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Cuentos de terror
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Libro electrónico361 páginas7 horas

Cuentos de terror

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Información de este libro electrónico

En todo el mundo el nombre de Howard Philips Lovecraft es sinónimo de terror literarios y es considerado por muchos sectores sociales como un autor de culto. Y esto no es fortuito o una moda pasajera, sino el reflejo de su gran calidad literaria y su vasta imaginación. De hecho, los escritores de uno de los cómics que más éxito ha tenido en todo el mundo, fueron inspirados por la obra de Lovercraft para crear el Asilo (o Manicomio) Arkham, donde se recluyen personajes como El Guasón (o Jocker), El Pingüino, Dos Caras, Bane, El Acertijo... enemigos acérrimos de Batman.
Es por ello que le ofrecemos, una muestra de los cuentos más representativos de este autor de culto, seleccionados por el reconocido escritor Ricardo Guzmán Wolffer. Sin duda un libro que deber ser leído por propios y ajenos, sean o no amantes del género de terror, por el simple hecho de gozar de una de las mejores plumas de todos los tiempos.

IdiomaEspañol
Fecha de lanzamiento14 sept 2015
ISBN9781943387694
Cuentos de terror

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Comentarios para Cuentos de terror

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    Es el mejor libro de suspenso que leí en mi vida!
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    4/5
    hola amigos como están les saludo desde México es una ciudad muy bonita linda

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Cuentos de terror - H.P. Lovecraft

H. P. Lovecraft, el genio de lo inasible

Ricardo Guzmán Wolffer

En México se lee mucho a Lovecraft. Se vende en las librerías elegantes, en las estaciones del transporte público, en las capitales, en las poblaciones de menos habitantes.

Este autor nacido en Providence, Estados Unidos (1890-1937), nos demuestra que la lectura nos lleva a cualquier territorio, especialmente a los lugares internos y a los sentimientos menos conocidos o aceptados. Si alguien sabe encender esa imaginación es Lovecraft. ¿De qué otra manera podría explicarse que las historias situadas en otro país, en otra época, con nombres extranjeros y algunos incluso difíciles de pronunciar, nos hagan vibrar y leer a pesar de la hora, el lugar o la situación?

La mejor manera de lograr que el lector se inserte en la fantástica historia que tiene en las manos es obligarlo a introyectar las palabras del autor e iniciar la propia aventura. Leer a Lovecraft es sólo el punto de partida.

Lo que más se usaba en la época que vivió Howard para comunicarse a distancia era la correspondencia (se dice que escribió aproximadamente 120,000 cartas). Bastaría leer sus muchas cartas para establecer aspectos de su vida que terminarían por definirle la producción literaria.

Con una larga cronología familiar en la pequeña burguesía rural de Devonshire y con una biblioteca bien surtida por ambas ramas de su ascendencia, la lectura, las narraciones de viajes a cargo del abuelo y la cultura en general eran una constante en la familia del autor. Se valoraba ampliamente la tenencia de los libros y sus parientes lo incitaron a leer y estudiar. Cuando comenzó a escribir también fue apoyado. Sin duda eso fue clave para la vida de aquel joven que, sin embargo, estuvo algunos años sin redactar por las malas respuestas de algunos editores a publicar sus escritos. Por el número y calidad de sus libros nadie supondría que este productivo e influyente autor hubiera sido tan sensible a las críticas sobre su trabajo.

Su padre murió cuando H. P. L. era pequeño y eso lo llevó, junto con su madre, de regreso a la casa de los abuelos. La figura paterna fue sustituida por el abuelo, quien le enseñó el valor de los viajes, mediante las narraciones que le hacía de las propias travesías. De niño se divertía las horas con los libros: aprendió el alfabeto a los dos años, a los cuatro podía leer aunque cometiendo los errores más absurdos en la pronunciación de las palabras largas que tanto me gustaban. Ahí podría rastrearse su gusto por los nombres que en el inglés de aquella época eran difíciles de articular, y que después sus críticos establecerían como parte de la fonética lingüística repudiada por H. P. L. respecto de idiomas diversos al inglés. A los cinco años empezó a escribir. Tenía problemas para relacionarse con otros niños, pues Howard quería jugar a los hechos históricos. Terminó por quedarse en las amplias bibliotecas familiares, donde los libros de más de un siglo de antigüedad eran usados y estimados. Hereda de la abuela materna el gusto por la astronomía: en sus futuros relatos hablaría de otros mundos y de seres impensables en la tierra. Como prefacio a la amplia producción literaria, la lectura resultó indispensable.

