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Si una noche de invierno un viajero

Si una noche de invierno un viajero

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Si una noche de invierno un viajero

valoraciones:
4/5 (86 valoraciones)
Longitud:
313 páginas
6 horas
Editorial:
Publicado:
Oct 23, 2012
ISBN:
9788415723219
Formato:
Libro

Descripción

"La empresa de tratar de escribir novelas ;apócrifas;, que me imagino escritas por un autor que no soy yo y que no existe, la llevé a sus últimas consecuencias en este libro. Es una novela sobre el placer de leer novelas; el protagonista es el lector, que empieza diez veces a leer un libro que por vicisitudes ajenas a su voluntad no consigue acabar. Tuve que escribir, pues, el inicio de diez novelas de autores imaginarios, todos en cierto modo distintos de mí y distintos entre sí: una novela toda sospechas y sensaciones confusas; una toda sensaciones corpóreas y sanguíneas; una introspectiva y simbólica; una revolucionaria existencial; una cínico-brutal; una de manías obsesivas; una lógica y geométrica; una erótico-perversa; una telúrico-primordial; una apocalíptica alegórica. Más que identificarme con el autor de cada una de las diez novelas, traté de identificarme con el lector..."

Italo Calvino
Editorial:
Publicado:
Oct 23, 2012
ISBN:
9788415723219
Formato:
Libro

Sobre el autor

ITALO CALVINO (1923–1985) attained worldwide renown as one of the twentieth century’s greatest storytellers. Born in Cuba, he was raised in San Remo, Italy, and later lived in Turin, Paris, Rome, and elsewhere. Among his many works are Invisible Cities, If on a winter’s night a traveler, The Baron in the Trees, and other novels, as well as numerous collections of fiction, folktales, criticism, and essays. His works have been translated into dozens of languages.


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Si una noche de invierno un viajero - Italo Calvino

Índice

Cubierta

Portadilla

Nota preliminar

Si una noche de invierno un viajero

I

Si una noche de invierno un viajero

II

Fuera del poblado de Malbork

III

Asomándose desde la abrupta costa

IV

Sin temor al viento y al vértigo

V

Mira hacia abajo donde la sombra se adensa

VI

En una red de líneas que se entrelazan

VII

En una red de líneas que se intersecan

VIII

Sobre la alfombra de hojas iluminadas por la luna

IX

En torno a una fosa vacía

X

¿Cuál historia espera su fin allá abajo?

XI

XII

Notas

Créditos

NOTA PRELIMINAR

La primera edición de Si una noche de invierno un viajero fue publicada por la editorial Einaudi en junio de 1979. Con motivo de la salida del libro, aparecieron en diarios y revistas numerosas entrevistas con Calvino. Pero la mejor ocasión para reflexionar y discutir sobre la estructura y el significado del libro se la brindó una recensión del crítico Angelo Guglielmi: Calvino le respondió con la intervención que sigue, titulada Si una noche de invierno un narrador, y aparecida en diciembre de 1979 en la revista Alfabeta.

Querido Angelo Guglielmi, «llegado aquí haría a Calvino dos preguntas», escribes, aunque en realidad son varios los interrogantes, explícitos o implícitos, que planteas a propósito de mi Viajero en tu artículo del n.° 6 de Alfabeta, titulado justamente «Preguntas para Italo Calvino». Trataré, en la medida en que pueda, de contestarte.

Comenzaré por la parte de tu artículo que no plantea interrogantes, es decir en la que tu razonamiento coincide con el mío, para después identificar los puntos donde nuestros senderos se bifurcan y empiezan a alejarse. Describes muy fielmente mi libro y sobre todo defines con precisión los diez tipos de novela que se le proponen sucesivamente al lector:

«...En una novela la realidad es inasible como la niebla; en otra los objetos se presentan con caracteres demasiado corpóreos y sensuales; en una tercera triunfa el enfoque introspectivo; en otra actúa una fuerte tensión existencial proyectada hacia la historia, la política y la acción; en otra más estalla la violencia más brutal; y luego en otra crece un sentimiento insostenible de malestar y angustia. Y además está la novela erótico-perversa, la telúrico-primordial, y por último la novela apocalíptica»¹.

Mientras que la mayoría de los críticos, para definir estos diez incipit, buscó posibles modelos o fuentes (y a menudo de esas listas de autores surgen nombres en quienes nunca había yo pensado, lo cual atrae la atención hacia un campo hasta ahora poco explorado: cómo funcionan las asociaciones mentales entre textos distintos, por qué caminos nuestra mente asimila un texto o lo empareja con otro), tú sigues el que fue mi procedimiento, o sea proponerme cada vez un planteamiento estilístico y de relación con el mundo (en torno al cual dejo luego que se adensen con naturalidad ecos de recuerdos de tantos libros leídos), planteamiento que defines perfectamente en los diez casos.

¿En los diez casos? Fijándome mejor, advierto que los ejemplos que pones son sólo nueve. Hay una laguna, marcada por el punto y por el «Y además...» que corresponde al cuento de los espejos (En una red de líneas que se intersecan), es decir a un ejemplo de narración que tiende a construirse como una operación lógica o una figura geométrica o una partida de ajedrez. Si quisiéramos también nosotros intentar la aproximación de los nombres propios, podríamos hallar al más ilustre padre de este modo de contar en Poe y la meta más cumplida y actual en Borges. Entre estos dos nombres, aunque distantes, podemos situar a cuantos autores tienden a filtrar las emociones más novelescas a un clima de enrarecida abstracción, guarnecido a menudo con algún preciosismo erudito.

