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Manual de teatro para niñas, niños y jóvenes de la era de Internet

Manual de teatro para niñas, niños y jóvenes de la era de Internet

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Manual de teatro para niñas, niños y jóvenes de la era de Internet

valoraciones:
4.5/5 (6 valoraciones)
Longitud:
450 página
5 horas
Editorial:
Publicado:
Jul 1, 2016
ISBN:
9788490652145
Formato:
Libro

Descripción

Este manual está dirigido a pedagogos y padres que quieran ofrecer a sus alumnos e hijos una de las mejores herramientas que se conocen para ampliar el horizonte personal: el teatro. A partir de los cuatro años hasta los diecisiete, aquí se suceden, de forma sencilla y divertida, ejercicios teatrales con los que conseguirán dominar el lenguaje del cuerpo. Desde la construcción de una imagen corporal dinámica y satisfactoria hasta el descubrimiento de la propia voz y su potencial expresivo; desde el aprendizaje de papeles que van de lo cómico a lo dramático hasta la creación e interpretación de situaciones que contribuyen al desarrollo de un pensamiento libre.
Editorial:
Publicado:
Jul 1, 2016
ISBN:
9788490652145
Formato:
Libro

Sobre el autor


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Manual de teatro para niñas, niños y jóvenes de la era de Internet - Luis Sampedro

Nacido en San Juan (Argentina) en 1961, Luis Sampedro ha sido catedrático de interpretación en la Facultad de Artes de Mendoza y en la Universidad Nacional de Arte de Buenos Aires, y fue uno de los impulsores de la inclusión del teatro como disciplina académica en el sistema educativo de Argentina. Realizó entrenamientos para graduados en el Instituto Superior de Arte de La Habana y es máster en dirección y gestión para la calidad de centros educativos por la universidad madrileña Francisco de Vitoria. Desde 2006 reside en Madrid, donde trabaja como profesor de teatro y oratoria para diferentes instituciones educativas: Universidad Pontificia Comillas, Fundación Yehudi Menuhin y Fundación Carmen Pardo-Valcarce, imparte formación en recursos humanos para empresas y coordina su propio espacio en el barrio de La Latina, el Teatro de la Vida, con un programa que incluye espectáculos de pequeño formato y cursos de formación.

Luis Sampedro

Manual de teatro

para niñas, niños y jóvenes de la era de Internet

ALBA

A mi querido hijo Ignacio

Introducción

¿Qué es este libro y a quiénes va dirigido?

Manual de teatro para niñas, niños y jóvenes de la era de Internet es un libro de ejercicios que facilitan la enseñanza del teatro a estudiantes entre 4 y 17 años. Va dirigido a madres y padres, docentes y responsables de la animación de los talleres de teatro en el ámbito privado o público. Es una guía que pretende servir de ayuda para tomar conciencia de la eficacia del teatro como herramienta para la formación integral de la persona.

El objetivo del manual es lograr un ordenamiento didáctico desde la infancia. Los textos, en parte publicados en Argentina en un período muy grato del que fui partícipe, cuando se incluyó el teatro como disciplina dentro del Área Artística de la enseñanza obligatoria, se ofrecen aquí organizados de una manera más completa, revisados, reescritos y completados con nuevas aproximaciones. Espero que sirva para que los lectores puedan imaginar qué sucedería si lográramos un espacio que garantice esta enseñanza, gradual y continua, en el sistema educativo formal y no formal. Para formar personas con pensamiento propio y también para reconocer aptitudes y talentos artísticos para el arte y para la vida.

Me gustaría que en la lectura de este libro se descubran los pasos para hacer un trabajo efectivo. Si no saben qué hacer, si tienen dudas en algún momento, si no saben cómo planificar un trabajo con continuidad, espero que les sirva de guía para llevar a cabo su cometido en diálogo con sus estudiantes. Ojalá sea como un libro de recetas de cocina que pronto puedan variar, adaptar y superar.

Para entender el valor de los ejercicios es preciso desarrollar en algunos casos algunos marcos teóricos. Es importante comprender cómo funciona el potencial de niñas, niños y jóvenes para estimularlos con respeto en la búsqueda de su identidad.

