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El invierno más largo

El invierno más largo

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El invierno más largo

valoraciones:
4/5 (14 valoraciones)
Longitud:
478 páginas
8 horas
Editorial:
Publicado:
14 ene 2016
ISBN:
9788416498567
Formato:
Libro

Descripción

Así como la nieve oculta la tierra, los habitantes del monte Blackåsen esconden los más temibles secretos.

UN BEST SELLER INTERNACIONAL TRADUCIDO A MÁS DE 10 IDIOMAS.

UN THRILLER OSCURO COMO LA NOCHE, FRÍO COMO EL HIELO, AMBIENTADO EN LA SUECIA DEL SIGLO xviii.

«Misterio sueco del bueno.» Óscar López, Página 2

«El noir escandinavo da un paso adelante.» Librújula

«Intrigante y llena de suspense.» Diario de Mallorca

«La trama más brillante, oscura, misteriosa e intrigante que he leído nunca. Piensa en El piano y The Killing y trasládalas a novela.» Ruby Wax

«Una novela exquisita llena de suspense, brillantemente escrita y altamente recomendable.» Lee Child

Editorial:
Publicado:
14 ene 2016
ISBN:
9788416498567
Formato:
Libro

Sobre el autor

Cecilia Ekbäck es licenciada en Escritura Creativa por la Royal Holloway. Procedente de una familia de Laponia, se crio en Suecia, para trasladarse luego a Londres. Actualmente vive en Canadá con su esposo y sus dos hijas. Su primera novela, El invierno más largo (Roca Editorial, 2016) ha sido galardonada con el Premio a la Mejor Novela Histórica de 2016 por la Asociación Internacional de Escritores de Novela Histórica. Con La oscura luz del sol de medianoche, Ekbäck demuestró de nuevo su asombroso talento literario con una voz original que sedujó a público y crítica en más de diez países. La estudiante de historia es su última novela. www.ceciliaekback.com/


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Vista previa del libro

El invierno más largo - Cecilia Ekbäck

El invierno más largo

Cecilia Ekbäck

Traducción de

Santiago del Rey

EL INVIERNO MÁS LARGO

Cecilia Ekbäck

UN THRILLER HISTÓRICO AMBIENTADO EN LA SUECIA DEL SIGLO XVIII.

Laponia, 1717. Maija, su marido Karl-Erik y sus dos hijas han emigrado desde Finlandia a la Laponia sueca, en la zona del monte Blackåsen. En un bosque cercano a la granja donde viven, encuentran el cadáver de un hombre. Maija decide avisar de este suceso a los escasos y lejanos vecinos del pueblo que se halla a un día de distancia a pie, un lugar tenebroso y solitario que solo parece volver a la vida cuando las campanas de la iglesia convocan a su gente a través de la nieve. Es allí donde incluso los enemigos más antiguos de la comunidad se reúnen y abandonan su aislamiento para verse de nuevo. Maija irá conociendo a cada uno de los lugareños en su discreta investigación. Todos ellos afirman que la muerte de ese hombre solo puede deberse al ataque de un oso o bien de un lobo. Pero ¿qué animal salvaje corta un cuerpo de esa manera, con tan limpias y estudiadas heridas?

ACERCA DE LA AUTORA

Cecilia Ekbäck es licenciada en Escritura Creativa por la Royal Holloway. Procedente de una familia de Laponia, se crio en Suecia, en un pueblo pesquero del norte, y posteriormente se trasladó a Londres. Actualmente vive en Canadá con su esposo y sus dos hijas. El invierno más largo es su primera novela, con la que demuestra un asombroso talento literario, una voz original que ha seducido a público y crítica en Inglaterra.

ACERCA DE LA OBRA

«La trama más brillante, oscura, misteriosa e intrigante que he leído nunca. Piensa en El piano y The Killing y trasládalas a novela.»

RUBY WAX

«Una novela exquisita llena de suspense, brillantemente escrita y altamente recomendable.»

LEE CHILD

«El tiempo y el lugar son tan exóticos y remotos que parecen sobrenaturales. Su estilo tiene una calidad sigilosa, como la caída silenciosa de la nieve. La historia avanza y posee tu mente; hay algo inquietante, sus sutiles acciones dejan huellas que no podrán borrarse nunca de la mente del lector.»

HILARY MANTEL

«El invierno más largo, firmada por esta autora sueca revelación, ofrece algo sorprendentemente nuevo.»

THE FINANCIAL TIMES

Índice

Portadilla

Acerca de la autora

Dedicatoria

PRIMERA PARTE

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

SEGUNDA PARTE

Capítulo 19

Capítulo 20

Capítulo 21

Capítulo 22

Capítulo 23

Capítulo 24

Capítulo 25

Capítulo 26

Capítulo 27

Capítulo 28

Capítulo 29

Capítulo 30

Capítulo 31

Capítulo 32

Capítulo 33

Capítulo 34

Capítulo 35

Capítulo 36

Capítulo 37

Capítulo 38

Capítulo 39

Capítulo 40

Capítulo 41

Capítulo 42

Capítulo 43

Capítulo 44

Capítulo 45

Capítulo 46

Capítulo 47

Capítulo 48

Capítulo 49

Capítulo 50

Capítulo 51

Capítulo 52

Capítulo 53

Capítulo 54

Capítulo 55

Capítulo 56

Capítulo 57

Capítulo 58

Capítulo 59

Capítulo 60

Capítulo 61

Capítulo 62

Capítulo 63

Capítulo 64

Capítulo 65

Capítulo 66

Capítulo 67

Capítulo 68

Capítulo 69

Capítulo 70

Capítulo 71

Capítulo 72

TERCERA PARTE

Capítulo 73

Capítulo 74

Capítulo 75

Agradecimientos

Lobos

Nota de la autora

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Créditos

A las mujeres de mi familia que no duermen

PRIMERA PARTE

Laponia, Suecia, junio de 1717

—¿Está muy lejos?

A Frederika le entraron ganas de gritar. Dorotea estaba consiguiendo que avanzaran más despacio. Llevaba a rastras la rama que debería haber usado como látigo, y Frederika tenía que esforzarse el doble para que las cabras caminaran. Hacía una mañana radiante. La luz blanca cegaba con su resplandor la copa de las píceas y creaba un exceso de colorido. Cada vez Frederika sentía más calor y notaba un picor en la espalda, bajo el vestido. Desde el primer momento, no había querido salir con las cabras; y ahora tampoco las cabras querían seguir adelante. Saltaban a uno y otro lado, entre los árboles, y trataban de burlar su vigilancia para volver corriendo a la cabaña. Solo se oía el murmullo de los árboles, el chasquido de las pezuñas sobre las piedras y aquellos balidos estúpidos e incesantes.

—Solo los pobres tienen cabras —le había dicho a su madre esa misma mañana.

Habían salido a sentarse en el porche de madera de su nuevo hogar, en la ladera del monte Blackåsen. Frente a ellas, revoloteaban nubes de insectos sobre la pendiente de hierba. Al pie de la ladera, había un riachuelo y, más allá, un prado. Y rodeándolo todo, el bosque: las negras lanzas dentadas que se recortaban contra el cielo rosado del amanecer.

—Ahí plantaremos nabos —dijo Maija, la madre de Frederika, señalando hacia el establo—. Es un buen sitio, con mucho sol.

—Al menos las vacas y las ovejas se las apañan solas en el bosque. Las cabras dan mucho trabajo para nada.

—Será solo hasta que tu padre y yo hayamos levantado una cerca alrededor del campo. Llévalas al claro que vimos de camino hacia aquí. No queda lejos.

Se abrió la puerta del establo, y Dorotea salió disparada. La puerta se cerró con un chasquido a su espalda.

—Todo irá bien —le dijo su madre en voz baja. Dorotea bajaba ya por la cuesta a todo correr.

Frederika habría deseado decir que allí nada podría ir bien. El bosque era demasiado oscuro; había hebras de moho entre los arbustos, y en el suelo, bajo las ramas más bajas, todavía quedaban trechos de nieve azulada. Habría deseado decir que esta cabaña era más pequeña que la que habían dejado en Ostrobotnia. Estaba ladeada, y el terreno se veía descuidado. Allí no había mar, ni tampoco gente. No deberían haberse ido. Las cosas tampoco les iban tan mal. ¿Acaso no se las habían arreglado siempre? Pero el surco que tenía su madre entre los ojos parecía más hondo de lo normal, como si también ella deseara decir estas cosas, así que Frederika se había callado.

—¿Está muy lejos?

Frederika miró a la niña, cuyo raído vestido le ondeaba en torno al cuerpo como una sábana colgada al viento. Dorotea aún era pequeña. Frederika tenía catorce años; su hermana, seis. La niña trastabilló al pisarse el dobladillo.

