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Como atraer a los hombres y al dinero
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Libro electrónico468 páginas9 horas

Como atraer a los hombres y al dinero

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En los últimos setenta años todo parece haber cambiado excepto el lenguaje oculto de la atracción, el romance, el amor y el sexo, por ello este es es libro que necesita toda mujer de cualquier época. Nos adentramos al mundo de Rosa Lee Hill, en donde nos presenta una filosofía del éxito vista desde la perspectiva de la mujer

IdiomaEspañol
Fecha de lanzamiento7 jul 2014
ISBN9781940281780
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    Como atraer a los hombres y al dinero - Rosa Lee Hill

    La historia de Rosa Lee Hill

    Por J.B. Hill

    Rosa Lee Beeland nació el 16 de diciembre de 1905 en Harriman, Tennessee. Hija de William H. Beeland, originario de Alabama. Su madre murió sólo a tres semanas de dar a luz. Como su padre trabajaba para la línea de ferrocarril, fue educada por su tía materna. Lee era una niña encantadora y excepcionalmente hermosa. Al cumplir tres años de edad, ganó un concurso como la niña más bella de Atlanta. Para el año 1930, trabajaba como secretaria en una compañía publicitaria y había concluido dos años de la facultad de administración.

    Cuando Rosa Lee tenía 28 años, conoció a Napoleon Hill en Alabama, donde él se encontraba impartiendo algunas conferencias. Según cierto artículo del New York Times, Rosa Lee era una mujer de deslumbrante belleza y delicado sex appeal. Aunque Napoleon tenía entonces casi 53 años de edad, se veía 20 años más joven y contaba con una salud y una vitalidad que concordaba con su imagen de conferencista dinámico. Ambos se enamoraron perdidamente, contrajeron matrimonio y se instalaron en un pequeño apartamento en el área de Hell’s Kitchen, en la Ciudad de Nueva York. El hijo de Napoleon, Blair, y su nueva esposa, Vera Cunningham, también vivieron con ellos mientras Napoleon escribía Piensa y Hazte Rico.

    Según Blair, Napoleon dictaba el manuscrito a Rosa Lee, quien lo mecanografiaba y más tarde lo editaba. Trabajaban noche y día en el libro, sin que ninguno de los dos necesitara más de cuatro horas de sueño. En 1938 el dinero comenzó a fluir y Rosa Lee se mudó con Napoleon a Florida. Rosa Lee permaneció en el primer plano de una afluente sociedad durante un tiempo, fue coautora de Cómo atraer a los hombres y al dinero con Napoleon para después solicitar el divorcio en 1941, obteniendo como acuerdo final los derechos de autor de todos los trabajos de Napoleon Hill. Pronto contrajo nupcias con Cecil Houston Lichliter. (Las declaraciones —quizás infundadas— de la familia Hill son que Cecil fue el abogado que llevó el divorcio de Rosa Lee.) Este matrimonio también fracasó y Rosa Lee volvió a ser soltera en 1943, uniéndose al Cuerpo de Auxiliares Femenil durante la II Guerra Mundial como cadete de aviación y obteniendo una comisión como Teniente.

    Durante el año 1944, realizó el servicio de reclutamiento en California, donde las notas periodísticas registran que enlistó a una artista famosa. El resto del tiempo que duró la guerra, formó parte del grupo del General MacArthur. Durante los años cincuenta, Rosa Lee trabajó como editora asociada en jefe para la Popular Mechanic’s Magazine y a finales de los sesenta sirvió en el Cuerpo de Paz en Micronesia.

    En 1969, Rosa Lee se mudó a Ormond Beach, Condado de Orange, en Florida, donde trabajó como Directora de Relaciones Públicas en el Ormond Hotel. Seguía siendo soltera al morir en 1970 a la edad de 65 años.

    Cómo atraer a los hombres y al dinero se escribió en una época en que un buen matrimonio y encontrar al hombre adecuado para contraer nupcias eran el sueño y la ambición de toda chica. Quizá Rosa Lee pensaba que no era correcto casarse por dinero, pero ciertamente no le molestaba casarse donde había dinero. Su libro explica cómo una mujer de los años 40, puede hacer exactamente eso. El libro es una enigmática mirada a una época en la que las mujeres eran mujeres y los hombres eran hombres. No estoy seguro cómo es que la sociedad logró sobrevivir.