Siéntanse libres para apoyarse en la barandilla de la escalera y subir el peldaño que supone cada clase; también de soltarla y hacer lo que estimen más adecuado para cada uno de sus momentos pedagógicos.

Ésa es la pretensión de este libro: servir de referencia para quienes quieren cultivar la maravillosa experiencia de crecer en interacción con uno de los capitales humanos y sociales más valiosos, el teatro.

El trabajo que aquí se presenta está organizado por edades, si bien estoy convencido de que se pueden probar los ejercicios indistintamente con la adecuación pertinente. La idea es que el teatro se convierta en el mejor escenario para el entrenamiento de las inteligencias múltiples desarrolladas por Howard Gardner, y la inteligencia emocional descrita por Daniel Goleman.

Propongo una línea de trabajo evolutiva e ininterrumpida de 4 a 17 años en la cual podremos plantearnos los siguientes objetivos:

–Tomar conciencia del inmenso potencial de la inteligencia personal y del grupo o equipo.

–Utilizar lo que aprendemos y sabemos para resolver situaciones con distintos niveles de realidad.

–Valorar el teatro como disciplina que reúne diversos lenguajes artísticos y que puede ser escenario de contenidos para el aprendizaje de la vida.

Pistas sobre el desarrollo de la inteligencia

El teatro desarrolla la inteligencia. Una inteligencia en situación, muy próxima a la que necesitamos activar para resolver la vida cotidiana. Además, se desarrollan a través del teatro diferentes formas de la inteligencia, según sea el papel que vaya a adoptar cada uno: actriz/actor, director, dramaturgo, iluminador, escenógrafo, espectador.

Todos los ejercicios de este libro tratan de algún modo de activar el juego de la inteligencia. Sí, vamos a desarrollar la inteligencia.

De la antigua Roma, con Cicerón, nos llega su inquietud por comprender la mente humana y favorecer sus procesos de desarrollo intelectual. Nos habla de intelligentia como un complemento de dos formas de lectura, «Intus lego», leer dentro de mí, e «Inter legere», leer entre líneas.

En 1872, Charles Darwin publica el libro La expresión de las emociones en el ser humano y en los animales, con aportaciones muy significativas, y en 1920, el psicólogo y pedagogo estadounidense Edward Thorndike define la inteligencia social como «la habilidad para comprender y dirigir a los hombres y mujeres, muchachos y muchachas, y actuar sabiamente en las relaciones humanas». Para él, existen además otras dos formas de inteligencia: la abstracta, con la cual podemos orientarnos y comprender el mundo de las ideas, y la mecánica, con la cual podemos orientarnos y comprender y utilizar objetos. Fijémonos en que en su definición ya está el verbo actuar.

Howard Gardner, en 1983, desde la Universidad de Harvard, nos obliga a repensar con su «Frames of Mind» (Estructuras de la mente – Teoría de las inteligencias múltiples) las interpretaciones y modelos acuñados hasta esa fecha para estudiar la conducta, y a reorganizar las áreas que se dedican a su comprensión, como la psicología, la educación, la sociología o la antropología.

El marco de las inteligencias múltiples nos propone aceptar que cada ser humano tiene su manera de ser inteligente. La inteligencia es una construcción social.

Describe siete tipos de inteligencias y agrega luego una más. Todas se pueden relacionar con el teatro:

–Inteligencia verbal-lingüística, por la cual podemos utilizar con eficiencia las palabras habladas y escritas. La que sostiene nuestra capacidad de hablar mediante el lenguaje y las palabras. La palabra dicha pertenece al mundo del teatro.

–Inteligencia lógico-matemática, por la cual podemos descubrir las figuras y comprender la lógica de las cosas y los acontecimientos. Se percibe la secuenciación, la clasificación, el desarrollo de criterios, el análisis, la precisión, la inferencia, la predicción, la formulación de hipótesis. Sostiene el desarrollo del pensamiento abstracto. Los personajes teatrales están inmersos en una lógica específica, la que marca la trama.

–Inteligencia visual-espacial, por la cual podemos percibir con precisión y orientarnos en nuestro entorno adecuadamente. Percibir los colores, las formas, las líneas, integrar los elementos del espacio y organizarlos comprendiendo sus relaciones y estableciendo sentidos metafóricos o estéticos. Toda situación teatral acontece en un espacio, que a la vez genera unos niveles de comunicación cruciales para los intérpretes y para el espectador.

