“Kikin” Rispa un luchador incansable by Enrique Rispa Ramírez - Read Online
“Kikin” Rispa un luchador incansable
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Acerca de

Resumen

“Kikin” Rispa, Administrador de profesión, tenía la Gerencia General de una Consultora y era docente en una universidad, pero su vida dio un gran cambio en diciembre del 2010 a raíz de la amputación de su pierna derecha producto de un tumor cancerígeno agresivo que lo hizo encontrar un nuevo propósito de vida. Lo que vino después pudo ser un largo camino de desconcierto y miedo, pero se convirtió en una experiencia que lo llevó aemprender nuevos retos y ser un líder activista en temas de discapacidad y un ejemplo de superación para muchos. La historia de estos cinco meses de quimioterapia y sus efectos, un sinfín de dudas y el hecho de ir tomando conciencia plena de vivir en adelante con una discapacidad, tenía que ser contada. Una historia de lucha, una historia de un joven como muchos, pero con la idea clara de que su vida cobraba un propósito más importante: compartir y ayudar a otros acomprender que siempre hay una oportunidad de darle cara a la vida. “Kikín”, como prefiere que lo llamen, ha participado en diferentes entrevistas en medios de comunicación a raíz de esta gran experiencia de vida. Actualmente es Presidente de la Asociación Juvenil Generando Sonrisas, autor de “El blog de Kikín Rispa” desde el 2009 y dicta charlas de motivación y liderazgo personal a raíz de esta experiencia y ha continuado con su trabajo como consultor y docente. Además impulsa un programa de inclusión social y laboral, y campañanas sociales de sensibilización por el respeto a las Personas con Discapacidad.

Publicado: SAXO el
ISBN: 9786120019207
Enumerar precios: $3.99
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Reseñas

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“Kikin” Rispa un luchador incansable - Enrique Rispa Ramírez

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Villanueva®

Prólogo

«Kikín, me gusta tu blog… ¿Por qué no escribes un libro?».

Y así empezó todo. La vida te da tantas señales para saber hacia dónde tienes que apuntar que solo te hace falta parar la oreja y escuchar. Lo malo es que mucha gente tiene huevadas en la cabeza, se obsesiona con el carro, la casa, el trabajo, el dinero, etc.; que no está mal quererlos, lo que está mal es hacerlos el centro de tu vida. ¿Acaso todos hemos nacido para conseguir las mismas cosas? ¿Qué manual de felicidad hemos leído donde se diga que el dinero y las posesiones son el fin máximo del ser humano? Es absurdo pensar que es así, que nuestra vida debe estar dedicada prioritariamente a ganar dinero o a comprar cosas.

A lo largo de la historia de la humanidad ha quedado demostrado que el dinero o las cosas materiales no ofrecen ni paz, ni felicidad, ni plenitud; por el contrario, se relacionan directamente con la avaricia, el egoísmo y la injusticia. Pero quién nos entiende, el ser humano es terco y le gusta dar la contra por naturaleza, y qué mejor ejemplo que el de Adán y Eva, que les dijo Dios: «No coman de ahí» y comieron. Lejos de echarle la culpa a Eva por dejarse convencer por la serpiente o de echarle la culpa a Adán por hacerle caso a Eva (que no dudo que si no lo hacía, le cerraban el caño), nos ponemos frente a esta condición humana de hacer todo lo contrario a lo que deberíamos.

El ser humano es el único animal que se tropieza con la misma piedra más de dos veces. Escandalosamente pueden ser más de diez, incluso algunos le agarran el gusto a la piedra y dale que te dale por ahí sin hacer el esfuerzo de evitarla y, además, se preguntan «¿por qué a mí de nuevo?». ¿Curioso no?, porque en teoría somos los seres más inteligentes del planeta, sin embargo, tenemos una capacidad única para negarnos a la realidad, taparnos los ojos y oídos, para fabricar en nuestras mentes realidades alternativas con tal de evitar una buena dosis de VERDAD.

Todos tenemos ese gen de hacer lo que no debemos, a pesar de que la vida a veces nos llama a gritos «ven por acá, ¡carajo!», pero también tenemos el gen de aprender y evolucionar, aunque muchos no lo usen. Pero sí, se puede, se puede y se debe aprender de los errores para seguir evolucionando en la vida. No es fácil, depende de cada uno el tomar la decisión de seguir adelante y de contar con el apoyo de personas que realmente te quieren para lograrlo, estando atentos a las señales durante el camino y logrando el desapego hacia el dinero y lo material.

