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Tito
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Libro electrónico311 páginas5 horas

Tito

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Información de este libro electrónico

Uno de los mejores comentarios del Nuevo Testamento disponibles en español, escrito por uno de los grandes pastores de nuestro tiempo. Un excelente recurso para la preparación de sermones, el estudio personal y la vida devocional. [One of the best commentaries of the New Testament available now in Spanish. Ideal for personal or group study and teaching, these commentaries help you better understand and apply scripture.]
IdiomaEspañol
Fecha de lanzamiento2 sept 2015
ISBN9780825482885
Tito
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Autor

John MacArthur

John MacArthur es pastor y maestro de Grace Community Church en Sun Valley. También es presidente de The Master’s College and Seminary. Es un prolífico autor con muchos éxitos de ventas: El pastor como predicador, El pastor en la cultura actual, El pastor como líder, El pastor como teólogo, El pastor y el Supremo Dios de los cielos, El pastor y la inerrancia bíblica y la Biblia Fortaleza, entre otros.

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    Vista previa del libro

    Tito - John MacArthur

    Título del original: The MacArthur New Testament Commentary: Titus © 1996 por John MacArthur y publicado por The Moody Publishers, 820 N. LaSalle Boulevard, Chicago, IL 60610. Traducido con permiso.

    Edición en castellano: Comentario MacArthur del Nuevo Testamento: Tito © 2012 por Editorial Portavoz, filial de Kregel Publications, Grand Rapids, Michigan 49501. Todos los derechos reservados.

    Ninguna parte de esta publicación podrá reproducirse de cualquier forma sin permiso escrito previo de los editores, con la excepción de citas breves en revistas o reseñas.

    Todos los derechos reservados. Ninguna parte de esta publicación podrá ser reproducida, almacenada en un sistema de recuperación de datos, o transmitida en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico,mecánico, fotocopia, grabación o cualquier otro, sin el permiso escrito previo de los editores, con la excepción de citas breves o reseñas.

    A menos que se indique lo contrario, todas las citas bíblicas han sido tomadas de la versión Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso. Reina-Valera 1960™ es una marca registrada de la American Bible Society, y puede ser usada solamente bajo licencia.

    EDITORIAL PORTAVOZ

    P.O. Box 2607

    Grand Rapids, Michigan 49501 USA

    Visítenos en: www.www.portavoz.com

    ISBN 978-0-8254-1561-6 (rústica)

    ISBN 978-0-8254-0667-6 (Kindle)

    ISBN 978-0-8254-8288-5 (epub)

    Realización ePub: produccioneditorial.com

    Dedicado con amor y gratitud a Kelly y Erika, mis dos queridas nueras, quienes han demostrado que saben amar a sus maridos y a sus hijos.

    Ellas se han consagrado a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos (Tito 2:4-5).

    Contenido

    Cubierta

    Portada

    Créditos

    Dedicatoria

    Prólogo

    Introducción

    1. Compromisos de un líder fiel

    2. Cualidades de un pastor – parte 1

    3. Cualidades de un pastor – parte 2

    4. Hombres que deben ser silenciados

    5. El carácter de una iglesia saludable – parte 1

    6. El carácter de una iglesia saludable – parte 2

    7. Gracia salvadora

    8. La autoridad del predicador

    9. La responsabilidad del cristiano en una sociedad pagana

    10. La última palabra sobre relaciones personales

    Índice de palabras griegas y hebreas

    Índice temático

    Prólogo

    Predicar en el ámbito expositivo a través del Nuevo Testamento sigue siendo sido para mí una gratificante comunión divina. Mi meta ha sido siempre tener una comunión profunda con el Señor en el entendimiento de su Palabra, y a partir de esa experiencia proceder a explicar a su pueblo lo que significa e implica cierto pasaje. En las palabras de Nehemías 8:8, me esfuerzo en poner sentido a cada pasaje con el fin de que puedan verdaderamente escuchar a Dios hablar, y que al hacerlo se encuentren en capacidad de responderle.

    Obviamente, el pueblo de Dios necesita entender a Dios, y esto requiere un conocimiento de su Palabra de verdad (2 Ti. 2:15), así como la disposición de permitir que esa Palabra more en abundancia dentro de cada uno de nosotros (Col. 3:16). Por lo tanto, la motivación preponderante en mi ministerio consiste en contribuir de alguna forma a que la Palabra viva de Dios sea avivada en su pueblo. Esta es una aventura que nunca deja de ser reconfortante e irreemplazable.

