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Frankenstein o el moderno Prometeo

Frankenstein o el moderno Prometeo

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Frankenstein o el moderno Prometeo

valoraciones:
3.5/5 (56 valoraciones)
Longitud:
307 páginas
4 horas
Editorial:
Publicado:
Sep 20, 2015
ISBN:
9788416440153
Formato:
Libro

Descripción

En el verano de 1816, Lord Byron invita al poeta Percy Bysshe Shelley y a su joven esposa, Mary, a su casa de Suiza. Los días son lluviosos y el anfitrión propone que cada uno escriba un relato de fantasmas. Así surgirá Frankenstein o el moderno Prometeo, publicada en 1818 y considerada la primera novela del género de ciencia ficción.
Atrapado en los hielos del Ártico, Victor Frankenstein es rescatado por el capitán Walton. Dedicará sus últimos días a narrarle la trágica historia de sus experimentos en búsqueda del poder de dotar de vida a la materia inerte y cómo el ser que creó se rebelaría contra él.
En esta edición destaca especialmente el trabajo gráfico de Elena Odriozola, quien ha hecho una personal lectura del texto clásico. Su teatrillo de papel es un escenario que abre las puertas a nuevas posibilidades de narración visual.
Editorial:
Publicado:
Sep 20, 2015
ISBN:
9788416440153
Formato:
Libro

Sobre el autor

Mary Shelley (1797–1851) was the only daughter of the political philosopher William Godwin and Mary Wollstonecraft, celebrated author of A Vindication of the Rights of Woman. At the age of sixteen, Shelley (then Mary Godwin) scandalized English society by eloping with the poet Percy Bysshe Shelley, who was married. Best known for the genre-defining Frankenstein (1818), she was a prolific writer of fiction, travelogues, and biographies during her lifetime, and was instrumental in securing the literary reputation of Percy Shelley after his tragic death.


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Vista previa del libro

Frankenstein o el moderno Prometeo - Mary Shelley

FRANKENSTEIN

O EL MODERNO PROMETEO

Mary Shelley

Ilustraciones de Elena Odriozola

Traducción de Francisco Torres Oliver

Título original: Frankenstein

© De las ilustraciones: Elena Odriozola

© De las fotografías: Perdinande Sancho

© De la traducción: Francisco Torres Oliver

Edición en ebook: julio de 2015

© Nórdica Libros, S.L.

C/ Fuerte de Navidad, 11, 1.º B 28044 Madrid (España)

www.nordicalibros.com

ISBN DIGITAL: ISBN 978-84-16440-153

Diseño de colección: Diego Moreno

Corrección ortotipográfica: Ana Patrón y Susana Rodríguez

Maquetación ebook: Caurina Diseño Gráfico

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

Did I request thee, Maker, from my clay

To mould me man? Did I solicit thee

From darkness to promote me?

Paradise Lost

Contenido

Portadilla

Créditos

Cita

Autor

Ilustraciones

Introducción de la autora para la edición de Standard Novels

Prefacio

Carta primera

Carta segunda

Carta tercera

Carta cuarta

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Capítulo 19

Capítulo 20

Capítulo 21

Capítulo 22

Capítulo 23

Capítulo 24

Continuación de Walton

Contraportada

Mary Shelley

(Londres, 1797-1851)


Mary Wollstonecraft Godwin, conocida como Mary Shelley, fue una narradora, dramaturga, ensayista, filósofa y biógrafa británica, reconocida sobre todo por ser la autora de la novela gótica Frankenstein o el moderno Prometeo (1818). También editó y promocionó las obras de su esposo, el poeta romántico y filósofo Percy Bysshe Shelley. Su padre fue el filósofo político William Godwin y su madre la filósofa feminista Mary Wollstonecraft.

En Nórdica hemos publicado su novela corta Mathilda, acompañada de dos obras de su madre, Mary y Maria.

Elena Odriozola


Nació en 1967 en San Sebastián, ciudad en la que ha vivido siempre. Empezó ilustrando libros de texto hace unos veinte años mientras trabajaba en una agencia de publicidad. Luego, una cosa llevó a la otra, y ahora lleva unos cien libros publicados, la mayoría de literatura infantil y juvenil. En esta misma colección ha publicado ¿Cuánta tierra necesita un hombre? Y Cenicienta.

PREMIO NACIONAL DE ILUSTRACIÓN 2015

Introducción de la autora para la edición de Standard Novels

Los editores de Standard Novels, al seleccionar Frankenstein para una de sus colecciones, me han pedido que les facilite algún dato sobre el origen de este relato. Accedo a ello con mucho gusto, porque así daré una respuesta general a la pregunta que tan frecuentemente me han hecho: «¿Cómo, siendo yo una jovencita, llegué a pensar y dilatar una idea tan tremenda?». Es cierto que soy muy contraria a ponerme a mí misma en letra impresa; pero como esta nota va a aparecer como apéndice de otra anterior, y se va a limitar a cuestiones relacionadas con mi calidad de autora solamente, apenas puedo culparme de cometer una intrusión personal.

