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2 Timoteo

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2 Timoteo

valoraciones:
3.5/5 (4 valoraciones)
Longitud:
360 páginas
6 horas
Publicado:
Sep 2, 2011
ISBN:
9780825486340
Formato:
Libro

Descripción

Uno de los mejores comentarios del Nuevo Testamento disponibles en español, escrito por uno de los grandes pastores de nuestro tiempo. Un excelente recurso para la preparación de sermones, el estudio personal y la vida devocional
Publicado:
Sep 2, 2011
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9780825486340
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Libro

Sobre el autor


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2 Timoteo - John MacArthur

Título del original: The MacArthur New Testament Commentary: 2 Timothy © 1995 por John MacArthur y publicado por Moody Publishers, 820 N. LaSalle Boulevard, Chicago, IL 60610. Traducido con permiso.

Edición en castellano: Comentario MacArthur del Nuevo Testamento: 2 Timoteo © 2012 por Editorial Portavoz, filial de Kregel Publications, Grand Rapids, Michigan 49501. Todos los derechos reservados.

Todos los derechos reservados. Ninguna parte de esta publicación podrá ser reproducida, almacenada en un sistema de recuperación de datos, o transmitida en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico, mecánico, fotocopia, grabación o cualquier otro, sin el permiso escrito previo de los editores, con la excepción de citas breves o reseñas.

A menos que se indique lo contrario, todas las citas bíblicas han sido tomadas de la versión Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso. Reina-Valera 1960™ es una marca registrada de la American Bible Society, y puede ser usada solamente bajo licencia.

EDITORIAL PORTAVOZ

P.O. Box 2607

Grand Rapids, Michigan 49501 USA

Visítenos en: www.portavoz.com

ISBN 978-0-8254-1561-6 (rústica)

ISBN 978-0-8254-6487-4 (Kindle)

ISBN 978-0-8254-8634-0 (epub)

Realización ePub: produccioneditorial.com

A Steve Camp,

cuyo celo por lo revelado divinamente

une nuestras almas y nos otorga

una amistad profunda que pertenece

a quienes comparten tal pasión.

Contenido

Cubierta

Portada

Créditos

Dedicatoria

Prólogo

Introducción

1. Motivación a un hijo espiritual (2 Ti. 1:1-5)

2. No avergonzarse de Cristo (2 Ti. 1:6-18)

3. Los elementos de la vida espiritual fuerte (2 Ti. 2:1-7)

4. Los motivos para el ministerio sacrificial (2 Ti. 2:8-13)

5. El peligro de las enseñanzas falsas (2 Ti. 2:14-19)

6. Un instrumento para honra (2 Ti. 2:20-26)

7. Peligro en la iglesia (2 Ti. 3:1-9)

8. Firmes contra la apostasía (2 Ti. 3:10-14)

9. La obra del mundo (2 Ti. 3:15-17)

10. Marcas del predicador fiel (2 Ti. 4:1-5)

11. El epitafio triunfante de Pablo (2 Ti. 4:6-8)

12. Amigos y enemigos (2 Ti. 4:9-22)

Bibliografía

Índice de palabras griegas

Índice de temas

Prólogo

La predicación expositiva de todo el Nuevo Testamento sigue siendo para mí una experiencia de comunión y gratificación divinas. Mi meta siempre es tener una comunión más profunda con el Señor para entender su Palabra y, a partir de esa experiencia, explicar a su pueblo el significado del pasaje. Usando las palabras de Nehemías 8:8, me esfuerzo por [ponerle] el sentido al texto de modo que las personas puedan oír de verdad cómo Dios les habla y, al escucharle, puedan responderle.

Obviamente, el pueblo de Dios necesita entender a Dios y para ello necesitan conocer su Palabra de verdad (2 Ti. 2:15) y permitir que esa Palabra more abundantemente en ellos (Col. 3:16). Por tanto, el impulso dominante de mi ministerio es ayudar a que la Palabra viva de Dios se avive en su pueblo. Es una aventura estimulante.

