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Sumisión

Sumisión

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Sumisión

valoraciones:
4/5 (11 valoraciones)
Longitud:
251 página
4 horas
Publicado:
Apr 29, 2015
ISBN:
9788433935977
Formato:
Libro

Descripción

Francia, en un futuro próximo. A las puertas de las elecciones presidenciales de 2022. Los partidos tradicionales se han hundido en las encuestas y Mohammed Ben Abbes, carismático líder de una nueva formación islamista moderada, derrota con el apoyo de los socialistas y de la derecha a la candidata del Frente Nacional en la segunda vuelta. François, un profesor universitario hastiado de la docencia y de su vida sexual, que a sus cuarenta años se había resignado a una vida aburrida pero sosegada, ve cómo la rápida transformación que sucede a la llegada del nuevo presidente al Elíseo altera la vida cotidiana de los franceses y le depara a él un inesperado futuro. Los judíos han emigrado a Israel, en las calles las mujeres han cambiado las faldas por conjuntos de blusas largas y pantalones, y algunos comercios han cerrado sus puertas o reorientado el negocio. Y la Sorbona es ahora una universidad islámica en la que los profesores conversos gozan de excelentes salarios y tienen derecho a la poligamia. Al igual que Huysmans, el escritor del siglo XIX convertido al catolicismo al que consagró su tesis, François sopesará pronunciar las palabras que le abrirán las puertas de la religión islámica y de una nueva vida: «No hay más dios que Alá y Mahoma es su profeta.» Sumisión llegó a las librerías francesas el mismo día del trágico atentado contra Charlie Hebdo y Houellebecq, acusado de islamofobia o de dar alas a la extrema derecha, afirmó: «No tomo partido, no defiendo ningún régimen. Deniego toda responsabilidad. He acelerado la historia, pero no puedo decir que sea una provocación, porque no digo cosas que considere falsas sólo para poner nerviosos a los demás.» Más allá de la polémica, Sumisión es una novela de «política ficción» ?como 1984 y Un mundo feliz?, una turbadora fábula política y moral, en la que coexisten intuiciones poéticas, efectos cómicos y una melancolía fatalista.

Publicado:
Apr 29, 2015
ISBN:
9788433935977
Formato:
Libro

Sobre el autor

Michel Houellebecq is a French novelist, poet, and literary critic. His novels include the international bestseller The Elementary Particles and The Map and the Territory, which won the 2010 Prix Goncourt. He lives in France.

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Vista previa del libro

Sumisión - Michel Houellebecq

Índice

Portada

I

II

III

IV

V

AGRADECIMIENTOS

Créditos

Notas

I

Un guirigay le devolvió a Saint-Sulpice; la escolanía se marchaba; iban a cerrar la iglesia. Debería haber intentado rezar, se dijo; hubiera sido mejor que soñar despierto sentado en una silla; pero ¿rezar? No me apetece; el catolicismo me fascina, su atmósfera de incienso y de cera me embriaga, merodeo a su alrededor, conmovido por sus plegarias hasta que se me saltan las lágrimas y exprimido hasta el tuétano por sus cantos y salmodias. Estoy asqueado de mi existencia, harto de mí mismo, pero ¡de ahí a llevar otra vida, hay mucho trecho! Y además... además... aunque en las capillas me sienta turbado, en cuanto salgo de ellas vuelvo a quedarme indolente y seco. En el fondo, se dijo, levantándose y siguiendo a las pocas personas que conducidas por el bedel se dirigían hacia la puerta, en el fondo, tengo el corazón endurecido y ahumado por las parrandas, no valgo para nada.

J.-K. HUYSMANS, En camino

Durante todos los años de mi triste juventud, Huysmans fue para mí un compañero, un amigo fiel; jamás dudé, jamás estuve tentado de abandonar ni de decantarme por otro tema; al fin, una tarde de junio de 2007, después de esperar mucho tiempo, después de mucho vacilar y más incluso de lo admisible, defendí mi tesis doctoral ante el tribunal de la Universidad de París IV-Sorbona: Joris-Karl Huysmans, o la salida del túnel. A la mañana siguiente (o tal vez esa misma noche, no puedo asegurarlo, pues la noche de mi defensa fue solitaria y muy alcoholizada), comprendí que acababa de concluir una parte de mi vida y que probablemente sería la mejor.

Eso es lo que les ocurre, en nuestras sociedades todavía occidentales y socialdemócratas, a cuantos acaban sus estudios, pero la mayoría no adquieren conciencia de ello o no lo hacen de forma inmediata, pues están hipnotizados por el deseo de dinero, o quizá de consumo los más primitivos, aquellos que han desarrollado una adicción más violenta a ciertos productos (son una minoría, pues la mayoría, más reflexivos y pausados, desarrollan una simple fascinación por el dinero, ese «infatigable Proteo»), y más hipnotizados aún por el deseo de demostrar su valía, de labrarse un estatus social envidiable en un mundo que imaginan y esperan competitivo, galvanizados por la adoración de iconos variables: deportistas, diseñadores de moda o de portales de Internet, actores y modelos.

Por diferentes razones psicológicas que no tengo ni la capacidad ni el deseo de analizar, me alejaba sensiblemente de ese esquema. El 1 de abril de 1866, cuando contaba dieciocho años, Joris-Karl Huysmans inició su carrera como funcionario de sexta clase en el Ministerio del Interior y de los Cultos. En 1874 publicó a expensas del autor un primer libro de poemas en prosa, Le drageoir à épices, que fue objeto de pocas recensiones aparte de un artículo, extremadamente fraternal, de Théodore de Banville. El inicio de su existencia, como puede verse, no fue atronador.