—Levanta los pies al caminar. Y date prisa —dijo Frederika.

—Es que estoy cansada —replicó Dorotea—. Cansada, cansada, cansada.

Iba a ser un día horrible, un día espantoso.

Siguieron subiendo. Visto desde lo alto, el bosque se convertía en un mar de verdes intensos y crudos azules que descendía sinuosamente hasta el fin del mundo. Frederika pensó en lagos grises, en un cielo acuoso; pensó en una tierra llana y con escasa vegetación que no exigía demasiado, y echó tanto de menos Ostrobotnia que sintió un espasmo en el pecho.

El sendero se estrechaba y estaba lleno de piedras sueltas. A la izquierda, la montaña caía a pico hasta el fondo del valle.

—Camina detrás de mí —le indicó a Dorotea—. Y mira dónde pones los pies. —A lo largo de la base de la roca, brotaban saxífragas moradas con forma de estrella. En el sendero, un montoncillo de bolitas marrones relucía bajo el sol; un ciervo, tal vez. En lo alto, un pequeño abedul retorcido surgía directamente de la roca.

El sendero doblaba a la derecha. Frederika no se había fijado en ello cuando habían pasado por allí, pero en ese punto parecía como si la ladera de la montaña hubiese reventado. Una profunda hendidura se internaba en el espesor de la roca. Los linces vivían en grietas como esa. Y los duendes.

—Date prisa —urgió a Dorotea y alargó el paso.

Había una peña enorme y otra curva. El sendero se ensanchó. Estaban otra vez en el bosque.

—He pisado algo lleno de espinas. —Dorotea alzó el pie y señaló la polvorienta planta.

Entonces Frederika percibió algo. También las cabras lo percibieron, porque vacilaron y la miraron, soltando unos balidos que parecían grandes signos de interrogación.

Era el olor, pensó. El mismo olor que inundaba el patio cuando hacían la matanza para almacenar carne para el invierno. Tierra, heces, podredumbre.

Una mosca le zumbó en el oído; la ahuyentó con la mano. Más adelante, entre los troncos de los árboles, se veía más luz. Era el claro. Se llevó un dedo a la boca.

—¡Chist! —le susurró a Dorotea.

Mirando dónde pisaba entre el musgo y los brotes de arándanos, avanzó hacia la zona iluminada. Al llegar al borde del claro, se detuvo.

Las altas hierbas brotaban en densas matas. Un ramillete de mariposas blancas danzaba en el aire como un puñado de flores arrojadas al viento. En el otro extremo del claro había una gran roca. Detrás, los pinos crecían tan juntos que parecían formar una empalizada. Había una especie de bulto junto a la roca. Sí, un animal muerto. Un ciervo. O tal vez un reno.

Dorotea se arrimó y le cogió la mano a su hermana. Esta miró en derredor, tal como su madre les había enseñado; escrutó los troncos de los árboles por si detectaba alguna silueta o algún movimiento. En aquellos bosques había osos y lobos en abundancia. El depredador podía estar aún en las inmediaciones, todavía hambriento después de todo el invierno.

Se concentró. Un pájaro carpintero repiqueteaba en la espesura. Notó que el sol le ardía en la cabeza. La mano de Dorotea estaba pegajosa y se retorcía en la suya. No captó nada más. Volvió a mirar el cuerpo.

Estaba azul.

Soltó la mano de la niña y se adelantó.

Era un hombre muerto lo que había junto a la roca.

Miraba a Frederika con ojos nublados. Yacía torcido. Destrozado. Tenía el estómago abierto y las vísceras fuera, sobre la hierba: unas vísceras fibrosas, de un rojo violento. Las moscas pululaban por su reluciente superficie. Una se coló volando por el negro agujero de la boca.

Dorotea dio un grito al encontrárselo todo de golpe: el hedor, las moscas, la boca abierta del hombre.

«Señor, ayúdanos», pensó Frederika.

Tenían que ir a buscar a su madre. «¡Las cabras, Dios mío!» No podían dejarlas allí.

Agarró a su hermana de los hombros y le dio la vuelta. Dorotea, boquiabierta, tenía los ojos desorbitados; se le formó una burbuja de saliva que enseguida estalló. Se había quedado sin aliento y boqueaba en silencio.

—Dorotea —dijo Frederika—, hemos de ir a buscar a mamá.

La niña la abrazó y se le subió encima a fuerza de uñas, como un gato trepando por un árbol. Frederika intentó zafarse.

—¡Chist!

El bosque estaba en completo silencio. No se oían crujidos, ni golpes, ni murmullos, ni gorjeos. Tampoco ningún movimiento. El bosque contenía el aliento.

Dorotea dobló las rodillas como para sentarse. Frederika la agarró de la mano y la levantó de un tirón.

—Corre —susurró. La niña no se movió—. ¡Corre! —chilló, y alzó la mano como si fuera a pegarla.

Dorotea sofocó un grito y salió disparada por el sendero. Su hermana corrió hacia las cabras con los brazos abiertos.

Volaron todas juntas por el bosque, con un redoble de pezuñas y pies descalzos resonando sobre el suelo.

Más deprisa.

Frederika le dio un azote en las ancas a la última cabra. Tropezó; se rasguñó las rodillas y se arañó las manos. «Levanta, levanta, no te detengas.» Una cabra se salió del sendero. Ella le gritó y le palmeó el trasero.

Cuando llegaron al desfiladero, sujetó a su hermana pequeña del brazo.

—Ahora, despacio. Ve con cuidado. —Dorotea hipaba y sollozaba sin lágrimas. Frederika le dio un pellizco y la niña la miró con la boca abierta.

—Lo siento. Aguanta un poco, por favor. —Le tendió la mano. La pequeña se la cogió y ambas siguieron a las cabras por el estrecho desfiladero. Un paso, dos, tres.

La hendidura de la montaña parecía más ancha. Se oía algo. Habría podido ser una respiración.

«¡Ay, no mires!» Frederika mantuvo los ojos fijos en sus pies. Cuatro, cinco, seis. Con el rabillo del ojo vio los pies descalzos de Dorotea junto a los suyos, medio andando, medio corriendo. Siete, ocho, nueve. Las pezuñas de las cabras resonaban sobre las rocas. «Por favor —pensó—. Por favor, por favor.»

El sendero se ensanchó y, tras un ligero recodo, se aplanó y descendió, separándose de la roca. Echaron a correr, primero despacio, luego más deprisa. Ahora cuesta abajo, ya vislumbrando la cabaña entre los árboles. Dorotea, delante de ella, gritaba: «¡Mamá, mamá!».

Al fin llegaron sanas y salvas al patio. Sus padres acudieron corriendo: el padre a grandes zancadas; la madre pisándole los talones. Fue entonces cuando Frederika vomitó.

Su padre la levantó sujetándola del brazo.

—¿Qué ocurre? ¿Qué ha pasado?

—Un hombre —dijo Frederika secándose la boca—. En el claro. Está muerto.

Y entonces sintió que su madre la envolvía en sus largas faldas, como si ya nunca más hubiera de salir de allí.

Hemos de hacer algo —dijo Maija.

Frederika se había separado de su madre. Ahora era Dorotea la que la abrazaba, encaramada a la cadera y hundiéndole la cara en el pecho. La niña apenas pesaba y se quedó allí colgada, como una arañita.

—Tu tío dijo que había otros colonos en la montaña. Tenemos que encontrarlos —instó Maija.

Su esposo, Paavo, se restregó la frente con los nudillos. Se echó el sombrero hacia atrás con el dorso de la mano y volvió a bajárselo con dos dedos. Maija se puso tensa.

—Ese hombre ha de ser de alguna parte —sentenció—. Ha de tener alguna familia.

—Pero ¿de qué claro me hablas? Yo no sé dónde está —dijo Paavo.

Maija hundió la nariz en el fino cabello de su hija menor. Aspiró un aroma a sal y aire puro.

—Ya voy yo —dijo sin apartar los labios del cabello de la niña—. A ver si encuentro a alguien.

«El sol tampoco ayuda», pensó. Como si eso disculpara a Paavo. Su resplandor les daba a todos un aire quebradizo, como hierbas estremecidas por el viento antes de una tormenta.

No habían visto a nadie durante los tres días que llevaban en Blackåsen, pero seguro que hacia el este debía de haber otras personas que habían llegado de la costa como ellos. Gente que llevara viviendo allí más tiempo. Maija caminaba deprisa. Las ramas de los arándanos le rozaban la falda. Como el sol estaba muy alto, su cuerpo no proyectaba ninguna sombra en el suelo. Notaba las narinas dilatadas. Ese leve rictus de disgusto que cada vez se detectaba con más frecuencia en la cara. Arrugó la nariz para relajar los rasgos y aminoró el paso.