La serie de comentarios del Nuevo Testamento refleja este objetivo de explicar y aplicar las Escrituras. Algunos comentarios son principalmente lingüísticos, otros son sobre todo teológicos y algunos tienen un enfoque más homilético. Este es básicamente explicativo o expositivo. No es técnico en lo lingüístico pero usa la lingüística cuando parece útil para una interpretación apropiada. No es teológicamente amplio, pero se enfoca en las doctrinas principales de cada texto y su relación con todas las Escrituras. No es primariamente homilético aunque cada unidad de pensamiento se trata en general como un capítulo, con un delineamiento y flujo lógico de pensamiento. La mayoría de las verdades se ilustran y aplican con otras Escrituras. Después de establecer el contexto de un pasaje, he procurado seguir de cerca el desarrollo y razonamiento del escritor.

Mi oración es que cada lector pueda entender lo que el Espíritu Santo está diciendo por medio de esa parte de la Palabra de Dios, de forma que esa revelación pueda alojarse en la mente de los creyentes y llevarles a una mayor obediencia y fidelidad, todo para la gloria de nuestro gran Dios.

Introducción

AUTORÍA

Algunos críticos cuestionan la autoría paulina de esta segunda carta argumentando que, en tan íntimo mensaje, no se habría preocupado por enfatizar su apostolado, algo que Timoteo nunca habría cuestionado. Pero Pablo menciona muchas verdades aquí que Timoteo ya sabía y creía firmemente. Él confirmó su apostolado al escribir para fortalecer y animar a su acosado y a veces tímido joven amigo, y para respaldar la autoridad de Timoteo en su liderazgo y enseñanza.

Se ha dicho que esta carta es la última voluntad y testamento de Pablo. Sabía que el tiempo de su partida estaba cerca (4:6), que su vida y su ministerio terrenales terminarían pronto.

TRASFONDO

Pocos años antes (64 d.C.), Nerón había ordenado incendiar Roma, su propia ciudad capital, que ardió sin control durante seis días y seis noches. No solo quedaron destruidas las chozas de madera de los pobres, lo mismo ocurrió con las mansiones de piedra de los ricos, los sólidos edificios públicos y los magníficos templos o altares paganos. Tácito, historiador romano, escribió: Pero todos los esfuerzos humanos, los regalos suntuosos del emperador y las propiciaciones de los dioses no acabaron con la creencia siniestra según la cual la conflagración resultó de una orden de Nerón. En consecuencia, para zafarse de ese reporte, Nerón culpó e infligió severas torturas en una clase odiada por sus abominaciones, llamada cristianos por el populacho.

Durante el primer encarcelamiento de Pablo en Roma, estuvo bajo arresto domiciliario. Dentro de esos confines, al parecer era libre de recibir visitas, predicar y enseñar (Hch. 28:30-31). Pero en el momento de esta epístola, unos cinco o seis años después (66 d.C.), estaba encadenado (2 Ti. 1:16), languideciendo en una prisión romana y lo trataban como a un delincuente (2:9): con poca luz para leer o escribir, sin salubridad y sin perspectivas de alivio, excepto por la muerte. Mientras que en su primer encarcelamiento tuvo alguna medida de comodidad y le concedieron algo de libertad, ahora estaba confinado en un calabozo frío, húmedo y posiblemente abarrotado de gente. Es notable que, además de dar testimonio a los demás presos, estuviera en capacidad de escribir cartas.

Sin embargo, lo peor es que todos los de Asia Menor lo abandonaron (1:15; 4:16), excepto Onesíforo (1:16), y solo Lucas estaba con él (4:11). El apóstol perdonó generosamente a los desertores, pues dijo: No les sea tomado en cuenta (4:16), pero la cobardía e ingratitud de estos debieron haberle producido gran dolor y desilusión. Como su Señor, fue olvidado por aquellos a quienes había servido y amado más. Había llevado a muchos de ellos al Señor y los había edificado no solo como apóstol sino como padre espiritual y amigo.

La iglesia de Éfeso había caído en mayor corrupción teológica y comportamiento impío. Los líderes de la iglesia, incluido Timoteo hasta cierto punto, estaban aún más débiles y eran menos eficaces que cuando se escribió 1 Timoteo. La herejía, la apostasía e incluso la persecución se habían vuelto más destructivas.

