Disfruta de millones de libros electrónicos, audiolibros, revistas y más

A solo $11.99/mes después de la prueba. Puedes cancelar cuando quieras.

Modos de ver

Modos de ver


Modos de ver

valoraciones:
4/5 (27 valoraciones)
Longitud:
260 páginas
1 hora
Editorial:
Publicado:
1 feb 2016
ISBN:
9788425229527
Formato:
Libro

Descripción

El programa televisivo Ways of seeing, dirigido en 1972 por un jovencísimo John Berger, se propuso analizar cómo nuestros modos de ver afectan a la forma de interpretar. La serie recibió diversos premios, revolucionó la teoría del arte y fue adaptada al presente libro, convirtiéndose desde entonces en un título indispensable de la teoría del arte y de la comunicación visual. En estas páginas, Berger analiza cuatro aspectos de la interpretación de la pintura al óleo: su origen relacionado con el sentido de la propiedad, el uso continuado de la mujer como objeto pictórico, la relación entre la herencia visual de la pintura y la publicidad y, finalmente, la transformación del significado de la obra original en el marco de sus múltiples reproducciones.

Editorial:
Publicado:
1 feb 2016
ISBN:
9788425229527
Formato:
Libro

Sobre el autor

John Berger (Londres, 1926 – París, 2017) fue una de las voces más lúcidas, incisivas e inconformistas del panorama intelectual europeo. Formado en la Central School of Arts de Londres, trabajó como profesor de dibujo hasta que comenzó a escribir crítica de arte. Pronto cambió su registro por la novela, el ensayo, la poesía, el teatro y el guión cinematográfico y televisivo. Entre sus estudios sobre arte publicados por esta editorial se encuentran los títulos clásicos Mirar, Modos de ver y Otra manera de contar (con Jean Mohr), y otros más recientes como Sobre el dibujo (2011), La apariencia de las cosas (2014), Para entender la fotografía (2015) y las antologías completas de ensayos Sobre los artistas (2 vols: 2017, 2018) y Panorámicas (2018).


Vista previa del libro

Modos de ver - John Berger

cuestionamiento.

1

La vista llega antes que las palabras. El niño mira e identifica antes de hablar.

Pero también hay otro sentido en el que la vista llega antes que las palabras. La vista establece nuestro lugar en el mundo circundante; explicamos ese mundo con palabras, pero estas nunca pueden anular el hecho de que estamos rodeados por él. Nunca se ha establecido la relación entre lo que vemos y lo que sabemos. Todas las tardes vemos ponerse el Sol, y sabemos que la Tierra gira a su alrededor. Sin embargo, el conocimiento, la explicación, nunca se adecua completamente a la visión. El pintor surrealista René Magritte comentaba esta brecha siempre presente entre las palabras y la visión en un cuadro titulado La clave de los sueños.

LA CLAVE DE LOS SUEÑOS, RENÉ MAGRITTE, 1898-1967.

Lo que sabemos o lo que creemos afecta a cómo vemos las cosas. En la Edad Media, cuando la gente creía en la existencia física del Infierno, la vista del fuego seguramente debió de haber significado algo muy distinto de lo que implica hoy. No obstante, su idea del Infierno debía mucho a la visión del fuego que se consume y a las cenizas que permanecen, así como a su experiencia del dolor de las quemaduras.

Cuando se ama, la visión del ser amado tiene un carácter de absoluto que ninguna palabra ni ningún abrazo puede igualar: un carácter de absoluto que solo el acto de hacer el amor puede alcanzar temporalmente.

Sin embargo, que la vista llegue antes que las palabras, y que estas nunca la cubran por completo, no es una cuestión de reacción mecánica a los estímulos. (Solo cabe pensar de esta manera si aislamos una pequeña parte del proceso, la que afecta a la retina.) Solo vemos aquello que miramos. Y mirar es un acto de elección. Como resultado de este acto, lo que vemos está a nuestro alcance, aunque no necesariamente al de nuestro brazo. Tocar algo es situarse en relación con ello. (Cierren los ojos, muévanse por la habitación y observen cómo la facultad del tacto es una forma estática y limitada de visión.) Nunca miramos solo una cosa; siempre miramos la relación entre las cosas y nosotros mismos. Nuestra visión está en continua actividad, en constante movimiento, manteniendo siempre las cosas dentro de un círculo alrededor de ella, constituyendo lo que está presente para nosotros tal cual somos.

Poco después de ver, nos damos cuenta de que también podemos ser vistos. El ojo del otro se combina con el nuestro para dar plena credibilidad al hecho de que formamos parte del mundo visible.