«No es culpa de él», se dijo.

Se imaginó a Jutta, su abuela muerta, caminando a su lado: la nariz respingona, la frente inclinada, los dientes de conejo; y aquel modo suyo de caminar con los codos levantados, como si vadease el agua.

—No, no es culpa suya —asintió Jutta—. Está pasando tiempos difíciles.

«Difíciles para todos», pensó Maija sin poder evitarlo.

Los hombres del linaje de Paavo eran de complexión más débil. Pusilánimes, cuchicheaban a veces en el pueblo. El propio Paavo se lo dijo al proponerle matrimonio. Le explicó que algunos miembros de su familia tendían a ser miedosos. A ella no le importó. No creía en el destino. Y conocía a Paavo desde que era un chico melenudo que le tiraba de la trenza.

—Tú eres recio —le había dicho Maija acariciándole las sienes.

Ninguno de los dos se esperaba lo que iba a suceder.

En cuanto se casaron, habían comenzado los terrores. Como si el mero hecho de estar casado hubiera atraído sobre él una maldición. Por las noches, Paavo se agitaba violentamente. Gemía. Y se despertaba empapado de sudor, oliendo a algas saladas, a pescado podrido.

Solía rehuir la borda de la barca cuando sacaban las redes. Ella trató de advertírselo. «No hagas eso», le decía. Pronto dejó de salir a las aguas saladas de la bahía, donde los arenques nadaban en grandes bancos plateados y donde los aceitosos lomos de las focas grises emergían alegremente. Decidió que no le hacía falta acompañar a los demás hombres. El cabello se le oscureció y se lo dejó más corto. La piel se le empalideció. Engordó. Su mundo se fue encogiendo poco a poco, hasta que ya no pudo soportar la visión del agua, aunque fuera en un barreño, ni el sonido de alguien sorbiendo la sopa.

Y fue entonces, la primavera anterior, cuando su tío, Teppo Eronen, llegó de Suecia para visitarlo y le dijo: «Te cambio la barca por mi tierra». Teppo le contó maravillas de un país que disponía de mineral en cada montaña y ríos repletos de perlas, y despertó en Paavo un deseo desesperado de abandonar las aguas de Finlandia por los bosques de Suecia.

Sí, el tío Teppo no era un hombre muy avispado. Y siempre andaba contando cuentos, todo el mundo lo sabía. Pero, aun así, ¿no habría algo de cierto en todo cuanto contaba? A fin de cuentas, los suecos habían intentado durante siglos apoderarse de las tierras del norte. Además, Finlandia estaba siendo arrasada por la guerra. ¿No les iría bien empezar de cero?

Maija sintió un gran peso en el corazón. Cuando no eran los soldados del zar los que asolaban las costas, incendiando y saqueando sus pueblos, eran los suecos los que lo hacían. Y su marido quería trasladarse a las tierras de aquella gente.

—No es fácil dejar algo atrás —murmuró.

—Ya lo sé —asintió Paavo.

—Aunque es posible, de todos modos —reconoció ella.

Al fin, Maija le puso una mano en la mejilla y lo obligó a mirarla.

—Si nos vamos, has de prometerme que no te llevarás esta obsesión contigo.

La cara del hombre le mostró a las claras lo que sentía. No estaba seguro de que pudiera hacerse una promesa semejante. El miedo tal vez estuviera entretejido en su mismísima sensibilidad.

—La gente se aferra a su pasado mucho más de lo necesario —dijo Maija—. Júrame que no te lo llevarás contigo.

Él, impulsivamente, se lo prometió.

Y ella le había creído.

El trayecto por el hielo de la garganta del mar Báltico debería haberles llevado unos días, como máximo una semana debido a la nieve, pero el viento arreciaba con gran violencia entre las dos masas continentales, y les acribilló los ojos con granos de hielo hasta que no pudieron seguir adelante. Cavaron un hoyo y se acurrucaron con sus hijas; el viento amontonaba sobre ellos una capa tras otra de nieve. Al final, solo quedó a la vista la piel de reno a la que se aferraban con fuerza. Paavo le gritó algo a Maija al oído. El viento entrecortaba sus palabras.

—¿Qué?

—Perdóname —volvió a gritar él—… te mentí… Había un barco… Yo no podía… en barco.

Y entonces, tan rápidamente como se había enfurecido, el viento se calmó y dejó detrás de sí un cielo azul y un hielo de intenso color verde.

Pero en el corazón de Maija el viento seguía aullando. Con la de cosas que habían dejado atrás… Y su marido había decidido llevarse consigo el miedo.

Maija se detuvo para secarse la frente con la manga del vestido. El calor del mes de junio calentaba los troncos de los pinos y las píceas hasta el tuétano; penetraba en su centro helado y lo ablandaba, y desde allí se transmitía por las raíces hasta el suelo y quebraba la capa de escarcha. Para ser junio, hacía mucho calor. Lo cual constituía un buen comienzo. Si el tiempo continuaba así, la naturaleza sería generosa. Una ráfaga de viento agitó las copas de los árboles. Al nivel del suelo, todo permanecía inmóvil. Olía a resina verde dorada y a madera caliente.

Y entonces, en lugar del silencio, captó el murmullo de una corriente. Echó a andar otra vez, ahora en actitud de escuchar con atención, siguiendo el único sonido que le resultaba familiar en medio del bosque. A medida que aumentaba el retumbo de los rápidos, avivó el paso con la expectativa de llegar al espacio abierto, al aire despejado. Salió a una gran roca situada sobre un río y se detuvo. El agua se agitaba a sus pies, rugía contra las piedras y seguía su curso. Ella conocía aquello, lo había visto antes; y sin embargo, jamás en toda su vida se había tropezado con algo semejante. «En otra época —pensó—, él habría amado todo esto.» Es más, casi oyó que su marido decía: «No, a mí nunca me han gustado estas cosas».

Giró a la derecha y caminó junto a las turbulentas aguas del río, que iban a precipitarse a un lago. Un ligero oleaje en su tersa superficie indicaba las violentas corrientes que se movían por debajo. En la ribera sur, como a un kilómetro de distancia, había una cabaña.

El asentamiento se hallaba en una colina cubierta de hierba desde la que se dominaba todo el lago. Por detrás de la casa, el bosque estaba compuesto de altos pinos, en vez de las píceas dentadas de la montaña. Maija llegó a un patio rodeado de cuatro pequeños cobertizos destinados a almacenar madera y comida para el invierno. Oyó los golpes rítmicos de un hacha y siguió su sonido hacia el fondo del granero. A lo largo de la pared, había una ordenada hilera de utensilios: guadañas, rastrillos, palas, palancas… Pasó junto a unas jaulas donde se ponía a secar carne a principios de primavera, antes de que apareciesen las moscas. Había cuatro gruesos tímalos colgados de un gancho con una cuerda ensartada por las branquias; tenían los lomos relucientes y la boca abierta. Este era el aspecto que debía tener una granja. Ella no había dicho nada a nadie, pero se había quedado atónita al ver el estado lamentable en que el tío Teppo había mantenido la suya. Dobló una esquina y vio a un hombre. Él alzó la vista en el acto. Tenía el pelo oscuro y rapado casi del todo; se le veía una sombra de barba en las mejillas y una cicatriz en el labio superior que le torcía la boca. El hombre recolocó el pedazo de madera en el tajo, lo partió de un único golpe y cogió otro tronco del suelo.

—Me llamo Maija —dijo ella—. Nos hemos hecho cargo de la tierra de Teppo Eronen. Llegamos hace unos días.

Él permaneció callado. Tenía los ojos tan hundidos que parecían oscuros agujeros bajo las cejas.

—Esta mañana mis hijas han encontrado algo… bueno, a alguien muerto en un claro, en la cima de la montaña. Frederika, mi hija mayor, dice que tenía el estómago abierto.

El hombre la miró.

—No sabemos quién es —añadió Maija.

Él escupió en el suelo, clavó el hacha en el tajo y fue a buscar algo. Al caminar, movía rígidamente las caderas, como si tuviera que dar una orden a cada pierna para que se levantara. Maija se acercó y observó el tajo de madera. Un tajo era algo que un hombre debía escoger con sumo cuidado. Este había sido utilizado desde hacía mucho; ya no se veían siquiera los anillos del árbol, de tan machacada como estaba su superficie por los golpes. Se parecía al que ellos tenían en Ostrobotnia. En cambio, el que usaban ahora era nuevo, todavía estaba blanco y limpio.

El hombre volvió con una mochila y un rifle en la mano. Echó a andar, y ella dio por supuesto que debía seguirlo.