    Esta serie de comentarios del Nuevo Testamento refleja la búsqueda de ese objetivo que precisamente consiste en explicar y aplicar las Escrituras a nuestra vida. Algunos comentarios son básicamente lingüísticos, otros eminentemente teológicos y algunos fundamentalmente homiléticos. El que usted tiene en sus manos es principalmente explicativo o expositivo. No es técnico en el sentido de la lingüística, aunque también trata aspectos lingüísticos cuando esto resulta benéfico para la interpretación adecuada. No pretende abarcar todos los temas de la teología, pero sí se enfoca en las doctrinas más importantes presentes en cada texto y en la manera como se relacionan con las Escrituras en todo su conjunto. No es homilético en principio, aunque cada unidad de pensamiento se trata por lo general como un capítulo, con un bosquejo claro y un flujo lógico de pensamiento. La mayoría de las verdades se ilustran y aplican con el respaldo de otras porciones de las Escrituras. Tras establecer el contexto de un pasaje, me he esforzado en seguir de cerca el desarrollo argumentativo y el razonamiento del escritor.

    Mi oración es que cada lector pueda alcanzar un entendimiento pleno de lo que el Espíritu Santo está diciendo por medio de esta parte de su Palabra, de tal manera que su revelación pueda alojarse en las mentes de los creyentes trayendo como resultado una mayor obediencia y fidelidad de su parte, para la gloria de nuestro gran Dios.

    Introducción

    AUTORÍA

    El hecho de que Pablo haya sido el autor de esta carta nunca ha sido cuestionado con seriedad, y tampoco la identidad de Tito. Puesto que los dos hombres habían estado asociados durante mucho tiempo, la presentación que Pablo hace de sí mismo como apóstol de Jesucristo (1:1) estaba dirigida a aquellos creyentes en las iglesias de Creta que no le habían conocido. Esta fue la penúltima carta que Pablo escribió.

    DESTINATARIO

    Es probable que Tito entró en la vida de Pablo durante el segundo viaje misionero del apóstol, aunque por alguna razón, Lucas no hace mención de él en el libro de Hechos. No sabemos dónde o cómo se convirtió ni cuándo y de qué manera llegó a vincularse con el gran apóstol. El hecho de que Pablo le llame [mi] verdadero hijo en la común fe (1:4) sugiere que Tito, al igual que Timoteo (1 Ti. 1:2), fue conducido a la fe salvadora por el apóstol mismo. Tras el primer encarcelamiento de Pablo, el apóstol llevó con él a Tito en su viaje a Creta, donde los dos ministraron juntos por algún tiempo. Al partir el apóstol, dejó a Tito en el lugar para dar continuidad al ministerio (1:5).

    Tito había viajado y servido con Pablo en muchos lugares. Estuvo con el apóstol en Corinto y es mencionado en nueve ocasiones en la segunda carta de Pablo a la iglesia que se congregaba en aquella ciudad. Pablo se lamentó que cuando llegué a Troas para predicar el evangelio de Cristo, aunque se me abrió puerta en el Señor, no tuve reposo en mi espíritu, por no haber hallado a mi hermano Tito; así, despidiéndome de ellos, partí para Macedonia (2 Co. 2:12-13). Por otra parte, él se regocijó por el gozo de Tito, que haya sido confortado su espíritu por todos vosotros (7:13). Tito no solo fue un aprendiz de Pablo sino también su hermano amado y su compañero y colaborador (8:23).

    Tito acompañó a Pablo y Bernabé a Jerusalén para asistir al concilio de Jerusalén, durante el cual se arregló en definitiva el asunto de la judaización de los cristianos (Hch. 15; Gá. 2:1-3). De hecho, Tito fue el modelo ejemplar que Pablo presentó de un convertido gentil nacido de nuevo y lleno del Espíritu, quien no tuvo necesidad de identificarse en sentido alguno con el judaísmo religioso, bien fuese a través de la circuncisión o la obediencia a la ley de Moisés (Gá. 2:3-5). Por ende, este joven gentil y anciano en la iglesia estaba muy familiarizado con los argumentos de los judaizantes a quienes más adelante tuvo que enfrentar en Creta (Tit. 1:10, 14), y entendía bien la postura oficial de la iglesia sobre su evangelio falso al igual que todos los argumentos contra su propagación.

