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El contrato social: Biblioteca de Grandes Escritores

El contrato social: Biblioteca de Grandes Escritores

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El contrato social: Biblioteca de Grandes Escritores

valoraciones:
3/5 (437 valoraciones)
Longitud:
183 páginas
3 horas
Publicado:
Mar 31, 2015
ISBN:
9783959280501
Formato:
Libro

Descripción

Ebook con un sumario dinámico y detallado: El contrato social: o los principios del derecho político, más conocido como El contrato social, es un libro escrito por Jean-Jacques Rousseau y publicado en 1762. Es una obra sobre filosofía política y trata principalmente sobre la libertad e igualdad de los hombres bajo un Estado instituido por medio de un contrato social.
Se dice que este libro fue uno de los muchos incitadores de la Revolución francesa por sus ideas políticas. Bajo la teoría del contrato social se fundamenta buena parte de la filosofía liberal, en especial el liberalismo clásico por su visión filosófica del individuo como fundamental, que luego decide vivir en sociedad por lo que necesita del Estado de Derecho que asegure las libertades para poder convivir. Así también se dice que en este libro se exponen lo que en el futuro serían los principios de la filosofía política socialista, en parte por el concepto de la voluntad general.
Publicado:
Mar 31, 2015
ISBN:
9783959280501
Formato:
Libro

Sobre el autor


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Vista previa del libro

El contrato social - Juan Jacobo Rousseau

social

Índice

Libro Primero

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Capítulo VI

Capítulo VII

Capítulo VIII

Capítulo IX

Libro Segundo

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Capítulo VI

Capítulo VII

Capítulo VIII

Capítulo IX

Capítulo X

Capítulo XI

Capítulo XII

Libro Tercero

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Capítulo VI

Capítulo VII

Capítulo VIII

Capítulo IX

Capítulo X

Capítulo XI

Capítulo XII

Capítulo XIII

Capítulo XIV

Capítulo XV

Capítulo XVI

Capítulo XVII

Capítulo XVIII

Libro Cuarto

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Capítulo VI

Capítulo VII

Capítulo VIII

Capítulo IX

Jean-Jacques Rousseau

El contrato social

Libro Primero

Índice

Me he propuesto buscar si puede existir en el orden civil alguna regla de administración legítima y segura, considerando los hombres como son en sí y las leyes como pueden ser. En este examen procuraré unir siempre lo que permite el derecho con lo que dicta el interés, a fin de que no estén separadas la utilidad y la justicia.

Empiezo a desempeñar mi objeto sin probar la importancia de semejante asunto. Se me preguntará si soy acaso príncipe o legislador para escribir sobre política. Contestaré que no, y que éste es el motivo porque escribo sobre este punto. Si fuese príncipe o legislador, no perderia el tiempo en decir lo que es conveniente hacer; lo haría, o callaría.

Siendo por nacimiento ciudadano de un estado libre y miembro del soberano, por poca influencia que mi voz pueda tener en los negocios públicos me basta el derecho que tengo de votar para imponerme el deber de enterarme de ellos: ¡mil veces dichoso, pues siempre que medito sobre los gobiernos, hallo en mis investigaciones nuevos motivos para amar el de mi país!

Capítulo I

Asunto de este primer libro

Índice

El hombre ha nacido libre, y en todas partes se halla entre cadenas. Créese alguno señor de los demás sin dejar por esto de ser más esclavo que ellos mismos. ¿Cómo ha tenido efecto esta mudanza? Lo ignoro. ¿Qué cosas pueden legitimarla? Me parece que podré resolver esta cuestión.

Si no considero más que la fuerza y el efecto que produce, diré: mientras que un pueblo se ve forzado a obedecer, hace bien, si obedece; tan pronto como puede sacudir el yugo, si lo sacude, obra mucho mejor; pues recobrando su libertad por el mismo derecho con que se la han quitado, o tiene motivos para recuperarla, o no tenían ninguno para privarle de ella los que tal hicieron. Pero el orden social es un derecho sagrado que sirve de base a todos los demás. Este derecho, sin embargo, no viene de la naturaleza; luego se funda en convenciones. Trátase pues de saber qué convenciones son estas. Mas antes de llegar a este punto, será menester que funde lo que acabo de enunciar.