—¿Ha ocurrido alguna vez algo parecido? —le preguntó Maija a su espalda, conteniendo el aliento.

Él no respondió y la mujer mantuvo la distancia.

El hombre debería haberse interesado por ella, por su marido, por su procedencia, pero no lo había hecho. Desde abajo, la cima del monte Blackåsen parecía redondeada y mullida, como una hogaza de pan puesta al sol en una bandeja.

El patio al que llegaron al pie del lado norte de la montaña estaba completamente desordenado, a diferencia del que acababan de abandonar. Los utensilios estaban esparcidos por el suelo; había un montón de tablones a un lado de la cabaña y ropa colgada de una cuerda que se combaba bajo su peso. En el huerto, una oveja ramoneaba entre las hierbas. Todo parecía impregnado de un aire letárgico que no encajaba con el duro y sostenido trabajo necesario para sobrevivir.

Salió al porche un hombre rubio, flaco y enjuto. El cabello le formaba una cresta parecida a la de un gallo.

Maija observó que su acompañante se ponía tenso. «No se conocen —pensó—. O se conocen, pero no se caen bien.» Vio que hacía un gesto con la cabeza, señalándola, antes de decidirse a hablar. Al hacerlo, la cicatriz le torció la boca en diagonal.

—Un cuerpo en la montaña.

—¿Cómo? ¿Quién? —dijo el otro.

—No lo sé. Quizá mejor que te traigas a tu hijo mayor.

El hombre abrió la puerta de la cabaña y gritó algo hacia el interior. Enseguida apareció en el porche una versión más joven de él: el mismo pelo rubio y ondulado, la misma figura huesuda y unas manos enormes pegadas a los muslos.

—¿Qué es lo que ha visto? —preguntó a Maija el hombre rubio. Aunque no le llevaría más de diez años, su piel era algo grisácea. El hijo tenía una expresión hosca. Era mayor que Frederika; quizá dieciséis o diecisiete años.

—Yo no lo he visto —contestó ella—. Lo han encontrado mis hijas.

Él seguía escrutándola.

—Me llamo Maija.

—Henrik —respondió él.

—¿Y el hombre que ha venido conmigo? —preguntó ella.

—Ese —le dijo Henrik mirando al de la cicatriz, que ya había echado a andar cuesta arriba— se llama Gustav.

Se pusieron en marcha. Él le indicó que pasara delante.

—¿Cómo se encuentran sus hijas? —preguntó.

—Se recuperarán.

Dorotea aún era pequeña. Lo olvidaría. Frederika era fuerte.

—¿Dónde viven?

—Teppo Eronen es el tío de mi esposo. Nos cambió su granja por la nuestra.

—¡Ah! —exclamó Henrik.

Su tono hizo que le entraran ganas de volverse a mirarlo, pero se contuvo.

—La tierra de Eronen es buena —añadió el hombre—. Es mejor la tierra del sur de la montaña que la de aquí. Tendrán más sol.

La umbría de la montaña estaba repleta de matorrales entre las píceas. La tierra era fresca y la hierba estaba húmeda. Maija afirmaba bien cada pie para no resbalar. Respiraba deprisa. Más abajo, el río bordeaba la cara norte de la montaña, deslizándose entre la masa verde como una serpiente. Una serpiente lanzada hacia la cordillera azul del horizonte.

Maija no sabía lo que iban a encontrar en la cima de la montaña. Frederika no había sabido explicarse demasiado bien. Pero había llorado, cosa que no hacía con frecuencia.

—He pensado que las niñas podían llevar las cabras a ese claro que hay cerca de la cumbre —dijo, a modo de explicación.

—También está el marjal —intervino el hijo de Henrik—. Pero es muy traicionero. Mejor no mandar a las chicas allí.

Cuando llegaron a la cumbre, ella titubeó. Henrik la adelantó. Su hijo lo intentó también, pero Maija siguió caminando delante de él.

El claro relucía de color y de luz. Fue entonces cuando vio el cadáver con sus propios ojos.

El hombre estaba desgarrado de la garganta a los genitales, con todo el cuerpo abierto y las vísceras fuera; tan destrozado que debía de haber sufrido un colapso y haberse derrumbado en el acto.

El chico, todavía detrás de ella, soltó un gemido.

—Eriksson —dijo Henrik.

Gustav salió del bosque y se arrodilló junto al cuerpo.

Maija se apartó y tanteó en el aire buscando un tronco, algo a lo que agarrarse.

Cuando volvió a mirar de nuevo, Gustav estaba examinando con la mano las heridas.

—Un oso —murmuró—. O un lobo.

—¿Un oso? —se extrañó Maija.

¿Qué clase de monstruo podía hacer una cosa así?

—Le llevaremos el cuerpo a la viuda —dijo Gustav.

Maija pensó en Dorotea: el pecho huesudo, el vientre redondeado, la figura todavía de niña. Y pensó en Frederika, en la vena abultada que tenía en la base del cuello, donde la piel se transparentaba de tan fina. Ese trazo azul le daba un aire alegre y asustado al mismo tiempo. «A solo media hora», pensó. A media hora como máximo de su cabaña.

—Tenemos que rastrearlo —dijo ella.

Los hombres se volvieron a mirarla.

—No podemos dejar suelto a un oso asesino.

Henrik miró a Gustav.

Este se puso de pie.

—Muy bien —dijo. Su torcida boca parecía un agujero negro.

El otro se había encogido de hombros.

—Lo acompaño —dijo Maija.

—No hace falta.

—Voy a acompañarlo.

—Está bien.

—A Eriksson —murmuró el hijo de Henrik— se lo ha llevado la montaña.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Maija.

Al chico, de ojos azules, le brillaba el sudor en el bigote. Miraba alternativamente a su padre y a ella.

—La montaña es mala —afirmó.

Gustav se agachó para abrir su mochila de cuero y sacó una lona y unas cuerdas. Extendió la lona junto al cadáver y se puso en cuclillas. Henrik se agazapó a su lado. Ella, tras un instante de vacilación, los imitó. El chico siguió de pie.

Entre los tres, hicieron rodar el cadáver hacía la lona. Pesado y rezumante, el cuerpo se les deshacía en las manos. El chico, detrás de ellos, dio una arcadas sin sacar nada. Maija se concentró en el ribete del sombrero de Gustav y dejó que sus manos trabajaran sin mirar.

—Os esperaremos en la antigua granja de Eronen —dijo Henrik. Echó un vistazo a Maija—. En su granja —se corrigió.

Le dio un empujón a su hijo para que se pusiera en marcha. Cogieron las cuerdas que ataban la lona, se las enroscaron en las muñecas y alzaron el bulto. Pronto se convirtieron en una mancha entre los árboles y se desvanecieron ladera abajo.

Gustav se agachó. Hurgó con un palito en la hierba aplastada. Se incorporó y se acercó a unos claveles que había en un lado del claro. Apartó las diminutas flores de color púrpura, de tallos negros y hojas verde esmeralda, y contempló el musgo plateado de debajo. El ambiente se impregnó enseguida del perfume de las flores, mezclado con un hedor putrefacto.

El rastro los condujo por el flanco oeste del monte Blackåsen. Al pie de la montaña había un marjal de agua negra y matas verdes y esponjosas.

Maija puso un pie con cuidado. El agua se le acumuló en torno al zapato y, sí, enseguida sintió que atravesaba el cuero. Notó su frescor entre los dedos, al tiempo que el líquido se iba filtrando y volviéndose más cálido. Procuró pisar sobre las pisadas de Gustav. Sonaba un chasquido cada vez que levantaba un pie. Era un tipo de terreno que se resistía a soltarte.

—Camine cerca de los árboles —le indicó Gustav sin volverse.

Ella lo hizo así. Se arrimó tanto que iba rozando la corteza de los troncos. Sentía el sostén de las raíces, pero todo lo demás cedía bajo sus pies. El agua del marjal no siempre era negra. A veces lucía un gran manto plateado; a veces reflejaba lo que había por encima. Luego salía el sol y fingía ser azul.

Al otro lado de la ciénaga, la tierra estaba seca y el brezo le daba un aspecto rosado.

—¿Por qué ha dicho el chico que la montaña se lo ha llevado? —preguntó Maija.

Gustav se agachó para examinar las ramitas del suelo.

El sol se iba desplazando por el cielo y el calor cambió. Maija notó que el ambiente se volvía más denso. Era como si le presionaran las sienes con dos pulgares. Iba a entrarle dolor de cabeza. En esta época del año, la luz duraba mucho más. Solamente el cambio en los ruidos del bosque y la inclinación del sol le decía que había caído la tarde, y más tarde que había llegado la noche.

—¿Es fácil seguir el rastro de ese animal? —preguntó.