Otros críticos han hecho mucho hincapié (¿quizás demasiado?) en En una red de líneas que se intersecan y a ti en cambio es el único que se te olvida. ¿Por qué? Porque, digo yo, si lo hubieras tenido presente, habrías debido tener en cuenta que entre las formas literarias que caracterizan nuestra época está también la obra cerrada y calculada en la cual cierre y cálculo son apuestas paradójicas que no hacen sino indicar la verdad opuesta a la tranquilizadora (por plenitud y cabida) que la propia forma parece significar, esto es transmiten la sensación de un mundo precario, en equilibrio, hecho añicos.

Pero, si admitieras eso, deberías reconocer que todo el libro del Viajero responde en alguna medida a este modelo (empezando por la utilización –típica de este género– del viejo topos novelesco de una conspiración universal de poderes incontrolables –en clave cómico alegórica, al menos de Chesterton en adelante–, dirigida por un proteiforme deus ex machina; el personaje del Gran Mistificador que me echas en cara como un hallazgo demasiado simple es, en este contexto, un ingrediente casi obligado), modelo en el que la primera regla del juego consiste en que «salgan las cuentas» (o mejor dicho: que parezca que las cuentas salen cuando sabemos que no salen en absoluto). El «que salgan las cuentas» es sólo para ti una solución cómoda, mientras que muy bien puede verse como un ejercicio acrobático para desafiar –e indicar– el vacío que hay debajo.

En suma, si no te hubieras saltado (¿o tachado?) en la lista la «novela geométrica», una parte de tus preguntas y objeciones se hubiera derrumbado, empezando por la de su «inconclusividad». (Te escandalizas porque yo «concluyo» y te preguntas: «¿Será una desatención del Autor?». No, he puesto mucha atención, por el contrario, calculándolo todo para que el «final feliz» más tradicional –la boda del héroe y la heroínaviniese a sellar el marco que abarca el desbarajuste general.)

En cuanto a la discusión sobre lo «no acabado» –tema sobre el cual dices muchas cosas certeras en un sentido literario general– quisiera primero despejar el campo de posibles equívocos. Quisiera sobre todo dejar muy claros dos puntos:

1) El objeto de la lectura que está en el centro de mi libro no es tanto «lo literario» como «lo novelesco», esto es, un procedimiento literario determinado –propio de la narrativa popular y de consumo pero variadamente adoptado por la literatura culta– que se basa en primer lugar en la capacidad de sujetar la atención en torno a una trama, en continua espera de lo que va a ocurrir. En la novela «novelesca» la interrupción es un trauma, pero también puede institucionalizarse (la interrupción de las entregas de los folletines en el momento culminante; el corte de los capítulos; el «volvamos ahora atrás»). El haber convertido la interrupción de la trama en un motivo estructural de mi libro tiene este concreto y circunscrito sentido y no toca la problemática de lo «no acabado» en arte y en literatura, que es muy otra cosa. Mejor decir que no se trata aquí de lo «no acabado» sino de lo «acabado interrumpido», de lo «acabado cuyo fin está oculto o es ilegible», tanto en sentido literal como en sentido metafórico. (Me parece que en alguna parte digo algo así como: «Vivimos en un mundo de historias que empiezan y no acaban».)

2) ¿Será verdad, en serio, que mis incipit se interrumpen? Algún crítico (véase Luce d’Eramo, Il manifesto, 16 de septiembre) y algún lector de paladar fino sostienen que no: opinan que son cuentos completos, que dicen todo lo que debían decir y a los que no cabe añadir nada. No me pronuncio sobre este punto. Sólo puedo decir que, al empezar, quería hacer novelas interrumpidas, o mejor dicho: representar la lectura de novelas que se interrumpen; después me salieron predominantemente textos que hubiera podido publicar por separado como cuentos. (Cosa bastante natural, dado que siempre he sido más autor de cuentos que novelista.)

El natural destinatario y saboreador de lo «novelesco» es el «lector medio» y por eso quise que fuera el protagonista del Viajero. Protagonista doble, pues se escinde en un Lector y una Lectora. Al primero no le di una caracterización ni gustos muy precisos: podría ser un lector ocasional y ecléctico. La segunda es una lectora vocacional, que sabe explicar sus expectativas y sus rechazos (formulados en los términos lo menos intelectualistas posible, aun cuando –más aún, precisamente porque– el lenguaje intelectual va tiñendo irremisiblemente el habla cotidiana), sublimación de la «lectora media» pero muy orgullosa de su papel social de lectora por pasión desinteresada. Es un papel social en el que creo, y en el cual se asienta mi trabajo, y no sólo el de este libro.

Sobre este destino al «lector medio» lanzas tu ataque más categórico cuando preguntas: «¿No será que Calvino despliega, con Ludmilla, aunque sea inconscientemente, un trabajo de seducción (de adulación) al lector medio, que al fin y al cabo es el verdadero lector (y comprador) de su libro, prestándole algunas de las extraordinarias cualidades de la insuperable Ludmilla?».