Transcurrió su vida administrativa, y en general su vida. El 3 de septiembre de 1893 se le concedió la Legión de Honor por sus méritos en el seno de la función pública. En 1898 se jubiló habiendo cumplido –una vez deducidas las excedencias voluntarias por interés particular– los treinta años de servicio reglamentarios. Mientras tanto halló la manera de escribir varios libros que, a más de un siglo de distancia, me habían hecho considerarle un amigo. Muchas cosas, demasiadas cosas quizá se han escrito sobre la literatura (y, como universitario especialista en la cuestión, me siento más capacitado que otros para hablar de ello). Sin embargo, la especificidad de la literatura, «arte mayor» de ese Occidente que está llegando a su fin ante nuestros ojos, no es difícil de definir. Al igual que la literatura, la música puede determinar un cambio radical, una conmoción emocional, una tristeza o un éxtasis absolutos; al igual que la literatura, la pintura puede generar asombro, una nueva mirada ante el mundo. Pero sólo la literatura puede proporcionar esa sensación de contacto con otra mente humana, con la integralidad de esa mente, con sus debilidades y sus grandezas, sus limitaciones, sus miserias, sus obsesiones, sus creencias: con todo cuanto la emociona, interesa, excita o repugna. Sólo la literatura permite entrar en contacto con el espíritu de un muerto, de manera más directa, más completa y más profunda que lo haría la conversación con un amigo, pues por profunda, por duradera que sea una amistad, uno nunca se entrega en una conversación tan completamente como lo hace frente a una hoja en blanco, dirigiéndose a un destinatario desconocido. Por supuesto, tratándose de literatura, la belleza del estilo y la musicalidad de las frases tienen su importancia; no cabe desdeñar la profundidad de la reflexión del autor ni la originalidad de sus pensamientos; pero ante todo un autor es un ser humano, presente en sus libros, y en definitiva poco importa que escriba muy bien o muy mal, lo esencial es que escriba y que esté, efectivamente, presente en sus libros (es extraño que una condición tan simple, tan poco discriminatoria en apariencia, lo sea tanto en realidad, y que ese hecho evidente, fácilmente observable, haya sido tan poco explotado por los filósofos de corrientes diversas: dado que los seres humanos poseen en principio, a falta de cualidad, una misma cantidad de ser, en principio todos están más o menos igualmente «presentes»; no es ésa sin embargo la impresión que dan a unos siglos de distancia, y con demasiada frecuencia vemos, a lo largo de las páginas que sentimos dictadas por el espíritu del tiempo más que por una individualidad propia, cómo se deshilacha un ser incierto, cada vez más fantasmagórico y anónimo). Igualmente, un libro que nos gusta es ante todo un libro del que nos gusta el autor, al que deseamos conocer y con el que apetece pasar los días. Y durante los siete años que duró la redacción de mi tesis viví en compañía de Huysmans, en su presencia casi permanente. Huysmans nació en la rue Suger, vivió en la rue de Sèvres y en la rue Monsieur, murió en la rue Saint-Placide y fue inhumado en el cementerio de Montparnasse. En suma, su vida se desarrolló casi entera en los límites del distrito VI de París, al igual que su vida profesional, durante más de treinta años, se desarrolló en los despachos del Ministerio del Interior y de los Cultos. Vivía yo entonces también en el distrito VI de París, en una habitación húmeda y fría, sobre todo extremadamente oscura: las ventanas daban a un patio minúsculo, casi un pozo, y había que encender la luz desde buena mañana. Era pobre y de haber tenido que responder a una de esas encuestas que regularmente pretenden «tomar el pulso de la juventud», sin duda habría definido mis condiciones de vida como «más bien difíciles». Sin embargo, la mañana siguiente a mi defensa de la tesis (o quizá la misma noche), mi primer pensamiento fue que acababa de perder algo inapreciable, algo que nunca volvería a recuperar: mi libertad. Durante varios años, los últimos residuos de una agonizante socialdemocracia me permitieron (mediante una beca de estudios, un amplio sistema de descuentos y de ventajas sociales, unas comidas mediocres pero baratas en el restaurante universitario) consagrar mis días a la actividad que había elegido: la libre frecuentación intelectual de un amigo. Como escribe con propiedad André Breton, el humor de Huysmans constituye un caso único de un humor generoso que permite al lector ir un paso por delante, que invita al lector a burlarse anticipadamente del autor, del exceso de sus descripciones quejumbrosas, atroces o risibles. Y disfruté más que nadie de esa generosidad al recibir mis raciones de ensalada de apio con salsa rémoulade o de puré de bacalao en los compartimentos de la bandeja metálica de hospital que el restaurante universitario Bullier entregaba a sus desafortunados usuarios (aquellos que manifiestamente no tenían ningún otro lugar adonde ir, que sin duda habían sido rechazados en todos los restaurantes universitarios aceptables pero que, sin embargo, contaban con su carnet de estudiante y eso no se lo podían quitar), pensando en los epítetos de Huysmans, el desolador queso, el temible lenguado e imaginando el partido que Huysmans, que no los conoció, hubiera podido sacar de aquellos compartimentos metálicos carcelarios, y me sentía un poco menos desgraciado, un poco menos solo, en el restaurante universitario Bullier.

Pero todo eso había acabado; mi juventud, de forma más general, había acabado. Pronto (y sin duda bastante deprisa) tendría que incorporarme al proceso de inserción profesional. Y no me hacía ninguna ilusión.

Como es sabido, los estudios universitarios de letras no ofrecen casi ninguna salida, salvo a los estudiantes más capacitados para hacer carrera en la enseñanza universitaria en el campo de las letras: se trata en resumidas cuentas de una situación bastante chusca en la que el único objetivo del sistema es su propia reproducción y que genera una tasa de desechos superior al 95 %. Esos estudios, sin embargo, no son nocivos e incluso pueden tener una utilidad marginal. Una chica que aspire a un trabajo de dependienta en Céline o Hermès deberá, ante todo, cuidar su presencia; pero una licenciatura o un máster de letras modernas pueden constituir una baza accesoria que, a falta de competencias prácticas, garantice al empleador cierta agilidad intelectual que permita augurar la posibilidad de una evolución en la carrera: la literatura, además, siempre ha tenido una connotación positiva dentro de la industria del lujo.

Por mi parte, era consciente de formar parte de la reducida franja de los «estudiantes más capacitados». Había escrito una buena tesis, lo sabía, y esperaba una mención honorífica; quedé gratamente sorprendido por la felicitación unánime del tribunal y sobre todo cuando descubrí mi informe de tesis, que era excelente, casi ditirámbico: con ello tenía muchas posibilidades, si lo deseaba, de conseguir una plaza de profesor. En resumidas cuentas, mi vida, por su previsible uniformidad y banalidad, seguía pareciéndose a la de Huysmans un siglo y medio atrás. Había pasado los primeros años de mi vida adulta en una universidad; probablemente allí pasaría también los últimos, y quizá en la misma (no fue exactamente así: obtuve mi titulación en la Universidad de París IV-Sorbona y fui nombrado profesor en la de París III, un poco menos prestigiosa, pero igualmente situada en el distrito V, a unos cientos de metros de distancia).