Gustav se detuvo. Tardó tanto en responder que ella ya creía que no lo haría.

—Sí —dijo por fin—. Tampoco es que intente ocultarse.

—¿Cuánto hace que pasó por aquí?

—El rastro tiene unos días. —Gustav se frotó la barbilla—. Vamos a dejarlo. Ya se ha ido hace mucho.

No obstante, permanecieron allí un rato mirando atentamente entre los árboles.

Cuando dieron media vuelta, se acumulaban algunas nubes en el horizonte. Iba a haber tormenta. Las nubes, de tonos amarillo enfermizo y azul lechoso, se hinchaban y se entremezclaban, como si aún tuvieran que acabar de formarse.

No lo soporto —dijo el sacerdote en voz alta.

Le dio

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Reseñas

Lo que piensa la gente sobre El invierno más largo

4.0
14 valoraciones / 28 Reseñas
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Reseñas de lectores

  • (4/5)
    This was not an easy read for me. Perhaps because it was my first exposure to a novel set in 18th-century Scandinavia, I sometimes struggled to orient myself.

    For example, it took me awhile to grasp that "the Lapps" were not another one of the settler families, like "the Erikssons"; rather, according to Wikipedia, the Lapps are "an indigenous Finno-Ugric people inhabiting the Arctic area of Sápmi, which today encompasses parts of far northern Norway, Sweden, [and] Finland...."

    More than once, a character I thought was dead showed up in a later scene, interacting with other characters. "Wait, I thought [he/she] was dead?" For a long while I thought I was misreading or misremembering which character was which, but it turns out that there are very realistic "ghosts" in this book, though they're not described as such. Interestingly, Swedish ghosts don't look or behave the way ghosts typically do in American folk tales: they're not translucent, they don't float, and they can (sometimes?) actually touch you and cause physical harm.

    Despite my narrative discomforts, I found the initially slow pace really picked up around halfway through the book, and suddenly I was reading a great mystery novel in a quaint setting. It seemed almost as though I was reading about Miss Marple, in her youth, honing her skills in a remote Swedish farming community.

    By the book's end, I had gained immense respect for the clues the author dropped along the way, and the important role some of my early confusion played in setting up some very satisfying discoveries. This is not a book where the reader knows more than the narrators; it requires patience and persistence to find the answers on Blackasen Mountain.




    Disclosure: I received a complimentary copy of Wolf Winter from the publisher in exchange for my unbiased review.
  • (5/5)
    When I think of Lappland images of tipis, the mystical, ethereal lights of Aurora Borealis, a landscape covered with snow, a sky painted with all gradients of pink and purple, clothes in vivid hues of blue and red come to my mind. A place where the tales come alive to mingle with the lives of its people. This is Wolf Winter. A tale that is beautiful in its darkness and haunting in its bleakness. Folktales of witchcraft and ghosts emerge with everyday life becoming the blanket upon which one can forge plans of revenge and redemption.
    At the heart of the story we find Maija - one of the most fascinating characters in recent literature - her eldest daughter Federika, and the Priest who has more secrets than any. Cecilia Ekbäck's protagonists are fleshed out and her beautiful prose leads us into an unforgettable reading experience. Although each character is interesting and extremely well - written, I admit I have a soft spot for our Priest whose name becomes known towards the end of the novel.
    I don't consider myself a slow reader, but I deliberately read this novel as slowly as I could to savour each page. This is one of the rare cases where I hope for a novel to become a film. A dark, beautiful masterpiece in the hands of a Scandinavian director. Somehow, while I was reading, I kept picturing Finland's Peter Franzén as the Priest.
    Such novels are hard to find these days. Do yourself a favour and dive right into it. It will not disappoint you.
  • (2/5)
    Wolf Winter's back cover calls this a 'work of sophisticated suspense and beautiful prose', and I agree with the last part, but I have a feeling that a reader's reaction to this book will have far more to do with their interest in historical fiction than suspense. All told, Ekback's work is well put together, but it's also torn between many genres--historical fiction, suspense, family drama, and general fiction. I'd even go so far as to say that it's got overtones of paranormal fiction or horror. And with all of that being the case, at least for me, the story simply felt like it was being pulled in too many different directions. I'd get truly interested, only to then begin to feel like we were going back in a different direction. Especially in the middle of the book, I was often bored and just trodding along, wondering when we'd get to some form of a wrap-up regarding one of the many sub-plots--often, only to find that another one would be introduced.I did really enjoy Ekback's writing here, but I also feel that too many plots were being pushed together. And, some things slid by the wayside as a result. First, the main character was oddly passive in the final wrap-up; it's true that she felt pushed to investigate things and get some answers...but so far as I can tell, she had little enough to do with the way things played out. Perhaps that's because the wrap-up of the main mystery that got things started was itself something of a disappointment, coming as it did. I won't give it a way here, but to say that it was random and offered by chance is a bit of an understatement.And then, there are the men in the book. Aside from one priest and one villain, the men all bleed together as repeats of one another, with little to nothing to distinguish them or the way they're portrayed--beyond name, of course. With Ekback's focus being on a woman and her two daughters, it makes sense that their characterizations would get more time... but it also doesn't make sense to have the men in the book be little more than paper cut-outs who speak when it's convenient and have little to do with anything.So, while I did enjoy the writing, I didn't actually enjoy this book. I'm not sure whether I'd pick up another work by Ekback at all; I certainly wouldn't pick up something marketed as a thriller/suspense, since that was the least of the genres really represented here, despite marketing, and despite the fact that the beginning and end of the book (the Very beginning, and the Very ending) would have you believe it to be the case... if you didn't read the 340 pages in between.
  • (4/5)
    Reading this book is kind of like being in a hypnagogic trance - one foot in the dream world, one in the waking world, and a general sense of being unsettled. I've never read a book with such a heavy noir vibe that was set in the countryside - let alone the Swedish countryside circa the 1700s. But it totally works. The narrative lulls you along as you stumble into these pockets of something's-not-quite-right. And when I say lull, I don't mean that in a negative sense. Quite the opposite. The writing is melodic and almost entrancing, resulting in a very atmospheric read. I wouldn't exactly call it a page-turner. It's not as easy to digest as the blockbuster thrillers and mysteries of past few summers (re: Gone Girl, Girl on the Train), but it has plenty of surprises and definitely pays off if you give it a little time. The characters are well established, the mystery thoroughly plotted, with a satisfying (though a bit hasty) end. I would definitely recommend this for mystery fans, particularly if you like Scandinavian mysteries.
  • (3/5)
    In the 1700's a family moves from the Swedish coast to the mountains to start a new way of life. Paavo and his wife Maija have left a city where the gossipy townfolk created a dangerous situation for the family, which made a fresh start in the isolated mountains more appealing. The couple and their daughters, 14-year-old Frederika, and six-year-old Dorotea, have only been in their new home for two weeks when the girls discover a dead body not far from their home. The other families living nearby are not immediately disclosing about how this man, Errikson, died, but others allege that the evil of the mountain or a bear attacked him. These answers are not sufficient for Maija, who is determined to find an answer, even if it means stirring up trouble with the other members of her new community. This story is dark and folkloric, with evil spirits who appear able to impact real life events. It was difficult to feel close to the characters due to the distance the writer creates and her focus on the environment and descriptions rather than first hand perspectives. I did not particularly enjoy this novel, which seemed dark and ugly, without much happiness. I found that I had to re-read passages to understand what the author was saying at times, due to her vague writing style. There were also a lot of loose threads that were never resolved.
  • (4/5)
    The year is 1717. A couple and their two daughters move from the Finnish coast seeking a new life away from family fears on a remote mountain in Swedish Lapland. Before long their daughters make a gruesome discovery; it becomes apparent that there is a darkness at work on the mountain, and that this Wolf Winter will be one that can never be forgotten.This is an amazing debut thriller, full of dark suspense and evocatively described winter hardship. Layer upon layer of intrigue creates a page turning web of tension and unpredictability, with superbly drawn out characters.4 stars - an unusual and most enjoyable read.
  • (4/5)
    Brief synopsis: A family of four, the Ranta family, moves north from their home in Finland to the mountain of Blackasen in Sweden. Unbeknownst to them, Blackasen is known for its dark & foreboding atmosphere, where somewhat strange & mysterious things tend to occur, as well as its brutal winters. Shortly after arriving, the body of a dead man is discovered, but the natives tend to be fairly tight-lipped and somewhat indifferent about it. This doesn't sit particularly well with the Rantas (esp. Maija, the mother), and she sets about trying to discover what really happened.Like the few other novels I've read set in Scandinavia, this one also had a very cold and dark feeling to it. The writing style was a bit different and sometimes a little hard to follow, heavier on the description and less so on dialogue. It's a difficult novel to categorize, being part suspense, part folklore, part dream-like. There are a lot of things going on in this novel, but yet the reader never quite gets a good feel for any one particular thing; rather, a vague sort of interpretation of what each character is feeling or doing. The novel is somewhat slow-moving, but it moves along just fast enough to keep the reader going, wondering what is going to happen next.Overall, I found this novel kind of cold and depressing. It is, however, is a good story for discussion, as it is somewhat open to the reader's interpretation. I had mixed feelings. I liked the storyline, but the execution of it didn't necessarily work for me.
  • (4/5)
    I received this book as part of Powell's Indiespensable (Which if you haven't discovered, you really need to).