Esa situación, además del abandono de la mayoría de sus amigos, hacía que el anhelo de Pablo de ver a Timoteo fuera particularmente doloroso y le implora dos veces que procurara ir pronto a verle (2 Ti. 4:9, 21).

MENSAJE

Pablo estaba pasando el manto del ministerio a su hijo en la fe y le instaba a perseverar en la fuerza y la fidelidad (2:1). También entendía que, a pesar de que Timoteo era sano en doctrina y en su piedad personal, era propenso a flaquear. Por tanto, le recordó que no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio y le ordenó amorosamente no avergonzarse de dar testimonio [del] Señor, que retuviera la forma de las sanas palabras que de [él oyó], en la fe y amor que es en Cristo Jesús, que guardara el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en [ellos], que procurara con diligencia [presentarse] a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad, que huyera también de las pasiones juveniles, y [siguiera] la justicia, la fe, el amor y la paz y que evitara ser atrapado en cuestiones necias e insensatas (2 Ti. 2:7-8, 13-14; 4:15, 22-23).

Pablo quería que Timoteo entendiera completamente que él (Timoteo), como el apóstol, estaba bajo compulsión divina como ministro de Jesucristo (cp. 1 Co. 9:16). Sus palabras finales a Timoteo incluyen unos cuantos elogios pero muchas admoniciones, incluyendo alrededor de veinticinco imperativos de órdenes; varias de ellas fueron las citadas anteriormente. Nueve de los imperativos están en el capítulo 4 que es, con mucho, la sección más personal de la epístola. Pablo quería que Timoteo entendiera que estas no eran solamente sugerencias de un amigo y consejero querido, sino que eran mandamientos inspirados divinamente de parte de un apóstol del Señor Jesucristo.

En su propósito más amplio, la epístola es un llamado a todos los creyentes para que procuren fortalecerse e ir en pos de la fidelidad en el servicio espiritual.

Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, según la promesa de la vida que es en Cristo Jesús, a Timoteo, amado hijo: Gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y de Jesucristo nuestro Señor. Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día; deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo; trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también. (1:1-5)

Como se mencionó en la Introducción, la instrucción principal de Pablo a Timoteo comienza en el versículo 6 del capítulo 1. Los primeros cinco versículos son de motivación y constituyen un saludo hermoso y conmovedor al amado hijo en la fe del apóstol. Aun así, estos comentarios tan personales reflejan principios pertinentes no solo para el discipulado de Pablo a Timoteo, sino también para los padres cristianos, maestros de escuela dominical, líderes de jóvenes, pastores, consejeros, vecinos y amigos… para cualquier creyente que esté ayudando a otro a crecer hacia la madurez en Jesucristo y la eficacia en el ministerio.

Estos seis principios de motivación, implícitos pero fácilmente discernibles, son: autoridad (1:1-2a), altruismo (v. 2b), aprecio (v. 3a), intercesión (v. 3b), afecto (v. 4) y afirmación (v. 5).

AUTORIDAD

Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, según la promesa de la vida que es en Cristo Jesús, a Timoteo, amado hijo. (1:1-2a)

El primer principio de la motivación espiritual exitosa es el de autoridad, como se ha visto en la declaración inicial de Pablo, según la cual era apóstol de Jesucristo. Como se explicó en la Introducción, Timoteo entendía bien el apostolado de Pablo. Aquí se menciona para recordar que, a pesar de su relación cercana y amorosa, Pablo estaba por encima de Timoteo en autoridad espiritual porque él llevaba la Palabra del Señor y escribía en esa capacidad.

La intimidad no excluye la autoridad. La relación de amor que tienen los padres con los hijos no excluye su autoridad sobre ellos. Una relación de amor entre padre e hijo y sin autoridad está condenada a la tragedia para toda la familia. Sin importar cuán cordial sea una relación laboral, ningún negocio puede tener éxito si los empleados no reconocen ni se someten a la autoridad del empleador por encima de ellos.

