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La figura de la alfombra
La figura de la alfombra
La figura de la alfombra
Libro electrónico84 páginas1 hora

La figura de la alfombra

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Información de este libro electrónico

Fábula magistral sobre las misteriosas relaciones entre el escritor y su público, pieza de impecable factura, engrasada como un buen reloj, La figura de la alfombra indaga sobre la naturaleza mudable de la creación artística.La figura de la alfombra, escrita en 1896, es una de las más inspiradas bromas literarias de James, una obra maestra de los dobles entendidos, que embarca al lector en una delicada trama de equívocos librescos. El narrador, un innominado crítico inglés, se topa con Hugh Vereker, un escritor de culto que le revela solo a medias la presencia en su obra de una especie de «secreto fundamental» que lo permea todo, como la compleja trama de hilos de una alfombra persa. El narrador se embarca entonces en una desesperada búsqueda de la misteriosa pauta, para lo cual no dudará en llevar a la perdición a su mejor amigo, Corvick, y a la prometida de éste, Gwendolyn.
IdiomaEspañol
EditorialImpedimenta
Fecha de lanzamiento30 jun 2014
ISBN9788415979302
La figura de la alfombra
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Autor

Henry James

Henry James (1843–1916) was an American writer, highly regarded as one of the key proponents of literary realism, as well as for his contributions to literary criticism. His writing centres on the clash and overlap between Europe and America, and The Portrait of a Lady is regarded as his most notable work.

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    3/5
    A man meets his hero (a writer) and is told that he has missed the very point of this writers work. The man then embarks on a quest to uncover it, obsessing over the writers books and tells his best friend (also a fan). The best friend tells his girl friend and all three start obsessing over this supposed mystery. The best friend on his travels telegrams to say he has cracked it and is going to confirm with the writer. He then telegrams to say the writer agrees with what he has found and says he will only tell his girlfriend if she marries him. Meanwhile the guy who started it all still doesn't have a clue and is getting increasingly obsessed. The best friend marries his girlfriend and tells her but on his honeymoon manages to get himself killed in a car accident. The the writer dies. Leaving the girlfriend ( now wife) the sole possessor of this information. The guy that started it all is going bonkers and the wife is refusing to tell him as she was only told in the sacred bonds of marriage and could only do the same. Time passes wife remarries and the guy now starts to obsess over the presumed fact of the new husbands knowledge. The wife then dies in childbirth with her 2nd baby. The guy finally confronts the new husband who, it turns out, never had any idea about any of it. The guy then informs the husband of the whole thing and they are in the end both obsessed.

    My thought about all this was clearly this writer wasn't very good if everyone in the world has missed whatever point he was trying to make and maybe the writer was just a pretentious twat who liked fucking with people's heads
  • Calificación: 3 de 5 estrellas
    3/5
    Unfortunately this short story won't be my favourite. First of all James' complicated style with long sentences proved too hard for me. But more importantly I terribly bored it. I wasn't interested about the storyline, the characters or what's happening with them.

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La figura de la alfombra - Henry James

La figura de la alfombra

Henry James

Traducción del inglés a cargo de

Enrique Murillo

Introducción de 

Antoni Marí

Introducción

El secreto revelado

por Antoni Marí

En los cuentos y en las novelas de Henry James siempre hay un secreto. Un secreto guardado en lo más profundo de la conciencia de un personaje y que va a permanecer oculto hasta que otro pretenda dilucidar la naturaleza del misterio que se esconde tras las apariencias. Y tras las apariencias el secreto parece mantenerse incólume, mientras que la conciencia del «secretario» se verá alterada por la constatación de que la investigación era errónea y de que su intromisión cubrió el secreto de un nuevo velo de apariencias que lo alejan de cualquier posibilidad de revelarlo. Porque son pocos los que tienen las cualidades morales y los recursos pertinentes para seguir las huellas que el secreto deja en su evolución. Los personajes más audaces suelen ser los menos capacitados para resolver las cuestiones que ellos mismos señalaron. Les falta experiencia o la capacidad de sintetizarla.

Henry James afirma: «El poder de adivinar lo oculto por lo visible, de reconstruir las implicaciones de las cosas, de juzgar el todo por la parte, la condición de sentir la vida de una manera tan completa que uno está cerca de reconocer cualquier rincón particular, este conjunto de dones puede decirse que constituye la experiencia». Esta concepción de la experiencia que duda de la manifestación sensible de las cosas, que desconfía de la realidad que se muestra a los sentidos, que postula que el mundo no es más que apariencia, se afirma en las novelas y los cuentos de James, puesto que él considera que la realidad de las apariencias cubre la verdadera realidad de las cosas y que su propósito es develar esta verdad que se esconde detrás de los gestos, los subterfugios, las mentiras, los convencionalismos, las omisiones de la memoria y la insuficiencia del lenguaje.