    The story the book tells is very interesting, and about a time and a culture I had no knowledge of befor e picking up this book. Wolf Winter is set in 18th century Sweden, and follows Maija and her family through a resettlement in a remote village, and the discovery of a murder, on the eve of a brutal winter.

    The story is beautifully written, and well translated into English (I am always a little leery of translated works, but I enjoyed the atmosphere that still came through in the translation. The mountain where Maija and her family make their home becomes a character in its own right, and the surrounding wilderness is colorful and full of life and danger.

    The author certainly seems to have done her homework, and the historical detail all ring true.

    The mystery itself centers around the death of a local man, found ripped open in a clearing on the mountain. Through the story, which weaves from the too-short summer into the deadly winter, we learn more about the dead man, the other settlers on the mountain, the local tribespeople, and the residents of the nearby village.

    The story meanders, introducing characters, subplots, and small tidbits about the murder and the history of the mountain along the way.

    My only complaint about the book is that it ends a bit abruptly, but the conclusion is still a satisfying one. I highly recommend this book to mystery lovers, and anyone wanting to read something a bit off the beaten path.
  • (4/5)
    This is an excellent read. It is slow and it is bleak. Although there are murders and a lot of mystery I would not really classify it as "Scandi-noir". It is set in Swedish Lapland in 1717. Interestingly the author tells us that she tried alternative periods. It is hard to imagine it working in a much later period, because the superstitions of the settlers, particularly in relation to "wise women" and the shamanism of the Lapps are at the core of the book. The story is told through three narrators; a settler left to fend for herself and her two daughters during a terrible (Wolf) winter; her eldest daughter finding herself with the possibility of "gifts" and beginning to emerge into womanhood; and a priest, exiled from his previous role at court. There is a real fourth lead character, the mountain, Blackason, which has a profound impact on all the characters in the book. The writing throughout is exemplary, dripping out ideas and possibilities steadily to make us readers think long and hard about what is happening. I've read a few books featuring terrible winters, but this one really drove the horrors right home to me. I thoroughly recommend this book.
  • (5/5)
    I Received this book by NetGalley for a Honest review Oh This Book was amazing i loved it so Atmospheric. Set in 1717..Maija, her husband Paavo,and their two daughters emigrate from Finland to Swedish Lapland, leaving behind a troubled past. The country is rich and beautiful, but dominated by the ominous mountain Blackasen, said to be a dwelling for evil spirits and dark creatures. Out herding goats, the girls find the body of one of the other settlers.This book is so well written i could just feel the landscape i lost myself totally in this book. Highly Recommend you put this on you must read list as soon as possible!!
  • (4/5)
    The atmosphere of this novel is so dark, and foreboding, her writing so incredibly detailed. I felt the cold, the hunger as the settlers face one of the coldest winters ever, and the fear as things are happening that are not easily understood. It is easy to fall back on superstitions, cries of witchcraft and a return to the old ways. The Swedish Lapland, not an easy place to live, hearty, hardworking people, tasked with survival and dictated to by their church. Even here, politics are at play and things happen that cannot have a rational explanation. Evil is said to rule this mountain area and though the Laplanders are said to have converted to Christianity, the settlers are still very distrustful and suspicious of this group of hardy nomads.Maija and her family come here and become involved in a situation seemingly without explanation. Her and her two daughters will suffer greatly and her daughter Fredricka will form an alliance that some will call unholy, a lasting legacy.A wonderful winter read, and I loved reading about the culture and traditions of these group of early settlers to Lapland. The churches influence and the political struggle. But, ultimately the story is about Maija and daughters, the old ways and the suspicions of those ways. Wonderfully written, with some very interesting characters. A first book from an author I expect big things from.ARC from Netgalley.
  • (4/5)
    A difficult book to place - Historical Murder Mystery, set in the dead of winter 18th Century Sweden. Mysticism, murder, and the incredible difficulty in living in an unforgiving, hostile environment. May we all pull through our Wolf Winters.
  • (4/5)
    Gripping!! Started out as a murder mystery set in 1717 Swedish Lapland. Among a small group of homesteaders, an unpleasant man is murdered. Enter Maija and her family emigrating from Finland; she and an uncle have exchanged properties. Besides the death, there are a mysterious forest fire, disappearance of several folks, including children. The people interact with the local Sami[Lapps]. A mountain seems to exert some kind of sinister pull on the people. Supernatural incidences pile up as the novel progresses, becoming more chilling. Both Maija and daughter Frederika try to solve the mystery. After an unexplained appearance, the girl is gradually drawn into the shamanistic belief system of the Sami. Ostensibly Christian, they still cling to some of their old folkways. Maija, her family, and the whole settlement fight the cruelest winter in living memory upon them. There are red herrings aplenty and twists and turns. When you think you have the story figured out, the author throws something completely unexpected your way. Secrets abound and things are not always what they seem at first glance. The writing was absolutely gorgeous; I was amazed how the author could project such a dark, mysterious atmosphere full of foreboding and sense of dread; I felt the bleakness of the landscape reflecting the bleakness of the characters was especially well done. I really liked her writing of Maija's coping with the harsh winter and also, the final coming of Spring. "On the river and lake the snow begins to open. A spruce tree lets fall on the white below the seeds she has hidden in her cones.Underneath the snow, on the ground, there are things, things long thought dead: flowers in knots, whole branches held in tight buds. They start to tingle and stir.... In a clearing on the mountain's west side the snow moves. It's being torn away from below. A paw breaks through, and a litter of bear cubs peer out from their den. There's a fluttering in the air. It's the small creatures that dare to return: tits and starlings. They dart through the air, hoping to find last year's nests still intact.... The snow is leaving. The mounds sink and settle, pour out and down. It's already down to its first layers: coarse and grainy, so transparent, the ground is almost visible right through.The river tries to break through her lock. She groans. Down by her outflow she begins to gnaw at the lake ice. Then she pushes through with a scream. Her whole center starts slipping downward, slowly at first, then tearing down.... Highly recommended for that frisson of fear!
  • (5/5)
    I have rarely read a book where the style of writing so closely mirrored the physical environment of the story. Wolf Winter is set in the bitter cold of a winter in northern Sweden in the 18th century. The spare, biting prose perfectly matches the bleakness of the surroundings. Not a word is wasted, dialogue is minimal and terse. It is the literary experience of stepping outside into a freezing wind, a wonderful piece of writing. Ostensibly the story concerns a murder, the body of a man is found torn open as if by wolves, but it is soon determined that he been killed by human, not animal agency. Finnish immigrant Maija almost inadvertently finds herself tasked with solving the murder. Already burdened by the suspicions of the insular locals towards an outsider, as well as the absence of her wastrel husband and the problem of feeding her two daughters, Maija struggles against the unforgiving climate and the murdered man's family, whose behaviour is distinctly odd, to solve the crime before she herself is condemned by the locals for witchcraft. In addition she has to deal with a priest who has a secret, a bishop with an even bigger secret, and an exiled noble couple with the biggest secret of all. The story is almost incidental to Maija's struggle to survive the hostile environment and the equally hostile locals, this is primarily a story about how people placed under extreme environmental and social pressure cope and survive. It is a gripping read, following Hannah Kent's wonderful Burial Rites, one wonders if there is a new movement in Scandinavian crime fiction brewing, not so much Nordic noir, as something like Nordic climate crime fiction, where the environment is as much as an enemy as the criminals. A great read, highly recommended.
  • (5/5)
    Murder in the Swedish Laplands. It is 1717 and winter is beginning, as a Finnish family moves from their coastal town to a home on Blackasen Mountain. Shortly after their arrival, their two young daughters, find the mutilated body of a man. Most of the other residents think it was a bear or a wolf attack, but mysteries begin to surface, which will threaten everyone...This is a deeply atmospheric novel, filled with rich detail, a dense plot and deft writing. There is also a strong mystical element, that really fits the story. I think fans of Burial Rites, will find much to admire here, since both books share, the same dark, ponderous, tone and historical depth.Nordic Noir at it's finest.
  • (4/5)
    Wolf Winter is a mystery - both literally and figuratively. It is set in the 1700's in Swedish Lapland. The terrain is terribly inhospitable and the people are reclusive and superstitious. A new family, mysterious disappearances of children, a failed harvest and an early winter all combine to create an atmosphere of fear and mystery. Everyone suspects everyone else and the only insights on what is happening come from the newest settlers. The writing is spare and clean and it's easy to miss important details if, like me, you are only reading a chapter at a time. Once I picked up the book and read straight through, I was mesmerized. The only possible disappointment is the ending. Or rather, that it ended at all.
  • (4/5)
    Una historia que te atrapa desde el principio y hasta el final.
  • (5/5)
    I loved this book! Eckbaeck's voice is wonderfully different, her characters (particularly the main female characters) are so well delineated, and the scene-setting and story telling are extremely vivid. I want to know more about these people ... wish there were a sequel (or prequel)!
  • (4/5)
    I would give this 4.5 stars! I really really loved this book. I started it and did not want to put it down! I don't know why books based in the Scandinavian countries are blowing me away this year but bring them on! Despite the cold weather I am enjoying reading these books based in cold climates.