    Puesto que Tito había estado asociado con Pablo por muchos años antes de empezar su ministerio en Creta, es improbable que las doctrinas y estándares mencionados en esta epístola fueran conceptos novedosos para él. Como se indicó antes, él había pasado alrededor de un año con Pablo ministrando a la iglesia en Corinto, el prototipo de iglesia problemática en tiempos del Nuevo Testamento. En dos ocasiones estuvo encargado de recolectar las ofrendas de esa iglesia para los creyentes aquejados por la pobreza en Jerusalén (2 Co. 8:6, 22-24). Regresó después para continuar el ministerio en ese lugar por petición directa de Pablo con la entrega personal de la segunda carta del apóstol a los creyentes del lugar (2 Co. 8:16-19). Conocía de primera mano las pruebas y frustraciones propias de dirigir a un grupo de creyentes inmaduros, egoístas, facciosos y mundanos. El hecho mismo de que le haya sido confiada una tarea de tal magnitud indica la gran confianza de Pablo en su doctrina, su madurez espiritual, su liderazgo, su confiabilidad y rendimiento, y su amor genuino por quienes pastoreaba. Este deber de edificar iglesias en Creta que pudieran evangelizar con eficacia a todos los habitantes de la isla demuestra el compromiso firme de Tito para alcanzar a los no convertidos con el evangelio.

    MENSAJE

    La carta a Tito se asemeja bastante a las dos cartas de Pablo a Timoteo y se escribió en gran parte con el mismo propósito: animar y fortalecer a un pastor joven a quien había discipulado, en quien tenía una gran confianza y por quien sentía un amor profundo como padre espiritual. Estaba pasando la batuta en una carrera de relevos, por así decirlo, a aquellos pastores jóvenes que estaban ejerciendo el ministerio en situaciones difíciles: Timoteo en la iglesia en Éfeso y Tito en las múltiples iglesias que había en la isla de Creta. Ambos hombres habían sido preparados con gran esmero por este gran apóstol, ambos tenían los dones y el poder del Espíritu Santo, y ambos habían demostrado su dedicación inquebrantable a Pablo y a la obra del Señor. Ambos hombres también enfrentaban una oposición formidable, tanto desde afuera como desde el interior de la iglesia misma.

    Esta carta tenía el propósito de instruir a Tito, instruir a los demás ancianos en Creta que ministraban bajo su liderazgo, e instruir a los miembros en las diversas congregaciones. También sirvió para respaldar el liderazgo de Tito con la autoridad apostólica de Pablo. El capítulo 1 se enfoca en las cualidades de quienes ejercen liderazgo en la iglesia, de manera específica en su teología y su carácter y conducta personales. El capítulo 2 se enfoca en el carácter y la conducta de los miembros de la iglesia entre ellos y el capítulo 3 en el carácter y la conducta tanto de líderes como de miembros frente al mundo incrédulo en que vivían y al cual daban testimonio de la verdad. Esas tres áreas de interés son esenciales para cumplir el propósito real de la carta, que consistía en edificar con solidez doctrinal y práctica iglesias fuertes que en consecuencia fueran efectivas en el evangelismo.

    Aunque la carta de Tito no es tan doctrinal como algunas de las otras cartas de Pablo tales como Romanos, de todas maneras contiene muchos tesoros doctrinales, incluidas algunas de las doctrinas cardinales de la fe tales como la salvación por la sola gracia de Dios que obra a través de la fe del creyente (3:5-7). Aunque la carta trata muchas realidades excelsas de la salvación, su contenido preeminente es de carácter práctico ya que establece las obligaciones y responsabilidades que tenemos como hijos de Dios y coherederos con nuestro Señor Jesucristo (3:7). La carta presenta una guía concisa de la clase de ministerio cristiano y vida cristiana personal que puede llevar a los no convertidos a la salvación.