No es extraño que, como hija de dos personas de distinguida celebridad literaria, pensara muy pronto en escribir. De pequeña, ya garabateaba: mi pasión predilecta era «escribir cuentos». Sin embargo, tenía un placer más querido que este: hacer castillos en el aire, dedicarme a soñar despierta, seguir aquellos derroteros del pensamiento que tenían por tema la formación de una secuencia de incidentes imaginarios. Mis sueños eran a la vez más fantásticos y más agradables que mis escritos. En estos, yo no era sino una estricta imitadora que hacía lo que habían hecho otros, más que consignar las sugerencias de mi propia mente. Lo que escribía iba destinado al menos a otros ojos: los de la amiga y compañera de mi niñez; pero mis sueños eran totalmente míos; no se los contaba a nadie: eran mi refugio cuando me enfadaba... y mi mayor satisfacción cuando me sentía libre.

De niña viví principalmente en el campo, y pasé bastante tiempo en Escocia. Visité con frecuencia los lugares más pintorescos; pero tenía mi residencia habitual junto a las orillas vacías y lúgubres del Tay, cerca de Dundee. Ahora las califico de vacías y lúgubres; entonces no eran así. Eran el nido de la libertad, la región placentera donde, inadvertida, podía conversar con las criaturas de mi fantasía. En aquel entonces escribía..., pero con un estilo de lo más vulgar. Fue bajo los árboles de los parques pertenecientes a nuestra casa, o en las peladas faldas de las cercanas montañas, donde nacieron y se criaron mis auténticas composiciones, los vuelos etéreos de mi imaginación. No me erigí en heroína de mis cuentos. La vida me parecía un motivo demasiado vulgar en lo que a mí se refería. No podía imaginar que fueran jamás a tocarme en suerte desventuras románticas ni acontecimientos maravillosos; pero no me sentí reducida a mi propia identidad; podía poblar las horas con creaciones mucho más interesantes para mí, a esa edad, que mis propios sentimientos.

Después, mi vida se hizo más ajetreada, y la realidad ocupó el lugar de la ficción. Mi marido, no obstante, estaba desde un principio muy ansioso por que demostrase que era digna de mi familia y me inscribiese en las páginas de la fama. Me incitaba constantemente a que alcanzase prestigio literario, cosa que en aquel entonces me gustaba; aunque después me he vuelto infinitamente indiferente a todo eso. En aquella época, él quería que escribiese, no tanto con idea de que produjese algo digno de llamar la atención, sino a fin de poder juzgar hasta dónde prometía yo mejores cosas para el futuro. Sin embargo, no hice nada. Los viajes y los cuidados de la familia me ocupaban todo el tiempo, y toda la actividad literaria que acaparaba mi atención se reducía al estudio, bien en forma de lecturas, bien perfeccionando mis ideas al comunicarme con su mente muchísimo más cultivada.

En el verano de 1816 visitamos Suiza y fuimos vecinos de Lord Byron. Al principio, pasábamos nuestras horas agradables en el lago, o vagando por la orilla; y Lord Byron, que estaba escribiendo el canto tercero de Childe Harold, era el único que pasaba al papel sus pensamientos. Estos, tal como nos los iba exponiendo sucesivamente, vestidos con toda la luminosidad y armonía de la poesía, acuñaban como divinas las glorias del cielo y de la tierra, cuyas influencias compartíamos con él.

Pero el verano resultó húmedo y riguroso, y la incesante lluvia nos confinó a menudo durante días. En nuestras manos cayeron algunos volúmenes de relatos de fantasmas traducidos del alemán al francés. Entre ellos estaba la «Historia del amante inconstante», el cual, creyendo abrazar a la desposada a la que había dado su promesa, se descubría en brazos del pálido fantasma de aquella a la que había abandonado. Estaba el cuento del malvado fundador de su estirpe cuya desdichada condena consistía en dar un beso mortal a todos los hijos de su predestinada casa, precisamente al llegar estos a la pubertad. Su figura gigantesca y sombría, vestida como el fantasma de Hamlet, con armadura completa, pero con la visera levantada, fue vista a medianoche, bajo los oportunos rayos de la luna, cuando avanzaba lentamente por la avenida. Su silueta se perdió bajo la sombra de las murallas del castillo, pero poco después chirrió una verja, se oyó una pisada, se abrió la puerta de la cámara, y avanzó hasta el lecho de los sonrosados jóvenes, sumidos en saludable sueño. Un dolor infinito se acumuló en su rostro al inclinarse a besar la frente de los niños, que al punto empezaron a marchitarse como flores tronchadas sobre el tallo. No he vuelto a ver esos relatos desde entonces, pero tengo sus peripecias tan frescas en la memoria como si las hubiese leído ayer.