Capítulo II

De las primeras sociedades

Índice

La sociedad más antigua de todas, y la única natural, es la de una familia; y aún en esta sociedad los hijos sólo perseveran unidos a su padre todo el tiempo que le necesitan para su conservación. Desde el momento en que cesa esta necesidad, el vínculo natural se disuelve. Los hijos, libres de la obediencia que debían al padre, y el padre, exento de los cuidados que debía a los hijos, recobran igualmente su independencia. Si continúan unidos, ya no es naturalmente, sino por su voluntad; y la familia misma no se mantiene sino por convención.

Esta libertad común es una consecuencia de la naturaleza del hombre. Su principal deber es procurar su propia conservación, sus principales cuidados los que se debe a sí mismo; y luego que está en estado de razón, siendo él solo el juez de los medios propios para conservarse, llega a ser por este motivo su propio dueño.

Es pues la familia, si así se quiere, el primer modelo de las sociedades políticas: el jefe es la imagen del padre y el pueblo es la imagen de los hijos; y habiendo nacido todos iguales y libres, sólo enajenan su libertad por su utilidad misma. Toda la diferencia consiste en que en una familia el amor del padre hacia sus hijos le paga el cuidado que de ellos ha tenido; y en el estado, el gusto de mandar suple el amor que el jefe no tiene a sus pueblos.

Grocio niega que todo poder humano se haya establecido en favor de los gobernados y pone por ejemplo la esclavitud. La manera de discurrir, que más constantemente usa, consiste en establecer el derecho por el hecho. Bien podría emplearse un método más consecuente, pero no se hallaría uno que fuese más favorable a los tiranos.

Dudoso es pues, según Grocio, si el género humano pertenece a un centenar de hombres, o si este centenar de hombres pertenecen al género humano; y según se deduce de todo su libro, él se inclina a lo primero: del mismo parecer es Hobbes. De este modo tenemos el género humano dividido en hatos de ganado, cada uno con su jefe, que le guarda para devorarle.

Así como un pastor de ganado es de una naturaleza superior a la de su rebaño, así también los pastores de hombres, que son sus jefes, son de una naturaleza superior a la de sus pueblos. Así discurría, según cuenta Filón, el emperador Calígula, deduciendo con bastante razón de esta analogía que los reyes eran dioses, o que los pueblos se componían de bestias.

Este argumento de Calígula se da las manos con el de Hobbes y con el de Grocio. Aristóteles había dicho antes que ellos que los hombres no son naturalmente iguales, sino que los unos nacen para la esclavitud y los otros para la dominación.

No dejaba de tener razón; pero tomaba el efecto por la causa. Todo hombre nacido en la esclavitud, nace para la esclavitud; nada más cierto. Viviendo entre cadenas los esclavos lo pierden todo, hasta el deseo de librarse de ellas; quieren su servidumbre como los compañeros de Ulises querían su brutalidad. Luego sólo hay esclavos por naturaleza, porque los ha habido contra ella. La fuerza ha hecho los primeros esclavos, su cobardía los ha perpetuado.

Nada he dicho del rey Adán ni del emperador Noé, padre de los tres grandes monarcas que se dividieron el universo, como hicieron los hijos de Saturno, a quienes se ha creído reconocer en ellos. Espero que se me tenga a bien esta moderación; pues descendiendo directamente de unos de estos príncipes, y quizás de la rama primogénita, ¿quién sabe si, hecha la comprobación de los títulos, me encontraría legítimo rey del género humano? Sea lo que fuere, no se puede dejar de confesar que Adán fue soberano del mundo, como Robinson de su isla, por ser el único habitante; y lo que tenía de cómodo este imperio era que el monarca, seguro sobre su trono, no tenía que temer ni rebeliones, ni guerras, ni conspiraciones.