Yo soy así desde mis años mozos, equivocándome mucho, a veces con la misma piedra, pero aprendiendo sin conformarme, buscando ser mejor, por y para mí, y para mi entorno cercano. Siempre atento a lo que me pasa en la vida para tratar de entender la razón del por qué las cosas pasan de esa manera y saber hacia dónde me quieren llevar, así sean cosas malas o desagradables, porque todo es por algo.

Y vaya que me han pasado cosas feas, no creo que conozcan a muchas personas que hayan pasado cinco veces por el quirófano, para sacarme el apéndice, la vesícula y tres tumores cancerígenos, dando como resultado final que tenga que tomar la decisión de cortarme una pierna o morir. Además, con metástasis a los pulmones, por lo que tuve que hacer el tratamiento más espantoso que puede existir en nuestro planeta: quimioterapia. ¿Feo, no? Imaginen por un segundo que ustedes son yo ¿Cómo se sentirían? ¿Qué pensarían? ¿Cómo lo hubieran afrontado? ¿A quién hubieran recurrido? ¿Harían el tratamiento? ¿Lo aguantarían? ¿Pensarían que su vida sería igual luego de que les cortaran una pierna? ¿Cómo afrontarían su trabajo, a su familia, a sus amigos? ¿Se sentirían vivos a pesar de estar incompletos? ¿Se derrumbarían y creerían que es el fin o se pondrían de pie para decir: «Quiero vivir, seguiré adelante cueste lo que cueste»?

Haría un libro nuevo solo con todas las interrogantes que se desprenderían de sus cabezas si se pusieran en mi zapato (solo uno), entonces creo que de parte de ustedes solo quedaría una última pregunta hacia mí: «¿Y tú como haces?». Tal vez se sorprendan de mi respuesta: «¡A la mierda!».

La peor tortura que uno puede hacerse a sí mismo es atormentarse por cuestionamientos absurdos y pesimistas, que lo único que hacen es desanimarte. Yo no soy así, siempre he visto las cosas de manera positiva y por eso estoy convencido de que querer es poder. No me atormento con esas preguntas de lo que no podría tener ni de lo que no podría alcanzar, al contrario, pienso en que puedo seguir haciendo mi vida casi con normalidad, de otra manera y con otro ritmo. Aprender, adaptarse, madurar, evolucionar.

Puedo, no lo dudo, a pesar de que mucha gente opine lo contrario. Mucha gente se deja ganar por las dificultades y ante problemas serios tiran la toalla y se pierden en la depresión, y lo peor es que contagian a los demás. Yo no, eso no existe para mí ni tampoco dejo que la gente pesimista me contagie. Desde chico aprendí de la profecía del autocumplimiento, parafraseando a Henry Ford: Si crees que puedes o que no puedes estarás en lo correcto. Así que para mí y mi vida, el creer que puedo marca la diferencia.

Es así como a pesar de todo lo que me ha pasado sigo trabajando, practicando deportes, divirtiéndome, estudiando, enseñando, aprendiendo y, muy especialmente, compartiendo mi vida con otras personas para que tomen mi experiencia de vida y les quede claro que todo es posible en esta vida, si te lo propones.

Empecé haciéndolo con mi blog Kikín Rispa, pues era mi ventana hacia el mundo para que conozcan mi forma de pensar, sentir y actuar. Voy a cumplir seis años escribiendo y mi primera intención era muy diferente a la de ahora; luego de la operación, hace cuatro años, todo cambió. Me dediqué a contarle al mundo lo que significa tener cáncer y lo que significa ser una persona con diversidad funcional o persona con discapacidad (PcD), en esta Lima que puede ser tan maravillosa como inhumana, y que vivir en ella bajo estas condiciones se ha vuelto una guerra.

Pero crean o no, yo siento que voy ganando varias batallas y me remito al simple pero poderoso hecho de que no dejo de luchar. No me canso de seguir intentando recuperar mi vida hasta llegar a casi el 100 % de lo que era antes de entrar al quirófano, tanto en planes de carrera, de familia, de amigos, de deportes, en sí, mis planes de vida. Todo lo que me ha pasado ha servido como una pausa para replantear mi vida, reordenarla, reorientarla, repotenciarla y seguir mi camino dejando huellas. Así que es eso exactamente lo que quiero y hago, dejar un recuerdo memorable de mi paso por este mundo, que no tiene nada que ver con ser el más rico, con la casa más grande, con el carro más lujoso, con la mujer más hermosa, con el trabajo más reconocido: ¡no! Tiene que ver con tener un propósito de trascender en la vida de otras personas y dejar un recuerdo en sus corazones, para que se contagien un poco de este espíritu inagotable que a voz en cuello grita: ¡VIVIR!