    Tito es una epístola evangelística cuyo propósito principal era preparar a la iglesia para dar un testimonio más efectivo a los incrédulos en Creta. Pablo alude en repetidas ocasiones tanto al Padre celestial (1:3; 2:10; 3:4) como a Jesucristo (1:4; 2:13; 3:6) con el término Salvador. Uno de los propósitos de silenciar a los maestros falsos era quitar el veneno de sus ideas corruptas y su corrupta manera de vivir que no solo amenazaban la vida espiritual de los creyentes mismos sino también la salvación de aquellos a quienes testificaban. Pablo sabía que la verdad salvadora del mensaje del evangelio cae en oídos sordos cuando aquellos que la proclaman llevan vidas impías que no muestran evidencia alguna de redención. Cuando los cristianos viven en pecado ante los demás, no pueden esperar que los incrédulos presten atención a un mensaje que afirma salvar a los hombres del pecado. Uno de los testimonios más convincentes que un cristiano puede dar es el de una vida justa, santa, generosa y abnegada. Fue por esa misma razón que Pablo recordó a los cristianos en Creta que nuestro Señor se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras (2:14). También fue por esa razón que el Señor mismo ordenó: Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos (Mt. 5:16).

    Dios es un Dios salvador, que salva a las personas para que puedan vivir vidas piadosas a fin de que otros también puedan ser salvos mediante la proclamación de la verdad del evangelio respaldada por el testimonio de vidas transformadas. Dios demuestra su poder de salvación por medio de personas salvas. Aunque Pablo estaba hablando en Tito 2:10 sobre la conducta de los siervos en especial, la vida de todocristiano debería adornar en todo la doctrina de Dios nuestro Salvador. Porque la gracia de Dios se ha manifestado, continúa el apóstol, "para salvación a todos los hombres" (v. 11, cursivas añadidas).

    LAS IGLESIAS EN CRETA

    La isla de Creta estaba ubicada en el Mar Mediterráneo al sudeste de Grecia, al sudoeste de Asia Menor y al norte de África. La isla tiene unos 260 kilómetros de largo y oscila entre 11 y 56 kilómetros de ancho. A causa de su ubicación estratégica, Creta había sido expuesta por mucho tiempo a la civilización grecorromana, a pesar de la reputación de sus habitantes de ser mentirosos, malas bestias, glotones ociosos (Tit. 1:12). Algunos de los judíos que estuvieron en el Pentecostés en Jerusalén provenían de Creta y oyeron el evangelio predicado en su propia lengua (Hch. 2:11). Parece seguro suponer que por lo menos algunos de aquellos que oyeron se convirtieron, llevaron el evangelio de regreso a Creta y establecieron iglesias incipientes en sus pueblos. Si esto es cierto, es posible que había un número significativo de cristianos en Creta cuando Pablo llegó a ese lugar por primera vez.

    Las iglesias en Creta eran nuevas, inmaduras en la fe y sin duda pequeñas, aunque es posible que el número total de creyentes en la isla haya sido considerable. A fin de supervisar a tantas congregaciones dispersas en un área tan grande, es obvio que Tito necesitaba ayuda, y la primera instrucción de Pablo a este anciano principal fue nombrar y ordenar a otros ancianos en cada iglesia (1:5). La carta no solo fue una guía para Tito mismo sino que constituyó un documento escrito que atestiguaba la autenticidad de su autoridad apostólica delegada. Su comisión recibida de Pablo por escrito dejó en claro a cualquier lector o miembro de las iglesias que al oponerse a Tito se estaban oponiendo a Pablo y por lo tanto al Señor Jesucristo, quien había comisionado al apóstol en primer lugar.

    Las iglesias cretenses habían atraído a muchos contumaces, habladores de vanidades y engañadores, mayormente los de la circuncisión (1:10), maestros falsos que no solo enseñaban doctrinas impías sino que llevaban vidas de completa impiedad. Algunos de esos hombres pudieron haber sido judíos de Creta que oyeron el evangelio aquel día de Pentecostés pero no creyeron. Además, como este todavía era un tiempo formativo para muchas, si no la mayoría de las iglesias en Creta, los creyentes de ese lugar eran en especial vulnerables. Incluso después de haber tenido el privilegio inmenso de recibir la enseñanza directa y el ejemplo personal de Pablo, seguían teniendo la necesidad de líderes fieles y competentes que les fundamentaran con mayor profundidad en la verdad de Dios y que fuesen ejemplos dignos de seguir para llevar una vida piadosa.

    Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo, conforme a la fe de los escogidos de Dios y el conocimiento de la verdad que es según la piedad, en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos, y a su debido tiempo manifestó su palabra por medio de la predicación que me fue encomendada por mandato de Dios nuestro Salvador, a Tito, verdadero hijo en la común fe: Gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y del Señor Jesucristo nuestro Salvador. (1:1-4)

    Los primeros cuatro versículos en esta carta, que forman la salutación, comprenden un solo enunciado largo, elaborado y tajante. El saludo es un poco más formal que cualquiera de los incluidos en las cartas a Timoteo, pero el propósito general de las tres cartas era el mismo: animar y fortalecer a un pastor joven quien había sucedido al apóstol en un ministerio difícil. Como se hará evidente a lo largo de esta epístola, el foco de atención es la obra de salvación de Dios (tanto Dios como Cristo son llamados Salvador en repetidas ocasiones: 1:3, 4; 2:10, 13; 3:4, 6). El saludo inicial establece este tema al centrarse en la naturaleza del ministerio del evangelio.

    Debido a que Pablo había pasado mucho menos tiempo en la fundación y establecimiento de iglesias en la isla de Creta del que había pasado con la única congregación en Éfeso (donde Timoteo ahora era pastor), era importante en particular que los creyentes en las iglesias cretenses entendieran que Tito no estaba operando por cuenta propia sino que ministraba con la autoridad designada de Pablo. Tito era el delegado, emisario o embajador directo del apóstol, enviado a Creta para fortalecer las iglesias con el propósito de hacer evangelismo efectivo en aquella cultura pagana. Por lo tanto, cualquier persona que atacara la autoridad y la enseñanza de Tito estaba atacando la autoridad y la enseñanza de Pablo mismo, las cuales había recibido por delegación divina.

    La afirmación inicial que Pablo expresa acerca de él mismo (una de las representaciones más claras de su ministerio en todo el Nuevo Testamento) es mucho más que una declaración dogmática de autoridad apostólica. Aunque el apóstol tenía sentimientos personales profundos e incluso ciertos objetivos personales en el ministerio, como su deseo de llevar el evangelio a Bitinia (Hch. 16:7) y a España (Ro. 15:24), él no escribió bajo la presión de un ímpetu emocional o un deseo personal, mucho menos de manera impulsiva, sino bajo el apremio irresistible de dar a conocer verdades absolutas acerca del Señor dadas por revelación divina en el poder del Espíritu. Dios, quien desea salvar a los pecadores, quería preparar a Tito para la edificación de congregaciones que estuvieran en capacidad de alcanzar a los perdidos.

    En esta salutación profusa a Tito, Pablo revela cinco características esenciales que orientaban su vida y su servicio para el Señor, principios fundamentales sobre los cuales debe construirse el servicio de todo líder dedicado en la iglesia de Cristo.

    COMPROMETIDO A SER SIERVO DE DIOS

    Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo, (1:1a)

    La primera característica es la de compromiso con el dominio de Dios. Por encima de todo, el apóstol se veía a sí mismo como un hombre que estaba por completo bajo la autoridad divina, como lo expresa la frase siervo de Dios.

    Como se sabe, el nombre hebreo del apóstol era Saulo, un nombre que hacía memoria de Saúl, el primer rey de Israel. Poco tiempo después de su conversión milagrosa y llamamiento por parte de Cristo, sin embargo, este hombre llegó a ser conocido de manera exclusiva por su nombre griego, Paulos (Pablo).

    Con veracidad y honradez plenas, Pablo pudo haberse identificado como un erudito brillante, un líder judío con una gran educación que además era experto en literatura y filosofía griegas. Pudo haber hecho alarde de su ciudadanía romana heredada, una ventaja en extremo valiosa durante la época. Pudo haberse jactado de su llamamiento único como apóstol a los gentiles, y por haber recibido de Dios autoridad apostólica plena y la misma posición privilegiada del grupo de los doce apóstoles. Pudo haberse gloriado ante ellos por su experiencia de haber sido arrebatado hasta el tercer cielo... al paraíso (2 Co. 12:2, 4), de su don de milagros y de haber sido elegido como el autor humano de gran parte de las Escrituras del nuevo pacto. En lugar de esto, optó por identificarse ante todo como un siervo de Dios.