Nunca tuve la menor vocación docente y, quince años más tarde, mi carrera no había hecho más que confirmar esa falta de vocación inicial. Las pocas clases particulares que di con la esperanza de mejorar mi nivel de vida me convencieron enseguida de que en la mayoría de las ocasiones la transmisión del saber es imposible, la diversidad de las inteligencias es extrema y que nada puede suprimir ni siquiera atenuar esa desigualdad fundamental. Más grave aún: no me gustaban los jóvenes, y nunca me habían gustado, ni siquiera en los tiempos en que se me podía considerar un miembro de sus filas. A mi entender, la idea de juventud implicaba cierto entusiasmo respecto a la vida, o tal vez cierta rebelión, todo ello acompañado de una vaga sensación de superioridad respecto a la generación a la que tendríamos que reemplazar; nunca sentí, dentro de mí, algo semejante. Sin embargo, en mi época de juventud tuve amigos o más exactamente hubo algunos condiscípulos con los que podía contemplar, sin disgusto, ir a tomar un café o una cerveza entre clases. Sobre todo, tuve amantes –o mejor, como se decía en la época (y como quizá aún se diga), tuve ligues– a razón más o menos de una por año. Esas relaciones amorosas se desarrollaron siguiendo un esquema relativamente inmutable. Nacían al principio del curso universitario a raíz de un seminario, de un intercambio de apuntes, o de una de las múltiples ocasiones de socialización, tan frecuentes en la vida de estudiante, y cuya desaparición consecutiva a la incorporación a la vida profesional sume a la mayoría de los seres humanos en una soledad tan asombrosa como radical. Seguían su curso a lo largo del año, pasando noches en casa del uno o del otro (sobre todo en casa de ellas, pues el ambiente tétrico e insalubre de mi habitación se prestaba mal a citas amorosas), llevando a cabo actos sexuales (con una satisfacción que me complace imaginar mutua). La relación acababa después de las vacaciones de verano, es decir, al inicio del nuevo curso universitario, casi siempre por iniciativa de las chicas. Habían vivido algo durante el verano, ésa era la explicación que solían darme, sin precisiones complementarias; algunas, a las que sin duda no les importaba herirme, me precisaban que habían conocido a alguien. Sí, ¿y qué? Yo también era alguien. Con la distancia, esas explicaciones factuales me parecen insuficientes: efectivamente, y no lo niego, habían conocido a alguien; pero lo que les había hecho atribuir a ese encuentro un peso suficiente para interrumpir nuestra relación y para entablar una nueva relación era simplemente la aplicación de un modelo de comportamiento amoroso poderoso pero implícito, y más poderoso aún por ser implícito.

Según el modelo amoroso imperante en mis años de juventud (y nada me hacía pensar que las cosas hubieran cambiado significativamente), se suponía que los jóvenes, después de un periodo de vagabundeo sexual correspondiente a la preadolescencia, se comprometían con relaciones amorosas exclusivas, acompañadas de una estricta monogamia, en las que entraban en juego actividades no sólo sexuales sino también sociales (salidas, fines de semana, vacaciones). Esas relaciones, sin embargo, no eran definitivas y había que considerarlas aprendizajes de la relación amorosa, en cierta medida prácticas (al igual que se habían generalizado los periodos de prácticas profesionales como paso previo al primer empleo). Se suponía que debían sucederse relaciones amorosas de duración variable (la duración de un año que yo había observado podía considerarse aceptable) y en número variable (una media de diez a veinte parecía una aproximación razonable) para desembocar en una apoteosis en la relación última, la que tendría un carácter conyugal y definitivo, y conduciría, mediante el engendramiento de hijos, a la constitución de una familia.

La perfecta inanidad de ese esquema no se me haría patente hasta mucho más tarde, muy recientemente de hecho, cuando tuve ocasión, con unas semanas de intervalo, de encontrarme por casualidad de nuevo con Aurélie y luego con Sandra (aunque estoy convencido de que haber vuelto a ver a Chloé o a Violaine no hubiera modificado sensiblemente mis conclusiones). En cuanto llegué al restaurante vasco al que había invitado a cenar a Aurélie, comprendí que iba a ser una velada siniestra. A pesar de las dos botellas de Irouléguy blanco que me bebí prácticamente solo, sentí una creciente dificultad, que pronto se volvió insalvable, para mantener un nivel razonable de comunicación calurosa. Sin que lograra verdaderamente explicármelo, enseguida me pareció indelicado y casi impensable evocar recuerdos comunes. En cuanto al presente, era evidente que Aurélie no había logrado entablar una relación conyugal, que las aventuras ocasionales cada vez la hastiaban más, en resumen, que su vida sentimental se encaminaba a un desastre irremediable y absoluto. Sin embargo, lo había intentado por lo menos una vez, como comprendí por diversos indicios, y no se había recuperado de ese fracaso, el resentimiento y la acritud con que evocaba a sus colegas masculinos (a falta de algo mejor, nos pusimos a hablar de su vida profesional, era responsable de comunicación en el sindicato interprofesional de los vinos de Burdeos y por consiguiente viajaba mucho, en particular a Asia, para promocionar los vinos franceses) revelaban con cruel evidencia que estaba muy castigada. Me sorprendió cuando, sin embargo, me invitó, justo antes de salir del taxi, a «tomar una última copa», está realmente para el arrastre, me dije, ya sabía en cuanto se cerraron las puertas del ascensor detrás de nosotros que no pasaría nada, no me apetecía siquiera verla desnuda, hubiera preferido evitarlo pero, sin embargo, ocurrió y no hizo más que confirmar lo que ya presentía: no sólo estaba castigada en el terreno emocional sino que su cuerpo también había sufrido daños irreparables, sus nalgas y sus senos eran superficies de carne enflaquecidas, reducidas, fláccidas y colgantes, ya no podía, ya no podría ser considerada nunca un objeto de deseo.

Mi cena con Sandra se desarrolló más o menos siguiendo el mismo esquema, salvo variaciones individuales (restaurante de marisco, cargo de secretaria de dirección en una multinacional farmacéutica) y la conclusión fue a grandes rasgos idéntica salvo que Sandra, más rolliza y jovial que Aurélie, me dio una sensación de desamparo menos profunda. Su tristeza era muy grande, irremediable, y sabía que acabaría anegándolo todo; al igual que Aurélie, en el fondo no era más que un pájaro cubierto de chapapote, pero conservaba, por así decirlo, mayor capacidad para batir las alas. En uno o dos años habría dejado de lado cualquier ambición matrimonial, su sensualidad aún no extinguida del todo la empujaría a buscar la compañía de jóvenes, se convertiría en lo que en mi juventud se llamaba una cougar y eso duraría sin duda unos años, una decena en el mejor de los casos, hasta que el decaimiento esta vez insalvable de sus carnes la conduciría a una soledad definitiva.