—Vamos a escribir cada uno un relato de fantasmas —dijo Lord Byron; y aceptamos su proposición. Éramos cuatro. El noble autor comenzó un cuento, cuyo fragmento publicó al final de su poema «Mazeppa». Shelley, más inclinado a plasmar sus ideas y sentimientos en el esplendor de la brillante imaginería y la música del más melodioso verso que adorna nuestra lengua que a inventar el mecanismo de una historia, empezó un relato basado en experiencias de la primera etapa de su vida. Al pobre Polidori se le ocurrió una idea terrible sobre una dama con cabeza de calavera, castigada de ese modo por espiar por el ojo de una cerradura. He olvidado qué es lo que vio; algo tremendamente espantoso y maligno, por supuesto; pero, una vez reducida a una condición peor que la del famoso Tom de Coventry, no sabía qué hacer con ella, y no tuvo más remedio que mandarla a la tumba de los Capuleto, único lugar apropiado. Los ilustres poetas, incómodos con la trivialidad de la prosa, abandonaron enseguida su antipática tarea.

Yo también me dediqué a pensar una historia; una historia que rivalizase con aquellas que nos habían animado a abordar dicha empresa. Una historia que hablase a los miedos misteriosos de nuestra naturaleza y despertase un horror estremecedor; una historia que hiciese mirar en torno suyo al lector amedrentado, le helase la sangre y le acelerase los latidos del corazón. Si no lograba estas cosas, mi historia de fantasmas sería indigna de tal nombre. Pensé y medité... pero sin resultado. Sentía esa vacía incapacidad de invención que es la mayor desdicha del autor, cuando a nuestras ansiosas invocaciones responde la penosa Nada.

—¿Has pensado una historia? —me preguntaban cada mañana; y cada mañana me veía obligada a contestar con una mortificante negativa.

Todo debe tener un principio, para decirlo con palabras de Sancho, y ese principio debe estar vinculado a algo que lo precede. Los hindúes afirman que el mundo lo sostiene un elefante, pero hacen que al elefante lo sostenga una tortuga. La invención, hay que admitirlo humildemente, no consiste en crear del vacío, sino del caos; en primer lugar hay que contar con los materiales; puede darse forma a oscuras sustancias amorfas, pero no se puede dar el ser a la sustancia misma. En todas las cuestiones de descubrimiento e invención, aun en aquellas que pertenecen a la imaginación, se nos recuerda continuamente la historia de Colón y su huevo. La invención consiste en esa capacidad de aprehender las posibilidades de un tema; y en poder moldear y formar ideas sugeridas por él.

Muchas y largas fueron las conversaciones entre Lord Byron y Shelley, de las que fui oyente fervorosa aunque casi muda. En el curso de una de ellas discutieron diversas doctrinas filosóficas, entre otras la naturaleza del principio vital, y la posibilidad de que se llegase a descubrir tal principio y conferirlo a la materia inerte. Hablaron de los experimentos del Dr. Darwin (no me refiero a lo que el doctor hizo verdaderamente, o dijo que hizo, sino, más en relación con mi tema, a lo que entonces se decía que había hecho), quien tuvo un fideo en una caja de cristal hasta que, por algún medio extraordinario, empezó a moverse merced a un impulso voluntario. No era así, sin embargo, como se infundía vida. Quizá podía reanimarse un cadáver; el galvanismo había dado pruebas de tales cosas; quizá podían fabricarse las partes componentes de una criatura, ensamblarlas y dotarlas de calor vital.

La noche menguó durante esta charla, e incluso había pasado la hora de las brujas, antes de que nos retirásemos a descansar. Cuando apoyé la cabeza sobre la almohada, no me dormí, aunque tampoco puedo decir qué pensaba. Mi imaginación, espontáneamente, me poseía y me guiaba, dotando a las sucesivas imágenes que surgían en mi mente de una viveza muy superior a los habituales límites de la ensoñación. Vi —con los ojos cerrados, pero con la aguda visión mental—, vi al pálido estudiante de artes impías, de rodillas junto al ser que había ensamblado. Vi el horrendo fantasma de un hombre tendido; y luego, por obra de algún ingenio poderoso, le vi manifestar signos de vida, y agitarse con movimiento torpe y semivital. Debía ser espantoso; pues supremamente espantoso sería el resultado de todo esfuerzo humano por imitar el prodigioso mecanismo del Creador del mundo. El éxito aterraría al propio artista; huiría horrorizado de su odiosa obra. Confiaría en que, abandonada a sí misma, se apagaría la leve chispa de la vida que había infundido; en que este ser que había recibido tan imperfecta animación se resolvería en materia inerte; y así pudo dormir, en la creencia de que el silencio de la tumba extinguiría para siempre la existencia efímera del horrendo cadáver al que había juzgado cuna de la vida. El estudiante está dormido, pero se despierta; abre los ojos; mira, y descubre al horrible ser junto a la cama; ha apartado las cortinas y le mira con sus ojos amarillentos, aguanosos, pero pensativos.