Es bastante difícil, claro que sí, no quiero engañar a nadie. No todos tenemos las mismas capacidades o actitudes hacia la vida, es cierto, pero cada quien tiene sus propias habilidades y fortalezas para poder hacerle frente a la adversidad. Yo tengo las mías, ya aprendí cuáles son y las utilizo para cumplir mis metas y sueños; creo que cada quien debería hacer lo mismo, orientarlas a trascender en lugar de perder el tiempo en banalidades.

Así que en el propósito de hacer de mi vida algo útil para otras personas y al haber recibido este claro mensaje de más de una, decidí plasmar las publicaciones del blog en este libro, desde el primero que escribí al salir del hospital luego de la amputación, hasta el número 100 (luego del cual he seguido escribiendo en el Blog que espero visiten), haciendo una selección de los posts relacionados a este arduo camino, para que cada vez más personas busquen en mis palabras alguna motivación que las ayude y la apliquen en sus vidas.

No sé si este libro podría titularse de autoayuda, porque nadie le puede cambiar la vida a nadie a menos que uno mismo lo quiera, siempre dependerá de uno lo que hace con su vida y si toma o no las experiencias de los demás para hacerlas parte de su aprendizaje. No sé tampoco si sea un libro autobiográfico, pues a pesar de que escribo sobre mí mismo y mi vida, no es que haya muchos detalles de qué es lo que hice en cada uno de mis 32 años. Lo que sí sé es que mucha gente que ha visitado mi blog o que me conoce en persona, por toda esta experiencia, me ha recompensado con un gracias.

Gracias porque ven que los problemas que tienen son más pequeños que los míos y no deben desmoronarse; gracias porque les trasmito un mensaje de optimismo, fe, fortaleza y lucha; gracias porque han pasado por experiencias similares y sienten que hay alguien que los comprende; gracias porque los hago distraerse y reírse y, a la vez, reflexionar sobre la vida; gracias por tantas cosas; que en realidad soy yo el que debo agradecerles a todos por la buena vibra y por recibir en sus corazones mi mensaje. Espero que los que tengan el libro en sus manos abran sus ojos y oídos, abran su mente y, en especial, abran su corazón y puedan experimentar por breves momentos una experiencia llena de amor.

Yo les agradezco a ustedes porque están aportando de manera positiva en mi vida. No voy a negar que hay una dosis de ego y de querer ser alguien importante, siempre he sido muy figureti y vanidoso, como se darán cuenta a medida que avancen página por página.

Creo que a todos nos gustaría tener un momento de fama, así que esto es algo normal, algo que está en todos y también en mí, y no voy a negarlo; además tampoco es que sea un deseo incontrolable. Sé que se debe mantener la humildad en lo que se hace, cuando se hace bien, pero también creo que es importante reconocer en uno mismo sus virtudes y estar orgulloso de ellas; sin creerse más ni menos que nadie.

También les agradezco porque están aportando de manera económica, ¿obvio no? El libro cuesta y tendré ganancias. Pero no para comprar la casa, el auto, el yate, ni ninguna de esas huevadas; el dinero me va a servir para comprar mejores prótesis, tanto para caminar como para correr, pues para los que no están enterados del tema (que imagino son la mayoría), una prótesis biónica bordea los cien mil dólares americanos; monto que no es nada fácil de conseguir y espero que los ingresos por este libro me ayuden, en gran medida, a conseguirlo. Tengo fe.

Sin embargo, mi mayor ganancia con este libro, como ya lo dije, es trascender en la vida de los demás, dejando una huella imborrable en sus corazones, y cumplir el propósito que yo creo que tengo en esta vida, sino no hubiera tenido una segunda oportunidad de seguir viviendo. No siempre se tienen segundas oportunidades, lo sabemos. Yo tuve una y no pienso desperdiciarla, trato de vivir intensamente, sin dejar nada para mañana, amando y disfrutando cada oportunidad que tengo con mi familia, con mis amigos y hasta con desconocidos; buscando ser feliz y hacer feliz a los demás con lo que tengo, y no pensando en lo que me falta.

Espero que lo disfruten, diviertiéndose y reflexionando con mis historias. No lean con ojos de crítica ni mucho menos pensando en «¿quién es éste que cree que me va a enseñar algo?»; seguramente encontraran cosas con las que no estén de acuerdo conmigo, lo cual es normal, cada quien ve las cosas desde su punto de vista. Solo les pido que cada historia la traten de entender y disfrutar según lo que estoy contando, sea algo divertido, algo romántico, algo doloroso, algo triste, algo sarcástico… pero sobre todo les pido que lo reciban de corazón y espero que quede una pequeña huella en ustedes.

Gracias.

Presentación de las publicaciones sobre mi segunda vida.