A mis veinte años, en aquellos tiempos en que me empalmaba con cualquier pretexto y a veces incluso sin razón alguna, cuando en cierta manera me empalmaba porque sí, podría haberme tentado una relación de ese tipo, a la vez más satisfactoria y más lucrativa que mis clases particulares, creo que en esa época hubiera podido cumplir, pero ahora por descontado estaba fuera de discusión, pues mis erecciones, más raras y más azarosas, exigían cuerpos firmes, ligeros y sin defectos.

Mi propia vida sexual, los primeros años que siguieron a mi nombramiento como profesor de la Universidad de París III-Sorbona, no conoció una evolución notable. Seguía acostándome, año tras año, con alumnas de la facultad, y el hecho de que me hallara en la posición de docente respecto a ellas no cambiaba mucho las cosas. La diferencia de edad con esas alumnas, sea como fuere, era al principio bastante pequeña y sólo poco a poco se introdujo una dimensión de transgresión, ligada más a la evolución de mi estatus universitario que a mi envejecimiento real o incluso aparente. Gozaba a fin de cuentas de esa desigualdad de base que hace que el envejecimiento en el hombre sólo altere muy lentamente su potencial erótico, mientras que en el caso de la mujer el hundimiento se produce con una asombrosa brutalidad, en unos años, a veces en unos meses. La única verdadera diferencia con respecto a mis años de estudiante era que, por

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Reseñas

Lo que piensa la gente sobre Sumisión

3.8
11 valoraciones / 21 Reseñas
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Reseñas de lectores