De todo este razonamiento lo que no trago es aunque sea inconscientemente. ¿Que es eso de «inconscientemente»? Cuando coloqué al Lector y a la Lectora en el centro del libro sabía lo que hacía. Y no olvido ni siquiera un minuto (dado que vivo de mis derechos de autor) que el lector es comprador, que el libro es un objeto que se vende en el mercado. Quien crea que puede prescindir de la materialidad de la existencia y de cuanto ésta entraña nunca ha merecido mi respeto.

En fin, si me tachas de seductor, pase; de adulador, pase; de mercachifle de feria, pase también; ¡pero, si me llamas inconsciente, entonces me ofendo! Si en el Viajero quise representar (y alegorizar) la implicación del lector (del lector común) en un libro que nunca es el que se espera, no hice sino explicitar lo que ha sido mi intención consciente y constante en todos los libros anteriores. Y aquí nos meteríamos en un razonamiento de sociología de la lectura (y hasta de política de la lectura) que nos llevaría muy lejos de la discusión sobre la sustancia del libro que nos ocupa.

Mejor volver, pues, a las dos preguntas principales en torno a las que toma cuerpo tu discusión: 1) ¿cabe apuntar, para superar el yo, a la multiplicación de los yo?; 2) ¿cabe reducir a diez todos los autores posibles? (Sintetizo así sólo pro memoria, pero al contestarte trato de tener presente toda la argumentación de tu texto.)

Sobre el primer punto sólo puedo decir que perseguir la complejidad a través de un catálogo de diversas posibilidades lingüísticas es un procedimiento que caracteriza toda una franja de la literatura de este siglo, empezando por la novela que narra en dieciocho capítulos, cada uno con un planteamiento estilístico distinto, un día cualquiera de un tipo de Dublín.

Estos ilustres precedentes no excluyen que me agradara alcanzar siempre ese «estado de disponibilidad» del que hablas, «gracias al cual la relación con el mundo pueda desarrollarse no en los términos del reconocimiento sino en la forma de la investigación»; pero, al menos a lo largo de todo este libro, «la forma de la investigación» ha sido para mí la canónica, en cierto modo, de una multiplicidad que converge sobre (o irradia desde) una única temática de fondo. Nada de particularmente nuevo, en este sentido: ya en 1947 Raymond Queneau publicaba Ejercicios de estilo, en los que trata una anécdota de unas cuantas líneas con 99 redacciones diferentes.

Yo elegí, como situación novelesca típica, un esquema que podría enunciar así: un personaje masculino que narra en primera persona se encuentra asumiendo un papel que no es el suyo, en una situación en la que la atracción ejercida por un personaje femenino y la oscura amenaza de una colectividad de enemigos que pesa sobre él lo implican sin remedio. Este núcleo narrativo de base lo declaré al final del libro, en forma de historia apócrifa de Las mil y una noches, pero me parece que ningún crítico reparó en ello (aunque muchos hayan subrayado la unidad temática del libro). Si queremos, cabe reconocer la misma situación en el marco (en este caso podríamos decir que la crisis de identidad del protagonista proviene de no tener identidad, de ser un «tú» en el cual cada uno puede identificar a su «yo»).

Ésta no es sino una de las contraintes o reglas del juego que me impuse. Habrás visto que, en cada capítulo del «marco», el tipo de novela que seguirá se enuncia siempre por boca de la Lectora. Y además cada «novela» tiene un título que responde asimismo a una necesidad, dado que todos los títulos leídos uno detrás de otro constituirán también un incipit. Al ser siempre este título literalmente pertinente al tema de la narración, cada «novela» resultará del encuentro del título con las expectativas de la Lectora, tal y como han sido formuladas por ella en el capítulo anterior. Con esto quiero decirte que, si te fijas bien, en vez de la «identificación en otros yo» encuentras una pauta de recorridos obligados que es la verdadera máquina generativa del libro, a la manera de las aliteraciones que Raymond Roussel se proponía como punto de partida y punto de llegada de sus operaciones novelescas.

Llegamos así a la pregunta n.° 2: ¿por qué precisamente diez novelas? La respuesta es obvia y la das tú mismo unos párrafos después: «había que fijar un límite, por convencional que fuera»; podía decidir también escribir doce, o siete, o setenta y siete; lo suficiente para comunicar la sensación de multiplicidad. Pero descartas de inmediato esta respuesta: «Calvino identifica demasiado sabiamente las diez posibilidades, con lo que descubre su intención totalizadora y su sustancial indisponibilidad para una partida más incierta».

Al interrogarme yo mismo sobre este punto surge una pregunta: «¿En qué lío me he metido?». En efecto, la idea de totalidad siempre me dio cierta alergia; no me reconozco en la «intención totalizadora»; sin embargo, lo escrito escrito está: aquí yo hablo –o mi personaje Silas Flannery habla– justamente de «totalidad», de «todos los libros posibles». El problema concierne no sólo a todos, sino a los posibles; y ahí es donde remachas tu objeción, dado que reformulas enseguida la pregunta n.° 2: «¿es que Calvino cree... que lo posible coincide con lo existente?». Y muy sugestivamente me adviertes «que lo posible no se puede numerar, nunca es resultado de una suma y más bien se caracteriza como una especie de línea que se pierde y en la cual sin embargo cada punto participa del carácter infinito del conjunto».