Capítulo III

Del derecho del más fuerte

Índice

El más fuerte nunca lo es bastante para dominar siempre, sino muda su fuerza en derecho y la obediencia en obligación. De aquí viene el derecho del más fuerte; derecho que al parecer se toma irónicamente, pero que en realidad está erigido en principio. ¿Habrá empero quién nos explique qué significa esta palabra? La fuerza no es más que un poder físico; y no sé concebir qué moralidad pueda resultar de sus efectos. Ceder a la fuerza es un acto de necesidad y no de voluntad; cuando más es un acto de prudencia. ¿En qué sentido pues se considerará como derecho?

Supongamos por un momento este pretendido derecho. Tendremos que sólo resultará de él una confusión inexplicable; pues admitiendo que la fuerza es la que constituye el derecho, el efecto muda mudando su causa: cualquiera fuerza que supera a la anterior sucede al derecho de ésta. Luego que impunemente se puede desobedecer, se hace legítimamente: y teniendo siempre razón el más fuerte, sólo se trata de hacer de modo que uno llegue a serlo. Según esto, ¿en qué consiste un derecho que se acaba cuando la fuerza cesa? Si se ha de obedecer por fuerza, no hay necesidad de obedecer por deber; y cuando a uno no le pueden forzar a obedecer, ya no está obligado a hacerlo. Se ve pues que esta palabra derecho nada añade a la fuerza, ni tiene aqui significación alguna.

Obedeced al poder. Si esto quiere decir, ceded a la fuerza, el precepto es bueno, aunque del todo inútil; yo fiador que no será violado jamás. Todo poder viene de Dios, es verdad: también vienen de él las enfermedades; ¿se dice por esto que esté prohibido llamar al médico? Si un bandido me sorprende en medio de un bosque, ¿se pretenderá acaso que no sólo le dé por fuerza mi bolsillo, sino que, aún cuando pueda ocultarlo y quedarme con él, esté obligado en conciencia a dárselo?. Pues al cabo la pistola que el ladrón tiene en la mano no deja de ser también un poder. Convengamos pues en que la fuerza no constituye derecho, y en que sólo hay obligación de obedecer a los poderes legítimos. De este modo volvemos siempre a mi primera cuestión.

Capítulo IV

De la esclavitud

Índice

Ya que por naturaleza nadie tiene autoridad sobre sus semejantes y que la fuerza no produce ningún derecho, solo quedan las convenciones por base de toda autoridad legítima entre los hombres.

Si un particular, dice Grocio, puede enajenar su libertad y hacerse esclavo de un dueño, por qué todo un pueblo no ha de poder enajenar la suya y hacerse súbdito de un rey? Hay en esta pregunta muchas palabras equívocas que necesitarían explicación; pero atengámonos a la palabra enajenar. Enajenar es dar o vender. Ahora bien, un hombre que se hace esclavo de otro, no se da a éste; se vende a lo menos por su subsistencia: pero con qué objeto un pueblo se vendería a un rey? Lejos éste de procurar la subsistencia a sus súbditos, saca la suya de ellos, y según Rabelais no es poco lo que un rey necesita para vivir. Será que los súbditos den su persona con condición de que se les quiten sus bienes? Qué les quedará despues por conservar?

Se me dirá que el déspota asegura a sus súbditos la tranquilidad civil. Bien está; pero ¿qué ganan los súbditos en esto, si las guerras que les atrae la ambición de su señor, si la insaciable codicia de este, si las vejaciones del ministerio que les nombra, les causan más desastres de los que experimentarían abandonados a sus disensiones? Que ganan en esto, si la misma tranquilidad es una de sus desdichas? También hay tranquilidad en los calabozos: es esto bastante para hacer su mansión agradable? Tranquilos vivían los griegos encerrados en la caverna del Cíclope aguardando que les llegara la vez para ser devorados.