–Inteligencia corporal-cinética (o kinestésica), por la cual utilizamos el cuerpo con habilidad y destreza, asumiendo las ideas y conceptos que el cuerpo comunica. La posibilidad de transformar y construir con las manos objetos de diferente complejidad. Podemos movernos en un amplio abanico de posibilidades y podemos construir objetos. La corporalidad pertenece al mundo del teatro, la/el actriz/actor pone al servicio del trabajo su cuerpo y lo entrena para que sea expresivo.

–Inteligencia musical-rítmica, por la cual percibimos, reconocemos, discriminamos el mundo sonoro y elaboramos respuestas musicales. La variable sonora en el teatro es relevante, desde el uso de la voz, hablada y cantada, hasta la creación con sonidos de la atmósfera de las escenas.

–Inteligencia interpersonal, por la cual nos interesan las personas y podemos relacionarnos con ellas teniendo en cuenta sus sentimientos y así tratarlas en consecuencia. Con cada persona establecemos una vinculación genuina y diversa, diferenciando sus cambios de ánimo y reconociendo su temperamento y su carácter, sus motivaciones y sus intenciones. Podemos leer o percibir la sinceridad del otro. Los personajes teatrales están intervinculados y sus estados emocionales también. En un ejercicio de improvisación con otro activamos esta inteligencia.

–Inteligencia intrapersonal, por la cual cada ser humano tiene conciencia de sí mismo, conoce y comprende sus fortalezas y sus limitaciones, construye su propia escala de valores y puede aplicarse en la autonomía, la autodisciplina, la confianza en sí mismo y la automotivación. Nos conocemos a nosotros mismos, nuestros deseos y aspiraciones, nuestras tendencias emocionales, y podemos comunicarlas, al igual que nuestros sentimientos, reconociéndolos y nombrándolos. Y podemos aprovechar los sentimientos, regularlos, encauzarlos en un modo de autointerpretación y reorientación de la propia conducta. Los personajes en una obra de teatro desnudan ese mundo emocional, que siempre es revelador. En el juego de la improvisación ocurre lo mismo, por cuanto se generan referencias para la vida personal.

–Inteligencia naturista-ambiental (añadida posteriormente, en 1995), por la cual podemos contemplar la naturaleza y el entorno. Reconocemos las relaciones y los valores de la naturaleza y nos reconocemos como parte de ella. El entrenamiento de esta inteligencia a través de argumentos relacionados con el medio ambiente es una gran posibilidad para el teatro.

En 1990, Peter Salovey y John Mayer, psicólogos norteamericanos, acuñan el término Inteligencia Emocional y la definen como «un subconjunto de la inteligencia social que comprende la capacidad de controlar los sentimientos y emociones propias y de los demás, de discriminar entre ellos y utilizar la información para guiar nuestro pensamiento y acciones». Nos seguimos moviendo en terrenos de pensamiento, acción y emoción, base del teatro.

Finalmente, Daniel Goleman, investigador y periodista del New York Times, consigue popularizar este término, conquistando los ambientes académicos con su obra La inteligencia emocional, de 1995, en la que la define como «la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los ajenos, motivarnos y manejar bien las emociones, en nosotros mismos y en nuestras relaciones».

El teatro como motor de cambio

La experiencia teatral nos entrena en un acto vital, el de ensayar la realidad y descubrir otras realidades posibles, experimentarlas en un espacio real y de ficción a la vez, sin riesgos, y tomar conciencia de la posibilidad del cambio continuo. Es decir, de elegir otra ruta, otra estrategia para llegar a donde quiero ir. Tenemos el sentido de la teatralidad para elegir el camino más personal hacia nosotros mismos.

Para ello, la práctica ha de comenzar en la infancia. El teatro es una gran herramienta, tan importante como el deporte, una estrategia específica para producir cambios en las personas, cualquiera que sea su edad, condición social o nivel de educación.