Para tratar de resolver el lío quizás la pregunta que debería hacerme es: ¿por qué esos diez y no otros? Está claro que si elegí esos diez tipos de novela es porque me parecían más preñados de significado para mí, porque me salían mejor, porque me divertía más escribirlos. Continuamente se me presentaban otros tipos de novela que hubiera podido añadir a la lista, pero no estaba seguro de que me salieran bien, o no me ofrecían un interés formal lo bastante fuerte, o en cualquier caso el esquema del libro estaba ya bastante cargado y no quería ampliarlo. (Cuántas veces pensé, por ejemplo: ¿por qué el yo narrador ha de ser siempre un hombre? ¿Y la escritura femenina? Aunque, ¿existe una escritura «femenina»? ¿O no se podrían imaginar equivalentes «femeninos» para cada ejemplo de novela «masculina»?)

Digamos entonces que en mi libro lo posible no es lo posible en absoluto sino lo posible para mí. Y ni siquiera todo lo posible para mí; no me interesaba, por ejemplo, recorrer mi autobiografía literaria, rehacer tipos de narrativa que ya había hecho; debían ser unos posibles al margen de lo que yo soy y hago, alcanzables con un salto fuera de mí que no sobrepasara los límites de un salto posible.

Esta definición limitativa (esgrimida aquí para desmentir la «intención totalizadora» que me atribuyes) hubiera terminado por dar una imagen empobrecida de mi trabajo de no haber tenido en cuenta un impulso en sentido contrario que siempre lo acompañó: me preguntaba siempre si el trabajo que estaba haciendo tendría un sentido no sólo para mí sino también para los demás. Sobre todo en las últimas fases, cuando el libro estaba prácticamente terminado y sus muchas y obligadas junturas impedían ulteriores desplazamientos, me entró la manía de verificar si podía justificar conceptualmente su trama, su trayectoria, su orden. Intenté varios resúmenes y esquemas, exclusivamente para aclarármelo a mí mismo, pero no lograba cuadrarlos al cien por cien.

Fue entonces cuando le di a leer el libro al más sabio de mis amigos para ver si conseguía explicármelo. Me dijo que en su opinión el libro avanzaba mediante sucesivas cancelaciones, hasta la cancelación del mundo en la «novela apocalíptica». Esta idea, y la simultánea relectura del cuento de Borges «El acercamiento a Almotásim», me llevaron a releer el libro (ya acabado) como la que habría podido ser una búsqueda de la «verdadera novela» y al tiempo de la actitud justa hacia el mundo, donde cada «novela» empezada e interrumpida correspondía a un camino descartado. Con esta óptica el libro venía a representar (para mí) una especie de autobiografía en negativo: las novelas que hubiera podido escribir y que había descartado, y a un tiempo (para mí y para los otros) un catálogo indicativo de actitudes existenciales que conducen a otros tantos caminos cortados.

El amigo sabio recordó el esquema de alternativas binarias que Platón usa en El sofista para definir al pescador de caña: cada vez se excluye una alternativa, y la otra se bifurca en dos alternativas. Bastó esta referencia para que me lanzase a trazar esquemas que dieran razón, conforme a este método, del itinerario delineado en el libro. Te comunico uno, en el cual encontrarás casi siempre, en mis definiciones de las diez novelas, las mismas palabras que has usado tú.

El esquema podría tener una circularidad, en el sentido de que cabe enlazar el último segmento con el primero. ¿Totalizador, pues? En este sentido me gustaría que lo fuese, sí. Y que en los delusivos confines así trazados lograse circunscribir una zona blanca donde situar la actitud «descognoscitiva» hacia el mundo que propones como la única no mistificadora, cuando declaras que «el mundo no puede ser testimoniado (o predicado) sino sólo desconocido, desvinculado de toda clase de tutela, individual o colectiva, y devuelto a su irreductibilidad».

Italo Calvino

Si una noche de invierno un viajero

A Daniele Ponchiroli

I

Estás a punto de empezar a leer la nueva novela de Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero. Relájate. Concéntrate. Aleja de ti cualquier otra idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume en lo indistinto. La puerta es mejor cerrarla; al otro lado siempre está la televisión encendida. Dilo en seguida, a los demás: «¡No, no quiero ver la televisión!». Alza la voz, si no te oyen: «¡Estoy leyendo! ¡No quiero que me molesten!». Quizá no te han oído, con todo ese estruendo; dilo más fuerte, grita: «¡Estoy empezando a leer la nueva novela de Italo Calvino!». O no lo digas si no quieres; esperemos que te dejen en paz.

Adopta la postura más cómoda: sentado, tumbado, aovillado, acostado. Acostado de espaldas, de lado, boca abajo. En un sillón, en el sofá, en la mecedora, en la tumbona, en el puf. En la hamaca, si tienes una hamaca. Sobre la cama, naturalmente, o dentro de la cama. También puedes ponerte cabeza abajo, en postura de yoga. Con el libro invertido, claro.

La verdad, no se logra encontrar la postura ideal para leer. Antaño se leía de pie, ante un atril. Se estaba acostumbrado a permanecer en pie. Se descansaba así cuando se estaba cansado de montar a caballo. A caballo a nadie se le ocurría nunca leer; y sin embargo ahora la idea de leer en el arzón, el libro colocado sobre las crines del caballo, acaso colgado de las orejas del caballo mediante una guarnición especial, te parece atractiva. Con los pies en los estribos se debería de estar muy cómodo para leer; tener los pies en alto es la primera condición para disfrutar de la lectura.

