Disturbios en la azotea by íñigo Pimoulier Ugarte by íñigo Pimoulier Ugarte - Read Online

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Resumen

Esas fotos que se acumulan en cajas cerradas, resacas homicidas, latidos desacompasados, el brillo de unos ojos rompiendo la noche, olor a cerveza, ginebra, sudor y serrín. Imágenes borrosas de un pasado idealizado. Sexo, lágrimas y olvido. Noches en vela con luna y sin luna, comienzos abocados al fracaso y fracasos que huelen a victoria. Caídas y tropezones buscando el equilibrio…

Todo esto son "Disturbios en la azotea". Todas las historias que nacen desde el interior y por las que cualquier sujeto sanamente perturbado pasa. Imágenes cotidianas que no buscan otra cosa que ser reconocidas como un viejo amigo que aparece al doblar una esquina. En definitiva, la vida.
Publicado: La Equilibrista on
ISBN: 9788494529757
Disponibilidad de Disturbios en la azotea
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Disturbios en la azotea - íñigo Pimoulier Ugarte

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2016

I

Tengo miedo a morir

demasiado pronto,

a la soledad,

a la oscuridad.

Miedo a hacer

y que me hagan daño.

Miedo al fracaso,

a los colmillos

de la ansiedad.

Miedo a no saber querer

y miedo

a empezar a odiar.

Miedo al dolor,

a equivocar el camino,

a no llegar.

Me da miedo,

a veces,

dejarme llevar

y otras por el contrario

el no sentir el impulso.

Me da miedo el pasado,

el presente

y ese futuro inexistente.

Me da miedo perderme

y me doy miedo yo mismo.

Y a pesar de este catálogo

de infinitos miedos

sigo machacando días

con mi espada de cartón

porque intuyo

que mis miedos

no han de ser

muy distintos de los tuyos.

II

No me encorva el paso del tiempo.

No son los días los que pesan.

Pesan las palabras,

los hechos,

la dulzona podredumbre

de la indiferencia.

Pesan los desencuentros,

aquella despedida en la estación.

Pesan aquel mal gesto

y mi mirada esquiva.

Las noches de insomnio,

las mañanas de pereza.

Pesan.

Pesan las manos manchadas,

el exceso de limpieza en los pies.

Pesa tu recuerdo,

mi futuro

y nuestro presente.

Pesa lo que no fue dicho

y pesa también

lo que sin solución se dijo.

Mis palabras, tu silencio,

pesan como gotas de deshielo

colgando de un alero

condenadas al suicidio.

Pesa cada músculo de mi cuerpo,

cada litro de sangre.

Pesan los párpados

del que mira sin llegar a ver.

Pesa el murmullo indescifrable,

la incomunicación.

Pesan.

Pero los días,

los días no pesan.

Es la rutina de verlos