Abrí los míos con terror. La idea se apoderó de tal modo de mi mente que me recorrió un escalofrío de miedo, y quise cambiar la horrible imagen de mi fantasía por realidades de mi alrededor. Todavía las veo: la misma habitación, el parque oscuro, las contraventanas cerradas con la luna filtrándose a través, y la impresión que yo tenía de que el lago cristalino y los blancos y elevados Alpes estaban más allá. No pude librarme tan fácilmente de mi espantoso fantasma; seguía presente en mi imaginación. Debía tratar de pensar en otra cosa. Recurrí a mi historia de fantasmas... ¡mi tediosa, desafortunada historia de fantasmas! ¡Oh! ¡Si al menos lograra inventar una que asustase a mi lector como me había asustado yo esa noche!

Veloz y animada como la luz fue la idea que se me ocurrió. «¡La encontré! Lo que me ha aterrado a mí aterrará a los demás; solo necesito describir el espectro que ha visitado mi almohada a medianoche.» A la mañana siguiente anuncié que había pensado una historia. Empecé ese día con las palabras: «Una lúgubre noche de noviembre», consignando solo estrictamente los tremendos terrores del sueño que me despertó.

Al principio pensé escribir unas pocas páginas, un cuento corto; pero Shelley me insistió en que desarrollase más la idea. Ciertamente, no debo a mi esposo la sugerencia de una sola idea, ni siquiera de un sentimiento; sin embargo, de no ser por su estímulo, jamás habría recibido la forma en que ha salido a la luz. De esta aclaración debo exceptuar el prefacio. Que yo recuerde, lo escribió enteramente él.

Y ahora, una vez más, pido a mi horrenda criatura que salga al mundo y que prospere. Siento afecto por ella, pues fue el fruto de unos días felices, en que la muerte y el dolor no eran sino palabras que no encontraban verdadero eco en mi corazón. Sus diversas páginas hablan de muchos paseos, muchos viajes y muchas conversaciones, cuando yo no estaba sola; y mi compañero era alguien a quien no veré más en este mundo. Pero esto es para mí; a mis lectores no les incumben estas asociaciones.

Solo añadiré unas palabras sobre las alteraciones que he introducido. Son principalmente de estilo. No he cambiado parte alguna del relato ni he introducido ideas ni circunstancias nuevas. He corregido el lenguaje donde era tan soso que mermaba el interés del relato; estos cambios aparecen casi exclusivamente al principio del primer volumen. En los demás, se limitan a aquellas partes que son meras adiciones a la historia, dejando intactos su fondo y su sustancia.

M. W. S.

Londres, 15 de octubre de 1831

Prefacio

El suceso en el que se basa este relato no es considerado imposible por el Dr. Darwin y algunos tratadistas alemanes de fisiología. No debe suponerse que yo esté ni lo más remotamente de acuerdo con semejante fantasía; sin embargo, al adoptarla como base para una obra de ficción, no he pensado limitarme a tejer una serie de terrores sobrenaturales. El hecho del cual depende el interés de la historia está exento de las desventajas del mero relato de espectros o de encantamientos. Está avalado por la novedad de las situaciones que desarrolla y, aunque imposible como hecho físico, proporciona a la imaginación un punto de vista desde el cual delinear las pasiones humanas de manera más amplia y vigorosa de lo que puede permitir cualquier relación de hechos verídicos.

Así, he procurado conservar la verdad de los principios elementales de la naturaleza humana, si bien no he vacilado en innovar sus combinaciones. La Ilíada, la poesía trágica de Grecia, Shakespeare en La tempestad y El sueño de una noche de verano, y muy especialmente Milton en El paraíso perdido se ajustan a esta regla; y el más humilde novelista que aspire a proporcionar u obtener alguna distracción con su trabajo puede aplicar en las creaciones en prosa, sin presunción, esta licencia, o más bien esta regla, de cuya adopción han resultado tantas combinaciones exquisitas de sentimientos humanos en los más altos ejemplos de la poesía.

La circunstancia en la que se apoya mi narración surgió de una conversación casual. Empezó en parte como un modo de distracción, y en parte como un recurso para ejercitar todas las parcelas inexploradas de la mente. A medida que avanzaba la obra, vinieron a incorporarse otros motivos. No soy en absoluto indiferente al modo en que afectan al lector las tendencias morales existentes en los sentimientos y personajes que en ella se contienen, cualesquiera que sean; sin embargo, mi mayor interés a este respecto se ha centrado en evitar los efectos enervantes de las novelas de hoy día, y en poner de manifiesto la bondad del afecto familiar, y la excelencia de la virtud universal. No debe suponerse de ningún modo que las opiniones que emanan naturalmente del carácter y situaciones del protagonista corresponden siempre a mis propias convicciones; ni hay que extraer la conclusión de que las páginas que siguen presuponen doctrina filosófica alguna.