Además de entretenerse con tratados de astronomía, en su infancia Howard leía con entusiasmo los cuentos de los hermanos Grimm y el Libro de las maravillas y los Cuentos de Tanglewood, de Hawthorne. También se nutría con La era de la fábula, de Bulfinch. Las ediciones viejas y las citas antiguas fueron llevando al pequeño escritor a firmar con fechas atrasadas: H. Lovecraft, Gent., 1698 y a buscar borrar toda palabra moderna de mi vocabulario4. Ya desde niño quería vivir en otros lugares y otros tiempos, pero su imaginación infantil no maduraba los terrores que luego encarnaría en los monstruos de nombres impronunciables. En sus cartas de adulto insiste sobre la futilidad de la vida, la limitante que el tiempo resulta para los logros humanos. Solía comparar los alcances de todo individuo o sociedad con una escala de la infinitud cósmica. De ahí la importancia de los pequeños logros, porque en esa medida interplanetaria tenían tanta relevancia como cualquier éxito. Esta visión de lo humano como una mínima parte del orden sideral le aterraba en el fondo: implicaba la propia futilidad. De ahí surgen los monstruos que llenarían sus textos de alcance extraterreno. Aunque afirmaba ser amable con sus lectores y la gente que le rodeaba, sus textos murmuran una angustia tan profunda como contagiosa: en algún momento de nuestra vida, la perspectiva de lo incierto en el propio futuro es inevitable. Lovecraft logra asentar esa zozobra en sus textos donde todo lo que rodea a los personajes puede ser el detonante de un momento terrible o de una locura mortal.

A Lovecraft se le señala como un solitario sufriente. Alguno de sus biógrafos establece que sufrió una severa depresión por los casi 12 años que pasó recluido o aislado de la sociedad, con esporádicos paseos en la calle. Pero sus cartas dan nota de una intención y de un gusto por esa soledad. El contraste entre el sufrimiento que anida en sus textos y las profundas palabras que escribía sugieren una compleja personalidad donde todas las sensaciones humanas se despertaban. El tiempo y su percepción serían una constante en sus textos: ya como escape, ya como una barrera que no convenía romper por el riesgo de encontrar monstruos y hombres perversos. La dificultad de trascender esa mortalidad harían de la muerte y el horror una parte imposible de sacar de la obra lovecraftiana: El paso filosófico siguiente es adquirir la actitud impersonal; despojarse de la conciencia egocéntrica, y adoptar el papel de un espectador en la comedia del hombre. Así, despersonalizado, uno puede vagar a través de toda la historia y toda la leyenda con la imaginación como guía; disfrutar de las cosas agradables de la vida sin experimentar la angustia de la participación. Al soñador impersonal pertenece el infinito entero: es el lord del universo y el gustador de todas las bellezas de las estrellas. En cuanto al futuro... ¿qué es más dulce que el olvido, que el más humilde de nosotros puede compartir con los reyes de todas las épocas, y hasta con los propios dioses?. Cuando sus escritos fueron publicados en revistas literarias se volvió atractivo para otros autores, muchos futuros colaboradores, y entonces regresó a la sociedad al crear amistades que durarían para toda la vida: muchos eran amigos basados en la admiración que le tenían por su erudición, más que por coincidir con sus puntos de vista xenófobos (los cuales fue perdiendo con el paso de los años) o literarios.

A partir de 1906 publicó varios apuntes sobre astrología y astronomía.

En 1908 no pudo ingresar a la Universidad de Brown por motivos de salud: los dolores de cabeza intensos y el insomnio le impedían con-centrarse en sus estudios. H. P. narra en sus cartas cómo varios de sus textos procedían de ideas que conservaba apenas despertaba: eran sueños que, en la vigilia, retomaba para anotarlos. Las visiones nocturnas como entrada a otra realidad también llegarían a sus textos, a veces en forma directa, a veces sublimados por estar los personajes en un estado de aproximación onírica, generalmente causado por el miedo a lo desconocido. Si fuera a ponerme serio e introspectivo... describiría mi propia naturaleza como tripartita, consistiendo mis intereses en tres grupos paralelos y disociados: a) Amor por lo extraño y lo fantástico. B) Amor por la verdad abstracta y la lógica científica. C) Amor por lo antiguo y lo permanente. Combinaciones varias de estas tres líneas probablemente den cuenta de todos mis gustos y excentricidades extrañas.