    —J.B. Hill

    De la edición de 1940

    ¿Acaso los sueños se vuelven realidad? ¿Acaso en la vida real sucede que una Cenicienta, a sus 15 años, finalmente conoce a su Príncipe Azul, se casa con él, vive en un castillo y sigue siendo feliz para siempre? ¿Acaso una mujer puede, desde la infancia, construir un ideal del hombre con el que desea contraer matrimonio y de las cosas que quiere y, así, con una planeación, con convicción y fe, hacer que la Vida se lo conceda bajo sus propios términos?

    Si tal objetivo —que parecería ser la esperanza y el fin secreto de cualquier mujer— pudiese, decidida y deliberadamente alcanzarse, ¿exactamente por cuáles medios se haría? Indudablemente que existirán millones de mujeres solteras, y otras cuantas más casadas, que se harán esta misma pregunta y estarán sumamente interesadas en la respuesta.

    Pues bien, Rosa Lee Hill, esposa del filósofo número uno de América, ha alcanzado estos loables objetivos. Además, ha escrito este libro para contarles a las mujeres exactamente cómo lo logró. Aquí se muestra la verdadera filosofía que ella ha seguido.

    Ahora, a los 35 años de edad, posee todas las ventajas que cualquier mujer pudiera desear de la Vida. Ella misma posee un encanto personal mediante el cual se ha ganado el derecho de aconsejar a otras mujeres la manera de adquirirlo. Tiene al hombre que ha elegido, por lo tanto posee la capacidad para decirles a otras mujeres cómo atraer a los hombres que ellas quieran. Se dedica al trabajo que le gusta y por el cual obtiene muchas satisfacciones, entonces puede guiar a otras mujeres a hacer lo mismo.

    He aquí una mujer que se resistió al matrimonio hasta cumplir casi 30 años porque sabía qué tipo de hombre quería y estaba decidida a no aceptar a ningún otro. Lo encontró justo cuando él se situaba en el fondo de una tragedia nacional que había cambiado la vida de millones de hombres poderosos.

    A él no le quedaba un centavo; pero contrajeron matrimonio tras lograr fusionar la mente y el corazón de ella a los suyos propios a través de un —hasta ahora— misterioso arte de Transmutación Sexual. Y ahora, en muy pocos años, entre ambos han adquirido bienes tanto materiales como espirituales suficientes para poder compartirlos con otros.

    Conoce el secreto que aparece en este libro, mediante el cual Rosa Lee ayudó a su esposo a escenificar un regreso, y entonces tendrás la clave para obtener de la vida todo lo que deseas, ya sea un buen matrimonio, dinero, dicha o algo más. Ella ha probado que su descubrimiento es infalible logrando con él adquirir un hermoso castillo para habitar, libertad para trabajar en lo que le encanta hacer y atraer hacia ella un esposo afamado con quien es feliz en todo momento.

    Para aquellos escépticos que quizá crean que ella se casó con el dinero, ha de revelarse que ellos iniciaron su vida matrimonial hace unos cuantos años en Hell’s Kitchen (una de las áreas más desoladas de la Ciudad de Nueva York) en donde se encontraba Napoleon Hill cuando la marea de la depresión económica terminó con su fortuna. Así que comenzaron escarbando. El dinero y todos los bienes materiales con los que ahora cuentan y disfrutan, son exclusivamente resultado de la filosofía que se describe en este libro.

    Habrá mejores resultados de las siguientes lecciones para las personas casadas y aquellas que están contemplando casarse si es que leen juntos este libro y discuten abiertamente los temas, pues contiene interesantes consejos para superar cualquier complicación familiar, así como guías prácticas para que cualquier esposo se recupere de un fracaso laboral o de negocios.

    El libro sugiere explícitamente algunas pruebas prácticas mediante las cuales una mujer soltera puede elegir un esposo de manera inteligente y con la plena seguridad de que podrá ayudarlo a construir una buena vida. La autora escribe sobre estos íntimos e importantes temas desde su propia experiencia y el lector deberá recordar que ella está haciendo que la Vida la retribuya bajo sus propios términos.

    Algunas mujeres podrán criticar severamente esta franca confesión de la autora sobre los secretos mediante los cuales ella atrajo y contrajo matrimonio con el hombre de su elección; sin embargo la mayoría de los hombres que leyeron el libro con el propósito de hacer burla de él, desistirán de su propósito, pues proviene de un corazón pleno de gratitud para que otras mujeres puedan compartir sus riquezas.