En 1983 comencé mi trayectoria como pedagogo. He recibido numerosos comentarios de madres y padres de mis estudiantes. Recojo aquí algunos que me parecen significativos:

«Mi hija tiene 10 años y recibió por primera vez en la escuela clases de teatro. Después de un semestre de asistencia, he notado que ha mejorado su capacidad de comunicación, tanto en la familia como en la escuela. Ahora es capaz de hablar de sus estados de ánimo, de sus afectos y también de su tristeza cuando la siente. La veo más espontánea y desinhibida».

«Mi hijo tiene 15 años. Cuando comenzó sus clases de teatro dudaba de que le fuera a gustar. Sin embargo, se enganchó y en poco tiempo ha mejorado su autoestima, ha logrado mayor seguridad personal, noto que habla mejor y ha comenzado a sentir un interés especial por la lectura.»

«Llevé a mi hija y a mi hijo a clases de teatro con un grupo de niñas y niños que hay en el centro cultural cercano a nuestra casa. Empezó la mayor, Cecilia, a los 6 años, y Marcos, al ver las representaciones, también quiso ir. Fue sorprendente verles despertarse solos, los sábados por la mañana, para ir a las clases de teatro con un interés diferente al que tenían cada mañana para ir al colegio. Y cuando volvíamos con ellos, el relato también era gratamente diferente.»

También son elocuentes los testimonios de los docentes:

«Observo que las niñas y los niños que reciben clases extraescolares de teatro son mucho más hábiles con la palabra, y también más tolerantes con los demás. Interactúan mejor».

«Tuvimos la oportunidad durante algunos años de organizar en el colegio un programa especial con un artista de teatro. Como tutor debo estar presente en todas las sesiones. No he dejado de asombrarme de lo que esta experiencia aportó a mis estudiantes. Los más tímidos recuperaron confianza. Los difíciles encontraron un lugar más positivo en el grupo. Todos tuvieron su momento de gloria y siempre nos divertimos, cosa que en el marco escolar no es tan común.»

«Tengo la suerte de coordinar un taller de teatro para niñas y niños que depende del Ayuntamiento, algo que está muy bien porque facilita que acudan estudiantes a las clases independientemente del factor económico. Para mí todas y todos son inteligentes, creativos, ingeniosos y muy aplicados para resolver los retos del trabajo. Se entusiasman con el teatro.»

La multididáctica del teatro

El teatro, como cualquier disciplina, tiene su didáctica, un modo específico de ser enseñado. Cito algunos ejemplos:

–Esto primero que aquello.

–Esto con mayor profundidad.

–Por ahora podemos manejarnos en el espacio intuitivamente.

–Ahora tenemos que darle un lugar al espectador.

–Aún podemos reírnos y seguir adelante pero luego tiene que ganar la concentración para desarrollar la situación.

Empecé a trabajar en una escuela con adolescentes en 1984 y desde entonces tengo la costumbre de escribir apuntes de lo que hago. Han pasado 30 años. He cambiado y han cambiado los contextos. Lo sigo haciendo sorprendido de lo que ocurre en cada clase. Agradecido de la posibilidad de ofrecer herramientas para el descubrimiento del potencial creativo.

Confío en que este trabajo sea una semilla más en la elaboración de una didáctica específica del quehacer teatral. Y como esta tarea es muy amplia, seguramente estaremos dando pasos para construir, entre todos, la Multididáctica del Teatro, ya que los enfoques son maravillosamente diversos. Para mí, ser artista y ser docente es, en realidad, una misma cosa. Estoy feliz de trabajar en «Arteducación» y de ser «artistaeducador».

¿Qué aporta el teatro al desarrollo de niñas, niños y jóvenes?

El teatro es un escenario magnífico para que todas las personas puedan superar dificultades personales y modificar aspectos de su personalidad.

Nos vamos a centrar en niñas, niños y jóvenes:

El temor al ridículo

Podría decirse que el sistema dominante trata de desarrollar al máximo el sentido del ridículo, porque personas con un alto sentido del ridículo son más fácilmente manipulables. Pero no es así en sociedades en las que el teatro forma parte de la educación de niñas, niños y jóvenes. El teatro educa en la observación y análisis de ese sentido del ridículo y nos invita continuamente a animarnos y ganar confianza. Así, niñas, niños y adolescentes pueden crecer gobernando su sentido del ridículo y estimulando su valor y la confianza.