Aunque Pablo y Timoteo compartían una amistad profunda, el saludo del primero al segundo llevaba todo el peso de su apostolado. Apostolos (apóstol) significa literalmente enviado, mensajero, como se traduce algunas veces (p. ej., 2 Co. 8:23; Fil. 2:25). Pero en el Nuevo Testamento lleva usualmente la connotación de embajador, un representante que lleva consigo la autoridad de quien representa. En ese sentido se usó cuando Jesús llamó a los doce discípulos durante su ministerio terrenal (Lc. 6:13; 9:10) y a Pablo, a quien Cristo llamó desde el cielo después de su ascensión (cp. Hch. 9:3-15; 22:6-14; 26:13-18). El Señor usó la forma verbal para referirse a Él: "Y a Jesucristo, a quien [el Padre ha] enviado [apostellō] (Jn. 17:3) y en el libro de Hebreos Jesús es llamado el apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión" (3:1).

Como apóstol de Jesucristo, Pablo estaba en el lugar de Cristo, hablaba la Palabra de Cristo y lo hacía por la voluntad de Dios, el Padre Todopoderoso. Pablo no solo escribe a Timoteo como a un amigo querido, sino como un embajador divinamente comisionado por Dios Padre y por Dios Hijo. No está ofreciendo un consejo fraterno sino declarando la verdad divina con autoridad firme.

Pablo lo hace de acuerdo con el evangelio, lo cual significa de conformidad con el evangelio, aquí llamado la promesa de la vida que es en Cristo Jesús. El llamado de Pablo a servir la voluntad de Dios como mensajero del Salvador había que llevarla a cabo mediante la proclamación de las buenas noticias de salvación de que quienes estaban muertos en el pecado pueden encontrar vida en Cristo Jesús. Esa frase, en Cristo Jesús, era favorita de Pablo, la usaba para hablar de su propia unión —y la de cada creyente— con nuestro Señor y Salvador a través de la participación en su muerte, resurrección y vida eterna. Jesús es el camino, y la verdad, y la vida (Jn. 14:6), e hizo la promesa divina de que todo aquel que en él cree, no se [pierde], mas [tiene] vida eterna (Jn. 3:16) y la tiene en abundancia (10:10). Quienes afirman esa promesa en fe pueden afirmar con Pablo que Cristo es su vida (cp. Col. 3:4).

Todo buen padre desea profundamente una relación rica e inquebrantable con sus hijos. De la misma forma, Pablo no solo la deseaba, sino que experimentaba y expresaba la intimidad del lazo de amor que compartía con Timoteo, su amado hijo. Y así como esa intimidad no excluye la autoridad, tampoco la autoridad excluye la intimidad. Como padre espiritual amoroso, Pablo habló con autoridad apostólica a su hijo en la fe. Esa autoridad le daba a Timoteo un incentivo fuerte para la obediencia.

ALTRUISMO

Gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y de Jesucristo nuestro Señor. (1:2b)

Aunque solía expresarse como un saludo, estas no eran simples palabras, sino la expresión de un deseo genuino para que lo mejor de Dios fuera realidad en la vida del joven predicador. Timoteo debía sentirse motivado por el altruismo de Pablo, su interés generoso y devoción por el bienestar de los demás. Como todos los creyentes, su joven protegé era salvo por la gracia divina, el favor inmerecido de Dios que proveía perdón y justificación. El apóstol quería que su hijo en la fe continuara viviendo en la misericordia divina, la bendición inexpresable de liberarse de la miseria que el pecado conlleva y crea. También quería que Timoteo continuara en completa paz en su mente y corazón, la tranquilidad interna producida por la gracia y la misericordia divinas. Quería que Timoteo tuviera lo mejor a ofrecer de Dios Padre y de Jesucristo nuestro Señor a los pecadores redimidos: gracia para cubrir el pecado, misericordia para rechazar el pecado y paz para dominar la vida.

Si de verdad queremos motivar a otros creyentes, como Pablo, debemos tener preocupación genuina, amorosa y sin condiciones por su bendición espiritual. Además de que reconozcan nuestra autoridad dada por Dios, queremos que nuestros hermanos y hermanas en Cristo sepan que los amamos sin reservas. Esto también produce respuestas.