También le interesa a la autora resaltar que empezó este relato en la majestuosa región donde se sitúa principalmente su escenario, y en compañía de aquellos a los que no puede dejar de echar de menos. Pasé el verano de 1816 en las cercanías de Ginebra. La estación era fría y lluviosa, nos reuníamos por la tarde en torno a un buen fuego de leña, y a veces nos distraíamos con algunos relatos alemanes de fantasmas que habían caído en nuestras manos. Esos cuentos despertaron en nosotros un deportivo deseo de imitación. Otros dos amigos (cualquier relato debido a la pluma de uno de ellos sería infinitamente más aceptable para el público que lo que yo pueda llegar a crear jamás) y yo acordamos escribir un relato, cada uno fundado en algún suceso sobrenatural.

El tiempo, sin embargo, mejoró de repente; y mis dos amigos me dejaron, emprendieron un viaje por los Alpes, y en esos grandiosos escenarios se olvidaron por completo de sus visiones fantasmales. El relato que sigue es el único que ha quedado completo.

Marlow, septiembre de 1817

Carta primera

A la Sra. Saville, Inglaterra

San Petersburgo, 11 de diciembre, 17…

Te alegrará saber que no ha acompañado ninguna desgracia al comienzo de una empresa que tú veías con tan malos augurios. Llegué aquí ayer; y lo primero que hago es confirmarte, querida hermana, mi bienestar y mi confianza cada vez mayor en el éxito de esta misión.

Me encuentro ya muy al norte de Londres; y, al pasear por las calles de Petersburgo, siento en las mejillas la fría brisa que me vigoriza los nervios y me llena de satisfacción. ¿Comprendes este sentimiento? Esa brisa, que ha recorrido las regiones hacia las que me dirijo, me anticipa el sabor de esos climas helados. Alentado por este viento de promesa, mis sueños se vuelven más fervientes y vívidos. En vano trato de convencerme de que el Polo es la morada de los hielos y la desolación; la imaginación siempre

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Reseñas

Lo que piensa la gente sobre Frankenstein o el moderno Prometeo

3.5
56 valoraciones / 294 Reseñas
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Reseñas de lectores

  • (4/5)
    I'm not sure how I went this long without reading Frankenstein (or Dracula, which is still on my TBR list). Of course I'd heard about the story, and thought that I knew the basics of it (apparently I knew more about the movies than the book), and since it's October and Halloween is fast approaching, I thought that I'd find a creepy read.Instead, I found myself getting weepy over Frankenstein's creation. Frankenstein is a total dick, and I find it impossible to really feel anything for him except a vague disgust. Frankenstein spends years crafting his creation, and as SOON as his creation is animated, he is repulsed by him. Having brought this creation to life, with him knowing nothing about life or humans or anything, completely dependent on his creator for care, Frankenstein abandons him - FOR TWO YEARS. TWO FREAKING YEARS. Meanwhile, this poor creation is thrust into a world he does not and cannot possibly understand. He doesn't even understand hunger or thirst, much less how to speak or express his needs. All the creation longs for is acceptance; instead, he finds only horror. Every time he tries to help people in an attempt to win their favor, he's shot or beaten or hated. Is it any wonder that he becomes full of rage and turns that against his creator, whom he blames for bringing him to "life" and then abandoning him in a cruel world? I do feel sorry for the characters that are hurt because of their association with Frankenstein, but Frankenstein himself? Meh. In spite of never being formally educated, the creation is quite smart (having taught himself language and reason by observing, studying his neighbors circumspectly, and reading a few books he found abandoned) and totally calls out Frankenstein for his dickish behavior, and I enjoyed this part the most. And I hated how remorseful the creation was when Frankenstein dies, because I really wanted him to just say "fuck this hoe" and leave. Altogether, this wasn't what I expected it to be - and I'm glad for that. Three stars because I still feel we're suppose to sympathize a bit with Frankenstein, and I just can't. CANNOT.
  • (2/5)
    I didn't finish this story, perhaps because I'd tired of Victorian/Gothic fiction by the time I'd started reading this novel. Perhaps, it was because I hadn't expected a frame story about how the hedonistic Dr. Frankenstein created a person on whim, abandoned him, and refused to take responsibility even as his creation showed an infantile inability to move on from his traumatic rebirth without guidance.

    Half-way through the story, I was rooting for someone to shove the doctor off a cliff and help Frankenstein's monster to become a self-sufficient man. I doubt the end is that cheerful.