Se le reprocha a otras formas de producción artística, como el cine o el cómic, que poco dejen a la imaginación. Habría que decir que el poderío narrativo de Lovecraft ha llevado a numerosos dibujantes importantes y a directores de cine a intentar plasmar la narrativa lovecraftiana en sus respectivas disciplinas. Incluso, en los años 80, en la capital de México un actor importante representó durante meses los monólogos de Lovecraft, con éxito de crítica y creciente público.

Habrá quien disfrute las historias de Howard fuera de la lectura, pero esas otras creaciones sólo son una muestra de cómo leer a Howard Phillips obliga al lector a participar con la propia información vital para aterrizar esas descripciones. El autor habla de seres y mundos imaginarios difíciles de describir, pero que impactan en la mente inconsciente del lector. Parece que describe con precisión sus dioses terribles o los monstruos abominables que atacan a los sufridos narradores o a los autosacrificados personajes, pero en realidad sólo da la pauta para que uno haga su parte e imagine esas cosas con sus deformidades o esos territorios inhóspitos donde la maldad llega a solidificarse; o, simplemente, perciba el significado de los hechos malvados ocurridos siglos atrás en lugares que nunca podremos ver.

El autor cultivó con éxito la poesía. Entre la prosa de sus cuentos se pueden adivinar figuras que tienden a la abstracción poética. Algunos textos incluso contienen estrofas propicias a la trama.

Los muchos tratadistas de la obra de H. P. L. han buscado explicar el efecto de su lectura. En los años 60 se hacían comparaciones con los resultados del uso de estupefacientes, entre ellas el LSD. Como si fuera igual ingerir esas drogas que leer un libro: hay un descenso al infierno personal, ya interior o al lado de seres que paralizan del terror; hay una lucha para enfrentar ese reto a la cordura o a la supervivencia; y hay un ascenso a un mundo objetivo y real que nunca volverá a ser igual, pues las huellas del enfrentamiento llevan al personaje a tener por cierto que hay seres y mundos paralelos, algunos sobre nosotros, que suelen vigilarnos y que sólo esperan un descuido para arrasar con fuego y sangre nuestra mente; y la del lector, por extensión: en muchos cuentos y novelas el personaje es sacrificado, o transmutado en un monstruo sin alma; pero el lector asume la perspectiva del protagonista y se sobresalta con el fin del cuento.

No es lo mismo el uso de alucinógenos que la lectura. Nadie se muere por leer toda la obra de un autor, pero ciertamente hay ansiedad por seguir leyendo y necesidad por agotar la bibliografía de ese escritor. Es mejor leer, eso es seguro. Lo que sin duda sucede con Lovecraft es que, dentro de las muchas temáticas que maneja, siempre hay momentos de adrenalina pura. La emoción que se obtiene es innegable. No importa que el autor use palabras —especialmente adjetivos que admiten interpretaciones subjetivas— que nos hagan recurrir al diccionario. Tampoco es relevante que use nombres difíciles de pronunciar. Ni que invente ciudades y lugares. Todo eso sólo sirve para darle un aura de misterio a sus historias, que explota en los ojos del lector cuando éste logra entrar en el estilo barroco del autor para presentarnos las sensaciones que van del desconcierto al miedo, al terror y, finalmente, a la locura o a la muerte del personaje. En sus textos nos enteramos de qué siente ese hombre (son muy pocas las mujeres en sus textos) que, para su desgracia, ha caído en las fauces de seres implacables. La mayoría de sus relatos son escritos en primera persona; y en ocasiones, aun en la peor locura causada por el terror ante lo inamovible, ese personaje seguirá escribiendo para dejar el relato de su muerte dolorosa. Verosímil o no, funciona ese truco literario.

Poco importa si el autor usaba alguna sustancia para imaginar sus ficciones; aunque no está documentado que lo hiciera, es obvio que no se necesita ni de la cafeína para tener una imaginación muy productiva. Lo que nos deja es una obra única. Y hay que aprovecharla. Algunos de sus biógrafos dicen que era tan feo para la época que eso lo hacía tímido y proclive a la franca soledad en medio de un largo recuento de fobias.8 Otra versión de su soledad era que su madre, preocupada por las muchas tardes y noches que el niño Howard pasaba leyendo en el ático de la casa, daba como explicación para la falta de socialización del menor que tenía una cara espantosa. Después de escucharlo tantas veces, el infante terminó por creerlo y eso lo hizo reacio a salir de su casa y luego de su natal Providence. Hasta que se casó y, a pedido de su esposa, estuvo en Nueva York varios años, para luego volver solo a Providence.