    The book is set in a Mountain area near the border of Finland and Sweden in 1717. The settlers live side by side, but not really in harmony, with the indigenous Lapp people. Maija and her family arrive to farm their uncle's homestead. Immediately they are confronted with a mystery that sets in motion all manner of intrigue. While trying to solve the mystery we meet their fellow settlers, the local Priest, two of the Lapp leaders, and some noblemen. We learn how they lived in this time period, how they were governed, how the weather played a pivotal role in their survival, and how quickly fortunes could change. Everyone has their secrets, and no one trusts anyone. Maija's daughter is realizing that she has a gift, and she is learning to use it and trying to control it. She knows that her gift can be her downfall, but it can also help others and so she struggles to rein it in.

    This book reads as a mystery and as historical fiction, I am not a huge mystery fan, but here it all works well together, the mystery drives the plot. I would call it a literary mystery! The author is from this region although she now lives in Canada. She writes beautifully, both her descriptive writing and her character development are superb. Her characters are quiet, life here is hard and flashy displays of emotion are frowned upon. The author uses this in her writing, she manages to have her characters convey so much with little more than a few words or a slight gesture. If you like big bold writing you will have to pay a bit more attention here, no skimming or you will miss much!

    I would have given this book 5 stars, however the ending got a bit convoluted for me with too many plot threads thrown in for historical accuracy. I felt they were unnecessary and took the narrative away from the local characters. I hope Ekback reaches back to her family's background for more stories of this nature - I enjoyed both her writing and the content!
  • (4/5)
    A Swedish mystery set in 1717, this was a surprising read, skilfully accomplished. This is a book more suited to adults, although the protagonist seems to be Frederika, a young girl which is surprising as the general rule for fiction is the age of the main character determines the reading age. I loved the historical atmosphere, the remoteness and added complications of the environment. There were enough twists and possibilities to keep the reader guessing, with the setting as much a character as any of the people.
  • (4/5)
    Swedish-born writer Ekbäck’s debut crime thriller is set in remote north Sweden in 1717. The long darkness of winter is closing in, and the scattered homesteads on Blackåsen Mountain are preparing for what the signs suggest will be a rough time. The Lapps who have come south for the season say it will be a “wolf winter,” which they describe as “the kind of winter that will remind us we are mortal. Mortal and alone.”Paavo, his wife Maija (MY-ah), and their daughters, 14-year-old Frederika and six-year-old Dorotea, are new arrivals from Finland, and they haven’t spent a winter this far north before. They aren’t sure what to expect, even though they don’t know the mountain’s dark history of evil portents and mysterious disappearances. One thing they do not expect is for Paavo to decide to leave his womenfolk on their own and travel to the coast to try to earn some money. He won’t return before spring. And they definitely don’t expect that Frederika and Dorotea will discover the mutilated corpse of one of their new neighbors, a man named Eriksson, in a glade where they’d intended to pasture their goats. When Eriksson's death comes to light, some of the neighbors attribute the savage attack to a bear, others suggest wolf, but Maija who is an earth-woman by training—a midwife and healer—insists the death was caused by a human agent. Almost certainly, a murderer is in their midst.Yet no one misses Eriksson, a man who made it his business to ferret out and exploit people’s weaknesses. “Sometimes God did take the right people” seems to be the view. In this tiny community in which everyone knows everyone else and, presumably, most of their secrets and hidden grudges, the layers of deception keep being peeled back. In the region's central town the immense power of the church resides in the person of the priest, Olaus Arosander. He starts out as Maija’s adversary, skeptical of her belief Eriksson was murdered. While he doesn’t trust her kind of knowledge, he has secrets of his own that put him at odds with his church’s views. Over time, Maija and Arosander both become committed to determining what happened to Eriksson, and whether his death is the end of violence on Blackåsen Mountain or the beginning.The notion of wolves takes on both a corporeal and metaphoric significance in the story. It becomes clear that predators are ravaging the countryside, preying on the community’s weakest members. Darkness, too, means more than the months’ long absence of sunlight. It also refers to the special knowledge—call it intuition, call it the ability to read signs, call it something more, but don’t dare call it sorcery—that helps Maija sort truth from misdirection. In that place and time, such “special knowledge” was a potentially deadly inheritance, one that Maija received from her dead grandmother and which she fears has been passed on to Frederika, who doesn’t yet understand its power or how to control it. Wolf Winter works well as an audio book. Bresnahan’s narration is clear, and the characters are easy to distinguish both by the reader’s voice and Ekbäck’s helpful cues regarding the speaker’s identity. This is a perfect listen for the shortest days of the year—preferably in front of a fire, in heavy socks and woolly robe, because the novel’s chills come from both the weather so ably described and the hearts of the characters. Another great contribution to the Nordic noir tradition.
  • (5/5)
    Sensational!From previous reviews I mentally girded my loins for the read saying to myself, 'really do I have the staying power this?' Wow!Ekbäck's word smithing builds a wonderful pictography of Sweden's forests and marshes of 1717, alive with all sorts of smells and sounds and colours, from the starkness of winter to the full light of the sun.The people are real and palpable, with just that touch of distance, that aloneness, that reflects the hugeness of their physical surroundings. Yet intimacy comes from their stories, Those of Maija, Frederika, the priest, all of them as various revelations are made. Maija and her family, the last to come to Blackåsen Mountain are the catalysts, pivotal to the action that follows.Murder, death, the priest, the fear of the Laplanders, the harsh winter, all escalate towards a culminating spiral of intrigue. Part mystery, part mystique encompassing political turmoil and the demands of the King.The spirit of Ericksson the murdered man communicates with Frederika. Her dead grandmother seems to give her advice, or is it the memory of her grandmother. Sometimes the lines blur. Ericksson tells her to find her path. Frederika is an old woman in a child's body. She see hears and partly understands. Frederika, coming into her womanly body, coming into her gifts.And then there's the wolves....and the secrets pile up and draw you further into this web of intrigue.I needn't have worried. Wolf Winter grabbed me from the opening paragraph and never let me go until the end. Secrets and surprises, plots within plots, evil allowed to flourish--for the greater good...and a woman who is drawn to ask the questions and cannot let it be!A remarkable novel.A NetGalley ARC
  • (5/5)
    Wolf Winter by Cecilia Ekbäck is part thriller, part historical fiction, exceedingly atmospheric, with dynamic characters and an overall story that will stay with the readers long after the book has been read. In the early 18th century, Paavo, Maija, and their daughters Frederika and Dorotea arrive from Finland to Swedish Lapland in the hopes of creating a better life for themselves. They heard goats on the mysterious and haunting Blackåsen Mountain. One day Frederika happens upon a dead body, which is all too quickly dismissed as a wolf attack. Maija refuses to believe Ericksson’s death was a wolf attack and delves deeper into the secrets held within the area of Blackåsen. All too soon the season turns bitterly cold, coined the wolf winter, and as the winter increasingly becomes harsh, the families are forced to move closer to each other for survival, a necessary move, yet Maija believes there is a murderer in her midst and is mistrustful and wonders if they will make it to spring. Wolf Winter is a very dark story filled with 18th century rituals and beliefs that surrounded Sweden, the rituals of the Swedish Church, and more importantly the Blackåsen area. Wolf Winter is such a well-written book; it is easy to feel as though one is there with Maija, Frederika, and Dorotea. I would highly recommend this book to all readers who enjoy well-written mysteries and thrillers, historical fiction, and to all book discussion groups, there is a so much to discuss. I look forward to reading other works by Cecilia Ekbäck.
  • (4/5)
    Set in Swedish Lapland in the early 1700’s, this novel is a combination of historic fiction and murder mystery. While herding goats on their farmstead near Blackasen Mountain, Fredericka discovers the body of a man that has been torn apart. When the settlers find the body, the men attribute the death to wild animals, most likely wolves. But Fredericka and her mother Maija know that the evidence doesn’t look like a wolf attack – more like the work of a killer. But winter is coming and the Blackasen settlers are busy preparing their farms. As the weather gets worse and worse, the settlers talk of moving in together to keep each other safe from the horrific weather conditions and the wolves. But will they be safe if one of them is a murderer? The writing style of this book is fantastic. Ominous and foreboding, there is definitely a sense of doom and terror as the book unfolds.