Decir que un hombre se da gratuitamente, es decir un absurdo e inconcebible; un acto de esta naturaleza es ilegítimo y nulo por el solo motivo de que el que lo hace no está en su cabal sentido. Decir lo mismo de todo un pueblo, es suponer un pueblo de locos: la locura no constituye derecho.

Aún cuando el hombre pudiese enajenarse a sí mismo, no puede enajenar a sus hijos, estos nacen hombres y libres; su libertad les pertenece; nadie más puede disponer de ella. Antes que tengan uso de razón, puede el padre, en nombre de los hijos, estipular aquellas condiciones que tenga por fin la conservación y bienestar de los mismos; pero no darlos irrevocablemente y sin condiciones, pues semejante donación es contraria a los fines de la naturaleza y traspasa los límites de los derechos paternos. Luego para que un gobierno arbitrario fuese legítimo, sería preciso que el pueblo fuese en cada generación dueño de admitirle o de desecharle a su antojo; mas entonces este gobierno ya dejaría de ser arbitrario.

Renunciar a la libertad es renunciar a la calidad de hombre, a los derechos de la humanidad y a sus mismos deberes. No hay indemnización posible para el que renuncia a todo. Semejante renuncia es incompatible con la naturaleza del hombre; y quitar toda clase de libertad a su voluntad, es quitar toda moralidad a sus acciones. Por último es una convención vana y contradictoria la que consiste en estipular por una parte una autoridad absoluta, y por la otra una obediencia sin límites. ¿No es evidente que a nada se está obligado con respecto a aquel de quien

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Reseñas

Lo que piensa la gente sobre El contrato social

3.0
437 valoraciones / 13 Reseñas
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Reseñas de lectores