Bueno, ¿a qué esperas? Extiende las piernas, alarga también los pies sobre un cojín, sobre dos cojines, sobre los brazos del sofá, sobre las orejas del sillón, sobre la mesita de té, sobre el escritorio, sobre el piano, sobre el globo terráqueo. Quítate los zapatos, primero. Si quieres tener los pies en alto; si no, vuelve a ponértelos. Y ahora no te quedes ahí con los zapatos en una mano y el libro en la otra.

Regula la luz de modo que no te fatigue la vista. Hazlo ahora, porque en cuanto te hayas sumido en la lectura ya no habrá forma de moverte. Haz de modo que la página no quede en sombra, un adensarse de letras negras sobre un fondo gris, uniformes como un tropel de ratones; pero ten cuidado de que no le caiga encima una luz demasiado fuerte que se refleje sobre la cruda blancura del papel royendo las sombras de los caracteres como en un mediodía del sur. Trata de prever ahora todo lo que pueda evitarte interrumpir la lectura. Los cigarrillos al alcance de la mano, si fumas, el cenicero. ¿Qué falta aún? ¿Tienes que hacer pis? Bueno, tú sabrás.

No es que esperes nada particular de este libro en particular. Eres alguien que por principio no espera ya nada de nada. Hay muchos, más jóvenes que tú o menos jóvenes, que viven a la espera de experiencias extraordinarias; en los libros, las personas, los viajes, los acontecimientos, en lo que el mañana te reserva. Tú no. Tú sabes que lo mejor que cabe esperar es evitar lo peor. Ésta es la conclusión a la que has llegado, tanto en la vida personal como en las cuestiones generales y hasta en las mundiales. ¿Y con los libros? Eso, precisamente porque lo has excluido en cualquier otro terreno, crees que es justo concederte aún este placer juvenil de la expectativa en un sector bien circunscrito como el de los libros, donde te puede ir mal o bien, pero el riesgo de la desilusión no es grave.

Conque has visto en un periódico que había salido Si una noche de invierno un viajero, nuevo libro de Italo Calvino, que no publicaba hacía varios años. Has pasado por la librería y has comprado el volumen. Has hecho bien.

Ya en el escaparate de la librería localizaste la portada con el título que buscabas. Siguiendo esa huella visual te abriste paso en la tienda a través de la tupida barrera de los Libros Que No Has Leído que te miraban ceñudos desde mostradores y estanterías tratando de intimidarte. Pero tú sabes que no debes dejarte acoquinar, que entre ellos se despliegan hectáreas y hectáreas de los Libros Que Puedes Prescindir de Leer, de los Libros Hechos Para Otros Usos Que La Lectura, de los Libros Ya Leídos Sin Necesidad Siquiera De Abrirlos Pues Pertenecen A La Categoría De Lo Ya Leído Antes Aun De Haber Sido Escrito. Y así superas el primer cinturón de baluartes y te cae encima la infantería de los Libros Que Si Tuvieras Más Vidas Que Vivir Ciertamente Los Leerías También De Buen Grado Pero Por Desgracia Los Días Que Tienes Que Vivir Son Los Que Son. Con rápido movimiento saltas sobre ellos y caes entre las falanges de los Libros Que Tienes Intención De Leer Aunque Antes Deberías Leer Otros, de los Libros Demasiado Caros Que Podrías Esperar A Comprarlos Cuando Los Revendan A Mitad de Precio, de los Libros Idem De Idem Cuando Los Reediten En Bolsillo, de los Libros Que Podrías Pedirle A Alguien Que Te Preste, de los Libros Que Todos Han Leído, Conque Es Casi Como Si Los Hubieras Leído También Tú. Eludiendo estos asaltos, llegas bajo las torres del fortín, donde ofrecen resistencia.

los Libros Que Hace Mucho Tiempo Tienes Programado Leer,

los Libros Que Buscabas Desde Hace Años Sin Encontrarlos,

los Libros Que Se Refieren A Algo Que Te Interesa En Este Momento,

los Libros Que Quieres Tener Al Alcance De La Mano Por Si Acaso,

los Libros Que Podrías Apartar Para Leerlos A Lo Mejor Este Verano,

los Libros Que Te Faltan Para Colocarlos Junto A Otros Libros En Tu Estantería,

los Libros Que Te Inspiran Una Curiosidad Repentina, Frenética Y No Claramente Justificable.