  • (4/5)
    It is 1717; the Ranta family (Paavo, Maija and their daughters Fredericka and Dorotea) move to Blackåsen Mountain in Swedish Lapland. Shortly after their arrival, 14-year-old Fredericka finds the mutilated body of Eriksson, a man disliked by both the other settlers on the mountain and the Lapps who have a winter camp in the area. The locals want to blame wolves but Maija believes murder was committed and is determined to find the killer. Maija is joined in her search by Fredericka who has inherited “gifts” which lead her into the supernatural realm especially when she becomes drawn into the shamanistic belief system of the Lapps. The local priest also delves into Eriksson’s death when his bishop insists that the murderer be identified. The perspectives of these three are given throughout, though narration is always in the third person.Blackåsen Mountain is very much a character in the novel. It is a brooding and menacing presence throughout, especially when the wolf winter arrives, a season which a Lapp explains to Fredericka: “’it’s the kind of winter that will remind us we are mortal . . . Mortal and alone’’ (119). And the settlers certainly are isolated. There are only six homesteads on the mountain and the nearest village is a day’s travel. Even in that village only four households live year-round.This setting is perfect for an exploration of fear. Fear of the new and the unknown permeates. When disturbing events occur, the people quickly fall back on superstitions including belief in witchcraft and sorcery. Even Maija who believes in the power of reason (189) realizes “Wise people were afraid of fear . . . [because] it was hard not to get caught in the webs of other people’s fears, especially if it concerned your children” (76). The novel also examines other human emotions. Maija observes that “Grief ate away at people until they had a different shape from before. Her mother had said many bad emotions could do the same: grief, hatred, fear . . . ”(162). In the face of hardships, Ekbäck seems to suggest that Scandinavian stoicism is the way to proceed. A Lapp elder compares people to two trees whose crowns are intertwined; one has a twisted trunk and the other has a straight though scarred trunk. He says, “’Both of them have faced the same hardship, but they responded in different ways’’ (198). Maija makes the same point with another nature metaphor using two lakes, one which had turned into a marsh and one which remained a lake: “A being was either strong enough to hold their ground, or they became small and bottomless and started feeding on themselves” (101). Several times Maija mentions the need to “try to go on” (194). “[You] had to go on, keep moving, find new ways, look again” (213). One should not submit to fear or hatred but remain strong, like the straight tree or the large lake, and use reason.Characters are well-developed. All of the homesteaders are clearly differentiated, though it becomes clear that all moved to the mountain to flee something or someone. Their rivalries and secrets make them all suspects. Of course, it is the characters of Maija, Fredericka and Olaus, the priest, which are more fully developed. All three are flawed and don’t always make wise choices, but all learn from their mistakes. This is not a fast-paced thriller. It actually moves very slowly at first, but I did not find my interest lagging. I was, however, frustrated with the lack of background about the political situation. There is an author’s note at the end, but it comes too late. The references to the wars lead by the Swedish king, treasonous plots, and the threat of conscription are inserted without much explanation. It is clear that the church dominates the lives of the community and serves as an arm of the state but, again, there is little explanation of religious terms like Lady Day and Missa Candelarum. This is a very enjoyable read. It is a historical mystery in an exotic locale with credible characters and interesting thematic development. Reading it in winter might be most appropriate but on a hot summer day it will bring a refreshing chill.
  • (4/5)
    Dark and cold are the words that come to mind when I think of Wolf Winter by Cecilia Ekback. Dark story and setting, cold people and weather. The year is 1717 and Maija, her husband and her two daughters come from Finland to live in Lapland. They traded the family fishing boat for the property on Blackasen Mountain. They find a harsh land with only a few other settlers as neighbours. When the daughters are out on the mountainside herding goats, they discover the body of Eriksson. Others try to say that he was killed by wolves or a bear, but Maija can tell that this is the work of a man. Convinced that there is danger here, Maija sets out to discover who killed Eriksson and why. Meanwhile the winter is setting in, and this will prove to be a very bad winter indeed.The book is written beautifully, the prose pulls the reader into this frigid, dark world described in poetic language with strong, haunting descriptions. It is obvious that the author knows of what she writes and her historical details are accurate and interestingly woven into the story. I loved the opening and middle of this book, but found during the closing third section that the story seemed to lose it’s intensity and balance. Although I felt the story suffered somewhat from the slow pace of the book, this measured movement did help keep the mood both depressing and threatening. Eerie, brooding and menacing, Wolf Winter breathes life into a remote time and place. This is the first novel by author, Cecilia Eckback and this historical mystery with it’s themes of death, fear and curses is one that I am sure will linger in my mind for some time.
  • (3/5)
    The setting for this book - Swedish Lapland - really intrigued me. How people can live there NOW, never mind the early 18th century boggles the mind. Billed as a thriller, it’s got plenty of murder and treachery, but the pace is slow and the menace of a more psychological bent. There’s also a supernatural aspect that irritated me whenever it came up. I mean, living at the end of the earth in the arctic circle isn’t hard enough? That’s an aspect of the novel that never let up - the realistic portrayal of subsistence living in the extreme north. The details about blizzards, farming, hunting, butchering, starving, frostbite, religious persecution, political scheming and weighing up sacrifices were all sharply rendered. There is no village per se, but the people, known to each other as settlers, almost always bond together and do their best to help each other out when the worst happens. That doesn’t mean all is rosy. No, there’s a worm in the heart of this withered blossom and it’s murder. The killing breeds suspicion and superstition and of course most of it falls on the newcomer and healer, Maija. Fear is a terrible thing for us humans. It makes us do the stupidest things. The way the novel is told is pretty oblique and much of the insight comes from Maija, not that her fellow settlers thank her for it. Every time she comes into their crosshairs she raises reasonable doubt that sets them on the path to the truth. Of course nothing is as it seems and events that appear connected turn out not to be and more than one villain is hiding among them. Many of the main characters are women and the shortage of men (death, desertion and conscription) means that though they are still treated as 2nd class citizens, most of them speak their minds and deal with the harshness of life head on. Dorotea’s fate is particularly heartbreaking. Majia’s daughter Frederika is also trying to solve the mystery of Erikson’s death. She has a more direct and dangerous reason though; Erikson himself. His ghost follows her and torments her with cryptic remarks and even manages to cut her severely with a knife. I just love how the resident Lapps tell her not to mess with the spirits etc, when she has no choice. And Erikson isn’t the only threat, both Frederika and her mother encounter wolves who aren’t the only ones starving on Blackåsen mountain. A bit meandering, but written with real bite and an affinity for the darkness that rules Swedish Lapland half the year.
  • (4/5)
    Maija and Paavo, along with their two daughters Frederika and Dorotea, move across the ice from Finland to Sweden, to settle in to their Uncle's abandoned homestead at the foot of the Blackasen Mountain. It is Winter in Sweden, 1717, and before they have settled, Frederika finds the mutilated corpse of one of the locals and everyone fears that wolves have begun hunting Humans, but what wolf can cause an injury so straight and clean, without causing any other injuries?


    This book, I have to say, was quite sublime. It begins with Maija and her family moving and settling in to their new home and meeting all the other homestead owners, including the new priest of the local town, which is empty and unused for all the year except the Yuletide celebrations. There is caged animosity toward Maija and her family at first, but it is mostly veiled and nothing serious. None of the characters particularly tugged at my heartstrings, nor did I identify with them, but I found them all to be well-shaped and never clichéd.

    The narrative felt quite jarring at first, because the sentences are short and no words are wasted, so you have to read it quite closely in order to not miss any details. With time you become used to this style and find that it actually fits perfectly with the storyline. The storyline itself was quite slow at first, but around half-way it burst in to a blinding light and suddenly I found myself supremely intrigued. There is an element of magic to the storyline, which counteracts the religious backdrop.

    It varies between light and dark the same way that Winter can and I found myself feeling pathetic as I huddled in my duvet against the -0.5 degrees Celsius I was experiencing whilst reading about Maija, Frederika and Dorotea trying to escape the snow drifts as it crept in to their very home.