A Lovecraft se le acusa de sexista, de racista, de purista, de loco, de tenerle miedo hasta a su sombra por suponerse decadente como la sociedad norteamericana que le tocó vivir, donde la mezcla de razas era cosa común, pero contrariaba su idea de la pureza, étnica e intelectual. Tampoco importa: los personajes de sus obras son contundentes. Habrá quien los relacione con las vivencias del autor o con las guerras y migraciones (como ahora, es verdad) que hubo en Estados Unidos de América. Howard se asumía como inglés (su familia tenía raíces en Inglaterra y sus biógrafos han desarrollado su árbol genealógico hasta el siglo XV), pero reconocía su incapacidad para opinar de política o actuar al respecto. En cuanto a la interpretación de sus textos como discriminatorios, es una clasificación reciente, contemporánea: los cuentos permanecen y fueron tan exitosos que Lovecraft obtuvo en poco tiempo seguidores importantes, aunque poca remuneración.

Uno de los relatos que se incluyen en esta antología es La llamada de Cthulhu, pues, además de un buen cuento por sí mismo, dio pie a todo un movimiento que terminó siendo llamado Los mitos de Cthulhu. La declaración de Randolph Carter también dio para varíos textos que se compendiaron en Viajes al otro mundo. Ciclo de aventuras oníricas de Randolph Carter. Obligatorio para todo seguidor de Lovecraft leer ambas compilaciones.

Sus personajes; su árabe loco, Abdul Alhazred; su libro maldito, el Necronomicon; la ficticia Universidad de Miskatonic; su gusto por lo inexplicable; los nombres que suponía incomprensibles e impronunciables, y mucho más de su creación, han sido asimilados a distintos niveles en la cultura popular.

Músicos, escritores, actores y autores en general sin timidez lo citan y copian. Hay un juego de rol basado en los mitos de Cthulhu, donde se describen todos los dioses y monstruos de los cuentos. Entre Los Ángeles y Oregon, ambos en EUA, se celebra el Festival de cine H. P. Lovecraft para difundir las obras cinematográficas basadas en la obra del autor y, por supuesto, promover la obra literaria original. El cuento Los sueños en la casa de la bruja (aquí incluido) ha sido hecho ópera rock. En el conocido cómic de Batman, los enfermos mentales son conducidos al asilo Arkaham: Arhakam fue un invento de Lovecraft y la caricatura resulta un homenaje escondido, pues pocos seguidores del hombre murciélago saben que están rememorando a H. P. La estética y el concepto del famoso cómic Hellboy, que luego daría para dos películas dirigidas por Guillermo del Toro, son absolutamente influencia de H. P. L. El propio Del Toro se asume como admirador incondicional de Lo- vecraft.9 El grupo de rock Metallica en el segundo álbum de la banda, Ride the lightning (1984), incluye la canción The call of Ktulu, inspirada en el cuento La llamada de Cthulhu (supuestamente se leen igual ambas palabras).

Estos son sólo algunos homenajes más para este autor que sigue tan vigente como cuando inició su casi póstumo éxito (fuera de su círculo de amigos y admiradores, en vida era poco conocido y murió a temprana edad, lo que le impidió conocer la fama que no lo dejaría casi un siglo después de su nacimiento): sus cuentos y novelas son una peculiar, pero magnífica, catarsis literaria para la propia angustia ante un mundo que no se podía explicar con la religión ni con la ciencia; una angustia que también carcome el interior de generaciones actuales: jóvenes y grandes tendrán puntos de contacto con la percepción vital de Lovecraft. Ahí otra razón para leerlo y explicar su enorme cantidad de lectores. De sus seguidores famosos bastaría citar a Stephen King, Jorge Luis Borges, John Carpenter, Guillermo del Toro, Neil Gaiman, Ramsey Campbell y muchos más.

