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Fuego Irlandés

Fuego Irlandés

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Fuego Irlandés

valoraciones:
4.5/5 (3 valoraciones)
Longitud:
165 páginas
2 horas
Editorial:
Publicado:
12 feb 2016
ISBN:
9781524284510
Formato:
Libro

Descripción

Kristen sabe que ha llegado el momento de arriesgarse y dejarlo todo por amor pero tal vez no esté preparada para hacerlo.  
Pero ese guapo y sensual millonario Roy MacNamara está dispuesto a convencerla y usará todas sus armas para lograrlo... 

Editorial:
Publicado:
12 feb 2016
ISBN:
9781524284510
Formato:
Libro

Sobre el autor

Cathryn de Bourgh es autora de novelas de Romance Erótico contemporáneo e histórico. Historias de amor, pasión, erotismo y aventuras. Entre sus novelas más vendidas se encuentran: En la cama con el diablo, El amante italiano, Obsesión, Deseo sombrío, Un amor en Nueva York y la saga doncellas cautivas romance erótico medieval. Todas sus novelas pueden encontrarse en las principales plataformas de ventas de ebook y en papel desde la editorial createspace.com. Encuentra todas las novedades en su blog:cathryndebourgh.blogspot.com.uy, siguela en Twitter  o en su página de facebook www.facebook.com/CathrynDeBourgh


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Fuego Irlandés - Cathryn de Bourgh

Fuego Irlandés

Cathryn de Bourgh

––––––––

Primera parte.

El regreso

Kristen Peterson contemplaba ese día helado y gris de mediados de otoño a través de los cristales de su habitación de su casa de Harvard, en Boston preguntándose si sería capaz de salir.  

Hacía tanto frío y tal vez empeoraría porque para empezar el sol estaba cubierto de espesas nubes y notó que había viento pues los árboles y plantas del jardín se movían de un sitio a otro como en una danza triste y fantasmal. Por supuesto que debía estar imaginando cosas, la ausencia de su amor la hacía tener más pensamientos pesimistas que de costumbre.

Respiró hondamente mientras tarareaba esa canción romántica que se oía en el equipo de música Philipps. A pesar de que hacía cosas en el día para distraerse y matar el tiempo ese día sintió deseos de llorar, su vida era tan triste sin Roy, tan vacía... Y cada día que pasaba se le hacía eterno.

Roy se había ido de viaje a Irlanda y regresaría en unos días pero la espera se le hacía interminable. Rayos, ¿por qué no había ido con él? Debió ir, lo echaba tanto de menos. Su vida era tan vacía sin él...

Kristen pensó que en su casa las cosas no habían mejorado: al contrario, su madre tenía una cara de tragedia y seguía riñéndola por todo a pesar de la medicación. Tal vez fuera ella quién terminara pidiendo que le recetaran píldoras para soportarla.

Kristen, no te alimentas bien... oh santo dios ¿no estarás embarazada? ¿Qué te pasa? Te ves distinta. Esas eran las frases recurrentes de su madre. Cualquier excusa era buena para fastidiarla. Porque no soportaba que tomara pastillas, ni que fornicara con su novio como cualquier chica de su edad, ¡no! Eso era pecado. Estaba mal y... el señor podía castigarla por divertirse tanto en la cama.

Pues sí ya no era la joven malhumorada y triste de siempre, había cambiado. ¿Y eso qué tenía de malo? Estaba enamorada y sufría porque no podía estar con Roy pues había ido de viaje a Irlanda por más tiempo del esperado. Una semana sin verle había sido una eternidad y temía que fueran dos. Rayos, debió acompañarle, qué tonta había sido.

Un ladrido feroz le crispó los nervios y recién eran las nueva de la mañana y acababa de levantarse. Allí estaba otra vez ese pequinés rascándole la puerta con rabia para que le abriera y así jugar. Dan. El nuevo integrante de la familia, así le llamaba su madre, como si en vez de perro fuera un bebé, lo mimaba y consentía hasta el desquicio.

Kristen se acercó furiosa a la puerta.

—¡Maldito Dan! ¡Sal de mi puerta ahora chucho maloliente del demonio! —exclamó.

El perro le respondió con un ladrido de protesta y volvió a rascar la puerta con más furia. No hacía más que ladrar histérico todo el día y gruñirle a todo el mundo. A ella también...

Resignada le abrió la puerta, tenía hambre y quería desayunar. Le había prometido a Roy que tomaría las vitaminas además y quería recuperarse.  Por eso tuvo que salir. Y el perro comenzó a saltar de un lado a otro, un manojo de pulgas y pelos largos color marrón claro.

—Cállate pulgoso, sal, vete...

Los ojos torcidos del bicho la miraron con atención mientras sacaba la lengua afuera y se paraba en dos patas como un perrito de circo. Habría resultado simpático de no haber sido Dan... Porque las gracias estaban bien cuando las hacía un perro ajeno, no cuando uno tenía convivir día tras día con toda clase de monerías.