    Nos es imposible imaginar a cualquier persona, soltera o casada, para quien las páginas de Cómo atraer a los hombres y al dinero no hayan significado un nuevo entendimiento, nuevos bríos, nueva esperanza, nuevo poder y una nueva dicha.

    —Los Editores

    Introducción

    La experiencia personal de la autora al conquistar y conservar al hombre adecuado

    Ya que es mi deseo compartir con cada mujer el secreto mediante el cual he descubierto la felicidad y acumulado riquezas invaluables, debo hacer una confesión muy personal:

    Cuando era yo muy joven, mucho antes de ingresar a la escuela Secundaria, supe que me casaría con un hombre distinguido. ¡Ahora estoy casada con él!

    Mi madre falleció al darme a luz, así que fui a vivir con una tía que me enseñó a llamarla mamá. Un día mi padre me escuchó decirle mamá, me sentó en sus piernas y me explicó que mi madre estaba muerta por lo que entonces debería llamarle a mi tía por su nombre correcto. Dividida entre dos bandos, salí y comencé a llorar. Mi padre salió, averiguó por qué estaba yo llorando, volvió a sentarme en sus piernas y dijo algo que guio toda mi vida: A partir de ahora —dijo— le llamarás a tu tía como quieras y recuerda siempre que no puedes complacer a todos, así que trata de complacerte a ti misma.

    Desde ese día hasta hoy, he tratado de complacerme a mí misma de manera natural. He sido retribuida por la vida con más bendiciones de las que gran parte de las mujeres podrían disfrutar alguna vez; sin embargo nadie debería concluir que he sido beneficiada sin esfuerzo de mi parte. Yo misma he creado esos beneficios, de otro modo no tendría derecho a publicar este libro para aconsejar a otras mujeres sobre cómo obtener lo que desean. Por otra parte, nunca he pisoteado los derechos de los demás.

    Vivo en una hermosa mansión ubicada en Florida, sobre una colina ondulante de muchos acres de superficie y cubierta por hermosos árboles, con una grandiosa vista panorámica a un lago que nos ofrece millas y millas de un escenario despejado.

    En este sitio, mi esposo y yo conservamos lo que a nuestro parecer es el hogar más exclusivo en todo el mundo. Estamos adoptando y educando a 15 niños y niñas. Estamos demostrando, a través de estos niños, que no hay nada malo con la joven generación excepto sus padres, algunos de sus maestros y muchos adultos a quienes tratan de imitar.

    Nuestra familia aún no está completa, pero hemos avanzado con nuestro experimento lo suficiente como para confiar en que enviaremos a nuestros niños de vuelta al mundo del que los sustrajimos, totalmente preparados para enfrentar y vencer todos los males del día, así como la posibilidad de padecer alguna aflicción económica.

    Fuera de nuestro hogar, nuestros pupilos se ven sometidos a la discordancia que existe comúnmente entre las personas; dentro de él nunca se sienten influenciados por un mal pensamiento, mucho menos por una mala palabra.

    Cada niño sabe que tanto la felicidad como la miseria comienzan como un estado de ánimo, que un estado de ánimo puede ser controlado y moldeado a la medida; más aún, que esto es lo único que el ser humano puede controlar totalmente.

    Si habías llegado a la conclusión de que soy una mujer egoísta que sólo piensa en su propia felicidad y placer, en honor a la verdad, ahora tendrás que cambiar de opinión. Sí creo ser la mujer más feliz sobre la tierra y puedo decir sinceramente que deseo compartir mi felicidad con todos los que estén dispuestos a pagar el precio por recibirlo. Ésa es la principal razón que tengo para escribir este libro.

    ¡Este mundo ya no es un mundo exclusivamente del hombre!

    Sin duda se ha comprobado que una mujer puede tomar su lugar al lado de los hombres y hacer que la vida le procure felicidad, compitiendo con la mente masculina más acuciosa, sólo debe aprender a condicionar y controlar su propia mente. La felicidad no es algo fugaz y que sólo esté al alcance de unos cuantos.

    Me siento feliz cada minuto del día porque he seguido ciertas reglas muy definidas para alcanzar y conservar la felicidad. Todas estas reglas se incluyen en este libro, pero quiero enfatizar que mi mejor protección contra la desdicha es el hábito que tengo de ayudar a que otros alcancen la felicidad en abundancia.