Varios autores, como August Derleth, colaboraron en vida y póstumamente con los textos que dejó Howard Phillips. Aquí no se incluyen esos trabajos en colaboración. Lovecraft tiene mucho de donde tomar para presentar sus diversas preferencias: los viajes al otro mundo, a muchos mundos; la invasión de seres de otros tiempos, planetas y formas; la transformación del propio cuerpo para evidenciar que no somos ni dueños de nuestra carne, menos de nuestros pensamientos, capaces de ser moldeados por seres malignos, a veces desconocidos para toda la raza humana, a veces por sus seguidores clandestinos; la superioridad de lo sobrenatural sobre lo científico; la existencia de otra realidad, cercana, casi palpable, y capaz de dominarnos. En alguna época de su vida también usó el folclor local para inspirarse. Aquí se incluyen textos de esas variantes. Muchos serán sólo una invitación para que el lector busque el extenso material que Lovecraft y sus seguidores dejaron.

Puede suponerse cierto grado de heroicidad en sus personajes, pues quienes saben la clase de adversario que tienen (deidades cósmicas muchas veces superiores al hombre en tamaño, experiencia y posibilidad de acción) saben sin duda que están condenados. Sin embargo, tratan de salir de la situación, lo logren o no (generalmente perecen). El héroe clásico pelea contra la fatalidad, incluso sabiendo que no hay posibilidad de triunfo. De ahí otra veta para explicar el éxito del autor: habrá muchos lectores que también sientan la fuerza del destino, la inamovilidad del porvenir, pero que pierdan la vida en tratar de cambiar la muerte inexorable (o quieran hacerlo). Además, los personajes de Lovecraft son, en general, personas con instrucción (médicos, escritores, académicos) y no obstante ello fallecen. Muchos lectores se identificarán con esos sufrientes estudiosos que, a pesar de su regular vida entre libros, terminan por vivir una aventura única, aunque les cueste la vida. Además, en varios textos se adivina la presencia de sectas seguidoras de esos dioses antiguos y malignos: como si previera el futuro de EUA, donde las cofradías religiosas y pseudo religiosas han proliferado de unas décadas a la fecha, algunas tristemente célebres por cometer suicidios o asesinatos.

Sus huellas pueden rastrearse hasta esta segunda década del siglo XXI. Autores mexicanos y extranjeros siguen hablando de seres terribles en cuerpo e intenciones, y de lenguas prohibidas que modifican nuestra realidad, nuestra percepción de lo inmediato. Arquitecturas atroces que hablan de concepciones de la vida adversas a la nuestra. Eso y mucho más se inserta en los textos de este intemporal autor que sigue siendo un imán para la lectura. Habrá quien quiera rastrearlo como conocedor y analista de la literatura del terror11, o quien lo prefiera como uno de los autores que cambiaron la forma de entretener, por asustar a los lectores. Poco importa su gran bagaje literario o su clasificación en un orden bibliotecario: sus textos transmiten pulsaciones y sentimientos, imágenes que nos atrapan, nombres que se insertan en nuestro vocabulario y, mejor aún, la sensación de que no estamos aislados en esta angustia de comprender la pequeñez del hombre ante un universo del que sabemos apenas estar viendo una parte menor. Antes de la literatura de Lovecraft las historias de misterio y terror partían de una visión distinta: aunque había fantasmas, monstruos y hombres malvados, esencialmente la humanidad vivía en un universo amistoso, cuidada por un Dios al cual recurrir: los personajes regularmente sobrevivían. Tal vez algunos morían, pero siempre había la opción de recurrir a la bondad y perdón divinos. En cambio, cuando Lovecraft empieza con sus seres malignos la perspectiva se transforma: no importa la religión que tengas, esos monstruos son imparables y, si se dan las condiciones propicias (el día, el rito, la compañía, las herramientas, etcétera) no habrá Dios para salvarte. De pronto, literariamente, la humanidad estaba indefensa ante seres que nos veían, en el mejor de los casos, como sirvientes desechables o, en muchas ocasiones, como francos ratones de laboratorio apenas útiles para asegurar la continuidad de otras especies inteligentes, no humanas.

Son muchos los cuentos y novelas de H. P. L. Además de sus libros de poesía y teoría literaria (ensayo). Aquí tienes unas muestras de sus distintas tendencias en las historias cortas incluidas en esta antología del maestro del horror cósmico, pues como todo autor fue pasando por distintas etapas que se pueden atribuir a sus influencias literarias, pero también a las propias vivencias.