Hete aquí que te ha sido posible reducir el número ilimitado de fuerzas en presencia a un conjunto muy grande, sí, pero en cualquier caso calculable con un número finito, aunque

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Reseñas

Lo que piensa la gente sobre Si una noche de invierno un viajero

4.1
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Reseñas de lectores

  • (5/5)
    This would have to be one of the most unusually good books I have read. It is not quite a novel and not quite a collection of short stories, organised in an unusual way. It is partly written in the second person (Jay McInerney's Bright Lights, Big City was my first second-person novel) and on several occasions, the author speaks directly to the reader (a literary technique known as "authorial intrusion"). The main story is structured using numbered chapters, interspersed with the beginnings of several books (with the relevant book names as chapter headings) that relate directly to the main story. It is rather complex in terms of its structure and I couldn't help thinking it is very much a "post-modern" novel. But it works. I am often surprised by the number of books that are about books and authors, a bit like 42nd Street - a musical within a musical. But this book is very clever. While at times I couldn't help thinking that Calvino had turned a number of "false starts" into a publication, it is too good to have been written so perfunctorily. Two stand-out parts work for me. First, Calvino addresses two types of writers (pp. 173-4):One of the two is a productive writer, the other a tormented writer. The tormented writer watches the productive writer filling pages with uniform lines, the manuscript growing in a pile of neat pages. In a little while the book will be finished: certainly a best seller - the tormented writer thinks with a certain contempt but also with envy. He considers the productive writer no more than a clever craftsman, capable of turning out machine-made novels catering to the taste of the public; but he cannot repress a strong feeling of envy for that man who expresses himself with such methodological confidence... [The productive writer] feels [the tormented writer] is struggling with something obscure, a tangle, a road to be dug leading no one knows where... and he is overcome with admiration. Not only admiration, but also envy; because he feels how limited his work is, how superficial compared with what the tormented writer is seeking.I certainly feel like each of these authors depending on the type of writing I am engaged in. That self-consciousness is part of the process is something that Calvino weaves into the plot perfectly. Second, Calvino picks up on how I read (p. 254):Reading is a discontinuous and fragmentary operation.What I find most interesting about this reflection is that Calvino's work, or at least the several of his works I have read so far, all seem to play to the discontinuous and fragmentary reader. The structure of this work, much like Invisible Cities and Mr Palomar, suits a style of reader who is unable to read in large chunks of time. While not being able to read long and uninterrupted is far from ideal, Calvino's work is presented in convenient and memorable chunks that suit the fragmentary and disrupted peace of the post-modern worker. There is still a little more of Calvino's work for me to read, but I have now covered his most famous works. And I am delighted to have "discovered" Marcovaldo in a Shanghai bookstore which introduced me to one of the greatest authors of the twentieth century only a few years ago.
  • (4/5)
    A crazy ride of a story, in which the Reader is the main character who is simply trying to read a book, but who gets frustrated at every turn and by more and more outlandish disruptions. Each new manuscript promises to be the completion of the previous, but only introduces yet another new book, which, in turn, is cut short and unfinished. Chapters of this main plot (which also contains an Other Reader, with whom the Reader carries out a love story of sorts, and a romp of a detective story as well) alternate with the actual first chapters of the unfinished manuscripts, which themselves leave the (R/r)eader genuinely frustrated and wanting more.In short, it's a hoot, although it does get a bit bogged down in its own absurdities toward the end, I feel. Think Inspector Clouseau meets Arabian Nights meets a Choose Your Own Adventure book in which all the choices are just tantalizingly out of your reach, and then throw in a healthy pinch of musings on the nature of readers, authors, books, and the act of reading itself.
  • (5/5)
    What an experience this book was! It took me two tries to finish it, but I sailed through on my second try. I would warn anyone who wants to read this postmodern novel, to allot enough time to it as it is not an easy read. Within this novel itself are ten unfinished and unrelated novels. If that doesn't scare you away, prepare yourself for some intriguing reading. Know that this novel is about books and reading. The plot weaves around the inserted novels which are incorporated for a reason you, the Reader, will only find out at the end. I was totally absorbed in this book my second go round. The only thing I found disconcerting was that the writing was so good, I often wondered if some of what the author was trying to say was simply floating away over my head. It is too involved a novel for me to ever consider giving it a reread, but I would love to try another Calvino novel...after a short break to unwind!
  • (5/5)
    This was every bit as good as the last time that I read it.

    For me, this is an 'event book', one of those novels that divides reading into a before and after. Wikipedia quotes David Mitchell as saying that the book has dated and is less impressive than it was. I suspect that I know which writer's work will still be read a hundred years from now (and Calvino's already been dead for three decades)... IOAWNAT is an education for any novelist wishing to experiment with the form. And at the same time, it really is laugh-out-loud funny for much of the time. Echoes of Borges' 'Fictions' reverberate around this novel and it's none the worse for that. It has to be read for Chapter 9 alone, the Ataguitania sequence, one of the smartest, funniest passages of writing in modern fiction.