    Mi mayor justificación para escribir este libro es la de compartir mis riquezas con aquellas mujeres que aún no han encontrado el camino a la felicidad. En virtud de que lo más preciado que poseo es la relación con mi esposo, no me queda más que explicar cómo lo encontré.

    Mi franqueza parecería menos ofensiva si explicara que mi profesión como esposa de un pensador cuyos libros se han convertido en bestsellers limita mis posibilidades de tener una vida privada. Gran parte de mi tiempo y de mi vida pertenece necesariamente a los amigos y a los seguidores de mi esposo, por lo tanto, debo hacer a un lado el telón que nos oculta de la vista del público y hacer la mejor descripción posible de nuestro hogar.

    Habrá quien me juzgue por la franqueza al analizar el lado más íntimo de mi vida privada, ¿pero de qué otra manera podría compartir la ideología que me ha ayudado a sacar de la Vida la felicidad completa?

    Habrá a quien no le guste el título de este libro en razón de que sugiere, también, una ideología combativa y estoy segura de que el título hará que muchas personas se pregunten, ¿Y qué con la autora? ¿Acaso ella misma atrajo a su hombre ideal y todo el dinero que quería? ¿O acaso se trata de una anciana frustrada en busca de una oportunidad para satisfacer su ambicioso espíritu sermoneando a otras mujeres?

    Es más que natural que cualquiera desee conocer la respuesta a estas preguntas, por tanto, las he respondido de manera franca y espero que satisfactoria.

    Por principio, hagamos otra pregunta y respondámosla. ¿Por qué todas las mujeres desean tener un hombre y mucho dinero? No hay más que una sola respuesta. Las mujeres quieren a los hombres y al dinero como un medio para encontrar la dicha. Todo mundo sabe que ninguna mujer común puede Vivir Sola y Gustarle. La única parte donde podemos encontrar el amor en una choza —a menos de que se trate de una choza poco modesta— es en las frases de los poetas. La pobreza y la dicha no hacen pareja.

    Por esta razón es que todas las mujeres buscan un hombre, a menos de que ya lo hayan encontrado, y con el dinero suficiente para brindarles las cosas materiales de la vida. Por supuesto que hay mujeres que están en busca no sólo de un hombre, sino de el hombre; aquél y único hombre que puede atraer a sus vidas los equivalentes mentales, físicos y económicos de la dicha. Otras más sólo buscan un hombre, cualquiera que pueda proporcionarles el sustento, mientras que algunas más exigen lujos.

    En este libro he presentado toda una filosofía práctica que consiste en aquellos factores a través de los cuales las mujeres podrían atraer tanto a los hombres ideales como al dinero. La razón por la que esta filosofía resulta práctica y funcional es porque a mí me ha funcionado perfectamente.

    He encontrado el hombre —quizás el único a través de quien he alcanzado la dicha en su máxima forma—. Asociándome con mi esposo, no sólo he obtenido la dicha, sino todo el dinero que necesito y más. Al aplicar la filosofía descrita en las páginas que estás a punto de leer, no sólo he alcanzado el máximo objetivo al que cualquier mujer puede aspirar —la dicha plena— sino que mi esposo ha logrado alcanzar el mismo objetivo.

    Cuando llegues al capítulo sobre El Romanticismo, te darás cuenta de que mis riquezas no sólo consisten de bienes materiales. He encontrado el amor y el romance de una forma particular que estremece el corazón de cualquier mujer. Te darás cuenta, cuando leas este capítulo, que fue escrito desde el corazón y quiero que sepas que he conocido y sigo conociendo el romanticismo sólo porque he vivido bajo los principios de esta filosofía. Este tipo de confesiones personales podría parecer íntima y directa; sin embargo es mi deseo que todo lector comprenda mi punto de vista antes de leer el libro.

    Comencé a trazar un plan para atraer a mi hombre —el hombre adecuado— a la edad de 15 años. Este tipo de planeación no fue motivo de preocupación para mi familia ya que adoptaba el modo de ser ortodoxo que no admitía casamenteros entre mis familiares y amigos.

    Por alguna razón que no puedo explicar, fui lo suficientemente afortunada para darme cuenta, incluso a la corta edad de 15 años, de que había algo más que buscar en el matrimonio que el sustento y el privilegio de dar a luz a los hijos. Desde un principio me convencí de que antes de casarme con cualquier hombre, él tendría que probarme que poseía una ambición superior a la mediocridad, que poseía la habilidad para ascender más allá de lo común, que poseía una mente y un cuerpo y que haría un uso inteligente de esa mente.

