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Si algún día

Si algún día

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Si algún día

valoraciones:
3/5 (2 valoraciones)
Longitud:
84 páginas
1 hora
Editorial:
Publicado:
8 oct 2015
ISBN:
9781310460616
Formato:
Libro

Descripción

Juventud, belleza e inteligencia; sí, Lían lo tenía todo, pero eso no bastó para evitar que cayera rendida a la presencia de un amor avasallador, de ésos que entrecortan la respiración ante la sola vista de la persona amada.
Pero, ¿y si ese objeto de amor es inalcanzable? ¿Y si se trata de una relación imposible porque ni siquiera se comparten las inclinaciones sexuales?
A Lían no le importó. A su entender el amor justifica cualquier cosa, incluso renunciar a todo para servir al ser amado aun en sus más extraños caprichos y soportar el maltrato psicológico.
Pero, ¿qué sucede cuando a lo anterior se le agregan la manipulación y la mentira? ¿Acaso no existe un límite a lo que se puede tolerar?
Lían finalmente lo descubrió cuando la vida, en un acto de justicia, puso cada pieza en su lugar.

Editorial:
Publicado:
8 oct 2015
ISBN:
9781310460616
Formato:
Libro

Sobre el autor


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Si algún día - Sonia Concha

SI ALGÚN DÍA

por

Sonia Concha

Edición de 12 Editorial AC para distribución en Smashwords.

Copyright: 2015, Sonia Concha.

Portada: adrian.acunal@gmail.com.

Contacto:

Twitter: @sonyaconcha

Facebook: si algun dia

Correo-e: sialgundialibro@gmail.com

Este ejemplar digital es para uso exclusivo del comprador original, si desea compartirlo, por favor adquiera una nueva copia para cada usuario. Si usted está leyendo esta copia y no la compró, por favor entre en smashwords.com y adquiera su copia personal. Gracias por respetar el derecho de autor.

- o -

Un enorme agradecimiento en primer lugar a Dios y a la vida por regalarme momentos tan maravillosos al lado de mis familiares y amigos y por permitirme vivir en este tiempo tan maravilloso.

A mi madre María Nena por aceptarme tal como soy aunque muchas veces no me comprenda. Gracias por tu apoyo.

A mis hermanas Cristina y Yolibeth que siempre me animan y apoyan en mis locuras. Saben cuánto las amo.

A mi padre Florentino y mi hermano Marco, que aunque se nos adelantaron en el camino y no están con nosotros sé que nos estarán esperando cuando debamos reunirnos.

Gracias inmensas a mi Saray, a quien amo profundamente. Gracias, corazón, por compartir mis locuras y animarme día con día.

Gracias a mi amiga Rebeca, que estuvo conmigo cuando escribí este libro y a quien agradezco enormemente por sus críticas destructivas y constructivas durante la época de universidad, también a mi amiga Eunice. Saben lo mucho que las quiero.

A mis amigos Antonio y Adrián un agradecimiento especial por su apoyo incondicional. Los adoro, mis corazones.

Gracias a mi corrector literario Alejandro y su 12 Editorial que hace posible que amantes de la escritura y locos por expresarse tengan un medio de difusión.

Gracias a esta hermosa ciudad de Tijuana que me ha dado la oportunidad de crecer profesionalmente, por abrirme las puertas y permitirme ser parte de ella.

A mi Ensenada; sabe que siempre está en mi corazón y disfruto cada segundo que estoy con ella.

Y finalmente a usted, señora, por haber sido involuntariamente la musa inspiradora de esta historia

- o -

Contenido

Introducción

I - La plaza central

II - La expo

III - El mejor empleo

IV - Un vuelo a las 8:00 a. m.

V - ¿Qué pasaría?

VI - Se fue la niña mimada

VII - Pesadilla

VIII - La espera terminó

IX - El destino y el amor

X - Asistente personal

XI - Haría lo que fuera

XII - Tú no eres él

XIII - Buen viaje, que Dios te bendiga

XIV - No hay vuelta de hoja

XV - El regalo más caro

XVI - Ven por mí

XVII - La casa

Introducción

Caminaba por Playa del Carmen. Finalmente me había decidido a hacerlo en su honor. Sería el último recuerdo que tendría de ese lugar; ya no esperaría más.

Hacía calor y yo vestía un traje claro de lino. El viento era agradable, y aunque llevaba lentes la fina arena rozaba mi rostro.

Decidí cerrar los ojos para sentir una vez más su sinigual caricia después de aquel día fatal.

I

La plaza central

Crecí en la clase media, hija de un ama de casa y un padre obrero muy trabajador. Yo era la menor de mis hermanos.

Gabriel, que era siete años mayor que yo, me adoraba. Él se dedicaba a la mecánica ya que el estudio nunca se le dio. Yo era la niña de sus ojos. Éramos muy parecidos físicamente, sólo que él en hombre y yo en mujer. A pesar de no haber estudiado tenía su propio negocio y le iba muy bien; era un hombre emprendedor, luchador y trabajador.

Denise, mayor que yo por tres años, era un poco distante conmigo pero me amaba tanto como yo a ella. Cursaba el cuarto semestre en gastronomía. Era malísima para cocinar pero sus platillos tenían excelente presentación. Yo era su degustadora por elección familiar.

Me encantaba ir caminando a la preparatoria, eso me mantenía delgada y con piernas bien torneadas y era la envidia de dos o tres de mis compañeras de escuela. Aunque ésa no era mi prioridad, de vez en cuando me daba el gusto de provocar algunas envidias.

Mis dos mejores amigos siempre andaban conmigo; Luca y Tony. Ambos eran delgados y altos, sólo que uno era moreno y muy simpático y el otro rubio y serio. Y de mí… pues qué puedo decir… Cuerpo de deportista, morena clara, la femenina, y el grupito envidiable.

Los tres nos llevábamos muy bien porque teníamos un tema en común; sexo y mujeres. Habíamos cursado juntos la secundaria y ya teníamos 17 años.

En aquel entonces me consideraba una chica bisexual, y aunque ahora mi inclinación sea más hacia el lesbianismo eso no significa que no admire a los hombres. Jugábamos a ver quién conquistaba a qué chica.

Éramos los más populares de la escuela. Estábamos en cuarto semestre pero nos habíamos hecho respetar desde primero; guapos, problemáticos, inteligentes, rebeldes, buena onda, deportistas, platicadores y sobre todo coquetos. Los maestros nos respetaban por nuestras buenas notas y nuestros proyectos a corto, mediano y largo plazo.

Competíamos sanamente al conquistar a otros. Yo llevaba las de ganar pues podía elegir entre chicas y chicos. Tenía una fama un tanto distorsionada que me ayudaba a que me robaran besos. En el baño de mujeres era común que me los dieran por sorpresa, muchas veces chicas a las que nunca en la vida había mirado; y en las canchas siempre había algún chico que me los robara; aunque conociera sus intenciones me dejaba querer. He de reconocer que soy adicta a los besos.

Salíamos de la

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