    There is a strong possibility that this story can be a trigger from adults who'd suffered neglect and abandonment in childhood. I appreciate that Shelley wrote a story that can elicit strong emotions through its plot, but it was too difficult to continue at times. I felt that too much of the story was told from Dr. Frankenstein's point of view (POV), making the section from the unnamed monster's POV more painful.

    One day, I'll try reading all the way through with different expectations.
  • (4/5)
    It has taken me decades, but I finally read this classic horror novel. I have no excuse for the procrastination, but it turned out to be a nice surprise because it is much different from the movies, we are so familiar with. The films and vampire lore surrounding Dracula, seem to have followed closely to that novel, but Shelley's Frankenstein is a much more philosophical exploration, asking big questions about nature, mankind and our different responsibilities to each. This is even more impressive if you consider that the author was only eighteen when she wrote it. If you are still perched on a fence, over this one, reconsider, and give it a try. It also worked very well as an audiobook.
  • (4/5)
    I can understand all the love I hear for this book. It is writing is eloquent and you can fell the time period the author is from. Sadly, this extreme difference is noticed because of how many (terrible) writing styles there are in this day. I cant say much that is not already said about this book. If you are someone who enjoys very well written art, this is for you. Writing style is not what I judge highly, as long as I can feel what the characters are feeling and see what they have seen, I enjoy a book. As for the person who wrote that Hollywood got it terribly wrong, they did. I listened to this on audio book (amazing reader btw, George Guidall is brilliant -I loved his audio reading of The Ear, The Eye, and The Arm By: Nancy Farmer.
  • (4/5)
    I haven't read this since high school so it felt like I was reading it for the first time. There was so much more here than I remembered, both in plot and in ideas. Well worth a re-read.
  • (5/5)
    Read this in high school and loved it, I still love it, such a brilliant mine to come up with the characters and story.
  • (4/5)
     I had to read Frankenstein as required reading my senior year of high school and I loved it. It was just the right amount of suspense, creepiness, and some big questions of morality. Reading this one also clarified any misconceptions I had about who was who - Frankenstein is Frankenstein, not his monster, and he does some pretty insane things pushing the boundaries between life and death in his obsession to bring back the one he loves. I found this fascinating and couldn't put the book down. It, for the most part, is close to the level of my love for Dracula.
  • (3/5)
    I've had Frankenstein on my to read list for years. This summer, my 14 yr. old niece was telling me about how it's her favorite book, so I decided to bump it up the pile and read it. I will be very interested to talk to her about this book. I really didn't like it. It is a miserable story and it makes me wonder whether anything could have been different, if, for example, Frankenstein had been kind to his monster? Everyone dies, everyone is unhappy, and it's so pathetically sad that any creepy factor gets totally lost. Sigh. I never thought I'd say that I liked Dracula better, but I did. I liked Dracula better.
  • (5/5)
    Two hundred years after its publication in 1818 Mary Shelley’s Frankenstein remains a powerful and relevant work with merits that go well beyond acknowledgement as the groundbreaking first science fiction novel. Across much of the plot this has the veneer of a standard gothic melodrama filled with malicious misdeeds and tragic deaths. But it is the strong themes and character dynamics teeming beneath the surface that make this a literary classic.At its core, Frankenstein is an allegory of man’s hubris, warning of the dire unforeseen consequences when man overextends his grasp, reaches too high and too far (beyond what is natural, and therefore supernatural), presuming to possess godlike capabilities. But at its heart, this is a tragic story of benevolence and basic human decency ironically embodied in Victor Frankenstein’s monstrous creation. He is thrust into life a true innocent, gentle and loving, but unable to receive those qualities in kind, and therefore he is transformed into malevolence – a vengeful murderous fiend, intent on the destruction of his creator, whom he views as ultimately responsible for his misery.Shelley’s character portraits of Victor and the monster, each intricately woven and the two then fully interwoven into a remarkable yin yang relationship, form the fabric of the story and propel the novel forward. Early on, as Victor dives headlong into his study of the unnatural, combing through the remains of the dead to combine the parts into unholy life, thirsting