Moisés, el Faraón de Dios by Adolfo Sagastume - Read Online
Moisés, el Faraón de Dios
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Resumen

El pueblo de Israel entró a Egipto durante la hambruna de las siete vacas flacas y fue recibido por José, de la rama de Leví, que en ese tiempo era el Ministro de Egipto. Ya instalados en el Valle de Gosén, se quedaron por 430 años y cayeron en una grave pobreza que los condujo a la esclavitud y trabajaban para el Imperio fabricando tabiques de adobe. Moisés los rescate de su miserable condición y los conduce por el desierto hacia Canaán, la Tierra Prometida que mana leche y miel. Conozca la verdadera misión de Moisés en su papel de Faraón de Dios.

Publicado: Adolfo Sagastume el
ISBN: 9781311549648
Enumerar precios: $4.99
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Moisés, el Faraón de Dios - Adolfo Sagastume

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autor.

Índice

Introducción

Los Antecedentes de un Pueblo Nómada

Moisés, el Faraón de Dios

Politeísmo Vs. Monoteísmo

El Éxodo Mitificado

Conclusión

Introducción

Moisés nació para ser Faraón de Jehová, no Faraón de Egipto.

Jacob entró a Egipto con sus doce hijos en estado calamitoso, había hambre. Se establecieron en el valle de Gosén durante cuatrocientos años y se degradaron cayendo en el peor de los estados humanos, la esclavitud.

En todos los tiempos históricos de la humanidad siempre surgen grupos de poder que se apropian todos los bienes y riquezas de las naciones. En nuestro tiempo son distinguidos con el título de la élite. En los pueblos antiguos estos grupos crecían alrededor del gobierno de turno. En el caso de Egipto tenemos que situarnos en el tiempo del Faraón Akenatón que había volteado toda la estructura cultural y religiosa del viejo Egipto para establecer el monoteísmo por primera vez en la tierra.

Egipto siempre estaba en guerra con los Hicsos.

Sus fronteras tenían que ser custodiadas de día y de noche. Muchos pueblos nómadas merodeaban por sus desiertos cercanos produciendo miedo y zozobra en las caravanas que iban a India a surtir las especias.

El gasto de seguridad cada día era mayor.

El gobierno tenía que armar un plan a corto plazo y otro a largo plazo para su sobrevivencia. No todos los pueblos eran tan dóciles como los hebreos, que se dejaron domesticar al extremo de la esclavitud.

Egipto tenía que sobrevivir. Sus recursos tenían que ser bien distribuidos. No había que despilfarrar nada. Y los esclavos hebreos tenían que ser alimentados. En cuatrocientos años de estadía en el valle de Gosén se habían multiplicado. Entraron setenta pero ahora eran cerca de un millón de personas.

¿Qué hacer con un pueblo tan numeroso que vivía a la sombra del estado y eran mantenidos por su condición de esclavos?

¿Exterminarlos?

No. Esa no era la política de Egipto.

¿Sacarlos de Egipto y echarlos en las ardientes dunas del desierto a su suerte?

No. Se morirían. No sabían administrarse y no tenían líderes que los gobernaran.

¿Obsequiarles el valle de Gosén y darles la libertad?

No. Ese era un precio muy alto para la solución del problema. Además, nunca se ha acostumbrado que los gobiernos tomen la iniciativa de darles la libertad o la independencia a los países o a los grupos humanos que lo merecen.

En realidad, los hebreos eran un gran problema para las arcas de Egipto.

No producían nada valioso para la sobrevivencia del estado. Solamente fabricaban tabiques de adobe para que la clase administrativa y sus arquitectos e ingenieros tuvieran materiales disponibles para la construcción de casas y edificios en donde funcionarían dependencias al servicio del Faraón.

El pago por la fabricación de los tabiques era la protección, asistencia social, económica y política. En verdad que eran una