  • (3/5)
    The Social Contract was another surprising book. Rousseau advocates a society based on the "General Will" of the people. The "general will" is actually the sovereign in a society--not a king. Each person has a social pact with others in their society. The pact is to submit to the "general will." The general will should always reign supreme--for the good of the people--and is indestructible. So, individualism is definitely out. The people do not have a social contract with their government, only with one another. The government just expresses the general will of the people. He doesn't like representative governments. So how do you find out the general will? You meet in assemblies. Christianity is against his social pact because Christians would love God more than their society. He thought there should be more public service and less private (personal) business. It was interesting to read this in view of the French Revolution, and possibly the influence this had on future revolutions. Population should be spread equally, there should not be any really wealthy or really poor people....luxury is out as it is not compatible with the general will. You need to control equality with legislation. Monarchy was blasted in this book.
  • (3/5)
    It should come as no surprise that reading piecemeal translations of classic works is no substitute for reading the work cover to cover. I was surprised to find that the words used to justify the American and French Revolutions were much like Adam Smith's "invisible hand" - a small part of an otherwise far-ranging discussion. Rousseau's discussion of religion, the state and marriage holds some key lessons for statecraft in the present, but I daresay the focus on the "social contract" (which should more correctly be referred to as the "social pact" in the Rousseauian sense of the term) has overshadowed any other use of the ideas from this classic work. Yet another reason to read the classics for oneself rather than rely on second-hand reports. Reading The Social Contract has highlighted some major gaps in my knowledge, particularly about ancient Rome but also Hobbes. No doubt I will need to revisit Locke, too. Nevertheless, this short book, along with The Prince, Utopia, and The Communist Manifesto, represents an important part of the modern nation-state and is certainly worth more than a skim-read.
  • (5/5)
    The predecessor to Karl Marx and Kapital. To understand Marxism, Rosseau and his ideas are practically a prerequisite, his concepts of collectivism, and distrust of representative democracy, and his declaration that "Man is free, yet everywhere he is in chains". For hardcore political scientists: read this to understand the ideological underpinnings of the architects of the French Revolution, the Jacobins, then read Edmund Burke's "Reflections on the Revolution in France" to see a critique of Rosseauean ideology and what it did to France.
  • (3/5)
    Important enlightenment literature, but you can see all the places that are proto-communist. I can't really agree with his support of an "Enlightened Minority" required to direct societal affairs. Read Locke instead ;D
  • (4/5)
    The Social Contract is Jean-Jacques Rousseau's seminal work. He takes on the question of the state, government, and man's desire to be free under these conditions. Although Rousseau speaks quite too favorably of Rome and Sparta when justifying his main points, he nevertheless provides a provocative case for the use of the State, it's laws, and it's authority. However his flaws lie in his assurance of top-down government, and lack of faith in true democracy. He accuses direct democracy as incredibly paralyzing, and inefficient, which is true when applied in the context of mercantile, pre-modern conditions. “You forget that the fruits belong to all and that the land belongs to no one.”
  • (5/5)
    Very concise and captivating. It is remarkable how much of it still pertains and even seems to have been predicted. One can easily see how the framers of the US Constitution relied on this work. "Since no man has a natural authority over his fellow, and force creates no right, we much conclude that conventions form the basis of all legitimate authority among men.""I shall end this chapter and this book by remarking on a fact on which the whole social system should rest: i.e., that, instead of destroying natural inequality, the fundamental compact substitutes, for such physical inequality as nature may have set up between men, an equality that is moral and legitimate, and that men, why may be unequal in strength or intelligence, become every one equal by convention and legal right."
  • (1/5)
    The one star rating does not mean I don’t recommend reading The Social Contract. Everyone should. It’s that important, that influential and reading this was certainly eye-opening. One star does not mean this was tedious, dry or difficult. In fact this treatise is not long, is easy to understand and can be read in a few hours. And Rousseau can certainly turn a phrase. Lots and lots that’s quotable in this book. But I don’t simply not like the book (which on Goodreads means one star) I absolutely despise this book and everything it stands for. Leo Strauss called Machiavelli the “teacher of evil” and goodness knows I have nothing kind to say about Marx. But both feel clean and wholesome in comparison to Rousseau. Machiavelli at least is open about urging there is no place for morals in politics, but Rousseau is positively Orwellian. He begins the first chapter of Social Contract with the stirring worlds: Man is born free and everywhere is in chains. But though he speaks of liberty and democracy it’s clear that his ideal state as he defines it is totalitarian. Those who don’t want any part of his state, who won’t obey, should be “forced to be free.” Locke argued inalienable rights included life, liberty, and property; governments are instituted to secure those rights. For Rousseau, life, liberty and property are all things you give wholly to the state “retaining no individual rights.” Rousseau states:Whoever refuses to obey the general will shall be compelled to do so by the whole body... the social contract gives the body politic absolute power over all its members... when the prince says to him: “It is expedient for the State that