for knowledge that lies beyond man’s realm, he is insensible to the lush beauty of the natural world around him and distanced from interpersonal relationships. Victor’s work consumes him; he is oblivious to the seasonal beauties of nature: “Winter, spring, and summer passed away during my labours; but I did not watch the blossom or the expanding leaves – sights which before always yielded me supreme delight – so deeply was I engrossed in my occupation.” And after the creature is brought to life, Victor, horrified by his creation, suffers intense physical and psychological decline: palpitations, anxiety, nightmares, languor, and weakness. In karmic irony, Victor’s creation of life now seems to sap the life from him: an intriguing start to a zero-sum game that Shelley plays here.In order to explore the character and soul of the monster, Shelley is forced into a dicey plot device that strains the reader’s ability to suspend disbelief. The monster takes up secluded residence in a village hovel, and through observation of neighbors he learns of human emotions and interactions, and by reading books he gains a remarkable level of literacy, all in a rather short period of time. It is a contrivance, but a necessary one in order to allow him to relate his life from his point of view – and it works well, primarily due to the power of his emotions.After the monster’s murderous spree has begun, he meets up with Victor and early in their initial conversation sums up his plight: “Remember that I am thy creature; I ought to be thy Adam; but I am rather the fallen angel, whom thou drivest from joy for no misdeed. Everywhere I see bliss from which I alone am irrevocably excluded. I was benevolent and good; misery made me a fiend…. I was benevolent; my soul glowed with love and humanity: but am I not alone, miserably alone? You, my creator, abhor me; what hope can I gather from your fellow-creatures, who owe me nothing? They spurn and hate me.”The monster then relates his experiences from the very beginning, but his was no natural birth; rather it was thrust to life from the void. Shelley masterfully conveys the confusion, haziness, and the “strange multiplicity of sensations” that seized him. As he tells his tale, it feels like the story of early man, indeed first man, learning as he goes: discovering fire, sensing hunger and the need for food, clothing, shelter. Due to his outsized frame and hideous appearance, he is an outcast, forced to view the world through a chink in a window of his hovel. As he studies a neighboring family he learns of the hardships of the everyman: poverty, hunger, and physical afflictions such as blindness – and thereby feels compassion for his fellow man, a compassion which will never be returned in kind. And from there springs the unstoppable murderous rage through which he vows to kill those most dear to Victor, wreaking vengeance and misery upon his creator. And so, the monster, stitched together from the dead and brought to life by Victor, has become a relentless killer. The dead regenerated into life with lives now taken in revenge, as the zero-sum game concludes.It must be noted that Shelley’s dialogue is often overwrought in telling the melodramatic aspects of the story: the kind of dialogue generally accompanied by intense hand-wringing and faint-hearted histrionics. This style was surely de rigueur in the Romantic Era, but it is simply treacly to the modern reader. Nevertheless, that distraction aside, Frankenstein is one of the most disturbing and moving novels ever written.
  • (4/5)
    A fairly quick read, and enjoyable.
  • (5/5)
    This book surprised me. Neither Dr. Frankenstein or his monster were anything like what I expected from their pop-cultural portrayal. Dr. Frankenstein is far from a mad scientist, and the monster is not entirely a victim, or all that sympathetic in my opinion. How to view the pair seems to be very much at the discretion of the reader. Considered a cautionary tale about science going too far, that is also something for the reader to think about, and decide if that really was the case.On the actual text, this edition features a preface written by Percy Shelley. Don't let it scare you, Mary's writing is much easier to get through. ;). The actual text is shorter than it looks, with about 1/3rd of the book being supplemental material.
  • (4/5)
    This book was not what I expected at all. I have seen various television and movie productions of Frankenstein, and none of them are accurate to the story at all outside of the creation of a "monster" out of dead human parts. The course of the story was very unexpected, and there is not nearly as much sympathy for the monster as I would have expected going into the book. The intellectual side of me very much enjoyed this book as it brings up many good philosophical questions about the meaning of life. It also even has a hint of science fiction in the sense that it looks the question of how would a creature such as this develop into an intelligent being.

