causas que han provocado el problema y, por consiguiente, de cada situación que experimentemos como una adversidad (y también de las demás situaciones, evidentemente, pero aquí nos estamos ocupando de resolver nuestras inquietudes).

Debemos comprender que nosotros somos el origen mismo del problema en cuanto que la causa de cada circunstancia hay que buscarla en los pensamientos y en las emociones que de ellos se originan. Todos los recuerdos, las emociones, las percepciones –«los errores» que están presentes en nuestro interior– determinan lo que luego percibimos como «problemas», y si llega a nuestra conciencia la existencia de algún «accidente», es únicamente porque compartimos imágenes y recuerdos, que determinan ciertas emociones, con la persona protagonista de ese «accidente».

Lo bueno de todo esto es que con el Ho-oponopono no es necesario comprender en qué nos hemos equivocado nosotros o los demás, pues basta con la intención de corregir lo que percibimos como erróneo en nosotros mismos.

Los errores de los demás..., aunque existan (y no existen, porque también dependen de nuestra percepción), no nos conciernen.

Solo podemos ejercer sobre nosotros mismos el enorme poder que tenemos. Lo paradójico, sin embargo, es que, al hacerlo sobre los recuerdos responsables de los hechos, ajustamos también los recuerdos de los demás, por lo menos en cuanto a aquello que influye en nuestra realidad.

Nos hemos acostumbrado a pensar que las situaciones, las circunstancias y los hechos dependen de cuestiones ajenas al ser humano en general y a nosotros mismos en particular: las casualidades, las coincidencias, el destino, el entrelazamiento de las circunstancias, etc.

No obstante, aunque así fuese, tras una atenta observación sigue siendo incuestionable que todo lo que ocurre en el exterior refleja algo situado dentro de nosotros: una forma de ser, una convicción, una actitud, etc. Y de igual modo se percibirá clara e indiscutiblemente (ver para creer) que, si modificamos esa actitud, esa forma de ser, esa convicción, también cambiará la situación que las reflejaba. La denominada «ley del espejo» es uno de esos mecanismos universales siempre activos y absolutamente imparciales.

Cuando hay alguien que nos crea problemas y nos produce sensaciones que vivimos con desasosiego, si logramos limpiar los recuerdos que compartimos con él y luego conseguimos modificar esa parte de nosotros que los refleja, las consecuencias pueden ser las siguientes:

Esa persona también cambia, de modo que ya no supone un problema para nosotros.

Esa persona no cambia, pero deja de influir en nuestra realidad. En esencia, sale de nuestra vida de manera tanto más indolora cuanto más centrados estemos en nuestra Identidad Real.

Por lo tanto, en cualquier caso, la persona en cuestión deja de ser un problema para nosotros o, mejor aún, nosotros dejamos de percibirla como un problema.

Y nuestra misión de nacimiento consiste sobre todo en esto (consulta Las nueve revelaciones, de James Redfield, para profundizar más): cambiar nosotros mismos para alcanzar la paz del yo o, dicho de otro modo, modificar nuestra forma de ser para transformar nuestra realidad expresando el Reino de los Cielos aquí y ahora mediante la conciencia de la identidad del yo. La verdadera y eficaz búsqueda espiritual no aspira a la santidad o a la iluminación de manera egocéntrica, sino que busca más bien la verdadera naturaleza (identidad del yo), mediante la cual también se podrá alcanzar finalmente –si es lo mejor para nosotros– la tan «cacareada» iluminación.

Lo bueno del Ho-oponopono es que nos permite no sentirnos obligados a individualizar la actitud causa-efecto. Basta con identificar el efecto para tratar deliberadamente la causa y enderezar la situación.

Todo ello mediante un proceso casi automático de intención, perdón y gratitud, capaz de trasmutar la energía perceptiva negativa asociada al «problema» en eficaz y productiva energía positiva que se integra en nuestra identidad del yo, eliminando todas las creencias nocivas que nos nutren a nosotros y a nuestra realidad más amplia.

Cuando logramos deshacernos de los recuerdos causantes de las desgracias, nos liberamos de las nuestras y de las de los demás. Porque, al limpiar nuestros recuerdos, eliminamos al mismo tiempo los de los otros, aquellos que comparten con nosotros y que nosotros compartimos con ellos y que generan la percepción común del problema.

Y todo esto es posible y fácil simplemente porque no hay nadie ahí fuera o ahí arriba que nos desee el mal, sino que sucede más bien lo contrario: todo el universo se pone de acuerdo para que logremos nuestra mejor parte y para que a través de ella se manifieste lo mejor para todos.

Creo que de todos modos,

para el hombre que busca la verdad,

nada hay más importante y confortador

que percibir que en la base

de la división en razas, colores, lenguas y culturas

se encuentra la unidad;

que no hay hombres y espíritus distintos,

sino solo una humanidad, solo un espíritu.

HERMAN HESSE

Capítulo 3

El ser humano

Cada uno de nosotros está formado por tres yos conectados entre sí y que constituyen un único individuo:

El yo superior, la parte divina, que en muchas culturas se identifica con Dios.

El ego, la parte racional, depositaria del famoso libre albedrío. Es la que acepta o deja de aceptar el hecho de asumir la responsabilidad de la manifestación de la propia realidad y la que decide si confiar en la Divinidad o no.

El subconsciente, la parte emocional, el guardián de los recuerdos, que almacena y archiva todas las experiencias físicas y espirituales.

Es bien sabido que el ser humano está dotado de mente consciente e inconsciente. La filosofía Huna, aunque no solo ella –parecería que hasta Freud y Jung se hubieran puesto de acuerdo para citarla– sostiene que el subconsciente es el archivo de todos los recuerdos (así como de todas las creencias, tanto obstructoras como motivadoras), que constituye una tipología mental basada precisamente en sus recuerdos, que asocia los sucesos actuales (reales o imaginarios) a otros similares ocurridos en el pasado y que reacciona de la manera que estima más oportuna sobre la base del mejoramiento o, en el peor de los casos, del mal menor, procedente del pasado. En el Ho-oponopono, el subconsciente se identifica con el «niño

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Reseñas

Lo que piensa la gente sobre Ho-oponopono. Todos los caminos conducen al amor

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Reseñas de lectores

  • (4/5)
    GRACIAS, MUY RECOMENDABLE. DE FACIL LECTURA , CLARO Y SIMPLE.