APRECIO

Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, (1:3a)

El tercer principio de la motivación espiritual exitosa es el aprecio. No solamente era Pablo una bendición para la vida de Timoteo, sino que Timoteo era una bendición para Pablo. "Doy gracias a Dios por ti, le aseguró el apóstol, queriendo decir: Estoy agradecido por lo que Dios ha hecho por mí a través de ti". Aunque Pablo estaba en un calabozo romano oscuro, húmedo, peligroso, sucio y apestoso, se regocijaba porque el Señor le había dado el privilegio de conocer y discipular a Timoteo. Él no era amargado ni resentido. No sentía rabia u odio por quienes lo habían puesto en prisión ni por los delincuentes brutales y duros que estaban a su lado. No lamentó la ejecución cruel e injusta que sabía que le esperaba. Su pensamiento estaba en el Dios soberano y en los recuerdos de su amado hijo en el espíritu, con quien había pasado tantas horas benditas de servicio mutuo a Dios y a quien probablemente nunca volvería a ver en la carne. ¡Solo el Señor podía dar una perspectiva tan increíblemente bella!

Los jóvenes que sirven al Señor se motivan cuando se sienten apreciados, animados, y cuando se les dice que Dios tiene planes maravillosos para ellos, y la declaración de aprecio de Pablo a Timoteo debe haber dado gran confianza a aquel siervo joven del Señor. Timoteo sabía que las palabras de Pablo no eran vacías. Primero de todo, sabía que la integridad de Pablo no le permitiría flaquear. Timoteo también era muy consciente de que Pablo y él se habían conocido íntimamente durante los muchos años que pasaron juntos. Habían viajado juntos, comido juntos, ministrado juntos y, sin duda, habían sufrido juntos por causa del evangelio. En el momento en que escribió esta carta, Pablo, sin duda alguna, conocía a Timoteo mejor que cualquier otra persona.

Por tanto, el aprecio de Pablo, que brotaba de su corazón, debe haber conmovido profundamente a Timoteo y debe haberle dado un sentido grande de responsabilidad para vivir de acuerdo a las altas expectativas de su mentor espiritual. El joven discípulo sabía que su querido amigo y santo sin par en la causa de Cristo se enfrentaba a la muerte inminente. Aun así, durante sus horas últimas, inciertas y dolorosas, le agradecía a Dios y dejaba ante Él a un pastor joven que, aunque bien capacitado en el evangelio, aún debía demostrar quién era en las áreas difíciles del servicio a Dios.

En medio de miseria física inimaginable, Pablo no solo continuó alabando a Dios, sino que lo hacía con la profunda gratitud de una mente y un corazón libres de culpa. Con plena convicción y confianza él podía testificar: "Sirvo al Señor y continuamente estoy ante Él, desde mis mayores con limpia conciencia". Latreuō (servir) se usaba en ocasiones para la adoración piadosa e incluso para el servicio sacerdotal. Cuando Pablo estuvo ante Félix, el gobernador romano de Cesarea, acusado falsamente por los líderes judíos, dijo: "Según el Camino que ellos llaman herejía, así sirvo [latreuō] al Dios de mis padres (Hch. 24:14). Hablando de los verdaderos hijos de Dios, fueran ellos judíos o gentiles, Pablo aseguró a los creyentes filipenses: Nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos [latreuō] a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne" (Fil. 3:3).

Cuando el apóstol ya anciano estaba cerca de morir, podía dar testimonio de que su conciencia no lo acusaba ni lo condenaba. Su culpa estaba perdonada y su devoción era completa. En efecto, dijo: Después de un autoexamen cuidadoso, puedo decir con sinceridad que, aunque no soy perfecto, vivo en santidad ante el Señor. Quería que Timoteo no tuviera dudas en cuanto a que él (Pablo) había soportado las aflicciones físicas presentes —y otras más incontables— por su fidelidad inquebrantable a Dios y no como consecuencia de una vida infiel e impía.