  • (5/5)
    Das Buch „Unterwerfung“ beschreibt, wie im Jahr 2022 eine islamische Partei in Frankreich an die Regierung kommt. Ich-Erzähler François ist ein völlig ich-bezogener Literaturprofessor, der immer mehr vereinsamt. Ich hoffe mal, dass diese frustrierende frauenfeindliche Gestalt nicht das Alter Ego Houellebecqs darstellt.Ich fand das Buch großartig. Es ist ausgesprochen intelligent, ich fand es witzig und hoffe mal, dass ich es richtig verstanden habe. Aber zum Ende hin kann ich es eigentlich nur satirisch verstehen.Es funktioniert für mich auf zwei Ebenen und stellt auch diese dar. Einerseits ist da die Gesellschaft, in ihrer Angst sowohl vor der Rechten als auch vor dem Islam, andererseits aber der Hinwendung dazu. Ich glaube ja nicht, dass das Dargestellte wirklich funktionieren würde, zum Glück ist zumindest in Deutschland die Mitte am stärksten. Und auch die Frauen würden wohl protestieren, so hoffe ich zumindest. Aber im Grundsatz ist diese Vision großartig überlegt: Sowohl die Rechten als auch der radikale Islam lehnen eine offene, tolerante, letztendlich linksliberale Gesellschaft ab. Patriarchat, Inegalität, Autorität, Tradition sind die gesellschaftlichen Ideen, denen eigentlich beide Strömungen folgen. So ist der „Kampf“ zwischen beiden Strömungen zwar auf gesellschaftlicher Ebene zu erkennen, die Ziele beider Strömungen sind aber ähnlich, weshalb im Buch auch ehemalige Identitäre sich dem Islam zuwenden und konvertieren.Und hier sind wir bei der persönlichen Ebene, dargestellt an der Person François. Als Literaturprofessor ist er zwar intellektuell und philosophisch ausgesprochen beschlagen, leistet aber streng genommen kaum noch etwas. Seine Dissertation über Huysmans scheint sehr gut gewesen zu sein, seitdem hat er aber keine neuen Forschungsgebiete erschlossen. Seine Beziehungen mit jungen Studentinnen erfüllen ihn sexuell, menschlich hingegen ist er zu keinerlei Beziehung oder Regung fähig. Dass sich nun gerade dieser intellektuelle Mensch, der selbst recht unsicher und geradezu leer ist, dem aber das Elitäre von außen immer wieder bescheinigt wird, sich am Ende doch die positiven Aspekte der neuen Regierung bewusst macht, ist geradezu genial erkannt: Als (männlicher) Professor gehört er zur Elite und wird von dieser Regierung profitieren. Er wird sehr gut verdienen und seine innere Leere durch Polygamie mit sehr jungen Frauen verdrängen. Mir kam noch in den Sinn, dass das Christentum und der Humanismus eher Hingabe verlangen würden. Zur Hingabe sind François und seinesgleichen nicht fähig, also bleibt nur die Unterwerfung.
  • (5/5)
    When it seems that Marine Le Pen's National Front has an even chance of winning the 2022 French elections, the Socialists and a centre-right party, the UMP, form a coalition with the apparently moderate Muslim Fraternity to make sure of defeating the racist, far-right National Front. The narrator clearly describes the compromises the parties must make, the long-held policies the socialists and the UMP must sacrifice, in order to make a deal. After the coalition wins the election, the Islamic religion and culture subsume French society. Women disappear from public life, the school leaving age is lowered to twelve, social welfare payments are eliminated, only Islamic educational institutions are publicly funded, Jews emigrate en masse, and men take multiple wives, some as young as fifteen.Francois, the narrator, is a professor of literature at the Sorbonne, specialising in Huysmans, best known for Against the Grain, published in 1884, about the decadent life of the wealthy, aristocratic Des Esseintes, who was based partly on the infamous Robert de Montesquiou, who was also a model for Proust's Baron Charlus. Huysmans is a recurring theme in Submission. Francois compares the decadence of contemporary French society to the decadence of Huysmans' time, and the imposition of Islamic religion and culture to Huysmans eventually embracing the Catholic church. In order to keep his job at the Sorbonne, Francois would have to convert to Islam.This is a comedy, but I gasped before I laughed. Francois is depressed and alienated, and cares for no-one. He is utterly neutral, taking no ethical stand whatsoever, guided only by his own self-interest, but his only interests are eating, drinking, smoking, sex and Huysmans. His colleagues are no better. French culture disappears as every man looks after himself.Submission is a hugely entertaining and thought-provoking book. Read it.
  • (4/5)
    Having heard only the hype about Houellebecq I wasn't prepared to find Submission to be such a funny and erudite book. I am not sure how you can call this book a polemic. Which side is Houellebecq on? None that I can see. The demographic powered Muslim takeover of France and Europe the book posits is more thought-provoking and ironic than sinister and frightening. Mohammed Ben Abbes, the fictional muslim president, is interest less in Sharia law than in reviving the Roman Empire. France gets to keep its booze and escorts but loses its free education and welfare state, which ruffles the least amount of feathers. Houellebecq is a brilliant intellectual clown, utterly fearless and with impeccable timing. Funny that contemporary France should produce literature's greatest living autodidact. Maybe there is hope for us all yet.
  • (4/5)
    So France and the Intellectuals of the Sorbonne give in to Islam with a whimper and submit to keep their university jobs and, who knows, the possibility of poligamy.
  • (1/5)
    The book is a best seller in Europe, and I heard enough to be interested. However, it wasn't what I thought it would be, and was disappointing. The main character is an university scholar, who is stand-offish and critical, un-involved in life, and more than a bit of a bore. As the Muslims take power in France, the schools become pro-Muslim, and women can't attend past high school, must wear veils, etc. Very little of this is explored, as the main character's use of prostitutes satisfies his baser needs, and the Jewish woman he had contact leaves France to escape the Muslim rule. Eventually he is dismissed from the University and given a very generous pension, in part because he isn't Muslim. His parents die, and he is largely unmoved. Eventually he is offered a position, but he must convert to Islam to accept it. That is his submission. Again, he is un-involved and passionless in his thoughts and actions. And happy that as a Muslim he will eventually have a child-bride to marry, a prominent position, and sufficient money. By the end of the book, I was uninterested in the characters, and un-involved with the plodding plot. Unlike some of the other reviewers who enjoyed the book, I thought the emphasis on Joris-Karl Huysmans (a 19th century French author) tiresome and pretentious. Not worth the cost of the book.
  • (3/5)
    A typically Houellebecq typically interesting and typically frustrating read. A man with a view, with learning and with ideas and not afraid to flaunt them all. A superficially frivolous view of a near future France becoming the centre of a European caliphate. But there's enough there for you to think 'Maybe'. And typically Houellebecqian obsessions with sex, food, drink and street addresses.
  • (3/5)
    Submission: A Novel by Michel Houellebecq was published in France to much controversy. It ironically was the day that the radical jihadists murdered the writers at Charlie Hebdo. I say ironically because this novel is the story of France gradually and finally becoming Muslim. The French were shocked but I didn't find it shocking if somewhat plausible. As you had to become a Nazi in Germany if you were to get anywhere you had to become a Muslim in order to succeed in France. The antagonist by the end becomes a Muslim because he wants his job back at the Sorbonne which has become Islamic. The book was un sucess fou in France but I am not convinced it is warranted.
  • (3/5)
    Francois is a professor and scholar at the Sorbonne, an expert on J.K. Huysmans. A womanizing bachelor, he is suffering a vague middle age malaise. There is an election going on in France, and Marine LePen's Party and the Islamist Party end up in the runoffs. In the final election, the Islamist Party wins, leading to major changes in French society. Overnight females can no longer teach at the Sorbonne. In fact, males cannot teach at the Sorbonne unless they convert to Islam. In addition, male faculty are encouraged to take multiple wives. Most Jews, including Francois's then girlfriend, leave the country. Francois can't decide what to do, and for the most part doesn't really seem to care.I've read one other book by Houllebecq, I can't remember which, and I didn't like it at all. I intended never to read another book by him. Then this one came out, and the premise was interesting. This was easy to read, although it is not a novel of plot or character development. I didn't find it compelling. I'm afraid Houellebecq identifies too much with characters like Francois.2 1/2 stars
  • (4/5)
    Is one allowed to appreciate Houellebecq? I do, and not only for the shades of Huysmans in this one. This is not only scary - it's credible.
  • (4/5)
    Houellebecq imagines a future where the charming, intelligent and charismatic leader of the Muslim Brotherhood, Mohammed Ben Abbas, is able to gain the Presidency through a deal with UPM and the Socialists to keep the National Front out of power. In Houellebecq's 2022, mainstream political parties don't stand for anything or appeal to anyone. It is only the National Front and the Muslim Brotherhood .. which do at least stand for something... that can attract any support. The entirely reasonable Brotherhood only make one real demand - to reform the education system. All teachers must convert to Islam, and teaching to be undertaken under Islamic auspices. For Francois, Houllebecq's empty, purposeless and soulless academic narrator, this means the end of his teaching career, something that causes him no great upset, other than to cut off the supply of second year students as potential girlfriends / mistresses. Francois has spent most of his adult in contemplation of Huysmans, a minor 19th century writer. He is an expert on Huysmans, but on little else. Francois is a perfect example of lonely, atomised, individualist, decadent Western culture. He is the symptom of what Houellebecq sees as the decline of Western civilisation. He has few relationships - his mother and father die without him seeming to notice, literally in the case of his mother. His dealings with women consist of either preying on star struck students, or making appointments with escorts, but he is jaded even with thisBy contrasts, his colleagues who convert to Islam to retain their jobs, are rewarded with large pay increases, and the dubious charms of polygamy. For someone like Francois who, like his beloved Huysmans, is really only interested in women as whores or cooks, this all looks quite appealing and slowly he is drawn towards submissionYou can't deny that the book is well written, at times pretty funny, and that some of the scenarios that he puts forward don't require too much suspension of disbelief. They are possible, if not probable or likely. And yet there is something ultimately unsatisfying about it. The idea that consumer culture and individualism have reached the end of their cultural cycle, and that people are being increasingly pulled to some form of belief, has some currency. But it seems to me that Houellebecq seemed to be suggesting that men will ultimately be happy with any system or form of belief, that facilitates their continuing domination of women. Indeed Francois himself suggests, early in the book, that historically weakening the primacy of the male has been a bad idea - an idea that has his girlfriend Myriam, stomping out of the house - and later, the Muslim convert who runs the University expresses the idea that you can't really change men, but you can teach women to believe in anything as they are more intellectually "supple"Overall an interesting book, that I read in one session, with some provocative ideas, that I mostly disagree with and indeed find barren and disagreeable. But interesting
  • (4/5)
    Above our heads the linden branches stirred in the breeze. Just then, in the distance, I heard a soft, muffled noise like an explosion.