you should die,” he ought to die.Even Rousseau thought his ideal system couldn’t work in large territories. He ideally wanted direct democracy, with all citizens meeting in assembly such as in the ancient city-state of Athens, not representative democracy, which he doesn’t see as true democracy. (And the larger the state, the more absolute in its powers and more autocratic the government should be lest it fall into selfish anarchy.) Alissa Ardito says in the Introduction to my edition that: “Politics... is also about language, talking, negotiating, arguing; and for that Rousseau had no need and little patience. The goal in The Social Contract is always about consensus, and in the end one suspects what Rousseau finally wanted was silence.” You cannot have liberty or democracy while shutting up and shutting down anyone who dissents from the “general will.” And then there’s Rousseau’s urging of a civil religion, where one literally worships the state. What you get then is the obscenity of a state as the “Democratic People’s Republic of Korea,” whose only nod to democracy is in the name, and where its leader takes on a quasi-religious status. Can I see any good in this treatise? I can see the form the United States took in the discussion of a mix between monarchy (President), aristocracy (Senate, Supreme Court) and democracy (Congress) and checks and balances between them. But such features are also discussed in Locke’s Second Treatise of Government and in Montesquieu’s The Spirit of the Laws, both of which predate The Social Contract. In fact, Rousseau's categories of government can even trace its roots to Aristotle. So, what good I can see in it is hardly original. Well, and The Social Contract did argue for sovereignty being lodged in the people rather than a Divine Right of Kings--it’s supposed to have inspired the French Revolution, and its cry of “liberty, equality, fraternity.” If so, it’s easier to understand why the French Revolution turned into the Reign of Terror. I do consider this a must-read, and I’m glad I read it. It’s enlightening, like turning over a rock to see all the nasty things that were hiding underneath.
  • (4/5)
    Rousseau is the man.
  • (3/5)
    Zeer fragmentaire beschouwingen; de bekende theorie van het maatschappelijk verdrag komt er maar zeer kort in aan bod. Soms zeer theoretisch; enkele interessante beschouwingen
  • (4/5)
    This fascinating commentary on the way society works is packed full of wisdom. Rousseau explores the unspoken agreement each individual makes with the society in which they operate. He contends that many of our basic rights are not rights at all, but silent commitments everyone within our society makes to each other. The whole book is a wonderful resource and in lieu of a review I’ll leave you with some of my favorite lines.“Man is born free; and everywhere he is in chains. One thinks himself the master of others, and still remains a greater slave than they.” “The greatest kings whose praises history tells were not brought up to reign: reigning is a science we are never so far from possessing as when we have learnt too much of it, and one we acquire better by obeying than by commanding.”“No one has a right to demand that another shall do what he does not do himself.”“I prefer liberty with danger to peace with slaves.”“Men always love what is good or what they find good; it is in judging what is god that they go wrong.” 
  • (4/5)
    Here Rousseau introduces the idea of the "Social Contract" as being the establishing force behind structured civil society, governments, and states. The social contract is a mutually beneficial agreement between the members of the society, and is crucial to the existence of any society. What is agreed upon between the members of the society (either subjects or citizens), is that they will forgoe their rights to carry out certain behaviours on the understanding that others will not produce these behaviours either, which leads to the formation of laws based on the general moral will of human nature. For example, it is beneficial for a given member of society to assent to a minor relinquishment of liberty (agreeing that they won't steal/ murder/ carry out other crimes), in order for them to maintain the greater part of their liberty by not having their own posessions stolen, or themselves murdered. In living in such state, one implicitly agrees that if this contract is broken, then the individual must be punished. This deterrent preserves the general liberty of the people, and is the reason that we have laws. On the political spectrum, Rousseau tends towards the Conservative.Rousseau also discusses various other matters relating to forms of government, democracy, Roman law, religion, and matters of state in general, though these are of much less important than the earlier chapters pertaining to the central thesis of the Social Contract.The ideas presented here are largely relevant to modern politics, and as this is a short and easily read book, I would recommend it to those interested in law, politics, history, or sociology. It is much more accessible than some other political philosophies, such as Aristotle's Politics, though not as comprehensive as either this or Plato's Republic on many matters. However, it is a good volume to read as an introduction to politics, and to the idea of the social contract which is integral to the liberty of civilised society everywhere.
  • (4/5)
    I continue to love the Penguin Great Ideas series. Though the simple inclusion of a date of original publication would be very nice.

    Anyway, the book is a discussion of governments. Ideal governments vs. real governments, the best government for a given state, the nature of governance and governors. The historical and mythical examples were interesting, but in many places the extent to which various theoretical constructs were being compared got a bit tiring. Despite all that, there were more than enough points to ponder to make the book worth the reading.
  • (2/5)
    I read this in high school for my philosophical debate class/competions. This is really going to show my geek slip, but I enjoyed all 3 social contract theories. This one probably the least, he was a little radical by my way of thinking. Maybe too much wacky tobacky, or whatever was dipped into waaaaaay back when.