    In case you don't know this book, I'm not going to give away anything about the story. Suffice to say, I loved it but for those looking for a 'safe' read, this isn't it.
  • (5/5)
    Beautiful, brilliant, smart and weird. All I need from book to love it.
  • (4/5)
    There are some books that you can come back and read for leisure, some for fun, some so that you can understand it better;its symbols and innuendos..
    This book, it can be read for all those reasons.. summed up together. Looking for another read of this...
  • (3/5)
    I have a lot of disjointed thoughts about this book but then the book was disjointed so that makes sense. so this is about reading, about writing. It's clever. When I read a book like this I am impressed with the cleverness but when I think of it as a book that is enjoyable to read, it isn't that. This was work. It did not pull me along. So here are my random thoughts. The book starts out with a train, small town and I am reading The Idiot by Dostoevsky so the tow remind me of each other. The next thing I notice is that the book is about writing and the process of writing, how the writer develops the story and the how the reader approaches the story. From this, I am reminded of Stephen King's On Writing. The writing is postmodernist narrative and it is a Frame story. We first have the story from one perspective followed by commentary of the story from another perspective and the story keeps changing. Each chapter divided into two parts. You, the reader, is a character in the book. It is a "Quest" to finish the book. The journey, arrival/frustration, final ordeal, goal. Also for me, I notice that as the reader goes from book to book, the creativity of the writer deteriorates, more use of ghost writer, formulas, plagiarism, computers and less story telling and more sex and erotica. I know that this is gifted writing, I appreciated much, but I really did not enjoy the time I spent on it.
  • (3/5)
    I loved how Calvino describes reading in the opening chapter and then how he inserts bits of the writing and reading process throughout the book. I'm also frustrated, because like the Reader, I want to continue reading all of the beginnings. There were a few bits, namely Chapter 9, that were a bit too Kafkaesque for my taste.
  • (3/5)
    Very funny at the beginning, before it just gets too complicated and doesnt seem to make a lot of sense any more. The end is quite good again.
  • (4/5)
    Playful satire on the act of reading and the struggle to create the perfect novel. Calvino toys with the conventions of genre and the issues of national literature and censorship, creating a sense of vertigo for the reader while always exercising a firm authorial control. Brilliant. Try this if you like Borges or Eco.
  • (3/5)
    This is a book that, if it sounds interesting to you, it is probably worth trying.As it turned out, I really didn't like it.It has some interesting things to say on reading and writing, but I had a couple of major problems with it.The first, is that the story is written in the second person. Outside of a Chose Your Own Adventure, I've always found second person POV very distancing from the story, even when "you" is clearly a character in the book, not the reader. In this case, "you" is explicitly the person reading the book, and "you, the reader" are unambiguously male, which I am not. It helped, somewhat, when I mentally recast the POV character as Bob.The other problem I had may be partly caused by the translation, certainly it is partly due to my personal tastes. That problem is the books Bob starts, but never manages to finish. They make up half the book and I had two issues with them. 1)They all felt like they were written by the same person. Okay, they were, but in the book they're supposed to be by different authors and in different genres, but they never captured that feeling. Maybe they were more distinct in the original or maybe this was just beyond the author's ability. (I suppose it's possible this was a deliberate choice too.)2)They were all boring and I honestly couldn't understand why Bob would go to such lengths to try to finish reading them. The most promising one involved two characters having a hard time disposing of a corpse, but it was full of just as many dull introspective passages and poorly flowing flashbacks as all the rest. What should have been tense, or funny, ended up a snoozefest.I don't regret reading it, it was short enough that it didn't massively overstay its welcome, but I have no urge to reread it or read anything else by the author.
  • (4/5)
    An interesting attempt at involving the reader as more than just a passive observer. What appears at first to be a simple printer's error evolves into something much weirder. Ultimately though, I liked the first and last framing chapters the best, and I liked some of the "first chapters" but disliked others. That's the best description for this that I can think of, it's a book of first chapters.
  • (4/5)
    I had really high expectations for this one. I did love some parts, especially the last two chapters, but other parts were an absolute chore and I couldn't keep interested. However, it's undeniably clever, very imaginative and a worthy read.
  • (4/5)
    One of those books that I had to force myself to keep reading because I kept asking myself, "what's the point." However, as experimental novels go, this is a blockbuster. It makes one question not only the nature of reality, but also one's own sanity. From Wikipedia: "This book is about a reader trying to read a book called _If on a winter's night a traveler_. The first chapter and every odd-numbered chapter are in the second person, and tell the reader what he is doing in preparation for reading the next chapter. The even-numbered chapters are all single chapters from whichever book the reader is trying to read." Sound confusing, well, it is!