Aunque ni siquiera el creyente más espiritual puede conocer su propio corazón con completa certeza o entendimiento, no solo es posible sino que se espera que, al igual que Pablo, todo cristiano tenga una limpia conciencia. Esto era algo vital para Pablo, quien solía referirse a su conciencia. Cuando se defendió contra los ataques mentirosos que experimentó en Corinto, respondió apelando al tribunal humano más alto: la conciencia. Su defensa fue: Porque nuestra gloria es esta: el testimonio de nuestra conciencia, que con sencillez y sinceridad de Dios, no con sabiduría humana, sino con la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo, y mucho más con vosotros (2 Co. 1:12; cp. Hch. 23:1).

En su primera carta a Timoteo, escribió: El propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida (1 Ti. 1:5) y que debemos aferrarnos al misterio de la fe con limpia conciencia (3:9). En la misma epístola dijo: El Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, [tendrán] cauterizada la conciencia (4:1-2). Rechazar continuamente la verdad de Dios produce que la conciencia se vuelva cada vez menos sensible al pecado, como si estuviera cubierta por capas de cicatrices no espirituales. La conciencia de Pablo era muy limpia y muy sensible, y él respondía con prontitud a su voz interna.

Pablo no explica a quién se refería con sus mayores, pero obviamente estaba hablando de hombres piadosos que habían vivido en tiempos pasados. A diferencia de Timoteo, Pablo no tenía una herencia piadosa en su familia inmediata. Tenía un legado religioso impresionante, pero él lo consideraba como completa basura (Fil. 3:4-8). Por tanto, parece más probable que se estuviera refiriendo a los patriarcas, los profetas y los demás santos del Antiguo Testamento. También es posible que tuviera en mente a otros apóstoles y a muchos otros creyentes piadosos de la naciente iglesia que le precedieron en la fe.

INTERCESIÓN

de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día; (1:3b)

Un cuarto elemento de motivación era la intercesión constante de Pablo al Señor a favor de Timoteo. Es difícil imaginar la fortaleza y el valor que la intercesión de Pablo daba a su joven amigo cuando este ministraba en Éfeso y otras partes de Asia Menor sin la compañía de Pablo.

El adverbio adialeiptōs (sin cesar) se refiere a lo que es incesante, sin interrupción. Podemos estar seguros de que cuando Pablo dijo: "sin cesar me acuerdo de ti, no estaba exagerando. El apóstol había usado la misma palabra cuando exhortó a los creyentes tesalonicenses a orar sin cesar (1 Ts. 5:17, cursivas añadidas) y él no estaba acostumbrado a menos. Ya había asegurado a estos creyentes que oraba y se interesaba constantemente por ellos (1:2-3). Usando la misma palabra, aseguró a la iglesia de Roma: Testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo, de que sin cesar hago mención de vosotros siempre en mis oraciones" (Ro. 1:9, cursivas añadidas). Afirmó algo similar a los creyentes de Corinto (1 Co. 1:4), Filipos (Fil. 1:3-4), Colosas (Col. 1:3) y a su querido amigo Filemón (Flm. 4).

La palabra oraciones viene de deēsis, que en el Nuevo Testamento siempre conlleva la idea de súplicas genuinas delante de Dios. La usó el ángel que dijo al padre de Juan el Bautista: "Zacarías, no temas; porque tu oración [deēsis] ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan (Lc. 1:13). Más adelante, en ese mismo evangelio, la palabra se usó para los discípulos de Juan el Bautista, de quienes se dice que [ayunaban] muchas veces y [hacían] oraciones (5:33). Pablo la usó en su oración a Dios (Ro. 1:10) por la salvación de sus compatriotas israelitas (Ro. 10:1) y también Santiago cuando dijo: La oración eficaz del justo puede mucho" (Stg. 5:16).

A primera vista, la referencia a noche y día parece redundante y de alguna manera inapropiada. Parece redundante porque, por definición, sin cesar quiere decir todo el tiempo, e inapropiada porque es probable que Pablo y los demás prisioneros no pudieran distinguir entre unas horas y otras al estar en el calabozo. Pero, sin duda, usó la frase noche y día en el sentido en que se usa hoy: como figura del lenguaje para expresar continuidad. Él quería simplemente reforzar su devoción a Timoteo.