Si aceptamos que podemos ver aquella colina, estamos proponiendo que podemos ser vistos desde ella. La naturaleza recíproca de la visión es más fundamental que la del diálogo hablado. Y a menudo el diálogo es un intento de verbalizarlo, un intento de explicar, metafórica o literalmente, cómo uno ve las cosas, y de descubrir cómo las ve el otro.

En el sentido en el que utilizamos la palabra en este libro, todas las imágenes son artificiales.

Una imagen es una visión que ha sido recreada o reproducida. Es una apariencia, o un conjunto de apariencias, que ha sido separada del lugar y el tiempo en que apareció por primera vez y que se ha preservado durante unos momentos o unos siglos. Toda imagen incorpora un modo de ver. Incluso una fotografía, pues las fotografías no son, como se supone a menudo, un registro mecánico. Cada vez que miramos una fotografía somos conscientes, aunque solo sea ligeramente, de que el fotógrafo escogió esa visión de entre una infinidad de otras posibles. Esto es válido incluso para la instantánea familiar más trivial. El modo de ver del fotógrafo se refleja en su elección del tema. El modo de ver del pintor se reconstituye a partir de las marcas que hace sobre el lienzo o el papel. Sin embargo, aunque toda imagen incorpora un modo de ver, nuestra percepción o apreciación de una imagen también depende de nuestro propio modo de ver. (Por ejemplo, puede ser que Sheila solo sea una figura entre veinte, pero para nosotros, y por nuestras propias razones, solo tenemos ojos para ella.)

Al principio las imágenes se hicieron para evocar la apariencia de algo ausente. Gradualmente se fue haciendo patente que una imagen podía sobrevivir a aquello que representaba; por tanto, mostraba la apariencia que algo o alguien había tenido, y, por implicación, cómo lo habían visto otras personas. Más tarde se reconoció que la visión específica de quien fabricaba imágenes también formaba parte del registro. Y así, una imagen pasó a ser un registro de cómo X había visto a Y. Esto fue el resultado de una creciente conciencia de la individualidad acompañada de una también creciente conciencia de la historia. Sería aventurado datar con precisión este último proceso, pero podemos afirmar con certeza que tal conciencia ha existido en Europa desde los inicios del

Has llegado al final de esta vista previa. ¡Regístrate para leer más!
Página 1 de 1