    He visto todo lo que quería ver en hombres de pezuñas y manos, aquellos que están dispuestos simplemente a ganarse la vida con la ayuda de sus pies y manos. Lo que yo quería y lo que estaba decidida a encontrar era un hombre con una mente y que supiera utilizarla.

    Los años pasaron rápidamente. Casi había cumplido 30 años cuando el ideal que había creado en mi mente llegó a pretenderme —pero llegó y era exactamente el hombre que me había imaginado—. Su llegada, nuestro encuentro y nuestro matrimonio resultaron tan dramáticos, que debo contarles la historia. La relataré sólo por la enorme relevancia que guarda con la ideología descrita en este libro.

    Por extraño que pueda parecer, mientras yo creaba al hombre de mis sueños en mi sofisticada mentalidad de adolescente, mi esposo estaba creando en su mente a la mujer de sus sueños. Su imagen se ajustaba a mí perfectamente, incluso en el color del cabello, en el nivel educativo y en algunos otros pequeños detalles. De tal manera que cuando las poderosas fuerzas cósmicas de la madre Naturaleza nos reunieron, ambos nos reconocimos de inmediato.

    Como la mayoría de los lectores de este libro saben, Napoleon Hill es un pensador y escritor. Actuando bajo su propia filosofía, un primero de enero de hace ya varios años decidió que encontraría a la mujer de sus sueños en un plazo de seis meses. El mismo día yo llegué a la conclusión de que encontraría al hombre de mis sueños en ese mismo plazo. Le pongo particular énfasis a estos dos hechos porque son importantes. Ambos sabíamos lo que queríamos, pero era la primera vez en nuestras vidas que alguno de nosotros se decidía a establecer un plazo definido para lograrlo.

    Como un medio para llevar a cabo sus intenciones, el Sr. Hill inició una gira de conferencias en el Sur. En Knoxville, Tennessee, sus estudiantes le ofrecieron una cena la última noche que pasó en esa ciudad. La cena fue un evento sorpresa. Durante la ceremonia de clausura se le pidió que dirigiera algunas palabras, así que se puso de pie, miró a su alrededor por uno o dos segundos y, de pronto, anunció que tenía que hacerles a sus estudiantes una confesión y les habló de su principal meta en la vida. Fue entonces que describió a la mujer de sus sueños y terminó diciendo: No sé su nombre ni dónde vive, lo que sí sé es que ha estado en mi corazón durante 15 años y que debo encontrarla muy pronto.

    En ese mismo momento, su gerente se encontraba de camino a Birmingham para organizar la siguiente conferencia del Sr. Hill. Por alguna razón que nunca tuvo una explicación, su gerente cambió los planes y se dirigió mejor a Atlanta. Cuando el Sr. Hill se enteró de este cambio, no se sintió muy complacido, pero no le quedaba otra sino ir a Atlanta.

    Al abrir su conferencia en Atlanta, estaba formada por aproximadamente 100 mujeres muy atractivas de todas las edades, temperamentos y personalidades y, por supuesto, muchas de ellas fueron consideradas por el Sr. Hill como sospechosas y unas cuantas como la probable mujer de sus sueños. Nunca olvidaré lo que sucedió la primera vez que me presentaron con el hombre que se convertiría en mi esposo. Me barrió con su mirada de pies a cabeza y viceversa, entonces hizo una inclinación y se alejó rápidamente. Más tarde supe que me borró de su lista de sospechosas a primera vista porque pensó que era demasiado atractiva y con muy poco cerebro.

    Lo seguí al auditorio, escuché su conferencia y antes de que terminara, lo reconocí como el hombre por el que había estado esperando todos esos años. Es más, estaba decidida a casarme con él. No sabía nada de su pasado. No sabía nada de las dificultades que podría enfrentar para casarme con él; pero lo que sí sabía era que Napoleon Hill sería mi esposo.

    ¿Estaba enamorada de él? No, no estaba enamorada de él, sino de su mente, de sus anhelos, de sus ambiciones, de sus logros. Era físicamente atractivo y todo eso; pero su mente fue la fuerza que realmente me atrajo.

    Había algo en el tono de su voz, en el fuego de su entusiasmo, en la expresión de su rostro que claramente me confirmaba que estaba sentada ante la presencia de mi futuro esposo, aun y cuando lo había conocido hacía tan pocos minutos.