—Kristen, ¿qué pasa, por qué ladra Dan?—preguntó su madre entrando en la cocina.

—Nada...es un pesado sabes que ladra por todo.

Su madre tomó a Dan en brazos como si fuera un bebé y la miró a ella con expresión ceñuda. Bueno tal vez ahora que tenía un bebé perro la dejara tranquila...

Sin embargo se equivocaba, su madre la siguió con el chucho bajo el brazo.

—Espera un poco jovencita.

¡Oh, cómo odiaba esa frase la hacía sentir de trece años o menos! ¿Jovencita, ella?

Se detuvo vencida.

—¿Qué pasa, mamá? ¿Qué he hecho mal?—dijo resignada.

—Estás triste Kristen, te ves horrible—fue la inesperada pregunta de su madre.

—Extraño a Roy  mamá, lo sabes. Estoy deseando que regrese de su viaje.

—Roy... sí, claro. Pero no olvides alimentarte bien. ¿Has tomado las vitaminas?

Sí, lo había hecho.

El perro comenzó a ladrarle furioso y Kristen corrió a su habitación. Qué bicho tan insoportable.

Nada más entrar vio la foto de Roy y suspiró, ¡cuánto le echaba de menos!

Bueno, no dependas tanto de Roy le había dicho su amiga Brooke. Pobrecilla, ella sí que tenía problemas. Embarazada de tres meses y teniendo que resolver un montón de cosas. Por suerte su familia entera la había apoyado. Claro, para ellos un embarazo no era una deshonra ni una tragedia, eran gente normal, más civilizada, moderna, o cómo fuera. Si a ella le hubiera pasado pues su madre habría muerto del disgusto.

Kristen apartó a su madre de sus pensamientos y maldijo en silencio. Otro día más sin Roy... moriría de tristeza si tardaba una semana más en regresar. ¡Rayos! Tenía que salir, aunque hiciera frío. Le debía una visita a su amiga Brooke, hacía días que no la veía ni...

Mientras daba vueltas en su habitación sonó su celular y tembló, porque mucho antes de atender supo que era Roy.

—Roy...

—Hola preciosa, ¿cómo estás?

Sintió que le volvía el alma al cuerpo al oír su voz, solo eso...

—Bien y tú... ¿qué has hecho?

—Encerrado en Darkrose con la empresa encargada de la restauración.

—¿Cuándo volverás?—no pudo evitar preguntarle.

—El viernes si todo sale bien... sabes, creo que la restauración de esta finca llevará más tiempo.

—Entonces ¿tal vez no sea el viernes?—preguntó con un hilo de voz.

—Bueno, ¿y no quieres venir a visitarme?

—Me encantaría Roy...

—Bueno, entonces puedes tomar el siguiente vuelo y ...no, aguarda, todavía no. No quiero que viajes sola. Pero dime, ¿cómo han estado las cosas con tu madre?

No quiso mentirle.

—Regular tirando a malo. Como siempre.

—¿Y ese enamorado evangelista, te ha molestado?

—¿Te refieres a Ethan? No... nunca lo veo.

—Mejor así... esos antiguos enamorados son peligrosos.

Kristen no pudo menos que reír. ¿Ethan Cabot peligroso? Pero si era más bueno que el pan.

—Roy por favor, no es mi enamorado ni tampoco podrías decir que es un tipo de cuidado—aclaró.

—¿Entonces no te ha molestado?

—La que molesta es mi mamá Roy, Ethan es solo un amigo y no molesta para nada. Nunca lo veo.

—Mejor así mimush... ¿has tomado las vitaminas?

Al escuchar que la llamaba así suspiró. En la intimidad le había puesto ese nombre de gata y al comienzo no le gustó pero él se lo decía en tono cariñoso. Ella era su mimush, su gatita mimada y suave... Y Roy el demonio que la volvía loca.

—Sí, tomé las vitaminas y el doctor me encontró muy bien.

—Deja que Roy cuide de ti preciosa, verás cómo en poco tiempo te conviertes en una joven rozagante y feliz—insistió.

—¡OH Roy, te extraño tanto!

—Y yo preciosa... aguarda, ¿estás llorando?

—Sí...

—No llores... múdate conmigo cuando vuelva, perdimos demasiado tiempo coincidiendo ¿no crees? Ni un día más.

—Sí... lo haré, lo prometo.

Roy suspiró.

—Y no llores por favor y tampoco permitas que tu madre te convenza de que es pecado. Deja que cuide de ti preciosa...

Kristen sintió deseos de volar a Irlanda y reunirse con Roy, se mudaría apenas regresara. El viernes, solo faltaban seis días ahora... una eternidad.

—Luego vendrás, lo prometo, la próxima vez que viaje vendrás conmigo—le prometió Roy.

