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Redención por fuego

Redención por fuego

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Redención por fuego

valoraciones:
4/5 (1 clasificación)
Longitud:
107 páginas
1 hora
Publicado:
Apr 1, 2014
ISBN:
9781623806439
Formato:
Libro

Descripción

Volumen 1 de la serie Por fuego

Dirk Krause es un imbécil de primera categoría. Su vida es un infierno creado por él mismo, y hace que todos a su alrededor se sientan igual de miserables. Cuando es herido en el trabajo mientras combatía un incendio, se comporta de forma casi insoportable para el personal del hospital, y por supuesto a nadie de su unidad le importa lo suficiente para visitarlo.

Lee Stockton es el chico nuevo en la estación, por lo que le endosan la tarea de llevarle un ramo de cortesía a Dirk, de parte de los chicos del cuartel de bomberos. Para sorpresa de Dirk, Lee ve a través de él como un cristal y no acepta ninguna de sus estupideces. Lee está decidido a hacer que Dirk deje de ser un cretino que sólo aparta a todo el mundo de su lado. Cuando su lucha se convierte en sexo, ¿brillarán los fuegos artificiales sobre una posible relación, o los dejará a ambos con nada más que cenizas?

Publicado:
Apr 1, 2014
ISBN:
9781623806439
Formato:
Libro

Sobre el autor

Andrew Grey grew up in western Michigan with a father who loved to tell stories and a mother who loved to read them. He has since lived all over the country and traveled throughout the world. Andrew received the RWA Centennial Award in 2017. His hobbies include collecting antiques, gardening, and leaving his dirty dishes anywhere but the sink.


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Redención por fuego - Andrew Grey

Capítulo 1

DIRK LLEGÓ hasta la habitación donde el niño lloraba tan alto que podía oírlo por encima del ruido al otro lado de la puerta. Tras abrir la puerta de un empujón, entró rápidamente en la habitación y cerró de un portazo la puerta tras él, ignorando los llantos. Arrojando una manta contra incendios sobre el niño, lo alzó en brazos y se giró para dirigirse de vuelta a través de la casa adosada en llamas de Carlisle, Pennsylvania. Le habría gustado poder salir por la ventana del niño, pero estaba en la segunda planta, y nadie podía llegar a esa parte de la casa desde afuera. Los edificios estaban demasiado juntos. La razón por la que alguien había puesto a un niño en una habitación con sólo una ventana que daba a un muro de ladrillos estaba más allá de su alcance, pero Dirk no tenía tiempo para pensar en eso. Abrió la puerta de un tirón. Las llamas que habían empezado a devorar el vestíbulo en su camino hacia arriba llegaban casi a la puerta y el calor era increíble incluso dentro de su equipo de protección. Tenía que bajar las escaleras y salir por la puerta principal; era su única opción.

El ruido del fuego le decía a Dirk que tenía probablemente el tiempo justo para salir, así que avanzó, con el sonido de su propia respiración resonando en su cabeza. Los sollozos del niño se apagaron y Dirk esperaba que fuera por el agotamiento, pero no tenía tiempo para averiguarlo. Todo en su cabeza le gritaba que saliera de la trampa mortal que era esa casa, y que saliera de inmediato. El sudor empapaba su ropa y le corría por la cara cuando llegó a las escaleras. Las paredes de camino abajo ardían incesantemente y el rugido había aumentado de manera exponencial. Apenas podía escucharse a sí mismo pensar cuando eligió el camino escaleras abajo, su cerebro ya le decía dónde tenía que ir al llegar al final. Sintió desplomarse uno de los escalones a su paso. Consiguió no caerse y de alguna forma consiguió llegar a la planta principal. Dirk dio un paso y oyó un estruendo, como si en algún lugar parte de la casa se desplomara, y el ruido del fuego fue desde parecerse a un motor a reacción acelerando, a un total estampido sónico en un segundo.

A su alrededor, no podía ver nada excepto llamas y negro humo oscilando. Sabía que sólo tenía una oportunidad. Recordando la sala de estar del momento de su entrada, Dirk echó a correr a través de ella, esquivando los muebles incinerados, y estuvo a punto de conseguirlo antes de que parte del suelo se derrumbara bajo sus pies. Podía ver el agua rociándose a través de la puerta principal abierta. También podía escuchar el silbido del agua chorreando a través del tejado, pero este fuego era tan vivo que no había mucho que pudiera ayudar en los siguientes segundos. Más derrumbes sonaron después del primero, la madera partiéndose, vigas agrietándose, la casa moviéndose y crujiendo, y el fuego intensificándose como el de un alto horno. El edificio entero se venía abajo alrededor de él. Él lo sabía, y tenía unos pocos segundos. Dando otro paso, estaba casi en la puerta cuando el suelo se movió debajo de él. Dio un salto al frente y casi consiguió llegar, pero entonces comenzó a caer hacia delante. Se giró de forma que no aplastara al bebé y empujó al niño hacia la entrada de la puerta. Desapareció de sus manos, y lo último que supo, era que estaba cayendo en un abismo de fuego.