    This wasn't the dystopia I had expected. Scandalous -- such was the domestic response to this alleged fragmentation grenade. Set a few years in the future, the Muslim Brotherhood in France forms a coalition and becomes ruling party -- but what exactly follows? Changes, for sure, but ones that often elude the eye. That is, however, from a man's perspective. Women appear eased into the margins, out of sight and somewhat blurred. The internet and supermarkets still maintain us, meet our needs and desires with a formal clumsiness: just like Amazon. Weather patterns feature in the novel. Maybe our trends in civilization and ontology are just as capricious. This novel is more about the life-cycle of ideas rather than Sharia or the more extreme notions: stonings, genital mutilation etc. There are always times when I read Houellebecq that I think-- wait, am I like that? H succeeds in prodding us to consider our self-deceptions and I'm truly thankful for that. This may disappoint some, but I found it to be remarkable. 4.8 stars
  • (3/5)
    I couldn't read it in the original (I don’t speak French), so that qualifies my impression somewhat, but the English version I read was a poorly-written vehicle for (sophomoric) ideas... a second-rate Kundera with none of Kundera's learning or wit or talent for structural elegance. I cautiously read a second novel of his and then half of a third novel and my opinion of the author was not changed. I have nothing against a dour worldview... anything ranging from Palahniuk to Céline (to whom Houellebecq once bore a passing physical resemblance) to Littel to the gently-black Vonnegut can work... but Houellebecq? Bah. But Houellebecq is all set, obviously, to profit enormously from the Stupidities of this Age. Smart of him surely? Unfortunately he is not that skillful taking the piss out of people and society which is against Muslims and women. A mirror of society, showing them what they do not want to see. And now everyone "hates" the mirror. How silly. And how smart of him. Bottom-line: Too bad Houellebecq seems to be more concerned about his decrepit cock and women's tits and pussies than everything else (namely good writing). Most people take him seriously, and read him in the first degree. But he is not only twisted, he is also highly perverse. He simply recognises and writes to prejudices that people will not speak out themselves. People who are considered intellectuals are afraid of not liking his work, 'ordinary' people do not buy his books. The novel's conceit is frankly implausible, and the leading character unusually cardboardy, even for Houellebecq. Plus, he seems to have lost his sense of humour. Frankly, I fear he's lost it, and it'd be surprising if he wasn't at his age, considering the amount of fags and booze he's reportedly got through. Houellebecq is beginning to share the fate of his distant cousin, Danny Houellebecq: that of being overrated by French philosophers desperate to revive a once proud intellectual tradition. It reminds me of the adulation accorded Jean Paul Sartre - who evidently lived on amphetamine for over 25 years and also did not feel responsible to anyone but his own "truth" a truth which changed at least 5 times during his career - one wonders why in France an author can get into such a position of intellectual power - what is going on with other people's critical facilities? Maybe because the working class are ruled by the baton, the middle class are ruled by culture, and the ruling class are ruled by the fear of being either of them. I think this is intellectual power as compensation for lack of self-responsibility. This man is a jumble of compulsions clumped together by others as "chic" and "challenging." In a nutshell, I don't know what he's frigging around with, neither here or there. But I guess I don't blame him, he's a bit worried. We are witnessing the death of art. Even the irreverent South Park has been silenced. It doesn't bode well either way. When so much of the arts, indeed so much of public life, is dominated by cowardly mediocrities, all congratulating each other for challenging the injustices and social conventions of the world as it was circa 1950, it is refreshing indeed to have a genuinely nutty writer such as Mr Houellebecq. I just wish Houellebecq would be able to write anything worthwhile! Saying he's got balls is not enough. On the other hand, I believe Houellebecq's true inspiration for this novel (my interpretation) is being overlooked in many reviews: he is staging the nightmare peddled by European far right movements. He does it openly, referencing people like Renaud Camus and Bat Ye'Or. The novel is about their nightmare becoming reality, like the "Turner Diaries" were about the far right US fantasy becoming real - and I think that some reviewers are illustrating that he aimed in the right direction. He does mercilessly attack the French elite, with one glaring exception: Marine Le Pen. He actually even says that she is "beautiful", which is indeed a sign of great admiration, for a man who goes out of his way to say as often as possible, in books and interviews, that any woman beyond the age of 22 is decrepit and sexually repulsive... Wot?
  • (4/5)
    Submission. Michel Houellebecq. 2015. This book caught my attention because the main character, Francois is a literature teacher at the Sorbonne specializing in the author J. K. Huysmans, a realist who’s most famous and infamous work, A Rebours marks the beginning of gay literature. (I found Huysmans book on his conversion, En Route, on a Catholic site, it is a fascinating book.) Francois is tired of life; he teaches his classes, manages to have an affair with a student each year, eats frozen dinners or Chinese take-out. He doesn’t seem to care or be interested in anyone or anything. He is aware that it is election time in France and surprised when the Socialists join with the Moslem party and win. The Moslems are now in control and Sharia Law is enforced. Francois and all the other non Moslems lose their university positions as do other government employees. Women wear veils and men are encourage to have more than one wife. Myriam, one of Francois’ former student/girlfriends tells him she is going to Israel because her parents feel France is no longer safe for Jews. Francois is contacted by one of the Sorbonne’s new Moslem officials and is offered a heathy promotion and told his book could be republished by the prestigious Editions de Pleiade if he will convert to Islam.