La declaración de Randolph Cárter inicia el ciclo de aventuras oníricas de Randolph Carter. En este sensacional comienzo podemos ver el descenso a los infiernos que sonó tan conocido a los usuarios de drogas fuertes en los años 60. Ocurrió en un cementerio antiguo; tan antiguo que me estremecí ante los innumerables vestigios de edades olvidadas. ... Me sentía obsesionado por la impresión de que Warren y yo éramos los primeros seres vivos que interrumpíamos un mortal silencio de siglos. El gusto por lo gótico de Lovecraft se mezcla con su personalísima manera de advertir cómo incluso lo más cercano puede contener horrores impensables.

La llamada de Cthulhu es uno de los textos señeros, principalmente porque de ahí se desencadena la mitología que desarrollaría junto con sus seguidores. Son varias las deidades feroces que amenazan a la humanidad entera. En tal cuento se insiste sobre la futilidad humana y la existencia de realidades terribles que siempre están el acecho. A mi parecer, no hay nada más misericordioso en el mundo que la incapacidad del cerebro humano de correlacionar todos sus contenidos. Vivimos en una plácida isla de ignorancia en medio de mares negros e infinitos, pero no fue concebido que debiéramos llegar muy lejos. Hasta el momento las ciencias, cada una orientada en su propia dirección, nos han causado poco daño; pero algún día la reconstrucción de conocimientos dispersos nos dará a conocer tan terribles panorámicas de la realidad, y lo terrorífico del lugar que ocupamos en ella, que sólo podremos enloquecer como consecuencia de tal revelación, o huir de la mortífera luz hacia la paz y seguridad de una nueva era de tinieblas. Se dan muchos datos sobre los dioses terribles. La narración corresponde al desarrollo que Howard daba a muchos de sus textos, que siempre fueron eficaces. Entretanto, nada más debía decirse. Había algún secreto que incluso la tortura sería incapaz de extraer. La humanidad no era la única vida consciente del planeta, ya que de las tinieblas salían figuras para visitar a los pocos feligreses. No se trataba de Primigenios, a los que ningún hombre había visto jamás. El ídolo esculpido era una representación del gran Cthulhu, pero nadie sabía decir si los demás Primigenios eran o no parecidos a él. Nadie era ya capaz de leer las antiguas inscripciones, pero los mensajes eran transmitidos de viva voz. El cántico ritual no era el ya mencionado secreto, ya que este último nunca era pronunciado en voz alta, sino susurrado. El cántico sólo significaba esto: ‘En su morada de R'lyeh el difunto Cthulhu espera soñando.’ El clérigo malvado retoma las ideas de los preternatural (el mago malvado que sabe cómo evitar la muerte terrena), los poderes de transmutación aplicados a los objetos menos esperados y, sobre todo, la certeza de que un peligro está sobre nosotros, que tal vez bastaría con hacerle caso a quienes saben más para poder sobrevivir otro día. Su curiosidad le vuelve irresponsable. [...] Usted sabe lo que él hizo. Por último aquella abominable sociedad se hizo cargo de él, y no sabemos dónde está enterrado. La sociedad no está al alcance de la ley ni de ningún otro poder.

Los sueños en la casa de la bruja describe las terribles peripecias de Walter Gilman. Al inicio del texto vemos una declaración lovecraftiana. Detrás de todas las cosas se agazapaba el horror lacerante de la antigua villa y de la mezquina buharda donde escribía, estudiaba y barajaba cifras y fórmulas, cuando no estaba agitándose sobre el desvencijado lecho de hierro. Las brujas, muy relacionadas con la historia de las entonces colonias norteamericanas, aparecen en una vigilia que se extiende al sonambulismo. ¿Y qué era aquella leve sugerencia de sonido que de cuando en cuando parecía vibrar a través de la confusión de sonidos identificables incluso en pleno día y estando completamente despierto? Su ritmo no correspondía a nada terrestre, como no fuera a la cadencia de unas misteriosas invocaciones intuidas, más que percibidas, en los abismos de sus sueños.