    Después de la conferencia, le hice saber mi descubrimiento a la amiga que nos había presentado. Ella sonrió de manera intencionada y dijo: Espera y ve qué sucede.

    Al terminar la orientación, se invitó a los estudiantes a consultar en privado sus problemáticas personales con el Sr. Hill. Fui la última en ser entrevistada. Nunca olvidaré lo que sucedió esa tarde. Una eficiente secretaria me anunció formalmente y me ofreció asiento a una distancia considerable de mi futuro esposo. La entrevista se desarrolló con frases muy triviales durante unos 15 minutos, de pronto su rostro se puso pálido como una hoja de papel. Comenzó a moverse nerviosamente como alguien que está enfermo. Se puso de pie, camino por la habitación, regresó y tomó asiento en una silla que se encontraba más cerca de mí. Se puso de pie nuevamente, recorrió la habitación y volvió a sentarse. Obviamente su mente no estaba concentrada en encontrarle solución a mis problemas personales. Por último se puso de pie y me anunció que la entrevista se pospondría para el siguiente día por la tarde. Me acompañó hasta el elevador y, de manera muy formal, se despidió de mí.

    De inmediato le llamé a mi amiga y nos reunimos para quejarnos. Si él no vio en ti más allá de lo que sus actos mostraron —restalló— entonces es un fraude y no iría corriendo a poner en práctica cualquier solución que me ofreciera para solucionar mis problemas personales.

    ¡Las dos habíamos sido burladas! Lo que en realidad él había visto en mí era a su futura esposa, la mujer ideal que había estado creando durante 15 años. La había descubierto en el momento más embarazoso, en mitad de una entrevista profesional en la que no se atrevió desviarse de la ética profesional expresando sus sentimientos.

    Al día siguiente por la tarde regresé para terminar con mi entrevista. No compartía el pesimismo de mi amiga. Cuando llegué, me recibió en el elevador, me acompañó hasta su estudio y sin invitarme a tomar asiento, comenzó de inmediato a contarme su historia. Platicamos por más de cinco horas. Comparamos notas y hablamos llana y francamente. No hubo simulaciones entre nosotros. Ninguno de los dos intentamos favorecernos.

    Antes de marcharme, ya estábamos comprometidos. Entonces nos casamos.

    Mi familia se quedó pasmada. ¡La simple idea de casarme con un hombre a quien no conocían! La simple idea de haber dejado pasar a los hombres que la familia aprobaba y casarse con un hombre por puro presentimiento era más, mucho más de lo que ellos podían comprender. Lo entendí y lo sigo entendiendo.

    Encontré al hombre que había elegido a través de la grandiosa ley universal de la atracción armoniosa. Primero lo forjé en mi corazón y en mi mente. Lo alimenté y lo mantuve vivo con el ánimo de mis propios anhelos y aspiraciones. Cuando llegó, ya lo conocía porque lo había estado imaginando durante 15 años.

    Llevábamos casados lo suficiente para haber tenido nuestra primera desavenencia; sin embargo, no la tuvimos. Y quizá nunca la tendremos porque estamos perfectamente sintonizados. El amor no se presentó en nuestro matrimonio al principio. Coincidimos en que, fuera del amor, teníamos suficientes cosas en común que nos brindarían dicha y afinidad. Casi tres años después de nuestro matrimonio, comencé a enamorarme locamente de él. Algunos días después él comenzó a enamorarse locamente de mí. Ahora somos inseparables y todo se basa en la estricta aplicación de la filosofía que presento en este libro.

    Atraje a mi esposo aplicando los principios que aquí recomiendo y lo he conservado a través de los mismos principios.

    Entre nosotros estamos encontrando y disfrutando no sólo la dicha en su máxima expresión, sino que estamos proveyendo un servicio útil a miles de personas que persiguen el mismo objetivo que nosotros hemos alcanzado.

    Nuestro primer trabajo conjunto, al cual le inyectamos la influencia de la Mente Maestra creada por la armoniosa alianza de nuestras mentes, fue un libro titulado Piensa y Hazte Rico. Ese libro ha tenido una extraña influencia en aquellos que lo han leído. Esa influencia es extraña para otros, mas no para nosotros. Sabemos en qué consiste esta influencia. Sabemos lo que se ha inyectado en las líneas del libro, y detrás de las líneas, lo que ha logrado que muchos de sus lectores renueven sus esperanzas en la vida. Sabemos que el libro está inspirando a sus lectores a pensar realmente por sí mismos porque no fue escrito sino vivido por sus autores.