  • (3/5)
    In Submission, Michel Houellebecq imagines a France of the near future where a weakening of familiar political allegiances opens the door for an Islamic party, the Muslin Brotherhood, to seize power. It is 2022, election season, and unrest throughout Europe is making people nervous about the future. France in particular, after years of political bickering and scandal, is ripe for change. Francois, a middle-age expert on Huysmans, teaches at the Sorbonne. Emotionally and materially selfish, a disillusioned loner intellectual, concerned mainly with his own erotic appetites, Francois observes the changes taking place around him at a sardonic remove, unable and unwilling to commit to anything, interested only insofar as the changes affect him, but unconvinced that anything of meaning will actually take place (this is France after all). However, as the Muslim Brotherhood gains traction and is taken seriously as a viable alternative to the traditional parties that have failed again and again, and as their ascent begins to seem not just reasonable but inevitable, even desirable, things happen that compel him to sit up and take notice. The most momentous of these events occurs when his girlfriend Myriam (actually a former student with whom he still sleeps occasionally), follows her family and moves to Israel (Myriam is Jewish). With the loss of the only emotional link to another human being that means anything to him (this is significant because their relationship is driven almost exclusively by sex), Francois begins to drift, even more than usual. Then the Brotherhood assumes power. Almost overnight French society undergoes a revolutionary shift, and Francois finds a life-changing decision thrust upon him by circumstances that, in Houellebecq’s rendition, seem entirely plausible. Submission is a subtle political satire narrated by a self-involved protagonist whom the reader never really grows to like, but who is none the less totally fascinating. Michel Houellebecq has written an absorbing and provocative novel that may leave us untouched emotionally, but which gives us plenty to think about.
  • (4/5)
    Über kein Buch wurde 2015 mehr diskutiert. Ist es notwendig auch 2016 darüber zu reden? Ich denke, ja, da die Themen, die hier behandelt werden leider nach wie vor sehr aktuell sind.Michel Houellebecq beschreibt ein Frankreich der nahen Zukunft, das vor drastischen politischen Veränderungen steht. Das Land ist tief gespalten. Auf der einen Seite steht die rechte Front National um Marine Le Pen. Auf der anderen formiert sich die Muslimbrüderschaft mit ihrem charismatischen Anführer Mohammed Ben Abbes. Als die Rechte die Wahlen zu gewinnen droht verbünden sich die linken Parteien mit den Muslimbrüdern, nicht ahnend, dass sie damit den Untergang der westlichen Demokratie einleiten.Der Protagonist Francois, ein Houellebecq-typischer erotomaner Mittelständler mit intellektuellen Ambitionen, beobachtet diese historischen Umwälzungen von der Peripherie, unfähig handelnd einzugreifen und letztendlich nur um seine eigene Karriere besorgt.Als Frankreich zur islamischen Republik wird, ändert sich manches zum Positiven (sinkende Kriminalität), vieles zum Negativen (die Frauen verlieren ihre Rechte und werden praktisch zu Bürgern zweiter Klasse).Der Roman hat durchaus mit einigen Plausibilitätsproblemen zu kämpfen. So gelingt es Houellebecq nicht zu erklären, wieso die radikale Rechte, die eben noch den Bürgerkrieg gegen die Moslems plant sich so friedfertig mit dem Sieg der Muslimbrüder abfindet. Und ist es wirklich vorstellbar, dass sich die Frauen einfach so in ihre neue Rolle fügen? Nimmt man das ganze allerdings als Realsatire, ist es schon einfacher solche Seltsamkeiten zu tolerieren. Es scheint offensichtlich, dass Houellebecq hier das erzliberale Memmentum gewisser intellektueller europäischer Kreise karikiert, die im Namen der Toleranz alles opfern, einschließlich ihrer eigenen Lebensgrundlage. Erstaunlich ist das Fehlen wissenschaftlicher Zukunftsvisionen wie noch in Elementarteilchen oder Die Möglichkeit einer Insel. Keine Gentechnik, keine Klone, keine Utopie oder Dystopie. Der Positivist Houellebecq scheint das Vertrauen in die Wissenschaft verloren zu haben. So ist Unterwerfung ein wesentlich pessimistischeres Buch als seine Vorgänger, das unter seiner stillen Oberfläche ein sardonisches Lächeln zur Schau trägt.Wie einigen anderen Lesern, hat mir auch folgende Passage am besten gefallen (obwohl oder gerade weil sie nichts mit Politik zu tun hat?):„Über die Literatur ist vieles, vielleicht zu vieles geschrieben worden (als Literaturwissenschaftler steht mir dieses Urteil mehr als jedem anderen zu), dabei ist die spezifische Besonderheit der Literatur, der hohen Kunst der westlichen, vor unseren Augen untergehenden Welt nicht schwierig zu bestimmen. Die Musik kann im selben Maße wie die Literatur erschüttern, eine gefühlsmäßige Umkehr, Traurigkeit oder absolute Ekstase bewirken; die Malerei kann im selben Maße wie die Literatur verzücken, einen neuen Blick auf die Welt eröffnen. Aber allein die Literatur vermittelt uns das Gefühl von Verbundenheit mit einem anderen menschlichen Geist, mit allem, was diesen Geist ausmacht, mit seinen Schwächen und seiner Größe, seinen Grenzen, seinen Engstirnigkeiten, seinen fixen Ideen, seinen Überzeugungen; mit allem, was ihn berührt, interessiert, erregt oder abstößt. Allein die Literatur erlaubt uns, mit dem Geist eines Toten in Verbindung zu treten, auf direkte, umfassendere und tiefere Weise, als das selbst in einem Gespräch mit einem Freund möglich wäre – denn so tief und dauerhaft eine Freundschaft sein mag, niemals liefert an sich in einem Gespräch so restlos aus, wie man sich einem leeren Blatt ausliefert, das sich an einen unbekannten Empfänger richtet. Natürlich sind, wenn es um Literatur geht, die Schönheit des Stils, die Musikalität der Sätze von Wichtigkeit. Die Tiefe und Originalität der Gedanken des Autors sind nicht unwesentlich; aber ein Autor ist zuvorderst ein Mensch, der in seinen Büchern gegenwärtig ist; ob er gut schreibt oder schlecht, ist dabei zweitrangig, die Hauptsache ist, dass er schreibt und wirklich in seinen Büchern gegenwärtig ist. … Ein Buch, das man mag, ist zudem vor allem ein Buch, dessen Autor man mag, dem man gern begegnet, mit dem man gern seine Tage verbringt.“
  • (4/5)