El horror oculto retoma el tema de las casas malditas, herencia de la literatura gótica que tanto admiraba Lovecraft. Los truenos estremecían el aire la noche que fui a la mansión deshabitada, en lo alto de la Montaña de las Tempestades, a buscar el horror oculto. No iba solo, porque la temeridad no formaba parte entonces de ese amor a lo grotesco y lo terrible que ha adoptado por carrera la búsqueda de horrores extraños en la literatura y en la vida. La legendaria capacidad para hablar de lo incomprensible se repite con eficacia en este cuento. No comprendo cómo me encuentro vivo todavía, y en mi sano juicio. No me lo explico; porque la sombra que vi en la chimenea no era la de George Bennet, ni de ninguna criatura humana, sino una blasfema anormalidad de los más profundos cráteres del infierno; una abominación indecible e informe que al momento no llego a captar por completo, no hay pluma que la pueda describir

La maldición que cayó sobre Sarnath está catalogado por los especialistas en la época previa a los mitos de Cthulhu, pero no por eso pierde eficacia. Se perfila claramente el uso de nombres de difícil pronunciación para el inglés usado por Lovecraft (se supone que la intención del autor era inventar palabras impronunciables para cualquier ser humano, para recordar que los seres de esa mitología fantástica eran de una realidad o un planeta totalmente desconocidos para la humanidad); se describen los seres feos y malignos que llegan a devastar tierras (los detractores del autor los identifican con su xenofobia); se habla de palacios maravillosos; se habla de la preternaturalidad de esa maldad: Se dice que, en un tiempo inmemorial, cuando el mundo era joven y ni aun los hombres de Sarnath habían llegado a la tierra de Mnar, a la orilla de aquel lago se alzaba otra ciudad: la ciudad de Ib, construida en piedra gris, que era tan antigua como el propio lago y estaba habitada por seres que no resultaba agradable contemplar. Muy extraños y deformes eran tales seres, cual corresponde en verdad a seres pertenecientes a un mundo apenas esbozado, aun sólo toscamente empezado a modelar.

El ceremonial es de los primeros textos donde aparece el árabe loco Alhazred y el celebérrimo Necronomicon: al echar mano de los libros, vi que se trataba de volúmenes muy antiguos y mohosos. Entre ellos estaban el viejo tratado sobre las Maravillas de la naturaleza, de Morryster; el terrible Saducisms Triumphatus, de Joseph Glanvil, publicado en 1681; la espantosa Daemonolatreia, de Remigius, impresa en 1595 en Lyon, y el peor de todos, el incalificable Necronomicon, del loco Abdul Al- hazred, en la excomulgada traducción latina de Olaus Wormius. Los seres terribles que desarrollarán distintos rostros indescifrables y apetitos indignos, brotan en este texto clave: Y en aquella gruta estigia vi cómo ejecutaban todos el rito y adoraban la nauseabunda columna de fuego y arrojaban al agua puñados de viscosa vegetación que resplandecía con una fosforescencia pálida y verdosa. Y vi también, fuera del alcance de la luz, un bulto amorfo, achaparrado, que tocaba la flauta de modo repugnante.

El sabueso busca la pesadilla en lo más cotidiano, en ese lugar o persona o ser vivo que nos debería dar confort y seguridad, pero que, en la mente de Lovecraft, sólo esconde dolor y maldad. La locura cabalga sobre el viento de las estrellas... sus garras y sus uñas se afilan en centenares de cadáveres. una muerte goteante cabalga sobre una bacanal de murciélagos seguidos de las ruinas nocturnas de los templos sepultados de Belial. Parte de la historia se desarrolla en un cementerio, en homenaje a las novelas góticas, donde fantasmas y demonios se anidaban en tumbas y sarcófagos.

La ciudad sin nombre contiene una peculiar visión sobre la arquitectura, donde, como toda obra humana, se refleja la cultura y la ideología de una sociedad. Aquí nos topamos con unas construcciones temibles. Al acercarme a la ciudad sin nombre me di cuenta de que estaba maldita. Avanzaba por un valle terrible y reseco bajo la luna, y la vi a lo lejos emergiendo misteriosamente de las arenas, como aflora parcialmente un cadáver de una sepultura deshecha. El miedo hablaba desde las erosionadas piedras de esta vetusta superviviente del diluvio, de esta bisabuela de la más antigua pirámide; y un aura imperceptible me repelía y me conminaba a retroceder ante antiguos y siniestros secretos que ningún hombre debía ver, ni nadie se habría atrevido a examinar. El cuento contiene versos atribuidos al árabe loco: Que no está muerto lo que yace eternamente, / y con el paso de los evos, aun la muerte puede morir.

La sombra sobre Innsmouth es uno de los más representativos textos en la mitología de Ctuhlhu: aparecen los libros prohibidos, los nombres complicados, la

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