7 de diciembre del 2010. Probablemente ese ha sido el día más horrible de toda mi vida. Estaba acostumbrado a muchas particularidades de mi salud, pero nada comparado con esto. A los vientiueve años tuve que enfrentar esta puta enfermedad: el cáncer. No contenta con alojarse en mi pierna derecha, hizo metástasis en mis pulmones; la solución al primer obstáculo fue la amputación de la pierna, y, al segundo, hacer la quimioterapia. La pregunta del millón es: ¿Cómo digerir esto? ¿Cómo asumir esta enfermedad? ¿Cómo enfrentar mi nueva vida sin una pierna? ¿Cómo darle cara a la muerte y decirle «aún no me lleves»?

Nada en esta vida te prepara a conciencia para afrontarla, por el simple hecho de que nadie vive esperando que le ocurran este tipo de situaciones. Simplemente vives, a tu ritmo, en tu entorno, conociendo y experimentando lo que la vida te pone al frente de buena y mala gana. Luego, uno despierta con estos golpes tan duros, se da cuenta de a pocos que, si es que te lo propones, cada camino de la vida que has tomado te lleva al siguiente y solo depende de ti hacer que ese recorrido, por más absurdo y superficial que parezca, tenga un verdadero sentido.

Creo que los caminos de mi vida me llevaron a experimentar varios aspectos positivos como ser humano, cualidades que sin duda jugaron un papel importante para asumir y afrontar estas situaciones de una forma tan canchera que casi casi podría rozar con la locura (y yo mismo no descarto esta posibilidad). Me atrevo a decir que dentro de estas cualidades está la de tener un espíritu indomable, fortalecido por el amor de Dios, a través de mi familia y amigos.

Misteriosos son los caminos del Señor, dice el dicho, pero para alguien que ha aprendido durante su vida que Dios está en todo lo que nos rodea, deja de ser tan difícil abrir el corazón y la mente, escuchar con los ojos y mirar con los oídos; aprender que las respuestas que necesitas están siempre siempre, frente a tus narices y al alcance de tus manos (solo tienes que abrirlas).

La noche anterior a la operación, Dios (o la vida, o la energía, o los astros, según lo que prefieras creer) conversó conmigo, a través de la persona adecuada. Esa noche esta persona se quedó hasta tarde y pidió conversar a solas conmigo. Él es un hombre de fe y yo también, aunque profesamos diferentes religiones (pero nuestro amor a Dios y al prójimo, es el mismo). El mensaje que me llevó Don Mario lo puedo resumir así: «Kike, me doy cuenta de que tú tienes mucha llegada con las personas, están pendientes de ti y de lo que te pasa, y sobre todo te escuchan. Si te está pasando esto es porque Dios quiere algo de ti, algo concreto, algo especial; por eso te lo está mandando a ti. Tú eres una persona que tiene fe, escucha a Dios y dale sentido a lo que te está pasando…, encuéntrale un propósito». No me quedó otra opción que darle la razón en todo lo que me dijo y, desde ese momento, mi vida adoptó su mensaje como un AMÉN (que así sea).

Desde ese día, en adelante, no se me borra de la cabeza la palabra PROPÓSITO. Desde ese día todo lo que hago, desde lo más pequeño y simple como andar en muletas, hasta lo más complicado como armar un proyecto social para generar un cambio en la sociedad y que se respeten a las personas con diversidad funcional (o personas con discapacidad), todo lo hago plenamente convencido de que tengo un propósito, y que debo encaminar cada paso que doy para conseguirlo. No me llevó mucho tiempo descubrir cuál era ese propósito. Después de la primera publicación que hice luego de mi operación (que es la que viene después de esta presentación), llegó casi como si hubiese estado grabado en piedra con fuego.

Mi propósito desde ese día es, y será por siempre, hacer de mi vida un ejemplo para todos aquellos que quieran considerarlo como tal. Hacer que cada paso, cada lucha, cada logro, cada trámite, cada mensaje, cada proyecto sea una muestra de que somos capaces de conseguir grandes cosas cuando estamos dispuestos a entregar nuestro cuerpo y alma a ese propósito, que es más grande que nosotros, que marca la diferencia, que es trascendente en nuestra vida y en la vida de los demás.

El paciente del 927

(24 de diciembre del 2010)

Un mes en Rebagliati no se lo recomiendo a nadie. No voy a hacer una catarsis sobre el sistema de salud nacional porque todos sabemos cómo estamos, solo les diré que ni porque un personaje político en uno de los más altos cargos del país intervino para que me atiendan, ni por eso, se apuraron como hubiese querido… En fin, esperemos que, ahora