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Manual 3. El anuncio del Reino de Dios
Manual 3. El anuncio del Reino de Dios
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Libro electrónico188 páginas2 horas

Manual 3. El anuncio del Reino de Dios

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"Quiero presentar esta serie de manuales a todos los Agentes de Pastoral, al tiempo que los exhorto a que los aprovechen en su crecimiento personal y , sobre todo, los promuevan en sus comunidades, para que cada vez haya más Agentes de pastoral que tengan bien cimentada su formación espiritual, humana-comunitaria, doctrinal y pastoral-misionera, según la inspiración del Documento de Aparecida” - Norberto Cardenal Rivera Carrera
Arzobispo Primado de México
IdiomaEspañol
Fecha de lanzamiento4 feb 2016
ISBN9786079439019
Manual 3. El anuncio del Reino de Dios
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    Muy buena tarea de taller sobre el tema. Cuadros sintesis apropiados para la tarea.

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Manual 3. El anuncio del Reino de Dios - Arquidiócesis de México

PRESENTACIÓN

Centralidad del anuncio del Reino

Este Manual, El anuncio del Reino de Dios, nos vincula fuertemente a la persona de Cristo y a su misión central: anunciar el Reino de Dios. Jesús salió del Padre y vino al mundo para predicar el Reino de Dios. Empeñó toda su vida en proclamar la Buena Nueva del Reino.

Entre Reino e Iglesia hay una relación inseparable. La Iglesia es, en la tierra, el germen y el principio de este Reino (cf. LG 5). El contenido fundamental de la Nueva Evangelización es el Reino de Dios; no tiene otro fin que implantar el Reino de Dios en toda la humanidad (ECUCIM PRÓLOGO1).

Nuestra iglesia arquidiocesana se concibe con plena dependencia del Reino de Dios. En él tiene su inspiración y fuerza para delinear su proyecto pastoral: la evangelización de las culturas en la ciudad de México. Nuestra iglesia arquidiocesana busca hacer más y más presente, con la luz y fuerza del Espíritu, el Reino de Dios en esta porción de la humanidad a la que seguimos siendo enviados en nombre de Cristo (ECUCIM 1).

La Iglesia está al servicio del Reino de Dios para actualizarlo y anticiparlo en la historia humana. Sus agentes se conciben como pueblo de servidores y son, por vocación, siervos del Reino de Dios (cf. ECUCIM 2016-2018). De ahí la importancia que reviste el Manual.

En el Manual, el Nuevo Testamento, particularmente los cuatro Evangelios, son fuente principal de donde brotan los contenidos. Están reforzados con las orientaciones del Documento de Aparecida, la Evangelii nuntiandi, la Redemptoris missio y el documento del II Sínodo Arquidiocesano (ECUCIM), en los que el tema del Reino tiene papel central.

El anuncio del Reino realizado por Jesucristo es el hilo conductor de este Manual. A través de éste dejamos que la pedagogía que Jesús utiliza para mostrarnos su Reino marque el ritmo. Elegimos este camino con la convicción de que el contacto con el Reino nos transforma, hace optar por Cristo y nos cautiva para comprometernos con él. El compromiso por anunciar el Reino nace de la experiencia del mismo, por lo que consideramos importante dejarnos tocar por el Reino. Este camino responde al ciclo en el que está ubicado el Manual Conversión.

OBJETIVO GENERAL

Comprometemos con el anuncio del Reino realizado por Jesús, y así:

  Fortalecer nuestra identidad como discípulos misioneros, testigos del Reino.

  Dejar que el Reino nos entusiasme y convierta, para integrar comunidades que testimonien sus valores.

  Descubrir nuestra misión en la sociedad como fermento del Reino y el compromiso.

La promesa del Reino tiene sus raíces en el Antiguo Testamento

Israel descubre a Dios como rey cercano en su historia.

En síntesis

Desarrollo del tema

LA PALABRA

1. El Reino de Dios

El Reino de Dios es una realidad inquietante para los cristianos: cuando nos acercamos a los Evangelios comprobamos que Jesús no se predicó a sí mismo, sino que vivió anunciando el Reino de Dios. El Reino fue el centro de su vida y de su misión. Jesús se entregó hasta el extremo de dar la vida por causa del Reino. Jesús no dio definiciones acerca del Reino:

  Lo mostró con signos y palabras, con su vida, su muerte y resurrección.

  Nos invitó a formar parte de él y a colaborar para que el Reino se extendiera.

Este Reino que Jesús hizo presente es una realidad pasada, presente y futura. Por eso, para adentrarnos en él, comenzaremos acercándonos a la experiencia del pueblo de Israel.