  • (3/5)
    I'm not sure what to make of this. To start with I thought it was trying to be too clever; addressing the reader as "you" and with the first line being "You are about to begin reading Italo Calvino's new novel, If on a winter's night a traveler." which did make me feeling that this book was going to be rather pretentious. But it grew on me. The story (told in alternate chapters) and the books that are read in the story do end up making some sort of sense. About mid-way I was a bit frustrated that the book chapters weren't written in a distinctly different tone from the intermediate chapters. Even the diary chapter reads in the same tone, similar language, style of writing and so on. But if they're written by different authors, surely the tone should differ. But by the end even that made a certain kind of sense. As an exercise it's very interesting. As an enjoyable read, I'm afraid it didn't work for me. I found it difficult to get immersed in something that contains the starts of 10 different books, but never gets to an end.
  • (5/5)
    A book about reading and books, Calvino creates a post-modern story that actually involves the reader in the novel's plot. Every second chapter is told in the second-person as you, the reader, continue your quest for the eponymous book; while the odd-numbered chapters show Calvino's proficiency at writing different genres, from western to mystery. Though unique at the time of writing, in the current post-modern scene, it may seem hackneyed; nevertheless, If On A Winter's Night A Traveller is a delight for those who love to read.
  • (5/5)
    There are terribly few authors that can write experimentally while remaining humorous, engaging, and heartfelt. Calvino is one of the bunch. Each chapter of this book manages to capture the reader's attention in new and unexpected ways- all while maintaining a separate narrative and thematic thread. Probably a great place to start for someone new to his work...though my favorites remain Invisible CIties and The Baron in the Trees.
  • (3/5)
    I liked the idea of the stories separated and mixed, but I wanted smething more to happen to bring everything together at the end. Entertaining but not absorbing
  • (4/5)
    I am not quite sure whether this book is arrogantly pretentious and convoluted, full of vain conceit, or if it is clever and elegant and insightful. One thing I am sure of is that this book about reading and readers and the truth and trickery in books will definitely delight those who like their books meta.It is even meta enough to have the description perfectly contained within the story of the book:'I have had the idea of writing a novel composed only of beginnings of novels. The protagonist could be a Reader who is continually interrupted. The Reader buys the new novel A by the author Z. But it is a defective copy, he can't go beyond the beginning... He returns it to the bookshop to have the volume exchanged...I could write it all in the second person: you, Reader... I could also introduce a young lady, the Other Reader, and a counterfeiter-translator... and an old writer who keeps a diary like this diary'If encountering that sort of thing in your fiction feels like cheap trickery and laziness, this is probably not the book for you. But if you like the cleverness and the self awareness I have never encountered a book that does it quite like this one.
  • (3/5)
    A strange and imaginative book. It's a fictional narrative of the required length but I couldn't say it was actually a novel. Very clever.
  • (3/5)
    "Reader, it is time for your tempest-tossed vessel to come to port. What harbor can receive you more securely than a great library?"This is from very near the end. My relief that this book would finally come to a close was palpable. I liked this book (some of the stories were quite riveting) but on the whole it taxed my poor brain. I shall take solace in a ripping good yarn next; one that has a typical format with an ending ... and breathe in the sweet familiarity.
  • (2/5)
    I could not get into this one.
  • (5/5)
    "The book I'm looking for," says the blurred figure, who holds out a volume similar to yours, "is the one that gives the sense of the world after the end of the world, the sense that the world is the end of everything that there is in the world, that the only thing there is in the world is the end of the world."
    ........
    Never in my life have a read a book even remotely like this one. Nothing I could say would prepare you for the journey it takes you on, but trust that it is a ride well worth experiencing. I finished this book last night and I am still reeling after my read!

    "If on a Winter's Night a Traveler" features you, the Reader, and your journey to find a complete copy of Italo Calvino's (and a host of other authors) new book. It's a book full of beginnings and a frustrating lack of endings. Your reading is constantly interrupted, publishing error one moment or being jumped by a gang of UFO worshiping thugs the next, and all the while you're falling in love with another reader. If you don't mind a bit of confusion and a lot of weird, then pick this book up.
  • (3/5)
    I liked how he would write the first chapters of a multitude of novels in different genres, breaking off when the action came to its most exciting moment, over and over again. I'm not so sure the framing story actually makes much sense but I'd have to read it again to be certain.
  • (4/5)
    Not so gem-like as Borges, but still a really clever master of meta-fiction.
  • (3/5)
    I read this after reading and liking Cosmicomics. After what seemed like a strong opening, I found this book to be too repetitive. I've noticed that most reviews of the book are very positive. I like the writing style which is similar to Cosmicomics. I may still try another book by Calvino, which I hope I'll like more, but I can't recommend this one, except to say that other people liked it.
  • (3/5)
    Mr. Calvino is a superb writer. Technically, he's one of the best I've read. I love the way he strings words together and the way he conveys his meaning. The 10 short stories embedded in the main story was also excellent. However, the main story itself confused me. It was so weird that sometimes I just have to stop reading. It was a love story and at the same time you just don't feel that emotion. I really don't like the Reader and the Other Reader. I just did not appreciate it.
  • (5/5)
    If on a winter's night a traveler explores the experience of reading, and the place of the reader, author, text and rest of the world in said endeavor. The Reader (who is a character in the novel) finds his attempts to read the novel frustrated by incomplete texts, interrupted narrations, false translations, and other diversions, so that the novel is made up of the beginning of ten different novels as well as the Reader's own adventures with another reader and with the truth of the novel. Delightful, witty and inventive.
  • (3/5)
    At the beginning of this book, I just loved it. It had a character that I've never seen in a book before - ME! Calvino includes the reader in his cast of characters and I was constantly amazed at how accurately he described what I was thinking as I was reading. He would say - and now you're thinking this woman... and he was exactly right. But, what I didn't like about this book it the overall flow of the story. The book is organized with around the story of 2 avid readers who find a book and start reading. Every other chapter is the actual book they are reading, however something always happens so they never complete the book. So for every other chapter, you start a story, it draws you in, it's incredibly well written and then at an exciting point it abruptly ends due to a variety of contrived reasons (it was published incorrectly and only some of the pages are there, the book is torn and the rest is missing, etc.). There are 12 different stories in this book. After about story 5, I just didn't want to be drawn into another incomplete story. I really felt like I was being manipulated. And in reality, that is what authors do - manipulate the emotions of their readers. I would have been ok with it, if he had just finished the stories!
  • (4/5)
    If you had told me that there was a novel about reading that I should read, I would have politely nodded and smiled and quietly forgotten it the moment you walked away. But having picked up Calvino's book, only knowing that it was "strange" and "difficult" and had various points of view, I loved it. I've ready 2nd-person short stories and memoirs, but never novels, so the novelty of the style was definitely appealing to me. Ultimately, even if it doesn't resonate with you emotionally (which is why I did not give it 5 stars) it's a fascinating and original statement he makes on the nature of story-telling.