Expresar los sentimientos

La observación de lo que sentimos no es algo que esté incluido en ningún sistema tradicional de enseñanza. Simplemente no sabemos bien lo que sentimos. No sabemos reconocerlo ni comunicárselo a los demás. Esto nos debilita. El teatro es un espejo donde se pueden ver, sentir e intuir aspectos interiores de la personalidad desconocidos por nosotros mismos, para aprender a leer interiormente nuestros gestos y los gestos de los otros y saber qué nos pasa y qué les pasa.

La formación teatral en niñas, niños y adolescentes amplía el umbral de la tolerancia, contribuye a que se acepten a sí mismos, a los otros y la diversidad, favorece actitudes no discriminatorias y genera respeto y valoración positiva de las opiniones ajenas.

Ensayar la vida

El teatro es un juego simbólico de ficción donde se puede interactuar con los demás sin miedo a equivocarse. En este juego se integran el sentir, el pensar y el actuar, favoreciendo la decisión, la libertad y la formación de escalas de valores. Es en este juego del teatro donde se alcanza a comprender el punto de vista de los demás, también involucrados en la misma situación, todos comprometidos con el rol que se asume.

¿Qué hace falta para organizar un proyecto como éste?

Un profesional adecuado

Una persona que tenga doble formación: que conozca lo suficiente de la disciplina y de pedagogía y didáctica. La experiencia sola no basta.

Un espacio adecuado

Un espacio relativamente amplio y diáfano, ya que el eje del aprendizaje pasa por el cuerpo en movimiento. Es mejor que haya sillas, para no sentarse en el suelo. Sillas que puedan recogerse con facilidad y colocarse nuevamente, ya que la clase tiene momentos de experimentación en que usamos el espacio vacío, y momentos de reflexión en que es mejor sentarse para dialogar. Es conveniente que haya un espejo, ya que muchos ejercicios realizados frente al espejo generan la activación de las denominadas neuronas «espejo» y refuerzan la imagen de uno mismo y del sentido de grupo. Ésta es la idea: yo me veo y nos vemos trabajando juntos.

Elementos adecuados

Es importante contar con un ropero para guardar el vestuario que se usará en las clases. Telas o pañuelos. Sombreros. Elementos de cotillón. Antifaces. Bolsas de plástico. Botellas de plástico de diferentes tamaños. Pajitas. Bolis. Corchos. Ovillos de lana. Libros. Libretas. Periódicos. Pelotas.

Podemos ir pidiendo material y guardarlo para que los diferentes grupos lo usen indistintamente, salvo el boli, el corcho y la libreta, que es personal.

Es importante que haya un lugar para guardar todo este material y no tener que transportarlo cada vez o ir pidiéndolo (porque siempre habrá más de uno que olvide traerlo).

El teatro, como disciplina, merece contar con un espacio propio.

Cómo agrupar a los alumnos

Intentaremos agrupar por edades a los participantes de los talleres de teatro. Lo ideal sería hacerlo siguiendo las edades escolares, pero esto es muy difícil de rentabilizar en cualquier institución privada o pública que no sea la escuela. Lo recomendable, en cualquier caso, sería tender hacia eso: niñas y niños de 4 y 5 años (educación inicial), niñas y niños de 6 y 7 años (primer ciclo), niñas y niños de 8 y 9 (segundo ciclo), niñas y niños de 10 y 11 (tercer ciclo), adolescentes de 12 y 13 (en España, 1.º y 2.º de la ESO), adolescentes de 14 y 15 (en España, 3.º y 4.º de la ESO), y adolescentes de 16 y 17 (en España, 1.º y 2 de Bachillerato). Éste es el criterio que seguiré para la organización del libro.

Si esto no fuera posible por cuestiones de rentabilidad, y me refiero tanto al factor económico como al mínimo necesario para asegurar el aprendizaje en grupo, se puede intentar la configuración siguiente: niñas y niños de 4 y 5 años; niñas y niños de 6, 7 y 8 años; niñas y niños de 9, 10 y 11 años; adolescentes de 12, 13 y 14, y adolescentes de 15, 16 y 17 años.

Si aun así no fuera posible, ¡hagan ustedes lo que puedan! Con el tiempo seguramente el trabajo irá creciendo. Confíen en ello.