2. La experiencia del Reino encuentra sus raíces en el Antiguo Testamento

En los Evangelios encontramos expresiones que se refieren al Reino. Estas expresiones no eran algo nuevo para los israelitas del tiempo de Jesús, sino parte de una revelación ya conocida. El pueblo de Israel:

  Había experimentado en su propia historia que Dios era Rey de reyes.

  Esperaba la llegada de un mesías rey.

  Se consideraba como parte de ese Reino.

3. Dios es rey

Al contemplar la naturaleza, nos sentimos sorprendidos por las maravillas que descubrimos. Ella nos acerca a Dios y concluimos que Él es verdaderamente grande y poderoso.

Eso mismo sucedió al pueblo de Israel, quien después de haber visto las grandes hazañas que Dios hacía por él, concluye que Dios es rey.

En la Biblia encontramos expresiones como Yahvé reina, el Reino de Dios, El Señor es rey... Dios es rey porque crea, gobierna y domina. Su dominio lo ejerce sobre los fenómenos cósmicos, los seres vivientes y la historia humana.

De esta forma, Reino o reinado de Dios viene a ser la soberanía de Dios sobre todo cuanto existe. Descubrirlo fue para el pueblo de Israel motivo de gran alegría por lo que en los Salmos y en otros libros canta y alaba a Dios, reconociendo que Él es rey:

A ti, Señor, la grandeza, el poder, el honor, la majestad y la gloria. Tuyo es cuanto hay en el cielo y en la tierra; a ti Señor, la realeza y el dominio sobre todas las cosas (1 Cr 29,11).

4. El pueblo de Israel reconoce a Dios como Rey de reyes

El pueblo de Israel descubrió a un Dios cercano, que actuaba en su propia historia a través de grandes intervenciones salvíficas: la liberación de la esclavitud de Egipto, el paso por el Mar Rojo, la travesía por el desierto (cf. Dt 11,2-7).

Estos acontecimientos maravillosos mostraron a un Dios infinitamente superior a cualquier otro rey humano y fueron interpretados como acciones reales del soberano más fuerte y poderoso que pudiera existir:

Yo soy el Señor, el Santo, el Creador de Israel, su Rey (Is 43,15).

Que tus obras te den gracias, Señor, y tus fieles te bendigan; que proclamen la gloria de tu reinado y hablen de tus hazañas (Sal 145,10-11).

5. Yahvé es también el rey de todas las naciones

En la Biblia, Dios muestra su dominio sobre el pueblo de Israel y también sobre las demás naciones:

Porque solo el Señor reina, Él gobierna a las naciones (Sal 22,29).

Todos los pueblos están llamados a reconocerle:

Digan a las naciones: ¡El Señor es rey! (Sal 96,10).

  ISRAEL, PROPIEDAD DE DIOS

Ser un Reino sacerdotal para Yahvé significa ser un pueblo santo, propiedad del Señor; pertenecer completamente a Dios; ser su bien personal, sagrado y el más precioso (cf. Éx 19,5s).

6. Israel es un Reino sacerdotal

Yahvé es rey del universo y reina sobre todas las naciones, por lo que el pueblo elegido –Israel– es el Reino de Dios por excelencia. Dios lo estableció así al proponerle una Alianza:

Serán para mí un Reino de sacerdotes, una nación santa (Éx 19,6).

De ahí en adelante, Israel le pertenece a Dios como su propiedad*, porque Dios lo ha amado con un amor especial y lo ha elegido (cf. Dt 7,7-9).

La elección de Israel como pueblo real anticipará la elección y el llamado que Dios nos hace para pertenecer a su Iglesia, cuyos miembros son un pueblo de reyes:

Ustedes, en cambio, son descendencia elegida, Reino de sacerdotes y nación santa, pueblo adquirido en posesión para anunciar las grandezas del que los llamó de la oscuridad a la luz admirable (1 Pe 2,9).

7. Ser parte del Reino sacerdotal implica un compromiso

La pertenencia exclusiva a Dios constituía una elección gratuita, un don. Además, ser parte del Reino sacerdotal implicaba una respuesta.

Cuando Dios hace de Israel su pueblo le propone una Alianza:

Ahora bien, si me obedecen fielmente y guardan mi alianza, ustedes serán el pueblo de mi propiedad entre todos los pueblos (Éx 19,5).

De esta forma, ser su pueblo real significaba cumplir con su alianza. Un signo de esta alianza está en la práctica de los mandamientos (cf. Éx 20,1-17).

8. Israel, pueblo infiel

A pesar de todas las manifestaciones de amor, predilección y cercanía de Dios, su pueblo le fue infiel en muchas ocasiones:

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