    First off while it bills itself as a novel of the near future, it is in fact a polemic. There is no character development and little plot. The thoroughly repulsive POV character is a representative of a secular elite whose cultural and demographic exhaustion leads to a soft surrender to Islam to avoid the nativists/fascists/Catholics [LePen and the National Front] winning. The suicide of the West set of memes goes back to pre-WW1, as indeed is noted in the book. The hatred for native nationalism is left unexplained but is obvious to anyone who understands the meanings of Vichy and Algeria in the French secular left’s mythologies. Should be read in company with Camp of the Saints. Yet with all of this, it was well written and intelligent as opposed to just provocative.
  • (4/5)
    Houellebecq’s SUBMISSION takes a satirical look at Europe (and the West) in the near future. We are bored; capitalism and globalism are failing; liberalism does not seem to have suitable answers; greed and materialism are rampant; and our heroes are mindless celebrities and sports stars. Society is exhausted and new societal structures seem to be in order. We are in need of a rebirth of meaning in some form of idealism. His narrator, Francois, is a French academic, who is intensely pessimistic, fundamentally isolated and apathetic, with the sole exception of his scholarly interest in the obscure 19th Century French writer— Huysman. The plot revolves around political upheaval in France that cedes power to the Muslims. Francois is faced with the pragmatic decision of converting to Islam in order to keep his faculty appointment. Curiously, Islam in this novel seems benign; lacking in the extremes the West has come to associate with jihad. Houellebecq’s choice of Huysman is inspired because he represents a man, who evolved from nihilism and decadence to embracing Catholicism. Following the political turmoil, Francois sets out on a similar journey but quickly discovers that Catholicism will not provide the solace he requires; moreover, he concludes that Huysman’s acceptance of Catholicism may in fact have been deluded.
  • (3/5)
    Solider Roman, eine teilweise erschreckende Prophezeiung die vielleicht irgendeines Tages akut werden könnte. Der Hauptcharakter interessiert sich nur für Sex, Alkohohol und gutes Essen und wirft am Ende seine Prinzipien für ein opulentes Gehalt über Bord.Typisch für die Charaktere von Houellebecq.
  • (5/5)
    Paris 2022: Die Welt des 44jährigen unpolitischen Literaturprofessors Francoise, mit dem Spezialgebiet "Huysmans", einem Romancier des 19.Jahrunderts, bricht auseinander als im zweiten Wahlgang der Präsidentschaftswahlen eine Koalition der Sozialisten mit der Muslim Bruderschaft die Wahl gewinnt. Bürgerkriegsähnliche Zustände erschütternParis, Juden verlassen fluchtartig das Land. Der neue Präsident Frankreichs ist ein Moslem. Vor allem die Bildungspolitik wird neu geordnet, Kinder nach Geschlechtern getrennt, mit dem Pflichtfach Islam, unterrichtet. Universitäten werden vorübergehend geschlossen und ein Alkoholverbot trifft Francoise besonders hart. Doch allmählich scheint dieOrdnung wieder hergestellt, wenn auch die Studentinnen in der wieder eröffneten Sorbonne verschleiert vor Francoise Platz nehmen... Der Titel des gesellschaftskritischen Autors hat in Frankreich für Furore gesorgt, ist aber keinesfalls provokativ oder polarisierend. Vielmehr gelingt es dem Autor die unpolitische Dekadenz der Intelligenz Frankreichs erschreckend real zu schildern.
  • (3/5)
    Wären die Anschläge in Paris nicht erfolgt, hätte wohl kein Hahn nach dem Roman gekräht. Weil es die Anschläge aber gab, fühlten sich viele berufen, Houellebecqs Roman in ihrem Sinn zu interpretieren. Und sehr viele taten das recht einseitig, wie in den diversen Qualitäts- und sonstigen Blättern nachzulesen ist. Der Roman bekam dadurch einen Drive, der die Verkaufszahlen sicher zusätzlich in die Höhe schnellen lässt, was aber nicht bedeutet, dass der Roman unbedingt gut sein muss.Aus meiner Sicht ist er sehr mittelmäßig. Ja, Houellebecq entwirft ein Frankreich, das vom Islam und seinen Wertvorstellungen dominiert ist. Er bedient dabei alle gängigen Klischees und stellt die (vom Ich-Erzähler zunehmend positiv bewertete) devote Rolle der Frau in einen Mittelpunkt. Überhaupt der Ich-Erzähler. Viele Rezensenten setzen in (warum auch immer?) mit Houellebecq gleich, wozu es keinen Anlass gibt. Der Universitätslehrer in seinen Vierzigern mit seiner Midlife-Crises unterscheidet sich wenig von anderen Figuren des Autors, hier kann man fast schon von einem Stereotyp sprechen. Hat man seinen Charakter, seine Wünsche und Sehnsüchte erst identifiziert, wird er als Erzähler und Protagonist schnell langweilig.Apropos Erzählen. Empfohlen sei dieses Buch all jenen, die einen Faible für Boris-Karl Huysmans, den dieser ist im Roman allgegenwärtig. Immerhin ist der Ich-Erzähler ja auch ausgewiesener Huysmans-Spezialist. Und so dreht sich vieles um diesen Schriftsteller, der im Alter zum Katholizismus konvertiert ist. Überhaupt sollte man in französischer Literatur und Philosophie bewandert sein, um zumindest den durchaus vorhandenen intellektuellen Input des Romans genießen zu können.Die Entwürfe der Handlungsstränge hingegen lassen zu wünschen übrig. Die Eltern des Protagonisten erscheinen ebenso schnell wie sie sterben, dir Freundin (so man sie als solche bezeichnen muss) hat zwar ein paar Blowjob-Auftritte, empfiehlt sich dann aber nach Israel. Und was den Ich-Erzähler betrifft, stellt sich die Frage, warum der Autor dafür das Berufsbild eines frustrierten Hochschullehrers gewählt hat, wo Houellebecq doch im Nachwort dazu bekennt, nie an einer Hochschule gewesen zu sein.In einem muss man Houellebecq allerdings verteidigen: Jene Passagen, die die Konvertierung des Ich-Erzählers zumIslam betreffen, sind allesamt im Konjunktiv geschrieben. Einfache Interpretationen der (oft voreiligen) Kritiker hinsichtlich der persönlichen Einstellung des Autors sind daher streng zurückzuweisen.
  • (4/5)
    Ein Zukunftsszenario ab 2020 für Europa bzw Frankreich. Was könnte sein, wenn ein muslim Ministerpräsident an die Macht kommt: Frauen/ Mädchen bleiben alle fortan zuhause, Schulpflicht bis 12 Jahre, Arbeitslosen- und Kriminalitätsrate sinkt, Handwerks-Familienbetriebe nehmen zu, Römisches Reich bis nach Ägypten und Polygamie! Ganz unspektakulär beschrieben von einem frustrierten Uniprof, der über Joris Huysmans promovierte und ihn nicht losläßt. USA und Weltpolitik kommen garnicht vor. Ein leichtkritisches, zynisches Buch. Ende etwas lasch, sonst lesenswert und interessant.