    Ésta es entonces mi respuesta a la pregunta: ¿Y qué de la autora? ¿Acaso ella misma atrajo a su hombre ideal y todo el dinero que quería?

    Si no me equivoco en mi suposición de que las mujeres quieren a los hombres y al dinero para encontrar la dicha, entonces yo he alcanzado la meta a la que toda mujer se dirige o debería dirigirse, pues he encontrado la dicha total. En cuanto a mi riqueza material, hasta parecería un pecado considerar los bienes materiales de la misma forma que se puede reconocer que contamos con una enorme cantidad de bendiciones espirituales, pero sí poseo toda la riqueza material que necesito, y más.

    Como parte de mi riqueza, he adquirido algo más que el hombre y el dinero, lo cual valoro enormemente: me he liberado del hábito de atarme eternamente a los hábitos.

    Mi esposo y yo trabajamos cuando tenemos ánimo de trabajar, lo cual sucede en 12 horas de cada 24. Dormimos cuando tenemos sueño, nos levantamos cuando nos sentimos descansados; comemos cuando tenemos hambre. Si nos llegan visitas, las recibimos sin ninguna formalidad y con la ropa que estemos usando en ese momento, que por lo general es cómoda. No tenemos secretos familiares. El correo se coloca sobre el escritorio por la mañana y uno de los dos lo lee en voz alta. Todas las decisiones importantes se toman de manera conjunta, después de analizarlas y discutirlas.

    Las vivencias son variadas y a menudo incalculables, por lo tanto no esperamos poder explicar las causas de todo lo que sucede en una vida. No puedo evitar el preguntarme por qué tantos matrimonios se destruyen, por qué tantos hombres y mujeres se sienten desdichados en el matrimonio, por qué tan pocas mujeres encuentran al hombre adecuado y el dinero que desean cuando el camino a esta meta ideal parece estar despejado y es tan fácil de seguir.

    Al comenzar tu búsqueda por el hombre adecuado, recuerda que bien podría tratarse de aquel con quien actualmente te encuentras casada, y esto a pesar del hecho de que tal vez no has encontrado ni el dinero ni la felicidad. Recuerda que a los hombres se les puede hacer cambiar, y de todas las fuerzas sobre la Tierra que se encuentran en la mejor posición para hacerlos cambiar, ninguna se asemeja a la mujer.

    Este libro fue escrito para animar a las mujeres a ir tras de todo aquello que desean de la vida y a no conformarse con lo que la Vida les conceda. Antes de que fuera escrito o que pudiera ser escrito debía demostrar la validez de aquello que transmite. Por ello es que me sentí privilegiada de iniciar el libro con esta abierta confesión de lo que esa filosofía ha hecho por mí. Si alguien siente que mi confesión suena a vanidad o a una exagerada franqueza sobre el lado más íntimo de mi vida, sólo puedo responder que creo que es mayor el bien que se puede alcanzar al brindar esperanza y aliento a otras mujeres que la ofensa.

    A pesar de todos los males de los que la humanidad se queja, creo que este mundo es grandioso porque al relacionarme de la misma manera con él, me brinda lo que deseo. Vivo en un mundo que me pertenece porque yo misma lo he creado.

    Mi mundo está tan repleto de pensamientos agradables y semillas útiles, que no tengo tiempo de sentirme desdichada. Su belleza la encuentro en el hecho de que he encontrado el romanticismo en todo y todos aquellos que influyen en mi vida.

    Me siento contenta por tener el privilegio de demostrar que una mujer puede conservar un matrimonio dichoso y exitoso y, al mismo tiempo, seguir la profesión que elija y que de ningún modo interfiere con su matrimonio. Creo que mi esposo diría que he construido para él exactamente el tipo de hogar que él quiere; sin embargo no me detenido ahí. He ido un paso adelante y me he involucrado tanto en su trabajo que me considera un apoyo constante.

    Edito toda su escritura y sirvo como intermediaria entre él y aquellas personas que intentan adueñarse de su tiempo de manera innecesaria. Más aún, le permito que utilice mi mente como una caja de sonidos para cada idea que comunica y creo que él les diría que no soy ni su mujer del viernes ni su mujer del . La franqueza y la sinceridad entre nosotros en todo momento es nuestra regla número uno para alejarnos de las controversias personales. Si laguna vez hubiera llegado al punto de tener que alimentar el ego de mi esposo concordando con él solamente por complacerlo, habría dejado de serle útil.