¡Sí, lo haría! Secó sus lágrimas mientras guardaba el celular despacio.

Suspiró al ver de nuevo su fotografía. Lo amaba tanto y pensó que esos días serían los más difíciles. Qué guapo era, guapo y tan viril... sintió su mirada a través de la foto y tembló, esa mirada era tan intensa, la hacía temblar... Besó con suavidad la fotografía y la guardó en su cartera al oír la voz de su madre. Allí estaba, había vuelto de su paseo de compras y la llamaba.  Algo tramaba por supuesto, pues no se quedaría para averiguarlo. Pero entonces escuchó unos golpes insistentes en la puerta.

—Kristen, abre la puerta... ¿te sientes bien?—era su madre por supuesto.

Demasiado tarde para escapar pues entró en su habitación quejándose del frío y diciéndole que quería ir a ver a su hermana. Su embarazo...no anda muy bien dijo y la miró de forma intencional.

—Te ves pálida Kristen. ¿Estás tomando las vitaminas? ¿Qué te dijo el doctor Randalf el otro día? ¿Cómo te encontró?

—No se llama Randalf, qué manía tienes tú de cambiar el nombre a las personas. Es Jake Richards. Me encontró bien, ya te lo dije, ¿lo olvidaste? Estoy mejor...

—¿Jake? Se llama Jake. Oh, qué nombre tan feo para un médico. Pues yo discrepo con ese Jake, te veo pálida. Todavía tienes anemia. Deben ser esas píldoras que tomas.

Sí, las pastillas anticonceptivas del demonio.

—¡Mamá, por favor, no empieces!

Una tregua al menos, hasta que llegara Roy y luego....

Los ojos claros de Elaine Peterson brillaban de rabia al mirar a su hija, no solo rabia sino también preocupación. Ella que había planeado un futuro tan brillante con Ethan Cabot y la muy necia lo arruinaba todo. Cabot era un abogado exitoso, acababa de heredar una gran propiedad en el sur de Nueva Jersey y su hija  se encaprichaba con ese nene rico que solo la quería para tener sexo.  Crudo pero certero. Un hombre como ese jamás se casaría con la hija de un mecánico de autos.

—Está bien... no diré nada de esas pastillas—recapituló Elaine—Ahora cámbiate, es sábado y los padres de Ethan... supongo que no lo habrás olvidado ¿verdad?

—¿Olvidar qué?

—La fiesta de la iglesia evangelista para juntar fondos para los niños del orfanato Michigan.

Oh rayos, sí lo había olvidado. Otra de esas fiestas kermeses de caridad que organizaba la iglesia de su madre.

—Pero no puedo ir. Debo ver a Brooke, le prometí que iría.

—¿Y qué le pasa a Brooke? ¿Cuál es la urgencia?

—Es mi amiga y prometí que le haría una visita... no, no quiero ir. Seguramente querrás que me quede con Ethan... no sé por qué insistes en meterme a ese hombre por los ojos, como si no supieras que tengo novio.

—¿Novio? Por lo que te va a durar.  Pero ya verás cuando se aburra de ti y te deje sola y con algún regalito en la panza. Entonces te acordarás de mí.

Kristen sintió tantas ganas de gritarle que era una bruja por decirle esas cosas pero se contuvo. Si decía lo que pensaba habría una nueva pelea y su madre se enojaría y temía que tomara represalias. En realidad estaba superando las novedades pero al menos no le había prohibido ver a Roy ni nada de eso. Ahora tocaba aguantar un poco más hasta poder largarse de su casa. Pero había algo más: no pensaba ir a ninguna fiesta de parroquia.

—Mamá, ya te dije que no iré a tu fiesta de la parroquia, ni tampoco regresaré a ese lugar dónde todos son pecadores y condenados. Me aburre, hace años que me aburren los sermones, el juzgar a todo el mundo. Un reverendo que está obsesionado con el apocalipsis y  enumera todas las cosas horribles que pasarán dentro de poco. Le detesto, me pone histérica oírle.

Elaine Peterson la miró atónita. Su cabeza era un torbellino de furia, rabia e impotencia. ¡Maldito irlandés! Seduces a mi hija, la metes en tu cama y seguro que también querrás convencerla de hacerse católica pensó.

Y Kristen sabía que esas palabras habían sido mucho más dolorosas que una bofetada para su madre, decir que no volvería al templo era lo peor, desde niña que la llevaba y la obligaba  asistir todos los domingos y también a esas fiestas de beneficencia, reuniones en casas de otros practicantes, charlas...

—¿Así que has decidido abandonar la fe?—dijo ella—Lo que me faltaba. Una nueva desilusión... Seguro que todo esto debe ser por Roy, está celoso de que veas a Ethan porque sabe que es mucho mejor persona que él y que el día que lo descubras lo dejarás plantado y te casarás con él. Porque Ethan

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