El humadibu

En esta época y en las grandes ciudades las niñas, niños y adolescentes suelen tener los siguientes rasgos:

–Cierta dificultad para reconocer la figura del adulto, ya que muchos adultos tienen dificultades para crear su rol de adultos, factor muy necesario en la formación de niñas, niños y adolescentes.

–Al pasar muchas horas frente a la pantalla (televisión, dispositivos móviles, vídeojuegos…) tienen:

–Atención entrenada en lo pequeño, lo que puede poner en peligro la posibilidad de ver a mayor escala y tener una perspectiva más amplia.

–Tendencia al hipermovimiento, ya que el contacto con las pantallas les genera un sistema referencial de movimiento acelerado.

–Costumbre de chillar y gritar, ya que el contacto con las pantallas y las voces de los dibujos animados les genera un sistema referencial de voz chillada, gritona y aguda, sobre todo cuando están en grupo, lo cual es potenciado por la rutina y el hábito escolar.

Un concepto que suelo usar con niños y niñas en el marco de los talleres en escuelas es el del «HUMADIBU». Digo:

–Mmm, me parece que aquí tenemos a unos cuantos humadibus…

Se hace el silencio. No conocen el término. Repito exagerando la voz, y como si tuviera cierto temor de decirlo. Esto genera un clima…

–Los humadibus parecen niños o niñas pero en realidad se comportan como dibujos animados. Son niñas o niños que como se pasan muchas horas frente a la pantalla, y pocas horas jugando con otros niños o niñas, se parecen más a los dibujos animados que a los niños y niñas; chillan y gritan en vez de hablar; se mueven todo el tiempo; suelen interrumpir en vez de escuchar...

Rápidamente comienzan los ejemplos.

–Fulanito es humadibu. Menganita es humadibu…

Y sigo hablando:

–Estoy seguro de que no tenemos ningún humadibu entre nosotros, pero si hubiera alguno no es grave; podemos dejar de serlo y ser niñas maravillosas y niños maravillosos, curiosos, con deseo de aventura… Por eso estamos haciendo teatro...

La explicación trata de generar un referente, y de aquí en adelante las niñas y los niños reconocen este estilo de comunicación.

–Gran antídoto para que no avance el humadibu y se desarrolle la niña y el niño maravilloso que lleváis dentro: «Leed libros y jugad con otros niños». –También exagero la voz, como si hablara un patriarca o lo susurrara el viento. Enseñar teatro es actuar todo el tiempo, invitando desde esta actitud a que lo hagan ellos también, y sobre todo cuando se trata de niñas, niños y jóvenes.

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Niñas y niños de 4 y 5 años

Hacer teatro a esta edad es algo bastante natural, ya que los niños tienden a representar todo lo que ven y lo que les sucede. Actúan encontrándose, de este modo, con sus emociones y temperamentos.

Todos los ejercicios se presentan a modo de juegos y el clima de la clase es lúdico por excelencia. El teatro es un juego y una disciplina que se funda, para estas edades, en el gran placer que les da moverse, realizar una actividad motriz. También tenemos a nuestro favor la tendencia de los niños de 4 y 5 años a explorar el mundo sin referentes impuestos todavía, y que su imaginación no está tan limitada. Adquieren herramientas para comunicar lo que imaginan y esto la potencia aún más.

Diferencia entre jugar y hacer ejercicios

Aunque los ejercicios propuestos son muy parecidos a los juegos, es necesario aclarar a las niñas y niños la diferencia: se juega en el recreo, y si no tienes ganas, no juegas. Pero en el taller de teatro se hacen ejercicios aunque no tengas ganas. Por ello, cuando utilizamos el verbo jugar (o el sustantivo juego), es en el sentido de llevar a cabo una tarea creativa con sus premisas y objetivos.

Como profesores, comprobaremos que haciendo los ejercicios renacen las ganas en los pequeños.

A través de los ejercicios, al igual que con los juegos, las niñas y niños entran en diálogo con la realidad desde una actitud de confianza, toman decisiones que hacen variar la realidad que van creando, acercándose al placer y a la belleza. Así se promueve la formación de criterios estéticos y éticos extrapolables a la vida cotidiana.

Con los ejercicios del taller de teatro crearemos

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