    Menciono todos estos detalles sólo para mostrar que un matrimonio exitoso no es una cuestión de la casualidad ni de la coincidencia. Sé muy bien que la mayoría de las mujeres que se topan con la frustración durante su búsqueda por el hombre adecuado y las riquezas materiales de la vida fracasan porque no ponen en el negocio la parte que les corresponde poner y que les garantizará la dicha.

    Una cosa es querer tener el hombre adecuado y mucho dinero, ¡pero otra cosa es encontrar estas bendiciones y conservarlas!

    ¡La felicidad es algo que sólo se puede conservar si se renuncia a ella!

    Sin felicidad no puede haber un romance permanente. Sin felicidad el amor se escurre por la puerta trasera y desaparece. Sin la felicidad el dinero no es más que una materia inerte. Algunas personas piensan que podrían ser felices si tuviesen mucho dinero. No te dejes engañar. Eso no es verdad. La felicidad puede transformarse en dinero; pero el dinero, por sí mismo, no puede transformarse en felicidad.

    A través de los trabajos literarios de mi esposo, su revista y sus artículos periodísticos, estamos llegando a miles de hombres y mujeres que están buscando aquí y allá la felicidad. Cada una de estas personas a quienes llevamos un mínimo grado de felicidad aporta, a través de la inmutable Ley de la Compensación, a nuestra propia tienda de bendiciones en la vida.

    Por eso es que, para nosotros, la Vida es solamente una continua experiencia del romanticismo. Encontramos el amor en todo lo que tocamos. Encontramos el amor porque lo buscamos, lo esperamos y lo exigimos y nos negamos a aceptar sustitutos. En la relación con nuestros hijos abunda el amor. Encontramos el amor en nuestra relación con el personal administrativo y el personal doméstico porque nos encontramos en armonía con ellos. Nos parece importante y significativo que cada miembro de la familia participa tanto de la atmósfera de romanticismo que hemos creado en nuestra casa, que de hecho a los miembros de nuestro personal les ofrecen constantemente puestos con un salario superior al que obtienen con nosotros y nuestra ama de llaves recientemente atrajo y contrajo matrimonio con el hombre que ella eligió.

    El romance y la preocupación no hacen pareja, por lo tanto nos rehusamos a brindarle a la preocupación uno solo de nuestros pensamientos. Esto es muy fácil de hacer porque existen sólo dos tipos de preocupación: la que se vincula con aquello que podemos controlar y la que se vincula con aquello que no podemos controlar. No gastamos tiempo en preocuparnos por aquello que no podemos controlar; por el contrario, aprovechamos mejor el tiempo en manejar aquello que podemos controlar.

    El romanticismo es un estado de ánimo, por lo tanto no es más que una porción de lo único en el mundo que cualquier ser humano puede controlar: ¡su propia mente!

    Mi esposo y yo disfrutamos el amor en su máxima expresión porque estamos unidos uno al otro y a toda persona con quien nos relacionamos de manera cercana en aras de la amistad, la simpatía, el entendimiento y la armonía. No nos exigimos mutuamente más que aquello que nos brinde una perfecta armonía.

    Hemos descubierto, también, que la armonía y el amor son el resultado natural de nuestros hábitos. ¡Los hábitos se contagian! Por ello es que a todo miembro de nuestra familia y a cualquier amigo que tiene el privilegio de visitarnos libremente en nuestra casa, así como a los visitantes casuales, les resulta muy difícil dejarse vencer por la preocupación mientras se encuentran al alcance de nuestra influencia. Eso explica por qué miles de lectores de los libros de mi esposo escriben cartas desde muchas partes del país describiendo con gran entusiasmo este algo con lo que se identificaron en cada página y que los animó a comenzar de nuevo después de haberse enfrentado con alguna adversidad.

    Son expresiones personales, pero me siento feliz de compartirlas con cada uno de los lectores de este libro porque puedo decir sinceramente que describen —así como uno podría describirlo a través de las páginas impresas de un libro — un poder intangible que es fundamento de las riquezas con las que la Vida me ha bendecido. Ese poder, expresado en un lenguaje sencillo, es

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