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Mierda, Alcohol Y Bikinis

Mierda, Alcohol Y Bikinis

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Mierda, Alcohol Y Bikinis

Longitud:
148 páginas
2 horas
Editorial:
Publicado:
21 ago 2003
ISBN:
9781633391369
Formato:
Libro

Descripción

El primer libro de Ed Robinson, ‘Salto de fe/ Renuncie a su trabajo y viva en un bote’ ha sido de los más vendidos en Amazon en múltiples categorías. Ahora vuelve a la carga con esta mirada al estilo de vida náutico. Desde la Mierda, al Alcohol y pasando por los Bikinis, repasa el lado más divertido de las vivencias de marineros de todo tipo. Con capítulos como 'Indicios que dejan claro que vives en un barco', 'Gente estúpida que alquila de todo' o ' Los zombis no saben nadar', las risas están aseguradas. También hay un capítulo para los fans de Tim Dorsey.
Si eres alguien que vive a bordo, que sale de vez en cuando a navegar,  un dominguero, quieres tener tu propia embarcación, tus amigos la tienen o, simplemente, eres fan de Ed Robinson, disfrutarás de esta comedia desenfadada que te llevará a través de muchos temas relacionados con la navegación.
Editorial:
Publicado:
21 ago 2003
ISBN:
9781633391369
Formato:
Libro

Sobre el autor


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Mierda, Alcohol Y Bikinis - Ed Robinson

reconocimientos

Mierda, Alcohol y Bikinis

Meditaciones Sin Orden Ni Concierto de un Aficionado a la Navegación

Ed Robinson

––––––––

Índice

Preludio

Mierda

Puertos deportivos Vs. Fondeaderos

Alcohol

Bikinis

Bichejos Marinos

Embarcaciones

Indicios que dejan claro que vives en un barco

Ron

El tiempo

Gente en bolas

El bote auxiliar

La Santísima Trinidad

Cosas que amo (de mi vida a bordo)

Cosas que odio

G.E.A.T.

Términos náuticos (de los de verdad)

Los zombis no saben nadar

El capítulo de Tim Dorset

El capítulo de Jimmy Buffett

Piratas

La escala Birrafort

Nombres de barcos totalmente estúpidos

Las Bolas del Mono

Si yo te contara

¡Está vivo!

Florida es un sitio rarito

¿Por qué un barco?

Descarga de responsabilidad y reconocimientos.

Preludio

––––––––

Escribe sobre aquello que conoces, dicen. Todo el mundo es experto en algo. Yo no sé demasiado sobre muchas cosas, pero sé que vivo en un barco y que lo hago desde hace años. Y, desde luego, he observado algunas cosas que pueden ser de ayuda para otros.

––––––––

He visto mundo. La he cagado un montón de veces. También he hecho algunas cosas bien de vez en cuando. Pero, sobre todo, he observado. Algunas de las cosas que he aprendido son importantes y útiles, pero no sería nada entretenido escribir sobre ellas. En lugar de eso, he decidido centrarme en lo divertido y en lo raro.

––––––––

Estas son mis observaciones sin orden ni concierto.

Mierda

Vosotros, marineritos de agua dulce, no tenéis ni idea de lo fácil que lo habéis tenido. Tiráis de la cisterna y la mierda desaparece como por arte de magia. Se va por el desagüe hacia un mundo sépticamente mágico del que no volverá y en el que jamáis volveréis a pensar.

Nosotros, los que navegamos, no. Nosotros nos aferramos a nuestra mierda. La guardamos en una sentina y nos la llevamos en nuestros viajes. Cargamos con ella hasta el paraíso si hace falta, hasta que encontramos a alguien que nos la quite de las manos, por así decirlo.  

La perfumamos. La desodorizamos. Experimentamos con diferentes pócimas y polvos con la esperanza de eliminar la peste.

Sabemos lo que es un válvula Y. Sabemos lo que es una válvula de descarga. Nuestro inodoro no es un inodoro. Es una letrina sin papel higiénico. Nos aferramos a esto también, y cuando lo tenemos, lo llevamos con nosotros hasta que encontramos dónde deshacernos de ello.

La letrina lleva un mantenimiento meticuloso. Suele recibir generosas dosis de aceite vegetal para que se mantenga lubricado. Se revisa casi a diario, por si apareciese algún escape. Maldito y adorado a la vez, es vital para nuestra comodidad y también para nuestra supervivencia, y por eso lo veneramos. Es propenso a fallar en el peor momento, y por eso también lo tememos. 

A veces apesta. Tiene un respiradero. Imagínate que estás sentado en el jardín y cada vez que alguien activa la cisterna en casa, a ti te llega el maravilloso olorcillo de lo que sea que acaban de evacuar.

Imagínate tener una fosa séptica en tu sótano y que, cada vez que bajases a hacer la colada o cualquier otra cosa, te la encontraras de frente. Una vez a la semana le pones desodorante o fragancia sí, pero lo hueles desde el jardín cada vez que alguien tira de la cadena. Pues eso, que de vez en cuando tendrás que llamar a alguien que la bombee.

Algunos navegantes sin escrúpulos eligen ‘tirar de la cadena’ por la borda. Piensa en ello la próxima vez que decidas darte un bañito en el puerto, rodeado de todos esos barcos tan cucos.

Los cruceros pueden vaciar sus fosas directamente en el océano, siempre y cuando se encuentren a una distancia estipulada de la costa. Es legal, pero también es bastante desagradable. Imagina llevarte toda la mierda de casa a unas cinco millas mar adentro para deshacerte de ella.