No hay mejor forma de motivar a otros creyentes para que consideren su responsabilidad de ser fieles y para que acerquen su corazón al servicio de Cristo que mantenerlos continuamente delante del Señor en oración y decirles que así se está haciendo.

AFECTO

deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo; (1:4)

El quinto principio para motivar a otros creyentes, especialmente a quienes estemos discipulando, es amarlos y expresar nuestro afecto genuino por ellos. Pablo echaba mucho de menos la compañía de Timoteo y estaba deseando verle. Deseando proviene de epipotheō, un verbo que denota deseo intenso o anhelo. Más adelante, en esta carta, refleja el mismo deseo agudo e implora a Timoteo que procurara ir pronto a verle (4:9) y le dice: Trae, cuando vengas, el capote que dejé en Troas en casa de Carpo… Procura venir antes del invierno (vv. 13, 21).

El apóstol dice: "Al acordarme de tus lágrimas, refiriéndose tal vez al tiempo en que se despidieron por última vez, tras una visita breve a Éfeso, poco después de escribir su primera carta a Timoteo y antes de que lo arrestaran en Nicópolis y lo llevaran prisionero a Roma. Pablo tenía un vínculo similar con los ancianos de Éfeso. Cuando fueron a encontrarle en la playa, cerca de Mileto: Se puso de rodillas, y oró con todos ellos. Entonces hubo gran llanto de todos; y echándose al cuello de Pablo, le besaban, doliéndose en gran manera por la palabra que dijo, de que no verían más su rostro. Y le acompañaron al barco" (Hch. 20:36-38).

Aunque sin duda se daba cuenta de que nunca podría volver a ver a Timoteo, la posibilidad remota de reunirse con él lo llenaba de gozo. Al saber del amor profundo del apóstol y su anhelo por verlo de nuevo, Timoteo se alegró seguramente y sintió un compromiso mayor para seguir los pasos de su amado maestro y amigo.

AFIRMACIÓN

trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también. (1:5)

El último principio de motivación al que Pablo alude es la afirmación. En los dos versículos anteriores, Pablo mencionó que recordaba a Timoteo en sus oraciones y se acordaba de sus lágrimas. Ahora vuelve a reflexionar sobre su asociación íntima, esta vez trayendo a la memoria la fe no fingida que había en Timoteo.

Anupokritos (no fingida) es una palabra compuesta por un prefijo negativo adjunto a hupokritēs, de donde se obtiene la palabra española obviamente relacionada hipócrita. La fe de Timoteo era completamente genuina, sin hipocresías, sin pretensiones o engaños. En su carta previa a Timoteo, Pablo había escrito: "El propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida [anupokritos] (1 Ti. 1:5). En la segunda carta a la iglesia de Corinto, Pablo usó el término para describir su amor sincero (2 Co. 6:6, cursivas añadidas). Pedro lo usó en su amonestación a todos los creyentes en la dispersión, a lo largo de todo el imperio romano: Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro (1 P. 1:22, cursivas añadidas). Santiago lo usó para dar calificación final a la sabiduría que es de lo alto [que] es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía" (Stg. 3:17, cursivas añadidas).

Timoteo tenía un legado de fe no fingida en él, la cual habitó primero en su abuela Loida, y en su madre Eunice. La referencia a Loida y Eunice sugiere que Pablo las conocía personalmente, tal vez él jugó un papel decisivo, junto con Bernabé, en ganarlas para Cristo durante su primer viaje misionero, que lo llevó cerca de la casa de Timoteo, en el área de Galacia (cp. Hch. 13:13—14:21). Probablemente fueran judías creyentes del viejo pacto que recibieron de inmediato a Jesús como su Mesías, Salvador y Señor, cuando oyeron por primera vez el evangelio por boca de Pablo. Para el tiempo del segundo viaje misionero de Pablo, las mujeres entregaron su nieto e hijo al Señor, y daban buen testimonio de él los hermanos que estaban en Listra y en Iconio (Hch. 16:2). Timoteo era hijo indirecto de Pablo en

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