    I am glad I read this and am surprised that it took me so long to get to it. Recommended for all.
  • (4/5)
    The science fiction classic that is nothing like the movies and instead filled with angst and a desire for love, not only by the creature, but also by Dr. Frankenstein. The writing of this book is amazing. Mary Shelley has a way with words that make every sentence seem deep and meaningful. The story jumps back and forth between the doctor and the monster, with both of them lamenting about who they are and their acceptance in the world. It is depressing, dark, and suspenseful. The book is about finding meaning and Mary Shelley describes it in a great way.
  • (5/5)
    This edition has a version that has been "translated" into modern English and it is so much more readable than the original (which is here too in an appendix). The plot and everything is the same. There's also a scholarly essay.
  • (1/5)
    Horrendous writing, fascinating story. Reading Frankenstein is like being forced to sit through a lecture after being deprived of sleep for three days. The entire thing, first page to last is about feelings... It's about what a person thinks. The story is completely secondary. Not worth the read.
  • (4/5)
    must say that this book can really still stand its ground as a classic. Todays horror stories focus too much on blood and gore, the classical ones are far more subtle. The horror lies in what mankind can put himself through. The prison he builds for himself.
  • (5/5)
    Mary Shelley's "Frankenstein" rightly has a place in the pantheon of classic literature. Equally horrifying and profoundly saddening, the story of Victor Frankenstein and the creature whom he abandons has stood (and will continue to stand) as a grim indictment of society's creation of its own monsters. "Frankenstein" is a wonderful, strange, and thought-provoking read.
  • (5/5)
    This classic by Mary Shelley was one of my favorites as a teenager. After re-reading it, I still feel the same. This book is the story of Dr. Frankenstein and the monster that he created. Immediately repulsed, Dr. Frankenstein rejects the monster, leaving it to roam Europe on its own. After hiding near a family, the monster learns how to talk and communicate and realizes that he is missing companionship. When Dr. Frankenstein refuses to create a companion for him, the monster begins killing his family. Overall, this is a book well worth reading.
  • (4/5)
    This is a great book. A essential reading for any horror fan. The story itself is timeless. It's one of those books that everyone should read at least once. I enjoyed this book when I read it back in high school and I still love it today.
  • (3/5)
    The story is good and addresses some interesting moral and philosophical topics, although the writing style is a bit verbose. It's worth a read if for no other reason than to dispel the myths created by the movie versions of the story. I found it entertaining and, in some respects, had much more compassion for the monster than for Victor Frankenstein.
  • (2/5)
    I know I am supposed to think this was a wonderful novel - but I don't. I honestly had a difficult time making myself finish the story - it was like forcing myself to read Grapes of Wrath my junior year all over again.... I think the the monster is vile and there is no room for any critic to say "oh he's really good and it's Frankenstein that makes him bad." I think Frankenstein is too weak and I have no sympathy for him or the monster. Yeah, in this instance the original is not better than the re-interpretations...
  • (3/5)
    Another reviewer commented '...This is verrrrry nineteenth-century Romantic, dramatic and melancholy and doomed destiny, played out over beautiful scenery without and horrible scenery within....' And I agree.While I am glad to have finally read the book, and actually got over the Romantic/Gothic whatever style of the writing (so much so that I could probably read other books from this era), I found it a real chore to finish. I just did not care what happened to anybody -- I never felt hope for Frankenstein, the creature, or the friends and family. Perhaps I am jaded, but it was not a riveting or compelling story to me. The one thing I did enjoy about the book was that it was absolutely nothing like all of the silly movies, pulp fiction rip offs or comics of this original story. And the story, despite my not really liking the whole package that much, was quite original. I really liked the fact that the creature was intelligent and could speak (shockingly well).Ah well, on to new stories.
  • (5/5)
    Deeper and darker than I would ever have imagined. A case study in misery. I'm a sucker for any book that leads me to the Arctic.
  • (4/5)
    Frankenstein is definitely not light reading. You have to invest yourself, push yourself through pages and pages of description of snow and nature to get to the meat of the story - and, as I found after pushing myself, it was worth it because the meat of the story was that good. I remember seeing a Frankenstein movie as a teenager and being thoroughly unimpressed by it. However, the book is nothing like what I remember that movie being - and then I find out that this story that struggles with morality and creation of life was written by an 18 year old girl.. and my mind is officially blown. I think one of the most tender, touching moments in a book read this year was the scenes involving Frankenstein and the de Lacey's. As I read I found it easy to put myself in the situation of the de Lacey's, but not quite as easy to figure out just what my actions would be. The monster was easy to feel pity for, but still - is pity enough? And what of Frankenstein himself? Such an egotistical, disagreeable man - but still, was he worth pity as well? He loses so much that is dear to him, punishment enough for playing God? So many questions rise out of the story and again, that is exactly why I feel so much respect for the 18 year old Mary Shelley who was mature enough to write a story with such depth. Fantastic book, if a bit wordy, and I'm glad I finally got around to reading it.
  • (4/5)
    i did get bored with the story a little bit, but i was amazed how not one paragraph in the whole book doesen't just jump out and grab you. it is a great read from beginning to end, if you enjoy the style
  • (3/5)
    A bit disappointed with this book not as good as I thought it would be. Lack of time given to the monster. However the way Mary wrote about human emotions was poignant.
  • (4/5)
    I haven't read this is in years but I remember enjoying it. I liked the non-traditional format of the narrative (via letters) and felt bad for the monster, who never asked to be made, much less to be made a monster.
  • (3/5)
    My daughter read this in high school and recommended it to me. It was an interesting don't-fool-with-mother-nature story. But it's so sad and lonely and cold. Maybe it was more enjoyable to read and discuss in class...?
  • (5/5)
    This is one of the best books that I have read. It was a struggle within myself on whether I was on the monster's side or Frankenstein's side. I understood the turmoil that Frankenstein was going through about what decisions he had to make. I also felt compassion for the monster and his need for love and compassion in his life. Both made decisions that I disagreed with.
  • (3/5)
    I am going to commit a sacrilege by saying I could not get into this book. It was dreary and the language, why well-written, distracted me completely from what was actually going on. Maybe it is just my personal taste regarding the weightiness of words in Victorian novels. I was just totally uninterested and could not make it to page 100.Perhaps, I will give it another try someday, but it was too stuffy for me.