En pocas narraciones de James el secreto ha estado tan cerca de ser revelado como en La figura de la alfombra. El lector asiste perplejo al instante en que parece que el cerrojo —que guardaba celosamente el secreto— se abre para mostrar la grandeza inconmensurable del misterio que parecía que nadie podría descubrir. Y cuando estamos a punto de conocer o sentir la presencia del secreto descubierto, Henry James parece cegarnos el camino y considerarnos impertinentes e inadecuados para el conocimiento del misterio que el secreto guarda.

La figura de la alfombra es una novela misteriosa que exige del lector la rara experiencia de «adivinar lo oculto por lo visible y de juzgar el todo por la parte»: lo visible es la novela de Hugh Vereker, lo oculto es su sentido; el todo es La figura de la alfombra, la parte es su intención, la de Henry James al plantearnos el problema que señala su novela: dos críticos pretenden descubrir el secreto que guarda la novela de un escritor de alto reconocimiento. El primero de ellos, el narrador, después de un esfuerzo y trabajo inútiles desiste de descubrir el secreto: su incapacidad no le permite desvelarlo y, por lo tanto, considera que no hay secreto alguno. El otro crítico, Mr. George Corvick, después de mucho tiempo de buscarlo y de atender su evolución, descubre el secreto y lo reconoce: «Todas [las páginas] actuaban en su interior, y un día, en algún lugar, cuando no pensaba en ello, quedaron dispuestas, con toda su soberbia complejidad, de acuerdo con la única combinación correcta. La figura de la alfombra afloró a la superficie».

El crítico-narrador, frente a tal evidencia, no puede dejar de saber cuál es el secreto de la novela de Vereker, que Corvick ha descubierto: «era algo grande, pero al mismo tiempo sencillo; era sencillo y grande al mismo tiempo: alcanzar por fin la comprensión se convirtió en una experiencia completamente extraordinaria». Esta descripción del efecto que ejerce sobre Corvick el descubrimiento del secreto despierta aún más la curiosidad y la necesidad del crítico-narrador en conocer el secreto. Pero nunca lo conocerá, nadie podrá nombrar ni mostrar su naturaleza, puesto que, si él no la ha descubierto, ni su autor Vereker ni el crítico Corvick podrán enseñárselo, puesto que ambos mueren antes de poder comunicarlo. Por muchos esfuerzos que nuestro narrador sea capaz de realizar nunca sabrá el secreto que se llevaron a la tumba el autor y el crítico. El lector de La figura de la alfombra tampoco conocerá el secreto porque el ardid de Henry James es narrar la historia desde el punto de vista del crítico que no se ha enterado de nada, y el lector, por lo tanto, tampoco podrá saber cuál es el verdadero secreto.

Si el secreto es tan grande, ¿sería posible reducirlo, exponerlo en una frase, en un artículo de periódico, o en un concepto? No, no sería posible: la experiencia estética del lector, la experiencia por la cual la lectura de un libro puede cambiar el destino del lector o, simplemente, permitirle ver el mundo desde una perspectiva desacostumbrada y nueva, no permite reducirlo a nada, ni transformarlo en nada que no sea él mismo. Y no es posible puesto que no hay ningún lenguaje capaz de hacer comprensible la verdad del arte, de exponer con conceptos sus ideas, ni de sustituir la obra por su comentario. El pobre narrador de La figura de la alfombra espera que la obra de Vereker proporcione alguna solución a cuestiones que ni la teología ni la filosofía ni la ciencia pueden explicar. El pobre narrador espera de la literatura algo que ella ni quiere ni está dispuesta a ofrecer: soluciones, recursos de supervivencia, claves para desenvolvernos por el mundo. El crítico espera descubrir el significado de la obra de arte, cuando ciertamente el significado del arte se realiza en el lector o en el espectador. La obra de arte —el poema, el cuadro, la sinfonía, la novela— incita al espectador a poner en actividad sus facultades —las intelectuales y las sensibles—, y es esa actividad —que la razón razone, que la imaginación imagine, que la memoria recuerde— la que da a una obra su cualidad artística. Una cualidad que ha sido suscitada por la experiencia estética del arte, pero que

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