Reseñas

Lo que piensa la gente sobre Modos de ver

4.0
27 valoraciones / 21 Reseñas
¿Qué te pareció?
Calificación: 0 de 5 estrellas

Reseñas de lectores

  • (4/5)
    My copy of Ways of Seeing arrived (from another library) battered and falling apart. That coupled with the fact it is clearly a product of the 1970s gave the book a tired, worn out appearance. I thought of it as cheap and flimsy as well, given it is only 154 pages long and mostly illustrations and photographs at that. So, my way of seeing the book was definitely influenced by age, condition and size. Interesting. That, in a nutshell, is the premise of Ways of Seeing. Coming from a Marxist way of thinking John Berger provokes thought with the art he has chosen for his book. For example one can either be offended or intrigued by his chapter on women depicted in art. Because the chapter is lacking text the reader is on his/her own to process what the art is (or isn't) trying to convey.
  • (4/5)
    A light read, picture heavy and printed in sans serif. Which made for something different.Not the most robust or academic discussion, but then it isn't supposed to be a tough read. Couple of thought provoking sentiments, a good start onto other books on the subject. I'm just not sure what...
  • (4/5)
    This book, inspired by a BBC television series, offers a satisfying handful of “essays” (more properly termed, lectures) centering on the history of image in art, specifically from the development of oil painting through the modern supremacy of photography. Although published in the early 1970s, commentary on the relationship between Western images and attitudes toward materialism, capital, women, and non-European cultures still commands relevance. I found the discussion accessible, thought provoking, and informative despite bringing to the text an underdeveloped knowledge of art history. Several of the essays are image-only, and the entire book interweaves image and illustration with the text, allowing the reader to immediately participate in the examination of the images and works addressed. From a distance of four decades, the final-page admonition “To be continued by the reader…” at least anticipates the ongoing, evolving relationship between image, meaning, and culture, prompting one in 2015 to reflect upon these lectures in the LCD light of today’s technologically image-saturated, selfie-conscious domain.
  • (4/5)
    A seminal work in art history, this is essentially the book form of a 1972 BBC four-part television series. It’s bound to cause some level of disappointment, either because the material is starting to date itself, Berger goes too far by venturing into attacks on capitalism, or if nothing else, because the format for the book is poor, with black and white images that are too small.On the other hand, it’s certainly thought-provoking, having been written at a time when there was a lot of criticism of “the establishment”. It reminds me of Desmond Morris’s “The Naked Ape” in its re-thinking of aspects of life that had been taken for granted, but also in making assertions without data, some which seem very true, others, not so much. One of its main messages is to critique the established art world’s mystification of ‘classic’ artwork, which missed the point that the work was often painted for the affluent as a status symbol, and to objectify women in an age when there was no color photography. In the first essay he does this in a brilliant way, critically examining the faces of a pair of paintings by Hals, showing the regents and regentesses of the old men’s alms house, quoting a traditional reaction to the work, and offering a differing view based on the understanding that Hals was destitute and living off of charity at the time. A highlight and lowlight from each of the four written essays will illustrate my reaction to what I think is the unevenness of this work.Essay oneHe critiques the art world’s religiosity over the masters, and the ‘specialized experts’ analysis concentrating on authenticity of the work in their own museums as opposed to a work’s meaning. It’s that type of thing that casts a veil over true art appreciation, and this type of reaction instead:“Before the Virgin of the Rocks the visitor to the National Gallery would be encouraged by nearly everything he might have heard and read about the painting to feel something like this: ‘I am in front of it. I can see it. This painting by Leonardo is unlike any other in the world. The National Gallery has the real one. If I look at this painting hard enough, I should somehow be able to feel its authenticity. The Virgin of the Rocks by Leonard da Vinci: it is authentic and therefore it is beautiful.’” Wow!But he then takes it too far:“A people or a class which is cut off from its own past is far less free to choose and to act as a people or class than one that has been able to situate itself in history. This is why – and this is the only reason why – the entire art of the past has now become a political issue.” Huh?Essay twoHe makes this stunning statement in analyzing “Vanity” by Memling:“You painted a naked woman because you enjoyed looking at her, you put a mirror in her hand and you called the painting Vanity, thus morally condemning the woman whose nakedness you had depicted for your own pleasure.” Wow!!But then he makes this comment on the male reaction to the nude:“Their nakedness acts as a confirmation and provokes a very strong sense of relief. She is a woman like any other: or he is a man like any other: we are overwhelmed by the marvellous simplicity of the familiar sexual mechanism.” Huh?Essay three“Yet why are these pictures so vacuous and so perfunctory in their evocation of the scenes they are meant to recreate? They did not need to stimulate the imagination. If they had, they would have served their purpose less well. Their purpose was not to transport their spectator-owners into new experience, but to embellish such experience as they already possessed. Before these canvases the spectator-owner hoped to see the classic face of his own passion or grief or generosity. The idealized appearances he found in the painting were an aid, a support, to his own view of himself. In those appearances he found the guise of his own (or his wife’s or his daughters’) nobility.” Wow!But this, on Mary Magdalene paintings which reflected more sensuality than penitence:“The method of painting [oil painting] is incapable of making the renunciation she is meant to have made.” Huh? Oil painting makes that impossible, per se??Essay fourLinking the previous century’s oil painting, where the art form expressed “you are what you have”, to this century’s advertisements:“One of the pleasures a painting gave to its owner was the thought that it would convey the image of his present to the future of his descendants. Thus the oil painting was naturally painted in the present tense. The painter painted what was before him, either in reality or in imagination. The publicity [advertising] image which is ephemeral uses only the future tense. With this you will become desirable. In these surroundings all your relationships will become happy and radiant.” Wow!But then this:“Publicity takes consumption into a substitute for democracy. The choice of what one eats (or wears or drives) takes the place of significant political choice.” Huh?And:“The pursuit of individual happiness has been acknowledged as a universal right. Yet the existing social conditions make the individual feel powerless. He lives in the contradiction between what he is and what he would like to be. Either he then becomes fully conscious of the contradiction and its causes, and so joins the political struggle for a fully democracy which entails, amongst other things, the overthrow of capitalism; or else he lives, continually subject to an envy which, compounded with his sense of powerlessness, dissolves into recurrent day-dreams.” Huh? Did he just say overthrow of capitalism? Yes, yes he did.
  • (4/5)
    This is a stunning book. I never thought of seeing, and looking at photographs and paintings in a holistic sense until I read the book. The four essays in print, and three pictorial ones make it easy to read, and follow.The last essay on publicity is an absolute classic. This is a book that gives so much in so little space.
  • (5/5)
    Still marvelously important, and surprisingly - but rightly - angry. A joy.