Las letrinas de los barcos carecen de privacidad. No hay lugar al que puedas ir desde el que no me oigas o me huelas.

Hay una Regla de Oro sobre la capacidad de la sentina y su gestión: Nunca, jamás, EN LA VIDA dejes que se desborde el contenido. Haz lo todo lo que esté en tu mano pero que no se desborde. La limpieza posterior solo puede catalogarse como un curro de mierda (y no preguntes porqué lo sé).

Me apuesto algo a que nunca habías dedicado tanto tiempo a pensar en mierda. Pues ahí quería yo llegar.

––––––––

Encuentros (con mojones) en la tercera fase

Érase una vez un grupo de cuatro amigos que estaban matando el rato en el agua. Nos cubría hasta el pecho cuando un objeto se acercó flotando hasta nosotros  y mi colega lo cogió preguntando qué sería aquello. Tío, es un mojón, le dije. Con aire despreocupado, lo dejó de nuevo flotando en el agua para que siguiera feliz su camino y nos pasamos los siguientes diez minutos discutiendo sobre su posible origen. Al final, llegamos a la conclusión de que debía ser un mojón de perro, lo cual era mucho concluir, pero a nosotros nos funcionó perfectamente en aquel momento (Historia real). 

Hace mucho tiempo, hubo un marino llamado Capitán Bravo; un tío rudo que no mostraba ápice alguno de miedo al encararse con sus enemigos.

Un día, mientras surcaba los mares, el vigía gritó desde su cofa que había avistado un barco pirata. Mientras la tripulación entraba en estado de pánico, el Capitán Bravo bramó, ¡Traedme mi camisa roja!. El primer oficial le trajo rápidamente su camisa roja. Tras ponérsela, el Capitán Bravo lideró a sus hombres en la batalla y derrotaron completamente a los piratas.

Más tarde ese mismo día, el vigía no avisto uno, sino ¡DOS barcos piratas! y dio la voz de alarma a la tripulación. El Capitán Bravo bramó de nuevo, ¡Traedme mi camisa roja!. Y una vez más, aunque la batalla fue feroz, él y su tripulación ¡salieron victoriosos!

Esa tarde, mientras sus hombres se sentaban en la cubierta del barco a rememorar los triunfos del día, el primer oficial preguntó al Capitán Bravo, Señor, ¿cuál es el motivo por que pedís vuestra camisa roja antes de cada batalla?

El Capitán Bravo replicó, Si en algún momento en el fragor de la batalla me hieren, la camisa roja enmascarará el color de mi sangre y vosotros continuaréis luchando sin miedo.

Sus hombres permanecieron en silencio, maravillados por el valor demostrado por el Capitán Bravo.

A la mañana siguiente, con las primeras luces de la aurora, el vigía avistó no uno ni dos, sino OCHO barcos piratas que se acercaban por el horizonte. Tras vociferar lo que había visto a la tripulación, todos y cada uno de los hombres miraron al Capitán Bravo, esperando su tan habitual orden previa a la batalla.

Sin dudarlo, el Capitán Bravo se giró hacia su primer oficial y bramó, TREDME MIS PANTALONES MARRONES!

¿Por qué iba a dedicar un capítulo entero de un libro a hablar sobre mierda? La palabra aparece hasta en el título. Pues por esto: Mientras escribía esta obra maestra del humor náutico, he estado trabajando a media jornada dirigiendo el vaciado de sentinas en la ciudad de Punta Gorda. ¿Lo ves? Desde mi punto de vista, manejar un barco que trabaja con mierda llamado SS Limpialetrinas me convierte en un experto. 

Puertos deportivos Vs. Fondeaderos

Las bondades de los puertos deportivos son las que añoras en los fondeaderos. Tener acceso a la red eléctrica es un plus, y disponer de agua de manera ilimitada, tampoco está mal.

Vale que no puedes correr desnudo por un puerto deportivo, pero puedes darte una ducha siempre que te apetezca.

Los puertos deportivos te endosan vecinos a ambos lados, muy cerca, pero también te protegen cuando hay mal tiempo.

Los puertos deportivos tienen servicio de recogida de basura, tele por cable, Wifi gratis y piscinas. Los fondeaderos, por su parte, tienen manatíes, delfines, águilas pescadoras y unas puestas de sol muy chulas.

Los puertos deportivos se pagan, los fondeaderos no.

Los puertos deportivos son para los que les gusta estar en tierra, porque hacen un montón de amigos. Los fondeaderos son para verdaderos marinos que vienen y van, son lugares para hacer nuevos amigos. La hermandad que genera la navegación está llena de gente maja y es sencillo hacer amigos rápidamente. También hay un porcentaje de gente excéntrica pero, eh, cero prejuicios.

¿He dicho ya que los fondeaderos son gratuitos?

Los puertos deportivos están en los pueblos y las ciudades. Hay un montón de ruido: los camiones de la basura a las cinco de la mañana, los inmigrantes que siegan el césped a las ocho, las sirenas de los camiones de bomberos, las de la policía, el tráfico en general y todo aquello que pueda generar ruido. En los fondeaderos, sin embargo, escuchas la respiración de los delfines, el gorjeo de las águilas pescadoras, los saltos y salpicones de los mújoles y el vaivén de las olas contra tu casco.

Si vives en un puerto deportivo tu paisaje se compone de vistas de la ciudad, edificios, turistas y cosas por el estilo. En un fondeadero ves pelícanos que se sumergen para pescar y puestas de sol increíbles cada atardecer. Si vives en

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