    Doulos (siervo) se refiere a la persona de carácter más servil en la cultura del tiempo de Pablo y se traduce con frecuencia esclavo. Pablo estaba en servidumbre completa, pero voluntaria, a Dios. No tenía una vida que llamara suya propia, ni su voluntad era preponderante, ni los propósitos que tenía eran suyos, ni tenía un plan ingeniado por él mismo. Todo en su vida estaba sujeto a su Señor. En cada pensamiento, en su aliento de vida y en cada esfuerzo, se encontraba bajo el dominio de su amo, Dios.

    Puesto que Pablo se refiere a sí mismo como un siervo de Dios solo en este lugar, ya que todas las demás veces se refiere a sí mismo como siervo de Cristo (véase por ejemplo, Ro. 1:1; Gá. 1:10; Fil. 1:1), es posible que se haya propuesto ponerse al lado de los hombres de Dios en el Antiguo Testamento. Juan llama a Moisés siervo de Dios (Ap. 15:3), y el Señor mismo habló de Mi siervo Moisés (Jos. 1:2). Su sucesor, Josué, es llamado siervo de Jehová (Jos. 24:29). Amós declaró: Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas (Am. 3:7). Por medio de Jeremías, Dios dijo: desde el día que vuestros padres salieron de la tierra de Egipto hasta hoy. Y os envié todos los profetas mis siervos (Jer. 7:25).

    Debido a que muchos de los maestros falsos en las iglesias de Creta eran judaizantes, los de la circuncisión (Tit. 1:10; cp. v. 14), puede ser que Pablo deseaba afirmar su autoridad como el siervo de YHWH (Jehová), el nombre de pacto del Dios de Israel.

    En cierto sentido general todos los creyentes en el Señor Jesucristo han sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, y esa servidumbre trae como resultado o fruto la santificación, y como fin, la vida eterna (Ro. 6:22). Ser cristiano equivale a ser siervo de Dios. Ya no somos nuestros sino que hemos sido comprados por precio (1 Co. 6:20), porque hemos sido rescatados... no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo (1 P. 1:18-19). Además, puesto que no nos pertenecemos, ya no [vivimos para nosotros], sino para aquel que murió y resucitó por [nosotros] (2 Co. 5:15).

    El deber específico de Pablo para con Dios era cumplir su servicio dócil e incondicional siento un apóstol de Jesucristo (cp. por ejemplo, Ro. 1:1; 1 Co. 1:1; 2 Co. 1:1; Ef. 1:1). Incluso al acercarse al final de una vida de bendición y frutos extraordinarios, seguía siendo motivado por el deseo de ser un siervo obediente. De hecho, su apostolado había aumentado sus deberes como siervo y demandaba mayor fidelidad, mayor sumisión y con frecuencia, mayores sacrificios.

    Sin embargo, Pablo consideraba su servidumbre a Dios y su sufrimiento cada vez mayor como una oportunidad para ser bendición y también para ser bendecido. Por eso testificó a los creyentes en Filipos: Y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros (Fil. 2:17). Recordó a los ancianos de Éfeso: ...ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios (Hch. 20:24).

    Apostolos (apóstol) tiene el significado básico de mensajero y en ocasiones se empleaba aun con referencia a la persona más servil que llevara un mensaje de parte de otra persona. Sin embargo, el término se empleaba con mayor frecuencia para aludir a un mensajero especial, un tipo de embajador que era enviado con un mensaje específico y que hablaba con la autoridad de aquel por quien era enviado. La autoridad del mensaje, por lo tanto, no se derivaba del mensajero sino del remitente.

    Por encima de todo, Pablo era un embajador de su Señor y Salvador divino, Jesucristo (cp. Hch. 9:15-16; 22:14-15; 26:15-18). Así como el hecho de llamarse siervo de Dios puede haber tenido la intención de establecer su autoridad con los judíos en las iglesias de Creta, su referencia a sí mismo como apóstol de Jesucristo puede haber tenido el propósito de establecer su autoridad con los gentiles en las iglesias del lugar.

    Todos los líderes efectivos, fructíferos y con una vida espiritual genuina que hay en la iglesia

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