DIRK SE imaginaba que estaría muerto. Pasó días vagando entre neblina y humo, intentando encontrar a Dios, pero lo que encontró fueron más y más espirales de gris y negro. Quizás estuviera en el infierno. No le sorprendería realmente porque eso era lo que se imaginaba que merecía, bueno, al menos si su padre llevaba razón. Finalmente todo se volvió negro y Dirk se figuró lo que era. Abriendo sus ojos, parpadeó a través de lo que sintió como gravilla y vio un techo frío. Le llevó unos pocos segundos darse cuenta de que estaba en una cama. Entonces el dolor le asaltó. Su pecho se sentía como el jodido fuego que todavía ardía en sus pulmones, el brazo le dolía espantosamente y sus piernas le palpitaban. Trató de mover un pie, y a pesar de que le dolía, al menos se movió, y lo mismo hizo el otro. Dirk hizo lo mismo con un dedo y dio un suspiro de alivio por estar sano y entero.

No fue hasta que intentó respirar otra vez cuando el dolor le atacó, y Dirk cerró los ojos para aguantar las lágrimas cuando sus pulmones protestaron.

—Estás despierto —dijo una alegre voz femenina.

—Joder…sí…agua. —Necesitaba alguna forma de apagar el fuego dentro de él. Con cada respiración se sentía morir. Dirk la notaba moverse por la habitación, y entonces algo frío se deslizó por sus labios. Dirk empezó a beber y aspiró profundo, lo cual le produjo un rayo a través del pecho y mordió a la enfermera. Ella dio un chillido y salió corriendo de la habitación. El hielo se derretía y el frío le hacía bien a su boca y su garganta, y Dirk se relajó, cerrando los ojos otra vez.

Debió de quedarse dormido, al menos creyó que lo había hecho, pero era difícil de decir porque cuando abrió los ojos otra vez, estaba todavía solo en la habitación y nada parecía haber cambiado excepto que había una reciente taza con hielo al lado de su cama. Todavía le dolía moverse, pero Dirk encontró un timbre cerca de su mano y lo pulsó. La misma enfermera de antes entró y le puso mala cara.

—Agua —jadeó Dirk.

—Siempre y cuando no me muerdas otra vez —dijo, y le puso cuidadosamente algunos cubitos de hielo en la boca. Se sintió ligeramente mejor, pero su brazo y sus pulmones todavía le dolían terriblemente—. El doctor vendrá enseguida —le explicó mientras le tomaba la temperatura y la presión sanguínea antes de girarse hacia un ordenador portátil.

—Me duele el pecho —dijo él, cuidadosamente.

—Te escaldaste parte de los pulmones —le explicó y continuó escribiendo. Dirk ya se había dado cuenta de eso. Ella siguió hablando mientras trabajaba y él desconectó de su parloteo, el dolor requiriendo la mayor parte de su concentración. Una vez que se hubo marchado, cerró los ojos de nuevo.

AL DÍA siguiente, comenzó a sentirse mejor. Podía respirar con más facilidad  a pesar de que todavía estaba con oxígeno. Se había despertado antes, y había encontrado una tarjeta de su padre y otra del capitán de la estación, pero aparte de eso, no vio indicios de alguna visita. Imaginó que estarían esperando a que se encontrara mejor.

Estaba equivocado. La única persona que vio aparte de las enfermeras y los médicos fue su padre, y sus visitas nunca eran agradables.

—Entonces después de esto, ¿vas a dejar eso de ser bombero y conseguir un trabajo de verdad? Tienes un título. Podría conseguirte un trabajo dentro de mi equipo en la agencia de corredores —le dijo su padre con ese tono de «yo sé más que tú» que siempre usaba—. Empezaré con el papeleo para cuando salgas de aquí.

—No quiero —empezó a decir Dirk, pero comenzó a toser y fue cada vez a peor. Una enfermera entró a toda prisa y le dio algo para calmar los espasmos y se desplomó hacia atrás en la cama. Le dolía el brazo

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